Dario (dalvarez@...) le envía esta nota publicada en Clarín.com:
Interesantisima propuesta arquitectonica
Interesantisima propuesta arquitectonica
15.11.2005 | Clarín.com | Arquitectura
ARQUITECTURA: PROYECTO INTERNACIONAL QUEEN MARY UNIVERSITY, LONDRES
Objetos voladores bien identificados
El inglés Will Alsop diseñó formas fantásticas que flotan en un colorido edificio de cristal. Detalles de los laboratorios.
MIGUEL JURADO.
Conocido por sus planteos vanguardistas, es casi seguro que el inglés Will Alsop no se haya sorprendido ni un poco cuando le encargaron un proyecto con "magnetismo". Tampoco es raro que las autoridades de la Queen Mary University de Londres le pidieran algo de ese tipo. Ellos saben, como muchos de sus colegas del resto del primer mundo, que edificios shockeantes, súper modernos y eficientes son una efectiva estrategia de marketing global. Y el principal objetivo de la universidad al construir un nuevo centro de investigaciones clínicas fue "atraer a los mayores talentos científicos del mundo".
Sin embargo, antes de que dibujara una sola línea, el arquitecto británico supo que la mayor innovación sería funcional antes que formal: en el Institute of Cell And Molecular Science que tenía que diseñar, los científicos trabajarían unos junto a otros, todos en un laboratorio abierto y contínuo. De hecho, el más grande de su tipo en Gran Bretaña. Para muchos, este proyecto marcará el fin del tradicional aislamiento de los científicos, quienes adoran trabajar en oficinas cerradas, separados del resto y gozando de su privacidad.
Los directivos de la Queen Mary University esperan que el nuevo espacio de trabajo abierto promueva la fertilización de ideas entre los 400 científicos que tendrá el edificio. Pero, de movida, el equipo de diseñadores tuvo que solucionar el tema de la seguridad de equipos y desarrollos, dos de los recursos más valiosos con que cuenta la universidad, después del equipo humano.
Finalmente, el edificio se inauguró este año con diseño del estudio de Alsop y la firma AMEC, especializada en edificios destinados a la investigación y el desarrollo científicos.
A primera vista, la flamante construcción resulta casi normal: una típica composición de prismas vidriados en medio de un campus. Es un conjunto tan sencillo y austero que podría pasar como un edificio universitario diseñado por algún maestro del Movimiento Moderno en los ''50. O por la creación de un devoto tardío del International Style.
Grande como una cancha de fútbol, el cuerpo principal es un pabellón vidriado de tres pisos que contiene los laboratorios, las oficinas y las salas de reunión. Una plaza alargada lo separa del alto y delgado bloque de servicios (6 pisos) y del auditorio para 400 personas que está del otro lado. Todo se conecta mediante un puente de cristal que, además de marcar la entrada, llega hasta el edificio contiguo, el Centro de Investigaciones Clínicas existente en el lugar.
La plaza, rodeada de edificios y cruzada por el puente, sirve como atrio de llegada y jardín interior del conjunto. En definitiva, es el principal lugar de reunión puertas afuera, con una asociación privilegiada con la cafetería de la planta baja.
Juguetes voladores. Pero la gran innovación del nuevo instituto de investigaciones médicas, los laboratorios de planta abierta, está en el subsuelo, a seis metros de profundidad. Allí cubren una superficie de tres mil metros cuadrados que pueden ser divisados desde la planta alta. La luz natural les llega a raudales desde arriba, a través de un espacio de triple altura que comunica los niveles superiores.
En ese espacio vertical, luminoso y dramático, Alsop se dio el gusto y colgó unos objetos fantásticos que parecen flotar como globos gigantes. Un hongo rayado, un erizo negro, una nube naranja y un zeppelin de bolsillo decoran el vacío. Cada una de estas formas llamativas fue construida con fibra de vidrio o membranas tensadas sobre esqueletos de tubos de acero.
