TRADICIONES DEL MUNDO
El eslabón de la energía
Desde la antigüedad el hombre ha reconocido un eslabón de
unión en la cadena ser humano-naturaleza -cosmos. En este denominador común con
sus características y propiedades, identificamos una esencia fundamental de la
vida: la energía.
Las grandes culturas de la antigüedad definían a la energía como un principio.
Los hindúes la denominaban prana; los chinos ki; para los kaunas era munia.
Paracelso también la denominó munia; los alquimistas hablaban de un fluido vital
y hasta Hipócrates, el padre de la medicina clásica mencionó la vía medicinal
natural, o fuerza vital de la naturaleza.
A lo largo de la historia los estudios y conocimientos sobre formas
específicas de energía asociadas a los seres vivos, y en especial al cuerpo
humano, fueron muy frecuentes. Mesmer, en 1770, realizó estudios que aportaron
importantes contribuciones para la comprensión de la energía humana. Su
concepción del «fluido universal» que influye en el sistema nervioso como forma
de magnetismo animal fue revolucionario hasta en el campo de la terapéutica
Galvani, en una línea paralela de investigación, desarrolló interesantes
estudios sobre lo que denominó <electricidad animal>. Estaba convencido de que
se trataba de una energía orgánica diferente de la energía común,
lamentablemente no continuó con esos estudios debido a presiones «científicas»
de la época. En el comienzo de este siglo Gurwitsch utilizó la expresión <rayos
mitogenéticos> para una radiación que emanaba del interior de las células, los
cuales podían ser reflejados y absorbidos, y capaces de aumentar la
multiplicación de otras células
Se pueden mencionar muchas otras investigaciones que forman parte del acervo
relativo a la interacción humano-energía.
En otras áreas de conocimiento no científico el hombre siempre empleó y
explicó esta fuente natural de vida, aunque sin sistematizar su conocimiento de
acuerdo con las reglas y patrones de la ciencia clásica, aunque no por ello
estas experiencias fueran menos importantes a pesar de que los datos registrados
son vagos y dispersos.
Sólo relación. Sólo movimiento
Siempre que hablamos de energía es importante citar las múltiples contribuciones
de los investigadores y teóricos de la Física Cuántica y de la Física de la
Relatividad. Como lo demostró Fritjof Capra, esta puerta que se abre a los
modernos investigadores también sirve para desbloquear nuestra percepción y
nuestra comprensión sobre la sabiduría oriental tradicional
Estas dos vertientes de la Física cambiaron sustancialmente la comprensión
corriente sobre lo que es la energía al descubrir la identidad y
consustanciación entre materia y energía. Dicho en otros términos, se desveló
que la materia es nada más que un estado particular de la energía
Al sumergirse en la estructura material observaron que los átomos de la
materia—aparentemente tan compacta y sólida—están formados por partículas que
poseen masa despreciable, velocidades increíbles e «identidad» inestable, puesto
que constantemente se transforman en modelos diferentes siendo ora partículas
ora ondas. En resumen, no son nada en sí mismas, sino esencias, conjuntos de
relaciones mutables. Son puro movimiento relacional, he ahí una buena definición
para energía.
Capra, en «El Tao de la Física», expone con claridad que esta visión
supermoderna y sofisticada, desde el punto de vista de la ciencia formal y el
lenguaje matemático, coinciden plenamente con las concepciones más tradicionales
de la sabiduría oriental que proponían una serie de principios muy profundos—y
comprobables por la Física contemporánea—sobre la realidad, como por ejemplo la
afirmación del maestro Nagarjuna, fundador de una importante secta budista: «Las
co-sas derivan de su ser y su naturaleza de la dependencia mutua y no son nada
en sí mismas.» Nada más cuántico ¿no?. A partir de estas decodificaciones
llegamos a una base común sobre lo que es materia y energía, pues en el mundo de
lo infinitamente pequeño lo que «realmente» existe son movimientos y relaciones,
o sea, la raíz energética. Cualquier analogía con la intrincada complejidad de
la vida humana es bienvenida. A partir de estos conocimientos super avanzados
que se amalgaman con la sabiduría milenaria, podemos
concebir con naturalidad lo que sentimos en nuestro ser, en nuestros cuerpos:
toda idea, toda emoción, todo sentimiento, los impulsos, los deseos, las
pasiones contienen en sí mismas energía. Y esta comprensión es fundamental.
