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Mozart era comunista?!!! (parodia de Ayn Rand)   Lista de mensajes  
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Mozart fue un rojo
Una obra moral en un acto
c. 1958
    ESCENA: La sala de un moderno apartamento de lujo en el alto East Side de Nueva York. Las paredes son de un exuberante verde tropical. Un sofá, varios sillones y sillas compartimentadas, son todos enormes, diseñados así para que nadie se pueda sentar cómodamente en ellos. Sentándose hasta atrás en ellos, nadie de menos de 2 metros y medio de alto podría poner sus pies en el suelo. Por lo tanto, para cualquiera que esté en la habitación, sólo hay dos alternativas: (a) sentarse colgando precariamente del borde del sofá o de la silla, aferrándose a uno de los brazos para apoyarse, o (b) enroscarse en ellos, con los pies apretados contra los mulos y la tapicería.
 
    A CARSON SAND, dueña del apartamento, esta elección no presenta problemas. Se enrolla ahora en uno de los compartimientos, con la boquilla del cigarrillo levantada en alto. Esto es para simbolizar un desprecio burlón a, y una hostilidad hacia, los hombres, y por lo tanto, racionalidad y altos estándares románticos.
 
    CARSON es una mujercita con pelo liso que se escurre hacia abajo a un lado de su cara. Su figura sólo puede ser descrita como protoplásmica, amorfa; su edad, también, es indeterminada, pero probablemente pasa de los 50. Lleva un vestido informe con hombreras militares, a la altura de la moda (Moscú, 1925). Sus ojos son como abalorios, decididos, y cuando habla, invariablemente está enroscada, lista para atacar.
 
    La fama de CARSON como autor se disparó en base a una novela, ansiosamente comprada por su gráfica representación de una violación. Cree que su popularidad demuestra la devoción de las masas a su mensaje filosófico.
 
    Sentados a la derecha, también enroscados, están sus dos discípulos, JONATHAN y GRETA. Tienen una veintena de años, pero ya tienen estampada la arrogancia de su maestra. La nariz de JONATHAN permanentemente se inclina a un ángulo de 45º de la horizontal y su recto cabello castaño se eleva al frente con una decoloración rubia. GRETA es una rubia bonita, con piel oscura y un aire felino en general. Aunque no tiene parecido físico con CARSON, también se afecta con el mismo tipo de boquilla para cigarrillos y la misma marca de fósforos pequeños. Aún no maneja la boquilla con la misma sofisticación
 
    En el sofá en la extrema derecha, GEORGE KELLY yace durmiendo. GEORGE es alto y delgado, su cara antiguamente apuesta está permanentemente marcada con una expresión de gran gentileza, languidez y aburrimiento. GEORGE es el esposo de CARSON. En el fondo del centro, hay un lujoso aparato que es radio, fonógrafo y TV de 27''. Acurrucado en frente del aparato está un lujoso gato negro y gris, ALFONSO III.
 
    Encima de la repisa junto al aparato hay una fotografía doble enmarcada de JONATHAN y GRETA, con autógrafos dedicados a CARSON.
 
    GRETA ecribió: «Gracias, Carson, por darme un universo redondo». JONATHAN escribió, con malicia, «A la mujer del gato bonito».
 
    Entra: KEITH HACKLEY, un joven agradable, serio, bien vestido, de 25 años. HACKLEY, un estudiante de postgrado en Historia, camina vacilantemente desde la izquierda. GEORGE, despertándose, salta a sus pies y se acerca.
    GEORGE:     Aquí, permítame, por favor.
(GEORGE conduce a KEITH a la sala).
    GEORGE:     Keith Hackley: Jonathan, Greta y... Carson Sand.
    (JONATHAN y GRETA mueven sus cabezas imperceptiblemente. CARSON extiende su brazo en un gesto de bienvenida y apunta al sofá donde KEITH se sienta. GEORGE continúa durmiendo a la derecha).
    CARSON (hablando con un fuerte acento ruso, v. g., sus «t» suenan como «s»):     Bueno, Sr. Hackley, me alegra que usted pudiese venir.
 
    KEITH:     Gracias, ah... (titubeando sobre si es Señora o Señorita)... Señorita Sand. (Después de una pausa). Quisiera decirle qué complacido estoy de que Usted quisiera verme.
 
