Pero lo que diría yo que pusiera foto de cada uno de los
participantes entre los mensajes también.
--- En ateosy2@..., gragrofe escribió:
> Como sugerencia #2 propongo que publiquemos nuestras fotos (de
nosotros) o lo que se les parezca en los albums del club... ¿que
opinan?<br><br>BYE!<br>GRAGROFE
¿Porqué son ateos?
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Hola Kafun !
Entonces porque no hablamos más a fondo en los temas que tiene que ver con el
ateismo.
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¿ Por qué te volviste Ateo ?
--- En ateosy2@..., kafunmx escribió:
> Pues primero lo primero: "Bienvenido Seas Al
> Club!" :o)<br><br> Mi situación es similar, mi padre es
> catolico, creyente, pero no es fanatico, no asiste a misa,
> pero cree en dios, el es masón y debido a eso su
> pensamiento liberal y el porque no va a misa. Mi madre, desde
> que yo me declare ATeo abiertamente, ha comenzado a
> fanatisarse enormemente. A Toda acción corresponde una
> reacción igual y de sentido contrario no?. <br><br> Mi
> hermana (15 años)ha sido orillada mucho por mi madre
> hacia la iglesia, con el temor de que otro de sus hijos
> se vuelva ATeo, y quizá hasta se sienta un poco
> culpable de mi ateismo. Mi hermano (9 años) esta aún
> indeciso, yo lo declararía agnostico, pero aún es muy chico
> para decidir.<br><br> Por mi parte también he hecho
> algo de "procelitismo" Ateista, y ya he hecho a lo
> menos a 2 ATeos, y a más de 6 agnosticos, procuro
> hablar solo cuando se me pregunta, y si la persona se
> comienza a ofender, le digo que se termina el debate
> cuando lo decida, pues la gran mayoría de los creyentes
> son de mente cerrada.<br><br> Por lo demás gracias
> por las felicitaciones, pero en realidad solo fue
> azar por lo que me toco hacerlo, busque un club de
> ATeismo, no lo encontre y lo hice...<br><br> Espero que
> nos sigamos leyendo ;o)<br><br> Saludos<br><br>
> ATeamente Kafun
Bueno las historias que ustedes cuenta es algo que tiene que ver con
la ciencia y religión como no tiene concordancia entonces el problema
es que siempre todo el mundo quiere verlo que no es la creencias en
dioses, pero se cree en un Dios que como lo llamen las demás
religiones como Alah, Yahvé, Jehova, etc es el mismo solo que pasa
que es muchos los idealizan de manera distintas como el Dios de la
Guerra para el griego en la antiguedad.
También lo ven como el dios del mar o vengador que eso lo hacía el
imprerio romano en verlo así, pero la idea que es la misma persona y
que lo que dice de la religión católica esto era antes que nacieramos
que pasaba toda la injusticias y quer catalogarán la ciencias que es
una mentira que no sirve entonces el problema que hay ante todo esto
es que hay que recuperar la creencia en mi iglesia católica porque
antes hacían cosas malas y ahora que los jovénes debe vez de escojer
ser ateos se están volviendo más fieles y más dinámicos para la misma
religión.
--- En ateosy2@..., kafunmx escribió:
> Esa Historia me parece por demás conocida, se parece mucho a mi
historia personal (como te habrás dado cuenta) :o)<br><br> Me quede
con una duda, que es un Humanista? :o?
HOLA WENDY, COMO ESTAS, ESPERO BIEN.
MI NOMBRE ES GERMAN BAQUERO R. HABITO EN COLOMBIA, BOGOTÁ, TENGO 42 AÑOS, SOY
BIOQUIMICO E HISTORIADOR, ME GUSTA LECTURA Y EL ANALISÍS SOCIAL, PERTENESCO AL
GRUPO DE ATEOS, DEL MUNDO, NO SE CUAL ES TU VISÓN HACERCA DEL ATEISMO, SI DESEAS
LO PODEMOS DISCUTIR AUNQUE NO SERA EL ÚNICO TEMA QUE PODAMOS TRATAR.
ATEN. GERMAN BAQUEROR R.
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Realmente entro al grupo no es para identificarme si soy atea o no
sino que quiero conocer opiniones que hay de todo tipo de religión
másd que todo en la católica porque tiene una opinión demasiado
cerrada y más que todo están encaminados en nunca olvidar el mal que
hizo la iglesia católica antes la humanidad y veo que esto tiene que
ver con personas que tiene la edad de la adolescencia entonces para
ilustrarlo un poco de lo que es mi religión y en alguna otra también.
Hola !, soy Wendy Valencia, panameña, tengo 25 años edad, estudio en
la universidad católica santa maría la antigua estudio la
licenciatura de administración de empresas estoy en el útlimo año de
la carrera.
Bueno yo no entre para hacer pelas dentro del grupo pero lo que si
tengo opiniones distintas a ustedes lo que puedo decir es que
trataremos de llevarnos bien si quieren tengo mo contactos por el
yahoo messenger al wvalenciaavila@... o
wvalenciasabrina@... y en el msn sabrinavalencia@...
para poder hablar sobre los temas que tiene aquí.
Entre solo para conocer algunos pensamientos de los ateos sobre todo
las religiones que hay en la tierra que le gusto o que no le gusta
cada una las religiones fundamentalistas que tenemos en el planeta.
--- En ateosy2@..., aUser escribió:
> From yahoo-dev-null@y... Thu, 28 Sep 2000 02:07:09 -0700
> To: ateosy@yahoogroups.com
> From: kafunmx
> Delivered-to: ateosy
> Date: Thu, 28 Sep 2000 02:07:09 -0700
> Subject: Ateos Y
> Message-ID: <000ST62HT.0016NSG55.1600398750-ateosy@c...>
> X-Yahoo-Message-Number: 1
> X-Yahoo-Alias: kafunmx
> X-Yahoo-Next-In-Time: 2
> X-Yahoo-ProfData:
> X-Yahoo-Date: 970132029
>
> Bienvenido a Foros de Mensajes para Ateos Y
- Dios y el Estado -Mikhail Bakunin
La caída es tan terrible que la divinidad, la persona o la idea divina, se
aplasta, pierde la conciencia de sí misma y no se vuelve a encontrar jamás. ¡Y
en esa situación desesperada, es forzada aún a hacer milagros! Porque desde el
momento en que la materia es inerte, todo movimiento que se produce en el mundo,
aun en el material, es un milagro, no puede ser sino el efecto de una
intervención divina, de la acción de Dios sobre la materia. Y he ahí que esa
pobre divinidad, desgraciada y casi anulada por su caída, permanece algunos
millares de siglos en ese estado de desvanecimiento, después se despierta
lentamente, esforzándose siempre en vano por recuperar algún vago recuerdo de sí
misma; y cada movimiento que hace con ese fin en la materia se transforma en una
creación, en una formación nueva, en un milagro nuevo. De este modo pasa por
todos los grados de la materialidad y de la bestialidad; primero gas, cuerpo
químico simple o compuesto, mineral, se difunde luego por la tierra
como organismo vegetal y animal, después se concentra en el hombre. Aquí parece
volver a encontrarse a sí misma, porque en cada ser humano arde una chispa
angélica, una partícula de su propio ser divino, el alma inmortal.
¿Cómo ha podido llegar a alojarse una cosa absolutamente inmaterial en una cosa
absolutamente material?, ¿Cómo ha podido el cuerpo contener, encerrar,
paralizar, limitar el espíritu puro? He ahí una de esas cuestiones que sólo la
fe, esa afirmación apasionada estúpida de lo absurdo, puede resolver. Es el más
grande de los milagros. Aquí, no tenemos sino que constatar los efectos, las
consecuencias prácticas de ese milagro.
Después de millares de siglos de vanos esfuerzos para volver a sí misma, la
divinidad, perdida y esparcida en la materia que anima y que pone en movimiento,
encuentra un punto de apoyo, una especie de hogar para su propio recogimiento.
Es el hombre, es su alma mortal aprisionada singularmente en un cuerpo mortal.
Pero cada hombre considerado individualmente es infinitamente restringido,
demasiado pequeño para encerrar la inmensidad; no puede contener más que una
pequeña partícula, inmortal como el todo, pero infinitamente más pequeña que el
todo. Resulta de ahí que el ser divino, el ser absolutamente inmaterial, el
espíritu, es divisible como la materia. He ahí un misterio del que es preciso
dejar la solución a la fe.
Si Dios entero puede alojarse en cada hombre, entonces cada hombre sería Dios.
Tendríamos una inmensa cantidad de dioses, limitado cada cual por todos los
otros y, sin embargo, siendo infinito cada uno; contradicción que implicaría
necesariamente la destrucción mutua de los hombres, la imposibilidad de que
hubiese más que uno. En cuanto a las partículas, esto es otra cosa: nada más
racional, en efecto, que a partícula sea limitada por otra, y que sea más
pequeña que el todo. Sólo que aquí se presenta otra contradicción. Ser limitado,
ser más grande o más pequeño, son atributos de la materia, no del espíritu. Del
espíritu tal como lo entienden los materialistas, sí, sin duda, porque, según
los materialistas, el espíritu real no es más que el funcionamiento del
organismo por completo material del hombre; y entonces la grandeza o la pequeñez
del espíritu dependen en absoluto de la mayor o menor perfección material del
organismo humano. Pero estos mismos atributos de limitación y de
grandeza relativa no pueden ser atribuidos al espíritu tal como lo entienden
los idealistas, al espíritu absolutamente inmaterial, al espíritu que existe
fuera de toda materia. En él no puede haber ni más grande ni más pequeño, ni
ningún límite entre los espíritus, porque no hay más que un espíritu: Dios. Si
se añade que las partículas infinitamente pequeñas y limitadas que constituyen
las almas humanas son al mismo tiempo inmortales, se colmará la contradicción.
Pero ésta es una cuestión de fe. Pasemos a otra cosa.
He ahí, pues, a la divinidad desgarrada, y arrojada por partes infinitamente
pequeñas en una inmensa cantidad de seres de todo sexo, de toda edad, de todas
las razas y de todos los colores. Esa es una situación excesivamente incómoda y
desgraciada para ella porque las partículas divinas se conocen unas a otras
poco, al principio de su existencia humana, que comienzan por devorarse
mutuamente. Por tanto, en medio de este estado de barbarie y de brutalidad por
completo animal, las partículas divinas, las almas humanas, conservan como un
vago recuerdo de su divinidad primitiva, son invenciblemente arrastradas hacia
su Todo; se buscan, lo buscan. Esa es la divinidad misma, difundida y perdida en
el mundo material, que se busca en los hombres está de tal modo destruida por
esa multitud de prisiones humanas en que se encuentra repartida, que al buscarse
comete un montón de tonterías.
Comenzando por el fetichismo, se busca y se adora a sí misma, tan pronto en una
piedra, como en un trozo de madera, o en un trapo. Es muy probable también que
no hubiese salido nunca del trapo si la otra divinidad que no se ha dejado caer
en la materia, y que se ha conservado en el estado de espíritu puro en las
alturas sublimes del ideal absoluto, o en las regiones celestes, no hubiese
tenido piedad de ella.
He aquí un nuevo misterio. Es el de la divinidad que se escinde en dos mitades,
pero igualmente totales e infinitas ambas, y de las cuales una -Dios padre- se
conserva en las puras regiones inmateriales; mientras que la otra -Dios hijo- se
ha dejado caer en la materia. Vamos a ver al momento establecerse relaciones
continuas de arriba a abajo y de abajo a arriba entre estas dos divinidades,
separada una de otra; y estas relaciones, consideradas como un solo acto eterno
y constante, constituirán el Espíritu Santo.
Tal es, en su verdadero sentido teológico y metafísico, el grande, el terrible
misterio de la trinidad cristiana. Pero dejemos lo antes posible estas alturas y
veamos lo que pasa en la tierra.
Dios padre, viendo, desde lo alto de su esplendor eterno, que ese pobre Dios
hijo, achatado y pasmado por su caída, se sumergió y perdió de tal modo en la
que, aun llegado al estado humano, no consigue encontrarse, se decide, por fin,
a ayudarlo. Entre esa inmensa cantidad de partículas a la vez inmortales,
divinas e infinitamente pequeñas en que el Dios hijo se diseminó hasta el punto
de no poder volver a reconocerse, el Dios padre eligió las que le agradaron más
y las hizo sus inspirados, sus profetas, sus “hombres de genio virtuosos”, los
grandes bienhechores y legisladores de la humanidad: Zoroastro, Buda, Moisés,
Confucio, Licurgo, Solón, Sócrates, el divino Platón, y Jesucristo, sobre todo,
la completa realización de Dios hijo, en fin, recogida y concentrada en una sola
persona humana; todos los apóstoles, San Pedro, San Pablo y San Juan, sobre
todo; Constantino el Grande, Mahoma; después Carlomagno, Gregorio Vll, Dante;
según unos Lutero también, Voltaire y Rousseau,
Robespierre y Dantón, y muchos otros grandes y santos personajes históricos de
los que es imposible recapitular todos los nombres, pero entre los cuales, como
ruso, ruego que no se olvide a San Nicolás.
Henos aquí, pues, llegados a la manifestación de Dios sobre la tierra. Pero tan
pronto como Dios aparece, el hombre se anula. Se dirá que no se anula del todo,
puesto que él mismo es una partícula de Dios. ¡Perdón! Admito que una partícula,
una parte de un todo determinado, limitado, por pequeña que sea la parte, sea
una cantidad, un tamaño positivo. Pero una parte, una partícula de lo
infinitamente grande, comparada con él, es, necesariamente, infinitamente
pequeña. Multiplicad los millones y millones por millones y millones; su
producto, en comparación con lo infinitamente grande, será infinitamente
pequeño, lo infinitamente pequeño es igual a cero. Dios es todo, por
consiguiente el hombre y todo el mundo real con él, el universo, no son nada. No
saldréis de ahí.
Dios aparece, el hombre se anula; y cuanto más grande se hace la divinidad, más
miserable se vuelve la humanidad. He ahí toda la historia de todas las
religiones; he ahí el efecto de todas las inspiraciones y de todas las
legislaciones divinas. En historia el nombre de Dios es la terrible maza
histórica con la cual los hombres divinamente inspirados, los grandes “genios
virtuosos” han abatido la libertad, la dignidad, la razón y la prosperidad de
los hombres.
Hemos tenido primeramente la caída de Dios. Tenemos ahora una caída que nos
interesa mucho más: la
del hombre, causada por la sola aparición o manifestación de Dios en la tierra.
Ved, pues, en qué error profundo se encuentran nuestros queridos e ilustres
idealistas. Hablándonos de Dios, creen, quieren elevarnos, emanciparnos,
ennoblecernos y, al contrario, nos aplastan y nos envilecen. Con el nombre de
Dios se imaginan poder establecer la fraternidad entre los hombres, y, al
contrario, crean el orgullo, el desprecio; siembran la discordia, el odio, la
guerra, fundan la esclavitud. Porque con Dios vienen necesariamente los
diferentes grados de inspiración divina; la humanidad se divide en muy
inspirados, menos inspirados y en no inspirados de ningún modo. Todos son
igualmente nulos ante Dios, es verdad; pero comparados entre sí, los unos son
más grandes que los otros; y no solamente de hecho -lo que no sería nada, porque
una desigualdad de hecho se pierde por sí misma en la colectividad, cuando no
encuentra nada, ninguna ficción o institución legal a cual pueda engancharse-;
no, los unos son más grandes que los otros por el derecho divino de la
inspiración: lo
que constituye de inmediato una desigualdad fija, constante, petrificada. Los
más inspirados deben ser escuchados y obedecidos por los menos inspirados. He
ahí al fin el -principio de autoridad bien establecido, y con él las dos
instituciones fundamentales de la esclavitud: la Iglesia y el Estado.
De todos los despotismos el de los doctrinarios o de los inspirados religiosos
es el peor. Son tan celosos de la gloria de su Dios y del triunfo de su idea,
que no les queda corazón ni para la libertad, ni para la dignidad, ni aun para
los sufrimientos de los hombres vivientes, de los hombres reales. El celo
divino, la preocupación por la idea acaban por desecar en las almas más tiernas,
en los corazones más solidarios, las fuentes del amor humano. Considerando todo
lo que es, todo lo que se hace en el mundo, desde el punto vista de la eternidad
o de la idea abstracta, tratan con desdén las cosas pasajeras; pero toda la vida
de los hombres reales, de los hombres de carne y hueso, no está compuesta más
que de cosas pasajeras; ellos mismos no son más que seres que pasan y que, una
vez pasados, son reemplazados por otros igualmente pasajeros, pero que no
vuelven jamás en persona. Lo que hay de permanente o de relativamente eterno en
los hombres reales, es el hecho de la humanidad que,
al desenvolverse constantemente, pasa, cada vez más rica, de una generación a
otra. Digo relativamente eterno, porque una vez destruido nuestro planeta -y
puede por menos de perecer tarde o temprano, pues do lo que ha comenzado debe
necesariamente terminar-, una vez descompuesto nuestro planeta, para servir sin
duda de elemento a alguna formación nueva en el sistema del universo, el único
realmente eterno, ¿quién sabe lo que pasará con todo nuestro desenvolvimiento
humano? Por consiguiente, como el momento de esa disolución está inmensamente
lejos de nosotros, podemos considerar a la humanidad como eterna, dada en
relación a la vida humana, tan corta. Pero este mismo hecho de la humanidad
progresiva no es real y viviente más que en tanto que se manifiesta y se realiza
en tiempos determinados, en lugares determinados, en hombres realmente vivos, y
no en su ideal general.
La idea general es siempre una abstracción y por eso mismo, en cierto modo, una
negación de la vida real. En mi Apéndice Consideraciones filosóficas he
comprobado esta propiedad del pensamiento humano, y por consiguiente, también de
la ciencia, de no poder aprehender y nombrar en los hechos reales más que su
sentido general, sus relaciones generales, sus leyes generales; en una palabra,
lo que es permanente en sus transformaciones continuas, pero jamás su aspecto
material, individual, y, por decirlo así, palpitante de realidad y de vida, pero
por eso mismo fugitivo, no la realidad misma; el pensamiento de la vida, no la
vida. He ahí su límite, el único límite verdaderamente infranqueable para ella,
porque está fundado sobre la naturaleza misma del pensamiento humano, que es el
único órgano de la ciencia.
Sobre esta naturaleza se fundan tres derechos incontestables y la gran misión de
la ciencia, pero también su impotencia vital y su acción malhechora siempre que,
por sus representantes oficiales, patentados, se atribuye el derecho de gobernar
la vida. La misión de la ciencia es ésta: Al constatar las relaciones generales
de las cosas pasajeras y reales y al reconocer las leyes generales inherentes al
desenvolvimiento de los fenómenos, tanto del mundo físico como del mundo social,
planta, por decirlo así, los jalones inmutables de la marcha progresiva de la
humanidad, indicando a los hombres las condiciones generales cuya observación
rigurosa es necesaria y cuya ignorancia u olvido serán siempre fatales. En una
palabra, la ciencia es la brújula de la vida, pero no es la vida. La ciencia es
inmutable, impersonal, general, abstracta, insensible, como las leyes de que no
es más que la reproducción ideal, reflexiva o mental, es decir, cerebral (para
recordamos que la ciencia misma no es
más que un producto material de un órgano material, de la organización material
del hombre, del cerebro). La vida es fugitiva, pasajera, pero también palpitante
de realidad y de, individualidad, de sensibilidad, de sufrimientos, de alegrías,
de aspiraciones, de necesidades y de pasiones. Es ella la que espontáneamente
crea las cosas y todos los seres reales. La ciencia no crea nada, constata y
reconoce solamente las creaciones de la vida. Y siempre que los hombres de
ciencia, saliendo de su mundo abstracto, se mezclan a la creación viviente en el
mundo real, todo lo que proponen o lo que crean es pobre, ridículamente
abstracto, privado de sangre y de vida, muerto nonato, semejante al humunculus
creado por Wagner, el discípulo pedante del inmortal doctor Fausto. Resulta de
ello que la ciencia tiene por misión única esclarecer la vida, no gobernarla.
El gobierno de la ciencia y de los hombres de ciencia aunque se llamen
positivistas, discípulos de Auguste Comte, o discípulos de la escuela
doctrinaria del comunismo alemán, no puede ser sino impotente, ridículo,
inhumano y cruel, opresivo, explotador, malhechor. Se puede decir que los
hombres de ciencia, como tales, lo que he dicho de los teólogos y de los
metafísicos: no tienen ni sentido ni corazón para los seres individuales y
vivientes. No se les puede hacer siquiera un reproche por ello, porque es la
consecuencia natural de su oficio. En tanto que hombres de ciencia no se
preocupan, no pueden interesarse más que por las generalidades, por las leyes...
[Faltan tres páginas del manuscrito de Bakunin]
... no son exclusivamente hombres de ciencia, son también más o menos hombres de
la vida.
Pero no hay que fiarse demasiado, y si se puede estar seguro poco más o menos de
que ningún sabio se atreverá a tratar hoy a un hombre como se trata a un conejo,
es de temer siempre que el gobierno de los sabios, si se le deja hacer, querrá
someter a los hombres vivos a experiencias científicas, sin duda menos crueles
pero que no serían menos desastrosas para sus víctimas humanas. Si los sabios no
pueden hacer experiencias sobre el cuerpo de los hombres, no querrán nada mejor
que hacerlas sobre el cuerpo social, y he ahí lo que hay que impedir a toda
cosa.
En su organización actual, monopolistas de la ciencia y que quedan, como tales,
fuera de la vida social, los sabios forman ciertamente una casta aparte que
ofrece mucha analogía con la casta de los sacerdotes. La abstracción científica
es su Dios, las individualidades vivientes y reales son las víctimas, y ellos
son los inmoladores consagrados y patentados.
La ciencia no puede salir de la esfera de las abstracciones. Bajo este aspecto,
es infinitamente inferior al arte, -el cual tampoco tiene propiamente que ver
más que con los tipos generales y las situaciones generales, pero que, por un
artificio que le es propio, sabe encarnar en formas que aunque no sean vivas, en
el sentido de la vida real, no provocan menos en nuestra imaginación el
sentimiento o el recuerdo de esa vida; individualiza en cierto modo los tipos y
las acciones que concibe y, por esas individualidades sin carne y sin hueso, y
como tales permanentes e inmortales, que tiene el poder de crear, nos recuerda
las individualidades vivientes, reales, que aparecen y que desaparecen ante
nuestros ojos. El arte es, pues, en cierto modo la vuelta de la abstracción a la
vida. La ciencia es, al contrario, la inmolación perpetua de la vida fugitiva,
pasajera, pero real, sobre el altar de las abstracciones eternas.
La ciencia es tan poco capaz de aprehender la individualidad de un hombre como
la de un conejo. Es decir, es tan indiferente para una como para otra. No es que
ignore el principio de la individualidad. La concibe perfectamente como
principio, pero no como hecho. Sabe muy bien que todas las especies animales,
comprendida la especie humana, no tienen existencia real más que en un número
indefinido de individuos que nacen y que mueren, haciendo lugar a individuos
nuevos igualmente pasajeros. Sabe que a medida que se eleva de las especies
animales a las especies superiores, el principio de la individualidad se
determina más, los individuos aparecen más completos y más libres. Sabe en fin
que el hombre, el último y el más perfecto animal de esta tierra, presenta la
individualidad más completa y más digna de consideración, a causa de su
capacidad de concebir y de concretar, de personificar en cierto modo en sí
mismo, y en su existencia tanto social como privada, la ley universal. Sabe,
cuando no está viciada por el doctrinarismo teológico, metafísico, político o
jurídico, o aun por un orgullo estrictamente científico, y cuando no es sorda a
los instintos y a las aspiraciones espontáneas de la vida, sabe (y ésa es su
última palabra), que el respeto al hombre es la ley suprema de la humanidad, y
que el grande, el verdadero fin de la historia, el único legítimo, es la
humanización y la emancipación, es la libertad, la prosperidad real, la
felicidad de cada individuo que vive en sociedad. Porque, al fin de cuentas, a
menos de volver a caer en la ficción liberticida del bien público representado
por el Estado, ficción fundada siempre sobre la inmolación sistemática de las
masas populares, es preciso reconocer que la libertad y la prosperidad
colectivas no son reales más que cuando representan la suma de las libertades y
de las prosperidades individuales.
La ciencia sabe todo eso, pero no va, no puede ir más allá. Al constituir la
abstracción su propia naturaleza, puede muy bien concebir el principio de la
individualidad real y viva, pero no puede tener nada que ver con individuos
reales y vivientes. Se ocupa de los individuos en general, pero no de Pedro o de
Santiago, no de tal o cual otro individuo, que no existen, que no pueden existir
para ella. Sus individuos no son, digámoslo aún, más que abstracciones.
Por consiguiente, no son esas individualidades abstractas, sino los individuos
reales, vivientes, pasajeros, los que hacen la historia. Las abstracciones no
tienen piernas para marchar, no marchan más que cuando son llevadas por hombres
reales. Para esos seres reales, compuestos no sólo de ideas sino realmente de
carne y sangre, la ciencia no tiene corazón. Los considera a lo sumo como carne
de desenvolvimiento intelectual y social. ¿Qué le importan las condiciones
particulares y la suerte fortuita de Pedro y de Santiago? Se haría ridícula,
abdicaría, se aniquilaría si quisiese ocuparse de ellas de otro modo que como de
un ejemplo en apoyo de sus teorías eternas. Y sería ridículo querer que lo
hiciera, porque no es ésa su misión. No puede percibir lo concreto; no puede
moverse más que en abstracciones. Su misión es ocuparse de la situación y de las
condiciones generales de la existencia y del desenvolvimiento, sea de la especie
humana en general, sea de tal raza, de tal pueblo, de
tal clase o categoría de individuos; de las causas generales de su prosperidad
o de su decadencia, y de los medios generales para hacerlos avanzar en toda
suerte de progresos. Siempre que realice amplia y racionalmente esa labor, habrá
cumplido todo su deber, y sería verdaderamente ridículo e injusto exigirle más.
Pero sería igualmente ridículo, sería desastroso confiarle una misión que es
incapaz de ejecutar. Puesto que su propia naturaleza la obliga a ignorar la
existencia y la suerte de Pedro y de Santiago, no hay que permitirle, ni a ella
ni a nadie en su nombre, gobernar a Pedro y a Santiago. Porque sería muy capaz
de tratarlos poco más o menos que como trata a los conejos. O más bien,
continuaría ignorándolos; pero sus representantes patentados, hombres de ningún
modo abstractos, sino al contrario muy vivientes, que tienen intereses muy
reales, cediendo a la influencia perniciosa que ejerce fatalmente el privilegio
sobre los hombres, acabarían por esquilmarlos en nombre de la ciencia como los
han esquilmado hasta aquí los sacerdotes, los políticos de todos los colores y
los abogados, en nombre de Dios, del estado y del derecho jurídico.
Lo que predico es, pues, hasta un cierto punto, la rebelión de la vida contra la
ciencia, o más bien contra el gobierno de la ciencia. No para destruir la
ciencia -eso sería un crimen de lesa humanidad-, sino para ponerla en su puesto,
de manera que no pueda volver a salir de él. Hasta el presente toda la historia
humana no ha sido más que una inmolación perpetua y sangrienta de millones de
pobres seres humanos a una abstracción despiadada cualquiera: Dios, patria,
poder el estado, honor nacional, derechos históricos, derechos jurídicos,
libertad política, bien público. Tal ha sido hasta hoy el movimiento natural,
espontáneo y fatal de las sociedades humanas. No podemos hacer nada ahí, debemos
aceptarlo en cuanto al pasado, como aceptamos todas las fatalidades naturales.
Es preciso creer que, ésa era la única ruta posible para la educación de la
especie humana. Porque no hay que engañarse: aun cediendo la parte más grande a
los artificios maquiavélicos de las clases gobernantes,
debemos reconocer que ninguna minoría hubiese sido bastante poderosa para
imponer todos esos terribles sacrificios a las masas, si no hubiese habido en
esas masas mismas un movimiento vertiginoso, espontáneo, que las llevase a
sacrificarse siempre de nuevo a una de esas abstracciones devoradoras que, como
los vampiros de la historia, se alimentaron siempre de sangre humana.
Que los teólogos, los políticos y los juristas hallen eso muy bien, se concibe.
Sacerdotes de esas abstracciones, no viven más que de esa continua inmolación de
las masas populares. Que la metafísica dé también su consentimiento a ello, no
debe asombramos tampoco. No tiene otra misión que la de legitimar y racionalizar
todo lo posible lo que es inicuo y absurdo. Pero que la ciencia positiva misma
haya mostrado hasta aquí idénticas tendencias, he ahí lo que debemos constatar y
deplorar. No ha podido hacerlo más que por dos razones: primero, porque,
constituida al margen de la vida popular, está representada por un cuerpo
privilegiado; y además porque se ha colocado ella misma, hasta aquí, como el fin
absoluto y último de todo desenvolvimiento humano; mientras que, mediante una
crítica juiciosa, de que es capaz y que en última instancia se verá forzada a
ejecutar contra sí misma, habría debido comprender que es realmente un medio
necesario para la realización de un fin mucho más
elevado: el de la completa humanización de la situación real de todos los
individuos reales que nacen, viven y mueren sobre la tierra.
La inmensa ventaja de la ciencia positiva sobre la teología, la metafísica, la
política y el derecho jurídico, consiste en esto: que en lugar de las
abstracciones mentirosas y funestas predicadas por esas doctrinas, plantea
abstracciones verdaderas que experimentan la naturaleza general o la lógica
misma de las cosas, sus relaciones generales y las leyes generales de su
desenvolvimiento. He ahí lo que la separa profundamente de todas las doctrinas
precedentes y lo que le asegurará siempre una gran posición en la sociedad
humana. Constituirá en cierto modo su conciencia colectiva. Pero hay un aspecto
por el que se asocia absolutamente a todas esas doctrinas: que no tiene y no
puede tener por objeto más que las abstracciones, y es forzada, por su
naturaleza misma, a ignorar los individuos reales, al margen de los cuales, aun
las abstracciones más verdaderas no tienen existencia real. Para remediar este
defecto radical, he aquí la diferencia que deberá establecerse entre la acción
práctica de las doctrinas precedentes y la ciencia positiva. Las primeras se
han prevalido de la ignorancia de las masas para sacrificarlas con voluptuosidad
a sus abstracciones, por lo demás siempre muy lucrativas para sus representantes
corporales. La segunda, reconociendo su incapacidad absoluta para concebir los
individuos reales e interesarse en su suerte, debe definitiva y absolutamente,
renunciar al gobierno de la sociedad; porque, si se mezclase en él, no podría
obrar de otro modo que sacrificando siempre los hombres vivientes, que ignora, a
sus abstracciones que forman el único objeto de sus preocupaciones legítimas.
La verdadera ciencia de la historia, por ejemplo, no existe todavía, y apenas si
se comienzan hoy a entrever las condiciones inmensamente complicadas de esa
ciencia. Pero supongámosla en fin realizada: ¿qué podrá darnos? Reproducirá el
cuadro razonado y fiel del desenvolvimiento natural de las condiciones
generales, tanto materiales como ideales, tanto económicas como políticas, de
las sociedades que han tenido una historia. Pero ese cuadro universal de la
civilización, por detallado que sea, no podrá nunca contener más que
apreciaciones generales y por consiguiente abstractas. En este sentido, los
millares de millones de individuos que han formado la materia viva y sufriente
de esa historia -a la vez triunfal y lúgubre desde el punto de vista de la
inmensa hecatombe de víctimas “aplastadas bajo su carro”, los millares de
millones de individuos oscuros, pero sin los cuales no habría sido obtenido
ninguno de los grandes resultados abstractos de la historia -y que, notadlo
bien, no
aprovecharon jamás ninguno de esos resultados- esos individuos no encontrarán
la más humilde plaza en la historia. Han vivido, han sido inmolados, en bien de
la humanidad abstracta; he ahí todo.
¿Habrá que reprocharle eso a la ciencia de la historia? Sería ridículo e
injusto. Los individuos son inapercibibles por el pensamiento, por la reflexión,
aun por la palabra humana, que no es capaz de expresar más que abstracciones;
inapercibibles en el presente lo mismo que en el pasado. Por tanto, la ciencia
social misma, la ciencia del porvenir, continuará ignorándolos forzosamente.
Todo lo que tenemos el derecho a exigir de ella es que nos indique, con una mano
firme y fiel, las causas generales de los sufrimientos individuales; entre esas
causas no olvidará, sin duda, la inmolación y la subordinación, demasiado
habituales todavía, de los individuos vivientes a las generalidades abstractas;
y que al mismo tiempo nos muestre las condiciones generales necesarias para la
emancipación real de los individuos que viven en la sociedad. He ahí su misión,
he ahí también sus límites, más allá de los cuales la acción de la ciencia
social no podría ser sino impotente y funesta. Porque más
allá de esos límites comienzan las pretensiones doctrinarias y gubernamentales
de sus representantes patentados, de sus sacerdotes. Y es tiempo de acabar con
todos los papas y todos los sacerdotes: no los queremos ya aunque se llamen
demócratas-socialistas.
Otra vez más, la única misión de la ciencia es iluminar la ruta. Pero sólo la
vida, liberada de todos los obstáculos gubernamentales y doctrinarios y devuelta
a la plenitud de su acción espontánea, puede crear.
¿Cómo resolver esta antinomia?
Por una parte la ciencia es indispensable a la organización racional de la
sociedad; por otra, incapaz de interesarse por lo que es real y viviente, no
debe mezclarse en la organización real o práctica de la sociedad. Esta
contradicción no puede ser resuelta más que de un solo modo: la liquidación de
la ciencia como ser moral existente al margen de la vida social de todo el
mundo, y representada, como tal, por un cuerpo de patentados, y su difusión
entre las masas populares. Estando llamada la ciencia en lo sucesivo a
representar la conciencia colectiva de la sociedad, debe realmente convertirse
en propiedad de todo el mundo. Por eso, sin perder nada de su carácter universal
-del que no podrá jamás apartarse, bajo pena de cesar de ser ciencia, y aun
continuando ocupándose exclusivamente de las causas generales, de las
condiciones reales y de las relaciones generales, de los individuos y de las
cosas-, se fundirá en la realidad con la vida inmediata y real de todos los
individuos
humanos. Este era un movimiento análogo a aquél que ha hecho decir a los
protestantes, al comienzo de la Reforma religiosa, que no había necesidad de
sacerdotes, pues el hombre se convertiría en adelante en su propio sacerdote y
gracias a la intervención invisible, única, de Jesucristo, había llegado a
tragarse en fin su propio Dios. Pero no se trata aquí ya ni de nuestro señor
Jesucristo, ni del buen Dios, ni de la libertad política, ni del derecho
jurídico, todas cosas reveladas, sea teológica, sea metafísicamente, y todas
igualmente indigestas, como se sabe. El mundo de las abstracciones científicas
no es revelado; es inherente al mundo real, del cual no es más que la expresión
y la representación general o abstracta. En tanto que forma una región separada,
representada especialmente por el cuerpo de los sabios, ese mundo ideal nos
amenaza con ocupar, frente al mundo real, el puesto del buen Dios y con reservar
a sus representantes patentados el oficio de sacerdotes. Por esa
razón, por la instrucción general, igual para todos y para todas, hay que
disolver la organización social separada de la ciencia, a fin de que las masas,
cesando de ser rebaños dirigidos y esquilmados por los pastores privilegiados,
puedan tomar en sus manos sus propios destinos históricos.
Pero en tanto que las masas no hayan llegado a ese grado de instrucción, ¿será
necesario que se dejen gobernar por los hombres de ciencia? ¡No lo quiera Dios!
Sería mejor que vivieran sin la ciencia antes de dejarse gobernar por los
sabios. El gobierno de los sabios tendría por primera consecuencia hacer
inaccesible al pueblo la ciencia y sería necesariamente un gobierno
aristocrático, porque la institución actual de la ciencia es una institución
aristocrática. ¡La aristocracia de la inteligencia! Desde el punto de vista
práctico la más implacable, desde el punto de vista social la más arrogante y la
más insultante: tal sería el poder constituido en nombre de la ciencia. Ese
régimen sería capaz de paralizar la vida y el movimiento la sociedad. Los
sabios, siempre presuntuosos, siempre llenos de suficiencia, y siempre
impotentes, querrían mezclarse en todo, y todas las fuentes de la vida se
secarían bajo su soplo abstracto y sabio.
Una vez más, la vida, no la ciencia, crea la vida; la acción espontánea del
pueblo mismo es la única que puede crear la libertad popular. Sin duda, sería
muy bueno que la ciencia pudiese, desde hoy, iluminar la marcha espontánea del
pueblo hacia su emancipación pero más vale la ausencia de luz que una luz
vertida con parsimonia desde afuera con el fin evidente de extraviar al pueblo.
Por otra parte, el pueblo no carecerá absolutamente de luz. No en vano ha
recorrido la larga carrera histórica y ha pagado sus errores con siglos de
sufrimientos horribles. El resumen práctico de esas dolorosas experiencias
constituye una especie de ciencia tradicional que, bajo ciertos aspectos,
equivale perfectamente a la ciencia teórica. En fin, una parte de la juventud
estudiosa, aquellos de entre los burgueses estudiosos que sienten bastante odio
contra la mentira, contra la hipocresía, contra la iniquidad y contra la
cobardía de la burguesía, para encontrar en sí el valor de volverle las
espaldas,
y bastante pasión para abrazar sin reservas la causa justa y humana del
proletariado, esos serán, como lo he dicho ya, los instructores fraternales del
pueblo; aportándole conocimientos que le faltan aún, harán perfectamente inútil
el gobierno de los sabios.
Si el pueblo debe preservarse del gobierno de los sabios, con mayor razón debe
premunirse contra el de los idealistas inspirados. Cuanto más sinceros son esos
creyentes y esos poetas del cielo, más peligrosos se vuelven. La abstracción
científica, lo he dicho ya, es una abstracción racional, verdadera en su
esencia, necesaria a la vida de la que es representación teórica, conciencia.
Puede, debe ser absorbida y digerida por la vida. La abstracción idealista,
Dios, es un veneno corrosivo que destruye y descompone la vida, que la falsea y
la mata. El orgullo de los idealistas, no siendo personal, sino un orgullo
divino, es invencible e implacable. Puede, debe morir, pero no cederá nunca, y
en tanto que le quede un soplo, tratará de someter el mundo al talón de su Dios,
como los lugartenientes de Prusia, esos idealistas prácticos de Alemania,
quisieran verlo aplastado bajo la bota con espuelas de su rey. Es la misma fe
-los objetivos no son siquiera y diferentes- y el mismo resultado de
la fe: la esclavitud.
Es al mismo tiempo el triunfo del materialismo más craso y más brutal: no hay
necesidad de demostrarlo por lo que se refiere a Alemania, porque habría que
estar verdaderamente ciego para no verlo, en los tiempos que corren. Pero creo
necesario aun demostrarlo con relación al idealismo divino.
El hombre, como todo el resto del mundo, es un ser completamente material. El
espíritu, la facultad de pensar, de recibir y de reflejar las diversas
sensaciones, tanto exteriores como interiores, de recordarlas después de haber
pasado y de reproducirlas por la imaginación, de compararlas y distinguirlas, de
abstraer determinaciones comunes y de crear por eso mismo generales o
abstractas, a fin de formar las ideas agrupando y combinando las nociones según
modos diferentes, la inteligencia en una palabra, el único creador de todo
nuestro mundo ideal, es una propiedad del cuerpo animal y principalmente de la
organización completamente material del cerebro.
Lo sabemos de una manera muy segura, por la experiencia universal, que no ha
desmentido nunca hecho alguno y que todo hombre puede verificar a cada instante
de su vida. En todos los animales, sin exceptuar las especies más inferiores,
encontramos un cierto grado de inteligencia y vemos que en la serie de las
especies la inteligencia animal se desarrolla tanto más cuanto más la
organización de una especie se aproxima a la del hombre; pero que en el hombre
solamente llega a esa potencia de abstracción que constituye propiamente el
pensamiento.
La experiencia universal, que en definitiva es el único origen, la fuente de
todos nuestros conocimientos, nos demuestra, pues: 1º), que toda inteligencia
está siempre asociada a un cuerpo animal cualquiera, y 2º), que la intensidad,
la potencia de esa función animal depende de la perfección relativa de la
organización animal. Este segundo resultado de la experiencia universal no es
aplicable solamente a las diferentes especies animales; lo comprobamos
igualmente en los hombres, cuyo poder intelectual y moral depende, de una manera
demasiado evidente, de la mayor o menor perfección de su organismo, como raza,
como nación, como clase y como individuos, para que sea necesario insistir
demasiado sobre este punto.
Por otra parte, es cierto que ningún hombre ha visto nunca ni podido ver el
espíritu puro, separado de toda forma material, existiendo independientemente de
un cuerpo animal cualquiera. Pero si nadie lo ha visto, ¿cómo han podido los
hombres llegar a creer en su existencia? Porque el hecho de esa creencia es
notorio y, si no universal, como lo pretenden los idealistas, al menos es muy
general; y como tal es digno de nuestra atención respetuosa, porque una creencia
general, por tonta que sea, ejerce siempre una influencia demasiado poderosa
sobre los destinos humanos para que esté permitido ignorarla o hacer abstracción
de ella.
El hecho de esa creencia histórica se explica, por otra parte, de una manera
natural y racional. El ejemplo que nos ofrecen los niños y los adolescentes,
incluso muchos hombres que han pasado la edad de la mayoría, nos prueba que el
hombre puede ejercer largo tiempo sus facultades mentales antes de darse cuenta
la manera cómo las ejerce, antes de llegar a la conciencia clara de ese
ejercicio. En ese período del funcionamiento del espíritu inconsciente de sí
mismo, de esa acción de la inteligencia ingenua o creyente, el hombre,
obsesionado por el mundo exterior e impulsado por ese aguijón interior que se
llama la vida, crea cantidad de imaginaciones, de nociones y de ideas,
necesariamente muy imperfectas al principio, muy poco conformes a la realidad de
las cosas y de los hechos que se esfuerzan por expresar. Y como no tiene la
conciencia de su propia acción inteligente, como no sabe todavía que es él mismo
el que ha producido y el que continúa produciendo esas imaginaciones, esas
nociones, esas ideas, como ignora su origen subjetivo, es decir, humano, las
considera naturalmente, necesariamente, como seres objetivos, como seres reales,
en absoluto independientes de él, que existen por sí y en sí. Es así cómo los
pueblos primitivos, al salir lentamente de su inocencia animal, han creado sus
dioses habiéndolos creado, no pensando que fuesen ellos mismos los creadores
únicos, los han adorado; considerándolos como seres reales, infinitamente
superiores ellos mismos, les han atribuido la omnipotencia y se han reconocido
sus criaturas, sus esclavos. A medida e las ideas humanas se desenvolvían más,
los dioses, que como hice observar ya, no fueron nunca más que la reverberación
fantástica, ideal, poética o la imagen trastornada, se idealizaban también.
Primero fetiches groseros, se hicieron poco a poco espíritus puros, con
existencia fuera del mundo visible, y en fin, a continuación de un largo
desenvolvimiento histórico, acabaron por confundirse en un solo ser
divino, espíritu puro, eterno, absoluto, creador y amo de los mundos.
En todo desenvolvimiento, justo o falso, real o imaginario, colectivo o
individual, es siempre el primer paso el que cuesta, el primer acto el más
difícil. Una vez franqueado ese paso y realizado ese primer acto, el resto
transcurre naturalmente, como una consecuencia necesaria. Lo que era difícil en
el desenvolvimiento histórico de esa terrible locura religiosa que continúa
obsesionándonos y aplastándonos, era poner un mundo divino tal cual, fuera del
mundo real. Ese primer acto de locura, tan natural desde el punto de vista
fisiológico y por consiguiente necesario en la historia la humanidad, no se
realiza de un solo golpe. Han sido necesarios no sé cuántos siglos para
desarrollar y para hacer penetrar esa creencia en los hábitos mentales de los
hombres. Pero, una vez establecida, se ha vuelto omnipotente, como lo es
necesariamente toda cura que se apodera del cerebro humano. Considerad un loco:
cualquiera que sea el objeto especial de su locura, hallaréis que la idea oscura
y fija
que le obsesiona le parece la más natural del mundo, y al contrario, las cosas
naturales y reales que están en contradicción con esa idea, le parecerán locuras
ridículas y odiosas. Y bien, la religión es una locura colectiva, tanto más
poderosa cuanto que es una locura tradicional y que su origen se pierde en una
antigüedad excesivamente lejana. Como locura colectiva, ha penetrado en todos
los detalles, tanto públicos como privados de la existencia social de un pueblo,
se ha encarnado en la sociedad, se ha convertido por decirlo así en el alma el
pensamiento colectivos. Todo hombre es envuelto desde su nacimiento en ella, la
mama con la leche de la madre, la absorbe con todo lo que oye, en todo lo ve. Ha
sido tan alimentado, tan envenenado, tan penetrado en todo su ser por ella, que
más tarde, por poderoso que sea su espíritu natural, tiene necesidad de hacer
esfuerzos inauditos para libertarse y no lo consigue nunca de una manera
completa. Nuestros idealistas modernos son una
demostración de esto y nuestros materialistas doctrinarios, los comunistas
alemanes, son otra. No han sabido deshacerse de la religión del Estado.
Una vez bien establecido el mundo sobrenatural, el mundo divino en la
imaginación tradicional de los pueblos, el desenvolvimiento de los diversos
sistemas religiosos ha seguido su curso natural y lógico, siempre conforme, por
otra parte, al desenvolvimiento contemporáneo y real de las relaciones
económicas y políticas que han sido en todo tiempo, en el mundo de la fantasía
religiosa, la reproducción fiel y la consagración divina. Es así como la locura
colectiva e histórica que se llama religión se ha desarrollado desde el
fetichismo, pasando por todos los grados del politeísmo, basta el monoteísmo
cristiano.
