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Enero 5 09H30 MISA DEL DOMINGO 6 LITURGIA DE LAS HORAS, SANTORAL Y   Lista de mensajes  
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MISA DEL DOMINGO 6 LITURGIA DE LAS HORAS, SANTORAL Y REFLEXIONES
DOMINGO 6
La Epifanía del Señor
Santos: San Melanio de Rennes, obispo. Beato Andrés Alfredo Besette,
religioso. Solemnidad.

ANTÍFONA DE ENTRADA (cfr. MI, 1; 1 Cro 19, 12)
Miren que ya viene el Señor de los ejércitos; en su mano están el reino y la
potestad y el imperio.

Se dice Gloria

ORACIÓN COLECTA
Señor, Dios nuestro, que por medio de una estrella diste a conocer, en este
día, a todos los pueblos el nacimiento de tu Hijo, concede, a los que ya te
conocemos por la fe, llegar a contemplar, cara a cara, la hermosura de tu
inmensa gloria. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro del profeta Isaías: 60, 1-6

Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz y la gloria del
Señor alborea sobre ti. Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla
envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta
su gloria. Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu
aurora
Levanta los ojos y mira alrededor: todos se reúnen y vienen a ti; tus hijos
llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces verás esto radiante
de alegría; tu corazón se alegrará y se ensanchará, cuando se vuelquen sobre ti
los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una
multitud de camellos y dromedarios, procedentes de Madián y de Efá. Vendrán
todos los de Sabá trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

REFLEXION del libro del profeta Isaías: 60, 1-6

La gente de los desiertos, los comerciantes de las regiones remotas, los
navegantes de Tarsis, se acercan efusivos a Jerusalén. La luz de Dios irradia y
atrae a todos por igual.

Del salmo 71
R/. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Comunica, Señor, al rey tu juicio y tu justicia al que es hijo de reyes; así
tu siervo saldrá en defensa de tus pobres y regirá a tu pueblo justamente.
R/. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Florecerá en sus días la justicia y reinará la paz, era tras era. De mar a mar
se extenderá su reino y de un extremo al otro de la tierra. R/. Que te adoren,
Señor, todos los pueblos.

Los reyes de occidente y de las islas le ofrecerán sus dones. Ante El se
postrarán todos los reyes y todas las naciones. R/. Que te adoren, Señor, todos
los pueblos.

Al débil librará del poderoso y ayudará al que se encuentra sin amparo; se
apiadará del desvalido y pobre y salvará la vida al desdichado.
R/. Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 3, 2-3. 5-6

Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios, que se me
ha confiado en favor de ustedes. Por revelación se me dio a conocer este
misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, pero que
ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas, es
decir, que por el Evangelio, también los paganos son coherederos de la misma
herencia, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en
Jesucristo. Palabra de Dios.
T. Te alabamos, Señor.

REFLEXION de la carta del apóstol san Pablo a los efesios: 3, 2-3. 5-6

Los destinatarios de esta carta deben considerarse privilegiados. De ahora en
adelante, las promesas de Dios para Israel ya no serán privilegios, sino dádivas
a todos los pueblos.

ACLAMACIÓN (Mt 2, 2) R/. Aleluya, aleluya.
Hemos visto su estrella en el Oriente y hemos venido a adorar al Señor. R/.

Lectura (Proclamación) del santo Evangelio san Mateo capitulo 2, versículos 1
al 12

Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de
Oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “Dónde está el rey de los
judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a
adorarlo”.
Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él.
Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, y les
preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de
Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres
en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá
un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel.
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisaran el
tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén,
diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo
encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.
Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la
estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima
de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa
alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y
postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos:
oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a
Herodes, regresaron a su tierra por otro camino. Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

REFLEXION del santo Evangelio san Mateo capitulo 2, versículos 1 al 12

Los magos de Oriente persistieron en la búsqueda de la verdad y reconocieron,
en la pequeñez del recién nacido, la discreta señal de la gloria de Dios.