    CARSON:     Oh, Keith, ¿cómo no podría perdirle que viniese después de enviarme una carta tan espléndida sobre mi novela?
 
    KEITH:     Oh, de verdad no fue nada.
 
    CARSON (fastidiada):     ¿Oh?
 
    KEITH (un poco confundido):     Me gustaría decir, sin embargo, Señorita Sand, que su libro fue una inspiración. La Frente de Zeus fue una de las mejores novelas que he leído en años.
    (Exclamaciones de desmayo e incredulidad de JONATHAN y GRETA. JONATHAN y GRETA, por cierto, hablan en un cantadito siniestro con trazas de acento ruso-canadiense).
    GRETA (agudamente):     Sr. Hackley, ¿dijo usted que una de las mejores novelas?
 
    KEITH (confundido):     Pues... sí...
 
    JONATHAN (con un rencor estrechamente controlado):     ¿Le importaría decirnos el nombre de cualquier novela que haya leído en esos años que se compare remotamente con La Frente de Zeus?
 
    KEITH (sudando):     Bueno... yo... en realidad no s...
 
    JONATHAN:     Si hay algo que no puedo tolerar, Sr. Hackley, es la imprecisión en el lenguaje. Usted dijo una de las mejores novelas... ¿cuáles fueron las otras?
 
    KEITH:     Bueno.... yo... la de Hemingway fue bastante impres...
 
    JONATHAN y GRETA (al unísono):     ¡Hemingway! ¡Por Dios! (luego rápidamente:)
 
    JONATHAN (en un murmullo bajo, rápido y ritualizado):     Por supuesto, usted sabe que cuando decimos «Dios» no queremos implicar que estemos de acuerdo con el concepto. Simplemente usamos el término como una fuerte metáfora idiomática.
 
    CARSON (reprimiendo su furia interna con un fuerte control):     Oh, Keith, ¿no puede usted ver las premisas de muerte de Hemingway en cada una de las líneas que ese hombre escribe?
 
    KEITH:     Bueno, la lucha del hombre contra el toro, el momento de...
 
    JONATHAN:     Hemingway es anti-vida, anti-mente, anti-realidad.
 
    CARSON (mirando amablemente a JONATHAN):     Jonathan, Greta, vamos, creo que debemos dar al Sr. Hackley mayor oportunidad. Después de todo, le encantó La Frente de Zeus y eso es un gran punto positivo.
 
    GRETA:     Sí, tienes razón, Carson.
 
    JONATHAN:     Por supuesto, Carson.
 
    CARSON (dirigiéndose a KEITH):     Keith, ¿querría un cigarrillo? Tenga, esta es una marca particularmente racional.
 
    KEITH (un poco aturdido):     ¿«Racional»...? (Una pequeña pausa). Oh, disculpe, gracias. No fumo.
    (Exclamaciones de desaprobación por JONATHAN y GRETA).
    GRETA (desenfrenada):     ¡No fumas! ¿Por qué no?
 
    KEITH (recogido):     Bueno, eh... porque no me gusta...
 
    CARSON (con una furia escasamente controlada):     ¡No le gusta! ¿Permite que sus meros antojos subjetivos, sus sentimientos (esta palabra dicha con sumo desprecio) se antepongan a la razón y a la realidad?
 
    KEITH (sudando de nuevo):     Pero claro, Señorita Sand, ¿qué otros criterios posibles puede tener uno para fumar además que simplemente le guste?
    (Expresiones de furia y desmayo de GRETA, JONATHAN y CARSON, «¡oh!», «¡ah!», etc.).
    JONATHAN (levantándose de un salto):     Sr. Hackley, Carson Sand nunca, nunca hace nada a partir de sus sentimientos subjetivos; sólo a partir de la razón, lo que significa: la naturaleza objetiva de la realidad. Usted ha insultado groseramente a esta gran mujer, Carson Sand, usted ha abusado de su cortesía y de su hospitalidad. (Se sienta).
 
    KEITH:     Pero... pero.. ¿qué razón posible puede haber para...?
 
