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LA MAGIA SEXUAL Y LA SALUD   Lista de mensajes  
Responder Mensaje #1425 de 1872 |


FUNDAMENTOS DE LA SALUD
Y DEL BIENESTAR

La sexualidad masculina.
Todos los seres humanos deberíamos tener un profundo conocimiento sobre
nuestra naturaleza sexual, pues esta es la fuente suprema de energía que
sostiene la Vida.

Nadie debería ignorar este conocimiento, pues todos
estamos llamados a ser "maestros" en materia sexual.

Existe una forma de sexualidad, diferente a la sexualidad ordinaria, que llena
de vitalidad y energía al ser humano, que lo despierta y le aporta consciencia y
sensibilidad.

El hombre y la mujer no han sido creados iguales.
La diferencia esencial entre la naturaleza sexual del hombre y de la mujer se
encuentra en sus energías.

Éstas producen diferentes sensaciones y orgasmos,
el masculino y el femenino.

Cuando el hombre eyacula, expulsa su esencia/semen fuera de su cuerpo; cuando
la mujer se excita y llega al orgasmo, también ella "eyacula" internamente
determinadas secreciones sexuales, pero éstas permanecen dentro de su cuerpo.

La esencia sexual, tanto la que se encuentra en el semen como en las
secreciones sexuales de la mujer, es una importante "batería" que acumula
energía vital.

La esencia sexual es una poderosa fuente de salud
e inmunidad, tanto en los hombres como en las mujeres.

En las relaciones sexuales convencionales, el hombre eyacula cada vez que
realiza el coito,
tanto si su pareja ha llegado al orgasmo como si no ha llegado.

Este hábito le va despojando gradualmente de su principal fuente de vitalidad
e inmunidad, dejándolo debilitado y vulnerable a la enfermedad y acortando la
duración de su vida.

Cuando el hombre eyacula tira un verdadero tesoro por tierra. Enseguida siente
el dolor de vivir, un fuerte vacío, no tarda en surgir la sensación de
aislamiento, de agotamiento y un fuerte anhelo de dormir. El
hombre se siente engañado, burlado por la ilusión. Lo cree tomar todo, lo
mejor de la Vida y en realidad lo que hace es perderla. Y es que todo él ha
descendido al nivel de la sexualidad animal. Eyaculando pierde también el
equilibrio que debe haber entre hombre y su mujer, pues el hombre debe
satisfacer plenamente a su pareja y no vivir como un saco vacío.
Este desnivel es el principal motivo de la violencia que existe entre los dos
sexos, la principal causa de separación de las parejas.
La retención del semen, realizada de manera apropiada, es para algunos hombres
imprescindible y para todos sumamente beneficiosa para la salud.

La mujer, a diferencia del hombre, viviendo la sexualidad sin necesidad de
aplicar determinados conocimientos, se fortalece cada vez más.

Se llena de vitalidad gracias a sus propias secreciones orgásmicas y a la
asimilación de la potente esencia/semen que le deposita el hombre.

La naturaleza diferente del orgasmo femenino y de lo que se conoce como
orgasmo masculino se refleja en las diversas expresiones coloquiales

con las que se describe este momento mágico. El término chino más corriente
para referirse al orgasmo femenino es gao chao, –marea alta–, una gráfica y
poética imagen que proviene de la Naturaleza. Cuando el hombre eyacula, en
cambio, los chinos dicen que ha "perdido su esencia", que la ha "arrojado",
que ha sufrido una "fuga de semen" o que se ha "rendido".
Si el hombre eyacula antes de que su compañera haya alcanzado el orgasmo, los
chinos dicen que ella lo ha "matado". Los franceses describen la eyaculación
como
una petite mort, o "pequeña muerte".
Pero existe una manera de vivir la sexualidad en la que los hombres pueden
obtener un beneficio revitalizador de los impulsos sexuales, en lugar de
hallarse siempre a su merced.
En vez de agotar las preciosas reservas de
esencia y de energía, precipitándose en la debilidad, pérdida de vitalidad,
enfermedad, depresión, etc., el sexo puede realizarse de forma que incremente la
vitalidad y el bienestar. El conocimiento que se necesita para
ello se encuentra en la Naturaleza. Si la observamos veremos que el macho se
excita fácilmente, pero también es rápido para retirarse. La hembra se excita
con lentitud, y también es lenta para saciarse.
En todo el mundo animal, incluso entre los insectos, la Naturaleza ha
conformado a la hembra como un elemento superior, incomparablemente mejor
equipada para la supervivencia y la propagación de la especie.

Según la "ley de la selva", el macho sólo
existe para proporcionar la semilla de las futuras generaciones y proteger el
nido mientras la hembra cría a los retoños hasta que alcanzan la madurez.