REFLEXION del santo Evangelio san Mateo capitulo 2, versículos 1 al 12

Comentario: Rev. D. Joaquim Villanueva i Poll (Girona, España)
«Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le
adoraron»

Hoy, el profeta Isaías nos anima: «Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu
luz; la gloria del Señor amanece sobre ti» (Is 60,1). Esa luz que había visto el
profeta es la estrella que ven los Magos en Oriente, con muchos otros hombres.
Los Magos descubren su significado. Los demás la contemplan como algo que les
parece admirable, pero que no les afecta. Y, así, no reaccionan. Los Magos se
dan cuenta de que, con ella, Dios les envía un mensaje importante por el que
vale la pena cargar con las molestias de dejar la comodidad de lo seguro, y
arriesgarse a un viaje incierto: la esperanza de encontrar al Rey les lleva a
seguir a esa estrella, que habían anunciado los profetas y esperado el pueblo de
Israel durante siglos.

Llegan a Jerusalén, la capital de los judíos. Piensan que allí sabrán
indicarles el lugar preciso donde ha nacido su Rey. Efectivamente, les dirán:
«En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta» (Mt 2,5). La noticia
de la llegada de los Magos y su pregunta se propagaría por toda Jerusalén en
poco tiempo: Jerusalén era entonces una ciudad pequeña, y la presencia de los
Magos con su séquito debió ser notada por todos sus habitantes, pues «se turbó
con Herodes toda Jerusalén» (Mt 2,3), nos dice el Evangelio.

Jesucristo se cruza en la vida de muchas personas, a quienes no interesa. Un
pequeño esfuerzo habría cambiado sus vidas, habrían encontrado al Rey del Gozo y
de la Paz. Esto requiere la buena voluntad de buscarle, de movernos, de
preguntar sin desanimarnos, como los Magos, de salir de nuestra poltronería, de
nuestra rutina, de apreciar el inmenso valor de encontrar a Cristo. Si no le
encontramos, no hemos encontrado nada en la vida, porque sólo Él es el Salvador:
encontrar a Jesús es encontrar el Camino que nos lleva a conocer la Verdad que
nos da la Vida. Y, sin Él, nada de nada vale la pena.

Credo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, Señor, con bondad los dones de tu Iglesia, que no consisten ya en oro,
incienso y mirra, sino en tu mismo Hijo, Jesucristo, que, bajo las apariencias
de pan y de vino, va a ofrecerse en sacrificio y a dársenos en alimento, El, que
vive y reina por los siglos de los siglos.

PREFACIO DE EPIFANÍA
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque hoy has revelado en Cristo, para luz de todos los pueblos, el misterio
de nuestra salvación; pues al manifestarse tu Hijo en nuestra carne mortal, nos
hiciste partícipes de la gloria de su inmortalidad.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles, y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria. Santo, Santo, Santo...
Si se usa el Canon romano, se dice “Reunidos en comunión” propio. Si se usa la
plegaria eucarística II o III, se dice
“Acuérdate”... o “Atiende”, propio.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (cfr. Mt 2, 2)
Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos con regalos a adorar al Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que tu luz, Señor, nos guíe y nos acompañe siempre, para que comprendamos cada
día más este sacramento en el que hemos participado y podamos recibirlo con
mayor amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

REFLEXION del santo Evangelio san Mateo capitulo 2, versículos 1 al 12

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO.- Una de las claves que nos permiten
entender a Dios es su amor incluyente y universal. En el pasado, muchas
ocasiones nos tropezamos con la imagen de un Dios que repartía privilegios a
pueblos y naciones específicos. Dios eligió a Israel, pero esa decisión tenía un
alcance limitado. Israel debía vivir como nación ejemplar, como comunidad
fraterna abierta a otros pueblos y naciones. Esos son también el camino y la
misión del nuevo Israel, atraer e incorporar a todos los hombres a la búsqueda
de Dios, lo cual hará viviendo una vocación de servicio y reconociendo, en la
vida de hombres y mujeres de todos los credos y las religiones, los signos y la
presencia en ellos del único Dios verdadero.

