Entrar
¿No tienes cuenta? Registrarse
catolicosapostolicosyromanos · CATÓLICOS APOSTÓLICOS Y ROMANOS
? ¿Ya tienes membresía? Entra a Yahoo!

Consejos

¿Sabías que...
Decide qué mensajes pueden llegar al grupo. Simplemente, modifica las preferencias.

Mensajes

  Mensajes Ayuda
Avanzado
Una visión más completa de la vida   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #1612 de 5758 |
Una visión más completa de la vida




Día 9 domingo. Bautismo del Señor



Evangelio: Mt 3, 13-17 Entonces vino Jesús al Jordán desde
Galilea, para ser bautizado por Juan. Pero éste se resistía diciendo:
-Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿y vienes tú a mí?
Jesús le respondió:
-Déjame ahora, así es como debemos cumplir nosotros toda
justicia.
Entonces Juan se lo permitió. Inmediatamente después de ser
bautizado, Jesús salió del agua; y entonces se le abrieron los cielos, y vio al
Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz
desde los cielos dijo:
-Éste es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido.

Una visión más completa de la vida

Hoy nos ofrece la Liturgia de la Iglesia, en esta fiesta del
Bautismo del Señor, una escena muy sobrenatural y especial para nosotros,
habituados tal vez a contemplar la realidad de este mundo sólo con los ojos del
cuerpo. Nos conviene reconocer, una vez más, que no se agota la verdad con lo
que logramos descubrir con los sentidos. Por eso el Señor anima con mucha
frecuencia a fomentar la virtud de la fe, pues, todo un mundo sobrenatural nos
aguarda, aunque no podamos verlo n alcanzarlo con las fuerzas de la naturaleza.

Necesitamos creer mediante la la fe. Se trata de una virtud:
hábito, o disposición permanente, infundida por Dios en el espíritu del hombre,
que lleva a la persona a aceptar las verdades reveladas por Dios, no tanto por
la evidencia con que se le muestran, sino por la autoridad del mismo Dios que
revela, que -de acuerdo con su perfección- no puede engañarse ni -de acuerdo con
su bondad- puede engañarnos.

Nuestro Dios, por propia iniciativa y de acuerdo con el misterioso
designio de su amor por el hombre, nos revela su intimidad trinitaria. El Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo se hacen distintamente presentes en el Bautismo del
Hijo encarnado, cuya fiesta celebramos hoy. No nos basta, por consiguiente,
reconocer la existencia de un Dios único, autor de cuanto existe, causa primera
y perfección suma. Es preciso que reconozcamos también que es Padre, Hijo y
Espíritu Santo y remunerador de los que le aman. Por eso hoy deseamos tenerle
especialmente presente en sus Tres Personas, pues, cada una nos sugiere afectos
propios, siendo el mismo Dios.

Hace pocos años, cuando preparábamos el Gran Jubileo del 2000,
fomentábamos -fieles al deseo del Papa- un trato más afectuoso con Dios Padre,
que nos llama hijos en Jesucristo. Es su voz la que se escuchó aquel día, cuando
Jesús fue bautizado por Juan. El Padre siempre contempla al Hijo, nunca lo
desampara aunque alguna vez parezca olvidarlo. No queramos tampoco olvidarnos de
Nuestro Dios, aunque nuestros quehaceres quieran imponerse a veces con urgencia
y de modo inoportuno. Posiblemente será necesario un ejercicio tenaz por nuestra
parte para no perder esa presencia de Dios que, fomentando la virtud de la fe,
nos lleva a descubrir el fundamento de la dignidad humana: que somos hijos muy
queridos de Dios, hasta el extremo de que, según su misterioso designio, el Hijo
se ha hecho como uno de nosotros para salvarnos del pecado.

Consideremos también en este día, pues hemos conocido desde mucho
tiempo atrás la Redención, que -como Juan Bautista- podemos dar testimonio de la
vida de Cristo entre los hombres y de nuestra grandeza por el amor que Dios nos
tiene. Tenemos asimismo la posibilidad de anunciar a los demás que Dios quiso
compartir nuestra condición para que, participando nosotros de la suya, seamos
sus hijos por adopción. Que como verdaderos hijos que somos de Dios se complace
en nosotros y nos ofrece en todo momento la ocasión de recrearnos con su
presencia, soñando con el día en que, libres ya de lo gravoso de este mundo,
gocemos para siempre con Él en el Cielo.

Es bueno, en todo caso, vivir bien afianzados en el momento
presente y, por tanto, en la realidad terrena que ahora nos corresponde. Lo cual
no nos impide ejercitar la virtud de la fe, que, sin sacarnos de esta tierra
-lugar de nuestra santificación- nos permite saborear la vida para la que fuimos
creados como hombres: una vida escondida con Cristo en Dios, según la expresión
del Apóstol. No se trata, desde luego, solamente de soñar y de saborear antes de
tiempo una ilusión. Debemos ejercitarnos en obras que, cada jornada, nos
aproximen al Cielo; pero nos animará para ese ejercicio que se nos hace costoso,
contemplar por la fe el Paraíso que Nuestro Señor nos tiene prometido. No se
turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi
Padre hay muchas moradas. De lo contrario, ¿os hubiera dicho que voy a
prepararos un lugar? Cuando me haya marchado y os haya preparado un lugar, de
nuevo vendré y os llevaré junto a mí, para que, donde yo estoy, estéis también
vosotros: la verdad de la divina promesa la garantiza, pues, el mismo Dios por
Jesucristo; y los que le siguen, empeñándose con confianza en el esfuerzo que
les supone ese seguimiento, viven, sin embargo, con paz y alegría, comprobando
que no es tanta su fatiga que se les haga insufrible; por el contrario,
encuentran para cada instante la energía sobrenatural y humana proporcionada a
sus circunstancias para actuar según Dios espera.

Esa alegría y paz, fruto de avanzar según Dios hacia un destino
feliz, además de estimular de modo permanente al propio esfuerzo, supone un
decisivo revulsivo que contagia a otros, y se sienten también atraídos por el
reflejo de Cristo en la vida del cristiano consecuente. Así ha sucedido desde
los tiempos apostólicos, cuando el atractivo de la vida de los fieles al Señor y
su alegría destacaba sobre las persecuciones que injustamente padecían.

La vida más fácil -sin fe- de los paganos de entonces, como la de
muchos hoy, llena de atractivos sensibles, decaía paulatinamente hasta ser
superada por otras culturas más violentas. Pero el cristianismo se ha mantenido,
aunque haya sido con abundante dolor por parte de los cristianos. Se cumple así
la promesa de Jesucristo de que su Iglesia no sería aniquilada y que Él
acompañaría siempre a los suyos.

Nos sentimos asimismo acompañados por su Madre, ya que tuvo a bien
Jeús que fuera también Madre nuestra, desde el momento supremo de la Cruz.


Recibir NOVEDADES FLUVIUM


[Se eliminaron del mensaje las partes que no eran texto]




Dom, 9 de Ene, 2005 9:59 am

ldemgya
Sin conexión Sin conexión
Enviar correo Enviar correo

Reenviar Mensaje #1612 de 5758 |
Desplegar mensajes Autor Ordenar por fecha

Una visión más completa de la vida Día 9 domingo. Bautismo del Señor Evangelio: Mt 3, 13-17 Entonces vino Jesús al Jordán desde Galilea, para ser...
fluvium
ldemgya
Sin conexión Enviar correo
9 de Ene, 2005
10:01 am
Avanzado

Copyright © 2009 Yahoo! Inc. Todos los derechos reservados.
Normativa de confidencialidad - Condiciones del servicio - Reglas - Ayuda