El segundo paso, en el desenvolvimiento de las creencias religiosas y el más
difícil sin duda después del establecimiento de un mundo divino separado, fue
precisamente esa transición del politeísmo al monoteísmo, del materialismo
religioso de los paganos a la fe espiritualista de los cristianos. Los dioses
paganos -y éste fue su carácter principal-, eran ante todo dioses exclusivamente
nacionales. Después, como eran numerosos, conservaron necesariamente, más o
menos, un carácter material o, más bien, es porque eran materiales por lo que
fueron tan numerosos, pues la diversidad es uno de los atributos principales del
mundo real. Los dioses paganos no eran aún propiamente la negación de las cosas
reales: no eran más que su exageración fantástica.
Hemos visto cuánto costó esa transición al pueblo judío, del que constituyó, por
decirlo así, toda la historia. Moisés y los profetas se complacían en predicarle
el Dios único; el pueblo volvía a caer en su idolatría primitiva, en la fe
antigua, comparativamente mucho más natural, más cómoda en muchos buenos dioses,
más materiales, más humanos, más palpables. Jehová mismo, su dios único, el dios
de Moisés y de los profetas, era un dios excesivamente nacional aunque no se
servía, para recompensar y castigar a sus fieles, a su pueblo elegido, más que
de argumentos materiales, a menudo estúpidos y siempre brutales y feroces. No
parece que la fe en su existencia haya implicado la negación de la existencia de
los dioses primitivos.
El dios judío no renegaba de la existencia de esos rivales, sólo que no quería
que su pueblo los adorase a su lado, porque ante todo Jehová era un dios muy
envidioso y su primer mandamiento fue éste:
“Soy el señor tu Dios y no adorarás a otros dioses más que a mí.”
Jehová no fue más que un esbozo primero, muy material, muy grosero del idealismo
moderno. No era, por lo demás, sino un dios nacional, como el dios ruso que
adoran los generales rusos súbditos del zar y patriotas del imperio de todas las
Rusias, como el dios alemán que, sin duda, van a proclamar bien pronto los
pietistas y los generales alemanes súbditos de Guillermo I, en Berlín. El ser
supremo no puede ser un Dios nacional, debe ser el de la humanidad entera. El
ser supremo no puede ser tampoco un ser material, debe ser la negación de toda
materia, el espíritu puro. Para la realización del culto del ser supremo han
sido necesarias dos cosas: 1º) una realización de la humanidad por la negación
de las nacionalidades y de los cultos nacionales; 2º) un desenvolvimiento ya muy
avanzado de las ideas metafísicas para espiritualizar al Jehová tan grosero de
los judíos.
La primera condición fue cumplida por los romanos de una manera muy negativa,
sin duda: por la conquista de la mayor parte de los países conocidos de los
antiguos y por la destrucción de sus instituciones nacionales. Gracias a ellos
el altar de un dios único y supremo pudo establecerse sobre las ruinas de otros
millares de altares nacionales. Los dioses de todas las naciones vencidas,
reunidos en el Panteón, se anularon mutuamente. Ese fue el primer esbozo, muy
tosco y por completo negativo, de la humanidad. En cuanto a la segunda
condición, la espiritualización de Jehová, fue realizada por los griegos mucho
antes de la conquista de su país por los romanos. Ellos fueron los creadores de
la metafísica. Grecia, en su cuna histórica, había encontrado un mundo divino
que se estableció definitivamente en la fe tradicional de sus pueblos; ese mundo
le había sido legado y materialmente aportado por el Oriente. En su período
instintivo, anterior a su historia política, lo había desarrollado
y humanizado prodigiosamente por sus poetas, y cuando comenzó propiamente su
historia tenía una religión hecha, la más simpática y la más noble de todas las
religiones que hayan existido jamás, en cuanto una religión, es decir, una
mentira, pueda ser noble y simpática. Sus grandes pensadores -y ningún pueblo
los tuvo mayores que Grecia- al encontrar el mundo divino establecido, no sólo
fuera del pueblo, sino también en él mismo como hábito de sentir y de pensar, lo
tomaron necesariamente por punto de partida. Fue ya mucho que no hicieran
teología, es decir, que no perdieran el tiempo en reconciliar la razón naciente
con los absurdos de tal o cual otro Dios, como lo hicieron en la Edad Media los
escolásticos. Dejaron a los dioses fuera de sus especulaciones y se asociaron
directamente a la idea divina, una, invisible, omnipotente, eterna y
absolutamente espiritualista, pero no personal. Desde el punto de vista del
espiritualismo, los metafísicos griegos fueron, mucho más que los
judíos, los creadores del dios cristiano. Los judíos no han añadido más que la
brutal personalidad de su Jehová.
Que un genio sublime como el gran Platón haya podido estar absolutamente
convencido de la realidad de la idea divina, eso nos demuestra cuán contagiosa
es, cuán omnipotente es la tradición de la locura religiosa, aun en relación con
los más grandes espíritus. Por lo demás, no hay que, asombrarse, pues aún en
nuestros días, el mayor genio que ha existido después de Aristóteles y Platón,
Hegel, a pesar de la crítica por lo demás imperfecta y muy metafísica de Kant,
que había demolido la objetividad o la realidad de las ideas divinas, se ha
esforzado por reinstaurarlas de nuevo sobre su trono trascendente o celeste. Es
verdad que procedió de una manera tan poco cortés que ha matado definitivamente
al buen dios, ha quitado a esas ideas su corona divina, mostrando a quien supo
leerlo que no fueron nunca más que una pura creación del espíritu humano que
recorrió la historia en busca de sí mismo. Para poner fin a todas las locuras
religiosas y al milagro divino, no le hacía falta más que
pronunciar una gran definición que fue dicha después de él, casi al mismo
tiempo, por otros dos grandes espíritus, sin ningún acuerdo mutuo y sin que
hubiesen nunca oído hablar uno del otro: por Ludwig Feuerbach, el discípulo y el
demoledor de Hegel, en Alemania, y por August Comte, el fundador de la filosofía
positiva, en Francia. He aquí esa definición:
“La metafísica se reduce a la sicología.”
Todos los sistemas de metafísica no han sido más que la sicología humana que se
desarrolla en la historia.
Ahora ya no nos es difícil comprender cómo han nacido las ideas divinas, cómo
han sido creadas sucesivamente por la facultad abstractiva del hombre. Pero en
la época de Platón ese conocimiento era imposible. El espíritu colectivo, y por
consiguiente también el espíritu individual, aun el del mayor genio, no estaba
maduro para eso. Apenas había dicho con Sócrates: “Conócete a ti mismo”. Ese
conocimiento de sí mismo no existía más que en el estado de intuición; en
realidad era nulo. Era imposible que el espíritu humano imaginase que era él el
único creador del mundo divino. Lo encontró ante él, lo encontró como historia,
como sentimiento, como hábito de pensar, e hizo necesariamente de él un objeto
de sus más elevadas especulaciones. Así es como nació la metafísica y como las
ideas divinas, bases del espiritualismo, fueron desarrolladas y perfeccionadas.
Es verdad que después de Platón hubo en el desenvolvimiento del espíritu como un
movimiento inverso. Aristóteles, el verdadero padre de la ciencia y de la
filosofía positiva, no negó el mundo divino, sino que se ocupó de él lo menos
posible. Fue el primero que estudió como un analista y un experimentador que
era, la lógica, las leyes del pensamiento humano, y al mismo tiempo el mundo
físico, no en su esencia ideal, ilusoria, sino en su aspecto real. Sus
seguidores, los griegos de Alejandría, establecieron la primera escuela de
científicos positivos. Fueron ateos. Pero su ateísmo quedó sin influencia en sus
contemporáneos. La ciencia tendió más y más a aislarse de la vida. Después de
Platón la idea divina fue rechazada de la metafísica misma; eso hicieron los
epicúreos y los escépticos, dos sectas que contribuyeron mucho a depravar la
aristocracia humana pero que permanecieron sin influencia alguna sobre las
masas.
Otra escuela infinitamente más influyente sobre las asas se formó en Alejandría.
Fue la escuela de los neoplatónicos. Confundiendo en una mezcolanza impura las
imaginaciones monstruosas de Oriente con las ideas e Platón, ellos fueron los
verdaderos preparadores y más tarde los elaboradores de los dogmas cristianos.
Por consiguiente, el egoísmo personal y grosero de Jehová, la dominación no
menos brutal y grosera de los romanos y la ideal especulación metafísica de los
griegos, materializada por el contacto del Oriente, tales fueron los tres
elementos históricos que constituyeron a religión espiritualista de los
cristianos.
Para establecer sobre las ruinas de sus altares tan numerosos el altar de un
dios único y supremo, amo del mundo, ha sido preciso que fuera destruida primero
la existencia autónoma de las diferentes naciones que imponían el mundo pagano o
antiguo. Es lo que hicieron brutalmente los romanos que, al conquistar la mayor
parte del mundo conocido de los antiguos, crean en cierto modo el primer esbozo,
sin duda por completo negativo y burdo, de la humanidad.
Un dios que se levantaba así por encima de todas las diferencias nacionales,
tanto materiales como sociales, de todos los países, que era como su negación
directa debía ser necesariamente un ser inmaterial y abstracto. Pero la fe tan
difícil en la existencia de un ser semejante no ha podido nacer de un solo
golpe. Por tanto, como lo he demostrado en el mencionado Apéndice
Consideraciones filosóficas, fue largamente preparada y desarrollada por la
metafísica griega, la primera en establecer de una manera filosófica la noción
de la idea divina, modelo eternamente creador y siempre reproducido por el mundo
visible. Pero la divinidad concebida y creada por la filosofía griega era una
divinidad impersonal, pues ninguna metafísica, si es consecuente y seria, se
podía elevar, o más bien rebajar, a la idea de un dios personal. Ha sido preciso
encontrar, pues, un dios que fuese único y que fuese muy personal a la vez. Se
encontró en la persona, muy brutal, muy egoísta, muy cruel de Jehová, el
dios nacional de los judíos. Pero los judíos, a pesar de ese espíritu nacional
exclusivo que los distingue aún hoy, se habían convertido de hecho, mucho antes
del nacimiento de Cristo, en el pueblo más internacional del mundo. Arrastrados
en parte como cautivos, pero mucho más aún por esa pasión mercantil que
constituye uno de los rasgos principales de su carácter nacional, se habían
esparcido por todos los países, llevando a todas partes el culto a Jehová, al
que se volvían tanto más fieles cuanto más los abandonaba.
En Alejandría, ese Dios terrible de los judíos conoció personalmente la
divinidad metafísica de Platón, ya muy corrompida por el contacto con el Oriente
y que se corrompió más aún después por el suyo. A pesar de su exclusivismo
nacional, envidioso y feroz, no pudo resistir a la larga los encantos de esa
divinidad ideal e impersonal de los griegos. Se casó con ella, y de ese
matrimonio nació el dios espiritualista -no espiritual- de los cristianos. Se
sabe que los neoplatónicos de Alejandría fueron los principales creadores de la
teología cristiana.
Pero la teología no constituye todavía la religión, como los elementos
históricos no bastan para crear la historia. Yo llamo elementos históricos a las
disposiciones y condiciones generales de un desenvolvimiento real cualquiera:
por ejemplo, en este caso, la conquista de los romanos y el encuentro del dios
de los judíos con la divinidad ideal de los griegos. Para fecundar los elementos
históricos, para hacerles producir una serie de transformaciones históricas
nuevas, es preciso un hecho vivo, espontáneo, sin el cual harían podido quedar
muchos siglos aún en estado de elementos, sin producir nada. Este hecho no faltó
al cristianismo: fue la propaganda, el martirio y la muerte de Jesús.
No sabemos casi nada de ese grande y santo personaje; todo lo que los evangelios
nos dicen es tan contradictorio y tan fabuloso que apenas podemos tomar de allí
algunos rasgos reales y vivientes. Lo que es cierto es que fue el predicador del
pobre pueblo, el amigo, el consolador de los miserables, de los ignorantes, de
los esclavos y de las mujeres, y que fue muy amado por éstas. Prometió a todos
los que eran oprimidos, a todos los que sufrían aquí abajo -y el número es
inmenso-, la vida eterna. Fue, como es natural, crucificado por los
representantes de la moral oficial y del orden público de la época. Sus
discípulos, y los discípulos de sus discípulos, pudieron esparcirse, gracias a
la conquista de los romanos, que habían destruido las barreras nacionales y
llevaron, en efecto, la propaganda del evangelio a todos los países conocidos de
los antiguos. En todas partes fueron recibidos con los brazos abiertos por los
esclavos y por las mujeres, las dos clases más oprimidas, las que
más sufrían y naturalmente también las más ignorantes del mundo antiguo. Si
hicieron algunos prosélitos en el mundo privilegiado e instruido, no lo
debieron, en gran parte, mas que a la influencia de las mujeres. Su propaganda
más amplia se ejerció casi exclusivamente en el pueblo, tan desgraciado como
embrutecido por la esclavitud. Ese fue el primer despertar, la primera rebelión
del proletariado.
El gran honor del cristianismo, su mérito incontestable y todo el secreto de su
triunfo inaudito y por otra parte en absoluto legítimo, fue el de haberse
dirigido a ese público doliente e inmenso, a quien el mundo antiguo, que
constituía una aristocracia intelectual y política estrecha y feroz, negaba
hasta los últimos atributos y los derechos más elementales de la humanidad. De
otro modo no habría podido nunca difundirse. La doctrina que enseñaban los
apóstoles de Cristo, por consoladora que haya podido aparecer a los
desgraciados, era demasiado repulsiva, demasiado absurda desde el punto de vista
de la razón humana, para que los hombres ilustrados hubieran podido aceptarla.
¡Con qué triunfo habla el apóstol San Pablo del escándalo de la fe y del triunfo
de esa divina locura rechazada por los poderosos y los sabios del siglo, pero
tanto más apasionadamente aceptada por los sencillos, por los ignorantes y por
los pobres de espíritu!
En efecto, era preciso un profundo descontento de la vida, una gran sed del
corazón y una pobreza poco menos que absoluta de espíritu para aceptar el
absurdo cristiano, el más atrevido y monstruoso de todos los absurdos
religiosos.
No era sólo la negación de todas las instituciones políticas, sociales y
religiosas de la antigüedad: era el derrumbamiento absoluto del sentido común y
de toda razón humana. El ser efectivamente existente, el mundo real, fue
considerado en lo sucesivo como la nada; producto de la facultad abstracta del
hombre, la última, la suprema abstracción, en la que esa facultad, habiendo
superado todas las cosas existentes y hasta las determinaciones más generales
del ser real, tales como las ideas del espacio y del tiempo, no teniendo nada
que superar ya, se reposa en la contemplación de su vacío y de la inmovilidad
absoluta; esta abstracción, este caput mortuum absolutamente vacío de todo
contenido, el verdadero nada, Dios, es proclamado el único real, eterno,
omnipotente. El Todo real es declarado nulo, y el nulo absoluto, es declarado el
Todo. La sombra se convierte en el cuerpo y el cuerpo se desvanece como una
sombra.
Eso fue de una audacia y un absurdo inauditos, el verdadero escándalo de la fe,
el triunfo de la tontería creyente sobre el espíritu, para las masas; y para
algunos, la ironía triunfante de un espíritu fatigado, corrompido, desilusionado
y disgustado de la investigación honesta y seria de la verdad; la necesidad de
aturdirse y de embrutecerse, necesidad que se encuentra a menudo en los
espíritus extenuados: Credo quod absurdum.
Creo lo absurdo; y no creo sólo lo absurdo; creo precisamente y sobre todo en
ello porque es absurdo. Es así como muchos espíritus distinguidos y esclarecidos
de nuestros días creen en el magnetismo animal, en el espiritismo, en las mesas
móviles -y ¿por qué ir tan lejos?-: creen en el cristianismo, en el idealismo,
en Dios.
La creencia del proletariado antiguo, lo mismo que la de las masas modernas
después, era más robusta, de gusto menos elevado y más sencillo. La propaganda
cristiana se había dirigido a su corazón, no a su espíritu; a sus aspiraciones
eternas, a sus sufrimientos, a su esclavitud, no a su corazón que dormía aún y
para la cual las contradicciones lógicas, la evidencia del absurdo, no podían
existir, por consiguiente. La sola cuestión que le interesaba era saber cuándo
sonaría la hora de la liberación prometida, cuándo llegaría el reino de Dios. En
cuanto a los dogmas teológicos, no se preocupaba de ellos, porque no los
comprendía de ningún modo. El proletariado convertido al cristianismo constituía
la potencia material ascendente, no el pensamiento teórico.
En cuanto a los dogmas cristianos, fueron elaborados, como se sabe, en una serie
de trabajos teológicos, literarios, y en los concilios, principalmente por los
neoplatónicos convertidos del Oriente. El espíritu griego había caído tan bajo
que en el cuarto siglo de la Era Cristiana, época del primer concilio, ya
encontramos la idea de un Dios personal, espíritu puro, eterno absoluto, creador
y señor supremo del mundo, con existencia fuera del mundo, unánimemente aceptada
por todos los padres de la Iglesia; y como consecuencia lógica de este absurdo
absoluto, la creencia desde entonces natural y necesaria en la inmaterialidad y
en la inmortalidad del alma humana, alojada y aprisionada en un cuerpo mortal,
pero mortal sólo en parte; porque en ese cuerpo mismo hay una parte que, aun
siendo corporal, es inmortal como el alma y debe resucitar como el alma. ¡Tan
difícil ha sido, aun para los padres de la Iglesia, representarse el espíritu
puro al margen de toda forma corporal!
Es preciso observar que, en general, el carácter de o razonamiento teológico y
metafísico también, es tratar de explicar un absurdo por otro.
Ha sido una dicha para el cristianismo haber hallado el mundo de los esclavos.
Tuvo otra dicha: la invasión de los bárbaros. ¡Los bárbaros eran buenas gentes,
llenas de fuerza natural y sobre todo animadas e impulsadas por una gran
necesidad y por una gran capacidad de vivir; bandidos a toda prueba, capaces de
devastarlo todo y de arrasarlo todo, lo mismo que sus sucesores, los alemanes
actuales; mucho menos sistemáticos y pedantes en su bandolerismo que estos
últimos, mucho menos morales, menos sabios; pero por el contrario, mucho más
independientes y más altivos, capaces de ciencia y no incapaces de libertad,
como los burgueses de la Alemania moderna. Pero con todas estas grandes
cualidades, no eran nada más que bárbaros, es decir, tan indiferentes como los
esclavos antiguos -de los cuales muchos, por lo demás, pertenecían a su raza-
con respecto a todas las cuestiones de la teología y de la metafísica. De suerte
que una vez rota su repugnancia práctica, no fue difícil convertirlos
teóricamente al cristianismo.
Durante diez siglos consecutivos, el cristianismo, armado de la omnipotencia de
la Iglesia y del Estado, y sin concurrencia alguna de parte de unos o de otros,
pudo depravar, bastardear y falsear el espíritu de Europa. No tuvo concurrentes,
puesto que fuera de la Iglesia no había pensadores, ni aun gentes instruidas. Si
se levantaron herejías en su seno, no atacaron nunca más que los
desenvolvimientos teológicos prácticos del dogma fundamental, no el dogma mismo.
La creencia en Dios, espíritu puro y creador del mundo, y la creencia en la
inmaterialidad del alma permanecieron intactas. Esta doble creencia se convirtió
en la base ideal de toda la civilización occidental y oriental de Europa, y
penetró, se encarnó en todas las instituciones, en todos los detalles de la
vida, tanto pública como privada de todas las clases como de las masas.
¿Se puede uno asombrar, después de esto, que se haya mantenido esa creencia
hasta nuestros días, y que continúe ejerciendo su influencia desastrosa aun
sobre espíritus escogidos como Mazzini, Michelet, Quinet, y tantos otros? Hemos
visto que el primer ataque fue promovido contra ella por el Renacimiento, que
produjo héroes y mártires como Vanini, como Giordano Bruno y como Galileo y que,
bien que ahogado pronto por el ruido, el tumulto y las pasiones de la reforma
religiosa, continuó silenciosamente su trabajo invisible legando a los más
nobles espíritus de cada generación nueva esa obra de la emancipación humana
mediante la instrucción de lo absurdo, hasta que, en fin, en la segunda mitad
del siglo XVIII reaparece de nuevo a la luz del día, levantando atrevidamente la
bandera del ateísmo y del materialismo.
Se pudo creer entonces que el espíritu humano iba, por fin, a libertarse, una
vez por todas, de todas las obsesiones divinas. Fue un error. La mentira divina,
de que se había alimentado la humanidad -para no hablar más que del mundo
cristiano- durante dieciocho siglos, debía mostrarse, una vez más, más poderosa
que la humana verdad. No pudiendo ya servirse de la gente negra, de los cuervos
consagrados de la iglesia, de los sacerdotes católicos o protestantes que habían
perdido todo crédito, se sirvió de los sacerdotes laicos, de los mentirosos y de
los sofistas de túnica corta, entre los cuales el papel principal fue dado a dos
hombres fatales: uno, el espíritu más falso, el otro, la voluntad más
doctrinariamente despótica del siglo pasado: a J. J. Rousseau y a Robespierre.
El primero representa el verdadero tipo de la estrechez de la mezquindad
sombría, de la exaltación, sin otro objeto que su propia persona, del entusiasmo
en frío de la hipocresía a la vez sentimental e implacable, de la mentira
forzada del idealismo moderno. Se le puede considerar como el verdadero creador
de la reacción moderna. En apariencia el escritor más democrático del siglo
XVIII, incuba en sí el despotismo despiadado del estadista. Fue el profeta del
Estado doctrinario, como Robespierre, su digno y fiel discípulo, que trató de
convertirse en el gran sacerdote. Habiendo oído decir a Voltaire que si no
hubiese existido Dios habría sido necesario inventarlo, J. J. Rousseau inventó
el ser supremo, el dios abstracto y estéril de los deístas. Y en nombre de ese
ser supremo y de la virtud hipócrita ordenada por el ser supremo, Robespierre
guillotinó a los hebertistas primero, luego al genio mismo de la revolución, a
Dantón, en cuya persona asesinó la república, preparando así el
triunfo, desde entonces necesario, de la dictadura de Bonaparte l. Después de
este gran triunfo, la reacción idealista buscó y encontró servidores menos
fanáticos, menos terribles, medidos por la talla considerablemente empequeñecida
de la burguesía de nuestro siglo. En Francia fueron Chateaubriand, Lamartine y
-¿es preciso decirlo? ¿Y por qué no? hay que decirlo todo, cuando es verdad- fue
Víctor Hugo mismo, el demócrata, el republicano, el casi socialista de hoy, y
tras él toda la cohorte melancólica y sentimental de espíritus flacos y pálidos,
quienes constituyeron, bajo la dirección de esos maestros, la escuela del
romanticismo moderno. En Alemania fueron los Schlegel, los Tieck, los Novalis,
los Werner, fue Schellíng, y tantos otros aun cuyos nombres no merecen siquiera
ser mencionados.
La literatura creada por esa escuela fue el verdadero reino de los espectros y
de los fantasmas. No soportaban la Iuz del día, pues el claroscuro era el único
elemento en que podía vivir. No soportaba tampoco el contacto brutal de las
masas; era la literatura de las almas tiernas, delicadas, distinguidas, que
aspiraban al cielo, a su patria, y que vivían como a su pesar sobre a tierra.
Tenía horror y desprecio a la política, a las cuestiones del día; pero cuando
hablaba por azar de ellas, se mostraba francamente reaccionaria, tomando partido
de la Iglesia contra la insolencia de los librepensadores, de los reyes contra
los pueblos, y de todas las aristocracias contra la vil canalla de las calles.
Por lo demás, como acabo de decir, lo que dominaba en la escuela era una
indiferencia casi completa ante las cuestiones políticas. En medio de las nubes
en que vivían, no podía distinguir más que dos puntos reales: el
desenvolvimiento rápido del materialismo burgués y el desencadenamiento
desenfrenado de las vanidades individuales.
Para comprender esa literatura es preciso buscar la razón de ser en la
transformación que se había operado en el seno de la clase burguesa desde la
revolución de 1793.
Desde el Renacimiento y la Reforma hasta esa revolución, la burguesía, si no en
Alemania, al menos en Italia, en Francia, en Suiza, en Inglaterra, en Holanda,
fue el héroe y representó el genio revolucionario de la historia. De su seno
salieron en su mayoría los librepensadores del siglo XV, los grandes
reformadores religiosos de los dos siglos siguientes y los apóstoles de la
emancipación humana del siglo pasado, comprendidos esta vez también los de
Alemania. Ella sola, naturalmente apoyada en las simpatías y en los brazos del
pueblo que tenía fe en ella, hizo la revolución del 89 y la del 93. Había
proclamado la decadencia de la realeza y de la iglesia, la fraternidad de los
pueblos, los derechos del hombre y del ciudadano. He ahí sus títulos de gloria:
son inmortales.
Desde entonces se escindió. Una parte considerable de adquirentes de bienes
nacionales, enriquecidos y apoyándose esta vez no sobre el proletariado de las
ciudades, sino sobre la mayor parte de los campesinos de Francia que se habían
hecho igualmente propietarios agrícolas, aspiraba a la paz, al restablecimiento
del orden público, a la fundación de un gobierno regular y poderoso. Aclamó,
pues, con felicidad la dictadura del primer Bonaparte y, aunque se mantuviese
volteriana, no vio con malos ojos su Concordato con el Papa y el
restablecimiento de la iglesia oficial en Francia: “¡La religión es tan
necesaria para el pueblo!”; lo que quiere decir que, ya saciada, esa parte de la
burguesía comenzó desde entonces a comprender que era urgente, en interés de la
conservación de su posición y de sus bienes adquiridos, engañar el hambre no
satisfecha del pueblo con las promesas de un maná celeste. Fue entonces cuando
comenzó a predicar Chateaubriand.
Napoleón cayó. La Restauración devolvió a Francia, con la monarquía legítima, la
potencia de la iglesia y de la aristocracia nobiliario, que se rehicieron, si no
con todo, al menos con una considerable parte de su antiguo poder. Esta reacción
arrojó a la burguesía a la revolución; y con el espíritu revolucionario se
despertó otra vez en ella también la incredulidad. Con Chateauriand a un lado,
volvió a comenzar a leer a Voltaire. No legó hasta Diderot: sus nervios
debilitados no soportaban ya un alimento tan fuerte. Voltaire, a la vez
incrédulo y teísta, le convenía, al contrario, mucho. Béranger Paul Louis
Courier expresaron perfectamente esta tenencia nueva. El “Dios de las buenas
gentes” y el ideal del rey burgués, a la vez liberal y democrático, dibujado
sobre el fondo majestuoso y en lo sucesivo inofensivo de las victorias
gigantescas del imperio, tal fue en esa época, el alimento intelectual cotidiano
de la burguesía de Francia.
Lamartine, aguijoneado por la envidia vanidosamente ridícula de elevarse a la
altura del gran poeta inglés Byron, había comenzado sus himnos fríamente
delirantes en honor del dios de los gentiles hombres y de la monarquía legítima.
Pero sus cantos no repercutían más que en los salones aristocráticos. La
burguesía no los oía. Su poeta era Béranger, y Courier, su escritor político.
La revolución de julio tuvo por consecuencia el ennoblecimiento de sus gustos.
Se sabe que todo burgués de Francia lleva en sí el tipo imperecedero del burgués
gentilhombre, que no deja nunca de aparecer tan pronto como adquiere un poco de
riqueza y de poder. En 1830, la rica burguesía había reemplazado definitivamente
a la antigua nobleza en el poder. Tendió naturalmente a fundar una nueva
aristocracia: aristocracia del capital, sin duda, ante todo, pero también
aristocracia de inteligencia, de buenas maneras y de sentimientos delicados. La
burguesía comenzó a sentirse religiosa.
No fue por su parte una simple imitación de las costumbres aristocráticas, sino
que era al mismo tiempo una necesidad de posición. El proletariado le había
hecho un último servicio, ayudándola a derribar una vez más a la nobleza. Ahora,
la burguesía no tenía necesidad de su ayuda, porque se sentía sólidamente
sentada a la sombra del trono de junio, y la alianza con el pueblo, desde
entonces inútil, comenzaba a hacérsele incómoda. Era preciso devolverlo a su
lugar, lo que no podía hacerse naturalmente sin provocar una gran indignación en
las masas. Se hizo necesario contenerlas. ¿Pero en nombre de qué? ¿En nombre del
interés burgués crudamente confesado? Eso hubiese sido demasiado cínico. Cuanto
más injusto e inhumano es un interés, más necesidad tiene, de ser sancionado, y
¿dónde hallar la sanción, sino en la religión, esa buena protectora de todos los
hartos, y esa consoladora tan útil de todos los que tienen hambre? Y más que
nunca, la burguesía triunfante sintió que la religión
era absolutamente necesaria para el pueblo.
Después de haber ganado sus títulos imperecederos de gloria en la oposición,
tanto religiosa y filosófica como política, en la protesta y en la revolución se
había convertido en -fin en la clase dominante, y por eso mismo en la defensora
y la conservadora del Estado, pues este último se había convertido a su vez en
la institución regular de la potencia exclusiva de esa clase. El Estado es la
fuerza y tiene para sí ante todo el derecho de la fuerza, el argumento
triunfante del fusil. Pero el hombre está hecho tan singularmente que esa
argumentación, por elocuente que parezca, no le basta a la larga. Para imponerle
respeto, es preciso una sanción moral cualquiera. Es preciso, además, que esa
sanción sea de tal modo evidente y sencilla que pueda convencer a las masas,
que, después de haber sido reducidas por la fuerza del Estado, deben ser
inducidas luego al reconocimiento moral de su derecho.
No hay más que dos medios para convencer a las masas de la bondad de una
institución social cualquiera. El primero, el único real, pero también el más
difícil, porque implica la abolición del Estado -es decir la abolición de la
explotación políticamente organizada e la mayoría por una minoría cualquiera-,
sería la satisfacción directa y completa de todas las necesidades, de todas las
aspiraciones humanas de las masas; lo que equivaldría a la liquidación completa
de la existencia tanto política como económica de la clase, burguesa, y como
acabo de decirlo, a la abolición del Estado. Este medio sería, sin duda,
saludable para las masas, pero funesto para los intereses burgueses. Por
consiguiente, no hay ni que hablar de él.
Hablemos de otro medio, que, funesto para el pueblo solamente, es, al contrario,
precioso para la salvación de los -privilegios burgueses. Este otro medio no
puede ser más que la religión. Es ese milagro eterno el que arrastra a las masas
a la busca de los tesoros divinos, mientras que, mucho más moderada, la clase
dominante se contenta con compartir, muy desigualmente por otra parte y dando
siempre más al que más posee, entre sus propios miembros, los miserables bienes
de la tierra y los despojos humanos del pueblo, comprendida su libertad política
y social.
No existe, no puede existir Estado sin religión. Tomad los Estados más libres
del mundo, los Estados Unidos de América o la Confederación Helvética, por
ejemplo, y ved qué papel tan importante desempeña la providencia divina, esa
sanción suprema de todos los Estados, en todos los discursos oficiales.
Pero siempre -que un jefe de Estado habla de Dios, sea Guillermo I, emperador
knutogermánico, o Grant, presidente de la gran república, estad seguros que se
prepara de nuevo a esquilmar a su pueblo-rebaño.
La burguesía francesa, liberal, volteriana e impulsada por su temperamento a un
positivismo, por no decir a un materialismo, singularmente estrecho y brutal,
convertida, por su triunfo de 1830 en la clase del Estado, -ha debido, pues,
darse necesariamente una religión oficial. La cosa no era fácil. No podía
ponerse francamente bajo el yugo del catolicismo romano. Había entre ella y la
Iglesia de Roma un abismo de sangre y de odio y, por práctica y prudente que se
hubiese vuelto, no llegaría nunca a reprimir en su seno una pasión desarrollada
por la historia. Por lo demás, la burguesía francesa se habría cubierto de
ridículo si hubiera vuelto a la iglesia para tomar parte en las piadosas
ceremonias del culto divino, condición esencial de una conversión meritoria y
sincera. Muchos lo han tratado de hacer, pero su heroísmo no tuvo otro resultado
que el escándalo estéril. En fin, la vuelta al catolicismo era imposible a causa
de la contradicción insoluble que existe entre la política
invariable de Roma y el desenvolvimiento de los intereses económicos y
políticos de la clase media.
Bajo este aspecto, el protestantismo es mucho más cómodo. Es la religión
burguesa por excelencia. Concede justamente tanta libertad como es necesaria
para los burgueses, y ha encontrado el medio de conciliar las aspiraciones
celestes con el respeto que reclaman los intereses terrestres. Así vemos que es
sobre todo en los países protestantes donde se desarrollaron el comercio y la
industria. Pero era imposible para la burguesía de Francia hacerse protestante.
Para pasar de una religión a otra -al menos que sea por cálculo, como proceden
alguna vez los judíos en Rusia y en Polonia, que se hacen bautizar tres, cuatro
veces, a fin de recibir remuneraciones nuevas-, para cambiar de religión, hay
que tener una gran fe religiosa. Y bien, en el corazón exclusivamente positivo
del burgués francés, no hay lugar para ese grano. Profesa la indiferencia más
profunda para todas las cuestiones, exceptuada la de la bolsa ante todo, y la de
su vanidad social después. Es tan indiferente ante el
protestantismo como ante el catolicismo. Por otra parte, la burguesía francesa
no habría podido abrazar el protestantismo sin ponerse en contradicción con la
rutina católica de la mayoría del pueblo francés, lo que hubiese constituido una
gran imprudencia de parte de una clase que quería gobernar Francia.
No quedaba más que un medio: el de volver a la religión humanitaria y
revolucionaria del siglo XVIII. Pero esa religión lleva demasiado lejos. Por
consiguiente, la burguesía tuvo que crear, para sancionar el nuevo Estado, el
Estado burgués que acababa de fundar, una religión nueva, que pudiese ser, sin
demasiado ridículo ni escándalo, la religión profesada altamente por toda la
clase burguesa.
Es así como nació el Ateísmo doctrinario.
Otros han hecho, mucho mejor de lo que yo sabría hacerlo, la historia del
nacimiento y del desenvolvimiento de esa escuela, que tuvo una influencia tan
decisiva y, puedo decirlo sin dudar, tan funesta sobre la educación política,
intelectual y moral de la juventud burguesa de Francia. Data de Benjamín
Constant y Madame Staël, pero su verdadero fundador fue RoyerCollard; sus
apóstoles: los señores Guizot, Cousin, Villemain y muchos otros; su objetivo
abiertamente confesado: la reconciliación de la revolución con la reacción, o
para hablar el lenguaje de la escuela, del principio de libertad con el de
autoridad, naturalmente en provecho de esta última.
Esta reconciliación significaba, en política, el escamoteo de la libertad
popular en provecho de la dominación burguesa, representada por el Estado
monárquico y constitucional; en filosofía, la sumisión reflexiva de la libre
razón a los principios eternos de la fe.
Se sabe que esta filosofía fue elaborada principalmente por Cousin, el padre del
eclecticismo francés. Hablador superficial y pedante; inocente de toda
concepción original, de todo pensamiento propio, pero muy fuerte en lugares
comunes -que ha cometido el error de confundir con el sentido común-, este
filósofo ilustre ha preparado sabiamente, para el uso de la juventud estudiante
de Francia, un plato metafísico a su modo y cuyo consumo, obligatorio en todas
las escuelas del Estado por debajo de la universidad, ha condenado a varias
generaciones consecutivas a una indigestión cerebral. Imagínese una ensalada
filosófica compuesta de los sistemas más opuestos, una mezcla de padres de la
Iglesia, escolásticos, de Descartes y de Pascal, de Kant y de psicólogos
escoceses, superpuesto a las ideas divinas e innatas de Platón y recubierto de
la capa de inmanencia hegeliana, acompañada necesariamente de una ignorancia tan
desdeñosa como cometa de las ciencias naturales y que prueba como dos y
dos son cinco la existencia de un dios personal.
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M. Bakunin
Dios y el Estado
¿Quiénes tienen razón, los idealistas o los materialistas? Una vez planteada así
la cuestión, vacilar se hace imposible. Sin duda alguna los idealistas se
engañan y/o los materialistas tienen razón. Sí, los hechos están antes que las
ideas; el ideal, como dijo Proudhon, no más que una flor de la cual son raíces
las condiciones materiales de existencia. Toda la historia intelectual y moral,
política y social de la humanidad es un reflejo de su historia económica.
Todas las ramas de la ciencia moderna, concienzuda y seria, convergen a la
proclamación de esa grande, de esa fundamental y decisiva verdad: el mundo
social, el mundo puramente humano, la humanidad, en una palabra, no es otra cosa
que el desenvolvimiento último y supremo -para nosotros al menos relativamente a
nuestro planeta-, La manifestación más alta de la animalidad. Pero como todo
desenvolvimiento implica necesariamente una negación, la de la base o del punto
de partida, la humanidad es al mismo tiempo y esencialmente una negación, la
negación reflexiva y progresiva de la animalidad en los hombres; y es
precisamente esa negación tan racional como natural, y que no es racional más
que porque es natural, a la vez histórica y lógica, fatal como lo son los
desenvolvimientos y las realizaciones de todas las leyes naturales en el mundo,
la que constituye y crea el ideal, el mundo de las convicciones intelectuales y
morales, las ideas.
Nuestros primeros antepasados, nuestros adanes y vuestras evas, fueron, si no
gorilas, al menos primos muy próximos al gorila, omnívoros, animales
inteligentes y feroces, dotados, en un grado infinitamente más grande que los
animales de todas las otras especies, de dos facultades preciosas: la facultad
de pensar y la facultad, la necesidad de rebelarse.
Estas dos facultades, combinando su acción progresiva en la historia,
representan propiamente el “factor”, el aspecto, la potencia negativa en el
desenvolvimiento positivo de la animalidad humana, y crean, por consiguiente,
todo lo que constituye la humanidad en los hombres.
La Biblia, que es un libro muy interesante y a veces muy profundo cuando se lo
considera como una de las más antiguas manifestaciones de la sabiduría y de la
fantasía humanas que han llegado hasta nosotros, expresa esta verdad de una
manera muy ingenua en su mito del pecado original. Jehová, que de todos los
buenos dioses que han sido adorados por los hombres es ciertamente el más
envidioso, el más vanidoso, el más feroz, el más injusto, el más sanguinario, el
más déspota y el más enemigo de la dignidad y de la libertad humanas, que creó a
Adán y a Eva por no sé qué capricho (sin duda para engañar su hastío que debía
de ser terrible en su eternamente egoísta soledad, para procurarse nuevos
esclavos), había puesto generosamente a su disposición toda la Tierra, con todos
sus frutos y todos los animales, y no había puesto a ese goce completo más que
un límite. Les había prohibido expresamente que tocaran los frutos del árbol de
la ciencia. Quería que el hombre, privado de toda
conciencia de sí mismo, permaneciese un eterno animal, siempre de cuatro patas
ante el Dios eterno, su creador su amo. Pero he aquí que llega Satanás, el
eterno rebelde, el primer librepensador y el emancipador de los mundos.
Avergüenza al hombre de su ignorancia de su obediencia animales; lo emancipa e
imprime sobre su frente el sello de la libertad y de la humanidad, impulsándolo
a desobedecer y a comer del fruto de la ciencia.
Se sabe lo demás. El buen Dios, cuya ciencia innata constituye una de las
facultades divinas, habría debido advertir lo que sucedería; sin embargo, se
enfureció terrible y ridículamente: maldijo a Satanás, al hombre y al mundo
creados por él, hiriéndose, por decirlo así, en su propia creación, como hacen
los niños cuando se encolerizan; y no contento con alcanzar a nuestros
antepasados en el presente, los maldijo en todas las generaciones del porvenir,
inocentes del crimen cometido por aquellos. Nuestros teólogos católicos y
protestantes hallan que eso es muy profundo y muy justo, precisamente porque es
monstruosamente inicuo y absurdo. Luego, recordando que no era sólo un Dios de
venganza y de cólera, sino un Dios de amor, después de haber atormentado la
existencia de algunos millares de pobres seres humanos y de haberlos condenado a
un infierno eterno, tuvo piedad del resto y para salvarlo, para reconciliar su
amor eterno y divino con su cólera eterna y divina siempre ávida de
víctimas y de sangre, envió al mundo, como una víctima expiatoria, a su hijo
único a fin de que fuese muerto por los hombres. Eso se llama el misterio de la
redención, base de todas las religiones cristianas. ¡Y si el divino salvador
hubiese salvado siquiera al mundo humano! Pero no; en el paraíso prometido por
Cristo, se sabe, puesto que es anunciado solemnemente, que o habrá más que muy
pocos elegidos. El resto, la inmensa mayoría de las generaciones presentes y del
porvenir, arderá eternamente en el infierno. En tanto, para consolarnos, Dios,
siempre justo, siempre bueno, entrega la tierra al gobierno de los Napoleón III,
de los Guillermo I, de los Femando de Austria y de los Alejandro de todas las
Rusias.
Tales son los cuentos absurdos que se divulgan y tales son las doctrinas
monstruosas que se enseñan en pleno siglo XIX, en todas las escuelas populares
de Europa, por orden expresa de los gobiernos. ¡A eso se llama civilizar a los
pueblos! ¿No es evidente que todos esos gobiernos son los envenenadores
sistemáticos, los embrutecedores interesados de las masas populares?
Me he dejado arrastrar lejos de mi asunto, por la cólera que se apodera de mí
siempre que pienso en los innobles y criminales medios que se emplean para
conservar las naciones en una esclavitud eterna, a fin de poder esquilmarlas
mejor, sin duda alguna. ¿Qué significan los crímenes de todos los Tropmann del
mundo en presencia de ese crimen de lesa humanidad que se comete diariamente, en
pleno día, en toda la superficie del mundo civilizado, por aquellos mismos que
se atreven a llamarse tutores y padres de pueblos? Vuelvo al mito del pecado
original.
Dios dio la razón a Satanás y reconoció que el diablo o había engañado a Adán y
a Eva prometiéndoles la ciencia y la libertad, como recompensa del acto de
desobediencia que les había inducido a cometer; porque tan pronto como hubieron
comido del fruto prohibido, Dios se dijo a sí mismo (véase la Biblia): “He aquí
que el hombre se ha convertido en uno de nosotros, sabe del bien y del mal;
impidámosle, pues, comer del fruto de la vida eterna, a fin de que no se haga
inmortal como nosotros.”
Dejemos ahora a un lado la parte fabulesca de este mito y consideremos su
sentido verdadero. El sentido es muy claro. El hombre se ha emancipado, se ha
separado de la animalidad y se ha constituido como hombre; ha comenzado su
historia y su desenvolvimiento propiamente humano por un acto de desobediencia y
de ciencia, es decir, por la rebeldía y por el pensamiento.
Tres elementos o, si queréis, tres principios fundamentales, constituyen las
condiciones esenciales de todo desenvolvimiento humano, tanto colectivo como
individual, en la historia: 1º la animalidad humana; 2º el pensamiento, y 3º la
rebeldía. A la primera corresponde propiamente la economía social y privada; la
segunda, la ciencia, y a la tercera, la libertad.
Los idealistas de todas las escuelas, aristócratas y burgueses, teólogos y
metafísicos, políticos y moralistas, religiosos, filósofos o poetas, sin olvidar
los economistas liberales, adoradores desenfrenados de lo ideal, como se sabe-,
se ofenden mucho cuando se les dice que el hombre, con toda su inteligencia
magnifica, sus ideas sublimes y sus aspiraciones infinitas, no es, como todo lo
que existe en el mundo, más que materia, más que un producto de esa vil materia.
Podríamos responderles que la materia de que hablan los materialistas -materia
espontánea y eternamente móvil, activa, productiva; materia química u
orgánicamente determinada, y manifestada por las propiedades o las fuerzas
mecánicas, físicas, animales o inteligentes que le son inherentes por fuerza- no
tiene nada en común con la vil materia de los idealistas. Esta última, producto
de su falsa abstracción, es efectivamente un ser estúpido, inanimado, inmóvil,
incapaz de producir la menor de las cosas, un caput mortum, una rastrera
imaginación opuesta a esa bella imaginación que llaman Dios, ser supremo ante el
que a materia, la materia de ellos, despojada por ellos mismos de todo lo que
constituye la naturaleza real, representa necesariamente la suprema Nada. Han
quitado a la materia la inteligencia, la vida, todas las cualidades
determinantes, las relaciones activas o las fuerzas, el movimiento mismo sin el
cual la materia no sería siquiera pesada, no dejándole más que la
imponderabilidad y la inmovilidad absoluta en el espacio; han atribuido todas
esas fuerzas, propiedades y manifestaciones naturales, al ser imaginario creado
por su fantasía abstractiva; después, tergiversando los papeles, han llamado a
ese producto de su imaginación, a ese fantasma, a ese Dios que es la Nada: “Ser
supremo”. Por consiguiente han declarado que el ser real, la materia, el mundo,
es la Nada. Después de eso vienen a decirnos gravemente que esa materia es
incapaz de reducir nada, ni aun de ponerse en movimiento por sí misma, y que,
por consiguiente, ha debido ser creada por Dios.
En otro escrito he puesto al desnudo los absurdos verdaderamente repulsivos a
que se es llevado fatalmente por esa imaginación de un Dios, sea personal, sea
creador y ordenador de los mundos; sea impersonal y considerado como una especie
de alma divina difundida en todo el universo, del que constituiría el principio
eterno; o bien como idea indefinida y divina, siempre presente y activa en el
mundo y manifestada siempre por la totalidad de seres materiales y finitos. Aquí
me limitaré a hacer resaltar un solo punto.
Se concibe perfectamente el desenvolvimiento sucesivo del mundo material, tanto
como de la vida orgánica, animal, y de la inteligencia históricamente
progresiva, individual y social, del hombre en ese mundo. Es un movimiento por
completo natural de lo simple a lo compuesto, de abajo arriba o de lo inferior a
lo superior; un movimiento conforme a todas nuestras experiencias diarias, y,
por consiguiente, conforme también a nuestra lógica natural, a las propias leyes
de nuestro espíritu, que, no conformándose nunca y no pudiendo desarrollarse más
que con la ayuda de esas mismas experiencias, no es, por decirlo así, más que la
reproducción mental, cerebral, o su resumen reflexivo.
El sistema de los idealistas nos presenta completamente lo contrario. Es el
trastorno absoluto de todas experiencias humanas y de ese buen sentido universal
y común que es condición esencial de toda entente humana y que, elevándose de
esa verdad tan simple tan unánimemente reconocida de que dos más dos son cuatro,
hasta las consideraciones científicas más sublimes y más complicadas, no
admitiendo por otra parte nunca nada que no sea severamente confirmado por la
experiencia o por la observación de las cosas o de los hechos, constituye la
única base seria de los conocimientos humanos.
