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No tiene dueño. En realidad, no la maneja nadie en particular. Sin embargo, más de 500 millones de personas dependen de ella como de un interruptor de luz. Internet es una red cuyas numerosas encarnaciones -como autopista de la información, como mercado enorme, como matriz inspirada en la ciencia ficción- llevan más de tres décadas de evolución incesante. A mediados de los '90, un puñado de agoreros pronosticaron que sucumbiría bajo la presión de un volumen cada vez mayor. Resultaron falsos profetas. Pero ahora, al entrar en su 33° año, la red enfrenta otros problemas.
La velocidad de conexión, el tráfico impulsado por la información, los baches en la seguridad y el clamor por el acceso de alta velocidad para los particulares son desafíos que no tienen nada que ver con los que preocupaban a los creadores de Internet. Pese a todo su talento, no vieron en qué se convertiría Internet al abandonar los límites de la universidad y entrar en el mercado libre. Estos riesgos están estrechamente ligados a lo que los expertos consideran la gran promesa de Internet: evolucionar hasta convertirse en un servicio de información tan ubicuo y accesible como la electricidad.
Hace diez años, a fines de 1991, el mismo año en que se implementó la World Wide Web pero unos dos o tres años antes de que el término "browser" pasara a ser parte de la conversación cotidiana, la red albergaba alrededor de 727.000 "hosts" (computadoras con un Protocolo de Internet único o direcciones I.P.). A fines de 2001, esa cifra pasó a 175 millones, según las estimaciones de Matrix Net Systems, una empresa de medición de redes de Austin, Texas. Pese a todo ese crecimiento, hoy opera con increíblemente pocos inconvenientes las 24 horas del día. Y con escasos signos de quién es responsable de que así sea. No se ven furgonetas con el logo de Internet Inc. por la calle, ni trabajadores del Ciberespacio con cascos agachados sobre bocas de inspección.
Nadie es dueño de lnternet, que, como bien sabe a esta altura la mayoría de la gente, es en realidad una colección extendida de redes propiedad de distintos transportadores de telecomunicaciones. Los más grandes, llamados proveedores de "backbone", son WorldCom, Verizon, Sprint y Clabe Wireless USA. ¿Cuál es, entonces, el futuro de este servicio público vital? ¿Quién lo determina? ¿Y quién es el encargado de llevarlo a cabo?
Durante los primeros 25 años de Internet, el gobierno de Estados Unidos manejó una parte, financió investigaciones en la red y en algunos casos encargó a distintas empresas que desarrollaran equipos personalizados para manejar la red. Pero, a mediados de los '90, lnternet se transformó en una empresa comercial y su manejo operativo pasó a transportadores privados. En este proceso desapareció la mayor parte del control estatal.
Ahora la red depende de la cooperación y los intereses mutuos de las empresas de telecomunicaciones. Los llamados proveedores de "backbone" adhieren a lo que se conoce como acuerdos de pares, que son esencialmente acuerdos para intercambiar tráfico sin cobrar.
"El acuerdo de pares se ajusta perfectamente a la manera abiertamente informal en que se provee Internet, vale decir, intereses comerciales no afines que desarrollan su actividad", sostiene Scott Bradner, consultor técnico de la Universidad de Harvard, co-director de la Internet Engineering Task Force, una organización internacional independiente de diseñadores, operadores y estudiosos de la red que fija las normas técnicas para Internet desde fines de los años '80. Por ahora, la capacidad no constituye un problema tan apremiante porque los proveedores de "backbone" han venido instalando las líneas de alta velocidad a un ritmo prodigioso en los últimos años.
No obstante, algunos temen que la red no pueda hacer frente a su imprevisto rol. En diciembre de 1995, Robert Metcalfe, el inventor de la tecnología de red para oficinas llamada Ethernet, escribió que Internet corría peligro de un gran colapso. Más específicamente, pronosticó lo que llamaba un "gigalapso": mil millones de horas usuario perdidas a raíz de un link dañado (por ejemplo, una conexión rota entre un servidor y el resto de Internet, el corte accidental de un cable por una retroexcavadora o un fallo de un router). El "gigalapso" no se produjo, aparentemente debido al éxito de la arquitectura básica de la red, que fue diseñada como una red distribuida más que centralizada, en la que los datos toman una serie de caminos distintos para su destino.
Fue necesaria una crisis mucho mayor para poner en evidencia los puntos vulnerables de Internet. El 11 de septiembre, a pocos minutos de los ataques terroristas contra el World Trade Center, la cuestión no era si Internet podía manejar la repentina ola de tráfico sino si los servidores -las computadoras que envían el contenido a todos los que lo piden clickeando sobre un link de la Web- estaban a la altura de las circunstancias. Los ejecutivos de CNN.com fueron de los primeros en notar el verdadero talón de Aquiles de Internet: las comunicaciones se conectan a sitios individuales que se ven inundados por el tráfico. CNN.com arregló el problema en unas horas agregando capacidad al servidor y trasladando parte del contenido a servidores operados por Akamai, una empresa que ofrece un servicio de distribución en red.
Con el crecimiento y la extensión de Internet, otra preocupación creciente es la seguridad. En primer lugar, la red no fue pensada para ser segura: por eso, su apertura es su mayor fuerza y su debilidad más conspicua. "Garantizar que un sistema sea seguro no es difícil sólo para los diseñadores, sino para los usuarios, porque obstaculiza hacer las cosas fácilmente", reconoce Bradner. No existe un manejo unificado de la seguridad para Internet. La ausencia de ese mecanismo de control central es "una cuestión compleja", afirma el especialista. Un sistema centralizado capaz de autenticar el origen de todo el tráfico sería útil para rastrear dónde se originó un ataque. Pero es allí adonde debe lograrse un delicado equilibrio entre la capacidad de rastrear el tráfico y el deseo de proteger la privacidad individual y los datos comerciales.
Estos son los desafíos que enfrenta Internet en su marcha. El Dr. Metcalfe pronostica que el próximo gran paso será lo que él denomina video-Internet. "Se acabaron la voz y el texto solos. Nadie sabe muy bien cuál será la aplicación ganadora, pero queremos ver movimiento y que sea mejor que la televisión". Dice que no se arrepiente de su pronóstico del "gigalapso". "Hay un gigalapso en nuestro futuro", insiste. "La red crece todo el tiempo y tiene fragilidades básicas". En su opinión, como no existe un mecanismo formal de detección de fallos de conexión, es posible que su "gigalapso" ya se haya producido sin que nadie lo notara. "Estoy seguro de que todos los días hay interrupciones, pero como la Internet es robusta por naturaleza en general ni se notan. Hacemos control-alt-delete y finalmente la conexión vuelve".
Y así es.
© The New York Times y Clarín, 2002
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