¡COME PERROS Y GATOS VIVOS!
BETANIA ARTAVIA
bartavia@...
Fotos: Randall Sandoval / Alexander Sambrana, corresponsal
Para Douglas Barahona comerse un gato, un perro u otro animal
mientras aún está vivo no es un acto sátanico ni algo asqueroso. Lo considera
como algo normal y hasta dice que estas comidas lo ayudan a no enfermarse de
nada.
Aunque parezca increíble, un hombre de 34 años lleva cuatro años de
haber cambiado el arroz y los frijoles por todo aquello que se mueva y lo
prefiere vivo. Douglas Barahona, un montador de toros de Cañas, se alimenta de
animales que estén vivos y disfruta sentir cómo su boca les desprende la cabeza
mientras aún se mueven.
“Yo me levanto y lo que desayuno es cualquier cosa que ande por ahí,
una paloma, un pollo, un zanate, lo que sea, los agarro, les arranco la cabeza,
me tomo la sangre y después me los mando”, explicó Barahona.
Inició con esta insólita dieta hace cuatro años por casualidad,
buscando un arma para sentirse más fuerte antes de cualquier monta, pues su
pasión es dominar al más bravo de los toros, y descubrió que tomarse la sangre
de un animal vivo le daba esa fortaleza.
“Fue una cosa que nació así de la nada, se me ocurrió, y cuando me
como un animal vivo me siento con más energía, más fuerza para dominar el toro,
esa sangre le da a uno fuerza, ese es mi secreto”, comentó.
Cuatro días antes de la monta Douglas Barahona, conocido en Cañas
como “Tata”, buscaba un gato tiernito, o un perrito, se iba a algún potrero y se
lo comía. Llegado el día de la monta lleva en su bolsa un murciélago y poco
antes de subir al lomo del toro se lo come.
Según Barahona, este secreto le ha permitido tener más fuerza para
dominar a cualquier toro y por eso lo seguirá haciendo siempre, y como siente
que ese tipo de carne y sangre es muy saludable, decidió hacerlos parte de su
alimentación diaria.
Ahora “Tata” ya no busca arroz y frijoles, algún bistec o un pollo
frito, sino que prefiere irse al monte, escarbar el nido de algún zanate,
comerle la cabeza, desplumarlo y luego sentarse al lado del río a comérselo,
desde los huesos hasta las vísceras.
Y que se cuiden los gatos que son su manjar preferido, “la sangre es
saladita y calientita, es muy rica y la carne es como comer conejo, una vez que
lo despelleja es como cualquier otro animal, es una carne especial, muy
sabrosa”, comentó mientras se comía un gatito sentado junto a una quebrada, en
Cañas.
COME LOMBRICES, SERPIENTES Y HASTA SAPOS
El “Comegatos” cañero ha probado toda clase de animales, ya que no
siempre es fácil conseguir perros y gatos en el centro del cantón donde vive y
como muchos vecinos conocen sus hábitos no le dejan cerca las mascotas, ya que a
él no le gustan los animales sucios, o con zarna, sino perros y gatos bien
aseaditos “porque si no me puedo enfermar”, comentó.
“Tata” no se niega a meterle el diente a una serpiente que se
atraviese en su camino, afirma que en una ocasión vio una víbora colgando de la
rama de un árbol y con cuidado se acercó le agarró la cabeza y el otro extremo
que colgaba, le pegó un mordisco partiéndola, se chupó la cabeza y la devoró.
“Un día andaba pescando en el río y no saqué nada, ya con hambre y
aburrido agarré las lombrices que llevaba para agarrar las sardinas y me las
comí. Saben bien y hacen cosquillas donde van pasando por el galillo”, narró
“Tata”, quien ese día se devoró medio kilo de lombrices vivas y frescas.
Los zanates, zopilotes y vampiros están en la lista de sus
preferencias, a los emplumados primero les arranca la cabeza de un mordisco, se
toma su sangre, y después los despluma para comerse hasta el último hueso.