Son como caricaturas gigantes que también tienen una finalidad funcional asignada: aulas para seminarios, espacios de reunión para alumnos y profesores o espacios para las actividades del Centro de la Célula, un instituto de educación científica para jóvenes.
La nube naranja, donde funciona ese centro, tiene dos niveles y es el más grande de los globos voladores. El público que usa ese espacio tiene la oportunidad de ver desde arriba la actividad que se desarrolla en los laboratorios del subsuelo. El hongo rayado cuenta con una escalera helicoidal como tallo, para que el personal del instituto se mueva de la planta baja al subsuelo. Además, en su "sombrero" funciona un lugar para reuniones informales, puente entre dos lados de la planta baja o como sala de espera.
Estos objetos voladores le dan un toque surrealista al interior, algo que contrasta con la seriedad que propone el resto del edificio. Parecen una familia de dibujos animados abstractos y delirantes tomándose en broma la ciencia. La escena está más cerca de la estética de Submarino Amarillo (la película animada de los Beatles) que de la esperable flema y gravedad inglesas.
Pero las innovaciones cromáticas y formales no aparecen de golpe al entrar al instituto y divisar estos objetos voladores. Están en todas partes. Desde afuera, al aproximarse al edificio se pueden advertir carteles con diseños abstractos que abordan temáticas médicas. Estos amigables dibujos de lípidos, proteínas y genes estuvieron a cargo del artista Bruce McLean y son parte de una apuesta fuerte a la comunicación: buscan alentar el ingreso del público que podrá ver experimentos en el Centro de la Célula.
El atrevido uso del color también se puede ver en el puente vidriado que une un lado del edificio con el otro. Este prisma luce cristales de un rosa fucsia combinando con rojo tomate. Por otro lado, el interior del auditorio es de un verde profundo y la zona del café y la recepción, en la planta baja del pabellón principal, están pintadas de naranja brillante. Una vez más, Will Alsop nos recuerda que el desparpajo es también una típica costumbre inglesa.
http://www.clarin.com/suplementos/arquitectura/2005/11/15/a-01089704.htm
ARQUITECTURA: PROYECTO INTERNACIONAL QUEEN MARY UNIVERSITY, LONDRES
Objetos voladores bien identificados
El inglés Will Alsop diseñó formas fantásticas que flotan en un colorido edificio de cristal. Detalles de los laboratorios.
MIGUEL JURADO.
Conocido por sus planteos vanguardistas, es casi seguro que el inglés Will Alsop no se haya sorprendido ni un poco cuando le encargaron un proyecto con "magnetismo". Tampoco es raro que las autoridades de la Queen Mary University de Londres le pidieran algo de ese tipo. Ellos saben, como muchos de sus colegas del resto del primer mundo, que edificios shockeantes, súper modernos y eficientes son una efectiva estrategia de marketing global. Y el principal objetivo de la universidad al construir un nuevo centro de investigaciones clínicas fue "atraer a los mayores talentos científicos del mundo".
Sin embargo, antes de que dibujara una sola línea, el arquitecto británico supo que la mayor innovación sería funcional antes que formal: en el Institute of Cell And Molecular Science que tenía que diseñar, los científicos trabajarían unos junto a otros, todos en un laboratorio abierto y contínuo. De hecho, el más grande de su tipo en Gran Bretaña. Para muchos, este proyecto marcará el fin del tradicional aislamiento de los científicos, quienes adoran trabajar en oficinas cerradas, separados del resto y gozando de su privacidad.
Los directivos de la Queen Mary University esperan que el nuevo espacio de trabajo abierto promueva la fertilización de ideas entre los 400 científicos que tendrá el edificio. Pero, de movida, el equipo de diseñadores tuvo que solucionar el tema de la seguridad de equipos y desarrollos, dos de los recursos más valiosos con que cuenta la universidad, después del equipo humano.
Finalmente, el edificio se inauguró este año con diseño del estudio de Alsop y la firma AMEC, especializada en edificios destinados a la investigación y el desarrollo científicos.
