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MILES DE MUJERES QUEMADAS POR LA INQUISICION   Lista de mensajes  
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domingo, julio 04, 2004¿Qué fue la santa Inquisición?Perdones que llegan muy
tarde... asi de lentas parecen ser las cosas en Roma.

"...HISTORIA

¿Qué fue la santa Inquisición?

Días atrás Juan Pablo II volvió a pedir perdón por "los métodos no evangélicos"
que utilizó la Iglesia entre los siglos XIII y XVIII para perseguir y destruir
brujas y herejes. Una defensa de la fe que se valió de hogueras e instrumentos
de tortura.

--------------------------------------------------------------------------------
Claudia Selser.

Como se ve en la trama policial de El nombre de la rosa, de Umberto Eco, la
Biblioteca del Vaticano esconde los mayores secretos del mundo. Cada tanto, sus
puertas cerradas bajo siete llaves se abren y una elite de teólogos y expertos
analizan los documentos archivados desde que San Pedro puso en Roma la piedra
fundamental de la Iglesia Católica; única institución que sobrevivió a casi
veinte siglos de historia de Occidente.

La tarea es tan gigantesca y tantos los bienes celestiales y terrenales a
cuidar, que los dictámenes vienen demorados algunos siglos. Hace unas semanas el
Vaticano presentó un libro, La Inquisición, con las ponencias de un simposio
celebrado en 1998, advirtiendo que, como todavía no habían terminado de ver
todo, proseguirían las investigaciones sobre los libros prohibidos que en 1559
el Santo Oficio retiró de la Biblioteca Vaticana. Con las conclusiones del
simposio en sus manos, el papa Juan Pablo II tuvo oportunidad de volver a pedir
perdón por "los errores cometidos en el servicio a la verdad recurriendo a
métodos no evangélicos", aunque afirmó que su acto de contricción no se extendía
a "ciertas imágenes difundidas en la opinión pública, con más mito que
realidad". Y para desvirtuar lo que consideró "exageraciones" y "lugares
comunes" que alteraron la supuesta verdad histórica, la Santa Sede, a través de
su experto Agostino Borromeo, dio cifras espeluznantes: los procesados por
herejía o brujería quemados vivos en los autos de fe fueron 50.000, "la mayor
parte condenados por tribunales civiles". Señaló que en España, donde
funcionaban los tribunales de fama más siniestra, entre 1540 y 1700, la época
más intensa, se realizaron 44.674 juicios inquisitoriales, de los que 800 (sólo
el 1,8%), terminaron con la ejecución del reo. ¿Qué fue entonces el Santo Oficio
o Tribunal de la Santa Inquisición, que surgió en el siglo XIII para combatir
herejías, se extendió por toda Europa llegando a América a través del imperio
español y fue abolido formalmente el 10 de junio de 1820?

El Santo Oficio comenzó en el siglo XIII, en plena Edad Media, un mundo con
hambrunas enormes, sacudido por profesías apocalípticas y convulsionado por las
luchas políticas, religiosas y de fronteras que defendían los enormes bienes
terrenales de la Iglesia Católica, de las monarquías y de una incipiente
burguesía de señores feudales enriquecidos justamente por su condición de
soldados. En ese mundo donde siempre se podía ser tentado para un pacto con el
Diablo, tanto el poder secular como el religioso consideraban diabólicos a todos
los disidentes en ideas políticas y concepciones religiosas que el Cristianismo
no había logrado sofocar, ni siquiera con las armas de los Cruzados.

Herejes y brujas

Poco a poco, toda la disidencia de la época fue englobándose bajo el nombre de
herejía que, literalmente, significa selección. Porque el mayor pecado en el
siglo XII era seleccionar y descartar algunos de los principios que integraban
el conjunto de la fe católica, considerada una verdad indiscutida y la única
garantía de la supervivencia no sólo de la misma Iglesia, sino también del
Estado, del orden público y de las autoridades constituidas. Aunque la Iglesia
prefería referirse a la necesidad de custodiar la moral y las buenas costumbres,
y defender las almas de los creyentes del peligro que significaban los herejes
para su salvación.

¿Qué decir de la caza de brujas?

