Saludos Néstor. Respondo a tu primer mensaje. Iré contestando los demás en
la medida en que encuentre tiempo libre para ello.
* * *
1. Sobre el valor de verdad de las definiciones.
Néstor escribe: "Las definiciones no son verdaderas ni falsas, porque no son
afirmaciones. La verdad y el error se dan solamente en la afirmación o la
negación. "Figura plana de tres lados rectos" no es una afirmación, y por
tanto, no es ni verdadera ni falsa. Las definiciones son correctas o no,
según que ciertas afirmaciones que formamos con ellas sean verdaderas o no,
por ejemplo: "Todo triángulo es una figura plana de tres lados rectos" y
"Toda figura plana de tres lados rectos es un triángulo", y alguna otra
más".
La distinción entre "definiciones" y "afirmaciones sobre definiciones" me
parece superflua. Toda definición es un predicado y, como tal, se atribuye a
un sujeto.
2. Crítica a la noción de verdad como "adecuatio".
A continuación, Néstor cita una teoría epistemológica obsoleta a mi parecer:
"En primer lugar conocemos en forma evidente, intuitiva, que la realidad,
bajo tal aspecto, es de tal o cual manera, por ejemplo, los perros son
mamíferos, luego, vemos también evidentemente que la afirmación en que
afirmamos eso ("los perros son mamíferos") es verdadera, y luego, vemos
también evidentemente que la verdad de esa afirmación consiste en que lo que
afirmamos se adecua a lo que es. Así surge la definición tradicional de
"verdad": adecuación entre el intelecto y la realidad".
Opongo las siguientes dificultades a la noción de verdad como "adecuatio":
- a) Es insuficiente, puesto que una teoría tal no podría dar razón de dos
fenómenos aparentemente contradictorios.
- b) Es dogmática, ya que anticipa como verdadera aquella realidad a la que
el enunciado debe amoldarse. Esto es, presupone la verdad como previa la
"adecuatio" y, por consiguiente, como condición de la "adecuatio" misma.
- c) Es reductivista, dado que limita lo verdadero a lo real-efectivo,
negando la virtualidad de lo posible (y entiendo por posible aquello cuyo
contrario no entraña contradicción). Se siguen consecuencias nefastas: el
devenir sería fatal, inherente a la composición de las cosas y ajeno a la
sabiduría de Dios, que no habría podido elegir lo mejor entre la infinidad
de lo posible. Un Dios sin entendimiento, dotado sólo de voluntad bruta, se
parece demasiado al "Deus sive Natura" de Spinoza.
- Para no refugiarme en la crítica fácil, ofrezco un ejemplo de proposición
verdadera que refuta la noción de verdad como "adecuatio":
"Es posible que Nerón no matara a su madre".
Aunque no pueda contrastarse con la realidad, nadie dudaría de que es
cierta, desde el momento en que Nerón actuó sin ser coaccionado.
- Las matemáticas, además, contienen tanto definiciones de los números y sus
propiedades como afirmaciones a partir de las propiedades de dichos números.
No empece a su cometido el prescindir de todo correlato real, siempre que el
cálculo efectuado siga las reglas de la gramática establecida.
3. Alcance y límites de la evidencia.
Néstor dice: "Tener una definición correcta de "verdad" no es poseerla
enteramente, porque no equivale a conocer todas las verdades posibles".
Se exagera mi afirmación, como si yo hubiera escrito que por ser la verdad
evidente, toda la verdad nos es evidente a un tiempo.
Al sostener que la luz natural es la verdad no pretendí tanto definirla como
estipular un sinónimo. Entiéndase: la luz no tiene más límites que ella
misma, puesto que la oscuridad no es otra cosa que su ausencia.
Se me da la razón al cabo del argumento: "Es por eso que al comienzo de
todas las demostraciones y de todo el conocimiento ha de estar la evidencia,
inmediata e intuitiva, que no puede ni necesita ser demostrada".
4. El significado de "filosofía".
A raíz de lo anterior, Néstor infiere: "Tener una definición correcta de
"verdad" no es poseerla enteramente, porque no equivale a conocer todas las
verdades posibles. Eso sólo Dios. Por eso "filo-sofía", porque sólo Dios es
"sofos", sabio, en sentido total, ya que nuestro conocimiento no va a agotar
nunca el campo total de la verdad".