En lugar de seguir la vía natural de abajo arriba, e lo inferior a lo superior y
de lo relativamente simple a lo complicado; en lugar de acompañar prudente,
racionalmente, el movimiento progresivo y real del mundo llamado inorgánico al
mundo orgánico, vegetal, después animal, y después específicamente humano; de la
materia química o del ser químico a la materia viva o al ser vivo, y del ser
vivo al ser pensante, los idealistas, obsesionados, cegados e impulsados por el
fantasma divino que han heredado de la teología, toman el camino absolutamente
contrario. Proceden de arriba a abajo, de lo superior a lo inferior, de lo
complicado a lo simple. Comienzan por Dios, sea como persona, sea como sustancia
o idea divina, y el primer paso que dan es una terrible voltereta de las alturas
sublimes del eterno ideal al fango del mundo material; de la perfección absoluta
a la imperfección absoluta; del pensamiento al Ser, o más bien del Ser supremo a
la Nada. Cuándo, cómo y por qué el ser divino,
eterno, infinito, lo Perfecto absoluto, probablemente hastiado de sí mismo, se
ha decidido al salto mortale desesperado; he ahí lo que ningún idealista, ni
teólogo, ni metafísico, ni poeta ha sabido comprender jamás él mismo ni explicar
a los profanos.
Todas las religiones pasadas y presentes y todos los sistemas de filosofía
transcendentes ruedan sobre ese único o inicuo misterio. Santos hombres,
legisladores inspirados, profetas, Mesías, buscaron en él la vida y no hallaron
más que la tortura y la muerte. Como la esfinge antigua, los ha devorado, porque
no han sabido explicarlo. Grandes filósofos, desde Heráclito y Platón hasta
Descartes, Spinoza, Leibnitz, Kant, Fichte, Schelling y Hegel, sin hablar de los
filósofos hindúes, han escrito montones de volúmenes y han creado sistemas tan
ingeniosos como sublimes, en los cuales dijeron de paso muchas bellas y grandes
cosas y descubrieron verdades inmortales, pero han dejado ese misterio, objeto
principal de sus investigaciones trascendentes, tan insondable como lo había
sido antes de ellos. Pero puesto que los esfuerzos gigantes -como de los más
admirables genios que el mundo conoce y que durante treinta siglos al menos han
emprendido siempre de nuevo ese trabajo de Sísifo- no han
culminado sino en la mayor incomprensión aún de ese misterio, ¿podremos esperar
que nos será descubierto hoy por las especulaciones rutinarias de algún
discípulo pedante de una metafísica artificiosamente recalentadas y eso en una
época en que todos los espíritus vivientes y serios se han desviado de esa
ciencia explicable, surgida de una transacción, históricamente explicable sin
duda, entre la irracionalidad de la fe y la sana razón científica?
Es evidente que este terrible misterio es inexplicable, es decir, que es
absurdo, porque lo absurdo es lo único que no se puede explicar. Es evidente que
el que tiene necesidad de él para su dicha, para su vida, debe renunciar a su
razón y, volviendo, si puede, a la ingenua, ciega, estúpida, repetir con
Tertuliano y con todos los creyentes sinceros estas palabras que resumen la
quintaesencia misma de la teología: Credoquia absurdum. Entonces toda discusión
cesa, y no queda más que la estupidez triunfante de la fe. Pero entonces se
promueve también otra cuestión: ¿Cómo puede nacer en un hombre inteligente e
instruido la necesidad de creer en ese misterio?
Que la creencia en Dios creador, ordenador y juez, maldiciente, salvador y
bienhechor del mundo se haya conservado en el pueblo, y sobre todo en las
poblaciones rurales, mucho más aún que en el proletariado de las ciudades, nada
más natural. El pueblo desgraciadamente, es todavía muy ignorante; y es
mantenido en su ignorancia por los esfuerzos sistemáticos de todos los
gobiernos, que consideran esa ignorancia, no sin razón, como una de las
condiciones más esenciales de su propia potencia. Aplastado por su trabajo
cotidiano, privado de ocio, de comercio intelectual, de lectura, en fin, de casi
todos los medios y de una buena parte de los estimulantes que desarrollan la
reflexión en los hombres, el pueblo acepta muy a menudo, sin crítica y en
conjunto las tradiciones religiosas que, envolviéndolo desde su nacimiento en
todas las circunstancias de su vida, y artificialmente mantenidas en su seno por
una multitud de envenenadores oficiales de toda especie, sacerdotes y laicos, se
transforman en él en una suerte de hábito mental moral, demasiado a menudo más
poderoso que su buen sentido natural.
Hay otra razón que explica y que legitima en cierto modo las creencias absurdas
del pueblo. Es la situación miserable a que se encuentra fatalmente condenado
por la organización económica de la sociedad en los países más civilizados de
Europa. Reducido, tanto intelectual y moralmente como en su condición material
al mínimo de una existencia humana, encerrado en su vida como un prisionero en
su prisión, sin horizontes, sin salida, sin porvenir mismo, si se cree a los
economistas, el pueblo debería tener el alma singularmente estrecha y el
instinto achatado de los burgueses para no experimentar la necesidad de salir de
ese estado; pero para eso no hay más que tres medios, dos de ellos ilusorios y
el tercero real. Los dos primeros son el burdel y la iglesia, el libertinaje del
cuerpo y el libertinaje del alma; el tercero es la revolución social. De donde
concluyo que esta última únicamente, mucho más al menos que todas las
propagandas teóricas de los librepensadores, será capaz de
destruir hasta los mismos rastros de las creencias religiosas y de los hábitos
de desarreglo en el pueblo, creencias y hábitos que están más íntimamente
ligados de lo que se piensa; que, sustituyendo los goces a la vez ilusorios y
brutales de ese libertinaje corporal y espiritual, por los goces tan delicados
como reales de la humanidad plenamente realizada en cada uno de nosotros y en
todos, la revolución social únicamente tendrá el poder de cerrar al mismo tiempo
todos los burdeles y todas las iglesias.
Hasta entonces, el pueblo, tomado en masa, creerá, y si no tiene razón para
creer, tendrá al menos el derecho.
Hay una categoría de gentes que, si no cree, debe menos aparentar que cree. Son
todos los atormentadores, todos los opresores y todos los explotadores de la
humanidad. Sacerdotes, monarcas, hombres de Estado, hombres de guerra,
financistas públicos y privados, funcionarios de todas las especies, policías,
carceleros y verdugos, monopolizadores, capitalistas, empresarios y
propietarios, abogados, economistas, políticos de todos los colores, hasta el
último comerciante, todos repetirán al unísono estas palabras de Voltaire:
Si Dios no existiese habría que inventario. Porque, comprenderéis, es precisa
una religión para el pueblo. Es la válvula de seguridad.
Existe, en fin, una categoría bastante numerosa de almas honestas, pero débiles,
que, demasiado inteligentes para tomar en serio los dogmas cristianos, los
rechazan en detalle, pero no tienen ni el valor, ni la fuerza, ni la resolución
necesarios para rechazarlos totalmente. Dejan a vuestra crítica todos los
absurdos particulares de la religión, se burlan de todos los milagros, pero se
aferran con desesperación al absurdo principal, fuente de todos los demás, al
milagro que explica y legitima todos los otros milagros: a la existencia de
Dios. Su Dios no es el ser vigoroso y potente, el Dios brutalmente positivo de
la teología. Es un ser nebuloso, diáfano, ilusorio, de tal modo ilusorio que
cuando se cree palparle se transforma en Nada; es un milagro, un ignis fatuus
que ni calienta ni ilumina. Y, sin embargo, sostienen y creen que si
desapareciese, desaparecería todo con él. Son almas inciertas, enfermizas,
desorientadas en la civilización actual, que no pertenecen ni al presente ni
al porvenir, pálidos fantasmas eternamente suspendidos entre el cielo y la
tierra, y que ocupan entre la política burguesa y el socialismo del proletariado
absolutamente la misma posición. No se sienten con fuerza ni para pensar hasta
el fin, ni para querer, ni para resolver, y pierden su tiempo y su labor
esforzándose siempre por conciliar lo inconciliable. En la vida pública se
llaman socialistas burgueses.
Ninguna discusión con ellos ni contra ellos es posible. Están demasiado
enfermos.
Pero hay un pequeño número de hombres ilustres, de los cuales nadie se atreverá
a hablar sin respeto, y de los cuales nadie pensará en poner en duda ni la salud
vigorosa, ni la fuerza de espíritu, ni la buena fe. Baste citar los nombres de
Mazzini, de Michelet, de Quinet, de John Stuart Mill. Almas generosas y fuertes,
grandes corazones, grandes espíritus, grandes escritores y, el primero,
resucitador heroico y revolucionario de una gran nación, son todos los apóstoles
del idealismo y los adversarios apasionados del materialismo, y por consiguiente
también del socialismo, en filosofía como en política.
Es con ellos con quienes hay que discutir esta cuestión.
Comprobemos primero que ninguno de los hombres ilustres que acabo de mencionar,
ni ningún otro pensador idealista un poco importante de nuestros días, se ha
ocupado propiamente de la parte lógica de esta cuestión. Ninguno ha tratado de
resolver filosóficamente la posibilidad del salto mortale divino de las regiones
eternas y puras del espíritu al fango del mundo material. ¿Tienen temor a
abordar esa insoluble contradicción y desesperan de resolverla después que han
fracasado los más grandes genios de la historia, o bien a han considerado como
suficientemente resuelta ya? Es su secreto. El hecho es que han dejado a un lado
la demostración teórica de la existencia de un Dios, y que no han desarrollado
más que las razones y las consecuencias prácticas de ella. Han hablado de ella
todos como de un hecho universalmente aceptado y como tal imposible de
convertirse en objeto de una duda cualquiera, limitándose, por toda prueba, a
constatar la antigüedad y la universalidad misma de la
creencia en Dios.
Esta unanimidad imponente, según la opinión de muchos hombres y escritores
ilustres, y para no citar sino los más renombrados de ellos, según la opinión
elocuentemente expresada de Joseph de Maistre y del gran patriota italiano
Giuseppe Mazzini, vale más que todas las demostraciones de la ciencia; y si la
idea de un pequeño número de pensadores consecuentes y aun muy poderosos, pero
aislados, le es contraria, tanto peor, dicen ellos, para esos pensadores y para
su lógica, porque el consentimiento general, la adopción universal y antigua de
una idea han sido considerados en todos los tiempos como la prueba más
victoriosa de su verdad. El sentimiento de todo el mundo, una convicción que se
encuentra y se mantiene siempre y en todas partes, no podría engañarse. Debe
tener su raíz en una necesidad absolutamente inherente a la naturaleza misma del
hombre. Y puesto que ha sido comprobado que todos los pueblos pasados y
presentes han creído y creen en la existencia de Dios, es evidente que
los que tienen la desgracia de dudar de ella, cualquiera que sea la lógica que
los haya arrastrado a esa duda, son excepciones anormales, monstruos.
Así, pues, la antigüedad y la universalidad de una creencia serían, contra toda
la ciencia y contra toda lógica, una prueba suficiente e irreductible de su
verdad. ¿Y por qué?
Hasta el siglo de Copérnico y de Galileo, todo el mundo había creído que el Sol
daba vueltas alrededor de la Tierra. ¿No se engañó todo el mundo? ¿Hay cosa más
antigua y más universal que la esclavitud? La antropofagia quizá. Desde el
origen de la sociedad histórica hasta nuestros días hubo siempre y en todas
partes explotación del trabajo forzado de las masas, esclavas, siervas o
asalariadas, por alguna minoría dominante; la opresión de los pueblos por la
iglesia y por el estado. ¿Es preciso concluir que esa explotación y esa opresión
sean necesidades absolutamente inherentes a la existencia misma de la sociedad
humana?. He ahí ejemplos que muestran que la argumentación de los abogados del
buen Dios no prueba nada.
Nada es en efecto tan universal y tan antiguo como lo inicuo y lo absurdo, y, al
contrario, son la verdad la justicia las que, en el desenvolvimiento de las
sociedades humanas, son menos universales y más jóvenes; lo que explica también
el fenómeno histórico constante de las persecuciones inauditas de que han sido y
continúan siendo objeto aquellos que las proclaman, primero por parte de los
representantes oficiales, patentados e interesados de las creencias
“universales” y “antiguas”, y a menudo por parte también de aquellas mismas
masas populares que, después de haberlos atormentado, acaban siempre por adoptar
y hacer triunfar sus ideas.
Para nosotros, materialistas y socialistas revolucionarios, no hay nada que nos
asombre ni nos espante en ese fenómeno histórico. Fuertes en nuestra conciencia,
nuestro amor a la verdad, en esa pasión lógica que constituye por sí una gran
potencia, y al margen de la cual no hay pensamiento; fuertes en nuestra pasión
por la justicia y en nuestra fe inquebrantable en el triunfo de la humanidad
sobre todas las bestialidades teóricas prácticas; fuertes, en fin, en la
confianza y en el apoyo mutuos que se prestan el pequeño número de los que
comparten nuestras convicciones, nos resignamos por nosotros mismos a todas las
consecuencias de ese fenómeno histórico, en el que vemos la manifestación de una
ley social tan natural, tan necesaria y tan invariable como todas las demás
leyes que gobiernan el mundo.
Esta ley es una consecuencia lógica, inevitable, del origen animal de la
sociedad humana; ahora bien, frente a todas las pruebas científicas,
psicológicas, históricas que se han acumulado en nuestros días, tanto como
frente a los hechos de los alemanes, conquistas de Francia, que dan hoy una
demostración tan brillante de ello, no es posible, verdaderamente, dudar de la
realidad de ese origen. Pero desde el momento que se acepta ese origen animal
del hombre, se explica todo. La historia se nos aparece, entonces, como la
negación revolucionaria, ya sea lenta, apática, adormecida, ya sea apasionada y
poderosa del pasado. Consiste precisamente en la negación progresiva de la
animalidad primera del hombre por el desenvolvimiento de su humanidad. El
hombre, animal feroz, primo del gorila, ha partido de la noche profunda del
instinto animal para llegar a la luz del espíritu, lo que explica de una manera
completamente natural todas sus divagaciones pasadas, y nos consuela en parte de
sus
errores presentes. Ha partido de la esclavitud animal y después de atravesar su
esclavitud divina, término transitorio entre su animalidad y su humanidad,
marcha hoy a la conquista y a la realización de su libertad humana. De donde
resulta que la antigüedad de una creencia, de una idea, lejos de probar algo en
su favor, debe, al contrario, hacérnosla sospechosa. Porque detrás de nosotros
está nuestra animalidad y ante nosotros la humanidad, y la luz humana, la única
que puede calentarnos e iluminamos, la única que puede emanciparnos, nos hace
dignos, libres, dichosos, y la realización de la fraternidad entre nosotros no
está al principio, sino, relativamente a la época en que vive, al fin de la
historia. No miremos, pues, nunca atrás, miremos siempre hacia adelante, porque
adelante está nuestro sol y nuestra salvación; y si es permitido, si es útil y
necesario volver nuestra vista al estudio de nuestro pasado, no es más que para
comprobar lo que hemos sido y lo que no debemos ser
más, lo que hemos creído y pensado, y lo que no debemos creer ni pensar más, lo
que hemos hecho y lo que no debemos volver a hacer.
Esto por lo que se refiere a la antigüedad. En cuanto a la universalidad de un
error, no prueba más que una cosa: la similitud, si no la perfecta identidad de
la naturaleza humana en todos los tiempos y bajo todos los climas. Y puesto que
se ha comprobado que los pueblos de todas las épocas de su vida han creído, y
creen todavía, en Dios, debemos concluir simplemente que la idea divina, salida
de nosotros mismos, es un error históricamente necesario en el desenvolvimiento
de la humanidad, y preguntarnos por qué y cómo se ha producido en la historia,
por qué la inmensa mayoría de la especie humana la acepta aún como una verdad.
En tanto que no podamos darnos cuenta de la manera cómo se produjo la idea de un
mundo sobrenatural y divino y cómo ha debido fatalmente producirse en el
desenvolvimiento histórico de la conciencia humana, podremos estar
científicamente convencidos del absurdo de esa idea, pero no llegaremos a
destruirla nunca en la opinión de la mayoría. En efecto: no estaremos en
condiciones de atacarla en las profundidades mismas del ser humano, donde ha
nacido, y, condenados una lucha estéril, sin salida y sin fin, deberemos
contentamos siempre con combatirla sólo en la superficie, en sus innumerables
manifestaciones, cuyo absurdo, apenas derribado por los golpes del sentido
común, renacerá inmediatamente bajo una forma nueva no menos insensata. En tanto
que persista la raíz de todos los absurdos que atormentan al mundo, la creencia
en Dios permanecerá intacta, no cesará de echar nuevos retoños. Es así como en
nuestros días, en ciertas regiones de la más alta sociedad, el espiritismo
tiende a
instalarse sobre las ruinas del cristianismo.
No es sólo en interés de las masas, sino también en de la salvación de nuestro
propio espíritu debemos forzarnos en comprender la génesis histórica de la idea
de Dios, la sucesión de las causas que desarrollaron produjeron esta idea en la
conciencia de los hombres. Podremos decirnos y creernos ateos: en tanto que no
hayamos comprendido esas causas, nos dejaremos dominar más o menos por los
clamores de esa conciencia universal de la que no habremos sorprendido el
secreto; y, vista la debilidad natural del individuo, aun del más fuerte ante la
influencia omnipotente del medio social que lo rodea, corremos siempre el riesgo
de volver a caer tarde o temprano, y de una manera o de otra, en el abismo del
absurdo religioso. Los ejemplos e esas conversiones vergonzosas son frecuentes
en la sociedad actual.
He señalado ya la razón práctica principal del poder ejercido aún hoy por las
creencias religiosas sobre las masas. Estas disposiciones místicas no denotan
tanto en sí una aberración del espíritu como un profundo descontento del
corazón. Es la protesta instintiva y apasionada del ser humano contra las
estrecheces, las chaturas, los dolores y las vergüenzas de una existencia
miserable. Contra esa enfermedad, he dicho, no hay más que un remedio: la
revolución social.
Entre tanto, otras veces he tratado de exponer las causas que presidieron el
nacimiento y el desenvolvimiento histórico de las alucinaciones religiosas en la
conciencia del hombre. Aquí no quiero tratar esa cuestión de la existencia de un
Dios, o del origen divino del mundo y del hombre, más que desde el punto de
vista de su utilidad moral y social, y sobre la razón teórica de esta creencia
no diré más que pocas palabras, a fin de explicar mejor mi pensamiento.
Todas las religiones, con sus dioses, sus semidioses y sus profetas, sus Mesías
y sus santos, han sido creadas por la fantasía crédula de los hombres, no
llegados aún al pleno desenvolvimiento y a la plena posesión de sus facultades
intelectuales; en consecuencia de lo cual, el cielo religioso no es otra cosa
que un milagro donde el hombre, exaltado por la ignorancia y la fe, vuelve a
encontrar su propia imagen, pero agrandada y trastrocada, es decir, divinizada.
La historia de las religiones, la del nacimiento, de la grandeza y de la
decadencia de los dioses que se sucedieron en la creencia humana, no es nada más
que el desenvolvimiento de la inteligencia y de la conciencia colectiva de los
hombres. A medida que, en su marcha históricamente regresiva, descubrían, sea en
sí mismos, sea en la naturaleza exterior, una fuerza, una cualidad o un defecto
cualquiera, lo atribuían a sus dioses, después de haberlos exagerado, ampliado
desmesuradamente, como lo hacen de ordinario los niños,
por un acto de su fantasía religiosa. Gracias a esa modestia y a esa piadosa
generosidad de los hombres creyentes y crédulos, el cielo se ha enriquecido con
los despojos de la tierra y, por una consecuencia necesaria, cuanto más rico se
volvía el cielo, más miserable se volvía la tierra. Una vez instalada la
divinidad, fue proclamada naturalmente la causa, la razón, el árbitro y el
dispensador absoluto de todas las cosas: el mundo no fue ya nada, la divinidad
lo fue todo; y el hombre, su verdadero creador, después de haberla sacado de la
nada sin darse cuenta, se arrodilló ante ella, la adoró y se proclamó su
criatura y su esclavo.
El cristianismo es, precisamente, la religión por excelencia, porque expone y
manifiesta, en su plenitud, la naturaleza, la propia esencia de todo sistema
religioso, que es el empobrecimiento, el sometimiento, el aniquilamiento de la
humanidad en beneficio de la divinidad.
Siendo Dios todo, el mundo real y el hombre no son nada. Siendo Dios la verdad,
la justicia, el bien, lo bello, la potencia y la vida, el hombre es la mentira,
la iniquidad, el mal, la fealdad, la impotencia y la muerte. Siendo Dios el amo,
el hombre es el esclavo. Incapaz de hallar por sí mismo la justicia, la verdad y
la vida eterna, no puede llegar a ellas más que mediante una revelación divina.
Pero quien dice revelación, dice reveladores, Mesías, profetas, sacerdotes y
legisladores inspirados por Dios, mismo; y una vez reconocidos aquellos como
representantes de la divinidad en la Tierra, como los santos institutores de la
humanidad, elegidos por Dios mismo para dirigirla por la vía de la salvación,
deben ejercer necesariamente un poder absoluto. Todos los hombres les deben una
obediencia ilimitada y pasiva, porque contra la razón divina no hay razón humana
y contra la justicia de Dios no hay justicia terrestre que se mantengan.
Esclavos de Dios, los hombres deben serlo también
de la iglesia y del Estado, en tanto que este último es consagrado por la
iglesia. He ahí lo que el cristianismo comprendió mejor que todas las religiones
que existen o que han existido, sin exceptuar las antiguas religiones
orientales, que, por lo demás, no han abarcado más que pueblos concretos y
privilegiados, mientras que el cristianismo tiene la pretensión de abarcar la
humanidad entera; y he ahí lo que, de todas las sectas cristianas, sólo el
catolicismo romano ha proclamado y realizado con una consecuencia rigurosa. Por
eso el cristianismo es la religión absoluta, la religión última, y la iglesia
apostólica y romana la única consecuente, legítima y divina.
Que no parezca mal a los metafísicos y a los idealistas religiosos, filósofos,
políticos o poetas: la idea de Dios implica la abdicación de la razón humana y
de la justicia humana, es la negación más decisiva de la libertad humana y lleva
necesariamente a la esclavitud los hombres, tanto en la teoría como en la
práctica.
A menos de querer la esclavitud y el envilecimiento de los hombres, como lo
quieren los jesuitas, como lo quieren los monjes, los pietistas o los metodistas
protestantes, no podemos, no debemos hacer la menor concesión ni al dios de la
teología ni al de la metafísica porque en ese alfabeto místico, el que comienza
por decir A deberá fatalmente acabar diciendo Z, y el que quiere adorar a Dios
debe, sin hacerse ilusiones pueriles, renunciar bravamente a su libertad y a su
humanidad.
Si Dios existe, el hombre es esclavo; ahora bien, el hombre puede y debe ser
libre: por consiguiente, Dios no existe.
Desafío a quienquiera que sea a salir de ese círculo, y ahora, escojamos.
¿Es necesario recordar cuánto y cómo embrutecen y corrompen las religiones a los
pueblos? Matan en ellos la razón, ese instrumento principal de la emancipación
humana, y los reducen a la imbecilidad, condición esencial de su esclavitud.
Deshonran el trabajo humano y hacen de él un signo y una fuente de servidumbre.
Matan la noción y el sentimiento de la justicia humana, haciendo inclinar
siempre la balanza del lado de los pícaros triunfantes, objetos privilegiados de
la gracia divina. Matan la altivez y la dignidad, no protegiendo más que a los
que se arrastran y a los que se humillan. Ahogan en el corazón de los pueblos
todo sentimiento de fraternidad humana, llenándolo de crueldad divina.
Todas las religiones son crueles, todas están fundadas en la sangre, porque
todas reposan principalmente sobre la idea del sacrificio, es decir, sobre la
inmolación perpetua de la humanidad a la insaciable venganza de la divinidad. En
ese sangriento misterio, el hombre es siempre la víctima, y el sacerdote, hombre
también, pero hombre privilegiado por la gracia, es el divino verdugo. Eso nos
explica por qué los sacerdotes de todas las religiones, los mejores, los más
humanos, los más suaves, tienen casi siempre en el fondo de su corazón -y si no
en el corazón en su imaginación, en espíritu (y ya se sabe la influencia
formidable que una otro ejercen sobre el corazón de los hombres)- por qué hay,
digo, en los sentimientos de todo sacerdote algo de cruel y de sanguinario.
Todo esto, nuestros ilustres idealistas contemporáneos lo saben mejor que nadie.
Son hombres sabios e conocen la historia de memoria; y como son al mismo tiempo
hombres vivientes, grandes almas penetradas por un amor sincero y profundo hacia
el bien de la humanidad, han maldito y zaherido todos estos efectos, todos estos
crímenes de la religión con una elocuencia sin igual. Rechazan con indignación
toda solidaridad con el Dios de las religiones positivas y con sus
representantes pasados y presentes sobre la Tierra.
El Dios que adoran o que creen adorar se distingue precisamente de los dioses
reales de la historia, en que no es un Dios positivo, ni determinado de ningún
modo, ya sea teológico, ya sea metafísicamente. No es ni el ser supremo de
Robespierre y de Rousseau, ni el Dios panteísta de Spinoza, ni siquiera el Dios
a la vez trascendente e inmanente y muy equívoco de Hegel. Se cuidan bien de
darle una determinación positiva cualquiera, sintiendo que toda determinación lo
sometería a la acción disolvente de la crítica. No dirán de él si es un Dios
personal o impersonal, si ha creado o si no ha creado el mundo; no hablarán
siquiera de su divina providencia. Todo eso podría comprometerlos. Se
contentarán con decir: “Dios” y nada más. Pero, ¿qué es su Dios? No es siquiera
una idea, es una aspiración.
Es el nombre genérico de todo lo que les parece de, bueno, bello, noble, humano.
Pero, ¿por qué dicen entonces: “hombre”? ¡Ah! es que el rey Guillermo de Prusia
y Napoleón III y todos sus semejantes son igualmente hombres; y he ahí lo que
más les embaraza. La humildad real nos presenta el conjunto de todo lo que hay
de más sublime, de más bello y de todo lo que hay de más vil y de más monstruoso
en el mundo. ¿Cómo salir de ese atolladero? Llaman a lo uno divino y a lo otro
bestial, representándose la divinidad y la animalidad como los dos polos entre
los cuales se coloca la humanidad. No quieren o no pueden emprender que esos
tres términos no forman más que uno y que si se los separa se los destruye.
No están fuertes en lógica, y se diría que la desprecian. Es eso lo que los
distingue de los metafísicos y deístas, y lo que imprime a sus ideas el carácter
de un idealismo práctico, sacando mucho menos sus inspiraciones del
desenvolvimiento severo de un pensamiento, que de las experiencias, casi diré de
las emociones, tanto históricas y colectivas como individuales de la vida. Eso
da a su propaganda una apariencia de riqueza y de potencia vital, pero una
apariencia solamente porque la vida misma se hace estéril cuando es paralizada
por una contradicción lógica.
La contradicción es ésta: quieren a Dios y quieren a la humanidad. Se obstinan
en poner juntos esos dos términos, que, una vez separados, no pueden encontrarse
de nuevo más que para destruirse recíprocamente. Dicen de un tirón: “Dios y la
libertad del hombre”; “Dios y la dignidad, la justicia, la igualdad, la
fraternidad y la prosperidad de los hombres”, sin preocuparse de la lógica fatal
conforme a la cual, si Dios existe todo queda condenado a la no-existencia.
Porque si Dios existe es necesariamente el amo eterno, supremo, absoluto, y si
amo existe el hombre es esclavo; pero si es esclavo, no hay para él ni justicia
ni igualdad ni fraternidad ni prosperidad posibles. Podrán, contrariamente al
buen sentido y a todas las experiencias de la historia, reventarse a su Dios
animado del más tierno amor por la libertad humana: un amo, haga lo que quiera y
por liberal que quiera mostrarse, no deja de ser un amo y su existencia implica
necesariamente la esclavitud de todo lo que se
encuentra por debajo de él.
Por consiguiente, si Dios existiese, no habría para él más que un solo medio de
servir a la libertad humana: dejar de existir.
Como celoso amante de la libertad humana y considerándolo como la condición
absoluta de todo lo que adoramos y respetamos en la humanidad, doy vuelta a la
frase de Voltaire y digo: si Dios existiese realmente, habría que hacerlo
desaparecer.
La severa lógica que me dicta estas palabras es demasiado evidente para que
tenga necesidad de desarrollar más esta argumentación. Y me parece imposible que
los hombres ilustres a quienes mencioné, tan célebres y tan justamente
respetados, no hayan sido afectados por ella y no se hayan percatado de la
contradicción en que caen al hablar de Dios y de la libertad humana a la vez.
Para que lo hayan pasado por alto, a sido preciso que hayan pensado que esa
inconsecuencia o que esa negligencia lógica era necesaria prácticamente para el
bien mismo de la humanidad.
Quizá también, al hablar de la libertad como de una cosa que es para ellos muy
respetable y muy querida, la comprenden de distinto modo a como nosotros la
entendemos, nosotros, materialistas y socialistas revolucionarios. En efecto; no
hablan de ella sin añadir inmediatamente otra palabra, la de autoridad, una
palabra y una cosa que detestamos de todo corazón.
¿Qué es la autoridad? ¿Es el poder inevitable de las leyes naturales que se
manifiestan en el encadenamiento y en la sucesión fatal de los fenómenos, tanto
del mundo físico como del mundo social? En efecto; contra esas leyes, la
rebeldía no sólo está prohibida, sino que es imposible. Podemos desconocerlas o
no conocerlas siquiera, pero no podemos desobedecerlas, porque constituyen la
base y las condiciones mismas de nuestra existencia; nos envuelven, nos
penetran, regulan todos nuestros movimientos, nuestros pensamientos y nuestros
actos; de manera que, aun cuando las queramos desobedecer, no hacemos más que
manifestar su omnipotencia.
Sí, somos absolutamente esclavos de esas leyes. Pero no hay nada de humillante
en esa esclavitud. Porque la esclavitud supone un amo exterior, un legislador
que se encuentre al margen de aquel a quien ordena; mientras que estas leyes no
están fuera de nosotros, nos son inherentes, constituyen nuestro ser, todo
nuestro ser, tanto corporal como intelectual y moral; no vivimos, no respiramos,
no obramos, no pensamos, no queremos sino mediante ellas. Fuera de ellas no
somos nada, no somos. ¿De dónde procedería, pues, nuestro poder y nuestro querer
rebelamos contra ellas?.
Frente a las leyes naturales no hay para el hombre más que una sola libertad
posible: la de reconocerlas y de aplicarlas cada vez más, conforme al fin de la
emanación o de la humanización, tanto colectiva como individual que persigue.
Estas leyes, una vez reconocidas, ejercen una autoridad que no es discutida por
la masa de los hombres. Es preciso, por ejemplo, ser loco o teólogo, o por lo
menos un metafísico, un jurista, o un economista burgués para rebelarse contra
esa ley según a cual dos más dos suman cuatro. Es preciso tener fe para
imaginarse que no se quemará uno en el fuego y que no se ahogará en el agua, a
menos que se recurra a algún subterfugio fundado aun sobre alguna otra ley
natural. Pero esas rebeldías, o más bien esas tentativas esas locas
imaginaciones de una rebeldía imposible no forman más que una excepción bastante
rara; porque, en general, se puede decir que la masa de los hombres, en su vida
cotidiana, se deja gobernar de una manera casi absoluta por el buen
sentido, lo que equivale a decir por la suma de las leyes generalmente
reconocidas.
La gran desgracia es que una gran cantidad de leyes naturales ya constadas como
tales por la ciencia, permanezcan desconocidas para las masas populares, gracias
a los cuidados de esos gobiernos tutelares que no existen, como se sabe, más que
para el bien de los pueblos... Hay otro inconveniente: la mayor parte de las
leyes naturales inherentes al desenvolvimiento de la sociedad humana, y que son
también necesarias, invariables, fatales, como las leyes que gobiernan el mundo
físico, no han sido debidamente comprobadas y reconocidas por la ciencia misma.
Una vez que hayan sido reconocidas primero por la ciencia y que la ciencia, por
medio de un amplio sistema de educación y de instrucción populares, las hayan
hecho pasar a la conciencia de todos, la cuestión de la libertad estará
perfectamente resuelta. Los autoritarios más recalcitrantes deben reconocer que
entonces no habrá necesidad de organización política ni de dirección ni de
legislación, tres cosas que, ya sea que emanen de la voluntad del soberano, ya
que resulten de los votos de un parlamento elegido por sufragio universal y aun
cuando estén conformes con el sistema de las leyes naturales -lo que no tuvo
lugar jamás y no tendrá jamás lugar-, son siempre igualmente funestas y
contrarias a la libertad de las masas, porque les impone un sistema de leyes
exteriores y, por consiguiente, despóticas.
La libertad del hombre consiste únicamente en esto, que obedece a las leyes
naturales, porque las ha reconocido él mismo como tales y no porque le hayan
sido impuestas exteriormente por una voluntad extraña, divina o humana
cualquiera, colectiva o individual.
Suponed una academia de sabios, compuesta por los representantes más ilustres de
la ciencia; suponed que esa academia sea encargada de la legislación, de la
organización de la sociedad y que, sólo inspirándose en el puro amor a la
verdad, no le dicte más que leyes absolutamente conformes a los últimos
descubrimientos de la ciencia. Y bien, yo pretendo que esa legislación y esa
organización serán una monstruosidad, y esto por dos razones: La primera, porque
la ciencia humana es siempre imperfecta necesariamente y, comparando lo que se
ha descubierto con lo que queda por descubrir, se puede decir que está todavía
en la cuna. De suerte que si quisiera forzar la vida práctica de los hombres,
tanto colectiva como individual, a conformarse estrictamente, exclusivamente con
los últimos datos de la ciencia, se condenaría a la sociedad y a los individuos
a sufrir el martirio sobre el lecho de Procusto, que acabaría pronto por
dislocarlos y por sofocarlos, pues la vida es siempre infinitamente
más amplia que la ciencia.
La segunda razón es ésta: una sociedad que obedeciere a la legislación de una
academia científica, no porque hubiere comprendido su carácter racional por sí
misma (en cuyo caso la existencia de la academia sería inútil), sino porque una
legislación tal, emanada de esa academia, se impondría en nombre de una ciencia
venerada sin comprenderla, sería, no una sociedad de hombres, sino de brutos.
Sería una segunda edición de esa pobre república del Paraguay que se dejó
gobernar tanto tiempo por la Compañía de Jesús. Una sociedad semejante no
dejaría de caer bien pronto en el más bajo grado del idiotismo.
Pero hay una tercera razón que hace imposible tal gobierno: es que una academia
científica revestida de esa soberanía digamos que absoluta, aunque estuviere
compuesta por los hombres más ilustres, acabaría infaliblemente y pronto por
corromperse moral e intelectualmente. Esta es hoy, ya, con los pocos privilegios
que se les dejan, la historia de todas las academias. El mayor genio científico,
desde el momento en que se convierte en académico, en sabio oficial, patentado,
cae inevitablemente y se adormece. Pierde su espontaneidad, su atrevimiento
revolucionario, y esa energía incómoda y salvaje que caracteriza la naturaleza
de los grandes genios, llamados siempre a destruir los mundos caducos y a echar
los fundamentos de mundos nuevos. Gana sin duda en cortesía, sabiduría
utilitaria y práctica, lo que pierde en potencia de pensamiento. Se corrompe, en
una palabra.
Es propio del privilegio y de toda posición privilegiada el matar el espíritu y
el corazón de los hombres. El hombre privilegiado, sea política, sea
económicamente, es un hombre intelectual y moralmente depravado. He ahí una ley
social que no admite ninguna excepción, y que se aplica tanto a las naciones
enteras como a las clases, a las compañías como a los individuos. Es la ley de
la igualdad, condición suprema de la libertad y de la humanidad. El objetivo
principal de este libro es precisamente desarrollarla y demostrar la verdad en
todas las manifestaciones de la vida humana.
Un cuerpo científico al cual se haya confiado el gobierno de la sociedad,
acabará pronto por no ocuparse absolutamente nada de la ciencia, sino de un
asunto distinto; y ese asunto, como sucede con todos los poderes establecidos,
será el de perpetuarse a sí mismo, haciendo que la sociedad confiada a sus
cuidados se vuelva cada vez más estúpida, y por consiguiente más necesitada de
su gobierno y de su dirección.
Pero lo que es verdad para las academias científicas es verdad igualmente para
todas las asambleas constituyentes y legislativas, aunque hayan salido del
sufragio universal. Este puede renovar su composición, es verdad, pero eso no
impide que se forme en unos pocos años un cuerpo de políticos, privilegiados de
hecho, o de derecho, y que, al dedicarse exclusivamente a la dirección de los
asuntos públicos de un país, acaban formar una especie de aristocracia o de
oligarquía política. Ved si no los Estados Unidos de América y Suiza.
Por tanto, nada de legislación exterior y de legislación interior, pues por otra
parte una es inseparable de la otra, y ambas tienden al sometimiento de la
sociedad y al embrutecimiento de los legisladores mismos.
¿Se desprende de esto que rechazo toda autoridad? Lejos de mí ese pensamiento.
Cuando se trata de zapatos, prefiero la autoridad del zapatero; si se trata de
una casa, de un canal o de un ferrocarril, consulto la del arquitecto o del
ingeniero. Para esta o la otra, ciencia especial me dirijo a tal o cual sabio.
Pero no dejo que se impongan a mí ni el zapatero, ni el arquitecto ni el sabio.
Les escucho libremente y con todo el respeto que merecen su inteligencia, su
carácter, su saber, pero me reservo mi derecho incontestable de crítica y de
control. No me contento con consultar una sola autoridad especialista, consulto
varias; comparo sus opiniones, y elijo la que me parece más justa. Pero no
reconozco autoridad infalible, ni aun en cuestiones especiales; por
consiguiente, no obstante el respeto que pueda tener hacia la honestidad y la
sinceridad de tal o cual individuo, no tengo fe absoluta en nadie. Una fe
semejante sería fatal a mi razón, la libertad y al éxito mismo de mis
empresas; me transformaría inmediatamente en un esclavo estúpido y en un
instrumento de la voluntad y de los intereses ajenos.
Si me inclino ante la autoridad de los especialistas si me declaro dispuesto a
seguir, en una cierta medida durante todo el tiempo que me parezca necesario sus
indicaciones y aun su dirección, es porque esa autoridad no me es impuesta por
nadie, ni por los hombres ni por Dios. De otro modo la rechazaría con honor y
enviaría al diablo sus consejos, su dirección y su ciencia, seguro de que me
harían pagar con la pérdida de mi libertad y de mi dignidad los fragmentos de
verdad humana, envueltos en muchas mentiras, que podrían darme.
Me inclino ante la autoridad de los hombres especiales porque me es impuesta por
la propia razón. Tengo conciencia de no poder abarcar en todos sus detalles y en
sus desenvolvimientos positivos más que una pequeña parte de la ciencia humana.
La más grande inteligencia no podría abarcar el todo. De donde resulta para la
ciencia tanto como para la industria, la necesidad de la división y de la
asociación del trabajo. Yo recibo y doy, tal es la vida humana. Cada uno es
autoridad dirigente y cada uno es dirigido a su vez. Por tanto no hay autoridad
fija y constante, sino un cambio continuo de autoridad y de subordinación
mutuas, pasajeras y sobre todo voluntarias.
Esa misma razón me impide, pues, reconocer una autoridad fija, constante y
universal, porque no hay hombre universal, hombre que sea capaz de abarcar con
esa riqueza de detalles (sin la cual la aplicación de la ciencia a la vida no es
posible), todas las ciencias, todas las ramas de la vida social. Y si una tal
universalidad pudiera realizarse en un solo hombre, quisiera prevalerse de ella
para imponemos su autoridad, habría que expulsar a ese hombre de la sociedad,
porque su autoridad reduciría inevitablemente a todos los demás a la esclavitud
y a la imbecilidad. No pienso que la sociedad deba maltratar a los hombres de
genio como ha hecho hasta el presente. Pero no pienso tampoco que deba
engordarlos demasiado, ni concederles sobre todo privilegios o derechos
exclusivos de ninguna especie; y esto por tres razones: primero, porque
sucedería a menudo que se tomaría a un charlatán por un hombre de genio; luego,
porque, por este sistema de privilegios, podría transformar en un
charlatán a un hombre de genio, desmoralizarlo y embrutecerlo, y en fin, porque
se daría uno a sí mismo un déspota.
Resumo. Nosotros reconocemos, pues, la autoridad absoluta de la ciencia, porque
la ciencia no tiene otro objeto que la reproducción mental, reflexiva y todo lo
sistemática que sea posible, de las leyes naturales inherentes a la vida tanto
material como intelectual y moral del mundo físico y del mundo social; esos dos
mundos no constituyen en realidad más que un solo y mismo mundo natural. Fuera
de esa autoridad, la única legítima, porque es racional y está conforme a la
naturaleza humana, declaramos que todas las demás son mentirosas, arbitrarias,
despóticas y funestas.
Reconocemos la autoridad absoluta de la ciencia, pero rechazamos la infabilidad
y la universalidad de los representantes de la ciencia. En nuestra iglesia
-séame permitido servirme un momento de esta expresión que por otra parte
detesto; la iglesia y el Estado mis dos bestias negras-, en nuestra iglesia,
como en la iglesia protestante, nosotros tenemos un jefe, un Cristo invisible,
la ciencia; y como los protestantes, consecuentes aún que los protestantes, no
quieren sufrir ni papas ni concilios, ni cónclaves de cardenales infalibles, ni
obispos, ni siquiera sacerdotes, nuestro Cristo se distingue del Cristo
protestante y cristiano en que este último es un ser personal, y el nuestro es
impersonal; el Cristo cristiano, realizado ya en un pasado eterno, se presenta
como un ser perfecto, mientras que la realización y el perfeccionamiento de
nuestro Cristo, de la ciencia, están siempre en el porvenir, lo que equivale a
decir que no se realizarán jamás. No reconociendo la autoridad
absoluta más que ciencia absoluta, no comprometemos de ningún momento nuestra
libertad.
Entiendo por las palabras “ciencia absoluta”, la única verdaderamente universal
que reproduciría idealmente el universo, en toda su extensión y en todos sus
detalles infinitos, el sistema o la coordinación de todas las leyes naturales
que se manifiestan en el desenvolvimiento incesante de los mundos. Es evidente
que esta ciencia, objeto sublime de todos los esfuerzos del espíritu humano, no
se realizará nunca en su plenitud absoluta. Nuestro Cristo quedará, pues,
eternamente inacabado, lo cual debe rebajar mucho el orgullo de sus presentantes
patentados entre nosotros. Contra ese Dios hijo, en nombre del cual pretenderían
imponernos autoridad insolente y pedantesca, apelaremos al Dios padre, que es el
mundo real, la vida real de lo cual El no es más que una expresión demasiado
imperfecta y de quien nosotros somos los representantes inmediatos, los seres
reales, que viven, trabajan, combaten, aman, aspiran, gozan y sufren.
Pero aun rechazando la autoridad absoluta, universal e infalible de los hombres
de ciencia, nos inclinamos voluntariamente ante la autoridad respetable, pero
relativa, muy pasajera, muy restringida, de los representantes de las ciencias
especiales, no exigiendo nada mejor que consultarles en cada caso y muy
agradecidos por las indicaciones preciosas que quieran darnos, a condición de
que ellos quieran recibirlas de nosotros sobre cosas y en ocasiones en que somos
más sabios que ellos; y en general, no pedimos nada mejor que ver a los hombres
dotados de un gran saber, de una gran experiencia, de un gran espíritu y de un
gran corazón sobre todo, ejercer sobre nosotros una influencia natural y
legítima, libremente aceptada, y nunca impuesta en nombre de alguna autoridad
oficial cualquiera que sea, terrestre o celeste. Aceptamos todas las autoridades
naturales y todas las influencias de hecho, ninguna de derecho; porque toda
autoridad o toda influencia de derecho, y como tal oficialmente
impuesta, al convertirse pronto en una opresión y en una mentira, nos impondría
infaliblemente, como creo haberío demostrado suficientemente, la esclavitud y el
absurdo.
En una palabra, rechazamos toda legislación, toda autoridad y toda influencia
privilegiadas, patentadas, oficiales y legales, aunque salgan del sufragio
universal, convencidos de que no podrán actuar sino en provecho de una minoría
dominadora y explotadora, contra los intereses de la inmensa mayoría sometida.
He aquí en qué sentido somos realmente anarquistas.
Los idealistas modernos entienden la autoridad de una manera completamente
diferente. Aunque libre de las supersticiones tradicionales de todas las
religiones as existentes, asocian, sin embargo, a esa idea de autoridad un
sentido divino, absoluto. Esta autoridad no es la de una verdad milagrosamente
revelada, ni la de una verdad rigurosa y científicamente demostrada. La fundan
sobre un poco de argumentación casi filosófica, y sobre mucha fe vagamente
religiosa, sobre mucho sentimiento ideal, abstractamente poético. Su religión es
como un último ensayo de divinización de lo que constituye la humanidad en los
hombres. Eso es todo lo contrario de la obra que nosotros realizamos. En vista
de la libertad humana, de la dignidad humana y de la prosperidad humana, creemos
deber quitar al cielo los bienes que ha robado a la tierra, para devolverlos a
la tierra; mientras que esforzándose por cometer un nuevo latrocinio
religiosamente heroico, ellos querrían al contrario, restituir de nuevo al
cielo, a ese divino ladrón hoy desenmascarado -pasado a su vez a saco por la
impiedad audaz y por el análisis científico de los librepensadores-, todo lo que
la humanidad contiene de más grande, de más bello, de más noble.
Les parece, sin duda, que, para gozar de una mayor autoridad entre los hombres,
las ideas y las cosas humanas deben ser investidas de alguna sanción divina.
