Entrar
¿No tienes cuenta? Registrarse
ateosy2 · Ateos Y - Foro de Ateísmo
? ¿Ya tienes membresía? Entra a Yahoo!

Consejos

¿Sabías que...
Puedes acompañar la descripción de tu grupo con una foto.

Mensajes

  Mensajes Ayuda
Avanzado
Haití   Lista de mensajes  
Responder Mensaje #1850 de 1872 |
Eduardo Galeano


El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo.
Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños,
Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el
aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de
sangre que acabó volteando al presidente Préval.


Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las
enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a
Inglaterra ese histórico honor.


Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón
mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres
años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en
1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.


Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio
y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos,
advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que "confinar
la peste en esa isla". Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta
años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones.


Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia.
Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año,
el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.


Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras
estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios
trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido
para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.


Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era
una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio
occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al
abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al
fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del África.


El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos.
De la maldición blanca, no se habló.


La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había
resucitado: -¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias? El
anterior. Pues, que se restablezca-. Y, para reimplantar la esclavitud en Haití,
envió más de cincuenta naves llenas de soldados. Los negros alzados vencieron a
Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los
esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras
plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y
heredaron "la deuda francesa". Francia cobró cara la humillación infligida a
Napoleón Bonaparte.


A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización
gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de
la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació
estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente
equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití
de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los
intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención
final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.


A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación.
Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad.
Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y
soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado,
y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara
a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el
prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a
Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar. En realidad,
las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían
teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían.
Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta
años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.


En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo
primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de
impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano
hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se
convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York.


El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los
hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no
se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado
para las obras públicas. Y mataron mucho.


No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero,
Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para
escarmiento, en la plaza pública. La misión civilizadora concluyó en 1934. Los
ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por
ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia.


Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo
después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.


Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las
desventuras y los años. Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en
1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se
lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de
los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004,
y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan,
como la gripe. Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que
las tropas invasoras.


País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había
obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal.
Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había
liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional.
Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en
mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades
del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los
diarios. Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los
expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de
prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.


En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un
gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro.
Sangre y hambre, miseria, pestes. En ese infierno tan temido, todos son
escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos
y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que
se ofrecen en los mercados populares. Haití es un país arrojado al basural, por
eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las
manos de su gente.

http://cultural.argenpress.info/2010/01/haiti-la-maldicion-blanca.html

[Se han eliminado los trozos de este mensaje que no contenían texto]




Dom, 24 de Ene, 2010 3:34 am

psicologo_cl...
Sin conexión Sin conexión
Enviar correo Enviar correo

Mensaje #1850 de 1872 |
Desplegar mensajes Autor Ordenar por fecha

Eduardo Galeano El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el...
Jorge Horacio Raices ...
psicologo_cl...
Sin conexión Enviar correo
24 de Ene, 2010
4:04 am
Avanzado

Copyright © 2010 Yahoo! Inc. Todos los derechos reservados.
Normativa de confidencialidad - Condiciones del servicio - Reglas - Ayuda