En los animales, las relaciones sexuales son estacionales y, en tanto que
todas las hembras entran en celo para ser fertilizadas, sólo una pequeña
proporción de los machos más robustos se encarga de esta tarea. Incluso entre
los primates, únicamente los machos más fuertes y dominantes pueden fertilizar a
las
hembras, mientras que los más débiles son excluidos o mantenidos al margen de
la manada.

En algunas especies de insectos, como la viuda negra y la mantis religiosa, la
naturaleza concede al macho un brillo aún más fugaz; en el instante en que ha
depositado su semilla en la hembra, ésta se apresura a
matarlo y devorarlo como si de un refrigerio postcoital se tratara.
Sólo los seres humanos –y algunos de los primates superiores, como el
orangután– sostienen relaciones sexuales durante todo el año, de día o de
noche, en cualquier estación y bajo cualquier clima, y solamente los humanos
lo hacen principalmente por placer antes que por procreación.

Sin embargo, el macho humano, a pesar de su ego superinflado, está sometido a
las mismas
limitaciones que la Naturaleza ha impuesto a su género en todas las especies.
Debido a su potencia sexual natural, la mujer es poseedora de grandes reservas
de energía. De hecho, en todo el mundo, las mujeres suelen vivir
entre cinco y diez años más que los hombres. La mujer precivilizada disfrutaba
de plena libertad sexual y a menudo era totalmente incapaz de controlar sus
impulsos sexuales. Hasta que tales impulsos no fueron
gradualmente sometidos a control mediante unos códigos sociales estrictamente
aplicados, la vida "familiar" que conocemos, creadora de
moldes y cómplice del Poder en la programación de las mentes, no pudo surgir.
Aunque el hombre asumió el control de la familia, la aldea, la economía, la
religión y el estado, en la cama, debido a la ignorancia, siguió encontrándose
en un nivel inferior al de la mujer. Ningún artificio humano
puede enmascarar o modificar los hechos fundamentales de la Naturaleza. De ahí
que surgiera una profunda contradicción entre la artificial superioridad
social del hombre y su auténtica inferioridad sexual frente a la mujer,
contradicción que dio lugar a esa guerra de los sexos que aún hoy sigue
librándose en muchas alcobas. Esto también explica el profundo miedo y el
rencor que muchos hombres experimentan ante las mujeres, a pesar de la
supuesta "inferioridad" femenina. El típico hombre –macho– es incapaz de
afrontar el hecho de que las mujeres son sexualmente superiores, y no se
atreve a admitir la realidad de su propia e inherente debilidad sexual. Este
lamentable estado de cosas se debe principalmente a la ignorancia sexual.
Cualquier hombre inteligente, lo bastante amplio de miras como para estudiar y
reflexionar sobre ello y lo bastante disciplinado como para practicarlo,
descubrirá que una realización sexual adecuada elimina completamente la
desigualdad fundamental que existe entre la potencia sexual masculina y la
femenina. Una adecuada realización sexual posibilita que el miembro sexual
masculino se convierta en un instrumento para toda ocasión, tan competente
como su equivalente femenino, que hombre y mujer hagan el amor, y no la
guerra, al tiempo que la práctica sexual les protege la salud, les prolonga la
vida y les permite, a ambos, disfrutar de múltiples, profundos y prolongados
orgasmos.
Pocas personas han percibido plenamente cómo la eyaculación masculina debilita
al hombre, pero tampoco se dan cuenta que unas relaciones sexuales apropiadas
mejoran su estado, su nivel de energía vital y
el rendimiento en sus actividades, aún más que si se abstuvieran por,
completo. Los artistas, los atletas y los filósofos necesitan unos niveles
óptimos de vitalidad física y mental para lograr sus objetivos, y por eso son
más sensibles que la mayoría de los hombres a la pérdida de semen y de
energía vital a través de la eyaculación. Sin embargo, muchos otros hombres
padecen con igual intensidad las consecuencias de esta pérdida, aunque no
lleguen a ser plenamente conscientes de ello. Así, por ejemplo, la tendencia
masculina a quedarse dormido como un tronco después de eyacular es un
claro síntoma de agotamiento. Si el orgasmo en sí fuese tan agotador, también
las mujeres experimentarían el mismo efecto, pero es la pérdida física de semen
–no el orgasmo en sí mismo– lo que perjudica al hombre.