¿Cómo se anuncia esa sanción? No por un milagro o en las religiones positivas,
sino por la grandeza o por la santidad misma de las ideas y de las cosas: lo que
es grande, lo que es bello, lo que es noble, lo que es justo, es reputado
divino. En este nuevo culto religioso, todo hombre que se inspira en estas
ideas, en estas cosas, se transforma en un sacerdote, inmediatamente consagrado
por Dios mismo. ¿Y la prueba? Es la grandeza misma de las ideas que expresa, y
de las cosas que realiza: no tiene necesidad de otra. Son tan santas que no
pueden haber sido inspiradas más que por Dios.
He ahí, en pocas palabras, toda su filosofía: filosofía de sentimientos, no de
pensamientos reales, una especie e pietismo metafísico. Esto parece inocente,
pero no lo es, y la doctrina muy precisa, muy estrecha y muy seca que se oculta
bajo la ola intangible de esas formas poéticas, conduce a los mismos resultados
desastrosos que todas las religiones positivas; es decir, a la negación más
completa de la libertad y de la dignidad humanas.
Proclamar como divino todo lo que haya de grande, justo, noble, bello en la
humanidad, es reconocer, implícitamente, que la humanidad habría sido incapaz
por sí misma de producirlo; lo que equivale a decir que abandonada a sí misma su
propia naturaleza es miserable, inicua, vil y fea. Henos aquí vueltos a la
esencia de toda religión, es decir, a la denigración de la humanidad para mayor
gloria de la divinidad. Y desde el momento que son admitidas la inferioridad
natural del hombre y su incapacidad profunda para elevarse por sí, fuera de toda
inspiración divina, hasta las ideas justas y verdaderas, se hace necesario
admitir también todas las consecuencias ideológicas, políticas y sociales de las
religiones positivas. Desde el momento que Dios, el ser perfecto y supremo se
pone frente a la humanidad, los intermediarios divinos, los elegidos, los
inspirados de Dios salen de la tierra para ilustrar, dirigir y para gobernar en
su nombre a la especie humana especie humana.
¿No se podría suponer que todos los hombres son igualmente inspirados por Dios?
Entonces no habría necesidad de intermediarios, sin duda. Pero esta suposición
es imposible, porque está demasiado contradicha por los hechos. Sería preciso
entonces atribuir a la inspiración divina todos los absurdos y los errores que
se manifiestan, y todos los horrores, las torpezas, las cobardías y las
tonterías que se cometen en el mundo humano. Por consiguiente, no hay en este
mundo más que pocos hombres divinamente inspirados. Son los grandes hombres de
la historia, los genios virtuosos como dice el ilustre ciudadano y profeta
italiano Giuseppe Mazzini. Inmediatamente inspirados por Dios mismo y apoyándose
en el consentimiento universal, expresado por el sufragio popular -Dio e Popo-,
están llamados a gobernar la sociedad humana.
Henos aquí de nuevo en la iglesia y en el Estado. Es verdad que en esa
organización nueva, establecida, como todas las organizaciones políticas
antiguas, por la gracia de Dios, pero apoyada esta vez, al menos en la forma, a
guisa de concesión necesaria al espíritu moderno, y como en los preámbulos de
los decretos imperiales de Napoleón III, sobre la voluntad (ficticia) del
pueblo; la iglesia no se llamará ya iglesia, se llamará escuela. Pero sobre los
bancos de esa escuela no se sentarán solamente los niños: estará el menor
eterno, el escolar reconocido incapaz para siempre de sufrir sus exámenes, de
elevarse a la ciencia de sus maestros y de pasarse sin su disciplina: el pueblo.
El Estado no se llamará ya monarquía, se llamará república, pero no dejará de
ser Estado, es decir, una tutela oficial y relarmente establecida por una
minoría de hombres competentes, de hombres de genio o de talento, virtuosos,
para vigilar y para dirigir la conducta de ese gran incorregible y niño
terrible: el Pueblo. Los profesores de la escuela y los funcionarios del Estado
se harán republicanos; pero no serán por eso menos tutores, pastores, y el
pueblo permanecerá siendo lo que ha sido eternamente hasta aquí: un rebaño.
Cuidado entonces con los esquiladores; porque allí donde hay un rebaño, habrá
necesariamente también esquiladores y aprovechadores del rebaño.
El pueblo, en ese sistema, será el escolar y el pupilo eterno. A pesar de su
soberanía completamente ficticia, continuará sirviendo de instrumento a
pensamientos, a voluntades y por consiguiente también a intereses que no serán
los suyos. Entre esta situación y la que llamamos de libertad, de verdadera
libertad, hay un abismo. Habrá, bajo formas nuevas, la antigua opresión y la
antigua esclavitud, y allí donde existe la esclavitud, están la miseria, el
embrutecimiento, la verdadera materialización de la sociedad, tanto de las
clases privilegiadas, como de las masas.
Al divinizar las cosas humanas, los idealistas llegan siempre al triunfo de un
materialismo brutal. Y esto por una razón muy sencilla: lo divino se evapora y
sube hacia su patria, el cielo, y en la tierra queda solamente lo brutal.
Si, el idealismo en teoría tiene por consecuencia necesaria el materialismo más
brutal en la práctica; o, sin duda, para aquellos que lo predican de buena fe
-el resultado ordinario para ellos es ver atacado, de esterilidad todos sus
esfuerzos-, sino para los que se esfuerzan por realizar sus preceptos en la
vida, para la sociedad entera, en tanto ésta se deja dominar por las doctrinas
idealistas.
Para demostrar este hecho general y que puede parecer extraño al principio, pero
que se explica generalmente cuando se reflexiona más, las pruebas históricas no
faltan.
Comparad las dos últimas civilizaciones del mundo antiguo, la civilización
griega y la civilización romana. ¿Cuál es la civilización más materialista, la
más natural por su punto de partida y la más humana e ideal en sus resultados?
La civilización griega.
¿Cuál es al contrario la más abstractamente ideal en su punto de partida que
sacrifica la libertad material del hombre a la libertad ideal del ciudadano,
representada por la abstracción del derecho jurídico, y el desenvolvimiento
natural de la sociedad a la abstracción del Estado, y cuál es la más brutal en
sus consecuencias. La civilización romana, sin duda. La civilización griega,
como todas las civilizaciones antiguas, comprendida la de Roma, ha sido
exclusivamente nacional y ha tenido por base la esclavitud. Pero a pesar de
estas dos grandes faltas históricas, no ha concebido menos y realizado la idea
de la humanidad, y ennoblecido y realmente idealizado la vida de los hombres; ha
transformado los rebaños humanos en asociaciones libres de hombres libres; ha
creado las ciencias, las artes, una poesía, una filosofía inmortales y las
primeras nociones el respeto humano por la libertad. Con la libertad política y
social ha creado el libre pensamiento. Y al final de la Edad Media, en
la época del Renacimiento, ha bastado que algunos griegos emigrados aportasen
algunos de sus libros inmortales a Italia para que resucitaran la vida, la
libertad, el pensamiento, la humanidad, enterrados en el sombrío calabozo del
catolicismo. La emancipación humana, he ahí el nombre de la civilización griega.
¿Y el nombre de la civilización romana? Es la conquista con todas sus brutales
consecuencias. ¿Y su última palabra? La omnipotencia de los Césares. Es el
envilecimiento y la esclavitud de las naciones y de los hombres.
Y hoy aún, ¿qué es lo que mata, qué es lo que aplasta brutalmente,
materialmente, en todos los países de Europa, la libertad y la humanidad? Es el
triunfo del principio cesarista o romano.
Comparad ahora dos civilizaciones modernas: la civilización italiana y la
civilización alemana. La primera representa, sin duda, en su carácter general,
el materialismo; la segunda representa, al contrario, todo lo que hay de más
abstracto, de más puro y de más trascendente en idealismo. Veamos cuáles son los
frutos prácticos de una y de otra.
Italia ha prestado ya inmensos servicios a la causa de la emancipación humana.
Fue la primera que resucitó y que aplicó ampliamente el principio de la libertad
en Europa y que dio a la humanidad sus títulos de nobleza: la industria, el
comercio, la poesía, las artes, las ciencias positivas, el libre pensamiento.
Aplastada después por tres siglos de despotismo imperial y papas, y arrastrada
al lodo por su burguesía dominante, aparece hoy, es verdad, muy decaída en
comparación con lo que ha sido. Y sin embargo, ¡qué diferencia si se la compara
con Alemania! En Italia, a pesar de esa decadencia, que esperamos pasajera, se
puede vivir y respirar humanamente, libremente, rodeado de un pueblo que parece
haber nacido para la libertad. Italia -aun su burguesía- puede mostrados con
orgullo hombres como Mazzini y Garibaldi. En Alemania se respira la atmósfera de
una inmensa esclavitud política y social, filosóficamente explicada y aceptada
por un gran pueblo con una resignación y una buena
voluntad reflexivas. Sus héroes -hablo siempre de la Alemania presente, no de
la Alemania del porvenir; de la Alemania nobiliaria, burocrática, política y
burguesa, no de la Alemania proletaria- son todo lo contrario de Mazzini y de
Garibaldi: son hoy Guillermo I, el feroz e ingenuo representante del dios
protestante, son los señores Bismarck y Moltke, los generales Manteufel Werder.
En todas sus relaciones internacionales, Alemania desde que existe, ha sido
lenta, sistemáticamente invasora, conquistadora, ha estado siempre dispuesta a
extender sobre los pueblos vecinos su propio sometimiento voluntario; y después
que se ha constituido en potencia unitaria, se convirtió en una amenaza, en un
peligro para la libertad de toda Europa. El nombre de Alemania, hoy, es la
servilidad brutal y triunfante.
Para mostrar cómo el idealismo teórico se transforma incesante y fatalmente en
materialismo práctico, no hay más que citar el ejemplo de todas las iglesias
cristianas, y naturalmente, y ante todo, el de la iglesia apostólica y romana.
¿Qué hay de más sublime, en el sentido ideal, de más desinteresado, de más
apartado de todos los intereses de esta tierra que la doctrina de Cristo
predicada por esa iglesia, y qué hay de más brutalmente materialista que la
práctica constante de esa misma iglesia desde el siglo octavo, cuando comenzó a
constituirse como potencia? ¿Cuál ha sido y cuál es aún el objeto principal de
todos sus litigios contra los soberanos de Europa? Los bienes temporales, las
rentas de la iglesia, primero, y luego la potencia temporal, los privilegios
políticos de la iglesia. Es preciso hacer justicia a esa iglesia, que ha sido la
primera en descubrir en la historia moderna la verdad incontestable, pero muy
poco cristiana, de que la riqueza y el poder económico y la
opresión política de las masas son los dos términos inseparables del reino de
la idealidad divina sobre la tierra: la riqueza que consolida y aumenta el poder
que descubre y crea siempre nuevas fuentes de riquezas, y ambos que aseguran
mejor que el martirio y la fe de los apóstoles, y mejor que la gracia divina, el
éxito de la propaganda cristiana. Es una verdad histórica que las iglesias
protestantes no desconocen tampoco. Hablo naturalmente de las iglesias
independientes de Inglaterra, de Estados Unidos y de Suiza, no de las iglesias
sometidas de Alemania. Estas no tienen iniciativa propia; hacen lo que sus amos,
sus soberanos temporales, que son al mismo tiempo sus jefes espirituales, les
ordenan hacer. Se sabe que la propaganda protestante, la de Inglaterra y la de
Estados Unidos sobre todo, se relaciona de una manera estrecha con la propaganda
de los intereses materiales, comerciales, de esas dos grandes naciones; y se
sabe también que esta última propaganda no tiene por objeto
de ningún modo el enriquecimiento y la prosperidad material de los países en
los que penetra, en compañía de la palabra de Dios, sino más bien la explotación
de esos países, en vista del enriquecimiento y de la prosperidad material
creciente de ciertas clases, muy explotadoras y muy piadosas a la vez, en su
propio país.
En una palabra, no es difícil probar, con la historia en la mano, que la
iglesia, que todas las iglesias, cristianas y no cristianas, junto a su
propaganda espiritualista, y probablemente para acelerar y consolidar su éxito,
no han descuidado jamás la organización de grandes compañías para la explotación
económica de las masas, del trabajo de las masas bajo la protección con la
bendición directas y especiales de una divinidad cualquiera; que todos los
Estados que, en su origen, como se sabe, no han sido, con todas sus
instituciones políticas y jurídicas y sus clases dominantes y privilegiadas,
nada más que sucursales temporales de esas iglesias, no han tenido igualmente
por objeto principal mas que esa misma explotación en beneficio de las minorías
laicas, indirectamente legitimadas por la iglesia; y que en general la acción
del buen Dios y de todos los idealistas divinos sobre la tierra ha culminado por
siempre y en todas partes, en la fundación del materialismo próspero del pequeño
número sobre el idealismo fanático y constantemente excitado de las masas.
Lo que vemos hoy es una prueba nueva. Con excepción de esos grandes corazones y
de esos grandes espíritus extraviados que he nombrado, ¿quiénes son hoy los
defensores más encarnizados del idealismo? Primeramente todas las cortes
soberanas. En Francia fueron Napoleón III y su esposa Eugenia; son todos sus
ministros de otro tiempo, cortesanos y ex-mariscales, desde Rouher y Bazaine
hasta Fleury y Pietri; son los hombres y las mujeres de ese mundo imperial, que
han idealizado también y salvado a Francia. Son esos periodistas y esos sabios:
los Cassagnac, los Girardin, los Duvemois, los Veuillot, los Leverrier, los
Dumas. Es en fin la negra falange de los y de las jesuitas de toda túnica; es
toda la nobleza y toda la alta y media burguesía de Francia. Son los
doctrinarios liberales y los liberales sin doctrina: los Guizot, los Thiers, los
Jules Favre, los Jules Simon, todos defensores encarnizados de la explotación
burguesa. En Prusia, en Alemania, es Guillermo I, el verdadero
demostrador actual del buen Dios sobre la tierra; son todos los generales,
todos sus oficiales pomeranos y de los otros, todo su ejército que, fuerte en su
fe religiosa, acaba de conquistar Francia de la manera ideal que se sabe. En
Rusia es el zar y toda su corte; son los Muravief y los Berg, todos los
degolladores y los piadosos convertidores de Polonia. En todas partes, en una
palabra, el idealismo, religioso o filosófico -el uno no es sino la traducción
más o menos libre del otro-, sirve de bandera a la fuerza sanguinaria y brutal,
a la explotación material desvergonzada; mientras que, al contrario, la bandera
del materialismo teórico, la bandera roja de la igualdad económica y de la
justicia social, ha sido levantada por el idealismo práctico de las masas
oprimidas y hambrientas, que tienden a realizar la más grande libertad y el
derecho humano de cada uno en la fraternidad de todos los hombres sobre la
tierra.
¿Quiénes son los verdaderos idealistas -no los idealistas de la abstracción,
sino de la vida; no del cielo, sino de la tierra- y quiénes son los
materialistas?
Es evidente que el idealismo teórico o divino tiene condición esencial el
sacrificio de la lógica, de la razón humana, la renunciación a la ciencia. Se
ve, por otra parte, que al defender las doctrinas idealistas se halla uno
forzosamente arrastrado al partido de los opresores y de los explotadores de las
masas populares. He ahí dos grandes razones que parecían deber bastar para
alejar del idealismo todo gran espíritu, todo gran corazón. ¿Cómo es que
nuestros ilustres idealistas contemporáneos, a quienes, ciertamente, no es el
espíritu, ni el corazón, ni la buena voluntad lo les falta, y que han consagrado
su existencia entera al servicio de la humanidad, cómo es que se obstinan en
permanecer en las filas de los representantes de una doctrina en lo sucesivo
condenada y deshonrada?
Es preciso que sean impulsados a ello por una razón muy poderosa. No pueden ser
ni la lógica ni la ciencia, porque la ciencia y la lógica han pronunciado su
veredicto contra la doctrina idealista. No pueden ser tampoco los intereses
personales, porque esos hombres infinitamente por encima de todo lo que tiene
nombre de interés personal. Es preciso que sea una poderosa razón moral. ¿Cuál?
No puede haber más una: esos hombres ilustres piensan, sin duda, que las teorías
o las creencias idealistas son esencialmente necesarias para la dignidad y la
grandeza moral del hombre, y que las teorías materialistas, al contrario, lo
rebajan al nivel de los animales.
¿Y si la verdad fuera todo lo contrario?
Todo desenvolvimiento, he dicho, implica la negación del punto de partida. El
punto de partida, según la escuela materialista, es material, y la negación debe
ser necesariamente ideal. Partiendo de la totalidad del mundo real, o de lo que
se llama abstractamente la materia, se llega lógicamente a la idealización real,
es decir, a la humanización, a la emancipación plena y entera de la sociedad. Al
contrario, y por la misma razón, siendo ideal el punto de partida de la escuela
idealista, esa escuela llega forzosamente a la materialización de sociedad, a la
organización de un despotismo brutal y de una explotación inicua e innoble, bajo
la forma de la iglesia y del Estado. El desenvolvimiento histórico del hombre,
según la escuela materialista, es una ascensión progresiva; en el sistema
idealista, no puede haber más que una caída continua.
En cualquier cuestión humana que se quiera considerar, se encuentra siempre esa
misma contradicción esencial entre las dos escuelas. Por tanto, como hice
observar ya, el materialismo parte de la animalidad para constituir la
humanidad; el idealismo parte de la divinidad para constituir la esclavitud y
condenar a las masas a una animalidad sin salida. El materialismo niega el libre
albedrío y llega a la constitución de la libertad; el idealismo, en nombre de la
dignidad humana, proclama el libre albedrío y sobre las ruinas de toda libertad
funda la autoridad. El materialismo rechaza el principio de autoridad porque lo
considera, con mucha razón, como el corolario de la animalidad y, al contrario,
el triunfo de la humanidad, que según él es el fin y el sentido principal de la
historia, no es realizable más que por la libertad. En una palabra, en toda
cuestión hallaréis a los idealistas en flagrante delito siempre de materialismo
práctico, mientras que, al contrario, veréis a los
materialistas perseguir y realizar las aspiraciones, los pensamientos más
ampliamente ideales.
La historia, en el sistema de los idealistas, he dicho ya, no puede ser más que
una caída continua. Comienzan con una caída terrible, de la cual no se vuelven a
levantar jamás: por el salto mortale divino de las regiones sublimes de la idea
pura, absoluta, a la materia. Observad aun en qué materia: no en una materia
eternamente activa y móvil, llena de propiedades y fuerzas, de vida y de
inteligencia, tal como se presenta a nosotros en el mundo real; sino en la
materia abstracta, empobrecida, reducida a la miseria absoluta por el saqueo en
regla de esos prusianos del pensamiento, es decir, de esos teólogos y
metafísicos que la desproveyeron de todo para dárselo a su emperador, a su Dios;
en esa materia que, privada de toda propiedad, de toda acción y de todo
movimiento propios, no representa ya, en oposición a la idea divina, más que la
estupidez, la impenetrabilidad, la inercia y la inmovilidad absolutas.
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Prision politica porJulio Pena.
Wed Políticanesday, May. 04, 2005 at 2:44 PM
Los prisioneros políticos necesitan de la solidaridad activa de todos los
soñadores. De todos los progresistas, de todos los demócratas que entienden que
la Prisión Política no es más que una aberración social. Necesitan de su
solidaridad concreta, mediante acciones concretas. No se puede ser cómplice por
omisión del lado oscuro de la institucionalidad, avalando la prisión política
image002.jpg, image/jpeg, 640x480
PRISION POLÍTICA
Por Julio Peña Parada
Prisionero Político
…desde la Cárcel de Alta Seguridad.
Los prisioneros políticos de la democracia son más de 160 mujeres y hombres de
este país que han estado en la cárcel. Madres, artistas, dueñas de casa,
trabajadoras, estudiantes, hijas, hijos, trabajadores, jefes de hogar y padres.
Personas comunes y corrientes que optaron y optan por vivir sus vidas en pro de
la emancipación, de la justicia social, de la Libertad.
Son prisioneros políticos simplemente porque desoyeron el canto de las sirenas
del neoliberalismo, que fue disfrazado de democracia. Porque sabía que la
Transición sería un proceso que consolidaría la dominación de las mayorías por
parte del capital. Basta con verificar la distribución del ingreso (a los más
ricos les toca 40 veces más que a los pobres), basta con dar cuenta de la
precarización del empleo (mejorar la oferta a costa del empobrecimiento de los
sueldos y garantías de los trabajadores). Prisioneros políticos porque
decidieron luchar con la Constitución, instalada a fuego y a muertos, que
restringe la participación ciudadana a la emisión de un voto cada seis o cuatro
años. Son prisioneros políticos que no tuvieron derecho a juicios justos y
fueron condenados dos veces por el mismo delito por la justicia civil y la
justicia militar.
Hasta ahora, el tiempo en prisión es de once, doce, trece y catorce años. Años
que han sido de extremo rigor dadas las características del recinto en que han
estado la mayor parte de sus condenas: la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago.
Una cárcel situada dentro de otra cárcel, al interior de la Ex penitenciaría.
Una cárcel invisible para el ojo ciudadano. Ojo que por más de una década, “fue
de los peores ciegos”. Los prisioneros de la CAS (hombres) y CEAS (mujeres),
fueron los detenidos desaparecidos de los ‘90s.
HOY
Por un lado, a nueve meses de la aprobación del proyecto de Ley de Rebaja de
Penas, que permitió la salida de la mayoría de los prisioneros de la CAS, aún
hay seis prisioneros políticos para quienes el proyecto de ley no alcanzó.
La posibilidad de libertad para todos ellos tiene, por lo menos, dos caminos:
Para René Salfate y Julio Peña se necesita un indulto del Ejecutivo, esto es, un
indulto presidencial. Ambos cuentan con todos los requisitos y no existen
obstáculos de tipo técnico que impidan el indulto. Sólo falta la voluntad
política por parte del Gobierno para ello. Al respecto, en Agosto del 2004,
durante la discusión del Proyecto de Ley, el gobierno se comprometió a que
resolvería los casos pendientes. Han pasado muchos meses y aún no hay solución.
Para Claudio Melgarejo, Pablo Vargas, Hedor Sánchez, Hardy Peña, hace falta un
nuevo Proyecto de Ley, dado que las leyes especiales que los condenaron, no son
indultables por el Ejecutivo. Los esfuerzos están dirigidos hacia eso: lograr
que se discuta, en el Parlamento, un nuevo Proyecto de Ley que permita la
libertad de estos cuatro prisioneros.
Por otra parte, en este último tiempo, los prisioneros se han encontrado con los
pares e impares en esto de recorrer los últimos metros hacia la calle (unos 150
metros, para ser claros). Por estos tiempos se han venido reencontrando con la
solidaridad de mucha gente y de muchas organizaciones que han materializado en
acciones concretas: la reivindicación de la libertad para todos los Prisioneros
Políticos. Ha sido un proceso muy dinámico donde, permanentemente se han tenido
que aclarar detalles como que la reivindicación de “el fin de la Prisión
Política y la Libertad de todos los Prisionero Políticos”, tiene que ver con los
prisioneros Chilenos, Mapuches y los Internacionalistas Chilenos presos en Perú,
Brasil y Argentina, pero las “gestiones” tendientes a lograrlas son específicas
de acuerdo a la situación de cada uno.
Hoy, los prisioneros políticos necesitan de la solidaridad activa de todos los
soñadores. De todos los progresistas, de todos los demócratas que entienden que
la Prisión Política no es más que una aberración social. Necesitan de su
solidaridad concreta, mediante acciones concretas. No se puede ser cómplice por
omisión del lado oscuro de la institucionalidad, avalando la prisión política.
BIOGRAFÍAS
Julio Peña Parada, 40 años, casado, padre de dos hijas. Poblador de la Bandera,
entra a militar al MIR el año 1981. Participa activamente en las comunidades de
base de la iglesia Católica, en su población. Posteriormente, se hace parte de
la generación de estudiantes secundarios que floreció al calor de las luchas
contra la dictadura. El 29 de noviembre de 1993, mientras se desplazaba en
automóvil por un barrio de santiago, junto al compañero José Aguilera (muerto en
aquella ocasión), son interceptados por Carabineros, produciéndose un
enfrentamiento. Julio Peña es herido de gravedad y detenido. Pasa meses en
estado crítico pero logra sobrevivir. Condenado a 30 años, se encuentra recluido
en la Cárcel de Alta Seguridad (CAS). Un Indulto del Presidente de la República
puede dejarlo en libertad.
René Salfate Osorio, 43 años, casado, nacido el 21 de Julio 1962, en la ciudad
de Antofagasta. Durante la Dictadura Militar, su compromiso social lo ingresar
al Frente Patriótico Manuel Rodríguez. En octubre de 1985, es detenido y baleado
en una pierna por la CNI. Permanece en la Cárcel de Antofagasta hasta 1990. En
la década de los noventa continúa su lucha. Luego, como militante del Movimiento
Patriótico Manuel Rodríguez, es detenido el 14 de Octubre de 1996 y condenado a
25 años, 15 de los cuales son bajo la Ley Antiterrorista. Actualmente está
recluido en la CAS. Junto a sus compañeros, sigue luchando por la libertad.
Hardy Peña Trujillo, nació en Osorno. Actualmente tiene 38 años. Comenzó su
militancia por el cambio social, en plena dictadura pinochetista, al ingresar a
la Universidad. No pudo terminar sus estudios por falta de recursos. Hoy lo hace
en la cárcel, como los demás, a través de la Universidad ARCIS.
Dos matrices políticas lo han formado como luchador social: la
comunista-rodriguista y la mapucista-lautarina. En prisión se hizo vegetariano
por la liberación animal, pues lo considera parte de su proyecto revolucionario.
Detenido el 29 de noviembre de 1992. Está condenado a Presidio Perpetuo por la
Ley Antiterrorista, está recluido en la CAS.
Pablo Vargas López, nació el 17 de julio de 1971, en el barrio Recoleta de
Santiago. Durante la lucha contra la dictadura, en los años ochenta, su
compromiso social lo lleva a ser parte de la causa estudiantil democrática,
integrando, en su Liceo, las Juventudes Comunistas. En el año 1986, ingresa al
Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Al momento de su detención, era estudiante
de Mecánica Industrial. La fecha marcaba 9 de abril de 1991. Condenado por la
Justicia Militar a Presidio Perpetuo por la Ley Antiterrorista, está recluido en
la CAS.
Claudio Melgarejo Chávez, 40 años, padre de dos hijos, nacido en la ciudad de
Concepción, en la Población Lorenzo Arenas. Militante Lautarino, ingresa a esta
organización a fines del año 1982, en el inicio de las jornadas de protesta
contra la dictadura. A principios de 1989 se traslada a Santiago producto de la
represión en su ciudad, en la capital se incorpora al trabajo territorial y
posteriormente ingresa a las Fuerzas Rebeldes y Populares Lautaro. El 17 de
febrero de 1993, siendo miembro de la Dirección del Lautaro, cae herido en
enfrentamiento con Carabineros en el Centro de Santiago. Condenado a Presidio
Perpetuo por la Ley Antiterrorista, se encuentra preso en la CAS.
Fedor Sánchez Piedrit, 48 años, padre de 5 hijos. Hijo de padres comprometidos
con el proceso revolucionario del Gobierno de la Unidad Popular, parte al exilio
junto a su familia, primero a Perú, luego a Hungría, donde termina sus estudios
secundarios. Su compromiso lo lleva a Cuba para formarse militarmente,
integrando el contingente internacionalista en Nicaragua. En 1986 regresa a
Chile, sumándose a las filas del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Cae
detenido el 22 de marzo de 1991, condenado a Presidio Perpetuo por la Ley
Antiterrorista. Recluido en el Penal Colina 1.
FIN A LA PRISIÓN POLÍTICA
NO A LA LEY ANTITERRORISTA
LIBERTAD A TODOS LOS PRISIONEROS POLÍTICOS
Santiago, Mayo de 2005
Julio Peña Parada
por Julio Peña P. Wednesday, May. 04, 2005 at 2:44 PM
pangepar@...
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Claudio Melgarejo
por Julio Peña P. Wednesday, May. 04, 2005 at 2:44 PM
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René Salfate
por Julio Peña P. Wednesday, May. 04, 2005 at 2:44 PM
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Pablo Vargas
por Julio Peña P. Wednesday, May. 04, 2005 at 2:44 PM
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Hardy Peña
por Julio Peña P. Wednesday, May. 04, 2005 at 2:44 PM
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Grupo CAS
por Julio Peña P. Wednesday, May. 04, 2005 at 2:44 PM
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KOLECTIVO REBELION DE LOS 33 : DENUNCIA AL MUNDO LA EXISTENCIA DE PRISIONEROS
POLITICOS EN CHILE SILENCIADA GROSERAMENTE POR LOS MEDIOS DE INFORMACION
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jose ramos <edymartir@...> escribió:
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Fecha: Mon, 11 Apr 2005 02:13:12 -0300 (ART)
Asunto: Re: SIMÓN TRINIDAD
carls <carls1974@...>
ESTA DENUNCIA LA ENVIAREMOS A TODA NUESTRA RED
carls <carls1974@...> wrote: SIMÓN TRINIDAD
Aislado en una celda de 1,50 por 3 metros que sólo tiene una cama de hierro, un
colchón, un lavamanos y un inodoro; sin opción de lecturas, llamadas
telefónicas, papel para escribir o visitas personales; con una intensa luz
artificial blanca que nunca se apaga; sin relojes ni instrumento alguno para
medir el tiempo, permanece en una hermética cárcel de Virginia, en Estados
Unidos, el extraditado guerrillero de las FARC Simón Trinidad.
Cada cinco días tiene opción de bañarse, y cuando lo hace es llevado a la ducha
encadenado de pies y manos y se le encierra con candado. Cuando es requerido por
los abogados, esposado y con cadenas es conducido a un cubículo y, máximo media
hora, conversa vía telefónica, sin contacto físico y separado de sus
interlocutores por un vidrio. Recibe tres comidas al día, con dieta balanceada,
en empaques de cartón o icopor y con cubiertos desechables.
Su único vestido es un uniforme de color anaranjado con medias blancas de lana y
zapatillas de tela azul con suelas de caucho blanco. En su pabellón de máxima
seguridad hay 20 celdas más, pero ninguno de los presos tiene un segundo de sol
ni opción de aire libre. La temperatura está regulada por un sistema de aire
acondicionado y existe otro de calefacción central. No hay televisión ni música,
y mucho menos espacio para practicar algún deporte.
Como no hay horarios ni momentos de oscuridad, los presos duermen de día o de
noche. Con excepción del guerrillero Simón Trinidad, los demás prisioneros son
de raza negra. A veces gritan, en otras ocasiones insultan a los guardianes,
también negros, o de repente unen sus voces y entonan cantos religiosos
aprendidos en las iglesias. También se rompe el silencio con letanías de
memorizados versículos de La Biblia o enseñanzas del Corán.
Por su condición de acusado de narcoterrorismo, los guardianes extreman su
vigilancia al guerrillero. Por eso, cuando acude a revisión médica o a consulta
con abogados, es escoltado por tres guardias armados y las áreas donde permanece
son despejadas. Cuando regresa a su celda, además de los elementos de aseo, lo
único autorizado es un libro de inglés básico. Pero tiene dificultad para
consultarlo porque no ha recobrado sus gafas.
El procesado
Desde el pasado 31 de diciembre, fecha en que fue extraditado a Estados Unidos,
Simón Trinidad afronta el rigor de la justicia norteamericana. Aunque en el
mismo avión que lo condujo a Washington el guerrillero le dijo a un agente del
FBI que de su parte no habrá colaboración, ni ayuda, ni nada parecido, el agente
le aclaró que lo consideran una pieza clave para obtener la liberación de los
tres norteamericanos en poder de las FARC.
El mismo día, antes de concluir el año 2004, esposado y encadenado desde la
cintura a los pies, fue llevado al Palacio de Justicia de Washington, donde le
designaron abogado de oficio, conoció a los dos fiscales que lo acusan y en
audiencia pública le leyeron los cargos en su contra: narcotráfico, toma de
rehenes y terrorismo. El guerrillero Simón Trinidad se declaró inocente y el
juez fijó una segunda audiencia para el 5 de enero.
El miércoles 5 de enero volvió a la Corte. Con traducción simultánea le
ampliaron los cargos. Al concluir la diligencia, los fiscales advirtieron que el
procesado es de altísima peligrosidad para la sociedad americana, y lo
sindicaron de ser jefe de una organización terrorista y traficante de droga por
toneladas. De inmediato el juez le negó cualquier opción de libertad bajo fianza
y ordenó su reclusión en una cárcel de máxima seguridad.
Antes de la tercera audiencia, del 9 de febrero, los abogados de la defensa
acudieron cinco veces a la cárcel a explicarle a Simón Trinidad cómo funciona el
sistema judicial norteamericano y escuchar sus argumentos. En la tercera
audiencia el juez ordenó estudiar el primer cargo: toma de rehenes. Los fiscales
presentaron sus pruebas y el juez aplazó el caso por seis meses para establecer
más evidencias. Desde entonces el guerrillero aguarda en su celda.
Sin correspondencia ni opción de estudio. Con escasos o nulos contactos con su
familia. Atento a cualquier dato que le suministren sus abogados de Estados
Unidos y Colombia, pendiente de regular su aplazado tratamiento médico para la
próstata, y a la expectativa de que se le permita el ingreso de libros, que sólo
podrá comprar directamente a las editoriales y recibirlos por correo, siempre y
cuando sus carátulas no sean de tapa dura.
Así vive el extraditado guerrillero Simón Trinidad. Lejos de la guerra o de la
negociación política, dedicado a pensar en que sus pruebas documentales puedan
repatriarlo algún día, a la saga de noticias de los 96 procesos penales que lo
esperan en su país y pendiente de la lista de teléfonos y correos electrónicos
que le prometió devolver un agente de la Dijín horas antes de abordar el lujoso
jet que lo llevó a Estados Unidos.
Lo demás son recuerdos de sus andanzas y peleas. Como su último forcejeo en la
cárcel de Cómbita, ad portas de ser enviado a EEUU, cuando se empecinó en lucir
un buzo con la imagen del libertador Simón Bolívar, hasta que ocho guardias del
Inpec, de casi dos metros de estatura cada uno, lo sujetaron como un muñeco, le
quitaron el suéter, lo vistieron de camuflado y lo dejaron listo para su viaje
al insondable mundo de los extraditados.
'Sonia' y 'El Señor', a la espera
En el mismo callejón donde esperaron impacientemente, a finales del año pasado,
el negociador de las FARC Simón Trinidad y Gilberto Rodríguez Orejuela, del
extinto cartel de Cali, están hoy también Miguel Rodríguez - El Señor- y la
guerrillera Omaira Rojas Cabrera o Sonia cuya extradición fue aprobada por la
Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia el pasado 23 de febrero. Simón y
Gilberto Rodríguez fueron enviados a Estados Unidos en diciembre de 2004, en
tanto que los dos últimos aguardan que el presidente Alvaro Uribe Vélez, en
menos de 15 días, avale o no su extradición al mismo país, donde los procesarán
por narcotráfico. Aunque después de la autorización del Ejecutivo, que se
considera como un hecho, ambos tendrán cinco días para imponer el recurso de
reposición, de hecho, nada haría cambiar que la justicia estadounidense los
procese.
Juicios con audiovideos
Si bien a Simón Trinidad le puede esperar un largo juicio en Estados Unidos, su
situación jurídica en Colombia tampoco es muy optimista. Al momento de su
extradición, además de una condena a 81 meses de prisión por el delito de
rebelión, sentencia proferida por un juez especializado de Valledupar, le
quedaron pendientes 96 procesos más. 'Hasta por el robo de un caballo en Guasca
está sindicado', comentó uno de sus abogados, Oscar Silva Duque. El abogado
presentó una tutela en el Consejo de la Judicatura, en busca de la repatriación
del guerrillero, pero fue negada el pasado 3 de febrero. Sin embargo el Consejo
de la Judicatura dispuso que Simón Trinidad debe ser notificado en EEUU de todo
lo que suceda penalmente en Colombia, y cuando deba comparecer en juicio, las
autoridades deben utilizar medios electrónicos o audiovideos para escucharlo.
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[Se eliminaron del mensaje las partes que no eran texto]
Fecha: Mon, 11 Apr 2005 19:00:20 -0300 (ART)
Asunto: : LA TRAMA CIA-OPUS DEI- MAFIA
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FONT-FAMILY: "Times New Roman"; mso-style-parent: ""}SPAN.texto12 {
}SPAN.fourpix { }PRIMERA GUERRA GLOBAL IMPERIALISTA
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Informe especial
Luciani: el Papa que debía morir
La trama CIA-Opus Dei-mafia financiera en el Vaticano
Cómo llegó al poder de Roma el Papa Juan Pablo II. Cuál fue el papel de
Washington, la CIA, la ultraderecha clerical y la mafia italo-norteamericana en
su designación y en el asesinato del Pontífice que lo precedió. Cómo se ligan
los intereses estratégicos de EEUU con su papado, y cuál fue el rol del Vaticano
en la financiación del aparato paramilitar que asesinó y torturó a militantes y
a sacerdotes católicos rebeldes en Latinoamérica. Cómo se inserta el Opus Dei en
la estructura del poder clerical de Roma, y cuál es el escenario de poder real
que se movía detrás del "Papa mediático" mitificado y endiosado por los
gobiernos y las multitudes.
El ascenso al sillón de Pedro de Albino Luciani, en 1978, con sus postulados
"renovadores" representó un golpe inesperado para los sectores más
ultra-reaccionarios -vinculados con Washington, el Opus Dei, la mafia y el
lavado de dinero- que recorrían los pasillos vaticanos intrigando para imponer
al conservador arzobispo genovés Giussepe Siri.
Juan Pablo I, un "revolucionario" de la Iglesia Católica, según los
"vaticanistas", fue el primer Papa con dos nombres, gesto que adoptó para honrar
la memoria de sus dos predecesores, Juan XXIII y Pablo VI.
La apertura de la Iglesia hacia su "izquierda renovadora" produjo los
pontificados de Juan XXIII y de Pablo VI, y amenazaba su continuidad expansiva
con el apostolado de Albino Luciani, que chocaba con los intereses entronizados
de la cúpula del poder mafioso encaramado en el Vaticano, de los cuales se valía
Washington para irradiar sus estrategias de expansión en el seno de la Iglesia
Católica.
Contrariamente a lo que pronosticaban los conocedores de las intrigas vaticanas,
Luciani accedió a la jefatura de la Iglesia Católica en 1978, por encima del
polaco Wojtyla al que, muchos, incluido el propio Luciani, consideraban número
puesto como futuro Papa impuesto por el establishment del poder curial.
El secretario de Estado del Vaticano Jean Villot, un operador de Washington y de
la mafia financiera en la "Santa Sede", declaraba públicamente antes del ascenso
de Luciani:“he encontrado al futuro papa: será el cardenal Wojtyla”.
En septiembre de 1978, Mino Pecorelli, un periodista escribió un artículo
titulado El Gran Alojamiento del Vaticano.
La lista, en gran parte, estaba integrada por cardenales, obispos, y prelados de
alto rango. Los nombres de Jean Villot, su Ministro de Asuntos Exteriores, el
cardenal Paul Marcinkus, jefe del Banco del Vaticano, y Pasquale Macchi, su
secretario personal estaban en la nómina.
Gracias al trabajo realizado por Giovanni Bennelli, que había sido hombre de
confianza de Pablo VI, el 89% de los votos del cónclave fueron a favor de
Luciani (Juan Pablo I), cuyo perfil continuador de la política de su antecesor
provocó la desilusión y la indignación del lobby de los cardenales más
derechistas.
Por suerte para estos sectores, el "papa de la sonrisa" sólo duró 33 días en el
pontificado, lo que dio lugar a versiones de un complot contra su vida, algunos
basados en simples rumores y otros sustentados en las declaraciones públicas de
personajes clave que desmintieron la versión oficial sobre el súbito deceso de
Luciani.
Sus ideas de "cambio" nunca llegaron a hacerse realidad ya que murió el 28 de
septiembre de 1978, apenas 33 días después de haber sido electo, en lo que fue
el segundo papado más breve de la historia desde León XI, quien murió en abril
de 1605, menos de un mes después de su elección.
La muerte de Luciani, se produjo en pleno desarrollo de la Guerra Fría que
libraban Washington y Moscú por áreas de influencia. Principalmente en el
contexto latinoamericano donde la teología de la liberación -nacida al calor del
reformismo eclesiástico- se había convertido en la biblia de los llamados "curas
rebeldes" del tercer Mundo.
En América Latina, las dictaduras militares "anticomunistas" formadas en la
Escuela de las Américas y en la "Doctrina de Seguridad Nacional", desarrollaban
su "guerra antisubversiva" comulgando en la iglesias de la ultraderecha
católica.
La jerarquía católica conservadora latinoamericana, imbuida de la "Doctrina de
Seguridad Nacional" impulsada por Washington y el Pentágono, acompañaba y
santificaba las andanzas represivas de las dictaduras militares nacidas por
golpes de Estado impulsados desde el Departamento de Estado norteamericano, tal
como se demostró en los documentos revelados recientemente.
Toda esa política del Vaticano, fue avalada y consentida por el sucesor de
Albino Luciani, Juan Pablo II, quién se prestó al exterminio militar del
"comunismo ateo" en América Latina, de la misma manera que se plegó a la "guerra
anticomunista" que Washington y la CIA habian lanzado para desestabilizar a la
burocracia soviética y establecer el mercado capitalista en las repúblicas
socialistas de Europa del Este.
Años después, el Papa polaco que sucedió a Luciani avaló con su silencio los
feroces bombardeos y la invasión a Yugoslavia, punta de lanza de la conquista de
los mercados de Europa del Este, lanzada por la administración Clinton al
principio de los 90.
Con la llegada de Ronald Reagan al gobierno de EEUU, al principio de los 80
(teniendo como vicepresidente al padre del actual presidente, George Bush) se
profundiza la relación de las mafias de las drogas y las armas con la estrategia
de Washington, en cuyo entramado la CIA transplantó, con los Contras
nicaragüenses, la metodología operativa del Irangate en América Latina.
Tras su muerte en 1978, la teoría del "envenenamiento" de Luciani (el Papa Juan
Pablo I) comenzó a circular off the récord por los pasillos del Vaticano
convirtiéndose en la comidilla secreta y a media voz de los grandes círculos del
poder internacional.
Los rumores siguieron acumulándose y casi se convirtieron en evidencia al
negarse Jean Villot, secretario de Estado del Vaticano, a realizar la autopsia
al cadáver del Papa Albino Luciani.
"Debo reconocer con cierta tristeza que la versión oficial entregada por el
Vaticano despierta muchas dudas", señaló el cardenal brasileño Aloisio
Lorscheider a The Time, el 29 de septiembre de 1998.
Diez años antes, el irlandés John Magree, que había sido secretario privado de
Luciani, negó que él hubiese encontrado el cadáver del papa muerto, sino la
hermana Vicenza.
Según sostiene Cristóbal Guzmán en su libro Opus Dei, la entronización del
fanatismo, la historia fue recogida por John Cornwell en A thief in the night,
donde sostiene que nadie en el Vaticano se preocupó de la enfermedad de Luciani.
Por su parte, el investigador británico David Yallop va más lejos y es
partidario de la versión del asesinato.
Según sus biógrafos, desde el momento en que accedió al trono de Pedro, Juan
Pablo I hizo constantes y obsesivas "predicciones" -a sus amigos y colaboradores
más fieles- de que su papado sería corto.
El obispo irlandés John Magree (señalado en un principio como el descubridor del
cadáver de Luciani), recuerda en el libro Un ladrón en la noche: la muerte del
Papa Juan Pablo I: “Estaba constantemente hablando de la muerte, siempre
recordándonos que su pontificado iba a durar poco. Siempre diciendo que le iba a
suceder el extranjero”. El "extranjero" era el polaco Wojtyla.
El propio Magree, secretario personal de Juan Pablo I, y amigo del poderoso
cardenal Paúl Marcinkus, cuenta que, poco antes de morir, el papa le dijo: “Yo
me marcharé y el que estaba sentado en la Capilla Sixtina en frente de mí,
ocupará mi lugar.
Luego se dijo que fue el propio Wojtyla, ya convertido en Juan Pablo II, quién
confirmó a Magree que, en el momento de la elección papal , él se encontraba
casi de frente a Luciani.
Los hermanos Gusso, camareros pontificios y hombres de la confianza del Papa
Luciani, fueron destituidos unos días antes de su fallecimiento, a pesar de la
oposición del secretario papal, Diego Lorenzo.
Al parecer, también por esos días una persona logró introducirse en los
aposentos del Papa, dejando en evidencia la falta de seguridad en el Vaticano.
Complementando estas extrañas señales, un médico vaticano advirtió al Papa días
antes de su muerte que “tenía el corazón destrozado”.
Albino Luciani -dicen sus biógrafos- no tomó en cuenta este diagnóstico y
continuó desarrollando sus actividades en los que serían sus últimos días de
vida.
La "Santa Mafia" y la CIA
No bien asumió su apostolado el Papa Juan Pablo I (Albino Luciani) , elegido en
ese mismo año 1978, había decidido que la Iglesia no debía entrometerse en
asuntos políticos, despegando al Vaticano de la trama del dinero sucio que
ingresaba por vías de la política italiana, principalmente de la democracia
cristiana, que tradicionalmente se valió del Vaticano para acceder al gobierno.
Según denuncia el periodista alemán Jürgen Roth, desde 1983 “Bettino Craxi, ex
presidente italiano socialista, también fue corrompido con millones de dólares ,
en sus cuatro años en el cargo aseguró mediante decretos del Gobierno, entre
otras cosas, el imperio mediático de Silvio Berlusconi”, hoy en la riendas del
gobierno italiano.
William Colby, jefe de la CIA entre 1973 y 1976, declaró en sus memorias que “la
mayor operación política asumida por la CIA fue prevenir el avance comunista en
Italia en las elecciones de 1958, impidiendo así que la OTAN fuese amenazada
políticamente por una quinta columna subversiva: el PCI”.
En 1972, ejerciendo como cardenal de la diócesis de Venecia, Albino Luciani toma
acabada conciencia de la corrupción mafiosa imperante en el Vaticano, durante un
encuentro con el poderoso monseñor Paúl Marcinkus.