OTRAS REFLEXIONES AL EVANGELIO DE HOY

REFLEXION del santo Evangelio san Mateo capitulo 2, versículos 1 al 12

Epifanía quiere decir manifestación. En la solemnidad de hoy, la Iglesia
conmemora la primera manifestación del Hijo de Dios hecho Hombre al mundo
pagano, que tuvo lugar con la adoración de los Magos. La fiesta proclama el
alcance universal de la misión de Cristo, que viene al mundo para cumplir las
promesas hechas a Israel y llevar a cabo la salvación de todos los hombres.
La fiesta de Epifanía nació en los primeros siglos del Cristianismo
En el evangelio de hoy, se relata que llegaron estos magos a Jerusalén; tal
vez pensaban que aquél era el término de su viaje, pero allí, en la gran
ciudad, no encuentran al recién nacido rey de los judíos. Quizá, -parece
humanamente lo más lógico si se trata de buscar a un rey,- fueron directamente
al palacio de Herodes; pero los caminos de los hombres no son, frecuentemente,
los caminos de Dios. Indagan, ponen los medios a su alcance: ¿Dónde está?,
preguntan. Y Dios, cuando de verdad se lo quiere encontrar, sale al paso, nos
señala la ruta, incluso a través de los medios que podrían parecer menos aptos.
¿Dónde está el recién nacido rey de los judíos?
Y nosotros, que como los Magos nos hemos puesto en camino muchas veces en
busca del Señor, nos damos cuenta que Jesús no puede estar en la soberbia que no
separa de Dios, ni en la falta de caridad que nos aísla.
Debemos encontrar las verdaderas señales que llevan hasta el Niño-Dios. En
estos Magos llamados a adorar a Jesús, nos reconocemos a nosotros mismos, que
nos encaminamos a Cristo a través de nuestros quehaceres familiares, sociales y
de nuestro trabajo, de la fidelidad de lo pequeño de cada día.
San Buenaventura nos dice sobre este pasaje que la estrella que nos guía es
triple: la Sagrada Escritura, especialmente el Evangelio, que debemos conocer
bien. Una estrella que está siempre arriba para que la miremos y encontremos la
justa dirección, que es María, nuestra Madre. Y una estrella interior, personal,
que son las gracias del Espíritu Santo. Con estas ayudas encontraremos en todo
momento el camino que conduce a Belén, hasta Jesús.
Pidamos a María que busquemos siempre a su Hijo, como lo hicieron los Magos
vendidos de Oriente, y no reparemos en las dificultades ni en los sacrificios
que debamos hacer hasta encontrarlo.
Y pidámosle también que encontremos siempre y adoremos al Niño Dios, en la
humildad del Pesebre

Reyes que venís por ellas,
no busquéis estrellas ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Mirando sus luces bellas,
no sigáis la vuestra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Aquí parad, que aquí está
quien luz a los cielos da:
Dios es el puerto más cierto,
y si habéis hallado puerto
no busquéis estrellas ya.

No busquéis la estrella ahora:
que su luz ha oscurecido
este Sol recién nacido
en esta Virgen Aurora.

Ya no hallaréis luz en ellas,
el Niño os alumbra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Aunque eclipsarse pretende,
no reparéis en su llanto,
porque nunca llueve tanto
como cuando el sol se enciende.

Aquellas lágrimas bellas
la estrella oscurecen ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas. Amen.
Liturgia de las Horas - Himno de la Solemnidad de la Epifanía

