05.06.2007 -
A esta altura del partido, Adrián Otero
es como una estampita del porteño típico. De sus palabras, de
su porte, de su actitud, se desprenden rasgos de un personaje charlatán,
contradictorio, pícaro, canchero y, por qué no, astutamente seductor.
Otero encarna una composición equilibrada del hombre
común, que toma mate mientras escucha fútbol por radio, con el pituco de
la esquina, quien camina el centro socarronamente, portando un libro
bajo el brazo y al cual sólo lo detienen las piernas de una señorita o
un par de porciones de pizza con fainá en Las Cuartetas.
En pocas palabras, Otero podría haber sido el
compañero ideal de Ricardo Darín en 9 Reinas,
si la película no relatara aventuras de ladrones. Dicho esto, uno cae en
la cuenta de que Memphis La Blusera está diseñada a su
imagen y semejanza. Porque la banda por excelencia del blues local
cristaliza en sus canciones todas las obsesiones, virtudes y defectos de
su líder.
Siendo el grupo más longevo en actividad (este temporada
cumple 28 años) y habiendo inaugurado el concepto de "rock barrial" como
tal, Memphis conoció las ventajas y desventajas de nacer de abajo para,
desde ese espacio, imponer un estilo, acceder a estadios y empalagarse
con las mieles del éxito. Si bien hoy no gozan de las preferencias
masivas como hace una década atrás, los Memphis saben
que en esencia son un grupo popular y el cartel de clásicos les queda
más a medida que sus trajes de sastrería.
Mientras se prepara para volver a la calle Corrientes (jueves 28 de
junio en el Teatro Opera) con Memphis y exultante por
haber puesto las voces en varias de las canciones que integraran el
soundtrack de la película de Isidoro Cañones,
Adrián Otero conversa con 10Música.
Fiel a su estilo frontal pero cariñoso, el cantante recuerda a
Pappo y hace foco en los errores y aciertos que lo
depositaron en este presente de Obelisco y arrabal.
De 10
años a esta parte, a medida que el rock se iba volviendo más
tradicionalista, Memphis se abría de esa línea y agregaba cosas del
soul, funk, pop o jazz…
Nosotros, en cada momento que
hicimos un disco, grabamos lo que se nos cantó. Nunca pensamos en hacer
un hit. Lamentablemente, no tuvimos esa capacidad ni la tenemos ahora.
Todo lo que conseguimos ha sido de casualidad. Por lo tanto, nunca
fuimos detrás de algo que sabíamos iba a tener éxito o para que se baile
en la discoteca. Lo que hicimos lo hicimos porque queríamos… Ahora,
posiblemente, hagamos un disco de boogie woogie, que es un estilo que
solamente nosotros lo tocamos.
Hoy, las bandas más
populares levantan el estandarte del barrio como si fuera una
declaración de principios. Una idea que inauguraron
ustedes…
Sí. ¡Hace 28 años, nosotros hablábamos del
barrio! Eso lo hacía al principio de mi carrera. Hoy, prefiero ser una
persona más amplia, más universal y más romántica. Igual, cuando tocamos
canciones como “Sopa de letras” o “Blues de Rosario”, aludimos a esta
temática. Pero pensá que son canciones viejas, que tienen mucho tiempo.
Durante años nos rotularon como “una banda de barrio” y eso me molestaba
mucho, a pesar de que sí, éramos un grupo de barrio. Los chicos de ahora
no conocieron esa faceta nuestra… Igualmente, el barrio como nosotros lo
mamamos era más intelectual de lo que es ahora. Era el barrio visto
desde el intelecto. Existía la esquina, pero la esquina del café y de
los personajes…
¿Te sentís un personaje clásico de
Buenos Aires?
Soy un personaje clásico… Soy Isidoro
(risas) Igualmente, veo a Memphis como un grupo al que
la gente quiere mucho. Quizá, hoy la banda no se nota tanto pero,
seguro, si no estuviera se notaría muchísimo más. En mi caso, la gente
me reconoce. Me saludan los camioneros, los taxistas, los de las obras
en construcción. Yo no me siento incómodo con esa popularidad, porque
trabajé mucho para que esto pasara. Además, soy un tipo afectuoso con la
gente y la fama no me molesta. Convivo bien con la
popularidad.
¿Cómo ves el tema de la diferencia de edad
que hay entre las bandas y su público?
Yo no me veo en
un escenario haciéndome el cachorro y cantando para pibes de la edad de
mi hijo, Julián… Soy un tipo grande. Si no soy coherente con mi propia
vida, no puedo ser coherente con nadie. A mi nunca me gustó eso del tipo
grande cantándole al pibito. Eso siempre me pareció una parodia, porque
no podes ser revolucionario a mi edad, ¡nunca!.
¿No
consideras que fue un error grave para la carrera del grupo haberse
aliado a un político y cambiar la letra de “La bifurcada” para
convertirla en jingle de campaña?
Sí, pero no le eches
culpa a la banda… Eso fue un error mío, pedí perdón públicamente y lo
vuelvo a hacer. Sí, sí, me arrepiento… Tengo todo el derecho de hacer
una cosa mal, arrepentirme y pedir disculpas.
¿Y qué
otro error los llevó a caer del nivel popular que tenían hace 10
años?
Evidentemente, hay cosas que estuvieron mal
hechas. Pero… es lo que hay, vivimos en esta realidad y así lo asumimos.
Hay muchos artistas que han pasado por un pico y no existe estar todo el
tiempo en la cresta de la ola. Posiblemente, si hubiésemos continuado
con la parodia esa del barrio, habríamos recaudado mucha guita. Creo que
nos tocó ser consecuentes con nosotros mismos y fue un acto de fe haber
hecho lo que hicimos. Preferimos, realmente, tocar en un festival
folclórico o popular que en uno de rock. Por una cuestión generacional,
siento que no le pertenecemos a un montón de pibes bailando
pogo.
¿Nunca se plantearon volver al blues tradicional
que, históricamente, fue el fuerte de Memphis La
Blusera?
No, ya no. Podemos hacer un blues tradicional,
pero no creo que volvamos a esa parte. ¡Pensar que cuando empezábamos el
que no tocaba blues, para nosotros, era un moderno! (risas) y lo
decíamos de manera peyorativa…
Hablando de blues, ¿qué
recuerdo conservas de Pappo?
Pappo era
un tipo muy especial… Podía estar bien o podía estar mal, y funcionaba
de una manera que te podía resultar buena o mala. El me provocó muchas
sensaciones: de enojo, fastidio y, hasta te diría, mala onda. De ahí
pasaba al cariño, amor y confraternidad. Era todo muy contradictorio,
porque él lo era y yo también lo soy. Ahora que no está más, se nota
mucho su ausencia. Dejó un agujero grande como músico y como persona,
porque su carisma era muy importante para el estilo que tocamos
nosotros.
¿Cuando dabas tus primeros pasos en Mataderos
y soñabas con ser una estrella del rock, en tu fantasía te parecías a lo
que sos ahora?
Creo que sí. Laburé toda mi vida para ser
un músico popular… Trabajé toda mi vida para que la gente me quiera y
cuando esto no pasa me duele mucho. Si hay algo que me hizo tambalear
fueron las críticas. Todo lo hice para que la gente me ame, porque yo
amo a la gente.
Gustavo Bove