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Noticia | Ben Harper: "Si fuera fiel a un estilo me aburriría"   Lista de mensajes  
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BEN HARPER
«Si fuera fiel a un estilo me aburriría»

TEXTO: JOSU OLARTE
FUENTE: LA VERDAD DIGITAL

Ben Harper es uno de esos artistas que trasciende las categorías musicales al punto de haber hecho de su música casi en género en sí misma. A principios de los noventa se reveló como punta de lanza de una camada de músicos acústicos que bebían en las fuentes del blues, como Keb' Mo o G Love and Special Sauce. Aunando el virtuosismo de Hendrix, la espiritualidad de Bob Marley y el alma de soulmen de Terry Callier, sus aclamados dos primeros discos —"Wellcome To The Cruel World" (1994) y "Fight For Your Mind" (1995)— le consagraron como una suerte de neo folk singer que miraba al futuro bajo el prisma de una tradición que remitía al blues de principios de siglo. Había nacido una estrella, coincidía la crítica internacional, seducida por aquel talento que, de la noche a la mañana, había cautivado a gente tan diversa como John Lee Hooker, Gil Scott Heron, Pearl Jam, Michael Franti o Fugees.

Partiendo de las raíces del blues, el universo expresivo de este compositor, cantante y guitarrista abarca por momentos el folk, el hard rock, el soul, el funk, el gospel, el reggae o los latidos étnicos, todo ello filtrado en canciones que oscilan entre la glorificación del amor, la denuncia y la conciencia.

"The Will To Live" (1997) y especialmente "Burn To Shine" (1999) contribuyeron a electrificar su sonido y "desafiar mis propios límites", con la ayuda de cómplices habituales como los Innocent Criminals, Juan Nelson (bajo) y Dean Chamberlain (batería), con quienes registro el vibrante directo "Live From Mars".

Nacido hace 37 años en Claremont (California), Harper fue un músico precoz que absorbió los rudimentos del blues en el Museo de Música Folk fundado por su abuelo, "un revolucionario perseguido por McCarthy", donde trabajó reparando instrumentos mientras devoraba grabaciones de mitos del género.

En sus doce años de carrera, Harper ha colado más de siete millones de copias de los seis discos que lleva empeñado "en llevar la tradición a otro nivel". Ahora, tres años después de "Diamonds On The Inside" y aún con su aclamada colaboración con los Blind Boys of Alabama fresca en la memoria ("There Will Be A Light"), Ben recapitula su trayectoria por medio de su sexto álbum en solitario, "Both Sides Of The Gun".

Este doble muestra, en sentido literal y figurado, dos caras. De un lado, su faceta más íntima, introspectiva y desenchufada concretada en espirituales canciones de amor. El segundo disco exhibe la vertiente más desatada y ecléctica, que navega entre el soul funk setentero, el blues eléctrico con guitarra slide, el folk y tributos demasiado evidentes a Curtis Mayfield, Prince o los Stones, a los que calca en "Get It Like You Like It".

Una literalidad que contrasta con cortes como "Serve Your Soul", ejemplo de la personalidad que Harper siempre ha demostrado al sazonar folk, rock, blues rancio y lírica social. Dos maneras de disparar de las que el propio Ben nos habló en Londres.

Por descubrir

-¿Cómo surge la idea de hacer un álbum doble con dos caras tan diferenciadas?

-Mi única premisa era hacer la música con más alma que fuera posible. Tienes que escoger las mejores canciones, grabarlas de la manera que quieres y secuenciarlas de la forma más atractiva posible. He tratado de ir al meolllo de las canciones, centrarme en su esencia y presentarlas de un modo que puedan conectar con la gente. Me di cuenta de que la mayoría de los temas tenían los extremos muy polarizados, diferencias muy radicales. La mitad eran de los más íntimos que había grabado nunca y la otra mitad, en cambio, más crudos y libres. Por eso decidí que lo mejor sería separarlas en caras que formaran parte de una unidad. No he sido el primero en hacerlo ni seré el último. Para mí no es un disco doble ni ningún ejercicio de pretenciosidad, sino una hora de música.

-¿Tratas de mostrar todas tus facetas? ¿En qué medida ha sido bueno ser un artista difícil de catalogar?

-Es algo inevitable. Lo que me mantiene excitado e interesado por la música es justo lo que está al otro lado de la esquina, lo que puedo descubrir. Nunca sé lo que voy a hacer cuando me planteo una canción, sólo escribo lo que siento o sobre las ideas que tengo, ni se me ocurre pensar en el mercado o sobre si algo está de moda o no. Tampoco me importa si producir un disco doble va a ser más caro, sino si las canciones son buenas. Si supiera que siempre voy a ser fiel a un estilo, incluso aunque fuera el mejor en una música concreta, me aburriría. Y nadie quiere escuchar las canciones de un artista aburrido o acomodado. Eso es un suicidio creativo. Los elementos de sorpresa son cruciales a la hora de plantearte lo que vas a hacer o decir. Yo compongo sin tener en cuenta el estilo, sino las emociones; son ellas las que luego me llevan a un territorio o a otro.

-Todos tus discos tienen algún tema de corte social o crítico. "Black Rain" alude al drama del "Katryna". ¿Crees que los artistas de hoy están menos comprometidos políticamente que en el pasado?