Creo esto que está muy bien expuesto. No tengo nada que quitar o añadir.
5. Certeza y verdad.
Néstor prosigue: "Certeza es un estado subjetivo, psicológico, de seguridad
que se puede tener también en el error: durante mucho tiempo se estuvo
cierto de que la Tierra era inmóvil, y así con muchas otras cosas más.
"Verdad" es algo objetivo, es la adecuación de lo que afirmo con lo que es".
Cuando he hablado de certezas lo he hecho pensando en las certezas
apodícticas, no en las aproximadas o consuetudinarias. De modo que la
acusación que se me hace de subjetivizar lo objetivo se debe a que tal vez
no me expliqué lo suficiente.
Más adelante, añade: "Toda verdad, o es absoluta, por más pequeña que sea, o
no es verdad. "Ab-solutum" significa "des-ligado", "in-dependiente", y una
verdad que dependa del sujeto que la enuncie no es verdad".
Coincido hasta cierto punto, pero no completamente. La verdad será absoluta,
en efecto, en el sentido de poder prescindir de todo sujeto, de toda
enunciación y también de toda realidad parcialmente percibida (lo que, por
otra parte, repugna a la noción de verdad como adecuatio). No lo será, en
cambio, a la hora de delimitar con el resto de verdades. Si dos verdades
fueran absolutas entre sí, ellas solas formarían dos sistemas mutuamente
incompatibles, lo que vendría en grave perjuicio de la armonía universal.
Luego, en aras de la coherencia de lo creado, debemos afirmar que toda
verdad es congruente con cualquier otra. O, por usar terminología mística,
que la naturaleza de la verdad es unitiva.
6. Verdad y error.
Néstor argumenta: "Una afirmación verdadera no tiene nada de falso, al
contrario del error, que tiene siempre algo de verdadero. De lo contrario la
diferencia entre la verdad y el error sería sólo de grado: la verdad sería
un error verdadero, y el error, una verdad falsa".
Así como todo error contiene parte de verdad por estar comprendido en un
sistema que, al cabo, ha de conducirnos a ella, del mismo modo, toda verdad
implica un cierto grado de error (o de privación de la verdad) al no
tratarse de la verdad misma, esto es, de la verdad al final de la cadena de
verdades que muestra a las demás en toda su perfección. De nuevo el
malentendido consiste en otorgar al error una entidad positiva. Más
adelante, sin embargo, Néstor matiza su juicio.
Lo mismo cabría decir de las ficciones, es a saber, de las intelecciones
parciales de la verdad, que no por ello desvirtúan cuanto de verdadero haya
en nuestro entendimiento.
* * *
1. Causas e infinito.
Néstor escribe: "Aquí estás planteando una serie infinita de causas o
verdades segundas, no una serie infinita de causas absolutamente hablando.
Porque pones una Causa Primera, que es Dios. En efecto, no habría problema
en que la serie de causas segundas fuese infinita, si al mismo tiempo
existiese una Causa Primera, con lo cual la serie de causas, simplemente
hablando, no sería infinita, que es lo que dicen las vías tomistas".
Replico que Dios no es causa, sino agente, y que si la serie de causas en el
Universo fuera finita, el mundo estaría limitado por la Causa Primera y no
por él mismo, como es el caso. Ahora bien, un Dios del cual se predica que
"es Espíritu" no sirve como límite de la extensión, por lo que ha de
desestimarse la hipótesis tomista.
2. Racionalidad de las demostraciones.
Confieso que nunca pretendí probar a Dios racionalmente, pues la razón sólo
es demostrativa cuando comprende a su objeto, y Dios es incomprensible. No
obstante, sí puse énfasis en señalar que la fe cristiana no se contradice ni
con el proceder racional ni con las verdades particulares, y que, por este
motivo, resulta preferible tanto al ateísmo como al resto de credos.
Así pues, que "la razón tome siempre por referencia al mundo" no significa
otra cosa que si intentáramos llegar a Dios ascendiendo por las causas
segundas de la creación, al ser éstas infinitas, no llegaríamos jamás a Él.