El jefe de la administración vaticana había vendido la Banca Católica del Véneto
al Banco Ambrosiano de Roberto Calvi sin consultar al obispado de esa región, es
decir, al obispado comandado por el propio Luciani.
Cuando se convirtió en Papa, Luciani preguntó por qué la Iglesia se desprendía
de una banca que se dedicaba a ayudar a los más necesitados con préstamos a bajo
interés.
El entonces secretario de Estado, Giovanni Benelli, le contó de la existencia de
un acuerdo secreto entre Roberto Calvi, Michele Sindona y Marcinkus para
aprovechar el amplio margen de maniobra que tenía el Vaticano para realizar
evasión de impuestos, movimiento legal de acciones, etc.
La reacción de Luciani, recogida en el libro “Con el corazón puesto en Dios:
intuiciones proféticas de Juan Pablo I”, es de una enorme decepción: “¿Qué tiene
todo esto que ver con la iglesia de los pobres? En nombre de Dios...” preguntó
Luciani. Benelli, le interrumpió con un “no, Albino, en nombre del dividendo”.
Unos años antes, a principios de los setenta, Roberto Calvi, había comenzado una
exitosa ascensión en el mundo de las finanzas italianas de la mano de su
benefactor, Michele Sindona.
Según diversas investigaciones, fue Sindona quien introdujo a Calvi en los
círculos del poder vaticano, en asociación con monseñor Marcinkus, uno de los
más firmes aliados de la mafia italo-norteamericana en el Vaticano.
De acuerdo a las investigaciones realizadas por Yallop, Gurwin, Sisti, Modolo,
Di Fonzo, Piazzesi, Bonsanti, Doménech y Rupert Cornweil, la mafia
italo-norteamericana utilizó las instituciones financieras del Vaticano para
blanquear dinero sucio procedente del tráfico de drogas y de armas, así como de
otras actividades delictivas.
Las investigaciones del proceso emprendido por la Justicia italiana, demostraron
que el estado Vaticano sirvió durante más de una década como paraíso fiscal,
siendo el IOR (Instituto para las Obras de Religión, también llamado Banco
Vaticano), aprovechado por la masonería para enviar el dinero a cuentas en
Sudamérica (sobre todo Argentina) y Centroamérica.
Según quedó demostrado en el sumario instruido en Italia a principios de los
años ochenta, la conexión Banco Ambrosiano-Banco Vaticano fue la vía a través de
la cual Licio Gelli, jefe agente de la CIA, ingresó al núcleo de personas
influyentes en la Santa Sede.
El sacerdote católico español Jesús López Sáez relata en su libro “El día de la
cuenta”, que Pablo VI en relación al ingreso de Licio Gelli decía: “el humo de
Satanás entró en la Iglesia”.
Según afirma López Sáez en su libro, la alianza Vaticano-EEUU--mafia
siciliana-Cosanostra se había gestado al comienzo de la Guerra Fría impulsada
por la necesidad de enfrentar al enemigo común: el comunismo soviético.
Documentándose en libros como “El fantasma del pasado”, de Flamigni, Sáez afirma
que la mafia siciliana fue una especie de gobierno secreto estadounidense al
finalizar la II Guerra Mundial, establecido para impedir la extensión del
comunismo.
Según López Sáez la estructura mafiosa del Vaticano estaría controlada
directamente por la CIA, a la que habría pertenecido Licio Gelli, el “príncipe
de las tinieblas”, en aquella época de la historia italiana.
Según el periodista italiano Ennio Remondino, el ex colaborador de la CIA,
Richard Brenneke, afirmaba que "Gelli había trabajado para la CIA recibiendo a
cambio enormes sumas de dinero" .
Según esa versión, ese dinero era utilizado para financiar operaciones
especiales de la CIA con el terrorismo en los años setenta, cuyo origen eran
el tráfico de drogas y de armas controlado por la agencia norteamericana, y
cuyo objetivo se orientaba a desestabilizar o a derrocar a gobiernos
"pro-comunistas" u hostiles a Washington, principalmente en el patio trasero
latinoamericano.
Una gran parte de las operaciones del "Contra-Gate" (según se dice, dirigida en
las sombras por el entonces vicepresidente de Reagan George Bush, padre del
actual presidente) se realizó mediante las redes financieras de la mafia
ítalo-norteamericana infiltrada en el Vaticano.
En el sumario abierto contra Roberto Calvi, se habla de que el Banco Ambrosiano
habría sido un trampolín al servicio de la CIA y la mafia para distribuir
cantidades siderales a las formaciones paramilitares "anticomunistas"
controladas por la CIA, con la complicidad de las ventajas fiscales del
Vaticano.
Esas fabulosas sumas de dinero fueron canalizadas a través de paraísos fiscales
como Panamá o Nassau, que después servirían para financiar todo tipo de
operaciones secretas (asesinatos de militantes y dirigentes de izquierda, golpes
de Estado, desestabilización de gobiernos, etc), fundamentalmente en América
Latina.
El ex dictador panameño Noriega, un agente de la CIA , intentó sin suerte que el
Vaticano intercediera para su liberación tras ser derrocado de la presidencia de
Panamá.
Según sus biógrafos, cuando llegó a Roma el Papa Luciani, quien soñaba con una
reforma profunda de la Iglesia, venía dispuesto a cortar de raíz las conexiones
financieras, políticas y doctrinales de la mafia italo-norteamericana en el
Vaticano.
En el libro de Camilo Bassoto “Mi corazón está todavía en Venecia”, se
transcriben las siguientes palabras del Papa Luciani: “sé muy bien que no seré
yo el que cambie las reglas codificadas desde hace siglos, pero la Iglesia no
debe tener poder ni poseer riquezas".
Cuando Juan Pablo I accede a la jefatura de la Iglesia católica decide destituir
a Paúl Marcinkus y renovar íntegramente el Banco Vaticano.
Según relata Camilo Bassoto, periodista veneciano y amigo personal de Juan Pablo
I, Luciani “pensaba tomar abierta posición, incluso delante de todos, la mafia,
publicar cartas pastorales sobre la mujer en la iglesia y la pobreza en el
mundo”.
Luciani se disponía, en definitiva, a revisar toda la estructura de la Curia
contaminada por la mafia y los servicios de inteligencia con terminal en
Washington.
“Aquella que se llama sede de Pedro y que se dice también santa no puede
degradarse hasta el punto de mezclar sus actividades financieras con las de los
banqueros.... Hemos perdido el sentido de la pobreza evangélica: hemos hecho
nuestras las reglas del mundo”, fueron sus palabras al llegar, según el
periodista.
Eso lo convirtió inmediatamente en "el hombre que debía morir".
Washington, el Opus Dei y el Papa "anticomunista"
Eliminado (por "muerte súbita") el Papa Luciani, y con la promoción del polaco
Wojtyla al trono de Pedro se favoreció, "casualmente", la salida que buscaban
el Opus Dei y otros movimientos integristas vinculados a la mafia
italo-norteamericana para seguir expandiendo su control sobre el cuerpo
corrupto de la plana mayor del Vaticano.
Cuatro años después, el Opus Dei y sus socios de la ultraderecha clerical vieron
disiparse el último nubarrón con la desaparición de Giovanni Bennelli , el
último opositor a la influencia creciente de la organización de Escrivá con sus
redes mafiosas extendidas hasta Washington.
Tras la muerte de Luciani, Juan Pablo II alcanza la jefatura del Vaticano en el
año 1978, en pleno desarrollo de la Guerra Fría por áreas de influencia entre
Washington y Moscú.
El perfil "anticomunista" de Wojtyla, su apostolado "anti-rojo" en Polonia,
calzaba a la medida de los intereses de Washington y de las mafias financieras y
de las drogas que hacían sus negocios con los gobiernos ultraderechistas
embarcados en la "guerra contra el comunismo", tanto en América Latina como en
el resto de los llamados países del Tercer Mundo.
Con la muerte de Luciani, el polaco Juan Pablo II, el "Papa del Opus Dei", ya
tenía el paso libre para acometer su involución doctrinal y perseguir los dos
principales objetivos políticos trazados: impartir la extremaunción a los
regímenes de Europa del
Este y bendecir a los militares golpistas y represores que perseguían a los
Teólogos de la Liberación en América latina.
En esa persecución feroz fueron asesinados, entre otros, monseñor Oscar Romero
(1980) e Ignacio Ellacuría (1989), éste junto a otros cinco jesuítas de la UCA y
dos mujeres,quienes fueron masacrados por los escuadrones de la muerte con
complicidad del ejército salvadoreño.
Juan Pablo II, nunca escuchó a Monseñor Romero en sus súplicas para que
intercediera ante sus verdugos.
Curiosamente, Juan Pablo II había despedido a Monseñor Romero, unos meses antes
de su muerte, después de una audiencia en torno a las violaciones de los
derechos humanos con un “no me traiga muchas hojas que no tengo tiempo para
leerlas... Y además, procure ir de acuerdo con el gobierno”.
Como relata López Sáez en su libro, Monseñor Romero salió llorando de la
audiencia papal, mientras comentaba “el Papa no me ha entendido, no puede
entender, porque El Salvador no es Polonia”.
La conexión entre el Vaticano, EEUU y la mafia italo-norteamericana con el Papa
Juan Pablo II, fue favorecida por a obsesión que atenazó a Wojtyla desde mucho
antes de su llegada al poder: acabar con el comunismo "ateo", el sistema en el
que había vivido y que todavía seguía vigente en su patria polaca.
La alianza del Vaticano con Washington -impulsada por los lobbystas del Opus Dei
y la Casa Blanca- ayudó a inclinar la victoria del capitalismo sobre la URSS.
Juan Pablo II fue el cruzado de la guerra contra el "ateismo rojo" en los países
bajo la órbita soviética y su prédica contribuyó a legitimar "espiritualmente"
la invasión capitalista a las regiones comunistas de la ex URSS.
Durante la gestión de Juan Pablo II el Opus adquirió un enorme poder en Roma.
Su ascensión se vio coronada en 1992 por la beatificación de Escrivá de Balaguer
(el fundador del Opus Dei) por parte de Juan Pablo II -amigo de larga data de la
organización- apenas diecisiete años después de su muerte y luego de un proceso
expeditivo, donde sólo se tuvieron en cuenta los testimonios positivos.
Sanjuana Martínez, en un artículo referido al libro Opus Dei, la telaraña del
Poder, señala que durante el papado de Juan Pablo II hay un beneficiario: el
Opus Dei. Su estatus de "diócesis supranacional" institucionalizó su poder y
radicalizó la guerra intestina en el Vaticano.
Los ejemplos concretos -señala Martinez- son contados por el grupo Los
Discípulos de la Verdad en el libro A la Sombra del Papa Enfermo. Los escándalos
en el pontificado de Juan Pablo II y la lucha por la sucesión, publicado por
Ediciones B.
En el capítulo titulado Los pecados del Papa Wojtyla el libro hace un recorrido
por los escándalos de corrupción, los negocios ilegales y los apoyos del
Vaticano a los regímenes dictatoriales de, entre otros, América del Sur.
En el apartado titulado "El obispo 007" detalla las responsabilidades de Juan
Pablo II en el escándalo financiero del banco pontificio IOR-Ambrosiano,
dirigido por Monseñor Paul Marcinkus, confirmado en su puesto por Wojtyla.
"La quiebra del Banco Ambrosiano fue una colosal estafa que costó a los
acreedores y a los contribuyentes italianos 287 millones de dólares y a los
fieles de la Iglesia al menos 241 millones de dólares. La estafa fue posible por
la objetiva connivencia de la banca papal, y el IOR sólo pudo ser cómplice
gracias a la anuencia --implícita o explícita-- de Juan Pablo II.
El escándalo del IOR-Ambrosiano costó la vida a Roberto Calvi. Si se trató de un
suicidio, "monseñor Marcinkus estuvo entre quienes empujaron a Calvi a su
desatinado gesto".
En cualquier caso, "el pontífice polaco no pronunció una sola palabra de
cristiana congoja ni de humana piedad por la muerte violenta del banquero
católico, que durante tantos años había negociado en nombre y por cuenta de las
finanzas vaticanas, señala Martínez en su artículo.
El misterioso poder del Opus Dei, sus tentáculos en las sombras, es, según los
expertos, el que impone la agenda dentro del sinuoso mundo de los negocios y del
control político sobre el Vaticano en la era de Juan Pablo II.
Su vinculación con la CIA y la mafia italo-norteamericana se intensificó en la
era de la administración Reagan-Bush, debido a sus contactos con la curia
ultraderechista latinoamericana, principalmente en Chile, Argentina, Paraguay y
Centroamérica.
El cardenal Wojtyla era el candidato papal del Opus y en su elección como Papa
cumplió un papel determinante el cardenal König, arzobispo de Viena y hombre
cercano a la organización.
Siendo obispo de Cracovia, monseñor Karol Wojtyla ya viajaba a Roma invitado por
el Opus, que lo alojaba en la bella residencia del viale Bruno-Bozzi N° 73, en
un elegante suburbio de Roma.
Además de la categorización de la Obra y de la beatificación de Escrivá de
Balaguer -dos decisiones que levantaron una ola de críticas en todo el mundo- el
Papa Juan Pablo II se rodeó de miembros del Opus, señalados como vinculados a
los distintos vasos comunicantes de esta organización con Washington y las
redes de la mafia italo-norteamericana.
Según diversas investigaciones reflejadas en el libro del sacerdote católico
López Sáez, con Juan Pablo II en el poder del Vaticano, se desviarían fondos
ilegalmente del IOR, vía Banca Ambrosiana, a la financiación del sindicato
polaco Solidaridad con 500 millones de dólares entregados a Lech Wallesa, el
equivalente político de Wojtyla en Polonia.
El general Vernon Walters, antes de morir, y refiriéndose a Ronald Regan, dijo
que “fue quizá él quien ayudó al Espíritu Santo en la elección de Wojtyla, y
puede que colaborase en la muerte del Papa Luciani”.
Por su parte, Richard Allen, que fue consejero de seguridad del presidente
Reagan, afirmó que “la relación de Reagan con el Vaticano fue una de las más
grandes alianzas secretas de todos los tiempos”.
En realidad, y como queda expuesto en el libro del sacerdote López Sáez, el
ascenso de Wojtila al trono de Pedro había sido decidido a lo largo de la década
de los setenta, en la Casa Blanca y en los círculos del poder económico de EEUU.
López Saez señala que con la ayuda de una profesora universitaria bien
"conectada", Wojtyla fue introducido en los círculos próximos al poder de
Washington a través del cardenal de Filadelfia, Krol, y del renombrado político
Zbigniew Brzezinski (ambos, de ascendencia polaca).
Otras fuentes en el Vaticano señalan que la otra pata decisiva en la conexión
de Juan Pablo II con Washington fue conformada por la relación de su secretario
privado, el arzobispo polaco Stanislaw Dziwisz (señalado como el jefe del "grupo
polaco" que controlaba a Wojtyla) con el establishment de poder norteamericano
"trilateralista" que giraba alrededor de Brzezinski durante la administración
Carter a fines de los 70.
Brzezinski, un personaje de los "tanques de pensamiento" (Think Tank)
norteamericanos, ligado intelectualmente al republicano Henry Kissinger, fue
consejero de seguridad del presidente Carter y se comunicaba epistolarmente con
Wojtyla en forma regular, cuando éste ya era el Papa Juan Pablo II.
Gran admirador de Henry Kissinger, Zbigniew Brzezinski preconizaba una teoría
para debilitar y acorralar militarmente a la Unión Soviética (tesis que siguió
desarrollando tras la caída de la URSS) que sostenía que la mejor manera era la
desestabilización de sus regiones fronterizas y la penetración ideológica,
principalmente a través de la fe católica postergada desde la instalación del
comunismo en las repúblicas soviéticas.
En ese tablero estratégico encajaba perfectamente el ascenso del "anticomunista"
Wojtyla a la jefatura del Vaticano que Brzezinski y el republicano Kissinger, en
alianza con el Opus Dei y los sectores conservadores de la Iglesia Católica,
operaron en Washington y en los cenáculos del establishment de poder
norteamericano.
La figura de Juan Pablo II, por decirlo de alguna manera, "cerraba" los dos
propósitos fundamentales de Washington: abrir el camino a la expansión de sus
trasnacionales en Europa del Este de la mano de la prédica "anticomunista" de
Wojtyla, y apuntalar con el Vaticano a la Doctrina de Seguridad Nacional,
sustento motriz de las dictaduras militares latinoamericanas que combatían al
peligro "subversivo rojo" en la región.
Con la llegada de Reagan al poder, la conexión entre el Vaticano y la Casa
Blanca se haría todavía más estrecha, cuando el ex actor designó entre sus
representantes de política exterior a católicos militantes del Opus Dei, en una
estrategia para aproximarse a la al estado mayor que controlaba la política del
Vaticano.
El Opus tras la sucesión de Juan Pablo II
Años más tarde de la ascensión del polaco Wojtyla al poder, un miembro del Opus
Dei, el español Joaquín Navarro Valls, la cara mediática y el hacedor de la
estrategia comunicativa de Juan Pablo II, se convirtió en uno de los nexos
principales de la administración de George W. Bush (el hijo del ex presidente, y
vice de Reagan, George Bush) con el Papa recientemente fallecido.
Asimismo, Navarro Valls fue clave para que el Vaticano y la curia española
mayoritariamente "opudeísta" acogieran como suya, la alianza del ex presidente
de España, José María Aznar, con el gobierno de Washington.
En diciembre de 1984, Juan Pablo II nombró como nuevo director de la Oficina de
Prensa de la Santa Sede -y como único portavoz papal -al periodista español
Joaquín Navarro-Valls, miembro numerario del Opus Dei.
Esta designación-señalan los expertos vaticanistas- provocó fuertes resistencias
en el interior de la estructura del poder curial, debido a que la influencia
del Opus Dei sobre Papa Wojtyla se había convertido en vox populi de los
pasillos del Vaticano.
El poder e las facciones mafiosas se veía desbordado por la estrategia del
Opus, mediante la cual el "Papa mediático" se dirigía al mundo a través de un
portavoz del Opus Dei.
"En efecto, la Oficina de Prensa de la Santa Sede se transformó enseguida por
obra de Navarro- Valls en un gabinete de dirección mediática.
Navarro-Valls se se convirtió así en el "hombre de confianza" del Papa,
manteniendo una situación de contacto permanente solo igualada por el histórico
secretario privado de Wojtyla, el llamado "jefe del grupo polaco", monseñor
Dziwisz.
En los círculos del poder curial se señalaba que el responsable del nombramiento
de Navarro-Valls como vocero del Papa había sido monseñor Martínez Somalo,
operador político del Opus Dei, contando con la anuencia del secretario Dziwisz.
Según los expertos, la Oficina de Prensa, en manos del Opus Dei, se separó de la
entonces Pontificia Comisión para las Comunicaciones Sociales y se convirtió en
un departamento autónomo de la Secretaría de Estado, bajo las directas órdenes
de Juan Pablo II.
Joaquín Navarro-Valls reestructuró las estructuras de la Oficina de Prensa, que
transformó en un instrumento opusiano dedicado a la proyección de Juan Pablo II
y a la mistificación de las "verdades oficiales" de su apostolado mediático.
El vocero papal del Opus Dei se convirtió en el estratega mediático de Juan
Pablo II en el Vaticano, y sobre todo de sus giras por el mundo, cubiertas por
el aparato de las grandes cadenas internacionales y con millones de dólares
provenientes de los fondos de la Iglesia católica.
En un artículo el "vaticanólogo" Giancarlo Zizola afirma que: "Con el favor del
Papa Wojtyla, en los últimos tiempos el Opus Dei se ha enriquecido con nuevos
campamentos base a partir de los cuales proseguir su escalada hacia más sólidas
posiciones de poder".
Expertos del Vaticano, señalan que la presencia del actual Presidente Bush, y
los ex presidentes Clinton y Bush padre, en el velatorio de Juan Pablo II, fue
una operación urdida por el Opus Dei, contando con Joaquín Navarro Valls como
organizador y ejecutor principal.
El objetivo no sería otro que el de avalar -con la presencia del establishment
político de Washington- las operaciones secretas que están realizando los
miembros del llamado "cuadrilátero vaticano" para imponer un Papa controlado
por el Opus Dei en el cónclave de cardenales a realizarse dentro de dos semanas.
El Opus se valió de ese lobby curial, la troyka del "cuadrilátero" (también
integrado por monseñor Dziwisz y el "grupo de los polacos" que se convirtieron
en custodios del Testamento del Pontífice fallecido) para controlar la mayoría
de la decisiones políticas del Papa Juan Pablo II desde que fuera instalado al
frente de la Iglesia Católica en 1978.
Sus operadores más representativos en el cónclave de elección papal son los
cardenales Sodano, Herranz, y Ratzinger, quienes se encargarán de que en el
Vaticano siga reinando un Papa (de la ideología que sea) potable a las
decisiones de la conexión Washington-Opus Dei-mafia financiera
italo-norteamericana, quien pretende seguir controlando los destinos de la
"Santa Sede".
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MASONERÍA Y OPUS DEI
Charla leída por el Ven:. H:: Jorge Eliécer Salazar Avenia en la Ten:. Ord:.
y de calendario de la Resp:: Log:: Unión No. 9, Jurisdiccionada a la
Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia con Sede en Cartagena el día 1 de
agosto de 1999 ).
REFERENCIA HISTÓRICA
El Opus Dei fue fundado por Josemaría Escrivá de Balaguer en Madrid el 2 de
octubre de 1928, aunque en ese momento solo se llamó la "Obra". Su pretensión de
denominarla "La Obra de Dios " - Opus Dei - sólo se concretó el 14 de febrero de
1930, cuando dijo que recibió directamente el mensaje desde la divinidad.
En sus inicios el Opus Dei dirigió sus trabajos a los enfermos de los hospitales
y los pobres, y fue rápidamente extendiéndose a distintas actividades sociales y
económicas. Igualmente en 1930, Escrivá acepta que el Opus Dei está dirigido
también a la mujer y dentro de su membrecía se abre una categoría especial para
las mujeres aunque básicamente está conformada, por varones, en la medida en que
su cúpula de poder y mando está formada por religiosos y clérigos.
Desde 1933 incursionó en la educación y a través de la Academia DYA comenzó su
trabajo en este campo en Madrid. Como lo dicen sus propios reglamentos, la
misión de la Academia, es la de dar formación religiosa y enseñar el mensaje del
Opus Dei entre la juventud. Este fin esencial en la educación que se imparte
bajo los dictados de la Obra se ha mantenido y reafirmado desde entonces.
Durante la guerra civil española el Opus Dei fue una avanzada y activísimo grupo
combatiente contra la República Española y a favor del generalísimo Francisco
Franco. Esta colaboración prestada por el Opus Dei al dictador Español fue
tenida en cuenta y compensada posteriormente durante el largo período de
gobierno de la dictadura.
A comienzos de 1940 oficialmente la iglesia católica concedió aprobación al Opus
Dei, a través del Obispado de Madrid. Y en el 1943 a través de la Sociedad
Sacerdotal de la Santa Cruz, se le autorizó para ordenar sus propios sacerdotes,
convirtiéndose así en un tiempo relativamente corto en una poderosa congregación
con capacidad para darse sus propios dirigentes. Los años finales del decenio de
1940 encuentran radicado en Roma a Escrivá de Balaguer, en donde mediante una
intensa actividad de lo que hoy llamamos lobby, consiguió que el Vaticano diera
la primera aprobación pontificia del Opus Dei y lo constituyera en Instituto
Secular.
En 1950 Pio XII promulgó la aprobación definitiva de la Obra. El Decreto
aprobatorio permitió la aceptación en el Opus Dei de personas casadas y la
asimilación de sacerdotes de otras congregaciones católicas.
En tan sólo 20 años el Opus Dei recorrió un camino que costó años y en
ocasiones siglos a otras congregaciones católicas.
A Finales de los años 50 se inicia la expansión continental a la América hispana
del Opus Dei. Perú, México, Venezuela, Guatemala, Chile, Argentina, Colombia,
Ecuador, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, Puerto Rico, Honduras, Trinidad
Tobago, República Dominicana y Nicaragua, así como también Canadá y Estados
Unidos, y en fin, todos los países centro y sur americanos entrar a formar parte
de los objetivos de la obra de Escrivá de Balaguer. El mismo, o las más altas
autoridades de la congregación visitan los países, promueven la fundación de
colegios y la instalación de capítulos, no sólo en España y Portugal, sino
también en América Latina. Cuando Escrivá de Balaguer fallece, el 26 de junio de
1.975, el Opus Dei es ya un poderoso brazo de la Iglesia instalada en el poder o
muy cerca de él en los países Hispano Americanos.
Toda la influencia y el poder de la Iglesia Católica se ha puesto a las órdenes
y al servicio del Opus Dei desde su fundación. ¿Qué razones ha habido para ello
?. Para contestar este interrogante debemos analizar las condiciones y el
momento histórico en que es fundado y mirar, así sea a vuelo de pájaro, las
relaciones entre la Iglesia Católica y la Masonería antes de la creación del
Opus Dei y después de ella.
MASONERÍA E IGLESIA CATÓLICA
A pesar de que las relaciones entre la Orden Masónica y la Iglesia Católica han
sido siempre difíciles y cargadas de problemas, no obstante, podemos establecer
tres momentos en ellas: dos períodos puntuales de tensión y enfrentamiento, el
primero, se dio en el siglo XVIII y el segundo, en el siglo XIX, y un tercer
período de serenidad y acercamiento, especialmente de la Masonería a la Iglesia
Católica, que ha sido perpetuado por algunos sectores fundamentalistas en
materia religiosa y de derecha en orientación política.
Rápidamente miremos cada uno de ellos. El Siglo XVIII, ve nacer formalmente la
Masonería con las constituciones de 1722 de los pastores Anderson y Desaguliers
y es una centuria llena de zozobra y persecuciones contra la Orden Masónica.
Realmente, fueron escasos los Gobiernos y los Estados que no prohibieran la
Masonería y las reuniones de Masones. En realidad la Corte de Roma o la Santa
Sede no fueron los primeros ni los únicos en condenar y prohibir la Masonería.
En 1735 lo hicieron los Estados Generales de Holanda; en 1736, el Consejo de la
República y Cantón de Ginebra; en 1737 son la Francia de Luis XV y el Príncipe
Elector de Manheim en el Palatinado, Hamburgo y Federico I de Suecia en 1738;
María Teresa de Austria lo hará en 1743; en Aviñon. París y Ginebra en 1744; en
1745 el Cantón de Berna, el Consistorio de Hannover y de Nuevo París, incluso el
Gran Sultán de Constantinopla lo hará en 1748; Carlos VII de Nápoles (futuro
Carlos II de España), y su hermano Fernando VI de
España en 1741; en 1763 los Magistrados de Danzintg; en 1770 el Gobernador de
la Isla de Madeira y los gobiernos de Berna y Ginebra; en 1784 el Príncipe de
Mónaco y el Elector de Baviera Carlos Teodoro; en 1785 , el Duque de Baden y el
Emperador de Austria José II; en 1794 el Emperador de Alemania Francisco II, el
Rey de Cerdeña Víctor Amadeo, y el Emperador Ruso Pablo I; en 1798 se suma a los
perseguidores Guillermo II de Prusia, éstos solo, para citar los más conocidos.
No hubo entonces suelo europeo, donde no se persiguiera a la Masonería.
Sin embargo, no pueden considerarse todas estas persecuciones como hechos
aislados atribuibles exclusivamente a cada Estado, gobernante o autoridad. Ellas
tienen un hilo conductor que habrá de mostrarse con las prohibiciones y condenas
de los Papas Clemente XII en 1738 y Benedicto XIV en 1751, así como en el
Decreto del Cardenal Firrao para los Estados Pontificios en 1739.
En ese momento los cargos que se le hacen a la Orden Masónica se refieren al
Secreto riguroso con que los Masones se protegían y al juramento que ellos
hacían. Cargos que permitieron aplicarles el derecho, heredado del Imperio
Romano, que consideraba como ilícita, subversiva y un peligro para la
tranquilidad de la religión oficial, el buen orden y la tranquilidad de los
Estados, a toda asociación o grupo autorizado por el Gobierno.
A estos motivos que podrían llamarse de Estado, que tuvo la Roma Antigua para
perseguir a los primeros cristianos, los Papas Clemente XII y Benedicto XIV
agregaron el considerar a los Masones y a sus reuniones como sospechosos de
"herejía", y argumentaron a favor de este criterio el hecho de que los Masones
admitían en sus reuniones a todo tipo de individuos, fueran católicos o no
católicos, y sancionaron con pena de excomunión a los Masones.
Esta drástica medida para combatir la Masonería está claramente establecida en
el Edicto del Secretario de Estado del Vaticano, el Cardenal Firrao, promulgado
el 14 de enero de 1739, en el que se dice " que las reuniones Masónicas eran no
sólo sospechosas de herejía, sino, sobre todo, peligrosas a la pública
tranquilidad y a la seguridad del Estado Eclesiástico, ya que de no tener
materias contrarias a la fe ortodoxa y al Estado y tranquilidad de la República,
no usarían tantos vínculos secretos ". Una consecuencia inmediata y directa de
esta edicto fue la pena de muerte, confiscación de bienes y demolición de las
viviendas de los Masones.
Además, se dio también como resultado del mencionado edicto, la creación del
llamado delito de Masonería, pues en las naciones con gobiernos confesionales,
los Masones fueron perseguidos no por serlo, sino por ofensa a la religión
católica, puesto que estaban excomulgados, fundamentándose el delito de
Masonería en la lesión del Orden religioso católico, y desde el momento que éste
se tenía como base de la Constitución de los Estados católicos, el delito
eclesiástico automáticamente pasaba a concebirse y castigarse como delito
político.
Lo anterior explica por qué en ningún documento del Siglo XVII, incluidas las
bulas de Clemente XII y Benedicto XIV, se prohibe la Masonería en cuanto a
Institución, sino " las reuniones de Masones ", las cuales se señalan con
nombres disímiles en la bula In Eminenti del Papa Clemente XII, como son
Asambleas, Conventículos, Juntas, Agregaciones, Círculos, Reuniones, Sociedades,
etc.
El segundo momento de las relaciones entre la Masonería y la Iglesia Católica se
va a dar en el siglo XIX. Viene marcado este período por la aparición de las
sociedades Americana, primero, y luego de la Revolución Francesa en los
soberanos absolutistas de la Europa del congreso de Viena que no se resignaban a
perder su poder. Situación ésta que va a merecer especial preocupación por parte
de Roma.
Sabido es, que ambas revoluciones van a contar entre sus líderes y víctimas a
muchos Masones e incluso sacerdotes católicos, que se supo, en ese momento,
pertenecían a la Masonería, como es el caso del cura católico Gallot, que fue
más tarde elevado a la condición de beato por la Iglesia Católica . Este papel
preponderante de la Masonería en ese momento histórico creó dos situaciones
diferentes. Por un lado, en los países anglosajones, como Estados Unidos, Gran
Bretaña y países Nórdicos, la Masonería adquirió prestigio social y tuvo
presencia política, inclusive con figuras del clero no católico. Es así como los
Reyes de Inglaterra y Suecia pertenecían a la Masonería en sus respectivos
países y gran parte de los presidentes de Estados Unidos militaban en sus filas.
En cambio, en los países católicos los ideales de la Masonería, confundidos e
identificados en gran medida con los del liberalismo, suscitaron por parte de la
Iglesia católica y de los gobiernos absolutistas de la época, una dura reacción
contra la Masonería, originada en la conocida unión del Trono y el altar en
defensa de sus respectivos poderes. Esta imagen de la Masonería Latina Europea
fue la que atrajo a los líderes de la revolución Hispanoamericana, Bolívar,
Miranda, San Martín, Santander, etc.
De manera que en los primeros años del siglo XIX el enfrentamiento Masonería -
Iglesia católica va a darse dentro de los marcos de interpretación de las
revoluciones americana y francesa y de las consecuencias surgidas alrededor del
denominado mito del complot Masónico - revolucionario, difundido por el abate
Barruel. Este famoso mito atribuyó a la Masonería, la creación de grupos de
subversión, levantados en armas contra los gobiernos de los Estados, y que
hostilizaban en la lucha armada a la Iglesia Católica, como la renombrada
Carbonería Italiana. La profusión de estas sociedades secretas las atribuyó la
Iglesia a los Masones, evitando así que la Masonería Latina Europea pudiera, al
igual que la anglosajona, evolucionar rápidamente en su crecimiento y
desarrollo.
El Vaticano no desaprovechó la oportunidad para mantener la prohibición y la
condena contra los Masones y sus reuniones, llegándose inclusive a considerar a
la Masonería como una "Sociedad clandestina cuyo fin era conspirar en detrimento
de la iglesia y de los poderes del Estado". En este sentido, se pronuncian la
constitución Ecclesian Christi de 1821, promulgada por el Papa Pío VII y la
Humanum Genus de 1884, dada por León XIII. Pío IX y León XIII en el ánimo de
mantener la confrontación con la Masonería, se refirieron a ella en sus
documentos y alocuciones, en más de 2000 ocasiones.
En este período crítico de las relaciones entre ambas Instituciones, la Iglesia
llegó inclusive a afirmar que la Masonería atacaba "los derechos del poder
sagrado y de la autoridad civil", que "conspiraba contra la Iglesia y el poder
civil", que "atacaba a la iglesia y los poderes legítimos".
En Humanum Genus, León XIII afirma que el último y principal de los intentos de
la Masonería "era el destruir hasta sus fundamentos todo el orden religioso y
civil establecido por el cristianismo, levantando a su manera otro nuevo con
fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo". Afirma también que
"la secta Masónica tiene empeño en llevar a cabo las teorías de los naturistas"
y que "mucho tiempo ha, que trabaja tenazmente para anular en la sociedad toda
injerencia del magisterio y autoridad de la Iglesia y a este fin pregona y
contiende deberse separar la Iglesia y el Estado, excluyendo así de las leyes y
la administración de la cosa pública el muy saludable influjo de la religión
católica".
Este enfrentamiento originó que en el Congreso Internacional de Trento , se le
diera a la Masonería un trato que llevó a la Orden Masónica de los países
latinos a pregonar y practicar un exacerbado anticlericalismo y laicismo.
El resultado final, ya en los albores el siglo XX, es que el Código de Derecho
Canónico promulgado el 27 de mayo de 1917, después de la muerte de León XIII,
recogió la doctrina jurídica de la iglesia sobre la Masonería, especialmente las
de Pío IX y León XIII. Es así como en el canon 2335 se confirman las
disposiciones pontificias del siglo XIX, precisando la sanción al establecer que
"los que dan su nombre a la secta Masónica o a otras asociaciones del mismo
género, que maquinan contra la Iglesia o contra las potencias civiles legítimas,
incurren ipso facto en excomunión simplemente reservaba a la Sede Apostólica".
Es precisamente en este período lleno de agrios y duros enfrentamientos entre la
Masonería y la Iglesia Católica,cuando en 1928, Josemaría Escrivá de Balaguer
funda el Opus Dei. Desde su creación la nueva congregación aglutinó a los
miembros más ortodoxos y fundamentalistas del clero católico, quienes comenzaron
su trabajo misional con esos sectores de la feligresía.
En realidad de verdad, La Obra debió ser un propósito que tal vez se anidó en el
ánimo de Escrivá desde mucho antes de 1909 y cuyos orígenes pueden rastrearse en
el primer decenio del siglo, alrededor del periódico El Debate perteneciente a
la escuela del Real Patronato de Santa Isabel, en donde él ejercía como profesor
de Filosofía y de Deontología; o en sus relaciones estrechas con la Asociación
Católica Nacional de Propagandistas, la cual desde El Debate impulsaba de manera
dogmática su creencia religiosa. Esta Asociación de propagandistas fundada en
1909 por el sacerdote jesuita Ayala, tenía como fin "formar unas minorías
escogidas, compuestas de hombres ' apostólicos ' pertenecientes a las más
variadas profesiones sin que tuviesen necesidad de hacer un voto especial de
carácter religioso"; o en sus cercanas relaciones con Gil Robles fundador de la
"Confederación Española de los Derechos Autónomos" partido político de carácter
religioso.
Todas estas relaciones y amistades con el más crudo sectarismo religioso español
y la violenta derecha hispana, fueron caldo de cultivo del Opus Dei. Si a esto
agregamos el momento histórico en que se da - al que nos hemos referido antes,
es posible entender que el Opus Dei fuera desde sus inicios un ariete que golpeó
de manera sistemática a la Masonería y a los Masones. Situación que habrá de
verse de manera muy especial y concreta en España, en donde la Masonería fue
soporte activo y combatiente a favor de la República, mientras que la gran
mayoría de la Iglesia Católica, especialmente sus más altas jerarquías, lucharon
a favor de las fuerzas de Franco.
Este carácter antimasónico del Opus Dei, enraizado en su mismo nacimiento, va a
generar otra de las características, ésta coincidente con la Masonería, y fue la
de utilizar algunos de los principios filosóficos esenciales de nuestra Augusta
Institución en su ideario religioso, además de que sus miembros se someten a un
rito de iniciación secreto, pero marcando su trabajo social, en salud y
educación, con postulados muy diferentes a los de la Masonería. Es decir, de
alguna manera Josemaría Escrivá, buscó formar una Masonería para los sectores
más recalcitrantes y dogmáticos de la Iglesia Católica.
Esta actitud del fundador del Opus Dei, pretendió atraer también hacia La Obra y
alejar de la Masonería a los sectores más tolerantes del clero católico y de su
feligresía creyente. Este aspecto del Opus Dei, necesariamente tenía que
producir, recrudecer y mantener las diferencias con la Orden, especialmente en
España, México y Brasil.
Creado ya el Opus Dei, se va a presentar el tercer período, cuyo punto de
referencia más importante es la creación del Concilio Vaticano II (1961 - 1965),
en cuyas conferencias habrá de darse una tendencia mayoritaria de aproximación
entre la Masonería y la Iglesia Católica. En este sentido, los Obispos de
México, monseñor Sergio Méndez Arceo y de Brasil, el sacerdote jesuita Riquet,
junto con la mayor parte de la Iglesia francesa, holandesa y escandinava,
lideraron este acercamiento.
Uno de los más interesados en que este acercamiento cristalizara, fue el buen
Papa Juan XXIII, quien en 1963 hizo pública la siguiente Oración :
"Señor y Gran Arquitecto :
"Nosotros nos humillamos a tus pies e invocamos tu perdón, por la herejía en el
curso de desconocer en nuestros hermanos Masones, como tus seguidores
predilectos.
"Luchamos siempre contra el libre pensamiento, porque no habíamos comprendido
que el primer deber de una religión, como afirmó El Concilio, consiste en
reconocer hasta el derecho de no creer en Dios.
"Habíamos perseguido a aquéllos que dentro de la propia iglesia habíanse
distanciado inscribiéndose en las Logias, despreciando todas las injurias y
amenazas.
"Habíamos irreflexivamente acreditado que una señal de la Cruz pudiese ser
superior a tres puntos formando una Pirámide.
"Por todos esto nos arrepentimos Señor y con tu perdón, te rogamos, nos hagas
sentir que un Compás sobre un nuevo altar, puede significar tanto como nuestros
viejos Crucifijos. Amén".
En el año de 1974 el Cardenal Seper, prefecto de la Congregación para la
Doctrina de la Fe, admitió públicamente la existencia de Masonerías sin ánimo de
enfrentamiento religioso con la Iglesia Católica y reconocía por primera vez
desde 1738 que la excomunión lanzada hacía dos siglos, era entendible en medio
de los problemas políticos y de luchas religiosas ya superados. Producto de esta
nueva situación, la Iglesia Católica promulgó el 8 de enero de 1983 un nuevo
Código de Derecho Canónico, en el cual el antiguo y drástico canon 2335, al que
ya hice referencia antes, fue sustituido por el canon 1374, en el cual ya no hay
una referencia concreta a la Masonería ni a la excomunión y cuyo tenor literal
es el siguiente: "aquellos que dan sus nombres a asociaciones que maquinan
contra la Iglesia, serán castigados con un pena justa; aquéllos que las
promuevan o dirijan serán castigados con la pena de entredicho".
Este canon resistió todas las presiones de los sectores más ortodoxos de la
Iglesia, entre los cuales destacó por su activísima participación para evitar
que se promulgara, el Opus Dei. No obstante, el Cardenal Ratzinger, actual
prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cercano al Opus Dei y su
gran defensor en las antesalas del Vaticano, expidió un Declaración sobre las
Asociaciones Masónicas el 27 de noviembre de 1983, en la cual insiste en la
condena y el rechazo a la Masonería y prohibe a las autoridades eclesiásticas
locales, pronunciarse sobre esta Asociación ya que se le considera inconciliable
con la doctrina de la Iglesia. Posteriormente el 23 de febrero de 1985, ante el
poco acatamiento que había tenido dicha Declaración, el Obsservatore Romano,
órgano oficial del Vaticano, publicó un artículo sin firma denominado
"Reflexiones a un Año de la Declaración de la Congregación para la Doctrina de
la Fe. Inconciabilidad entre la Fe Cristiana y la Masonería". Esta
nota es la vuelta a los tiempos inquisitoriales de la Iglesia, respecto de la
Orden Masónica.
MASONERÍA, OPUS DEI Y PODER
A pesar de ser la Masonería organización apolítica, uno de los cargos que le
hicieron los gobiernos absolutistas y el Vaticano fue el de ser una asociación
que perseguía el poder para derrocar los gobiernos imperantes, con el fin de
instaurar sus propios postulados y doctrinas, extraídos del más furioso
anticlericalismo y laicismo y de las enseñanzas del naturalismo, en el decir de
ellos.
La caída del absolutismo no quiso ser comprendida como una reacción de la
sociedad en general, como en efecto lo fue, sino que en sectores interesados, la
participación de los Masones en los hechos revolucionarios de 1779 y 1781 en
América y Francia, fue una confirmación de las actitudes subversivas de la
Masonería.
En los siglos XIX y XX se da el apogeo de los gobiernos laicos como consecuencia
de la separación de la Iglesia y el Estado. Este hecho significó la pérdida de
una gran parte del poder terrenal que la Iglesia Católica ejercía en Europa y
América Latina.
Retomar ese poder perdido ha sido uno de los fines del Opus Dei. Para
conseguirlo, ha trabajado durante más de setenta años, tanto dentro de la
organización de la propia Iglesia como de los gobiernos de España, Portugal e
Hispanoamérica. En este tiempo, brevísimo en comparación con los tres milenios
que ajusta la Iglesia de Roma, su diplomacia se ha adjudicado destacadísimos
logros en uno y otro campo. Se ha convertido en la más importante fuerza
dominante dentro de la curia Romana, contando inclusive con el decidido apoyo de
Juan Pablo II, aunque ello le ha granjeado no pocas resistencias y oposiciones
de otros sectores de la Iglesia igualmente poderosos, que se han visto
desplazados por la Obra. Según el Annuario Pontificio cuenta con 80000 miembros
en 80 países de todo el mundo, de los cuales 2000 son sacerdotes. Es la única
diócesis flotante, como prefectura personal, que existe y por lo tanto no está
sometida a ninguna autoridad eclesiástica local y está gobernada por un prelado
general que solo rinde informes al Papa cada cinco años. Esta situación ha
llevado a que grupos de la Curia Romana digan que el Opus Dei pretende ser una
Iglesia dentro de la Iglesia.
De otro lado, el hecho de trabajar en todo el mundo con los jóvenes, le permite
estar en contacto con lo más granado de la inteligencia y del poder económico de
los países. De esta manera, ha conseguido en las naciones hispanoamericanas,
colocarse muy cerca del poder político, cuando no dentro de él. Así ha orientado
muchas de las políticas de gobierno en España, Colombia, Perú y otros países
centro y sur americanos.
Superado el problema eminentemente religioso, que para la Masonería no existe,
se quiere presentar la lucha por el poder como otro factor que no permite la
conciliación de las dos Instituciones. Debido a que el Opus Dei busca ser pilar
ideológico y doctrinario, desde una visión teocrática de los gobiernos, rechaza
por peligrosa la apoliticidad propia de la Masonería.
CONCLUSIONES
Podemos concluir esta breve charla afirmando que :
El Opus Dei es una congregación de carácter religioso, con características de
secta, y, por ende, dogmática, al servicio del fundamentalismo y la ortodoxia de
la Iglesia Católica. La Masonería, por el contrario, es una filosofía, carente
de etiquetas religiosas, filantrópica, ética y apolítica.
El Opus Dei es una Institución Religiosa Católica, con la cual tal vez la Curia
romana está experimentando la posibilidad de recuperar para la religión el poder
político en los Estados.
Aunque el Opus Dei sea una organización que tiene iniciados y ritos iniciáticos
para sus miembros, que comparte con la religión católica los llamados misterios
de la Iglesia, no es en realidad una Masonería, pues se aparta de muchos de los
principios fundamentales de esta Institución.
El Opus Dei busca a través de la práctica religiosa, el poder terrenal para la
Iglesia Católica. Lo cual significaría un retroceso histórico al volver a
confundir el Trono y el Altar bajo una misma fe o credo. La Masonería respeta
toda creencia o práctica política que funcione lícitamente dentro de los
Estados, si bien procura que los afiliados suyos que ejerzan poder político, lo
hagan con observancia de su enseñanza ética, moral y filosófica.
Si bien el acercamiento entre Masonería y Opus Dei es posible, dentro de los
postulados de tolerancia y respeto, esa sola circunstancia no borrará las
discrepancias y diferencias entre las dos Instituciones.
BIBLIOGRAFÍA
BUNSON, Matthew E: "La Sabiduría del Papa" - palabras de esperanza e inspiración
de Juan Pablo II - Editorial EDAF. Madrid, 1996.
DE KEMPIS, Tomas: "Imitación de Cristo". Editorial Tor, buenos Aires.
Enciclopedia Británica Online: "Opus Dei". En :
http:/ / members.eb.com/bol/topic?eu=58673&sctn=1.
FERRER BENIMELI, José Antonio: "Cursos de Verano en el Escorial" - Masonería y
Religión: convergencias, oposición, ¿incompatibilidad?, Primera Edición.
Editorial Complutense. España, 1996.