Mapas de energía de China a Freud
A través de los siglos, distintos investigadores y/o diversas culturas
trazaron—a través de distintos canales perceptivos— los caminos preferenciales
del movimiento y de la condensación de la energía en el cuerpo humano. Quizá los
más conocidos sean: el mapa chino con sus vías subcutáneas, denominadas
meridianos, con sus puntos de condensación utilizados en la Acupuntura y en
Do-in, y el mapa hindú, con los chacras o vórtices, canales por donde circula la
energía sutil.
Hasta comienzos del siglo XX en Occidente no hubo ningún relevamiento
energético importante o destacable a pesar de las innumerables investigaciones
individuales realizadas a lo largo de la historia. A fines del siglo pasado la
Psicología, reflejándose en el modelo de la ciencia de la Física, esbozó algunas
tentativas de abordaje de la energética humana. Los estudios sobre el umbral
perceptivo y de conservación de energía que se desarrolló en los laboratorios
recién inaugurados de Johanes Muller, Wundt y Helmoltz parecían señalar una
tendencia. Pero realmente quien presentó el asunto energético como objeto de
estudio de lo humano en el espacio Psicológico occidental fue Sigmund Freud.
En 1892, cuando todavía era asistente de Breuer, comprobaron que si los
recuerdos infantiles unidos al engrama histérico fueran recordados con emoción,
los síntomas desaparecerían
Freud creía que los síntomas histéricos eran «una forma anormal de
excitación». Entonces, en los orígenes del Psicoanálisis, Freud comprendió esta
relación fundamental: si la energía emocional fuera descargada, el dolor físico
no tendría lugar. En los años siguientes Freud se volcó decididamente al estudio
de la energía física. En 1894 llegó a hablar de la excitación emocional «como
capaz de aumentar, disminuir, desviar y descargar y que se extiende por líneas
de la memoria como una carga eléctrica de la superficie del cuerpo».
Esta energía fue identificada como de naturaleza eminentemente sexual,
pudiendo propagarse sobre la superficie del cuerpo, concentrándose en algunas
zonas que no son sexuales. Esta energía—llamada libido—y esas localizaciones
—zonas erógenas—, se constituyeron en el embrión de una topología energética
corporal humana más tarde desarrollada por Wilhelm Reich
En el desarrollo de sus reflexiones Freud dejó tres asuntos fundamentales sin
solución, en la teoría de la libido. Y esto puede haber influido en su decisión
posterior de dar al Psicoanálisis un rumbo en dirección a la psicología del ego,
en detrimento de la teoría inicial de los instintos. Los temas relacionados con
tensión y placer, en el entendimiento de lo que sería una verdadera potencia
orgiástica y de cómo el sentimiento sexual podría ser <convertido> en angustia,
se tornaron con las resoluciones efectuadas por Reich, en las bases para una
teoría económico-sexual: la teoría del orgasmo.
La dirección que tomó Reich fue continuar buscando el camino de la
cuantificación de la energía libidinal, mientras que el Psicoanálisis se
concentraba en el contenido de la vida psíquica, centrándose no en la energía
psíquica sino en su estructura.
Del cuerpo al cosmos
Después de años de investigaciones Reich identificó una energía particular que
la denominó de Orgone (de organismo) y presentó una fuente muy rica de
comprobaciones experimentales relativas a sus orígenes, propiedades y vínculos
con el funcionamiento natural.
Presente tanto en el organismo como en la atmósfera y en el cosmos, la energía
descubierta por Reich coincide —en varias de sus características—con las
energías descriptas por las sabidurías china e india: ki y prana
respectivamente.
La concepción de que mente y materia (cuerpo) no pertenecen a categorías
separadas sino que componen una unidad total, trajo transformaciones radicales a
la Psicología que abrieron puertas a comprensiones cada vez más amplias sobre el
ser humano. Sin duda la perspectiva reichiana fue la precursora de casi todas
las técnicas corporales occidentales, hoy tan en evidencia. También es
importante acotar que las investigaciones de Reich extrapolaron el
comportamentalizado universo de la Psicología, aglutinándose en una obra extensa
y muy valiente acerca del fenómeno de la vida, incluyendo datos sobre Química,
Biología, Sociología y otros espacios del conocimiento.