En el caso de los vampiros los decapita con los dientes y tras
beberse su sangre se come desde las alas hasta la cola.
Lo que no le gustan mucho son los sapos, porque la última vez que se
comió uno se le durmió la lengua por varios días, pero aún así, si no aparece
otra cosa, se almuerza un sapo.
¡NO VA A RESTAURANTES NI SODAS!
El “Comegatos” cañero es fácil verlo en el parque buscando zanates o
en algún potrero o hasta cerca del río, pero donde no se le verá nunca es en una
soda y menos en un restaurante del barrio.
Ni siquiera pasa por una leche dormida, que es la bebida más popular
de Cañas, porque no se siente a gusto en ningún lugar de estos, para él su
comida está en el campo persiguiéndola y masticándola mientras aún se mueve.
Este hombre vive con su abuela en Cañas, y afirma que ella no sabe
de su afición por la carne que camina, ella lo trata con normalidad; mientras su
madre quien conoce perfectamente sus hábitos, lo critica y le dice que él tiene
algo malo en el estómago. Sus amigos en cambio, lo aceptan y lo impulsan a hacer
el espectáculo de comerse un gato o un murciélago frente a ellos, especialmente
los montadores de toros, para quienes no es nuevo verlo es esas artes.
LANZA RETO PÚBLICO
“Tata” quiere demostrar a todo el país que es el mejor “Comegatos”
de Costa Rica y más allá de sus fronteras, por eso lanza un reto público a todos
los lectores de DIARIO EXTRA para ver si alguien se anima a ponerse lado a lado
con él a comer animales vivos.
“Yo sé que soy el único que hace esto, pero si hay alguien más que
se anime y que venga, y nos ponemos a la par a ver quién se come más gatos o
perros, o culebras, lo que quieran”, afirmó envalentonado “Tata”, luego de
haberse comido un pollo y un gato vivos frente a las cámaras de DIARIO EXTRA que
captaron paso a paso su insólita actuación.
UN ALMUERZO FUERA DE LO COMÚN
Para confirmar los rumores llegados sobre el “Comegatos” un equipo
de DIARIO EXTRA visitó Cañas y acompañó a Douglas Barahona durante su almuerzo
de este jueves.
Desde muy temprano fue en busca de un gato, un pollo y un garrobo,
buscó entre varios conocidos un perrito que nadie quisiera, pero no lo
consiguió.
Ya con el menú listo lo seguimos hasta un potrero donde acarició por
un tiempo su comida, y en un descuido, el garrobo saltó y se le escapó.
El entremés fue el pequeño pollito, al que de un bocado le
desprendió la cabeza. Mientras su cuerpo aún se movía lo levantó para tomarse la
sangre; luego le quitó las plumas y le clavó los dientes.
En tres bocados el pollo completo fue devorado por “Tata”, las patas
se las chupó
y luego las botó, al igual que el pico, pero todo lo demás, hasta
los ojos, pasó por su garganta.
Luego le llegó el turno al pequeño gato. Se lo pasó varias veces por
la cara, lo olió y le mostró los dientes, en un momento determinado, con su
mirada un poco perdida, le clavó los dientes en el cuello. Solo se escucharon
algunos maullidos que se fueron apagando poco a poco.
Lo levantó de las patas, sosteniéndole la cabeza en alto y se tomó
la sangre, mientras comentaba que su sabor era un poco salado y caliente.
Con sus manos le desprendió el cuello y fue quitándole el pellejo,
“porque los pelos no me gustan”, narró, ya que se le pueden pegar en la
garganta.
Ya sentado en un muro de cemento comenzó a comerse las patas
delanteras, la panza con todo y vísceras. Terminó de quitarle el peludo pellejo
mientras se chupaba las patas traseras, al final solo salía de su boca el rabo
del minino, que fue su almuerzo.
Para bajarlo una botella de agua, después se lavó bien las manos y
los brazos en el río y volvió al parque de Cañas para continuar con su trabajo
de cuidacarros.
--------------------------------------------------------------------
[Se han eliminado los trozos de este mensaje que no contenían texto]