El hombre puede vivenciar múltiples orgasmos, al igual que lo puede
experimentar la mujer, y llenarse de vitalidad. La eyaculación es una cosa y
el orgasmo otra totalmente distinta. Casi ningún hombre conoce en realidad lo
que es el orgasmo. El hombre está convencido de que el punto culminante de su
experiencia sexual, el orgasmo masculino, es la eyaculación y los pocos segundos
que la preceden. Pero es precisamente la eyaculación la que aparta al hombre del
orgasmo verdadero, del éxtasis sexual que lleva a los niveles
de conciencia superiores, cósmicos. La eyaculación para en seco la
experiencia, tanto para él como para ella.

La eyaculación corta en seco la ascensión hacia el orgasmo masculino y mata el
deseo, ese magnetismo encantado que, en la pareja, debería ser una
música ambiental permanente, incluso fuera de los contactos sexuales
concretos. Con la eyaculación y la desentumescencia del pene, el magnetismo
y el hechizo de la unión hombre/mujer se desvanecen; la pareja se separa para
reencontrarse en una situación lamentable, en la vulgaridad. La existencia se
experimenta entonces como algo triste y trivial.
El hombre que conserva su semen y vivencia el orgasmo interior suele vivir
apacible, feliz, con buena salud y siempre son ganas de hacer el amor.
El acto sexual sin eyaculación representa también la eliminación de una
tensión, pero sin explosión. Es un placer que se traduce en un apaciguamiento
y no en violencia, es una fusión voluptuosa, sensual, y prolongada en algo más
amplio y más trascendente que uno mismo. Es una vivencia de comunión en un Todo,
no una separación; es un sentimiento de unión
estrecha y de participación, y no un espasmo individual y solitario que
excluye a la pareja. Todo contacto sexual sin eyaculación es una "ganancia
erótica neta" para la pareja. Cuanto más economiza el hombre su semen más
se incrementa su potencial de deseo y su potencia sexual, hasta llegar al
nivel femenino, y este equilibrio es un factor de armonía para la pareja.
En la experiencia ordinaria, los últimos segundos antes del único movimiento
"de más" que desencadena el espasmo eyaculatorio constituyen el tiempo de máximo
placer masculino. Luego sobreviene el espasmo que
termina con todo, para la decepción de la pareja. Ahora bien, el breve goce
eyaculatorio es ya menor que el del punto límite. La solución es de una gran
sencillez: prolongar la franja última, la más intensa y la más interesante, y
para eso inhibir el espasmo eyaculatorio. Es necesario acceder al
conocimiento que permite ejercitar el arte permanecer indefinidamente en el
punto límite, la puerta que da acceso al "paraíso sexual cerebral" y el
verdadero orgasmo masculino.
El hombre realiza su plenitud intercambiando su energía con la energía
femenina, y la sexualidad superior es un intercambio entre las energías
masculinas y las femeninas. Cuando el hombre y la mujer se entregan libremente
a la sexualidad y fluyen en el coito en armonía con la Naturaleza pueden seguir,
durante horas y horas, alimentando y preservando
constantemente su preciosa esencia vital, curando todos los males y
favoreciendo una larga vida. Sin esta armonía básica de las energías masculinas
y femeninas, ni las mejores medicinas ni los más potentes
afrodisíacos servirán de nada. Si las esencias vitales se agotan y se secan
debido a un exceso de emisión o a una completa negligencia, ya no podrán
reavivarse.

Salvo en el caso de que uno sea un iniciado consumado que haya conseguido
dominar la transmutación de la energía sexual en pura energía espiritual, el
celibato resultará tan perjudicial para la propia salud como los
excesos desordenados.

Como seres humanos, no debemos hacer nada que contradiga la Naturaleza, y
abstenerse de las relaciones sexuales va
completamente en contra de la Naturaleza.
Muy frecuentemente, en la Naturaleza, lo mismo que da vida puede quitarla, y
la manera en la que uno lo utilice depende del conocimiento.


Si un hombre posee conocimiento, cuanto más haga el amor más se beneficiará su
salud. Si es ignorante derrochará su semen y apresurará su viaje hacia la tumba.
Sólo el conocimiento nos enseña cómo utilizar la sexualidad para llegar a la
salud, al bienestar y a la longevidad y no caer en el sufrimiento y en la
perdición.

Cuando la sexualidad es practicada según los principios de la Naturaleza, más
que ser una prueba agotadora, se conviene en una fuente inagotable de energía.

Se convierte en lo que es, en un pozo de aguas vivas
que jamás se seca.



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Sáb, 4 de Nov, 2006 6:17 am

jateuznam
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Mensaje #1425 de 1872 |
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FUNDAMENTOS DE LA SALUD Y DEL BIENESTAR La sexualidad masculina. Todos los seres humanos deberíamos tener un profundo conocimiento sobre nuestra naturaleza...
jose ateuznam
jateuznam
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4 de Nov, 2006
6:21 am
Avanzado

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