A primera vista, la flamante construcción resulta casi normal: una típica composición de prismas vidriados en medio de un campus. Es un conjunto tan sencillo y austero que podría pasar como un edificio universitario diseñado por algún maestro del Movimiento Moderno en los ''50. O por la creación de un devoto tardío del International Style.
Grande como una cancha de fútbol, el cuerpo principal es un pabellón vidriado de tres pisos que contiene los laboratorios, las oficinas y las salas de reunión. Una plaza alargada lo separa del alto y delgado bloque de servicios (6 pisos) y del auditorio para 400 personas que está del otro lado. Todo se conecta mediante un puente de cristal que, además de marcar la entrada, llega hasta el edificio contiguo, el Centro de Investigaciones Clínicas existente en el lugar.
La plaza, rodeada de edificios y cruzada por el puente, sirve como atrio de llegada y jardín interior del conjunto. En definitiva, es el principal lugar de reunión puertas afuera, con una asociación privilegiada con la cafetería de la planta baja.
Juguetes voladores. Pero la gran innovación del nuevo instituto de investigaciones médicas, los laboratorios de planta abierta, está en el subsuelo, a seis metros de profundidad. Allí cubren una superficie de tres mil metros cuadrados que pueden ser divisados desde la planta alta. La luz natural les llega a raudales desde arriba, a través de un espacio de triple altura que comunica los niveles superiores.
En ese espacio vertical, luminoso y dramático, Alsop se dio el gusto y colgó unos objetos fantásticos que parecen flotar como globos gigantes. Un hongo rayado, un erizo negro, una nube naranja y un zeppelin de bolsillo decoran el vacío. Cada una de estas formas llamativas fue construida con fibra de vidrio o membranas tensadas sobre esqueletos de tubos de acero.
Son como caricaturas gigantes que también tienen una finalidad funcional asignada: aulas para seminarios, espacios de reunión para alumnos y profesores o espacios para las actividades del Centro de la Célula, un instituto de educación científica para jóvenes.
La nube naranja, donde funciona ese centro, tiene dos niveles y es el más grande de los globos voladores. El público que usa ese espacio tiene la oportunidad de ver desde arriba la actividad que se desarrolla en los laboratorios del subsuelo. El hongo rayado cuenta con una escalera helicoidal como tallo, para que el personal del instituto se mueva de la planta baja al subsuelo. Además, en su "sombrero" funciona un lugar para reuniones informales, puente entre dos lados de la planta baja o como sala de espera.
Estos objetos voladores le dan un toque surrealista al interior, algo que contrasta con la seriedad que propone el resto del edificio. Parecen una familia de dibujos animados abstractos y delirantes tomándose en broma la ciencia. La escena está más cerca de la estética de Submarino Amarillo (la película animada de los Beatles) que de la esperable flema y gravedad inglesas.
Pero las innovaciones cromáticas y formales no aparecen de golpe al entrar al instituto y divisar estos objetos voladores. Están en todas partes. Desde afuera, al aproximarse al edificio se pueden advertir carteles con diseños abstractos que abordan temáticas médicas. Estos amigables dibujos de lípidos, proteínas y genes estuvieron a cargo del artista Bruce McLean y son parte de una apuesta fuerte a la comunicación: buscan alentar el ingreso del público que podrá ver experimentos en el Centro de la Célula.
El atrevido uso del color también se puede ver en el puente vidriado que une un lado del edificio con el otro. Este prisma luce cristales de un rosa fucsia combinando con rojo tomate. Por otro lado, el interior del auditorio es de un verde profundo y la zona del café y la recepción, en la planta baja del pabellón principal, están pintadas de naranja brillante. Una vez más, Will Alsop nos recuerda que el desparpajo es también una típica costumbre inglesa.
http://www.clarin.com/suplementos/arquitectura/2005/11/15/a-01089704.htm
Copyright 1996-2005Clarín.com - All rights reserved