    CARSON:     Sr. Hackley, ¿por qué evade el hecho auto-evidente? Fumar es un símbolo del fuego en la mente, del fuego de las ideas. Aquél que se rehusa a fumar es por lo tanto un enemigo de las ideas y de la mente.
 
    KEITH:     ¿Un símbolo? Pero entonces un fósforo tiene más aún de símbolo...
    (Mayores expresiones de furia, ira, exasperación).
    JONATHAN (levantándose de un salto, cruzando hasta llegar a KEITH):     ¡Basta! ¿Cómo se atreve a burlarse de Carson Sand de esa manera vandálica? ¡Usted no se burlaría de Dios!
 
    CARSON (otra vez en un fuerte control):     Espera, Jonathan, esperemos antes de hacer un juicio final. Quizás su problema esté en un nivel más profundo.
 
    JONATHAN:     Por supuesto, Carson (JONATHAN cruza de regreso a su lugar y se sienta).
 
    CARSON (dirigiéndose a un KEITH completamente irritado):     Ahora, Keith, y esto es muy importante, ¿es usted un racionalista?
 
    KEITH (confundido de nuevo):     Bueno, yo... yo, esa es una muy difícil...
 
    CARSON:     Vamos, vamos, ¿sostiene a la razón como su absoluto?
 
    KEITH:     Bueno, sí, pero yo... eso depende de cómo uno defina racionalismo... Yo pensaría que...
 
    JONATHAN (saltando, halando sus pelos en alto, dando grandes pasos de un lado a otro):     Un racionalista es un hombre que vive exclusivamente de su razón, lo que significa: por el poder de su mente de aprehender la realidad, lo que significa: por el poder de su mente para pensar, lo que significa: por su propio poder para pensar, lo que significa...
 
    CARSON:     Espera, Jonathan. (JONATHAN deja de pasearse y se sienta de nuevo). Bueno, Keith, ¿es usted un racionalista?
 
    KEITH:     Bueno, apruebo la razón y... y el pensar, por supuesto, pero no estoy muy seguro de lo que...
 
    CARSON (alterándose):     Sr. Hackley, estamos siendo muy pacientes con usted porque extendemos toda cortesía y liberalidad a un amante de La frente de Zeus. Déjeme decirlo de este modo: ¿Es usted un místico? (Esta pregunta es proferida con ojos relampagueantes, con rencor en la voz).
 
    KEITH:     ¿Místico? Pues no... no creo en este asunto del Budismo Zen, ni...
 
    CARSON (retorciéndose con indignación):     ¡Oh! Verdaderamente, Keith, estoy tratando de sostener una conversación seria con usted.
 
    KEITH:     Bueno, sí, pero..
 
    CARSON:     Por favor tenga la cortesía de no interrumpirme en medio de un pensamiento.
 
    KEITH:     Lo siento, yo...
 
    CARSON:     Seguramente, usted debe darse cuenta de que no estoy hablando de un vago asiático leproso y retorcido que se sienta en alguna parte en pañales... ése es sólo el tipo más obvio, más chillón, de místico.
 
    KEITH:     Lo sé, Los Ángeles está lleno de gente rara...
 
    JONATHAN:     Sr. Hackley, ¿por qué insiste, una y otra vez, en una evasión consciente y deliberada de las preguntas francas y abiertas de la Señorita Sand? Ambos sabemos que está arrinconado.
 
    KEITH:     Mire, no sé de qué me está habl...
 
    CARSON:     Keith, para decirlo sencillamente, un místico es alguien que permite que algo se interponga entre su razón y su realidad, que pone algo más en alto que su razón. ¿Comprende?
    (Hay una pausa incómoda).
    GEORGE (suavemente, alzando un poco su cabeza desde el sofá a la derecha):     ¿Es usted religioso, Keith?
 
    KEITH (lanzando una mirada agradecida en dirección a GEORGE):     Oh, ¿soy religioso? Me parece q... bueno, no terriblemente.  Voy a la iglesia dos veces por año, en Navidad y en Pascua, usted sabe... pero la religión juega una papel muy pequeño en mi vida.
    (El silencio es ahora más profundo, más ominoso. Un sonido sibilante viene desde la dirección de GRETA).
    GRETA:     Sólo dos veces al año, dice.
    (GRETA se vuelve hacia a JONATHAN).
    GRETA:     Sabes de dónde viene eso...
 