SANTORAL: Epifanía del Señor

La Epifanía es una de las fiestas litúrgicas más antiguas, más aún que la
misma Navidad. Comenzó a celebrarse en Oriente en el siglo III y en Occidente se
la adoptó en el curso del IV. Epifanía, voz griega que a veces se ha usado como
nombre de persona, significa "manifestación", pues el Señor se reveló a los
paganos en la persona de los magos.
Tres misterios se han solido celebrar en esta sola fiesta, por ser tradición
antiquísima que sucedieron en una misma fecha aunque no en un mismo año; estos
acontecimientos salvíficos son la adoración de los magos, el bautismo de Cristo
por Juan y el primer milagro que Jesucristo, por intercesión de su madre,
realizó en las bodas de Caná y que, como lo señala el evangelista Juan, fue
motivo de que los discípulos creyeran en su Maestro como Dios.
Para los occidentales, que, como queda dicho más arriba, aceptaron la fiesta
alrededor del año 400, la Epifanía es popularmente el día de los reyes magos. En
la antífona de entrada de la misa correspondiente a esta solemnidad se canta:
"Ya viene el Señor del universo. en sus manos está la realeza, el poder y el
imperio". El verdadero rey que debemos contemplar en esta festividad es el
pequeño Jesús. Las oraciones litúrgicas se refieren a la estrella que condujo a
los magos junto al Niño Divino, al que buscaban para adorarlo.
Precisamente en esta adoración han visto los santos padres la aceptación de la
divinidad de Jesucristo por parte de los pueblos paganos. Los magos supieron
utilizar sus conocimientos-en su caso, la astronomía de su tiempo- para
descubrir al Salvador, prometido por medio de Israel, a todos los hombres.
El sagrado misterio de la Epifanía está referido en el evangelio de san Mateo.
Al llegar los magos a Jerusalén, éstos preguntaron en la corte el paradero del
"Rey de los judíos". Los maestros de la ley supieron informarles que el Mesías
del Señor debía nacer en Belén, la pequeña ciudad natal de David; sin embargo
fueron incapaces de ir a adorarlo junto con los extranjeros. Los magos, llegados
al lugar donde estaban el niño con María su madre, ofrecieron oro, incienso y
mirra, sustancias preciosas en las que la tradición ha querido ver el
reconocimiento implícito de la realeza mesiánica de Cristo (oro), de su
divinidad (incienso) y de su humanidad (mirra).
A Melchor, Gaspar y Baltasar -nombres que les ha atribuido la leyenda,
considerándolos tres por ser triple el don presentado, según el texto evangélico
-puede llamárselos adecuadamente peregrinos de la estrella. Los orientales
llamaban magos a sus doctores; en lengua persa, mago significa "sacerdote". La
tradición, más tarde, ha dado a estos personajes el título de reyes, como
buscando destacar más aún la solemnidad del episodio que, en sí mismo, es
humilde y sencillo. Esta atribución de realeza a los visitantes ha sido apoyada
ocasionalmente en numerosos pasajes de la Escritura que describen el homenaje
que el Mesías de Israel recibe por parte de los reyes extranjeros.
La Epifanía, como lo expresa la liturgia, anticipa nuestra participación en la
gloria de la inmortalidad de Cristo manifestada en una naturaleza mortal como la
nuestra. Es, pues, una fiesta de esperanza que prolonga la luz de Navidad.
Esta solemnidad debería ser muy especialmente observada por los pueblos que,
como el nuestro, no pertenecen a Israel según la sangre. En los tiempos
antiguos, sólo los profetas, inspirados por Dios mismo, llegaron a vislumbrar el
estupendo designio del Señor: salvar a la humanidad entera, y no exclusivamente
al pueblo elegido.
Con conciencia siempre creciente de la misericordia del Señor, construyamos
desde hoy nuestra espiritualidad personal y comunitaria en la tolerancia y la
comprensión de los que son distintos en su conducta religiosa, o proceden de
pueblos y culturas diferentes a los nuestros.
Sólo Dios salva: las actitudes y los valores humanos, la raza, la lengua, las
costumbres, participan de este don redentor si se adecuan a la voluntad
redentora de Dios, "nunca" por méritos propios. Las diversas culturas están
llamadas a encarnar el evangelio de Cristo, según su genio propio, no a
sustituirlo, pues es único, original y eterno.











Me inclino reverentemente ante El Señor

M.E. Winston Pauta Avila
Iglesia Católica Agua Santa
Guayaquil - Ecuador
C. C. DE COLORES
Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Guayaquil- Ecuador
“Chistifideles Laici”
Cursillista de Cursillo de Cristiandad de Barcelona- España



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Sáb, 5 de Ene, 2008 2:32 pm

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