Terminator: Hacia la bioesclavitud A finales de los años
noventa, el gobierno de Estados Unidos desarrolló, junto a la compañía semillera
Delta & Pine Land, la tecnología transgénica "Terminator" para producir semillas
estériles en la segunda generación. Martes 14 de marzo de 2006 Las semillas
"suicidas" no tienen ningún sentido salvo para las empresas: el objetivo es
impedir que los agricultores reproduzcan su semilla, obligándolos a comprar
semillas nuevas para cada ciclo de siembra. No pudieron imponer la tecnología
al mercado, porque es tan evidente que es nociva y dirigida exclusivamente al
lucro de unas pocas empresas, que desde el comienzo desató una fuerte reacción
mundial. La condena se manifestó rápida y enérgicamente desde el mundo campesino
y organizaciones de la sociedad civil hasta investigadores agrícolas, académicos
y organismos de Naciones Unidas. En 2000, el Convenio de Diversidad Biológica
(CDB) de Naciones Unidas llamó a los
gobiernos a no permitir la experimentación y comercialización de la tecnología
Terminator, estableciendo una moratoria de facto a escala global. Brasil e India
ya han prohibido el uso de esta tecnología en sus países. Ahora las
trasnacionales están en una lucha a muerte para romper la moratoria y lavar la
imagen de la tecnología suicida-homicida. El próximo campo de batalla es la
octava conferencia de las partes del CDB, que se realizará en Curitiba, Brasil,
del 13 al 31 de marzo. Para la mayoría de los agricultores, cosechar y volver
a utilizar las semillas en la próxima siembra es algo tan obvio y vital como
respirar. Inclusive quienes compran semillas en el mercado, híbridas o
comerciales, reproducen sus propias semillas cuando el tipo de cultivo se los
permite sin alterar significativamente los rendimientos. En muchos países, como
Brasil, existe la costumbre entre pequeños agricultores de comprar semillas y
cruzarlas con sus propias variedades criollas para conseguir cambios
que los favorezcan. Más de mil 400 millones de campesinos en el mundo basan su
sustento en la reutilización de sus semillas y el intercambio con sus vecinos.
Este hecho que ahora nos parece tan obvio, fue un hito en la historia de la
humanidad: marcó el origen de la agricultura, modificando civilizaciones,
culturas y paisajes, siendo hasta hoy la base de la alimentación de todos. Todos
los cultivos que comemos actualmente fueron desarrollados por campesinos
-principalmente campesinas- a partir de ancestros silvestres, en un proceso
colectivo y descentralizado de más de 10 mil años. Fueron adaptando miles de
cultivos a innumerables situaciones geográficas, climáticas, culturales,
religiosas, estéticas, gustativas, creando una enorme biodiversidad agrícola.
Tarea por esencia familiar, comunitaria y colectiva, que se basa en el libre
flujo de semillas, saberes y "crianzas mutuas", al decir andino. Criando los
cultivos se crían las personas que crían los cultivos. Esta monumental
herencia histórica de los campesinos para bien de toda la humanidad, está
amenazada gravemente por la ambición brutal de las trasnacionales. En la última
década, 10 empresas han pasado a controlar 49 por ciento del comercio mundial de
semillas. Las tres mayores (Monsanto, Dupont-Pioneer y Syngenta) controlan 32
por ciento del mercado global de semillas y 33 por ciento de las ventas
mundiales de agrotóxicos. Junto a Delta & Pine tienen 86 por ciento de las
patentes sobre variantes de la tecnología Terminator y dominan la investigación
agrícola industrial global. Si logran romper la moratoria, será cuestión de poco
tiempo antes de que toda la investigación y la producción de semillas pasen a
incorporar la tecnología asesina. El 27 de enero pasado, en una reunión
preparatoria del CBD realizada en Granada, España, las trasnacionales, mediante
maniobras de los gobiernos de Australia, Canadá, Nueva Zelandia y Estados
Unidos, lograron clavar una cuña mortal en el contenido de la
moratoria: colocaron como texto base para la decisión final en Curitiba que las
Tecnologías de Restricción del Uso Genético (nombre usado en Naciones Unidas,
que incluye la tecnología Terminator) pueden ser aprobadas "caso por caso". La
formulación es una trampa. "Caso por caso" en la realidad de las leyes Monsanto
(mal llamadas de bioseguridad) no es más que una cuestión de tiempo para que las
empresas consigan lo que buscan: primero transgénicos, luego Terminator. En el
CBD, de un llamado a moratoria total a la comercialización y experimentación a
escala global, se pasa a que se podría aprobar "caso por caso". Sería como si en
las leyes, en lugar de condenar la violación, dijeran que ésta se puede evaluar
"caso por caso". Si algo es indeseable e inmoral, no existe ningún "caso" que lo
transforme. Lamentablemente, no sorprende que la delegación oficial mexicana en
Granada tuviera instrucciones escritas de apoyar la posición de "caso por caso".
Sería interesante saber quién "los
instruyó", pero de cualquier manera es un atentado a la soberanía alimentaria
del país. Luego de años de anunciar que Terminator es para proteger sus
patentes y monopolios, ahora las empresas inventaron que es para la
"bioseguridad", porque, aunque las semillas se crucen, no contaminarían. Esto es
otra falacia, ya que Terminator es una construcción genética de reacción en
cadena, y si no se le aplica un detonante químico, las plantas podrían cruzarse
por varias generaciones, sin que nadie lo advierta, hasta que una fumigación las
active y devaste los campos. Si estuvieran "activadas", las plantas Terminator
se cruzarán con los campos vecinos y con parientes silvestres, volviéndolos
estériles. No existen "casos" en que Terminator no sea una tecnología asesina.
El único camino es fortalecer la moratoria, convirtiéndola en una prohibición de
esa tecnología a escala global y nacional.
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