El inconsciente está en el cuerpo
Si aceptamos que la materia es energía, podemos decir que toda manifestación del
ser siempre es expresión de su funcionamiento orgánico. Nuestro aparato
funcional se vuelca a un contacto continuo de un movimiento energético interno a
un intercambio constante con el medio externo
Por varios motivos se pueden instaurar bloqueos en ese sistema, provocando
disfunciones. La represión de la energía transforma su calidad: al paralizarse
pierde su característica vital y dinámica tornándose patológica y perversa.
Por ejemplo, cuando a un niño no se le permite la legítima expresión de su
tristeza o de sus miedos por medio del llanto («los hombres no lloran») se
exigirá una contracción de los músculos de la garganta para que el llanto «sea
tragado». Con una represión continuada de esa expresión—por las amenazas de
castigo—se instalará una contracción crónica de los músculos de la garganta,
hasta el punto de que pasado algún tiempo se pierda la posibilidad del llanto,
aunque ya no se lo reprima.
La represión ya está internalizada. Los músculos contraídos no obedecerán más
al control conciente, estarán bajo el severo dominio del sistema nervioso
autónomo simpático que es el responsable de la acción del organismo en
situaciones de peligro (la amenaza de los padres es peligrosa).
Se dice que esta musculatura está en el régimen simpático tónico. No se
adelantará en la posterior comprensión racional de los motivos que generaron
aquella contracción pues la grabación de la represión es muscular. Aquel niño,
ahora adulto, podrá conocer los motivos—ahora conscientes— de esta «disfunción»
suya, pero continuará incapacitado para llorar. Aquí hay una gran diferencia
entre las terapias; la acción corporal actúa en un nivel biológico, buscando
recuperar el movimiento natural de la expresión, de la expansión, la otra
vertiente es la pulsación, que es el ritmo natural del movimiento de la energía
vital.
Observando las tensiones corporales Reich percibió que se establecen en el
cuerpo en sentido transversal formando anillos de coraza. El flujo natural de
energía es predominantemente longitudinal, o sea de arriba hacia abajo,
siguiendo la anatomía del cuerpo.
Los anillos identificados por Reich fueron siete: ocular, oral, cervical,
torácico, diafragmático y pélvico. (Los chacras fundamentales de la cultura
hindú también son siete).
A continuación describiremos brevemente las características funcionales de
cada segmento y algunas de sus disfunciones típicas. Se trata de una topología
dinámica que fuera segmentada de esta manera solamente por motivos didácticos.
Segmento ocular
Sin duda es el segmento corporal más complejo. Casi una tercera parte de
nuestras vías nerviosas pertenecen a los ojos. Podemos decir que los ojos son la
parte visible del cerebro
La visión es el más agudo de todos los sentidos humanos. Es un telerreceptor
de larga distancia y de gran precisión. El hombre es un animal con predominio de
lo óptico, pues este sentido tiene la función tan importante de ponernos en
contacto con el mundo externo. De ahí su esencial importancia en nuestro sistema
de defensa. Por los ojos nos llegan la mayor parte de las amenazas y de los
peligros del mundo. La emoción principal que se localiza en el segmento ocular
es el miedo.
En la misma medida que poseen esta gran capacidad de percibir el mundo
exterior, los ojos también expresan nuestro mundo interior, por eso se los llama
<espejos del alma>. Revelan atención, sentimientos, deseos, nuestro estado de
ánimo y hasta nuestro carácter.
Lo que tratamos de decir es que, además de la visión, los ojos tienen otra
función fundamental: contacto. Cuando nuestros ojos se encuentran con los de
otra persona hay una sensación de contacto físico. Este contacto-mirar puede ser
tan violento como una bofetada o tan afectuoso como una caricia.