Las hogueras ardían calcinando los cuerpos femeninos, mientras el público
medieval miraba con alivio y terror el incendio que garantizaba el triunfo del
Bien sobre el Mal. Eran mujeres a las que se acusaba de pactar con el Diablo y
de mantener relaciones carnales con él, de comerse a los niños, de protagonizar
orgías (aquelarres) y de proceder como sanadoras, es decir, curar a la gente con
yerbas que sólo ellas conocían. ¿Cuántas viejas matronas fueron quemadas por
brujas?

Los expertos del Vaticano acaban de difundir algunas cifras para demostrar que
la quema de brujas fue mucho más frecuente en los países protestantes: si en
Italia, sobre 13 millones de habitantes, terminaron en la pira 1.000 mujeres; y
en Francia, con 20 millones, sólo hubo 4.000 mujeres quemadas; en la Alemania de
los protestantes, con 16 millones de habitantes, murieron en la hoguera 25.000
brujas. Es que los protestantes -que junto con la Iglesia Católica y la Iglesia
Ortodoxa son una de las tres confesiones del Cristianismo- también tuvieron su
propia Inquisición, con los mismos métodos que el Santo Oficio. Es un error
concebir la persecución de los herejes como algo impuesto por la Iglesia al
estado laico, que la miraría con repugnancia e indiferencia. No fue así. La
Inquisición fue un tribunal mixto, del Estado y de la Iglesia, que se ocupaba de
juzgar los delitos relacionados con la Fe y la moral y las buenas costumbres,
englobados bajo el nombre de herejía. Y, como buena
sociedad mixta, repartieron las tareas: los religiosos se ocupaban de inquirir,
investigar y dictaminar la magnitud del pecado y los tribunales civiles
aplicaban los códigos para las penas merecidas. No podía haber sido de otra
forma, porque la participación de la Iglesia era crucial a la hora de determinar
si la herejía se debía a un error, producto de la ignorancia o si escondía
aviesos motivos, porque aportaba el conocimiento técnico necesario. Por eso la
búsqueda y el enjuiciamiento de los herejes fue, en un principio, competencia de
los obispos.

Pronto se vio que el obispo no podría con su tarea. Porque sólo alcanzaba a su
diócesis y por tanto, era muy limitado como para hacer frente a un problema
internacional. Y porque no tendría tiempo para realizarla. En una bula de abril
de 1233, el papa Gregorio IX fundamenta la necesidad de crear un cuerpo especial
en el hecho de que los obispos están "oprimidos por un torbellino de
vigilancias" y por unas "inquietudes abrumadoras" y afirma que, por tanto, ha
decidido enviar a los frailes dominicos y a los franciscanos para que libren la
batalla contra los herejes de Francia. Esta carta, que se considera el origen
fundacional de la Santa Inquisición, introduce en la escena a los dominicos, una
orden idónea para la tarea porque estaban libres de lazos monásticos o
parroquiales, porque tenían elevados y aún inmaculados ideales de veneración
hacia el espíritu de sus fundadores, celo misionero y grandes dotes
intelectuales, especialmente entre sus predicadores.

De acuerdo con lo dispuesto por el Papa, los frailes, como expertos,
colaborarían con los obispos en la investigación y enjuiciamiento de casos de
perversión herética. Y en principio, su autoridad se consideró como coordinada
con la de los obispos, pero antes de que pasara mucho tiempo, los obispos fueron
relegados a un segundo plano, a pesar de las protestas contra la usurpación de
poderes. De hecho, en los nuevos tribunales de la Inquisición, la figura central
no era la del obispo sino la del fraile inquisidor. Si algo faltaba para
terminar de delinear la cara siniestra de la Inquisición fue la bula Ad
extirpanda, del papa Inocencio IV que en 1252 justificó la tortura para "aportar
a la luz la verdad".

Así el Santo Oficio fue conocido como la Santa Inquisición porque el inquisidor
era el personaje más importante en la caza de herejes. Además de actuar como
juez, fuera de las paredes del tribunal actuaba como investigador, de modo tal
que él y sus auxiliares también tenían a su cargo la función policial de llevar
a los tribunales al delincuente que luego iba a ser juzgado. Los rasgos del
método inquisitorial -que recuerdan los procedimientos de los grupos de tarea de
la dictadura militar de Argentina entre 1976 y 1984- chocan con las más
elementales concepciones modernas de justicia y equidad.