GUERRY, Emile, Monseñor: "La Doctrina social de la Iglesia", Segunda Edición.
Ediciones Rialp S.A. Madrid, 1961.
Historia del Opus Dei. Publicada pro la Oficina de Información del Opus Dei en
España, 1998.
LE VAILLANT, Yvon: "La Santa Mafia". Editores asociados, S. De R. L. México,
1971.
MONCADA, Alberto: "Historia Oral del Opus Dei". Editorial Plaza & Janés, 1987.
VACA DE OSMA, José Antonio: "La Masonería y el Poder". Editorial Planeta.
Barcelona España, 1992
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REBELION DE LOS 33 <horasdelucha33@...> wrote:Fecha: Wed, 23 Mar 2005
03:24:23 -0300 (ART)
De: REBELION DE LOS 33 <horasdelucha33@...>
Asunto: Fwd: Itália: contra todos os exércitos e
contra todos os Estados!
A: kolectivorebeliondelos33@...
moésio reboucas <m_reboucas@...> wrote: Fecha: Mon, 21 Mar 2005 23:04:14
-0300 (ART)
De: moésio reboucas <m_reboucas@...>
Asunto: Itália: contra todos os exércitos e contra
todos os Estados!
A: a_n_a@...
Itália: contra todos os exércitos e contra todos os Estados!
Uma passeata com centenas de anarquistas vindos de quase todas as regiões
italianas marcou o ato antimilitarista organizado pela Federação Anarquista
Italiana (FAI), em Rimini (cidade que possui um aeroporto militar), no dia 19 de
março, na passagem do segundo aniversário de invasão e massacre no Iraque,
liderado pelos EUA. Este protesto fez parte da Jornada Antimilitarista
Internacional.
Imagens falam mais que palavras, então se contagie com as belas fotos em:
http://italy.indymedia.org/news/2005/03/756563.phphttp://italy.indymedia.org/news/2005/03/756514.phphttp://italy.indymedia.org/news/2005/03/756538.php
Mais infos, cartazes e folhetos em: www.federazioneanarchica.org
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El Aborto: el escenario bioético
Las 750 palabras que me permiten los editores de La Jornada, son insuficientes
para cualquier gesta que lidie con el tema del aborto. Así que, para que el
producto de estas líneas llegue a buen término -hablo conmigo-, lo prolongaré,
como escritos independientes, durante dos o tres semanas. Al escenario bioético
habrán de agregarse las razones a favor y en contra del aborto, los números como
sinónimo de la realidad, el papel de la mujer como gestante pero no como
receptáculo de fetos, las controversias morales y las preguntas de las
preguntas.
Temas tan delicados como el aborto, la eutanasia, o la clonación, deben leerse
bajo el prisma de la bioética y la realidad social y particular del individuo.
Cada persona debe estudiarse como un caso independiente y no bajo un enlistado
rígido de ideas. Las normas bioéticas son una guía moral que orienta a médicos,
sociedad e individuo.
La ética médica, a nivel mundial, suele (o debería) estar regida por cuatro
principios cuya publicación inicial cumplirá dos siglos. El origen de éstos suma
las venas comunes de la tradición médica y de la moral; estas ideas deben ser
leídas como una agenda incompleta que dejan amplio espacio para que cada caso
sea discutido.
Son cuatro los principios:
Respeto por la autonomía (norma que avala la capacidad de decidir de las
personas autónomas)
Ausencia de maleficiencia (concepto que evita causar daño)
Beneficiencia (grupo de preceptos diseñado para proveer beneficios y
balancear beneficios contra riesgos y costos)
Justicia (grupo de normas para distribuir beneficios, riesgos, y costos
objetivamente).
Si bien la beneficiencia y la no maleficiencia han jugado un papel histórico en
la ética médica, en las últimas décadas, la autonomía y la justicia son
igualmente importantes debido a los cambios que han experimentado sociedad e
individuo.
Aun cuando dista mucho de ser realidad, los preceptos anteriores son el acmé de
una medida ética que respeta al interesado y se preocupa por balancear todas las
situaciones posibles. En el caso del aborto, la autonomía es el eje central de
la discusión.
Sin afán académico, menciono a vuelapluma que, desde 1789, en la Declaración de
los Derechos del Hombre, la autonomía es el principio más fundamental y propio
del ser humano, entendido como ''la libertad de realizar cualquier conducta que
no perjudique a terceros''. Lo mismo sugirieron J. S. Mill o Kant, quien colocó
el principio de autonomía como base de su ética, porque consideró que la
autodeterminación de la voluntad es lo que define los actos morales. Es evidente
que los conceptos anteriores no son aprobados por la mayoría de las religiones
y, de ahí que en muchos sentidos, los problemas relacionados con el aborto sean
irresolubles. Las razones son simples: la pregunta ¿es el ser humano autónomo?,
ofrece respuestas antagónicas, sin encuentro.
Para quienes piensan que el individuo sí es autónomo, el aborto es una decisión
que le pertenece a la mujer -preferentemente a la pareja. En cambio, para
quienes consideran que la persona no es autónoma, el aborto es un atentado
contra la vida y, por ende, contra Dios.
La autonomía mezcla la libertad de realizar conductas, vinculadas con el manto
de la realidad social y económica del interesado. Este atributo, como ya se
dijo, excluye cualquier acción que pueda ser en detrimento del otro o de los
otros y es una decisión individual. Como en pocos casos del saber humano, el
aborto requiere tolerancia, respeto y conocimiento de la realidad. Sin esas
armas, todo diálogo deviene sordera.
En relación a aborto y autonomía la trama se complica mucho más, pues la
definición de lo que es ''ser humano'' durante la gestación es compleja. No
existe al respecto consenso entre médicos, eticistas y teólogos. Es decir, el
problema no es uno, sino son dos: madre y producto. Para la mayoría, el meollo
central gira en torno al asesinato que supone acabar con el embrión. Otras
corrientes agregan, además, que la madre carece incluso del derecho de ejercer
sobre su propio cuerpo. Y esto nos regresa al problema del derecho de gobernarse
a sí misma(o).
Cuando una mujer aborta motu proprio, suele hacerlo después de haber sumado
conciencia y realidad, y a sabiendas que esta acción, siempre plagada de inmenso
dolor, es la óptima para su contexto -enfermedad, otros hijos, abandono,
pobreza, etcétera. Suele hacerlo ejerciendo su autonomía y como manifestación
última para preservar su entorno y su vida. Acorde con múltiples estadísticas,
sobre todo aquellas que siguen el destino de las mujeres pobres y desprotegidas,
religiosas o no, el derecho al aborto es el derecho a la vida.
Aborto: el escenario real
Como en tantos ámbitos de la vida, al discutir sobre el aborto se requieren
entre dos y tres neuronas -la condición, eso sí, es que todas funcionen- para
saber que a pesar de que la realidad tiene varias caras, dos siempre están
presentes: la falsa y la veraz. Quienes abortan cobijadas por buenas condiciones
económicas no son parte de ningún tipo de discusión y no engruesan las dudosas
estadísticas que aseveran que en México se practican 800 mil legrados
clandestinos al año. Quienes abortan partiendo de la pobreza, las
mujerespobresabortadoras, son las ''otras entre las otras'' y son el objeto de
los ataques panistas y religiosos. Conforman el grupo de la realidad inaplazable
aunque, paradójicamente, en la mayoría de los casos su miseria ni siquiera les
permite enterarse que son temas de opinión.
Las primeras, aquellas que gozan de bonanza económica, pero seguramente no más
religiosidad que las ''otras entre las otras'', tienen la capacidad de bordar su
realidad y escaparse de los dictums decimonónicos que aseveran que si bien la
violación no es bien vista, el embarazo es una suerte de regalo divino. El
producto parecería ofrenda de todos los cielos.
Sería óptimo que, en estas épocas preñadas de estadísticas, se mostrasen datos
de quiénes son las mujeres violadas: sus colonias, sus condiciones
socioeconómicas, sus historias. Me autoplagio: el meollo del asunto lo
constituyen las pobres que abortan.
A la cuestión moral, principio por demás endeble, y que para muchas realidades
es anacrónico y absurdo -la intolerancia religiosa es una de las principales
detractoras de la ética-, se unen algunos datos ineludibles que muestran el
precio de abortar en condiciones insalubres. Esta ''plaga invisible'' -término
de Lesley Doyal- es un fenómeno que podría ser previsible pero, al igual que el
irresoluble problema de si el ser humano es autónomo o no -como lo comenté hace
una semana-, la intransigencia social, la intolerancia religiosa, los intereses
económicos y la apatía política son algunos de los obstáculos, sobre todo en el
Tercer Mundo, Guanajuato dixit, que determinan muertes y complicaciones
evitables.
No existen datos precisos de cuántos abortos se practican cada año en el mundo,
pero se calcula que en 1987 fueron entre 36 y 53 millones, de los cuales entre
10 y 22 millones fueron ilegales -tributo del fracaso de las políticas de
planificación familiar. Otros datos aseveran que por cada dos o tres embarazos
se realiza un legrado y, lastimosamente, el aborto -tributo a la obstinación de
políticas del medioevo que no permiten a la mujer planear- es el cuarto método
de planificación familiar -ningún médico pregona esta conducta. Asimismo,
aproximadamente una de cada tres, o incluso una de cada dos mujeres en edad
reproductiva, tienen un aborto. El brete emerge cuando se efectúa en condiciones
adversas.
Se sabe, y aquí los números no mienten, que el estado legal del aborto -que se
permita o no- es el factor primigenio que determinará la salud de la mujer. Por
ejemplo, en Estados Unidos cuando se legalizó, hace 30 años, la mortalidad
disminuyó de 30 a 5 por cada mil procedimientos (actualmente 0.7 por ciento de
los abortos legales cursan con complicaciones y es 11 veces más seguro que una
amigdalectomía). En cambio, en Rumania, bajo la execrable dictadura de los
Ceausescu, la mortalidad materna se incrementó entre 1965 -cuando se prohibió- y
1984, de 21 a 128 por cada 100 mil nacidos vivos. Moraleja para el gobierno
guanajuatense: criminalizar el aborto no lo evita, pero sí asegura que morirán
más mujeres buscando cualquier vía -el horror mismo- para efectuarlo.
Los ''abortos clandestinos'' resultan en la muerte de medio millón de mujeres
cada año, y en países como el nuestro es una de las causas principales de
fallecimiento en mujeres de entre 15 y 39 años, no por falta de medios técnicos,
sino porque las desprotegidas socialmente no pueden acceder a ellos. En este
contexto, no es exagerado afirmar que el valor que se da a las vidas de las
mujeres es magro y depende, la mayoría de los casos, de políticas mediocres;
tampoco es falso aseverar que existe una relación directamente proporcional
entre la miseria de la embarazada y su posibilidad de morir por el
procedimiento.
Los fetos destrozados mostrados por Provida incomodan, pero hieren más los niños
de la calle que, en buena parte, reflejan gestaciones no planeadas así como las
mentiras de los discursos panistas que cifran en la adopción el destino de
cualquier embarazo no deseado. ¿El nuevo sino será excomulgar a médicos y/o
abortadoras y no a políticos o narcotraficantes?
Aborto: el escenario legal
En esta ocasión el tema del aborto fue sacado de su letargo, por una de las vías
más flacas, discutibles y, quizá, la más indeseable. La del Estado. La demarcada
a partir de las leyes de un Estado alejado de la moral, de la ética, e incluso,
de "lo humano". Cuestionables son los derechos de un gobierno que a través de
los años ha sembrado impunidad, inmoralidad y generado millones de pobres y
desigualdades en todas las esquinas del territorio mexicano. ¿Tiene un Estado
así suficiente asunción y derechos sobre sus ciudadanos? ¿Tienen los diferentes
gobiernos que conforman este país razón para decirle a las madres embarazadas
"lo que pueden" y "lo que no pueden"? ¿Tienen, después de ser adalides en
violaciones a los derechos humanos y ocupar los primeros lugares de corrupción
en el mundo, moral suficiente para decidir lo que desea una mujer violada cuando
tienen infinidad de querellas a las cuales responder?
Este agosto mexicano tronó por lo flaco: la moral guanajuatense, hidrocálida,
regiomontana o tapatía hiede. Malestar en torno al aborto, a los homosexuales,
arcángeles en lugar de Juárez o destrucción de pintura son sucesos en gobiernos
panistas. Son, suma de ese mal invisible que penetra y destruye todo, la
intolerancia. ¿Pueden gobiernos intolerantes exigirle a sus ciudadanos cómo
comportarse, cómo ser? No es válido determinar la conducta de los seres humanos
cuando la intolerancia y el desconocimiento de la alteridad como urgencia
bioética son enormes.
Pero, seamos justos. Al hablar del aborto, el abaratamiento político es
evidente, contagioso. A la iniciativa guanajuatense --PAN-- siguió la del
Distrito Federal --PRD-- y, por, ahora, culminó en Morelos, con la suma de PRD y
PRI contra el PAN. Los resultados de estas propuestas son muy importantes, pero
igualmente lo es nuestro achaparramiento político cuando en aras de cualquier
triunfo se llevan a cabo alianzas impensables o se decide en el DF impulsar
"leyes modernas" acerca del aborto como respuesta al panismo guanajuatense.
Concuerdo con la posición capitalina, pero hubiese sido más sano someterla a
juicio seis meses o dos años antes. La turbiedad de nuestra política es
precisamente eso: turbiedad y pobreza. Por lo mismo, la esperanza desmesurada a
favor de Fox es, ante todo, la idealización de lo desconocido.
Un breve repaso de algunas discusiones acerca de la legalidad del aborto sirve
para ilustrar el problema y fomentar la discusión: 1) En 1999, la niña Paulina
de 14 años fue violada por un drogadicto. El gobierno de Baja California --a
nivel mundial se habla de México-- sumó opiniones médicas y religiosas y
prohibió el aborto. 2) En Sinaloa 2000, una niña indígena, tras haber sido
violada durante cinco años por su tío, cuando tan sólo tenía 13 años, quedó
preñada. A esa edad, el útero aún no está formado, "no es fuerte", por lo que la
posibilidad de muerte para producto y "madre" son latentes. El encargado del
Sistema Estatal de Salud --desconozco su nombre-- afirmó que jamás ordenaría el
aborto "por principios religiosos". 3) El número de mujeres que desean abortar
en México se desconoce. Se sabe, en cambio, que la posibilidad de morir, de
esterilidad permanente, de orfandad de los ya nacidos, de enfermedad psíquica y
física, se incrementan en forma proporcional a la pobreza de la
embarazada. Al menos, mil 500 mujeres mueren cada año víctimas de una legalidad
sesgada y elitista. Es evidente que nuestros gobiernos no tienen la mínima
calidad ética para legislar ni ordenar en estos ámbitos, amén de que las
cuestiones morales del aborto no las resuelve la ley.
En el marco mexicano es irrisorio que no se consideren las desigualdades, sobre
todo notorias en el campo de la salud, antes de discutir acerca de si el aborto
es un asunto público --legal-- o privado. Toda mujer, por ser humana debería
tener derecho a decidir. Toda mujer víctima de un delito, víctima de violencia
familiar, de un delito sexual o víctima de exclusión y marginación, debería,
bajo una ley armónica y "humanizada", saber que no sólo puede optar por lo que
más le parezca, sino que cuenta con el apoyo legal de su gobierno.
Imposible bajar la guardia. Imposible no sentir desconfianza si se pretende que
las violadas --Baja California dixit-- prosigan su embarazo, si se equipara a
perros con homosexuales como sucedió en Aguascalientes --omitieron enlistar
negros, mujeres, judíos--, si se sustituyen en sitios públicos imágenes
nacionales por religiosas --Nuevo León--, y otros avatares igualmente
impensables pero reales. ¿Existirá espacio para las diferencias? El disenso como
filosofía, la tolerancia como norma, la educación como característica política,
parecen términos inexistentes dentro del famosísimo "voto útil".
Aborto: datos y realidades
para entender algunas de las cifras que atestiguan la terrible realidad de los
abortos mal practicados, debe saberse por qué se aborta. O más bien, por qué lo
hacen quienes pueden decidir. En este sentido, el aborto es también parteaguas y
factor de división entre quienes tienen voz contra las sinvoz. O bien, entre las
que por su situación social, económica y cultural, optan por lo que dicta su
conciencia. No sobra enfatizar que no hay mujer que no sufra al perder un bebé
ni médico que considere que el aborto es un buen sistema de planeación familiar.
Entonces, ¿por qué abortan las mujeres?
Se aborta por varias razones. La gran mayoría lo hace, porque cuando tiene un
embarazo no planeado, sabe, intuitivamente, que el niño o la niña no será
atendido con dedicación y amor. Esta realidad es más dolorosa y tangible cuando
la preñez es producto de una violación, de encuentros fortuitos o de una
relación inestable. Existen datos que han corroborado que, cuando se comparan
bebés de embarazos no planeados contra deseados, grosso modo, se encuentran
diferencias significativas en cuanto al desarrollo social.
Un estudio siguió, durante casi 40 años, la historia de individuos que habían
sido deseados contra aquéllos que habían sido engendrados por casualidad. Desde
la primera década, se encontró que los planeados tenían mejor desempeño escolar
y menos problemas de conducta. A partir de los 30 años, sobre todo en las
mujeres producto de embarazos no intencionales, hubo mayor ansiedad y depresión
así como autoestima deficiente. Asimismo, la mitad de las personas
pertenecientes al grupo disfuncional se habían divorciado. El estudio adquirió
más peso cuando se cotejaron los hermanos dentro de la misma familia: aquéllos
que sí habían sido planeados contaban con una "historia más estable" y la
calidad de sus vidas era mejor.
¿Sería inadecuado considerar que buena parte de la devastación moral que vive la
sociedad y no pocos niñas y niños de la calle provienen de situaciones como la
descrita?
Agrego que, cuando en Estados Unidos se decidió legalizar el aborto, uno de los
encargados de la oficina de salud, y quien siempre se opuso a esta práctica, lo
aceptó, ya que después de revisar 250 artículos científicos que trataban sobre
el tema no encontró evidencias de secuelas médicas o psicológicas en las madres
que habían abortado. Lo contrario, se lee en los siguientes datos.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, las muertes anuales por
abortos clandestinos, aun cuando las cifras son inexactas, han aumentado de 500
mil a 585 mil. Poco más de 98 por ciento de éstas sucede en el Tercer Mundo.
Complicaciones como hemorragias, sepsis generalizada e infecciones pélvicas
crónicas, que a menudo producen esterilidad, afectan a millares de mujeres y
representan un gasto enorme para los hospitales de ginecología, de por sí
empobrecidos. Entre 13 y 20 por ciento de todas las muertes maternas son
secundarias a complicaciones de abortos clandestinos y, en algunos sitios, uno
de cada dos fallecimientos se debe a esta razón. Asimismo, las posibibilidades
de morir por un aborto no legal es 300 veces mayor que cuando se lleva a cabo en
condiciones idóneas. Por otra parte, si se desea interrumpir el embarazo después
de la semana doce, los riesgos de mortalidad aumentan 30 por ciento por cada
semana.
En este tamiz, las conclusiones de la Conferencia Internacional sobre Población
y Desarrollo (El Cairo, 1994), "las mujeres que han tenido embarazos no deseados
deberían tener la posibilidad de contar con información adecuada y... en
circunstancias en las cuales el aborto no sea contra la ley, éste debe
practicarse en condiciones seguras", así como la emitida en la Cuarta
Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995), "los gobiernos... deberían
considerar revisar las leyes que contienen medidas punitivas contra las mujeres
que han tenido abortos ilegales", deberían leerse y releerse por quienes dictan
las políticas de salud, así como por los estadistas opinados.
El aborto es una práctica común, pero el aborto seguro no es común. Se estima
que, por cada mil mujeres entre 15 y 44 años, entre 32 y 46 abortan. Holanda es
el país que tiene la tasa más baja de abortos: 5 por cada mil embarazos. Esto, a
pesar de ser la nación con leyes más liberales en relación a este procedimiento.
Debido al crecimiento de la población joven, y al cambio de las prácticas
sexuales, cada vez más mujeres quedarán preñadas en situaciones no
satisfactorias, sobre todo, las más pobres, las menos educadas y las que no
tienen pareja. Restringirles la posibilidad de abortar en ambientes adecuados
conlleva una triple condena: a ellas mismas, a sus vástagos y a la sociedad
entera. La lección para el Estado es simple: planeación familiar y abortos
seguros producirán menos muertes maternas y menor orfandad.
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[Se eliminaron del mensaje las partes que no eran texto]
A fines de la década del 80 en Argentina comenzaron a organizarse dos grupos que
tienen desde entonces un papel especial en la lucha por la despenalización del
aborto en nuestro país y en el resto del continente latinoamericano: la Comisión
por el Derecho al aborto y Católicas por el Derecho a Decidir. Su aparición en
la escena de los grupos feministas y de mujeres trajo la consigna por el aborto
legal y gratuito a los Encuentros de Mujeres de Argentina.
Justamente este año 2003, Rosario es nuevamente testigo del resurgimiento de
este reclamo social, enmarcado en el Encuentro Nacional de Mujeres como lo fue
en 1989 durante el IV Encuentro Nacional. En ese contexto se daba a conocer el
primer proyecto de ley de despenalización del aborto; la iniciativa legislativa
que fue presentada en la legislatura nacional en 1992 nunca pudo ser tratado en
el recinto.
Hoy el panorama político, social y en particular el de participación, es otro
diferente al que vivimos en la década final del siglo XX. Y este nuevo paisaje
de compromiso de las mujeres en particular renueva aquella vieja lucha de la
mujeres feministas de estas latitudes, con ecos de los movimientos del resto de
Latinoamérica y el Caribe.
La marcha que llevó por las calles de la ciudad a miles de mujeres de todo el
país con consignas de reivindicación por los derechos, que apelan justamente a
proteger la vida de las que son violadas, maltratadas en sus hogares, en sus
lugares de trabajo, y también en la decisión sobre su propio cuerpo, hoy 26 de
septiembre se multiplica en diferentes ciudades. La multitudinaria Asamblea por
el Derecho al Aborto que se desarrolló dentro del XVIII Encuentro Nacional de
Mujeres propuso aunar acciones en todo el país alrededor del 28 de septiembre,
Día de Lucha por la Despenalización del Aborto en América Latina y el Caribe.
Este día también tiene su historia, fue acordado en el V Encuentro Feminista
Latinoamericano desarrollado en la ciudad argentina de San Bernardo en 1990,
dentro del taller sobre aborto organizado por la Comisión por Argentina y
Católicas por el Derecho a Decidir por Uruguay y al que se sumaron mujeres de
Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua,
Paraguay y Perú. Desde 1993 este día forma parte de la Campaña 28 de septiembre,
y cuenta con una coordinación regional.
Por las calles de Argentina, desde San Salvador de Jujuy hasta Neuquén, y
pasando por las capitalinas Buenos Aires y Córdoba, y desde ya en nuestra
ciudad, mujeres de diferentes sectores políticos, sindicales, de movimientos de
desocupados, de activistas, políticas, y de jóvenes, independientes,
profesionales de la salud y de aquellos y aquellas que sientan que este reclamo
necesita del apoyo de la sociedad en su conjunto marcharán, manifestarán,
gritarán, llevarán pancartas o banderas, poniendo el cuerpo a una reivindicación
que ya llegó a las calles.
Las cifras y los datos que nos acercan diferentes encuestas, sondeos de opinión,
y los relatos que se multiplican en forma alarmante, dan cuenta de una realidad
que golpea, y muy duro a las mujeres de nuestro país, a sus familias, y que
dista mucho de ser solamente un problema de conciencia. En Argentina muere un
mujer por día por aborto clandestino, son 55 mil mujeres las que se internan
cada año por abortos en condiciones de riesgo en nuestro país. Y la ciudad de
Rosario aporta a esas cifras 10 mil abortos clandestinos por año, o sea, 30
prácticas por día. Estas estadísticas proporcionadas en general por los
profesionales de la salud pública, permiten pensar en las mujeres y sus familias
enfrentadas a tomar la decisión, y luego envueltas en un ambiente de
criminalidad, de riesgo total por su salud y también por sus vidas. Mujeres
emprendiendo sus proyectos de vida, o llevándolos a cabo, ya que el segmento
etareo más afectado es el que va de los 23 a los 35 años. Jóvenes que toman
una decisión drástica en completa soledad, o que lo hacen con la ayuda de sus
familiares y amistades, pero todas, salvo contadas excepciones, deberán correr
un riesgo mortal, cuando el Estado desaparece y sólo encuentran una condena
absurda.
Por eso la pregunta que da título a esta nota, porque son muchos años de
intensos debates, de reuniones, de charlas, de encuentros en los que las mujeres
que han tomado esta bandera han acercado el tema a otras, y también porque son
muchos años de mujeres que siguen abortando en condiciones inseguras para sus
vidas, en condiciones riesgosas para su salud.
En Argentina estamos contando con el tercer proyecto de ley que tiene que ver
con el tema del aborto, el primero antes mencionado de 1992, el del Diputado
Nacional Giustinianni del año pasado, que modificaba en artículo 86 del Código
Penal, y el de la actual Diputada Nacional Lubertino sobre atención sanitaria de
abortos no punibles. ¿Será este el momento en que uno de los poderes de la
democracia oiga el reclamo y vea la realidad que sufren miles de mujeres de todo
el país, o seguirá existiendo la injusticia en Argentina?
Algo sí es diferente, este mes de septiembre de 2003 desde las calles, por las
facultades, en los medios de comunicación, y en las plazas se escucharán las
voces que ya llevan años reclamando justicia. Desde esos lugares aquellos
primeros grupos que hicieron suya la causa por la despenalización del aborto
oirán los ecos de sus voces, ya no se escucharán solamente a sí mismas.
* Irene Ocampo es escritora y periodista. Coordinadora de RIMA - Red Informativa
de Mujeres de Argentina.
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3. Indochina – Vietnam
3.1 Breve análisis del fundamento histórico-político.
Para comprender mejor la estrategia de la guerra de guerrillas del "Viet Minh",
de Ho Chi Minh y Vo Nguyen Giap, durante la primera y segunda guerra Indochina,
es necesario proporcionar mayor número de datos históricos (3). Después de 1960,
se emplearon tácticas revolucionarias similares en la lucha del Frente Nacional
de Liberación (NLF) en Vietnam del Sur, complementadas por Vietnam del Norte,
donde Ho Chi Minh y Giap jugaron el papel de ser los líderes fundamentales. Los
acontecimientos de esta guerra, posteriores a 1960, especialmente los acaecidos
por la implicación de Estados Unidos, son bien conocidos por todos, en
consecuencia, sólo nos referiremos a los sucesos anteriores a esta época los
cuales son esenciales para el desarrollo de nuestro tema específico. Sin antes
dejar anotado que básicamente, Ho Chi Minh y Giap no cambian su práxis-teoría
revolucionaria ni su estrategia después de 1960, durante la Tercera Guerra
Indochina.
En 1860, durante la intervención Anglo-Francesa en China, llegaron a las costas
de Indochina - Vietnam (también Viet Nam), Laos y Cambodia barcos franceses que
capturaron las ciudades costeras y subyugaron a la Cochina, provincia de China -
Vietnam del Sur. Dando como resultado final en 1884, después de 7 años de
guerra, el que Vietnam fue convertido en Colonia francesa. Cambodia y Laos
fueron colonizadas entre 1884-86 y 1894-96 respectivamente. Llegando a ser
después de 1896 Indochina la posesión ultramarina francesa más productiva. En
Vietnam mismo, la Administración colonial francesa colabora con la élite
indígena ofreciéndoles privilegios sociales, especialmente a los mandarines,
quienes manipularon el tradicional sistema de gobierno de aldeas en favor del
gobierno colonial.
Ahora no todos los intelectuales vietnamitas fueron „quinta columnas“ francesas,
pues ya en 1886 había estallado la “revolte des lettrés“ (rebelión de los
intelectuales) que recibió notable respaldo popular. Dicha rebelión estuvo
inspirada en las ideas políticas de famosos líderes chinos del siglo XIX, entre
ellos, Kang Yu Weis, Liang K’ i Chaos y Sun Yat-sen. Igualmente, algunos
políticos japoneses influyeron en su visión ideológica, por ejemplo: Phan Boi
Chan, ayudó a estudiantes vietnamitas a conseguir becas para cursar estudios en
la Universidad de Tokio, y en Formosa, organizó la „Liga pro-modernización de
Vietnam“ (Viet Nam Duy Tan Hoi). Ramificaciones de esta liga se extendieron por
todo China y Japón. Las elites gobernantes de Vietnam se dieron cuenta del
peligro revolucionario de este extendido movimiento y lo aplastaron hacia 1896.
Más tarde, Phan Boi Chan fundó la „Liga pro-renovación de Vietnam (Viet Nam
Quang Phuc Hoi - VNQPH), que después se uniría, como „partido
republicano“, a la organización del famoso líder campesino Phan Xieh Long.
Este partido estableció un gobierno en el exilio y utilizó los métodos
anárquicos blanquistas para tratar de derrocar al gobierno colonial vietnamita.
Entre 1912-13, el VNQPH fue responsable de muchas acciones „terroristas“, por
ejemplo: el asesinato de un mandarín francés y de dos oficiales franceses en
Hanoi. Sin embargo, estos métodos probaron ser inefectivos para lograr la
emancipación de los empobrecidos trabajadores y campesinos.
Gradualmente surgió en Vietnam una burguesía colonial, pero, por sí misma se
aisló de las masas y no participó en ninguna de sus acciones. Mucho después, y a
través de la influencia del Kuomintang Chino, cambió la estructura social de los
grupos nacionalistas. Entre 1912 y 1918, nacieron varias organizaciones
políticas, especialmente por el respaldo del Kuomintang de Sun Yat-sen. La más
importante, fundada en el periodo entre las dos Guerras Mundiales, fue „La liga
revolucionaria de la Juventud Vietnamita“ (en pocas palabras llamada Thanh Nien)
inmediato predecesor del Partido Comunista Vietnamita (1930).
Después de la I Guerra Mundial, los líderes políticos de Vietnam comenzaron el
análisis de su situación histórica específica, y a desarrollar sus propias ideas
revolucionarías. Muchos Vietnamitas habían trabajado en Francia (50.000), muchos
pelearon en Europa en defensa de la „Democracia Occidental“ (50.000), y gran
número de estudiantes habían asistido a Universidades francesas; experimentaron
y estudiaron la democracia-burguesa y la administración y se vieron involucrados
en las contradicciones sociales del capitalismo europeo, ya que sintieron en
carne propia la discriminación social y lo que es más importante aún, sintieron
la forma como conformar una resistencia proletaria. A su regreso a la patria se
hicieron miembros activos del proceso de revolucionización de Asia.
Así, en 1919, el joven estudiante Nguyen Ai Quois (llamado Ho Chi Minh desde
1943, usaremos este nombre para evitar confusiones) se presentó al Tratado de
Paz de Versalles con un manifiesto, exigiendo que los principios de
auto-determinación de las naciones, tal como los presentara el entonces
presidente de Estados Unidos Wilson, fuera aplicado también a Vietnam. Para esa
época, aún no se habían publicado las „Tesis sobre la cuestión nacional y
colonial de la Tercera Internacional” de Lenin (junio de 1920). Ho Chi Minh y
sus amigos sólo pedían, para entonces, auto-determinación y no
auto-emancipación.
Ho Chi Minh asistió al 50. Congreso Mundial del Comintern (17 de junio de 1912);
más tarde, decidió asistir a la „Universidad Política para la Agitación y
Organización en Asia“ de Moscú. En 1925, junto con M. Borodín, Consejeros del
Comintern, viajó a Cantón en China y allí encontró a Mao Tse-tung. En la Escuela
Militar del Kuomintang, en Whampoa, Ho Chi Minh entrenaba intelectuales
vietnamitas para la guerra, especialmente para la guerra de guerrillas. Entre
sus estudiantes militares se encontraba Pham Von Dong - más tarde Presidente de
la República Democrática de Vietnam (Vietnam del Norte).
Después que Chiang Kai-Chek diezmó a los comunistas chinos en 1927, los líderes
Vietnamitas discutieron la posibilidad de fundar su propio partido comunista,
utilizando el „Than Nien“ como base organizacional. Debido a diferencias
ideológicas, ésta no fue una tarea fácil, ya que en 1929 aparecieron 3
organizaciones comunistas diferentes. Sin embargo, el 3 de febrero de 1930, en
una conferencia en Kwoloon (China), Ho Chi Minh, actuando como representante del
Comintern, logró unificarlos en uno solo: el „Dong Duong Cong San Dong“ (DDCSD)
- Partido Comunista de Vietnam, el cual retuvo este nombre hasta la fundación
del Viet Minh en 1941.
Mientras tanto, el colonialismo francés había empobrecido al país y creado una
situación de intranquilidad social y huelgas. Ya en 1930 habían estallado las
revueltas y en la provincia de Nghe An los campesinos organizaron los primeros
soviets (Xo viets). Al año siguiente, los trabajadores urbanos y granjeros se
rebelaron en Tuon Thi, Hue, Saigón y Haipong. Así comenzó la Primera Guerra
Indochina.
El gobierno colonial bombardeó muchas aldeas campesinas, matando alrededor de
30.000 personas. El líder demócrata-burgués Nguyen Thai Hoc, que dirigía al
„Viet Nam Quoc Dan Dang“, operando en aquellas regiones, no pudo prevenir las
masacres. Al tiempo, el mismo Hoc fue arrestado y sentenciado a muerte - esto
marcó el fin del movimiento independentista democrático-burgués.
Entre 1930 y 31, el nuevo Partido Comunista (DDCSD) también cometió muchos
errores tácticos que condujeron a la destrucción de varios grupos regionales.
Para abril de 1931, el DDCSD sólo contaba con 400 miembros, respaldados por
sindicatos obreros ilegales (6.000 miembros) y las organizaciones campesinos
(60.000 miembros).
Entre 1930 y 35, Ho Chi Minh enfatizaba la necesidad de una educación política
masiva a largo plazo y un trabajo de propaganda intensivo. Este esfuerzo mostró
sus frutos en las elecciones coloniales de 1935, cuando debían elegirse 6
candidatos „vietnamitas“. El DDCSD obtuvo 4 lugares parlamentarios. Sin embargo,
líderes radicales como Va Nguyen Giap y Van Dong fueron arrestados.
En 1936 resultó victorioso en Francia el „Frente Popular“. León Blum envió a
Indochina una Comisión investigadora, después de cuyo informe se produjo una
amnistía general de prisioneros políticos; así, Giap y Van Dong volvieron al
trabajo político en la legalidad. A esto siguió un periodo de manifestaciones
masivas y huelgas de obreros, en colaboración con los comunistas, especialmente
los de „La Lutte“, grupo trotskista dirigido por Ta Thu Thau. En 1938, se
desintegra el „Frente Popular“ en Francia, provocando la represión de los
comunistas en Indochina. Para el momento, el grupo comunista más poderoso, que
opuso el respaldo del militarismo francés contra los japoneses y la política del
„frente popular“, era el grupo ‘‘La Lutte“.
En las elecciones de abril de 1939, para elegir el „Consejo Colonial para la
Cochinchina“, ganó el 80% de los votos, contra los „camaradas“ fieles al
Kuomintang de Chiang Kai-chek.
El Partido Comunista Francés fue prohibido porque, siguiendo directivas del
Comintern, condenó la declaración de guerra a Alemania por parte de Francia, en
septiembre de 1939. Esto trajo como consecuencia también, la prohibición del
DDCSD en Vietnam y la persecución de los comunistas y La Lutte trotskista fue
barrida. Como consecuencia Ho Chi Minh, Vo Nguyen Giap y Phan Van Dong huyeron
al exilio.
Así, los líderes del DDCSD se retiraron a Kwangsi (Sur de China) en el momento
en que Japón invadía a China.
Ho Chi Minh llegó a ser Comisario político y Consejero militar del Departamento
de Guerrilla del Kuomintang, desarrollando una nueva estrategia de guerra de
guerrillas, en busca de la liberación de Vietnam - el periodo de
auto-emancipación.
3.2 De „Viet Minh“ a „Viet Cong“ (1941-1960)
El 6 de junio de 1941, de los diferentes grupos y clases sociales, se formó un
frente unido nacional, el „Viet Nam Doc Lap Dong Minh Hoi“ (forma abreviada =
Viet Minh). En los años siguientes, el DDCSD, que constituía el centro de este
frente, se unió a muchas organizaciones de campesinos, obreros, hombres de
negocio, jóvenes, católicos y budistas. El Viet Minh declaró que la lucha por la
independencia nacional era, al mismo tiempo, la lucha por la emancipación
social, por el socialismo. Su programa era, sin embargo, esencialmente
democrático-burgués y exigía: introducción del sufragio universal, igualdad del
hombre y la mujer, defensa de las minorías étnicas, educación obligatoria, día
laboral de 8 horas, industrialización del país, etc. en otras palabras,
exigencias transitorias que intentaban movilizar una gran cantidad de grupos de
oposición.
Después de 1942, el Kuomintang trató de utilizar al Viet Minh en favor de sus
propios intereses políticos. En octubre de 1942, organizó la „Liga de Partidos
Revolucionarios Vietnamitas“ (Viet Nam Cach Minh Dong Minh Hoi - VNCMDMH), y su
programa estaba encaminado a la total liberación de Vietnam y cierre de la
cooperación con China. No obstante, un miembro nominal, el Viet Minh, única
organización con una firme base de masa, prácticamente controló al VNCMDMH. Ya
en enero de 1942, el Kuomintang había arrestado a Ho Chi Minh, pero desde la
cárcel, dirigió al VMCMDMH. En el norte, Giap controlaba las actividades
revolucionarias, y Van Dong lo hacia en el Sur.
En 1943, Ho Chi Minh decidió cooperar tácticamente con el Kuomintang. En
febrero, después de prometer que establecería un sistema de espionaje en
Indochina, en cooperación con EE.UU., fue puesto en libertad. Por esta época,
cambió su nombre por el de Ho Chi Minh, y fue posteriormente electo presidente
del VNCMDMH.
Pero Ho Chi Minh estaba especialmente empeñado en desarrollar y extender su Viet
Minh, preparándolo para ganar fuerza militar y popular. Comenzó a luchar en
muchos frentes: organizando la guerrilla contra Japón, luchando contra el
colonialismo francés, respaldando al Kuomintang (y con él a EE.UU.),
solidarizándose con el „Comité de Liberación Argelina“ del general De Gaulle,
tratando de dividir las fuerzas coloniales francesas y respaldando las fuerzas
anti-fascistas que luchaban contra la ocupación japonesa. Todo ésta hizo en la
Viet Minh se constituye en un factor político independiente en la situación
conflictiva internacional de los años 40.
Ho Chi Minh prestó mucha atención al grado de „madurez“ de los factores
internacionales objetivos y subjetivos, necesarios para una revolución social
nacional.
Mientras tanto, de 1943 a 1946 Vietnam sufría una severa crisis de hambre (una
cifra estimada en 2.000.000 de gentes murieron en este periodo). La solución
ofrecida por Ho Chi Minh fue la intensificación de la lucha emancipatoria. El
Kuomintang trató de detenerlo y propuso la creación de un „gobierno en el
exilio“ (marzo de 1944), pero esto no fortaleció al movimiento burgués y
nuevamente el Viet Minh se manifestó como la fuerza más activa, estableciendo
contactos con la „Oficina de Servicios Estratégicos“ de EE.UU. (OSS - precursora
de la CIA) y recibiendo la ayuda militar necesaria.
Finalmente, el 22 de diciembre de 1944, Ho Chi Minh estuvo en condiciones de
fundar el „Ejército de Liberación Vietnamita“, conducido por Giap. De marzo a
junio de 1945 las fuerzas del Viet Minh habían liberado 6 provincias, y para el
13 de agosto del mismo año, respaldado por rebeliones populares, había tomado el
poder. Tres días más tarde, un congreso popular organizó el „Comité Nacional
para la Liberación de Vietnam“, bajo el liderazgo de Ho Chi Minh.
El 2 de septiembre de 1945, el nuevo gobierno de la República Democrática de
Vietnam ocupó el poder en Hanoi. En 1946 se realizaron elecciones generales. Ho
Chi Minh garantizó para los nacionalistas burgueses 70 de los 400 puestos
parlamentarios lo que no habrían ganado por controversia.
Los espectadores Americanos confirmaron que los candidatos del Viet Minh ganaron
el 90% de los votos. Así finalizó la primera etapa de la lucha vietnamita por la
independencia nacional.
Entre 1945 y 46, Vietnam y Francia sostuvieron conversaciones sobre la doc lap
(independencia), pero Francia no estaba interesada en soltar sus colonias
indochinas tan fácilmente. Ho Chi Minh aún proponía que Vietnam se incorporara a
la Unión Francesa.
El 23 de noviembre de 1946, cuando la flota francesa bombardeó Haiphong matando
a 6.000 personas, comenzó la Segunda Guerra Indochina (1946-1954). Estados
Unidos retiró su respaldo al Viet Minh y brindó ayuda a la invasión colonial
francesa. Al principio, el Viet Minh estuvo en franca desventaja en su lucha
contra las organizadas y militarmente bien equipadas expediciones francesas. En
vista de esto, Ho Chi Minh decidió adaptar las teorías de Mao sobre combates
revolucionarios populares a las condiciones vietnamitas, complementándolas con
sus propias experiencias guerrilleras de la Primera Guerra Indochina. El
estratega militar fue el General Vo Nguyen Giap, quien se dio cuenta que en
Vietnam no eran necesarias las tácticas de „frente unido“ y que la cooperación
con el ejército regular era imposible por el simple hecho de que tenía que
organizar su propio ejército. Japón, el mayor enemigo Chino iba a ser
reemplazado por Francia en el caso de Vietnam. Las fuerzas francesas sólo
controlaban la mitad del territorio y el resto estaba ocupado por las fuerzas
del Viet Minh, las cuales tenían, prácticamente, completo respaldo de la
población rural.
Durante la guerra China, Mao había aplicado los principios de Lenin y Trotsky
acerca de la guerra de guerrillas; ahora, éstos llegaron a Vietnam e
inmediatamente rindieron sus frutos emancipatorios.
En 1949, las tropas francesas comenzaron a perder la iniciativa militar. EE.UU.
aumentó su ayuda militar al gobierno colonial. Ho Chi Minh reconoció como
altamente favorable la República Popular China. Y en enero de 1950 China
reconoció al gobierno de Ho Chi Minh, que ahora acusaba abiertamente al gobierno
de los Estados Unidos de intervención militar.
EE.UU. sufragaba los costos militares de la guerra colonial cada vez con más
interés.
En enero de 1951 se reorganizó el Partido Comunista de Vietnam (Viet Dong Lao
Dong), ayudado por el Partido Comunista Francés. En enero de este año, el
General Francés De Lattre ocupó Hao Binh, en el delta del Río Rojo. Giap dirigió
una batalla victoriosa en su contra y los franceses perdieron totalmente el
control sobre Vietnam, al norte del Río Rojo. En represalia, en la batalla de
Vinh Yen, De Lattre utilizó bombas de NAPALM (sustancia usada en bombas
incendiarias y lanzallamas), matando más de 6.000 soldados del Viet Minh. Desde
entonces, Giap evitó batallas abiertas o luchas regulares en las que pudieran
intervenir los aviones franceses. El Viet Minh „liberó“ regiones tan alejadas al
sur como Dien Bien Phu. Mientras tanto, la contribución Norteamericana a los
costos de la guerra seguía en aumento: del 15% en 1952, alcanzado el 80% en
1954.
En 1953 ocurrieron varios hechos internacionales que tuvieron repercusión en la
guerra de Vietnam: en la Unión Soviética muere Stalin; se llega a un acuerdo de
paz en Corea; Francia recibe nuevo gobierno (con Laniel) que comienza a trabajar
en el „Plan Navarra“ para „decolonizar“ Indochina.
Ahora, la mitad de las tropas francesas se concentran en el norte de Vietnam;
comienza la batalla de Dien Bien Phu. Estados Unidos y Francia consideran
seriamente el uso de bombas atómicas, pero son detenidos en su intento por el
Primer Británico Eden.
Mientras se desataba la batalla, que duró 55 días (marzo-mayo 1954), se convocó
a una conferencia en Ginebra y cuando se reunían el 7 de mayo, Dien Bien Phu
caía en manos del Viet Minh. En Ginebra, el Viet Minh propuso la partición de
Vietnam y en consecuencia, la paz. El Viet Minh tenía bajo su control las 2/3
partes del territorio; estaba de acuerdo en abandonar parte del mismo y en crear
una zona „demilitarizada“ entre los dos países. También acordó llamar a
elecciones generales a más tardar a fines de 1956. Las mismas fueron
permanentemente pospuestas debido al temor de Estados Unidos de que Ho Chi Minh
ganara más del 80% de los votos.
En 1955, Ho Chi Minh llegó a ser el presidente de Vietnam del Norte.
Entre 1957 y 1962 existieron relaciones con la Unión Soviética. En 1959-60, Ho
Chi Minh trató de reconciliar el conflicto Chino-Soviético. En 1964 Estados
Unidos y la marina Vietnamita chocan en la Bahía de Tonking; en febrero de 1965,
la fuerza Norteamericana comienza el bombardeo de Vietnam del Norte. Se inicia
así la Tercera Guerra Indochina.
Entretanto, en Vietnam del Sur, el régimen de Ngo Dinh Diem respaldado por
EE.UU., gobernaba a los sur vietnamitas con mano de hierro. La situación se
había deteriorado a tal extremo que la guerra de guerrillas volvía a estar en el
orden del día. En diciembre de 1960, en un lugar secreto del Delta del Mekong,
se fundó el „Frente de Liberación Nacional de Vietnam del Sur“ (FLN) y sus
guerrillas fueron denominadas por los „yanquis“ - „Vietcong“.
Como hemos expresado anteriormente, la guerra Revolucionaria del Vietnam, a
partir de 1960 es bien conocida: por tanto podemos regresar a nuestro tópico
central: guerra de guerrillas y Marxismo en Vietnam. Básicamente, el Viet Minh y
el „Viet Cong“ tenían las mismas tácticas y estrategias; las figuras centrales
del drama revolucionario tampoco habían cambiado.