El niño establece un vínculo visual muy fuerte con los padres, especialmente
con la madre. Si cuando lo está amamantando la madre responde a la mirada del
hijo con amor y ternura, se instaura en el niño una sensación de aceptación y
seguridad. Caso contrario, cuando casi no hay contacto o la mirada estuvo
cargada de frialdad, enojo o rechazo por parte de los padres, el niño sentirá un
shock de miedo, especialmente en los ojos, generando una contracción simpática,
que puede ser, por ejemplo, el origen de una hipertrofia.
Las patologías del segmento ocular son diversas: van desde las cefaleas y
jaquecas hasta las disfunciones oculares como miopía, astigmatismo,
hipermetropía, estrabismo, etcétera.
El trabajo de desbloqueo de este segmento se realiza a través de ejercicios,
actings y masajes, siempre con el análisis y la interpretación de los contenidos
emocionales y simbólicos que emerjan del trabajo corporal
Segmento oral
Si con los ojos tomamos contacto con el mundo externo, a través de la boca
podemos colocar parte de ese mundo dentro de nosotros. La boca es el sustituto
inmediato del cordón umbilical. Después de la respiración el segundo reflejo
vital del bebé es el de la succión. La relación boca-seno es la base sobre la
cual se asienta el desarrollo psíco-afectivo del ser. Si el bebé encuentra un
seno energetizado y generoso, si la madre no teme su propia excitación y
sensualidad, el niño —que todavía se percibe fundido al seno— sentirá como
propia esa energía y sentimiento, y estará en condiciones de continuar su
crecimiento a medida que vaya observando su entorno y discriminándose de la
madre.
No solamente es alimento lo que viene del pecho de la madre. Cuando la boca
llega al seno materno y lo encuentra desenergetizado percibirá este vacío como
propio. Esta «incorporación» sin la saciedad necesaria impedirá la construcción
de la realidad. Se instalará en la persona un sentimiento constante de privación
que la acompañará toda la vida. La carencia física y emocional de la persona le
impedirá buscar temiendo el rechazo, lo cual pasará a generar violencia,
localizada especialmente en los maxilares. Esta es la emoción básica de este
segmento. Un aditamento emocional en esta fase de su desarrollo, fruto de la
falta de solución energética oral que se da aproximadamente hasta los tres
primeros meses de vida, puede generar un tipo particular de carácter llamado
«oral».
Este carácter tiene dificultades en el contacto con otros, sea por una
situación pasiva, de dependencia, o por una agresividad reactiva. Depresión,
verborragia, tendencia a vicios orales como alcoholismo, necesidades
narcisísticas de ser el centro de atenciones, con una imagen egoica exagerada de
sí, son algunos de los rasgos característicos más marcados.
De la misma manera que el segmento ocular, el desbloqueo de este segmento pasa
por la recuperación de las capacidades funcionales innatas como chupar, morder,
etcétera, y la resolución de engramas energéticos remotos. El trabajo directo
sobre la musculatura es importante especialmente en las contracciones crónicas
de la mandíbula, y en las máscaras faciales tipo «sonrisa dentífrico» tan
comunes.
Segmento cervical
Es una región clave para los bloqueos. Entre la cabeza repleta de ideas,
pensamientos, imágenes, argumentaciones racionales y el cuerpo lleno de
sensaciones, emociones, deseos, está el cuello, un significativo estrechamiento
del cuerpo pleno de músculos, centros ganglionares del sistema nervioso,
glándulas y órganos. Para una separación entre cabeza y cuerpo se recomienda:
bloquéese intensamente este segmento.
Esta es una región relacionada con la expresión y la comunicación verbal. Está
directamente relacionada con el auto-reflejo y la auto-imagen (narcisismo)
además de tener una función íntimamente ligada con el control. Es importante
advertir que la sección del cerebro denominada bulbo raquídeo, anatómicamente
forma parte del cuello y posee conexiones directas con el sistema nervioso
autónomo simpático.
La limitación de los movimientos del cuello implica una dificultad para mirar
a su alrededor. Un bloqueo instaurado aquí repercute en toda la columna y
produce rigidez en el carácter. Las corazas instauradas en este segmento traen
perturbaciones en la capacidad de gritar, tragar, llorar y además acarrea
sensaciones de sofocación, tos, congestiones en la garganta, etcétera.