Todo el peso de la prueba recaía sobre el acusado quien, al mismo tiempo, estaba
privado de medios para defenderse con eficacia. La atmósfera llena de secreto,
la prohibición de todo contacto entre el procesado y sus familiares y amigos; la
supresión de los nombres de los testigos; la ausencia de un defensor probo y de
oportunidad para las repreguntas; la tortura y la lentitud agotadora del
proceso, se combinaban para que el acusado no pudiera demostrar su inocencia. La
detención podía caer como un rayo. Podía tener lugar a medianoche, despertando
al acusado y conduciéndolo a la prisión secreta de la Inquisición en un estado
de confusión y aturdimiento. En ningún caso el detenido sabía el delito preciso
que se le imputaba ni quiénes eran sus delatores. Se apropiaban de todos sus
documentos y, si el delito imputado era grave, se le confiscaban inmediatamente
sus bienes en vista de que, en caso de condena -cosa que podía ocurrir después
de meses y aún años, si es que ocurría-, le
serían confiscados.

Después de pasar la noche solo en un calabozo, se lo conducía a la Cámara de
torturas, donde aparecía la horrible figura enmascarada del ejecutor, se le
rogaba que se salvase confesando voluntariamente. Si se rehusaba o manifestaba
no saber nada, se lo desnudaba dejándole sólo unos calzones y se le volvía a
pedir que confesara. Si el acusado se rehusaba, comenzaba la tortura. Además del
ejecutor y los frailes especializados en herejía, un notario tomaba nota
meticulosa, no sólo de lo que la víctima confesaba sino de sus gritos, llantos,
lamentaciones, interjecciones entrecortadas y voces pidiendo misericordia. De
ahí que los especialistas aseguran que lo más impresionante de la literatura de
la Inquisición no son los relatos de las víctimas acerca de sus sufrimientos,
sino los sobrios informes de los funcionarios de los tribunales que angustian y
horrorizan precisamente porque no pretenden conmover.

A la ferocidad de sus métodos de tortura se debe la fama de la Inquisición
Española, que surgió mucho más tardíamente, en 1478, cuando fue creada por el
papa Sixto IV, a pedido de los reyes católicos, Isabel y Fernando que pretendían
unificar la península bajo la Fe religiosa, disgregada en comunidades dispersas
que, a fuerza de una convivencia de siglos, se había integrado con judíos y
musulmanes.

Los inquisidores podían ser nombrados directamente por los reyes católicos, y
fue Tomás de Torquemada quien pasó a la historia porque se lo asoció con las
matanzas y consiguió la expulsión de los moros de España. De hecho, la
Inquisición Española fue el resultado de tres factores: 1) la determinación de
lograr la uniformidad religiosa, a pesar de su gran población judía y musulmana;
2) el fracaso de políticas de conversión forzada que impedía saber a ciencia
cierta los sentimientos de los marranos; y 3) el miedo a que las medidas
incompletas hicieran que los falsos pervirtieran a los auténticos cristianos.

Se expandió, bajo la forma del terror, por toda España y de allí a sus colonias
donde tuvo modalidades particulares. La más importante fue la exclusión de los
indígenas de la revisión porque, como recién estaban siendo instruidos en la Fe,
no podían comprender dogmas y herejías.

Por América

En el Virreinato del Perú -los actuales Perú, Bolivia, Chile, Argentina y
Uruguay y Paraguay-, la Inquisición, creada por el rey Felipe II, entró en
funcionamiento en 1570 y fue abolida recién en 1820, con la independencia de
España. En sus dos siglos y medio de vida sentenció a alrededor de 1.474
personas, aunque sólo 32 recibieron la pena de muerte: la mitad de ellos
quemados vivos y el resto condenados al garrote. De los condenados a muerte, 23
lo fueron por judaizantes, 6 por luteranos y 2 por sustentar y difundir
públicamente herejías. En México la Inquisición se estableció en 1571 para
pesquisar bigamia, blasfemia, seducción y superstición y terminó fusilando, por
ejemplo, a dos líderes de la Guerra de la Independencia, de 1808, como fueron
los párrocos Hidalgo y Morelos. En el Virreinato de Nueva Granada (Venezuela y
Colombia), la sede del Tribunal se radicó definitivamente en Cartagena en 1610.