4. Guerra de guerrillas en Vietnam - Breve análisis
La teoría de la guerra de guerrillas, tal como se aplicó en Vietnam, puede, en
el mejor de los casos, encontrarse expresada en los siguientes documentos:
1) Ho Chi Minh, „Instrucciones para establecer la Unidad de Propaganda
Vietnamita para la Liberación Nacional. Esta unidad fue establecida el 27 de
diciembre de 1944. Comprendía 24 hombres y algunos oficiales, con pocas armas y
comandada por Giap. Fue el punto de partida del Ejército Popular Vietnamita.
2) Vo Nguyen Giap, Guerra popular, Ejército popular (5). Especialmente el
capitulo „La insurrección general de agosto de 1945” es de relevancia; también:
„La guerra de resistencia contra el Imperialismo Francés”.
3) Le Duan, Adelante, bajo la gloriosa insignia de la Revolución de octubre (6).
En 1960, Le Duan fue Secretario General del Partido Comunista de Ho Chi Minh,
más tarde del „La Dong“ (Partido de Trabajadores de Vietnam). Le Duan describe
las fuerzas políticas y militares en la guerra revolucionaria.
En el primer documento Ho Chi Minh enfatizó que en „la guerra de guerrillas de
Vietnam debía otorgársele mayor importancia al aspecto político que al aspecto
militar. En la resistencia nacional, el pueblo entero debe ser movilizado y
armado; en lo que respecta en ser secreta, rápida, activa, ahora en el este e
inmediatamente en el oeste, llegando inesperadamente saliendo inadvertidamente“.
Giap, previniendo contra el Bakuninismo enfatizó los principios de insurrección
de Lenin: „Lenin destacó que la rebelión debe depositar su confianza en el
momento crítico del movimiento revolucionario de las masas y no en la
conspiración” (8).
También explicó la transformación de la „guerra de guerrillas“ en „guerra
móvil“. Escribió: „En 1947, con el plan de las compañías independientes operando
por separado y en batallones concentrados, comenzamos a movernos hacia una lucha
más centralizada, para llegar luego a la contienda móvil. En 1948 realizamos
grandes emboscadas y ataques sorpresivos con uno o varios batallones. En 1949,
emprendimos pequeñas campañas, tanto en el norte como en otros frentes de
batalla. Desde 1950, iniciamos campañas en mayor escala, poniendo en práctica la
guerra móvil para jugar el mejor papel en los campos de batalla del norte,
mientras la guerra de campo atrincherado iba en ascenso. Esto se puso claramente
de manifiesto en la gran campaña de Dien Bien Phu“ (9).
Así describe Giap la „ley general“ da la evolución de la guerrilla hacia la
guerra móvil. La estrategia de la „guerra a largo plazo“ fue otra experiencia
exitosa de la contienda de liberación nacional vietnamita.
Le Duan explica como la estrecha combinación de la lucha política y militar
constituyó la forma básica de la ‘‘violencia revolucionaria“ en Vietnam. Esta
„violencia revolucionaria“ de las masas emprendió insurrecciones locales en
áreas urbanas. Una forma especial de esto es la creación de „centros populares
de auto-defensa“ una de las más originales contribuciones de los vietnamitas a
la guerra de guerrillas.
Otras contribuciones son muy difíciles de identificar y establecer ya que los
vietnamitas estuvieron tan ocupados luchando en esta guerra genocida, que no
tuvieron tiempo de escribir sobre sus tácticas y estrategias.
En aquél entonces , la agresión China pareció querer introducir la Cuarta Guerra
Indochina.
A pesar de la crítica de Régis Debray a los sistemas de auto-defensa en
Latinoamérica, en Vietnam, la auto-defensa de las aldeas y aún de las ciudades,
probó ser un arma revolucionaria de mucho éxito la cual contribuyó a la victoria
total. Se desarrolló en condiciones vietnamitas específicas y las unidades de
auto-defensa, especialmente después de 1960, constituyeron la base de la
pirámide sobre la cual operaba la total estructura de las fuerzas armadas de la
NLF contra las fuerzas de EE.UU., que respaldaban al régimen de Saigón. Ellas
fueron la expresión concreta de la „guerra popular“. Tales unidades fueron
capaces de contener los ataques franceses, sur vietnamitas y norteamericanos;
más aún, de debilitarlos para esperar la llegada de las tropas regionales del
Viet Minh o NLF. Estuvieron en coordinación con las fuerzas regulares del
Ejército de Liberación que operaba desde centros de base.
Esta valiosa contribución a la guerra de guerrillas puso de relieve el principio
marxista de la unidad dialéctica de la Práxis-Teoría revolucionaria. Capacitó a
una pequeña y relativamente débil nación para salir victoriosa, después de
luchar por décadas contra las poderosas fuerzas del colonialismo francés y el
militarismo norteamericano.
Más tarde, en continua revolución permanente, la revolución vietnamita tenía que
enfrentarse a la agresión china usando los mismos métodos antiguos de la guerra
de guerrillas, tal como los desarrollaron Ho Chi Minh y Giap. Hoy día, parece
que el "Imperio" ha acabado con el espiritu revolucionario vietnamita, pero,
como afirmó Giap en su "Guerra Popular, Ejército Popular", la esencia de la
guerra popular vietnamita fue: „una sola y única gigantesca batalla, la de Dien
Bien Phu“. La punta de este iceberg transhistórico se muestra actualmente en
Caracas, Venezuela. Esta vez será „una sola y única gigantesca batalla, la del
11 al 13 de Abril “.
NOTA NO SE PUEDE NEGAR ANTE LA HISTORIA LA VICTORIA DE LAS ESTRATEGIAS
MILITARES EMPLEADAS EN VIETNAM Y EL ESTREPITOSO FRACASO MILITAR DE USA CON APROX
55,OOO MIL SOLDADOS MUERTOS - PERO TAMPOKO PODEMOS NEGAR K AL IMPONERSE POR LA
FUERZA UNA DICTADURA MARXISTA EN VIETNAM , LLEVO A ESTA NACION AL MAS ROTUNDO
FRACASO Y ESTE MISMO PARTIDO MARXISTA HOY SE ARRODILLA ANTE EL IMPERIALISMO Y
GUARDA UN TOTAL SILENCIO ANTE CIERTOS HECHOS MUNDIALES.
KOLECTIVO REBELION DE LOS 33
SALUD , ANARKIA Y REVOLUCION
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[Se eliminaron del mensaje las partes que no eran texto]
SABEMOS K EL ARTIKULO ES LARGO , PERO AL TERMINARLO TENDRAN UNA IDEA MAS CLARA
DE LA BRUTAL PERSECUSION A LA MUJER KOMO GENERO Y EL GRAN INTENTO HISTORIKO DE
ANIKILAR SU CAPACIDAD DE PENSAR.
KOLECTIVO REBELION DE LOS 33
SALUD , ANARKIA Y REVOLUCION
Resena
Este articulo trata de algunos de los aspectos de las Grandes Cacerias de Brujas
al comienzo de la era moderna. Al contrario de la mayoria del material
disponible sobre el tema, nos enfocaremos mayormente en aspectos que son
generalmente ignorados o mencionados superficialmente. Tambien las siguientes
preguntas seran señaladas:
Existio una logica, una meta politica al fondo de las persecuciones y las
cacerias por partes de las autoridades?
Cual fue el mayor impacto de las cacerias de brujas en las sociedades
cristianas Europeas y Coloniales Americanas?
Es la era de la caceria de brujas historia pasada o todavia se sienten las
influencias residuales en la sociedad de hoy?
Existe una coneccion entre los aspectos sexuales de la brujeria y las
cacerias de bruja por una parte y el sistema de valores forzados por las
autoridades y teologos cristianos por el otro?
Introduccion
Entre los seguidores de varias creencias NO-cristianas – neo-paganos – hay
muchas personas - hombres y mujeres - que se llaman "brujos". Ellos dicen que
sus creencias son la escencia del renacimiento de las religiones paganas
pre-cristianas y que en la era historica conocida como "las cacerias de brujas"
(el periodo comprendido entre 1450-1750)la mayoria de las victimas de estas
cacerias humanas, juicios y ejecuciones eran escencialmente miembros de las
religiones paganas. El fervor cristiano por exterminar a estos paganos era la
represion del paganismo. Tales ideas son generalmente pronunciadas por los
miembros de Wicca.
Mientras nada negativo se puede decir de estos neo-paganos o sus creencias, la
pregunta surge, cuanta verdad se encuentra en estas aseveraciones? Las
respuestas a esta pregunta se encuentra por supuesto mediante el estudio de las
evidencias historicas. Estarian de acuerdo las victimas de las cacerias de ser
llamadas paganos no cristianos? Sino, porque fueron tan salvajemente
perseguidos? Y si fuera asi, porque las grandes cacerias ocurrieron en este
periodo historico? Por que no antes? Porque, despues de todo, ya para el ano
1500 el cristianismo habia estado firmemente enquistado por un periodo de por lo
menos 1000 anos? Porque las brujas eran generalmente mujeres? Eran los
inquisidores en su mayoria hombres, viviendo vidas celibes en un monasterio y
por consequencia frustrados sexuales quienes odiaban a las mujeres?
Terminologia y Debates
1.Interpretaciones Modernas
Quienes fueron estas brujas? Diferentes cosas se dicen, segun de quien venga.
Los cristianos, por ejemplo, dicen que las brujas eran gente malvada que
merecian el justo castigo que recibieron. Pero no pueden explicar que clase de
maldades eran efectuadas por estas brujas, si uno no toma en cuenta las
supersticiones cristianas sobre brujeria como el mal de ojo.
Una version un poco mas iluminada de esta epoca es propuesta por los herederos
modernos de los inquisidores, que disfrazados con una mascara intelectual,
afirman que las quemas de brujas fueron el producto inevitable del progreso y
que "mediante la eliminacion de la brujeria en las sociedades civilizadas se
logro un avance en dicho progreso." [1]
De la misma forma las feministas afirman que las brujas eran feministas de
aquella epoca y que sus rituales servian pare reforzar su oposicion al dominio
masculino.
Otros han concluido que las cacerias de brujas crecieron de la imaginacion de
los inquisidores en busca de nuevas clases de herejias, "la Santa Inquisicion,
efectiva en la extirpacion de herejes, giro sus desocupadas manos hacia aquellos
viles pecadores los cuales ellos creian servian completamente a Satanas" [2].
Ademas, "era claro que la mayor amenaza de la brujeria para los ingleses era su
capacidad de matar y herir." [3]
Los inquisidores mismos declararon que "los actos de las brujas pueden ser
cometidos sin caer en herejia...sin error en la fe, no obstante sin gran pecado"
y es por esto que las brujas no (no deben ser confundidas con herejes) son
herejes." [4]
En forma similar la idea que las brujas eran los ancestros espirituales de los
Wiccans modernos parece estar basado en ilusiones en vez de evidencia
historica[5] (por supuesto, la conmemoracion de todos los asesinados es una
causa noble). Como dijo un erudito, de acuerdo a tales teorias, "la religion
secreta de la Europa medieval era el paganismo... Este 'culto-brujeril'
supuestamente sobrevivio hasta que la Iglesia finalmente tuvo el poder en el
siglo XV para destruir esta religion natural de las masas. Esta claro que los
rituales paganos sobrevivieron bien entrada la era cristiana. Ellos se pueden
ver en el Mardi Gras (Carnaval) y el Fasching de Francia y Alemania, Halloween
de Irlanda y Estados Undos, y el Maypole o arbol de la fertilidad Ingles. Pero,
la sobrevivencia de rituales paganos, mascaras, y disfraces, desafortunadamente
no demuestran la sobrevivencia del paganismo." [6]
Como dijo otro estudioso, pareceria imposible
"que una religion organizada podia ser practicada por mil anos sin ser detectada
y atacada por la Iglesia hasta el siglo XVI. Como se sabe, las religiones
pre-cristianas fueron reprimidas mediante medidas draconianas mucho antes.
Carlomagno asesino a los sacerdotes paganos en Sajonia. En el siglo XI hubo una
gran revuelta en Polonia liderada por sacerdotes paganos, la cual fue ahogada en
sangre. Fue ordenada por el Rey Boleslav el Valiente ... por no obedecer a las
reglas cristianas: tales como sacar los dientes por comer carne los viernes o
cortar la lengua por blasfemar. [Esta brujeria] la tesis es improbable,
particularmente debido a las afirmaciones de los autores de demonologia que
hablan de las plagas de brujas como algo nuevo." [7]
Por estas razones la palabra bruja aqui no se refirira a los seguidores de
religiones paganas pre-cristianas, o a supuestas feministas historicas, ni a
viejas supersticiosas en oposicion al progreso, ni a los Wiccans o a cualquier
otro pagano sobreviviente, sino a las personas que historicamente, en su mayoria
mujeres de religiones pre cristianas, que fueron asesinadas por las autoridades
cristianas durante la era historica de las Cacerias de Brujas.
2. Brujeria y Hechiceria
En todo el mundo, en todas las culturas pasadas como asi tambien en la moderna,
han habido personas las cuales han sido acusadas por miembros supersticiosos de
la sociedad de ser brujos o hechiceros, muchas veces con el resultado de ser
muertos. En la mayoria de los casos no hubo ni jucio ni defensa, las victimas
fueron simplemente linchadas por el credulo y enfurecido populacho[8].
Investigacion a fondo muestra que en estas sociedades existia lo que por
facilidad de diferenciacion llamaremos hechiceria aqui, tambien existe
(refiriendosnos por supuesto a la supersticion y – a lo sumo, fenomenos
psiquicos etc).
Debido a que en la era historica de las quemas de brujas (1450-1750) se
mencionan una variedad de tipos de hehiceria en estas sociedades cristianas, nos
tentamos a sugerir que quizas las Grandes Persecuciones fueron extraordinarios
ejemplos de un fenomeno cultural que se pueden ver en muchas otras sociedades.
En cual caso solamente lo extendido de estas represiones requieren investigacion
adicional. 3. Problemas
Pero existe un problema en enfocar el estudio asi. En varias formas los eventos
que ocurrieron despues del año 1484 y se extendieron hasta el siglo XIX se
diferencian significativamente no solamente en la calidad, sino tambien en
cantidad con la hechiceria y la persecucion de la hichiceria que se encuentran
en otras sociedades.
Las cacerias historicas Europeas y Coloniales tienen un principio y un fin.
Los oficiales de gobierno, los magistrados y gran parte de la elite
intelectual apoyaba a las cacerias de brujas.
Instituciones especiales y entidades administrativas fueron desarrolladas
para tratar el caso de las brujas.
Un cuerpo de metodos "cientificos" fueron desarrollados y publicaciones
"cientificas fueron publicadas.
La mayoria de las supuestas brujas fueron mujeres (en las sociedades nativas
los brujos son generalmente hombres).
Aunque en los casos individuales las acusaciones de brujeria eran echas por
el pueblo(ej. campesinos supersticiosos), las precondiciones, leyes y juicios
fueron instituidos y promulgados por las autoridades.
En muchisimos casos las acusaciones de brujeria hechas por las autoridades
son significativamente diferentes a las acusaciones hechas por el pueblo en
general (las cuales, en cambio, muchas veces son identicas a las acusaciones de
hechiceria hechas en las tribus primitivas).
Aun mas, la idea que las Grandes Cacerias de Brujas fueron realmente una
extension de casos de hechiceria como aquellos en otras culturas, deja un gran
numero de preguntas sin responder.
Porque las cacerias ocurrieron en este periodo de la historia y no en ningun
otro?
Porque, si fue solamente ataques de supersticion, la elite intelectual apoyo
a las persecuciones?
Al contrario a lo que se cree, la Era de las Quemas de Brujas no ocurrio
durante la edad media sino al principio de la menos supersticiosa era moderna,
en un periodo de crecimiento del conocimiento y las ciencias naturales. Porque?
algunos cazadores de brujas explicitamente insistian en exterminar a las
brujas buenas, osea a aquellas que practicaban la magia benefica (como la
medicina)
Porque en su mayoria mujeres?
Porque niños? (muchas veces la hija o la madre de una bruja ejecutada era
acusada tambien, por ejemplo la bruja en prision mas joven durante los juicios
de Salem fue Dorcas Good que solamente contaba con cuatro años! y cuya madre fue
ejecutada. [9]
Justamente, algunos estudiosos han visto que
"antes de 1350, brujeria principalmente significaba hechiceria, el renacimiento
de la supersticion comun" [10]
"La hechiceria es eterna y mundial, pero la brujeria esta limitada
especificamente a tres centurias (1450 a 1750) y a la Europa cristiana... la
brujeria incluye a la hechiceria pero va mucho mas alla." [11]
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Historia
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Un breve resumen de la historia de las cacerias en Europa:
Desde epocas remotas ocasionalmente han existido fanaticos religiosos quienes
han condenado a la brujeria/hechiceria: por ejemplo en la Biblia Exodo 22:18.
Aun asi, muchas veces autoridades como el Rey Babilonico Hammurapi (ca. 1500
A.E.C.) habia ilegalizado las acusaciones falsas de brujeria [12].
Desde el principio del cristianismo hasta casi llegar al siglo XIV solamente
hubieron casos aislados de personas acusadas de hechiceria y ejecutadas: "...
casos antes del 1300 son tan raros que es dificil detectar un patron entre
ellos." [13]
La posicion oficial de las autoridades (eclesiasticas y seculares) variaban
considerablemente. En general las autoridades no estaban muy interesadas en la
persecucion de la brujeria y la hechiceria.
Muchas veces las autoridades, y hasta autoridades eclesiasticas se oponian a
la caceria de brujas y la supersticion. Ejemplos:
en 787 E.C. El Emperador Carlomagno ilegalizo la creencias en hombres
lobos y brujas como asi tambien las leyes de linchamiento. [14].
En Inglaterra en el siglo IX, la Ley de los Sacerdotes Northumbrian decia
que si alguien "...en cualquier forma amara a la brujeria, o el culto a idolos,
aunque sea un representante del Rey, haganle pagar X medios marcos; la mitad a
Cristo y la mitad al Rey. Tenemos que todos amar y adorar a un solo Dios, y
estrictamente adherirse a una cristiandad, asi renunciando a todo paganismo."
[15]
en 906 E.C. el Canon Episcopi (ley eclesiastica) describe a la brujeria
como "totalidad de ilusiones y fantasia, por eso pagano y hereje," exactamente
lo opuesto al punto de vista de la Santa Inquisicion mas tarde [16].
El Rey Coloman de Hungria en el siglo XI se rehuso a dictar leyes contra
las brujas "porque no existen" [17]
en el siglo XII John de Salisbury se refirio a la idea de fiestas de
brujas como un "fabuloso sueño" [18]
la misma Iglesia Catolica , "en el siglo XIII, tomo la posicion explicita
que la creencia en la brujeria era una ilusion." [19]
de la misma forma hasta el siglo XIV y XV la ley secular no contenia
ningun parrafo que tratara sobre la brujeria [20].
Esta sobria actitud hacia la brujeria cambio gradualmente al final de la edad
media, a fines del siglo XIV y al comienzo del XV. Aparecieron mas y mas
tratados teologicos sobre los males de la brujeria, por ejemplo el Formicarius
(Anthill) del monje dominicano John Nider (1380-1438) [21].
Gradualmente las ejecuciones por brujeria se hicieron mas comunes desde los
finales del siglo XIV [22]
En 1484 El Papa Inocencio VIII emitio su notoria BULA BRUJA. Esta Bula llego
a ser ley para toda Europa y fue la base legal para que la Inquisicion pudiera
castigar y exterminar a todas las brujas.
Tres años despues, el bien conocido y notorio manual del la Inquisicion el
Malleus Maleficarum (El Martillo de las Brujas), un comentario legal sobre la
Bula y libro de instrucciones para magistrados e inquisidores en como tratar con
las brujas, fue publicado por dos monjes dominicanos alemanes, Henry Institoris
y Jacob Sprenger.
Hasta el ano 1699 este manual de cazador de brujas fue reimpreso 28 (!)
ediciones adicionales.
Un gran numero de manuales de inquisicion fueron publicados, por ejemplo el
del inquisidor italiano Guazzo Compendium Maleficarum (1608).
El enfoque sobre las mujeres brujas se ve designado en los titulos latinos de
estos tratados: Malefica, hechicera o bruja, en la forma femenina de la palabra,
en contraste con Maleficus i.e. malvado/mago.
No solamente los Obispos Catolicos apoyaban a las persecuciones, sino
tambien, los reformistas Protestantes como Lutero(1483-1546) y
Calvino(1509-1564) querian ver a todas las brujas "quemadas" (Lutero) o
"exterminadas" (Calvino).
Cazadores de brujas tales como el Ingles William Perkins (1555-1602)
explicitamente queria exterminar a las brujas "buenas": "Seria mil veces mejor
para nosotros si todas las brujas, pero especialmente que las brujas
beneficiosas sean matadas." [23]
Las autoridades seculares y politicas tambien empezaron a publicar manuales
de caceria, por ejemplo el erudito frances Jean Bodin (De la démonomanie des
sorciers 1580, 17 ediciones hasta 1603) o el Anglicano Rey Jaime de Inglaterra
(Demonology 1597).
Codigos de ley secular tales como el famoso Carolina (el Constitutio
Criminalis Carolina del Emperador Carlos V. de 1532) ahora incluiria leyes
contra la brujeria, en su mayoria recomendando la pena de muerte.
Empezando con este periodo y continuando hasta el siglo XVIII alrededor de
medio millon de personas fueron ejecutadas por brujeria, en su mayoria mujeres.
Estas cacerias de brujas variaban considerablemente dependiendo del tiempo y
el lugar. Algunos lugares casi se salvaban completamente, mientras otros, en
varias olas de persecucion casi todas las mujeres fueron ejecutadas. [24]
En el continente Europeo la mayoria de las brujas convictas eran quemadas
despues de largas torturas, mientras en Inglaterra y sus colonias la mayoria de
las brujas convictas morian ahorcadas.
Los primeros criticos de las cacerias de brujas eran ridiculizados o a su vez
acusados de simpatizar con la brujeria. Entre los criticos mas prominentes de la
epoca se encuentra el medico John Weyer (1515-1588) y el sacerdote jesuita
Friedrich von Spee (1591-1635).
Comenzando en el siglo XVIII, las autoridades seculares gradualmente
empezaron a ver la creencia en brujerias como meras supersticiones y removieron
las leyes relacionadas con la brujeria. Entre las ultimos de estos cambios esta
el Act to Repeal the Witchcraft Act of 1735 en Inglaterra de Junio 22 de 1951.
Una de las ultimas brujas ejecutadas fue Anna Göldin, colgada en Glarus,
Suiza, en Junio 17, 1782.
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Brujas y Cazadores de Brujas
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Los estudios modernos muchas veces acusan a las brujas y a los inquisidores de
simples supersticiosos. La imagen popular es la del inquisidor celibe, que odia
el sexo y a las mujeres de tal manera que decide exterminar la maldad, que en
realidad es una proyeccion de sus propios deseos frustrados.
Otra opinion popular es la del religioso fanatico cazador de brujas cuyo fervor
lo lleva a destruir toda oposicion a su doctrina, transformandose asi en el
motor de las grandes persecuciones. Tenemos evidencia para tales opiniones?
Tambien es de creencia general (entre los no cristianos) que las brujas eran
convictas y ejecutadas por crimenes no existentes. Algunas cartas escritas por
las victimas antes de ser ejecutas y contrabandeadas fuera de prision, sugieren
esta idea. Sugieren todas los datos historicos esta idea?
1. Eran los Cazadores de Brujas Religiosos Fanaticos y Locos?Consideremos
algunos prominentes cazadores de brujas. Eran ellos fanaticos?
Papa Inocencio VIII era famoso por el mal comportamiento de sus hijos
ilegitimos. Aparentemente el se interesaba solamente en el dinero y el poder.
Henry Institoris (latinizado Kramer) se escapo de milagro de los cargos de
fraude y defalco de dinero de indulgencias.
Politico e intelectual Jean Bodin, consejero y consultante del Rey de
Francia, no se veia interesado en la propagacion del cristianismo. Al contrario,
hasta hoy en dia Bodin es considerado un genio universal (adjetivo que no se le
puede adjudicar a un cristiano)de su tiempo, un racionalista promotor del
Mercantilismo, quien desarrollo las teorias economicas de la inflacion y la
politica economica(The Six Bookes of a Commonweale Seis Libros de un
Commonwealth), 1576), el antecesor de las teorias economicas de Adam Smith. Por
estos logros cientificos es todavia respetado por los economistas de hoy. [25]
Para aquellos que citan su insanidad mental para explicar su apoyo a las
cacerias de brujas tienen que enfrentarse con la realidad de que Bodin continuo
escribiendo tratados brillantes despues de que su libro sobre brujeria
(Démonomanie, 1580)fuera publicado, por ejemplo su Colloquium Heptaplomeres,
1588. Este libro es unos de los primeros tratados politicos promoviendo la idea
de tolerancia religiosa [26].
En suma, no existe evidencia que los mas grandes cazadores de brujas hayan sido
motivados por un extraordinario fanatismo religioso. Eran supersticiosos
entonces? Ellos si profesaron creer en el diablo, hechiceria y demonios - pero
esto no los hace diferentes a otros cristianos (y porsupuesto que las ordas de
fanaticos cristianos se unieron a participar en esta fiesta del crimen que para
ellos significaba el ventilar su odio hacia las mujeres). Pero ellos no
comenzaron La Gran Caceria).
2. Quienes eran las Brujas? Que es la brujeria?Parece inevitable tener que
buscar respuestas de aquellos quienes instigaron las persecuciones. Despues de
todo, fueron ellos quienes escribieron grandes colecciones de tratados sobre sus
razones.
Sin lugar a dudas el documento mas importante apoyando a las cacerias es el
Malleus Maleficarum (El Martillo de las Brujas de 1487) de tres volumenes, el
primero de los cuales trata sobre la brujeria, el segundo con ejemplos y
remedios, y el tercero con las prescripciones legales de la persecucion
(ejemplo: quien debe de ser torturado, cuando y como).
En el capitulo seis del primer volumen leemos bajo el titulo "Sobre las brujas
que sucumben bajo el demonio" que tres preguntas seran tratadas:
"Nuestra indagacion sera primero general, a lo que se debe a la condicion
general de la mujer; segundo, en particular, que clase de mujeres son propensas
a la supersticion y brujeria; y tercero, especialmente en lo que se refiere a
las parteras, quienes sobrepasan todas las maldades." [27]
La primera pregunta es contestada en la forma tradicional cristiana: las mujeres
son mas credulas y por consiguiente mas inclinadas a la duda y la perdida de la
fe, pactos con el diablo etc. Tambien hay buenas y malas mujeres, y la malvada
es la que desea sexo.
Referiendose a la segunda pregunta, leemos que las mujeres se entregan
especialmente a tres vicios: la incredulidad, la ambicion, y la sensualidad.
[28]
Hasta ahora vamos bien, esto se lee como los delirios y la misogamia de un cura
celibe.
Really?
Continuamos.De acuerdo a los autores, las maldades cometidas por las brujas
estan divididas en siete
"siete metodos mediante los cuales infectan con brujeria el acto venereo y la
concepcion en el vientre." [29]
Todos estos siete metodos obstruyen la procreacion:
"Primero, al inclinar a las mentes de los hombres a pasiones irregulares;
segundo, mediante la obstruccion de la fuerza generativa;
tercero, mediante la extirpacion de los miembros acomodados para esos actos;
cuarto, transformando a hombres en bestias mediante sus artes magicas;
quinto, mediante la destruccion de la fuerza generativa en las mujeres;
sexto, mediante el aborto;
septimo, la ofrenda de niños al demonio." [30]
Estos son los "daños hacia los hombres" infringidos por las brujas. Las formas
tradicionales de hechiceria como producir mal tiempo, dañar animales domesticos,
etc son solo mencionados casualmente:
"...ademas otros animales y frutos de la tierra a quienes le hacen mucho mal."
[31]
Estos siete metodos traducidos al idioma moderno serian:
fornicacion y adulterio (los cuales tienden a prevenir la procreacion)
haciendo a los hombres impotentes o infertiles
castracion y/o esterilizacion
bestialidad y homosexualidad (ejemplo de satisfaccion sexual sin procreacion)
control de la natalidad
aborto
infanticidio
Bueno, esto si que es una sorpresa! De acuerdo a esta definicion, hay mucha
gente practicando la brujeria a diario! Tambien notemos que de acuerdo al
Martillo de la Brujas la brujeria por cierto no es un "crimen" imposible (tal
como arruinarle la cosecha al vecino o enfermando a la vecina con magia).
Pero habia control de la natalidad en la edad media? Eran posibles los abortos
en aquella epoca? Continuemos leyendo. El capitulo once del volumen I dice:
"Once. Las Brujas que son Parteras Matan en Variadas Formas el Niño Concebido en
el Vientre y Procuran un Aborto; y si no hacen esto Ofertan al Recien Nacido a
los Diablos.
Aqui se presenta la verdad concerniente a los cuatro horribles crimenes que los
diablos cometen contra los infantes, en el vientre de sus madre y despues. ... Y
los siguientes son los metodos mediante los cuales son hechos: ... es brujeria
no solamente cuando alguien no puede hacer el acto carnal...sino tambien cuando
a una mujer se le evita la concepcion o se le hace abortar despues de la
concepcion. Un tercer metodo es cuando fracasan en procurar un aborto, en cual
caso despues se devoran al niño o se lo ofrendan al demonio... Sin la ayuda de
los demonios, un hombre puede mediante medios naturales, tales como las hierbas,
savin por ejemplo, u otro emenagogo, procurar que una mujer no pueda generar o
concebir." [32]
Otros cazadores de brujas del mismo modo incluyeron profesiones que afectaban a
la procreacion bajo el titulo de brujeria, aunque muchas veces tratan mas
exhaustivamente con otras formas de hechiceria. El fraile italiano Francesco
Mario Guazzo en su Compendium Maleficarum (Manual de las Brujas), enumera a los
metodos de control de natalidad de su epoca bajo Atadura. Ellos son:
cuando se causa odio entre una pareja, o cuando se causa el odio mutuo
cuando alguna inhabilidad corporal mantiene al marido y a la esposa separados
en lugares distantes, o cuando algo o un fantasma se interpone,
cuando el espiritu vital es bloqueado de fluir al pene y la emision de semen
es prevenida,
cuando el semen no es fertil,
cuando el pene del hombre es flacido cada vez que desea hacer el acto carnal,
cuando ciertas drogas naturales son administradas a una mujer para prevenir
la concepcion,
cuando los genitales femeninos se estrechan o se cierran, o cuando el organo
masculino se retrae. [33]
En manera similar el politico frances Bodin explicitamente declara que
"quien sea que practique [el arte malvado], no puede negar que no solamente
viola las leyes de Dios y la naturaleza: porque obstruye el proposito del
matrimonio el cual fue ordenado por Dios. Por consiguiente ello lleva hacia el
divorcio o la infertilidad y esto constituye un sacrilegio del acto sagrado. Aun
mas, el tampoco puede negar que cometio homicidio: porque quien previene una
concepcion o un nacimiento de un nino comete no menor homicidio que aquel que le
corta la garganta a otro." [34]
En conclusion vemos, que por lo menos un crimen enjuiciado como brujeria era
posible y muy probable y no ser visto como mera supersticion. Habia control de
la natalidad antes de la era moderna?
3.Control de la NatalidadLa fuerza de los cazadores para eliminar el control de
la natalidad evadio a muchos historiadores de la brujeria porque hasta hace poco
el control de la natalidad era visto como un invento del modernismo. Los
neo-Malthusians del siglo XIX en Inglaterra quienes promovian los metodos de
control de la natalidad como medio de luchar contra la pobreza y la miseria de
los miembros de la clase baja de trabajo(quienes muchas veces tenian diez o mas
hijos los cuales no podian alimentar correctamente ni uno) estaban sinceramente
convencidos que eran los primeros humanos en la historia en inventar la
prevencion de embarazos no deseados.
Pero, estudios etnologicos han demostrado que casi todas las sociedades nativas
conscientemente limitaban el numero de nacimientos en relacion con los recursos
ecologicos disponibles para alimentarlos. Ellos conocian y conocen varios
metodos de procurar abortos como asi tambien posiones anticonceptivas hechas de
una variada gama de hierbas y raices. Estos metodos eran conocidos y usados por
las mujeres, quienes decidian por si mismas si querian tener un hijo o no y
cuando. Entre los nativos de Norte America solamente se conocen mas de 200
plantas, raices y otras medicinas usadas como metodos de control natal. [35]
Seria una sorpresa si las mujeres de la Europa pre-moderna - las anglo-sajonas
pre cristianas, las tribus germanas, romanos y griegos- no hubieran sabido nada
sobre la anticoncepcion y metodos abortivos. Esta claro que estudios modernos
muestran que de la misma forma las sociedades europeas tenian conocimiento de
esto. Muchos de estos metodos han sido clinicamente probados y un considerable
numero de ellos han sido encontrados efectivos. [36]
Como en las sociedades nativas, el conocimiento sobre el control de la
natalidad, como asi tambien el conocimiento de medicina- tales como la clase de
hierbas que pueden ser usadas para curar enfermedades -eran la propiedad
generalmente de las mujeres sabias, parteras y curanderas durante la edad media:
"(este) conocimiento era principalmente transmitido por una organizacion de
mujeres." [37]
En sintesis: Desde el momento en que las persecusiones de las brujas estaban
enfocadas en el exterminio de una profesion - el conocimiento - habia razon
suficiente para los cazadores de eliminar a las supuestas brujas y tambien a sus
hijos. Como dice Bodin, si una bruja no confiesa, "uno tiene que interrogar a
las hijitas de la hechicera y bruja; desde el momento que se ha encontrado que
son instruidas por sus madres." [38]
En forma similar el Malleus habia precabido a los cazadores que generalmente las
hijas de las brujas debian de ser sospechadas de imitar el crimen de sus madres.
[39]
Debido a que no existia una educacion formal para las parteras, cualquier mujer
experimentada podia ser llamada partera si ellas habian asistido a otras mujeres
en un alumbramiento. La misma persona experta les daba consejeria a las otras
mujeres que deseaban prevenir el embarazo y el nacimiento. Los doctores hombres
con entrenamiento universitario no estaban disponible para los campesinos o el
pueblo en general, solamente para la elite rica como reyes, duques, obispos etc.
Aun mas, a los doctores hombres les faltaba experiencia en ginecologia porque
durante la edad media ningun hombre era autorizado a tratar a una mujer. [40]
En otras palabras, para la mayoria de personas viviendo en la era premoderna no
habia otra ayuda medica mas que la del brujo local (o la del cura local que
suministraba rezos y agua bendita).
Entonces ahora sabemos que la gente medieval podia limitar la medida de su
familia. Tambien hemos visto que eran las parteras quienes proveian los medios
mediante los cuales las campesinas medievales podian limitar la medida de sus
familias de acuerdo con la habilidad de poder alimentar a sus hijos.
Desde el principio del cristianismo, no solamente el aborto y el infanticidio,
sino tambien los anticonceptivos fueron considerados pecado. Aun asi, estas
medidas no eran consideradas excepcionales en la sociedad feudal medieval. Antes
de la era de las cacerias hasta la iglesia habia administrado leves penas por
estas ofensas:
El sinodo de Mainz/Alemania de 852 ordenaba 40 dias de penitencia y ayuno por
ahogar sin intension a su bebe
En el manual de San Hubert hasta el infanticidio intencional era castigado
con tres años de penitencia [41]
Porque entonces, eran las hierbas y pociones diseñadas para la prevencion de
embarazos o abortivas consideradas magicas?
"Las referencias a las pociones estan interlazadas con referencias a magia y
parece que los medios magicos a los cuales se hacen alucion eran generalmente
pociones de hierbas. El significado de estas pociones magicas se pueden hacer
evidentes en la exegesis del termino maleficium. Etimologicamente, maleficium
significa 'hacer el mal'. Muchas veces es usado para significar 'magia'; y
malefici, aquellos quienes hacen maleficium son considerados hechiceros. De
cualquier forma que sea usado, el termino maleficium y maleficus lleva consigo
la implicacion de medios magicos. Pero en adicion a su general y amplio
significado de magico, maleficium a veces se refiere mas especificamente al acto
de causar un aborto o el producir esterilidad mediante medios magicos (hierbas
anticonceptivas), o sea, asistencia diabolica." [42]
Se ha observado muchas veces que las brujas eran acusadas de hacer a hombres,
mujeres, animales y cosechasinfertiles. Pero la intencion del cazador de brujas
de exterminar los medios de control de la natalidad a eludido a muchos
historiadores modernos porque no le prestaron atencion a la diferencia entre la
infertilidad humana y animal. Los campesinos medievales voluntariamente, por sus
propios intereses, limitaban el numero de hijos, y por eso un cierto grado de
infertilidad humana era un efecto deseado y positivo de la brujeria. En otras
palabras consideraban el control de la natalidad como "bueno" o magia "blanca",
de la misma forma que la gente de hoy en dia no desea un numero ilimitado de
hijos. Por esta razon las parteras y "mujeres sabias," aparecian
predominantemente en las acusaciones de brujeria hechas por las autoridades,
pero raramente aparecen en las acusaciones de brujeria hechas por el pueblo,
quienes las consideraban su unica fuente de ayuda medica.
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Poblacion
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1. Politica DemograficaAhora podemos ver el mayor impetu en la persecucion de la
brujeria, los cuales se extendieron a casos aislados de hechiceria y
supersticion y mas tarde en una generalizada caceria de brujas que duraria por
varios siglos. Todo esto iniciado por la intencion de la autoridades de
exterminar el control de la natalidad.
Pero porque las autoridades deberian de estar interesadas? Porque en esta epoca?
Como fue que la iglesia inicio las cacerias de brujas y la persecucion del
control de la natalidad? Que ocurrio al final de la edad media?
Entre los anos 1348-1352 la Peste Negra ataco a Europa. La peste - y sus
rebrotes adicionales en decadas subsiguientes hasta el ano 1385 - resulto en la
llamada La Catastrofe de Poblacion Europea, que eventualmente culmino con la
destruccion del sistema feudal:
"...debido a los indices de mortalidad esta peste fue imcomparablemente la
catastrofe mas grande que cayera sobre el Oeste de Europa en los ultimos 1000
años- mucho mas grande que las dos Guerras Mundiales del siglo XX juntas.
Autoridades modernas responsables estiman que entre los años 1348-9 perecio un
tercio de la poblacion." [43]
Por consecuencia la peste resulto en una catastrofica perdida de servidumbre
para las haciendas de los terratenientes medievales, la clase gobernante feudal.
Las tierras eran propiedad dela iglesia como asi tambien de los señores. El
poder economico mas importante de la economia medieval era la iglesia:
En el siglo XIII la Iglesia Catolica Romana recibia en impuestos de Inglaterra
mas del doble de lo que recibia el mismo rey de Inglaterra. [44] En 1430 los
monasterios ingleses eran duenos del 15% de las tierras, el resto de la iglesia
un 10%, y la corona real solamente un 6% de todo el territorio. En Suecia en el
ano 1500 alrededor del 5% de las tierras eran propiedad de la corona mientras el
21% del territorio era propiedad de la iglesia. [45]
En otras palabras, La iglesia era el señor feudal mas grande de Europa con un
20-30% de las tierras fertiles del continente como propiedad eclesiastica, y por
consecuencia la que recibio el golpe mas duro en terminos economicos debido a la
perdida de esclavos muertos en la peste. De alli la intencion de la iglesia de
repoblar sus tierras con siervos.
Mientras que el campsino comun y los labradores sobrevivientes de la peste no
veian necesidad de reproducirse en exceso y no mas alla que para continuar con
el apellido, los señores feudales y la iglesia querian que se reprodujeran para
el beneficio de ellos y poder repoblar los campos vacios.
Entonces no nos puede extrañar que ya para el año 1360 empezaran a ejecutar a
las "mujeres sabias" y parteras en sus villorios [46]. Ahora podemos ver los que
los inquisidores tenian en mente cuando escribieron:
"Nadie es mas peligrosa y perniciosa a la Fe Catolica que las parteras," [47]
Con la Predicacion que la procreacion es una responsabilidad ordenada por Dios,
la Fe Catolica simplemente queria restablecer su posicion dominante en la
economia medieval. Pero si las cacerias de brujas fueron inventadas o por lo
menos fuertemente apoyadas para promover la repoblacion de las tierras de la
iglesia, entonces seria de esperar que el exterminio de las brujas no haya sido
el unico medio de lograr este objetivo. Otros medios deberian de haber sido
tomados para promover la procreacion y para prevenir la satisfaccion sexual sin
consecuencias.
Por eso algunos estudiosos han observado que durante la era de las cacerias, la
anteriormente aceptada laissez-faire- actitud liberal hacia las desviaciones
sexuales prevalecientes en la Edad Media (hasta la prostitucion era considerada
una profesion casi honorable) habian desaparecido:
"Catolicos y protestantes empezaron campañas masivas para alterar la conducta
popular, especialmente la conducta sexual. Los relativamente debiles controles
sociales de la Europa medieval fueron reemplazados por estrictos codigos y
efectivos mecanismos de enforzamiento," [48]
A pesar de esto, muchos historiadores no pudieron ver la coneccion entre estos
eventos y las Grandes Cacerias de Brujas.
De la misma forma, los siete metodos de la brujeria pasaron a ser ilegales al
principio del periodo moderno. Los codigos legales del periodo, tales como el
Codigo Bambergensis de 1507 o el antes mencionado Carolina de 1532, no solamente
ilegalizaron la brujeria sino tambien especialmente el aborto, la
anticoncepcion, la sodomia, etc. Al contrario de las anteriores leyes que
solamente prohibian el adulterio y la violacion. Y asi continua hasta hoy en dia
en el siglo XXI, donde en la mayoria de los paises cristianos, el aborto y la
anticoncepcion son todavia ilegales a pesar de que las poblaciones del tercer
mundo crecen desmesuradamente creando caos.[EB]
2.El Crecimniento de la PoblacionComo consecuencia de las cacerias de brujas y
el exterminio de las curanderas y parteras, el conocimiento de herbologia de
Europa Occidental fue destruido y perdido en gran parte. Como hemos visto
tambien, la destruccion del conocimiento, especialmente el del control de
natalidad, no fue un derivado de las cacerias sino un plan intencional de los
inquisidores cristianos.
Los conocimientos de control de natalidad fueron exterminados de tal forma
durante las persecuciones al punto que los estudiosos del siglo XX lo
consideraron un descubrimiento moderno. Los historiadores anteriores que se
enfocaron en las persecuciones, tomaron como supersticion las referencias de
aborto y anticoncepcion encontrada en los documentos y asi de esa forma
decidieron ignorarlo. Aun mas, su verguenza de discutir temas sexuales es en si
el reciduo mental que los cazadores de brujas dejaron como herencia al reprimir
la sexualidad humana , asi transformando en tabu todo el tema(en los textos
medievales los temas sexuales eran discutidos libremente y explicitamente).
Al contrario, los historiadores modernos de la anticoncepcion, estudiando las
universales practicas de le Edad Media, pero ignorando las Cacerias de Brujas,
se sorprenden del "Rompimiento de la Cadena de la Experiencia" [49] en lo que se
refiere a la anticoncepcion al principio de la edad moderna, una era de rapido
crecimiento tecnico e intelectual en casi todas las otras areas:
"Es intrigante porque tan pocos saben lo que antes todos sabian." [50]
Como nos dicen los historiadores de poblacion: al final del siglo XV la
Catastrofe de Poblacion Europea fue seguida por lo que se conoce como la
Explosion de Poblacion Europea, la cual presidio la Explosion de Poblacion
Mundial por varios cientos de años:
"... diferentes escuelas de historiadores tienden a estar de acuerdo en que los
origenes de la explosion demografica del siglo XVI y principios del siglo XVII
yasen en los ultimos 25 anos del siglo XV..." [51]
Esta perdida del conocimiento del control de la natalidad resulto en patrones de
procreacion jamas vistos antes en la historia humana, ni en sociedades tribales,
ni antiguas, ni medievales, ni orientales. Desde el principio del siglo XVI a
finales del siglo XIX la mujer casada promedio tenia "entre 5 y 6.5 hijos." [52]
Estos numeros son nunca antes vistos en la historia humana y no indican la aun
mayor cantidad de nacimientos.
Asi las mujeres - de la tal civilizada - Europa cristiana y Colonias Europeas de
los anos 1500 al 1900 eran las unicas mujeres en el mundo que no sabian
practicamente nada de cosas sexuales y prevencion.
Tomando en cuenta Europa solamente, donde la Explosion de Poblacion Mundial
comenzo(entre 1820 y 1920 solamente, alrededor de 35 millones de personas
emigraron a otros continentes[53], diseminando sus "Valores familiares
cristianos" (vida matrimonial sin anticonceptivos resultando en procreacion
ilimitada). Entre el 500 y el 1750 la poblacion Europea se duplico, a pesar de
guerras constantes, hambrunas y epidemias, y asi para el 1900 este pequeño
continente - a pesar de la emigracion de millones - contenia casi el 25% de la
poblacion mundial. Esta terrible presion demografica le facilito a los
promotores de la moral familiar cristiana el colonizar y Europeizar el resto del
globo.
Durante los mismos años(1700-1850), Japon tenia una poblacion estancada, sin
guerras, hambrunas, epidemias o emigracion. Este cero crecimiento fue el
resultado del planeamiento familiar, que incluia abortos legalizados. [54]
3. Mortalidad Infantil, Maltrato y la EconomiaSe ha afirmado que el limitado
crecimiento de poblacion de las sociedades medievales y tribales era en gran
parte consecuencia de un alto nivel de mortalidad infantil contrastada con un
alto indice de fertilidad. El crecimiento descomunal de poblacion visto despues
es atribuido a la medicina moderna, la cual redujo el numero de mortalidad
infantil. Es increible que los demografos no consideren el control de la
natalidad en la teoria que se ha llegado a conocer como la "transicion
demografica." Los increiblemente altos indices de natalidad de Europa a
principio de la era moderna, o sea del siglo XVI al XIX fueron simplemente
transferidos al pasado y asi concluyeron que los indices de natalidad y
mortalidad infantil tendrian que haber sido extremadamente altos durante la Edad
Media. De la misma manera esta teoria explica el crecimiento Europeo del periodo
moderno sugiriendo una reduccion de indices de mortalidad y no un crecimiento en
indices de nacimiento.