Ello no entra en conflicto con que, según vengo diciendo, la verdad no deba
asociarse a la noción de "adecuatio". Obsérvese el matiz, la distinción
entre razón y verdad: ésta afecta a todo lo posible, aquélla sólo a lo
real-efectivo.
Por lo demás, la vinculación de la hipótesis de la armonía preestablecida
con la mística no es mía, sino del mismo Leibniz, quien confesó haberla
vislumbrado en unas palabras de Santa Teresa de Jesús.
3. Creación y causas.
Néstor escribe: "Aquí habría que definir lo que se entiende por "causa",
porque obviamente que Dios da el ser a las cosas, y "causa", en la
escolástica, es "lo que influye el ser en otro". No se ve porqué una causa
habría de estar en el tiempo, ser causada, compuesta o tangible".
No voy a entrar en polémicas de palabras. Si, para la escolástica, "causa"
es "lo que influye en el otro", mi objeción sigue sin resolver. Porque ¿cómo
podría algo inmaterial influir en lo material, sino es por la vía del
milagro? En cambio, llamamos causa a aquello que 1) puede observarse y
explicarse racionalmente, 2) es conmensurable con su efecto. Ahora bien, ni
la creación es observable o explicable, ni Dios es conmensurable a ella.
Luego, Dios no es causa del Universo.
Acto seguido Néstor aclara: "Por eso mismo, ser Causa Primera no es lo mismo
que ser "término inicial" de una serie temporal. Es, más bien, ser
Fundamento Último, último término de una serie de condiciones actualmente
dadas y existentes. Las vías tomistas no toman en cuenta un retroceso "hacia
atrás", en el tiempo, de la serie de causas, sino un retroceso, por así
decir, "hacia arriba", actual, en el mismo instante en que algo existe, en
la serie de las condiciones actuales de su existencia, y declaran que ese es
el retroceso que no puede ser infinito, porque entonces la existencia actual
de la cosa carecería de fundamentación, es decir, de razón de ser".
Lamentablemente no estamos de acuerdo en este punto tan importante para la
fe y la verdad de la doctrina. Concibo que la creación se llevó a cabo de
una vez por todas, aunque Dios no permanezca ocioso nunca y la conserve en
todo momento. Ahora bien, conservar y crear no son la misma cosa. Si la
realidad experimentara una creación continua, toda substancia carecería de
ser. En efecto, tendríamos que admitir que las almas perecen un número
infinito de veces y que son recreadas otras tantas, todo ello por vía del
milagro, lo cual también arruinaría, por cierto, la pretensión de entender
el mundo causalmente. Por si fuera poco, se haría a Dios responsable no sólo
de la creación de la substancia, sino también de la del accidente, lo que
conlleva confesarlo autor de todos nuestros pecados. Conclusiones éstas cuya
impiedad está de más resaltar.
4. Más sobre el infinito.
Néstor concluye con esta reflexión: "El infinito actualmente dado es
imposible, porque al mismo tiempo sería una cantidad determinada, en tanto
que actualmente dada, y no lo sería, en tanto que infinita. Si destruyésemos
una de esas unidades de la cantidad infinita actual, al mismo tiempo
disminuiría, y no disminuiría, lo que es absurdo".
No me parece que la anterior afirmación tenga ninguna fuerza. ¿Por qué
habría de ser imposible el infinito en acto? Una línea es infinitamente
divisible, tanto si mide diez centímetros de extremo a extremo como si mide
cinco, la mitad. En este sentido, Leibniz hace constar en sus Escritos
Matemáticos:
"Pues que si permanecen a un tiempo dos puntos siendo en efecto dos, habrá
una distancia entre ellos y por ende esta porción de materia será
ulteriormente divisible en partes menores y por ende estará efectivamente
dividida".
De ahí se sigue que no pueden existir los átomos, puesto que la línea se
define como la distancia entre dos puntos. Y si hay dos puntos, es que hay
distancia entre ellos, ya que, si no la hubiera, serían un solo punto; y si
hay distancia, hay una línea, y es así que siempre hay más puntos entre esos
dos puntos, luego hay infinitos puntos.
Daniel Vicente.
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