Bueno después de una larga investigación con
Josefo, he llegado a esta conclusión:<br><br>Jesús
profetizó el cumplimiento de la abominación desoladora de
la que había hablado Daniel (9:24-27) la cual se
refería a la destrucción del Templo y la santa ciudad.
Muchos piensan que la abominación desoladora fue causada
por las tropas romanas comandadas por el “príncipe
que habría de venir”, Tito, el hijo del entonces
emperador Vespasiano. Empece a esta opinión de la mayoría
yo me inclino a pensar, y la historia lo confirma,
que dicha abominación fue comenzada nada mas y nada
menos que por el propio pueblo de Dios, los judíos.
Primero entendamos que era para el judío abominación:
<br><br>Daniel 11:31 Y se levantarán de su parte tropas que
profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el
continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora.
(1Mac. 1:17-42) 32Con lisonjas seducirá a los violadores
del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se
esforzará y actuará. (1 Mac. 1:12-16)<br><br>El profeta
Daniel profetizó antes una abominación desoladora, la
cual se vió cumplida por el personaje de Antíoco
Epífanes IV, lo cual consta en el libro de 1 Macabeos,
capítulos 1 al 3. Éste hombre entró a la ciudad destruyendo
todo a su paso y profando el templo con el sacrificio
de puercos y animales impuros, dice en 1 Macabeos
1:38-39: “Fue una acechanza para el santuario, una grave y
continua amenaza para Israel. 39 Derramaban sangre
inocente en torno al santuario y lo profanaron”. “Antíoco
publicó un decreto en todo su reino de que todos formasen
un solo pueblo, dejando cada uno sus peculiares
leyes” (1 Mac. 1:43), “Muchos de Israel se acomodaron a
este culto, sacrificando a los ídolos y profanando el
sábado” (1 Mac. 1:45). La abominación desoladora en este
caso es una clave referencia a la profanación del
templo y sus fiestas.<br><br>Ahora bien, en tiempos de
Jesús la otra abominación desoladora de la que también
habló Daniel dio comienzo antes de que los romanos
sitiaran a Jerusalén. De hecho fue a causa de las guerras
internas provocadas por los mismos judíos en la ciudad,
Vespasiano decide enviar a su hijo Tito a terminar el
trabajo que él mismo había comenzado tiempo atrás cuando
Nerón era aún emperador. Josefo escribió que los
zelotes habían tomado el Templo y lo habían hecho una
fortaleza, profanándolo con sangre y muerte:
<br><br>“Juntado ya todo el pueblo para oír el razonamiento,
estaban todos muy enojados viendo el templo y las cosas
sagradas ocupadas, las rapiñas, hurtos y muertes que se
hacían; pero no se veían aún bastantes para tomar
venganza, por tener a los zelotes, y era así a la verdad,
por muy inexpugnables.” <br>“Estando en medio de
ellos Anano, y mirando muchas veces sus leyes, dijo con
los ojos llenos de lágrimas: "Más razón sería que yo
muriese antes de ver cosas tan malas y nefandas en la
casa de Dios, y antes que ver los lugares santos y
secretos, tan frecuentados por pies de hombres malos”
<br>“Los romanos no osaron jamás pasar los límites, ni
entrar en los lugares nuestros secretos, no osaron
violar nuestras costumbres, antes de lejos se
amedrentaban sólo en mirar nuestros santuarios, y algunos de
nuestros naturales, nacidos entre nosotros, criados con
nuestras leyes y costumbres y con el mismo nombre de
judíos, se pasean por medio de los lugares santos, que a
ellos les son prohibidos, con las manos calientes aun
de las muertes de sus mismos naturales.” <br>“Los
del pueblo, cuando caían, eran llevados a sus casas
por su gente; pero cualquiera de los zelotes que
fuese herido, subíase al templo y mojaba la tierra y el
suelo consagrado con su sangre, de tal manera, que
podría bien decir alguno haber sido la religión violada
con sola la sangre de éstos” <br><br>sigue.....