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- En su libro, Usted dice que el impacto de los cambios tecnológicos recién se va a sentir plenamente en el año 2010. ¿Por qué?
- Porque recién entonces los elementos fundamentales del nuevo contexto, muchos de los cuales se están implementando ahora, impactarán sobre la vida cotidiana de la gente. Por ejemplo, el proceso de "data mining", que consiste en unir varias bases de datos y obtener información coherente, ya está funcionando. Las comunicaciones inalámbricas de banda ancha, en cambio, estarán en condiciones entre el 2003 y el 2005. Y las computadoras incorporadas y las "máquinas inteligentes", por dar otros dos ejemplos, estarán a punto entre el 2005 y el 2008. Lo que llevará más tiempo es el procesamiento de lenguaje y el análisis semántico.
- Sin embargo, muchos analistas piensan que el ritmo acelerado impuesto por los cambios tecnológicos experimentados a fines de los años 90 se desvaneció...
- Se equivocan: el poder de las redes sigue creciendo y, con él, el poder de los "Ejércitos en red", cuya velocidad de multiplicación creció descomunalmente con Internet.
- ¿A qué se refiere cuando habla de "Ejércitos en red"?
- A un conjunto de comunidades e individuos unidos por una idea o ideología y conectados a través de la red pública de comunicaciones, con Internet como vía principal. Tal vez, estas personas tengan agendas muy diferentes y vivan en paisajes muy distintos, pero están todas vinculadas por una misma cuestión específica. Basta recordar la cumbre de Seattle, que generó todo tipo de protestas, desde la de los agricultores franceses hasta la de los activistas de los derechos de los animales, pasando por la de los nacionalistas de Québec y la de los sindicalistas de todo el mundo... Las agendas de estos grupos no tenían nada que ver, pero todos coincidían en que la globalización es algo negativo. Esto es un "Ejército en red", una telaraña sin estructura de liderazgo formal, en la que nadie da órdenes y a la que gente se une a ellos porque cree en lo que representa.
-¿Cree que el movimiento pro software de código abierto, basado en la experiencia y reivindicación del sistema operativo Linux y alineado con su definición de "Ejército en red", va a liquidar a Microsoft?
- No creo que vaya a liquidarlo, pero le va a causar muchos problemas. La razón es simple: por tratarse de uno de estos ejércitos en red, no existen los líderes y no hay con quien negociar. Por lo tanto, para Microsoft es muy difícil cooperar con alguien a quien no conoce y a quien, a la vez, considera su opositor. Las acciones que emprendió la empresa reforzaron la sensación "Nosotros vs. Ellos", que es exactamente lo que no hay que hacer... A menos que uno quiera librar una guerra con un ejército en red.
- A su juicio, ¿qué debería estar haciendo Microsoft?
- Buscar áreas en las que sus intereses coincidan con los de este ejército. Por ejemplo: tanto Microsoft como los defensores del código abierto quieren que las computadoras funcionen mejor y, seguramente, tienen algo que hablar al respecto. Por lo pronto, podrían intercambiar información y planes.
- ¿La organización terrorista Al Qaeda podría ser considerado uno de estos ejércitos en red de los que usted habla?
- Sí.
-¿Qué deberían estar haciendo los Estados Unidos al respecto?
- Probablemente, las tácticas tradicionales basadas en la ecuación "Ejército vs. Ejército" no surtan efecto. En todo caso, habría que crear medios para alinear individuos y comunidades en red que se opongan a Al Qaeda. Si hablamos de una amenaza escurridiza que se infiltra en su propio territorio y su pueblo, los EE.UU. no deberían echar mano a su esquema de poder centralizado, a su ejército tradicional, para combatirlo. Lo apropiado y necesario es crear redes de individuos, compañías privadas, agencias gubernamentales y militares que puedan cooperar para generar la información que ayude a encontrar y combatir las células en red de Al Qaeda. EE.UU. es una sociedad bastante abierta. Probablemente pueda sacar ventaja de eso para montar un ejército en red que combata a este y otros ejércitos en red. Sobre todo, porque Al Qaeda no es la última organización de este tipo que vamos a ver.
© The New York Times
Traducción de Claudia Martínez.
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