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La fuerza y la confianza de la oración

La fuerza y la confianza de la oración





15 Fiesta: Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora



Mt 11, 25-30 En aquella ocasión Jesús declaró:
—Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has
ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y
nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y
aquel a quien el Hijo quiera revelarlo.
»Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré.
Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de
corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y
mi carga es ligera.


La fuerza y la confianza de la oración
Celebramos con alegría la fiesta de Santa Teresa de Jesús,
Doctora de la Iglesia. Teresa de Cepeda y Ahumada tomó el nombre de Teresa de
Jesús al ingresar en el Carmelo. El cambio de nombre supuso para ella mucho más
que cumplir con lo establecido para el momento de la profesión religiosa.
Significaba, en efecto, el cambio profundo que quiso llevar a cabo en su vida:
de ser una mujer como la mayoría, dedicada a sus intereses particulares y de
relaciones familiares y sociales en general, sería en adelante, de modo
exclusivo, para Jesús. No habría ya más afanes en su vida que los de Cristo. Su
nombre de religiosa expresa, pues, posiblemente del modo más sintético y real,
lo que fue la vida de esta Santa a partir del momento en que decidió consagrarse
a Dios.

No fue sencillo para Teresa de Jesús alcanzar esa santidad
–identificación plena con Cristo– que se le presentó como un ideal fascinante en
sus años de juventud. Fue necesario que pusiera lo personal muy en segundo
término y en todos los aspectos. Sin embargo, con el paso de los años, mostró
una fuerza consigo misma y una capacidad de impulso hacia la perfección genuina
exigida por Jesucristo, que admiró y hasta desconcertó a los de su misma orden
religiosa. De modo particular llamó la atención y recibió críticas de algunos
sectores, en cierta medida acomodados y poco exigentes, respecto a su rigor
primigenio. A partir de aquella situación se sintió impulsada a emprender una
profunda reforma del Carmelo, recobrando así el espíritu que dio origen a la
Orden.

¿Cómo fue capaz una mujer, sin recursos ni influencias, de
establecer tan profundos cambios, claramente negativos desde un punto de vista
humano, y contra el parecer de la mayoría? ¿Cuál fue el estímulo que hizo
posible el sorprendente desarrollo posterior de su Empresa? Pues, era insólito
su sacrificio en una sociedad cada vez más afanada en las comodidades de una
vida fácil, no se podía comprender el sentido de tan rigurosa exigencia. De
diversos modos la Santa de Ávila se remitía siempre a la oración, para señalar
la causa, el origen, el único fundamento consistente de cualquier tarea eficaz
al servicio de Dios. En su propia oración aprendió Santa Teresa que, viviendo la
vida con Dios en un trato habitual, los hombres podemos y debemos sentirnos
siempre triunfadores a pesar de aparentes contratiempos momentáneos, pues no es
posible que, empeñados en sus mismos afanes, podamos fracasar con Él.

En cambio, sin oración tenemos garantizada la esterilidad: el que
no deja de andar e ir adelante, aunque tarde, llega. No me parece es otra cosa
perder el camino sino dejar la oración. Es su viva experiencia, de un permanente
empeño por agradar a Dios yendo de su mano, con la impresión, en ocasiones, de
que todo ese esfuerzo es excesivo, poco eficaz en apariencia. Sin embargo,
insiste en la necesidad de no abandonarla, aunque parezca estéril: La oración no
es problema de hablar o de sentir, sino de amar. Y se ama, esforzándose en
intentar decir algo al Señor, aunque no se diga nada. Cuando Dios quiere el alma
nota, hasta de modo sensible, la eficacia y la paz de la súplica: Entrando un
día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allí a guardar (...). Era de
Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal,
porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo
mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía
y arrojéme cabe Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me
fortaleciese de una vez para no ofenderle. Y en otro momento concluye: Siempre
salía consolada de la oración y con nuevas fuerzas.

Ante nuestros ojos está, visible por todo el mundo, la eficacia
santificadora de esta Santa, que trasciende mucho más allá del ámbito
carmelitano, y hace sentir sus efectos en otras familias religiosas y en toda
sociedad católica en general. El sentido común y sobrenatural, la gracia humana
con un gran ingenio y espíritu práctico para la vida, su indudable talento
literario y poético, y hasta el sentido del humor de Teresa de Ávila, han
quedado para la historia de la cultura y de la espiritualidad como un animante
estímulo para cuantos nos resistimos a ser vulgares.

Acudimos a su particular asistencia en el día de su fiesta, para
que no desistamos de la oración confiada en los momento de dificultad,
convencidos de que, con Jesucristo, nunca podremos perder, a pesar de que, por
momentos, la tentación nos sugiera pensamientos de desánimo. La Madre de Dios,
Virgen Poderosa, según la aclamamos en las Letanías del Santo Rosario, nos
confirma que, de la mano de Dios, siempre vamos seguros.


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Vie, 15 de Oct, 2004 11:39 am

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