Las responsabilidades excesivas que provocan atención y preocupación
constantes, generan tensiones y contracturas en los músculos de los hombros,
formando lo que se llama «complejo de Atlas» muchas veces asociado con rasgos
masoquistas que privilegian el «vivir por los otros» en la imposibilidad de
«vivir con los otros.»
El exceso de defensa narcisística instaurado allí hace que la energía refluya
hacia los dos primeros segmentos, ampliando la carga energética y acarrea
comportamientos paranoicos
Segmento torácico
Contiene las estructuras vitales de relación con la energía externa—los
pulmones—y su circulación interna —el corazón. La respiración es un proceso
fundamental para la vida. Con la disminución de la capacidad respiratoria se
evitan las emociones, los sentimientos y el propio sentido de vida. No
comentaremos el proceso respiratorio pues eso exigiría un artículo aparte.
Solamente dejaremos una frase bastante significativa citada por Lowen: «Vivimos
la dimensión de nuestra respiración».
En el tórax se localiza predominantemente la energía afectiva. En todas las
épocas se reconoció al corazón como el centro de nuestros sentimientos. El ritmo
cardíaco influye amplia y directamente en nuestras emociones. Como el corazón
tiene la función de energetizar todo nuestro organismo bombeando la sangre
oxigenada por los pulmones, las corazas en la estructura torácica acarrean una
serie importante de patologías, la mayoría de las veces ligadas al bloqueo
continuo de las emociones.
Dos de esas corazas extremas son caricaturas vivas de la parálisis
emocional-afectiva característica de nuestro tiempo. Entre esos dos extremos
podemos ubicarnos nosotros, en el caso de que hayamos perdido la capacidad de
pulsar con la vida.
Expansión torácica crónica: la musculatura y la propia caja torácica están
superdesarrolladas y rígidas. Hay un exceso de carga y de energía que acarrea
una sensación de fuerza, de poder. Hay poco cambio de aire, poca movilidad
respiratoria. Esta postura agresiva hace que haya pérdida de contacto con
aspectos suaves y emociones sutiles. Se desarrolla una idea de poder y control,
con la consiguiente pérdida de ternura y receptividad. Es la estructura corporal
física de los militares: «pecho afuera, barriga adentro...»
Contracción torácica crónica pecho estrecho y débil, musculatura
subdesarrollada, con poco flujo energético. Sensaciones y emociones limitadas.
Una exagerada autoprotección termina por impedir sentimientos de ternura y amor.
El pecho está «cerrado.» Frecuentes sensaciones de angustia, desesperación e
inferioridad. Típico del «pobrecito.» A pesar de ser el amor la emoción básica,
es común que todo el sistema funcione en forma ambivalente, con la presencia de
odio, ira y disgusto, frutos del amor que no se puede dar y/o recibir
Segmento diafragmático
Contiene las estructuras del diafragma, el estómago, el hígado, la vesícula y
los riñones. Entra en funciones al pasar de la vida intrauterina a la
extra-uterina. Actúa como un bombeador para la respiración, la circulación y la
digestión. La función del diafragma es tan importante que a voces se le llama el
segundo corazón.
El diafragma es un músculo que divide el cuerpo en dos partes. Allí son
retenidas las emociones que proceden de la parte baja del cuerpo. La
manifestación emocional directamente ligada a este importante músculo es la
ansiedad (un estado respiratorio originado en situaciones de miedo que
predispone al organismo para la acción. Pero ¿cuál?). Para salir de un estado de
ansiedad, que es una situación insostenible, la persona termina por actuar de
cualquier forma con el fin de recuperar el aliento.
En el diafragma se localizan los sentimientos de culpa de sentir, instaurados
a partir de la cronificación de la inspiración. Allí se instala el origen del
comportamiento masoquista, con sus tendencias a la queja, lamento de víctima y
sacrificio.
La estructura nerviosa del estómago se moviliza a partir de la necesidad de
recibir (alimento-amar-conservación). La agresividad y la ira aceleran el paso
del alimento en el estómago, mientras que la ansiedad y las emociones fuertes
retardan ese pasaje. Las conexiones entre hígado y vesícula con los estados de
angustia es muy conocida y tienen siempre en común una disfunción del diafragma.
