La Iglesia Católica enseña que la misa además de ser un banquete de
acción de gracias ("Eucaristía"), es también un sacrificio.
En Hebreos 9, 27-28 se dice que el sacrificio sucedió una sola vez
en el Calvario. ¿Esta la misa en contraposición con lo que ocurrió
en el Monte Calvario?.
El Sacrificio de Cristo en la cruz fue único y suficiente para
expiar los pecados de todos, y no se le puede repetir. Pero hay más
sobre el sacrificio de Jesucristo. Por el poder del Espíritu Santo,
el Altar es el Monte Calvario, en el momento del sacrificio de Jesús
desde la oración en que el sacerdote pide al Padre que el pan y el
vino se conviertan en Cuerpo y Sangre de Cristo. Es decir, en cada
misa el Espíritu nos transporta al monte calvario, en aquel viernes
de abril del año 27. Así como muchos de los presentes en Jerusalén
no sabían lo que estaba pasando, así muchos católicos no sabemos del
infinito amor de Dios, que se ofreció como sacrificio en el altar
del monte calvario y que en la última cena le dió carácter
permanente hasta que Él vuelva en Gloria. La misa es una
actualización sacramental de este mismo sacrificio.
La Última Cena del Señor y el Calvario forman una unidad.
La Última Cena sucedió durante la fiesta de la Pascua (Mc 14, 1).
Jesús hubiera podido celebrar la Cena otro día, pero lo hizo durante
esta fiesta. Y le dio un nuevo sentido. Para entender la Última Cena
(Misa), tenemos que saber qué hizo Jesús.
La Pascua se celebraba cada año. Todavía la celebran los judíos. Es
la conmemoración de la liberación de los israelitas de la esclavitud
en Egipto. El ángel de la muerte pasó de largo por las casas que
fueron untadas con la sangre de un cordero, pero mató a todos los
primogénitos de Egipto. Después de marcar con la sangre del cordero
las puertas de sus casas, las familias comieron el cordero. No fue
suficiente untar el dintel de la casa con la sangre. Tuvieron que
comer: "Y aquella noche comerán la carne asada al fuego y panes sin
levadura" (Ex 12, 8). El cordero tuvo que ser sin defecto (v. 5). Si
este poder tenía un animal sin mancha, ¿CUANTO MAYOR SERÁ EL MÉRITO
DE LA SANGRE DEL CORDERO DE DIOS? (Jn 1, 36) quien también es sin
mancha. En la primera pascua, Dios hizo un pacto con su pueblo, que
quedó remplazado por un solo sacrificio perfecto, porque el inmolado
es Jesús, el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo con su
sangre, realizando así una alianza nueva y eterna con su pueblo.
En Exodo 24, 7-8 se narra que Moisés roció al pueblo con la sangre
del cordero para sellar este pacto. Nosotros en cada misa somos
rociados por el agua del costado de Cristo, y por su preciosa
Sangre, PERO NO ES SUFICIENTE SI NO COMEMOS SU CUERPO. Para ser
dignos de este banquete debemos estar limpios de pecados mortales
por la confesión. Los pecados veniales son perdonados al inicio de
la misa con el "Yo confieso" si lo hacemos con la intención firme de
santidad.
Jesús celebró la fiesta de pascua descrita en el libro del Éxodo
pero la transformó. Es su sangre la que salva de la muerte del
pecado. El pan que se usa en la fiesta de Pascua (y en la misa) es
pan sin levadura (Mc 14, 1). Con el pan en sus manos, Jesús
dijo: "ESTO ES MI CUERPO". Jesús es Dios, y su palabra se cumple en
cuanto la pronuncia. Así lo vemos desde el Génesis, cuando con el
poder de su palabra "HÁGASE" hizo toda la creación. Ahora recordemos
el discurso de Jesús sobre comer su cuerpo se dio cercano a la
Pascua (Jn 6, 41). Se puede ver en ésto el vínculo entre el discurso
y la celebración de la Última Cena. Esto es mi sangre del nuevo
pacto (Mc 14, 24 y 1 Co 11, 25) alude al Antiguo Pacto de Éxodo 24.