La gran mayoría de los delitos denunciados en los tribunales de Lima y Cartagena
procedían, en su mayoría, de la exigua población europea y hasta que tuvo lugar
la inmigración de judíos portugueses, los herejes no fueron numerosos. Si algo
define la brutalidad de la Inquisición Española en la metrópoli y en sus
colonias es la palabra marrano.

Así la define Marcos Aguinis en su novela La gesta del marrano: "Es una
calificación injuriosa aplicada por el populacho a judíos y musulmanes
convertidos al cristianismo y que mantenían lazos con su antigua fe. Marrano es
el puerco joven que recién deja de mamar. Evoca la inmundicia y la sordidez
(...) Limpio era el que no tenía sangre judía ni mora, aunque fuese delincuente
vil y lleno de pecados. Sucio, perro y -sobre todo marrano- quien tenía en sus
venas sangre abyecta..."

El padre Guillermo Marcó, director de prensa del Arzobispado de Buenos Aires
ilustra la dimensión del problema en una sola frase: el enorme peligro de que la
fe se convierta en razón de Estado.

"Un juicio objetivo no puede negar que fue un capítulo oscuro de la Iglesia
Católica, pero es importante analizarlo en el contexto histórico en que sucedió:
una Europa amenazada con los lugares santos en manos de los infieles. Pero
pensemos que hoy, cuando hablamos de derechos humanos y hay otros valores,
también se puede caer en eso. Como ciertas personas en el Islam, que matan en
nombre de Alá, o como el primer ministro israelí, Ariel Sharon quien, al colocar
la fe como razón de Estado, justifica la muerte selectiva."


Un símbolo del terror

Marcos Aguinis. Autor de La gesta del marrano.

Antes de escribir La gesta del marrano viajé a Lima para conocer los lugares
donde ocurrieron los hechos que narro en esa historia, especialmente el palacio
de la Inquisición, convertido en museo en 1914, pese a la oposición de la
jerarquía eclesiástica, que lo consideraba una afrenta a la Iglesia. Me detuve
ante su fachada sombría, símbolo de un terror que imperó durante siglos;
permanecí una hora en el salón de audiencias, donde los reos eran sometidos a
interrogatorios sádicos y deshumanizantes, y donde mi personaje hizo trepidar
los muros con la dignidad de sus respuestas. En ese salón se conserva el
maravilloso techo machimbrado con maderas de Nicaragua, cuya belleza contrasta
con la tarima donde se yergue el amplio escritorio negro con monstruos tallados
en la patas. Detrás del escritorio hacen guardia los altos sillones abasiales
desde donde se derramaba la volcánica mirada de los inquisidores.

En ese palacio se han reconstruido las hundidas y malolientes mazmorras, y se
exhiben los brutales instrumentos de tortura. También se conservan documentos
preciosos y una biblioteca llena de archivos y manuscritos. Muchos de estos
últimos fueron llevados a Chile luego de la guerra del Pacífico.

El Santo Oficio no sólo fue anticristiano por la gente que mandó asesinar en las
hogueras, ni por las torturas que infligió, sino por haber sido un arrasador
aparato al servicio de fanáticos y perversos. Por siglos se dedicó a castrar el
pensamiento, los derechos inidividuales, la creatividad, la tolerancia, el
diálogo, el respeto. Dio omnipotencia a presuntos dueños de la verdad, generó
miedo hacia las ideas novedosas, estimuló el odio al cuerpo humano y, como si no
fuera suficiente, favoreció la hipocresía y la corrupción..."

Tomado de: Clarín.
// posted by Dario @ 18:30

Comments: Interesantísimo acervo cultural. Increible pensar en tanta crueldad en
nombre de Dios. Gracias por hacer del conocimiento público el horror y el terror
en que vivieron tantos pueblos en nombre de la fe y la ignorancia. Increible que
la iglesia haya permitido todo esto, y en efecto, ni millones de perdones pueden
olvidar o ignorar estos crimenes.

ESTOS CRIMENES JAMAS DEBEMOS OLVIDARLOS O ESTAREMOS CONDENADOS A REPETIRLOS.

KOLECTIVO REBELION DE LOS 33

SALUD , ANARKIA Y REVOLUCION




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