Pero la realidad es que el extraordinario crecimiento demografico de Europa de
los siglos XVI y XVII fueron anteriores a cualquier impacto significativo de la
medicina moderna sobre los pueblos en general.
"Muchas veces se presupone que la Edad Media fue un periodo de matrimonios a
temprana edad y generalizados con su consecuente alta fertilidad... Pero existe
poca evidencia para esto: los calculos sobre la medida de las familias en una
cantidad de villorios ingleses sugieren la cantidad de 3,35 niños vivos por cada
familia en el siglo X .... ningun material historico sugiere familias grandes."
[55]
Como hemos visto, no hay razon para asumir altos indices de mortalidad infantil
como la causa del crecimiento cero de poblacion. Estimados muy altos para las
sociedades antiguas estan en el rango de 20-25% de mortalidad para niños de 0 a
5 años. [56]
Sabemos que las parejas durante la mayoria de la historia y en sociedades
tribales concientemente limitaron sus familias, en otras palabras, sus hijos
eran deseados y por lo general eran raros los embarazos no deseados. Pero al
contrario, las parejas del principio del periodo moderno tenian hijos deseados e
indeseados como consecuencia de la persecucion legal de los metodos
anticonceptivos. Estos niños no deseados crecian en particularmente malas
circunstancias: sus padres no los querian, no los necesitaban de herencia etc.,
y los padres no tenian ningun plan para el futuro de estos hijos adicionales que
los padres eran obligados a aceptar como regalos-de-Dios, como era predicado por
los teologos cristianos.
Las medidas para exterminar e ilegalizar el control de la natalidad no solamente
fueron forzadas mediante el terror y las penas (las cuales incluia las quemas de
brujas), sino tambien fueron presentadas y justificadas con supersticiones y
razones morales, tales como "la santidad de la vida," una justificacion moral
falsa prohibiendo el aborto ya antes mencionado en el Martillo de las Brujas.
La procreacion sin limites era predicada como un deber moral ante "Dios" (o que
el unico proposito del matrimonio o el sexo era la procreacion ), los padres
tuvieron que criar hijos los cuales nunca deberian de haber nacido, si a las
madres les hubieran dado una opcion. Asi, estas leyes, medidas legales y morales
relacionadas con "los valores familiares" no pudieron ser descartadas una vez
que pudieron lograr la meta de repoblar a Europa con los esclavos y peones que
necesitaban.
Despues que el sistema feudal cayo, los politicos seculares y los teorisistas
economicos continuaron promoviendo la procreacion ilimitada, como en el caso de
Bodin, mediante la creencia que las naciones ricas siempore eran naciones muy
pobladas y asi confundiendo la causa con el efecto, se condeno el infanticidio,
el aborto y el cuidado anticonceptivo,
"de la bruja no se puede hablar sin gran impiedad, que la mas buena de la
criaturas que Dios a creado, no solamente sea desechada despues de ser nacida,
sino tambien destruida en el vientre de su madre....En mi opinion se equivocan
mucho aquellos que dudan de los beneficios de una multitud de niños y
ciudadanos, desde el momento que no hay ciudades mas ricas o famosas en las
artes y disciplinas que aquellas que desbordan de ciudadanos." [57]
Pero Bodin y otros politicos y estadistas de los principios de la era moderna
fallaron al no precaver que los estados que incentivaran altos niveles de
nacimientos tambien proveyeran de trabajos y un futuro para los niños
adicionales. A la larga la consecuencia fue la pobreza, la miseria y la
emigracion, tanto asi que cientos de años despues economistas clasicos como Adam
Smith o Thomas R.Malthus advirtieron sobre la sobrepoblacion(pero aun asi se
rehusaron a recomendar el control de la natalidad!) Aun mas, estas leyes
familiares a la fuerza - eclesiasticas como asi tambien seculares - produjeron
niños nacidos en contra de la voluntadde sus padres como asi tembien en contra
de sus intereses personales.
Es por eso de esperar que los padres se preocuparan menos por sus hijos, menos
que en cualquier otra era historica y asi consecuentemente debido al abandono y
falta de cuidado la mortalidad infantil se incremento considerablemente. Por eso
no es ninguna sorpresa que los indices de mortalidad infantil crecieran
sorprendentemente con el incremento de los indices de natalidad. Para finales
del siglo XVII encontramos los indices de mortalidadinfantil - para infantes
menores de un año! - habian subido al increible porcentaje del 40 al 55% [58]
(Compare esta cifra con la antes meencionada 20-25% de mortalidad infantil en
las sociedades antiguas para niños de 0 a 5 años). Esta mortandad masiva no
limito el crecimiento demografico en una era donde 8, 10, o 12 partos eran
normales para la mujer tipo.
El resultado de miseria y pobreza habian sido considerados un riesgo calculado
por los promotores del crecimiento de poblacion y los cazadores de brujas y era
considerado un problema menor comparado con la opcion de dejar que las personas
decidieran por si mismas cuantos hijos deseaban tener.
Por cientos de años los niños tuvieron que soportar los peores tipos de abusos,
abandonos, mal tratos, y trabajo forzado que debian realizar debido a que sus
padres simplemente no tenian los medios como para darles de comer. Por ejemplo
en la era industrial en Inglaterra niños de seis años, y a veces de hasta cuatro
años eran forzados a trabajar en las minas de carbon, y generalmente no vivian
pasados los diez años de edad [59]. Sus padres no eran ni inmorales ni
irresponsables, ellos simplemente no tenian la oportunidad de prevenir enbarazos
no deseados.
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En Suma
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Desde fines del siglo XVI a principios del siglo XX Europa fue el continente con
el mas excesivo crecimiento demografico, que no solamente produjo grandes masas
de trabajadores de clase baja que eran explotados por las clases gobernantes del
capitalismo( quienes tenian otra razon para mantener el control de la natalidad
ilegal y de esa forma siempre tener los suficientes seres humanos superfluos
como para mantener los sueldos bajos), sino tambien para producir la presion
popular que forzo a una considerable parte de la poblacion, millones y millones
de personas, a emigrar a otros continentes .
En estos otros continentes los colonos europeos no solamente continuaron con un
comparable indice de natalidad, pero aun mas importante, exterminaron las
poblaciones nativas y sus metodos de control de la natalidad y asi de esa forma
destruyeron efectivamente los metodos, como lo hicieron sus ancestros en las
epoca de las quemas de brujas. Con estos metodos los nativos mantuvieron sus
numeros de poblacion estables por miles de años, pero desde su cristianizacion
estos pueblos empezaron a experimentar un indice de natalidad comparables con
los de Europa.
Mientras muchos paises Europeos empezaron a legalizar el control de la natalidad
al principio del siglo XX (debido a que las naciones Europeas estaban
literalmente inundadas de personas) las antiguas colonias continuan con
crecimientos increibles y nunca antes vistos en la historia humana. Ahora la
miseria que los niños europeos tuvieron que soportar durante cientos de años es
a una escala global: niños forzados a trabajar o prostituirse, o a dejar a sus
familias en las fabelas y villas miserias para pedir por las calles de las mega
cuidades del tercer mundo. (no es coincidencia que los paises catolicos no
Europeos esten incluidos entre los de major indice de crecimiento demografico,
por ejemplo Mexico, Guatemala, Ruanda, Vietnam).
Esta miseria y pobreza global como asi tambien el desastre ecologico es la
Herencia Cristiana que nos dejaron las forzadas morales familiares cristianas,
las cuales fueron introducidas como las cacerias de brujas y mediante la
predicacion de los "Valores Familiares Cristianos" por parte de avaros
terratenientes eclesiasticos que deseaban repoblar sus despoblados campos de la
Iglesia para que ella pudiera mantener su posicion dominante en la economia
medieval. Asi fueron instituidas las prohibiciones al control de la natalidad y
las condenas a las curanderas, brujas y parteras que tenian el conocimiento y
los medios.
Esto se refleja HOY EN DIA en las predicacion cristiana. Uno solamente tiene que
ver la condena por parte del Papa al control de la natalidad, o al experto en
moralidad cristiana de la Coalicion Cristiana Pat Robertson:
"[La] agenda feminista no es sobre derechos para la mujer. Es sobre una complot
socialista, anti-familia, un moviemiento politico que alienta a la mujeres a
abandonar a sus maridos, matar a sus hijos, y practicar brujeria(wicca),
destruir el capitalismo y trasformarse en lesbianas." [60]
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Lectura recomendada
Hall, D.D., Witch-hunting in Seventeenth Century New England, Boston 1991
Riddle, J., Contraception and Abortion from the Ancient World to the
Renaissance, Cambridge/Mass. 1992
Levack, B.P., Witch-hunting in early modern Europe, New York 1992
Recommended LinksThe Witchcraft Archives
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---------------------------------
Notes
[1]
E.W.Monter, The Historiography of European Witchcraft, in: B.P.Levack,
Witch-Hunting in Early Modern Europe, New York 1992, 51.
[2]
G.L.Burr, The Witch Persecutions, Philadelphia 1903, 1.
[3]
E.Midelfort, Were There Really Witches? in Levack 1992, 145.
[4]
Malleus Maleficarum, vol.III, Q.1. See note [27].
[5]
There is no evidence that Wicca can be traced back earlier than the 20th
century. It is largely the result of writings such as:
Margaret Murray, The Witch-Cult in Western Europe, (1921) Oxford 1962, and
Gerald Gardner High Magic's Aid, 1941.
Both authors have not been much interested in historical accuracy. For a
critique of Murray's theses see: E.Rose, A Razor for a Goat, Toronto 1962.
[6]
See note [3], 146.
[7]
S.Andreski, The Syphilitic Shock, in Levack 1992, 280.
[8]
Cases like this continue in the present. Recent examples: in 1984 a man and a
woman of the Tepehuanes tribe in Mexico were accused of sorcery and hanged
first, afterwards their bodies were burned (German News Magazine Der Spiegel
No.9/1985). In 1985 in the South-African province Transvaal two men of 60 and 76
years of age were accused of being witch-doctors and burned in their huts (Press
agency dpa 2/6/85).
[9]
Hall, D.D., Witch-hunting in Seventeenth Century New England, Boston 1991,
287.
[10]
R.H.Robbins, The Encyclopedia of Witchcraft and Demonology, New York 1959,
547.
[11]
Robbins, 471.
[12]
See paragraph 2 of his famous law code.
[13]
Levack 1992, 83.
[14]
Gloger/Zöllner, Teufelsglaube und Hexenwahn (Satanism and Witchcraze),
Vienna, 1984, 21.
[15]
E.P.Currie, Crimes Without Criminals, in: B.P.Levack, Witch-Hunting in Early
Modern Europe, New York 1992, 109.
[16]
R.H.Robbins, The Encyclopedia of Witchcraft and Demonology, New York 1959.
[17]
H.Trevor Roper, in: C.Honegger, Die Hexen der Neuzeit (The witches of early
modern times, German), Frankfurt 1978.
[18]
Ibid.
[19]
See note [15].
[20]
W.G.Soldan/H.Heppe, Geschichte der Hexenprozesse (A history of the witch
trials, German), Berlin 1911.
[21]
S.v.Riezler, Geschichte der Hexenprozesse in Bayern (A history of the witch
trials in Bavaria, German), 1896.
[22]
G.Becker Aus der Zeit der Verzweiflung (From the time of despair, German),
Frankfurt 1977.
[23]
From a German translation of his Discourse of the Damned Art of Witchcraft,
1608.
[24]
See for example:
W.G.Soldan/H.Heppe, Geschichte der Hexenprozesse (German), Berlin 1911, II,
2.
H.Döbler, Hexenwahn - die Geschichte einer Verfolgung (German), Munich 1977.
R.H.Robbins, The Encyclopedia of Witchcraft and Demonology, New York 1959,
179f.
J.B.Russell, Witchcraft in the Middle Ages, NY/London 1972, 39.
.
[25]
For example the Colloque Jean Bodin, held in Lyon/France Jan 11-13, 1996.
[26]
English version: J.Bodin, Colloquium of the Seven about Secrets of the
Sublime (1588), translated by M.L.Daniels Kuntz, Princeton 1975.
[27]
English translation by the fanatic priest Montague Summers, The Malleus
Maleficarum, New York: Dover (1928, 1948) 1971. This quote p47.
[28]
All from Malleus Maleficarum, Summers' translation (MMS) Vol.I. Chapter 6.
[29]
Malleus Maleficarum, Summers (MMS) p47.
[30]
MMS, p47.
[31]
MMS, p47, emphasis mine.
[32]
MMS, p66.
[33]
Robbins 1959, 305f.
[34]
Bodin, De la Démonomanie des Sorciers, (Paris 1580) reprint Hildesheim 1988,
Vol.IV, 207.
[35]
K.Krag, Plants Used as Contraceptives by the North American Indians,
Cambridge/Mass., 1976.
See also: G.Devereux, A Study of Abortion in Primitive Society, New York 1967.
[36]
See in detail Krag 1967. See also J.M.Riddle, Contraception and Abortion from
the Ancient World to the Renaissance, Cambridge/Mass. 1992.
Beware: Do not try to experiment with the mentioned plants. Many carry some
heavy biochemistry and without proper knowledge of dosage etc. may be dangerous
to your health!
[37]
Riddle 1992, 16.
[38]
J.Bodin, Bodin, De la Démonomanie des Sorciers, (Paris 1580) reprint Graz
1973, 204.
[39]
Malleus Maleficarum, vol.II, German edition p135.
[40]
P.Ketsch, Frauen im Mittelalter (Women of the Middle Ages, German),
Düsseldorf 1983, vol.I, 263.
[41]
L.de Mause, The History of Childhood, New York 1974.
[42]
J.T.Noonan, Contraception. A History of its Treatment by the Catholic
Theologians and Canonists, Cambridge/Mass., 1986, 155.
[43]
N.Cohn, The Pursuit of the Millennium, London (1957) 1970, 131.
[44]
H.Wollschläger, Die bewaffneten Wallfahrten gen Jerusalem (History of the
Crusades, German), Zürich 1973, 159.
[45]
C.M.Cipolla, Before the Industrial Revolution, London (1976) 1981, 55f.
[46]
R.Kieckhefer, European Witch Trials, London 1976, 18.
N.Cohn, Europe's Inner Demons, Frogmore 1976, ch.10.
[47]
Malleus, Vol.I, Q.11.
[48]
J.Klaits, Servants of Satan. The Age of the Witch Hunts, Bloomington 1985,
76.
[49]
Riddle 1992, 154.
[50]
Riddle 1992, 165.
[51]
J.Hatcher, Plague, Population and the English Economy 1348-1530, London 1977,
63.
[52]
M.Anderson, Approaches to the History of the Western Family 1500-1914, London
1980, 19.
[53]
C.McEvedy, R.Jones, Atlas of World Population History, London 1978, 30f.
[54]
W.LaFleur, Liquid Life. Abortion and Buddhism in Japan, Princeton 1993.
[55]
D.Grigg, Population Growth and Agrarian Change, Cambridge 1980, 80.
[56]
Noonan 1986, 23.
[57]
J.Bodin, The Six Bookes of a Commonweale, 1576, transl. R.Knolles, London
1606, reprint Cambridge/Mass. 1962, 571.
[58]
Cipolla 1981, 307.
[59]
R.Alt, Kinderausbeutung und Fabrikschulen in der Frühzeit des industriellen
Kapitalismus (Child exploitation and industrial schools in early industrial
capitalism, German), Berlin 1958.
[60]
Pat Robertson in a fundraising letter as reported in: The Washington Post,
August 23, 1993, emphasis mine. Note that Lesbians do not procreate, as ordained
by God.
[61]
Inflation and Witchcraft. The Case of Jean Bodin Reconsidered, March 1, 1996,
at the Colloque Jean Bodin, held in Lyon/France Jan 11-13, 1996.
See also: Heinsohn/Knieper/Steiger, Menschenproduktion (Production of men),
Frankfurt 1979.
Heinsohn/Steiger, Die Vernichtung der weisen Frauen (Elimination of the Wise
Women), Munich 1987.
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domingo, julio 04, 2004¿Qué fue la santa Inquisición?Perdones que llegan muy
tarde... asi de lentas parecen ser las cosas en Roma.
"...HISTORIA
¿Qué fue la santa Inquisición?
Días atrás Juan Pablo II volvió a pedir perdón por "los métodos no evangélicos"
que utilizó la Iglesia entre los siglos XIII y XVIII para perseguir y destruir
brujas y herejes. Una defensa de la fe que se valió de hogueras e instrumentos
de tortura.
--------------------------------------------------------------------------------
Claudia Selser.
Como se ve en la trama policial de El nombre de la rosa, de Umberto Eco, la
Biblioteca del Vaticano esconde los mayores secretos del mundo. Cada tanto, sus
puertas cerradas bajo siete llaves se abren y una elite de teólogos y expertos
analizan los documentos archivados desde que San Pedro puso en Roma la piedra
fundamental de la Iglesia Católica; única institución que sobrevivió a casi
veinte siglos de historia de Occidente.
La tarea es tan gigantesca y tantos los bienes celestiales y terrenales a
cuidar, que los dictámenes vienen demorados algunos siglos. Hace unas semanas el
Vaticano presentó un libro, La Inquisición, con las ponencias de un simposio
celebrado en 1998, advirtiendo que, como todavía no habían terminado de ver
todo, proseguirían las investigaciones sobre los libros prohibidos que en 1559
el Santo Oficio retiró de la Biblioteca Vaticana. Con las conclusiones del
simposio en sus manos, el papa Juan Pablo II tuvo oportunidad de volver a pedir
perdón por "los errores cometidos en el servicio a la verdad recurriendo a
métodos no evangélicos", aunque afirmó que su acto de contricción no se extendía
a "ciertas imágenes difundidas en la opinión pública, con más mito que
realidad". Y para desvirtuar lo que consideró "exageraciones" y "lugares
comunes" que alteraron la supuesta verdad histórica, la Santa Sede, a través de
su experto Agostino Borromeo, dio cifras espeluznantes: los procesados por
herejía o brujería quemados vivos en los autos de fe fueron 50.000, "la mayor
parte condenados por tribunales civiles". Señaló que en España, donde
funcionaban los tribunales de fama más siniestra, entre 1540 y 1700, la época
más intensa, se realizaron 44.674 juicios inquisitoriales, de los que 800 (sólo
el 1,8%), terminaron con la ejecución del reo. ¿Qué fue entonces el Santo Oficio
o Tribunal de la Santa Inquisición, que surgió en el siglo XIII para combatir
herejías, se extendió por toda Europa llegando a América a través del imperio
español y fue abolido formalmente el 10 de junio de 1820?
El Santo Oficio comenzó en el siglo XIII, en plena Edad Media, un mundo con
hambrunas enormes, sacudido por profesías apocalípticas y convulsionado por las
luchas políticas, religiosas y de fronteras que defendían los enormes bienes
terrenales de la Iglesia Católica, de las monarquías y de una incipiente
burguesía de señores feudales enriquecidos justamente por su condición de
soldados. En ese mundo donde siempre se podía ser tentado para un pacto con el
Diablo, tanto el poder secular como el religioso consideraban diabólicos a todos
los disidentes en ideas políticas y concepciones religiosas que el Cristianismo
no había logrado sofocar, ni siquiera con las armas de los Cruzados.
Herejes y brujas
Poco a poco, toda la disidencia de la época fue englobándose bajo el nombre de
herejía que, literalmente, significa selección. Porque el mayor pecado en el
siglo XII era seleccionar y descartar algunos de los principios que integraban
el conjunto de la fe católica, considerada una verdad indiscutida y la única
garantía de la supervivencia no sólo de la misma Iglesia, sino también del
Estado, del orden público y de las autoridades constituidas. Aunque la Iglesia
prefería referirse a la necesidad de custodiar la moral y las buenas costumbres,
y defender las almas de los creyentes del peligro que significaban los herejes
para su salvación.
¿Qué decir de la caza de brujas?
Las hogueras ardían calcinando los cuerpos femeninos, mientras el público
medieval miraba con alivio y terror el incendio que garantizaba el triunfo del
Bien sobre el Mal. Eran mujeres a las que se acusaba de pactar con el Diablo y
de mantener relaciones carnales con él, de comerse a los niños, de protagonizar
orgías (aquelarres) y de proceder como sanadoras, es decir, curar a la gente con
yerbas que sólo ellas conocían. ¿Cuántas viejas matronas fueron quemadas por
brujas?
Los expertos del Vaticano acaban de difundir algunas cifras para demostrar que
la quema de brujas fue mucho más frecuente en los países protestantes: si en
Italia, sobre 13 millones de habitantes, terminaron en la pira 1.000 mujeres; y
en Francia, con 20 millones, sólo hubo 4.000 mujeres quemadas; en la Alemania de
los protestantes, con 16 millones de habitantes, murieron en la hoguera 25.000
brujas. Es que los protestantes -que junto con la Iglesia Católica y la Iglesia
Ortodoxa son una de las tres confesiones del Cristianismo- también tuvieron su
propia Inquisición, con los mismos métodos que el Santo Oficio. Es un error
concebir la persecución de los herejes como algo impuesto por la Iglesia al
estado laico, que la miraría con repugnancia e indiferencia. No fue así. La
Inquisición fue un tribunal mixto, del Estado y de la Iglesia, que se ocupaba de
juzgar los delitos relacionados con la Fe y la moral y las buenas costumbres,
englobados bajo el nombre de herejía. Y, como buena
sociedad mixta, repartieron las tareas: los religiosos se ocupaban de inquirir,
investigar y dictaminar la magnitud del pecado y los tribunales civiles
aplicaban los códigos para las penas merecidas. No podía haber sido de otra
forma, porque la participación de la Iglesia era crucial a la hora de determinar
si la herejía se debía a un error, producto de la ignorancia o si escondía
aviesos motivos, porque aportaba el conocimiento técnico necesario. Por eso la
búsqueda y el enjuiciamiento de los herejes fue, en un principio, competencia de
los obispos.
Pronto se vio que el obispo no podría con su tarea. Porque sólo alcanzaba a su
diócesis y por tanto, era muy limitado como para hacer frente a un problema
internacional. Y porque no tendría tiempo para realizarla. En una bula de abril
de 1233, el papa Gregorio IX fundamenta la necesidad de crear un cuerpo especial
en el hecho de que los obispos están "oprimidos por un torbellino de
vigilancias" y por unas "inquietudes abrumadoras" y afirma que, por tanto, ha
decidido enviar a los frailes dominicos y a los franciscanos para que libren la
batalla contra los herejes de Francia. Esta carta, que se considera el origen
fundacional de la Santa Inquisición, introduce en la escena a los dominicos, una
orden idónea para la tarea porque estaban libres de lazos monásticos o
parroquiales, porque tenían elevados y aún inmaculados ideales de veneración
hacia el espíritu de sus fundadores, celo misionero y grandes dotes
intelectuales, especialmente entre sus predicadores.
De acuerdo con lo dispuesto por el Papa, los frailes, como expertos,
colaborarían con los obispos en la investigación y enjuiciamiento de casos de
perversión herética. Y en principio, su autoridad se consideró como coordinada
con la de los obispos, pero antes de que pasara mucho tiempo, los obispos fueron
relegados a un segundo plano, a pesar de las protestas contra la usurpación de
poderes. De hecho, en los nuevos tribunales de la Inquisición, la figura central
no era la del obispo sino la del fraile inquisidor. Si algo faltaba para
terminar de delinear la cara siniestra de la Inquisición fue la bula Ad
extirpanda, del papa Inocencio IV que en 1252 justificó la tortura para "aportar
a la luz la verdad".
Así el Santo Oficio fue conocido como la Santa Inquisición porque el inquisidor
era el personaje más importante en la caza de herejes. Además de actuar como
juez, fuera de las paredes del tribunal actuaba como investigador, de modo tal
que él y sus auxiliares también tenían a su cargo la función policial de llevar
a los tribunales al delincuente que luego iba a ser juzgado. Los rasgos del
método inquisitorial -que recuerdan los procedimientos de los grupos de tarea de
la dictadura militar de Argentina entre 1976 y 1984- chocan con las más
elementales concepciones modernas de justicia y equidad.
Todo el peso de la prueba recaía sobre el acusado quien, al mismo tiempo, estaba
privado de medios para defenderse con eficacia. La atmósfera llena de secreto,
la prohibición de todo contacto entre el procesado y sus familiares y amigos; la
supresión de los nombres de los testigos; la ausencia de un defensor probo y de
oportunidad para las repreguntas; la tortura y la lentitud agotadora del
proceso, se combinaban para que el acusado no pudiera demostrar su inocencia. La
detención podía caer como un rayo. Podía tener lugar a medianoche, despertando
al acusado y conduciéndolo a la prisión secreta de la Inquisición en un estado
de confusión y aturdimiento. En ningún caso el detenido sabía el delito preciso
que se le imputaba ni quiénes eran sus delatores. Se apropiaban de todos sus
documentos y, si el delito imputado era grave, se le confiscaban inmediatamente
sus bienes en vista de que, en caso de condena -cosa que podía ocurrir después
de meses y aún años, si es que ocurría-, le
serían confiscados.
Después de pasar la noche solo en un calabozo, se lo conducía a la Cámara de
torturas, donde aparecía la horrible figura enmascarada del ejecutor, se le
rogaba que se salvase confesando voluntariamente. Si se rehusaba o manifestaba
no saber nada, se lo desnudaba dejándole sólo unos calzones y se le volvía a
pedir que confesara. Si el acusado se rehusaba, comenzaba la tortura. Además del
ejecutor y los frailes especializados en herejía, un notario tomaba nota
meticulosa, no sólo de lo que la víctima confesaba sino de sus gritos, llantos,
lamentaciones, interjecciones entrecortadas y voces pidiendo misericordia. De
ahí que los especialistas aseguran que lo más impresionante de la literatura de
la Inquisición no son los relatos de las víctimas acerca de sus sufrimientos,
sino los sobrios informes de los funcionarios de los tribunales que angustian y
horrorizan precisamente porque no pretenden conmover.
A la ferocidad de sus métodos de tortura se debe la fama de la Inquisición
Española, que surgió mucho más tardíamente, en 1478, cuando fue creada por el
papa Sixto IV, a pedido de los reyes católicos, Isabel y Fernando que pretendían
unificar la península bajo la Fe religiosa, disgregada en comunidades dispersas
que, a fuerza de una convivencia de siglos, se había integrado con judíos y
musulmanes.
Los inquisidores podían ser nombrados directamente por los reyes católicos, y
fue Tomás de Torquemada quien pasó a la historia porque se lo asoció con las
matanzas y consiguió la expulsión de los moros de España. De hecho, la
Inquisición Española fue el resultado de tres factores: 1) la determinación de
lograr la uniformidad religiosa, a pesar de su gran población judía y musulmana;
2) el fracaso de políticas de conversión forzada que impedía saber a ciencia
cierta los sentimientos de los marranos; y 3) el miedo a que las medidas
incompletas hicieran que los falsos pervirtieran a los auténticos cristianos.
Se expandió, bajo la forma del terror, por toda España y de allí a sus colonias
donde tuvo modalidades particulares. La más importante fue la exclusión de los
indígenas de la revisión porque, como recién estaban siendo instruidos en la Fe,
no podían comprender dogmas y herejías.
Por América
En el Virreinato del Perú -los actuales Perú, Bolivia, Chile, Argentina y
Uruguay y Paraguay-, la Inquisición, creada por el rey Felipe II, entró en
funcionamiento en 1570 y fue abolida recién en 1820, con la independencia de
España. En sus dos siglos y medio de vida sentenció a alrededor de 1.474
personas, aunque sólo 32 recibieron la pena de muerte: la mitad de ellos
quemados vivos y el resto condenados al garrote. De los condenados a muerte, 23
lo fueron por judaizantes, 6 por luteranos y 2 por sustentar y difundir
públicamente herejías. En México la Inquisición se estableció en 1571 para
pesquisar bigamia, blasfemia, seducción y superstición y terminó fusilando, por
ejemplo, a dos líderes de la Guerra de la Independencia, de 1808, como fueron
los párrocos Hidalgo y Morelos. En el Virreinato de Nueva Granada (Venezuela y
Colombia), la sede del Tribunal se radicó definitivamente en Cartagena en 1610.
La gran mayoría de los delitos denunciados en los tribunales de Lima y Cartagena
procedían, en su mayoría, de la exigua población europea y hasta que tuvo lugar
la inmigración de judíos portugueses, los herejes no fueron numerosos. Si algo
define la brutalidad de la Inquisición Española en la metrópoli y en sus
colonias es la palabra marrano.
Así la define Marcos Aguinis en su novela La gesta del marrano: "Es una
calificación injuriosa aplicada por el populacho a judíos y musulmanes
convertidos al cristianismo y que mantenían lazos con su antigua fe. Marrano es
el puerco joven que recién deja de mamar. Evoca la inmundicia y la sordidez
(...) Limpio era el que no tenía sangre judía ni mora, aunque fuese delincuente
vil y lleno de pecados. Sucio, perro y -sobre todo marrano- quien tenía en sus
venas sangre abyecta..."
El padre Guillermo Marcó, director de prensa del Arzobispado de Buenos Aires
ilustra la dimensión del problema en una sola frase: el enorme peligro de que la
fe se convierta en razón de Estado.
"Un juicio objetivo no puede negar que fue un capítulo oscuro de la Iglesia
Católica, pero es importante analizarlo en el contexto histórico en que sucedió:
una Europa amenazada con los lugares santos en manos de los infieles. Pero
pensemos que hoy, cuando hablamos de derechos humanos y hay otros valores,
también se puede caer en eso. Como ciertas personas en el Islam, que matan en
nombre de Alá, o como el primer ministro israelí, Ariel Sharon quien, al colocar
la fe como razón de Estado, justifica la muerte selectiva."
Un símbolo del terror
Marcos Aguinis. Autor de La gesta del marrano.
Antes de escribir La gesta del marrano viajé a Lima para conocer los lugares
donde ocurrieron los hechos que narro en esa historia, especialmente el palacio
de la Inquisición, convertido en museo en 1914, pese a la oposición de la
jerarquía eclesiástica, que lo consideraba una afrenta a la Iglesia. Me detuve
ante su fachada sombría, símbolo de un terror que imperó durante siglos;
permanecí una hora en el salón de audiencias, donde los reos eran sometidos a
interrogatorios sádicos y deshumanizantes, y donde mi personaje hizo trepidar
los muros con la dignidad de sus respuestas. En ese salón se conserva el
maravilloso techo machimbrado con maderas de Nicaragua, cuya belleza contrasta
con la tarima donde se yergue el amplio escritorio negro con monstruos tallados
en la patas. Detrás del escritorio hacen guardia los altos sillones abasiales
desde donde se derramaba la volcánica mirada de los inquisidores.
En ese palacio se han reconstruido las hundidas y malolientes mazmorras, y se
exhiben los brutales instrumentos de tortura. También se conservan documentos
preciosos y una biblioteca llena de archivos y manuscritos. Muchos de estos
últimos fueron llevados a Chile luego de la guerra del Pacífico.
El Santo Oficio no sólo fue anticristiano por la gente que mandó asesinar en las
hogueras, ni por las torturas que infligió, sino por haber sido un arrasador
aparato al servicio de fanáticos y perversos. Por siglos se dedicó a castrar el
pensamiento, los derechos inidividuales, la creatividad, la tolerancia, el
diálogo, el respeto. Dio omnipotencia a presuntos dueños de la verdad, generó
miedo hacia las ideas novedosas, estimuló el odio al cuerpo humano y, como si no
fuera suficiente, favoreció la hipocresía y la corrupción..."
Tomado de: Clarín.
// posted by Dario @ 18:30
Comments: Interesantísimo acervo cultural. Increible pensar en tanta crueldad en
nombre de Dios. Gracias por hacer del conocimiento público el horror y el terror
en que vivieron tantos pueblos en nombre de la fe y la ignorancia. Increible que
la iglesia haya permitido todo esto, y en efecto, ni millones de perdones pueden
olvidar o ignorar estos crimenes.
ESTOS CRIMENES JAMAS DEBEMOS OLVIDARLOS O ESTAREMOS CONDENADOS A REPETIRLOS.
KOLECTIVO REBELION DE LOS 33
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EL ABORTO, UN DERECHO NO UN DELITO
Presentado en el Seminario Libre sobre Género y Feminismo, titulado "La cuestión
del aborto y los derechos de las mujeres" en Panamá
Por Olmedo Beluche
El aborto como problema social
Empecemos por señalar que la práctica del aborto como forma extrema de control
de la fecundidad, pese a su ilegalidad y a los tabúes que pesan sobre ella, es
más común de lo que muchos quieren admitir.
El Dr. Xavier Sáez Llorenz ha señalado que "sólo en el Hospital Santo Tomás se
atienden unos 2 mil abortos cada año (8 por día)". Haciendo una proyección
nacional el Dr. Sáez Llorens estima que se deben estar realizando unos 30
abortos provocados por día en el país, lo que arroja una estimación de 10,950
abortos anuales en Panamá. Del total, 20% corresponden a adolescentes.
Estos datos coinciden con las tendencias mundiales y latinoamericanas. La
especialista costarricense Yadira Calvo cita información de la Federación
Internacional de Planificación Familiar que calculaba, para 1974, en
Latinoamérica estarían ocurriendo 5 millones de abortos anuales, es decir, una
tasa de 65 abortos por cada mil mujeres en edad reproductiva. Creo que no nos
equivocaríamos si afirmáramos que hoy, a casi 30 años de esas estimaciones, la
tendencia debe ser muchísimo mayor.
Yadira Calvo tambiém cita un estudio del Programa Mundial de Población de la
Universidad John Hopkins de Maryland, Estados Unidos, según el cual en el mundo
habrían entre 30 y 55 millones de abortos anuales, la mitad de ellos ilegales.
Hablando de Estados Unidos, el Reporte Kinsey estableció que entre 1/5 y 1/4 de
mujeres norteamericanas casadas han abortado alguna vez, cifra que se eleva al
90% en embarzos extramaritales.
Otro estudio de la Universidad de California, que data de 1984, estableció que
admitían haber practicado el aborto el 47% de mujeres judías pobres, y un 13%
del total de las judías; 12% de las católicas, 14% de las protestantes, y un 10%
de mujeres con ingresos altos y medios.
Podríamos seguir acumulando datos procedentes de todos los países y culturas del
mundo, y encontraríamos lo que ya hemos dicho: el aborto es una práctica
bastante común. El problema más grave de esta realidad es que gran porcentaje de
estos abortos son realizados en condiciones de ilegalidad, que a su vez
condicionan circunstancias de insalubridad con consecuencias negativas para la
salud de las mujeres, que pueden acarrear la muerte en muchos casos.
Volviendo al interesante estudio de Yadira Calvo, tenemos que a mediados de los
años 90 unos 73 países en el mundo habían legalizado, con mayores o menores
restricciones, la interrupción del embarazo. En muchos de esos países se lo
limita a casos en que la concepción ha sido producto de una violación o estupro,
o cuando peligra la vida de la madre. En otros, como casi todos los países
europeos y Estados Unidos el movimiento de mujeres a partir de los años 60 y 70
del siglo pasado, logró su legalización como decisión voluntaria de la mujer
hasta el tercer mes de embarazo.
En cambio, en América Latina, incluyendo a Panamá, la legislación no ha dado
ningún avance en este sentido, permaneciendo mayormente penalizada su práctica.
Lo que para nada ha impedido que se realice, pues toda mujer que puede pagar los
costos, siempre le es posible conseguir una clínica privada donde realizarlo.
Mientras muchas panameñas de clase alta o media pueden pagar por este servicio,
o hasta viajar a Miami para obtenerlo, las mujeres pobres son más propensas a
recurrir a personas no idóneas y a condiciones insalubres para realizarlo.
Por qué abortan las mujeres? Lamentablemente no conocemos ningún estudio en
nuestro país que nos permita responder a esta pregunta con certidumbre
científica. La referida Yadira Calvo cita una investigación realizada en
Colombia que estimó que el 35% de los abortos clandestinos en ese país tenían
una motivación económica.
Dadas las semejanzas culturales podría suponerse una tendencia similar en
Panamá. Seguramente esta condición incluye tanto a mujeres solteras que han
decidido no tener hijos porque no tienen condiciones económicas para conformar
un hogar, como mujeres casadas que por iguales razones no pueden sustentar una
prole, o incluso tener más hijos de los que ya han parido.
Podemos suponer que esto es así dados los extraordinarios índices de pobreza y
desempleo imperantes en el país. De acuerdo al Censo del año 2000, el 36% de los
hogares panameños tienen ingresos inferiores a B/. 250.00 mensuales, es decir,
menores al salario mínimo, y el 65.4% ingresos inferiores a B/.600.00, o sea,
menores a la Canasta Básica General. Por otra parte, el desempleo y el subempleo
que afectan a la mitad de la fuerza laboral, se duplica en las mujeres con
respecto a los hombres.
Suponemos que habrá otro porcentaje significativo de mujeres con embarazos no
deseados, casadas o solteras, para quienes la maternidad sería un obstáculo en
términos de su desarrollo personal o profesional. Otro tanto serán adolescentes
o jóvenes con una vida sexual activa, pero todavía inmaduras para el matrimonio
o la maternidad. Una minoría corresponderían embarazos producto del abuso. En
fin, hipótesis para una indagación necesaria.
El aborto: ¿un derecho o un delito?
Diagnosticada la situación social de este problema hay que preguntarse cuál es
la mejor y más racional manera de tratarlo. Son todas esas mujeres "asesinas"
como algunos enfoques religiosos y legales pretenden?
En cuanto a la perspectiva legal, nuevamente tenemos que referirnos al trabajo
de Yadira Calvo, la cual demuestra cómo el aborto no sólo ha sido una práctica
tan vieja como la sociedad humana misma, sino que durante la mayor parte de la
historia tuvo mejor aceptación (legal, ética y religiosa) que en el presente.
Ella sostiene que a inicios del siglo XX se produjo una involución legal
respecto al aborto. Específicamente en Norteamerica, la lucha contra el aborto
estuvo asociada a la lucha de los médicos contra las comadronas y su esfuerzo
por desplazarlas de este oficio ginecológico, asociándolas no sólo a
insalubridad, sino también a delito.
Respecto a la perspectiva ético religiosa, en un artículo de hace dos años
resumíamos: "Yadira Calvo sostiene que sólo encontró una referencia al aborto
accidental en el Exodo y que, en general, el tema parece ignorado en los
primeros escritos judeo cristianos.
Las primeras comunidades cristianas que se opusieron a su práctica fueron
inspiradas por la filosofía pitagórica, que fue la primera en considerar al
embrión como equivalente del futuro niño. Pero los primeros concilios (de Elvira
y Ancyra) solo lo consideraron delito para las mujeres que cometían adulterio o
ejercían la prostitución.
Tanto Graciano como Santo Tomás de Aquino fueron permisivos con el aborto
llegando el segundo a considerarlo aceptable hasta los 40 y 80 días de acuerdo
al criterio aristotélico. El Papa Inocencio III (1198-1216) introdujo este
criterio en el derecho eclesiástico donde perduró hasta el siglo XIX. Incluso el
Papa Gregorio IX (1227-1241) lo consideró aceptable hasta el quinto mes. Recién
en 1588 el Papa Sixto V, en la Bula Efraenatam, condenó el aborto y la
anticoncepción, pero su sucesor Gregorio XIV restableció el criterio de Santo
Tomás.
La actual posición de la Iglesia Católica data de fines del siglo XIX con el
Papa Pío IX, cuya reciente canonización ha levantado tanta polémica, entre otras
cosas por su opinión prejuiciada hacia los judíos.
En resumidas cuentas no estamos ante un principio religioso inmutable. Tampoco
lo ha sido en el plano legal puesto que, desde el Derecho Romano tenemos que las
limitaciones de su práctica sólo se referían a que, cuando la mujer era casada,
se debía tener el consentimiento del marido, con lo cual sólo se ratificaba el
principio patriarcal del control del cuerpo femenino por el hombre, y no porque
la práctica misma del aborto fuera considerada un crimen.
El verdadero dilema moral:
la vida de las mujeres y sus hijos
Los sectores conservadores de nuestra sociedad que se oponen a la legalización
del aborto sostienen que quienes promovemos su legalización promovemos el aborto
como forma privilegiada de anticoncepción, igual que no hace mucho sostenían que
quienes apoyaban la legalización del divorcio propiciaban la ruptura familiar.
Nada más falso. Al igual que con el divorcio, la legalización del aborto sólo
busca que las mujeres tengan el derecho de decidir, cuando las circunstancias no
le dejen otra salida. Este derecho de decidir hoy está vedado por la legislación
de la mayoría de los países latinoamericanos, ni siquiera cuando la vida de la
mujer está en peligro, ni cuando el embarazo es producto de una violación.
Es más, la lesgislación y la ética de los antiabortistas, han preferido hasta
ahora perdonar el delito de violación o estupro en el hombre, si el mismo acepta
casarse con la víctima, es decir, entregando la víctima a su verdugo y
perpetuando el abuso, antes que permitir a la víctima abortar.
Por otro lado, tanto médicos como grupos de derechos humanos y feministas que
apoyan la legalización del aborto no lo promueven como forma privilegiada de
control natal. Por el contrario, consideramos indispensable una educación sexual
desde la infancia que prepare a hombres y mujeres para el ejercicio de una
sexualidad sana y conciente, en el conocimiento de mejores y menos traumáticos
métodos de anticoncepción. Es más creemos necesario educar en torno a los
peligros de para la salud de una práctica repetida del aborto.
Otro argumento privilegiado por los antiabortistas es que se promueve la
"promiscuidad" y el "libertinaje". Por supuesto, la "castidad" y la sexualidad
vista como "pecado" siempre han sido un instrumento poderoso en manos de la
sociedad patriarcal para controlar la vida de los seres humanos, en especial de
las mujeres. De ahí el mito del "pecado original".
No compartimos esos criterios que buscan estigmatizar un acto completamente
humano y natural como la sexualidad. Pero tampoco dictamos pautas de
comportamiento sexual. Lo que sí defendemos es el derecho de conocer, para que
cada quien pueda elegir a plena conciencia. Para que quienes lo deseen
practiquen la castidad de forma voluntaria y no impuesta; y los demás practiquen
su sexualidad de manera sana y responsable.
Los llamados grupos "provida" que promueven el castigo al aborto, tanto moral
como legalmente, se ocupan mucho de los dilemas éticos sobre un embrión que,
hasta los tres meses, tadavía no es una persona biológicamente formada, pero
suelen olvidarse de la vida real y concreta de tantas mujeres y sus hijos,
martirizadas por la marginación, la pobreza, el abuso sexual y la violencia
doméstica y social. Ese es el verdadero dilema moral para nosotros.
Conviene también rebatir el argumento tantas veces utilizado contra Margaret
Sanger, feminista norteamericana que a inicios del siglo XX luchó por el derecho
de las mujeres a conocer y practicar una sexualidad sana: no promovemos ninguna
forma de eugenesia para los marginados, ni compartimos las tesis malthusianas de
que la pobreza se la acaba impidiendo a los pobres tener hijos.
En el mundo hay suficiente espacio todavía, y el desarrollo tecnológico lo ha
potenciado más, para dar de comer a todos los seres humanos. La pobreza no
depende de la cantidad de hijos que tengan los pobres, sino de una sociedad
sustentada en la distribución desigual de la riqueza, el capitalismo. Luchamos
por una sociedad socialista en la que cada mujer pueda tener todos los hijos que
desee, y que estos sean alimentados, vestidos y educados por cuenta de la
sociedad en su conjunto.
Por un programa de lucha feminista sobre la sexualidad
Finalmente, consideramos que es una reponsabilidad urgente de los grupos de
mujeres de Panamá elaborar un programa de reivindicaciones en materia de
derechos legales y sociales sobre la libertad sexual de las mujeres.
Programa que debe empezar por exigir una educación sexual adecuada en las
escuelas, desde el nivel primario. Programas que son constantemente saboteados
por las ilglesias y funcionarios y docentes prejuiciados.
Programa que debe exigir del Estado, es decir, del Ministerio de Salud y la Caja
de Seguro Social, suministros gratuitos de métodos anticonceptivos para todas
las mujeres que lo requieran. Programa que debe incluir la legalización del
aborto hasta el tercer mes, siguiendo los criterios aprobados en los paises más
desarrollados, donde las mujeres gozan de mayores derechos.
Programa que debe exigir, por cuenta del Estado, es decir, gratuitamente, y bajo
control médico, el aborto cuando las circunstancias obliguen a las mujeres a
recurrir a este método.
Esto último tiene importancia, ya que en Estados Unidos, por ejemplo, los
sectores conservadores han centrado sus ataques sobre las clínicas públicas y
los programas oficiales de apoyo económico a las clínicas que prestan servicios
de este tipo. Con lo cual profundizan la desigualdad social, entre mujeres que
pueden pagarlos en clínicas privadas y las pobres que ven limitado su acceso a
un derecho que, en principio se suponía igual para todas.
Se dice que el "amor a la vida" es lo que inspira la oposición de las iglesias
al aborto. Pero las historia ha dejado innumerables muestras de que las iglesias
han asesinado muchas veces cuando así lo dictaminó la conveniencia política. Ahí
están las cruzadas; el genocidio de la población indígena americana con la
conquista, hecha con la espada en una mano y la Biblia en la otra; las orgías de
sangre de la Santa Inquisición, de las cuales las mujeres fueron víctimas
privilegiadas; la indiferencia de la Iglesia frente a los régimenes fascistas;
la complicidad de las jerarquías católicas y protestantes con los régimenes
militares en Latinoamérica; el apoyo de Juan Pablo II al genocida Augusto
Pinochet cuando estuvo preso en Londres; y un arzobispo panameño que prefería
recordar la invasión de 1989 "como una liberación".
La penalización del aborto es otra injusticia más que se ceba en la ctualidad
sobre miles de mujeres, especialmente las más pobres y oprimidas, realizada por
cuenta del Estado capitalista y bendecida por todas las Iglesias.
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hola :
Mi nombre es Julio César Cuenca Lima de Ecuador saben quiero unirme a su grupo y
que me informen como puedo ayudarles a que sigan adelante por que con lo poco
que me escribieron observo que valen la pena y que tienen buenas ideas asi que
envienme información de ustedes.
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