-Me gustaría que ese tipo de compromiso se diera más a menudo. Los artistas que aspiran a emocionar deben mostrar sus sentimientos y su manera de pensar a todos los niveles. Podemos aprovechar nuestra posición para tratar de influir en la mente de las personas. Cuando supimos lo del Katryna y vimos que a este Gobierno no le importaban una mierda sus ciudadanos, especialmente si son negros del Sur, estábamos tan indignados que no pudimos evitar hacer algo al respecto. Dejamos lo que estábamos haciendo y compusimos y grabamos de un tirón ese tema con toda la rabia del momento. De todas maneras, también nos mostramos esperanzados en temas como "I Believe In A Better Way", en los que tratamos de mostrar el lado positivo de las cosas. No puedes limitarte a hacer canciones de amor, ni tampoco políticas; yo busco un equilibrio y mostrar mi postura de una manera clara, concisa y atractiva. Pero cada tiempo demanda enfoques de lucha y respuesta distintos y lo mismo pasa con la música.

-Tienes fama de tradicionalista. ¿Cuál es tu visión del blues?

-No lo sé, supongo que no tengo una visión concreta; trato de aportar lo mejor para cada canción buscando la inspiración del momento. Tengo mis influencias, pero no busco por adelantado un sonido o un estilo concreto. Hay gente que al hablar del blues sólo piensa en los doce compases clásicos de Muddy Waters que continuamente son robados por músicos de todo tipo. Esa es la parte más tradicional de algo que para mí incluye otras músicas con alma, como el flamenco. Cada cultura tiene su alma, su blues. Hay blues en países africanos como Mali o Camerún, igual que en España. El flamenco es el blues español, me encantan la rapidez, la precisión y el soul de Paco de Lucía o Tomatito, son increíbles.

-Apuestas por la instrumentación más "vintage" o clásica. ¿Sigues prefiriendo el sonido añejo del weissenborn al de las guitarras eléctricas?

-El weissenborn sigue siendo mi instrumento, es parte de mi identidad, aunque hace poco he descubierto una "lap steel" eléctrica hecha a mano que me encanta. Es el primer instrumento eléctrico por el que siento casi la misma pasión que por el weissenborn. Para mí es importante saber el terreno que piso. Si un día cogiera una stratocaster y dejara el weissenborn y metiera después metales, teclados y otras cosas me estaría alejando de mis raíces. Sigo fiel a ella porque cada vez que la toco suena nueva, tanto si hago baladas como temas de hard rock, blues o soul.

Semilla de inspiración

-Tu abuelo tenía una tienda museo de instrumentos antiguos, ¿no?

-Abrió un almacén llamado el Folk Music Center en el que, además de reparar guitarras, tenía un museo con instrumentos de todo el mundo. Crecer en ese ámbito me ha marcado como músico, fue crucial para conocer la pura esencia de la música y estar abierto a sonidos de todo el mundo. En lugar de la ruta habitual —conocer a los Stones o Jimi Hendrix y luego ir para atrás—, yo crecí escuchando a bluesmen como Tommy Johnson, T Bone Walker, Robert Johnson o Muddy Waters. En lugar de conocer el soul de Otis Redding o el gospel, tuve la suerte de escuchar a músicos de Camerún a los que no entendía pero me encantaban. De alguna manera, las claves del futuro están escritas en el pasado. Cuanto más conozcas la tradición, más te influirá. Es importante divulgar esa música valiosa que no se conoce. Es como una semilla para la inspiración. Yo trato de reinterpretarla siendo respetuoso. A eso me refería en la letra de "cuanto más fuerte es la raíz, más dulce es el fruto".

-Con esos antecedentes, grabar con las leyendas del gospel Blind Boys of Alabama sería algo especial…

-Por supuesto. Conectar con gente como ellos, que son parte de la cultura espiritual de América, supuso algo difícil de expresar, fue como parte de un proceso de crecimiento personal. Abrieron para mí una puerta hacia la tradición, sobre todo, teniendo en cuenta que crecí escuchando gospel y los Blind Boys han estado siempre en mi conciencia musical. El primer contacto con ellos fue cuando hicieron una versión de mi canción "Give Man A Home", que me emocionó mucho. Han acabado siendo parte de mi familia, aunque por entonces no imaginaba que Clarence Fountain me propondría un día hacer un disco juntos. Ha sido una suerte colaborar con ellos, pero también fue muy satisfactorio hacerlo con John Lee Hooker, Charlie Musselwhite, Toots Hibbert, Jack Johnson o cualquier artista con soul.

-¿Te ves como referente de gente del folk-rock acústico como el propio Jack Johnson, Matt Costa o John Butler Trio?

-Jack es un buen amigo; de alguna manera, empezó como yo. Tiene su propio estilo y siempre ha sido una artista completamente autónomo. Hace lo que hace al margen de las modas y la gente ha sabido apreciarlo. Y algo parecido se puede decir de los demás; son buenos músicos y si me consideran una influencia es un motivo de orgullo para mí.

Fotografías del momento

-Después de más de diez años, ¿cómo ves tu propia evolución?

-No lo sé, mi mente se mueve a tanta velocidad que no tengo tiempo para pararme y analizar. A veces pienso que quizás debería hacerlo, pero siento que soy un artista joven como para analizar mi carrera y plantearme una antología o algo así. Más bien veo mis canciones como fotografías de un momento concreto. Cuando no compongo me gusta escuchar lo que hacen otros más que reflexionar sobre mí mismo.

-¿Vas a girar pronto por Europa?

-Sí, tengo muchas ganas. Creo que estas canciones piden ser tocadas en directo, son temas que pueden evolucionar mucho en vivo y tengo ganas de asumir ese desafío. He llegado a un punto en que me siento tan cómodo en directo que trato de volcar esa energía grabando de un tirón en el estudio. Siento que en este disco he podido por fin volcar todo lo que he ido aprendiendo con los años.



Dom, 16 de Abr, 2006 3:58 am

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