Imparable Aimar
Uff, cómo duele! Patadas, codazos, agarrones, empujones… hasta acabar con un ojo
morado. Es lo que tiene poseer una calidad incalculable en las botitas, por
cierto “diminutas”, que acaba mareando a todo el que se cruza por su camino. Nos
estamos refiriendo a Pablito Aimar, que se vio obligado a recurrir al hielo
durante buena parte de la primera mitad por un codazo de Redondo.
Cuando en el campo oponente se planta un conjunto como el Sevilla, guerrero y
peleón como el que más pero que encima deja el buen gusto balompédico para otras
ocasiones, renunció a la calidad sentando a Reyes, se vé obligado a recurrir a
todo tipo de artimañas que pudieran frenar las acometidas del imparable “Cai”
Aimar. Muy pronto, a los cuatro minutos, se le avisó que no tendría facilidades
para deleitar al coliseo valencianista, privilegiados de contar con Pablo. Solo
era el principio, porque después llegó lo peor.
A pesar de sus escasos 170 centímetros, fue capaz de ganarle un balón aéreo a
Redondo, eso sí, con peaje incluido ya que el sevillista le propinó un codazo.
Impactó directo en el ojo, y hielo para bajar la inflamación. Posteriormente y
tal como se iba avanzando el encuentro, Aimar era más pesadilla. Que el
argentino comanda el juego ofensivo de los chicos de Benítez no es novedad, pero
lo que no saben los rivales, hasta el momento, es cómo detenerle. Ponerse
delante de Aimar con éste jugueteando con el balón es como si hubiese que lidiar
al toro más peleón. Que se lo digan a Podestá, Pablo Alfaro y Óscar, los tres
acabaron viendo tarjeta amarilla tras derribar al pibe debido a los respectivos
“túneles” realizados por éste.
Aimar manda, no pueden detenerle y por suerte, es el Valencia el que disfruta
con sus lecciones.
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