Segmento abdominal
Comprende los músculos abdominales, lumbares, los laterales del tronco y los
intestinos. Para los orientales aquí está ubicado el centro energético del
cuerpo, el hara, lugar situado alrededor de 4 cm por debajo del ombligo.
Desde el punto de vista reichiano, este segmento es el lugar de registro de
las experiencias infantiles iniciales y aún de las intrauterinas. Un hijo no
deseado registra el rechazo ya en el útero, traducido en tensiones corporales,
frialdad, poco refugio. A partir de ahí puede comenzar el proceso de la
formación de corazas en esta región, por donde se une directamente con su madre,
a través del cordón umbilical.
La función asimilativa del intestino no se limita sólo a los alimentos. Muchas
patologías de tipo visceral pueden estar relacionadas con experiencias negativas
y traumáticas que la persona no puede asimilar adecuadamente, creando un núcleo
de dolor psicológico profundo
La lentificación crónica del funcionamiento intestinal es una expresión de
mantener en el organismo, durante más tiempo de lo necesario, sustancias y
experiencias que ya deberían estar eliminadas.
Esta disfunción es bastante característica del carácter masoquista. La
educación precoz y autoritaria de los esfínteres también es responsable de
disfunciones en este segmento, puesto que el sentimiento de independencia se
desarrolla a partir de la gestión voluntaria de las eliminaciones. Con un
«entrenamiento compulsivo» el niño pierde autonomía. Y cae en la complacencia o,
por los premios del adiestramiento pasa a asociar las heces con un valor; más
tarde será con el dinero, con frecuentes comportamientos de usura. Es un
segmento ligado a la obsesión, el control y el poder.
Segmento pélvico
Comprende los músculos de la pelvis y de los miembros inferiores. Este segmento,
donde están los órganos genitales es funcionalmente responsable del principal
canal de descarga energética del organismo a través del orgasmo. Una vida
saludable requiere un equilibrio entre carga y descarga y la sexualidad es el
mecanismo fundamental para esta regulación corporal.
Las percepciones sexuales que deberían ser vividas con placer y naturalidad,
pueden transformarse, por una educación represiva, en sensaciones indeseables
generadoras de culpa. La tentativa de suprimir esas sensaciones también puede
ser producida por la contracción de la musculatura pélvica. La lordosis
exagerada al final de la columna puede ser el resultado de esa contracción, o
por el miedo inconsciente de la castración. En los músculos aductores del cóccix
está localizada una sede corporal del superego. Una rigidez crónica puede causar
una anteversión de la pelvis y la rotación ósea del fémur, provocando una forma
de caminar conocida como «piernas en x o patas de catre». Las patologías de este
segmento están unidas muchas veces a sentimientos de culpa y de transgresión.
Por ejemplo, la cistitis no bacteriana con frecuencia traduce este conflicto. La
agresividad necesaria en el encuentro sexual muchas veces se transforma en
violencia o ira debido a resentimiento y al' exceso de
energía contenida. Las piernas tienen mucha importancia en la estructura
corporal, como sustentadoras y estabilizadoras y como punto de contacto con la
tierra, la realidad.
La Bioenergética de Lowen trata con bastante énfasis este segmento,
responsable del sentido de «grounding» del organismo. Dejaremos el tema
específico de las piernas y los pies para otra oportunidad. Estos son los
segmentos reichianos. Estos breves comentarios sobre cada uno de ellos sólo
sirven como introducción al conocimiento que ya es bastante más extenso. Hemos
trazado una panorámica de la topología energética corporal iniciada por Wilhelm
Reich. Hoy ya existe una bibliografía bastante extensa sobre este tema. Hay un
progreso constante en la comprensión de los procesos corporales asociados a las
emociones, sentimientos y contenidos simbólicos. Una nueva sabiduría emerge y se
expande vertiginosamente. El hombre occidental redescubrió su cuerpo como su
universo Se habituó a mirarse, asentirse y comprenderse a partir de un nuevo
lugar, dentro de sí mismo. Al fin parece que comprendemos mejor una verdad que
siempre nos perteneció: somos nuestro cuerpo
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