Para los judíos no era suficiente untar la puerta para salvarse,
había que comer. Y nosotros, los del Nuevo Pacto, tenemos que
celebrarlo también: Haced esto en memoria de mí (1 Co 11, 24). Y no
es por casualidad que la Palabra de Dios vincula "recordar/hacer
memoria" con "sacrificio" en Heb 10, 3. Los únicos dos lugares donde
se habla del holocausto -Lv 24, 7 y Nm 10, 10 (tópicos en Sal 37 y
39)- hacen un enlace entre pan y sacrificio.
Por eso Pablo dice: que celebremos la fiesta (1 Co 5, 8) para
mantener presente el sacrificio. O como lo dijo Jesús el que come mi
carne y bebe mi sangre tiene vida eterna (Jn 6, 54). Para salvarse
de la muerte los judíos en Egipto no comieron una cosa que
representaba un cordero. Comieron cordero. Moisés no roció algo que
simboliza sangre de cordero, era sangre de cordero (Ex 24, 8), y no
es mejor el antiguo pacto, donde se sacrifican animales, que el
nuevo pactó en que se sacrificó. EMMANUEL, DIOS-CON-NOSOTROS.
Jesucristo es nuestro sacrificio, fue sacrificado una vez en el
Calvario, pero tenemos que comer su cuerpo para cumplir la Alianza.
La Última Cena fue un revivir la Pascua . La misa católica es un
revivir la Última Cena. No es solamente un recuerdo. La misa no
es "otro sacrificio" sino la participación en el mismo y único
sacrificio de Cristo en la cruz, igual como la Pascua para los
judíos hoy es participar en aquella noche cuando celebraban su
liberación de Egipto. El pasado es hecho presente -ANAMNESIS- haced
esto en memoria mía.
Tenemos que distinguir entre la muerte de Cristo, y el sacrificio en
la Cruz. La Iglesia Católica sabe que Cristo murió de una vez para
siempre. No muere en la misa. Pero su sacrificio es hecho presente
en cada una. La santa Cena está infinitamente vinculada con el
sacrificio del calvario. Todas las veces que comiéreis este pan, y
bebiéreis esta copa, la muerte del Señor anuncias hasta que él venga
(1 Co 11,26).
La intención de Cristo al darle un nuevo sentido a la Pascua es PARA
PODER ALCANZAR A CUALQUIERA EN CUALQUIER LUGAR Y TIEMPO. En su
infinito amor quiere que todos nos salvemos. No es suficiente creer
en Jesús para alcanzar un grado de santidad heróico, es necesario
COMER SU CUERPO. ¡¡¡CUANTA RIQUEZA HAY EN LA MISA!!!
Un último punto para meditar en este mensaje.
¿Acaso no es Jesús Eucaristía, el mismo que caminó con pies humanos
por Nazaret? ¿Acaso no es el mismo ayer, hoy y lo será por siempre?
¿Acaso no tiene el mismo poder para sanar enfermos y transformar
corazones?.
Investiga en tu comunidad, y te darás cuenta del enorme regalo que
perdemos al no frecuentar las Horas Santas y visitar los sagrarios
cuando Jesús está solo, y podemos desahogarnos con aquél que por
amor a tí y a mi se hizo hombre, que pensando en tí instituyó la
misa en la última cena, y que en prueba de su amor infinito, no solo
murió en la cruz para que tu y yo nos salváramos, y resucitó para
guiarnos, sino que también se hace nuestro alimento para
fortalecernos.
AL QUE ESTUVO MUERTO Y HOY VIVE PARA SIEMPRE, A SU PADRE QUE LO
ENVIÓ A SALVARNOS Y AL ESPÍRITU QUE NOS HACE TEMPLOS SUYOS,
ALABANZAS EN UNIÓN CON MARÍA Y LA MULTITUD DE LOS SANTOS REDIMIDOS Y
ALIMENTADOS POR JESÚS EUCARISTÍA. QUE SU PODER NOS TRANSFORME COMO
EL PAN Y EL VINO PARA NUESTRA SALVACIÓN Y GLORIA SUYA.
AMÉN, AMÉN Y AMÉN.