    JONATHAN:     Claro. Hay un pasaje en la página 236, en el 2º párrafo, de Zeus que explica perfectamente este síndrome.
 
    GRETA:     Sí. Y noto cómo intenta congraciarse con nosotros y con los místicos.
 
    JONATHAN:     Claro.
 
    KEITH:     Vale, no sabía que ustedes se sentían tan amargados sobre la religión.
 
    CARSON:     Keith, nuestros sentimientos no cuentan aquí en absoluto. Nuestra razón nos dice que la religión es maligna.
 
    JONATHAN (levantándose de un salto y paseándose):     La religión es maligna, lo que significa anti-mente, lo que significa anti-vida, lo que significa anti-razón, lo que significa anti-realidad. (Toma asiento de nuevo).
 
    CARSON (mirando a JONATHAN con agrado):     Bien hecho, camarada.
 
    KEITH:     Bien, vean, les dije que yo no me tomo la religión muy en serio.
    (La pausa que ahora se establece sobre del cuarto es mortal).
    CARSON (explota, agitada. Brinca):     Dios mío, nosotros estamos hablando sobre cuestiones de vida y muerte y él no lo hace... ¡Oh!! (CARSON se hunde hacia atrás en la silla, cubriendo su cabeza con furia).
 
    GRETA (con voz de leve amenaza):     ¿Sr. Hackley, usted se toma algo en serio?
    (Otra pausa larga. KEITH empieza a levantarse para salir. CARSON convoca a las últimas reservas de su paciencia y lo detiene).
    CARSON:     Espere, Sr. Hackley, quizás podamos acercarnos a su problema a través de la estética. ¿Qué compositores le gustan, por ejemplo?
 
    KEITH (se hunde hacia atrás, un poco aliviado, sintiéndose erróneamente en tierra más firme):     Bien, lo usual, usted sabe. No tengo mucho de músico...
 
    CARSON (rápidamente):     Eso está bien. Eso no importa. Su gusto revela sus premisas musicales.
 
    KEITH (confundido):     ¿Oh? Bien, me gusta Beethoven, Bach, Mozart, la norma...
 
    GRETA:     ¡Oh!
 
    CARSON:     ¿Keith, cómo pudo? Yo, que conozco el abismo de depravación a la que la mayoría de los hombres se hunde, incluso yo tengo que preguntarme, ¿cómo pueden hacerlo? Beethoven, Mozart, que apestan a naturalismo, cuya obra entera atropella los valores, cuyas notas, cada una, despliegan la premisas del universo malévolo.
 
    KEITH (aturdido):     ¿Malév...?
 
    CARSON:     Oh, Keith, ¿usted no puede ver el odio a la vida vida en cada compás de su música?
 
    JONATHAN:     Sr. Hackley, usted le dijo a Carson en su carta que le gustó La Frente de Zeus porque se opone al colectivismo y al totalitarismo.
 
    KEITH (se ilumina):     Sí, sí, exactamente. Yo...
 
    JONATHAN:     Bien, ¿cómo, en el nombre de la razón, usted no puede ver que un compositor como Mozart, con la premisa del universo malévolo, tiene la misma premisa que los colectivistas que usted dice despreciar? Ellos son todos parte del enemigo anti-menteanti-vida.
 
    KEITH (aturdido de nuevo):     ¿Usted está diciendo que Mo-Mozart era un colectivista?
 
    CARSON:     Oh, no de esa manera muy primitiva de serlo. Pero el sistema de premisas se interconecta, en un nivel más profundo, y por consiguiente en un nivel importante. ¿Lo ve?
    (KEITH, cada vez más convencido que debe salir rápidamente de este lugar, empieza a levantarse de nuevo. GEORGE KELLY se sienta en su sofá y lo intercepta en un tono amable).
    GEORGE:     Keith, nosotros siempre le preguntamos a cada nueva persona que conocemos cuál es su personaje favorito en La Frente de Zeus. ¿Cuál fue el suyo?
 
    KEITH:     Oh, me gustó Joey Fontana.
 
    CARSON, GRETA, JONATHAN (al unísono):     ¡Joey Fontana!!!
 
    KEITH:     ¿Sí, por qué?
 
    CARSON (bajo estrecho control):     ¿Por qué lo prefirió, Keith?
 
    KEITH:     Bueno, él estaba del lado de los buenos, el de la libertad, y era un tipo bueno, inteligente, de buen talante, amigable.
 
    CARSON:     ¡Ohhhh!! (Incapaz resistir ya los eventos, CARSON se apresura, corre y sale del escenario hacia la derecha).
 
    GRETA (en tono de amenaza mortal):     ¡Joey Fontana! La mismísima imagen del buen hombre, de poca calidad, común. ¡Y usted lo escogió encima de un héroe como Kyle Crane o Sebastián del Rey!
 
    KEITH:     Bueno, ellos dos estaban bien, sólo que me parecíeron tiesos y uni-dimensionales. Ellos...
 
    JONATHAN (salta sobre sus pies, va hacia el centro y grita a KEITH):     ¡Basta! Keith Hackley, usted ha tenido el raro privilegio de pasarse una tarde con las más grandes mentes que pueda usted esperar encontrarse en la vida: Carson Sand, Greta Landsdowne, y yo. Y sobre todo, usted ha conocido a Carson Sand, la mente más grande, la más original de nuestro tiempo y de todos los tiempos, el más grande ser humano que haya vivido o vivirá. ¿Y cómo ha tratado usted este privilegio? Sobre todo, ¿cómo ha tratado usted a Carson Sand? Yo me he sentado aquí mientras usted ha cometido una serie de pecados irracionales, imperdonables, contra Carson Sand. Usted la interrumpió continuamente, apenas dándole  oportunidad para hablar; usted evadió abiertamente cada pregunta que Carson o yo le hicimos. Usted ha intentado adularnos a nosotros y a los místicos, a nosotros y a Mozart, a nosotros y a toda las depravaciones de nuestra sociedad. Usted criticó, en lugar de hacer preguntas. Usted se mofó como un gamberro, en lugar de mostrar la reverencia apropiada. ¿Y a quién? A esta mujer que ha traído al mundo el conocimiento de que A es A, y que 2 y 2 son 4. Y finalmente, después de que su rudeza había empujado a esta mujer con la paciencia de Job fuera de este cuarto, usted coronó sus crímenes diciendo que su personaje favorito es Joey Fontana, el mediocre, el buen tipo (con desprecio absoluto), el segundón. Por eso, Keith Hackley, usted se condenó para siempre. Usted ha hecho su elección, Keith Hackley, y por consiguiente usted me deja con una sola alternativa: exigirle que abandone esta casa para no volver jamás.
    (KEITH se tambalea, pálido, agitado. Va hacia la puerta. Allí, GEORGE KELLY viene darle su sombrero y chaqueta a Keith).
    KEITH:     Sr. Kelly, perdóneme, pero usted parece un buen tipo. ¿Cómo usted puede resistir todo esto?
 
    GEORGE (suavemente):     Oh, esta clase de cosa sucede igual casi cada noche. Uno se acostumbra.
 
    KEITH:     ¿Pero cómo lo puede...?
 
    GEORGE:     Oh, después de unos años uno consigue ignorarlo. Uno lo toma con calma, se duerme en el sofá, dice «sí» de vez en cuando. Caramba, es una forma de vivir.
    (La cortina cae.)
FIN
 

    Nota del web-editor en inglés: Conseguí esta versión de Mozart era rojo publicada en usenet. No había información de copyright incluida, pero supongo que fue escrita poco después de la ruptura de Rothbard con Ayn Rand en 1958.
 
    En la obra, el personaje de Carson Sand obviamente es Ayn Rand. Jonathan y Greta Landsdowne son Nathaniel y Bárbara Branden, y George Kelly es Frank O'Connor. Keith Hackley puede que sea el mismo Rothbard, pero también podría ser un personaje a lo Everyman. Como «George Kelly» apunta hacia el final de la obra, «este tipo de cosas» pasaba bastante a menudo en las reuniones de Rand.
 
    Murray N. Rothbard (1926-1995) era profesor de economía en la Universidad de Nevada, en Las Vegas.
 


Dom, 16 de Mar, 2003 2:20 am

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Daniel Alegrett
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16 de Mar, 2003
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