Hola intente leerlo pero los "acentos inconmensurables " no me lo permitieron... tal vez si lo envías como un adjunto .doc.... plse ya que tu tema promete
Saludos
Lula
Daniel Alegrett <dalegrett@...> escribió:
Alguien quiere echarle un vistazo a estas ideas en curso?Tema de investigaciónLas relaciones entre las nociones de cuerpo, sujeto y persona, desde un enfoque etnológico y crÃtico, evaluando implicaciones ético-polÃticas de las tendencias actuales.Objetivosï‚· Revisión y discusión de distintos abordajes teóricos o disciplinares de las nociones de cuerpo, sujeto, persona.ï‚· Comparación y contrastación etnológica, en sentido intercultural e histórico de nociones o modelos acerca del cuerpo, el sujeto, la persona.ï‚· A través del aparato crÃtico derivado de los puntos anteriors, diagnóstico y evaluación de la situación contemporánea de las nociones de cuerpo, sujeto y persona en cara a los desarrollos en biotecnologÃa y tecnologÃas de la información.Importancia de la investigaciónAntecedentesEn las últimas décadas en distintas disciplinas humanÃsticas, ciertas aproximaciones en las ciencias biológicas e informáticas, y en las ciencias y estudios sociales en general y en la antropologÃa en particular, han eclosionado estudios y ensayos acerca de subjetividades y corporalidades, quizá siendo muy pertinente el uso del plural, dado que aún no ha surgido un programa de investigación y un marco teórico homogéneo a la hora de construirlas como objeto de estudio.Esta explosión ha coincidido con el auge y decadencia de la perspectiva postmodernista, sobreviviéndola. Esto muy probablemente no es azaroso, puesto que lo que se supuso como postmodernidad, un capitalismo avanzado y globalizado quizá mejor concebido con una pretensión de una ultra o hipermodernidad, en un diagnóstico impreciso declaró la muerte de distintas nociones, conceptos y proyectos que parecÃan entrar en una crisis que los demolerÃa o abolerÃa, finalmente emergiendo, sólo sanos y salvos, posiblemente transformados de un modo similar a la que propondrÃa una dialéctica hegeliana a través de negaciones y superaciones, de maneras que se ofrecen a veces todavÃa como nebulosas y en espera de comprensión.Problematización Nociones cuyas muertes podrÃan haber sido prematuramente anunciadas inclurÃan la del cuerpo y la del sujeto, en estrecha relación con la noción de persona, para la que a su vez invocaban de diversas formas nociones como la de naturaleza y cultura y/o individuo y sociedad, todas básicas a la "metafÃsica" de la llamada modernidad (obviando por el momento su epistemologÃa, que girarÃa alrededor de la ciencia y su oposición a otros saberes), como principios que fundan y legitiman las relaciones sociales y las instituciones que le serÃan caracterÃsticas.A través del examen de las relaciones sociales (inclúyase o no "de producción"), surgirÃa prontamente la sospecha de que en un proceso de ya más larga data que el marco temporal antes señalado, son los cambios en esta infrastructura los que han exigido que tales nociones que configuran la superestructura se modifiquen a fin de radicalizar, legitimizar, reproducir y consolidar institucionalmente nuevas relaciones. La conmoción aparente en la visión de mundo (tal vez deberÃan pluralizarse los sustantivos) no puede concebirse separada de la conmoción evidente en las diversas transformaciones sociales en instituciones básicas donde las nociones de cuerpo, sujeto y persona se ponen en juego: las relaciones de sexo y género, las de parentesco y familia; apareadas a las revoluciones en las tecnologÃas de la información y de la biologÃa (biomedicina y biotecnologÃas en el sentido más amplio).Un momento crucial en el que las nociones de cuerpo, sujeto y persona son puestos en acto es aquel relativo a la reproducción biológica y social del grupo, la producción de nuevos individuos. Se presentan desde los antecedentes de la concepción (qué y/o quiénes aportan al nuevo ser), la formación de su cuerpo, prácticas pre-natales y post-natales, la sexuación o marca o asignación de sexo, el género, la asignación de un nombre, las pautas de crianza, socialización y endoculturación que correspondan, hasta la cuestión de si posee o llegará a poseer el estatuto de persona. Este proceso ontogenético que finalmente serÃa prosopoyético (formador, productor y creador de personas, concluya o no en lo normativa o culturalmente aceptable como persona) es tanto anterior como posterior a los individuos que resultan de él. En tanto que es la actualización y garantÃa de la continuidad (filogenética para el biólogo, histórica para el sociólogo) de cada grupo humano, es quizá el proceso social con mayores regulaciones, invocando estructuras de género, de parentesco, sistemas técnicos, económicos y religiosos; es el momento concreto del ejercicio del biopoder. Es la concreción material de la "especie" y de la "sociedad", el momento que recapitula, repite y actualiza toda su historia (sea que tome la apariencia de un eterno retorno o de un desarrollo progresivo) y sus mitos de origen, si se quiere, y por lo tanto crÃtico, también un momento clave para el cambio y la innovación, pues de fallar o divergir lo que deberÃa ser la normalización del nuevo sujeto, se producirÃa una cesura, un paréntesis con posibles vastas consecuencias para el grupo, que sin embargo posee con seguridad mecanismos para gestionar y colocar bajo control las anomalÃas, divergencias o desviaciones, como ocurre con la estigmatización, de acuerdo a la cual sujetos especiales emergen en el monstruo (producto del pecado o de un accidente embriológico) , el degenerado, el discapacitado, el senil, el anormal, el pervertido, el loco, la histérica, la anoréxica y la bulÃmica, el criminal, el berdache, el chamán, el mÃstico, el profeta, el artista atormentando, el poeta maldito, la estrella de rock, el mártir, la virgen, el santo, el héroe, el lÃder, sujetos queer, sujetos subalternos. .. de lo que originalmente fuera un simple niño o niña, cuyo destino se deja más o menos (in)variablemente a su anatomÃa, a sus elecciones e intereses egoistas, a las obligaciones contraidas en la parentela o la casta y la jerarquÃa, al karma o al mercado, al Estado, a Jesús o a Darwin. En los relatos heroicos acerca de la historia de la ciencia, ésta figura como un desarrollo novedoso, polÃticamente revolucionario que podÃa librar al hombre de las cadenas de la ignorancia, del oscurantismo, de la fe, del dogma, el antiguo régimen y sus normas, si bien alguna corriente pretendiese que eso ocurriera como una forma de conocimiento objetivo del mundo no interferido por valores y dictámenes normativos. Su aproximación objetiva (por situarse fuera y en oposición a algo definido como objeto), empÃrico-racional, causal del mundo permitirÃa un acceso a la naturaleza, que descubrirÃa sus secretos al investigador y permitirÃa de esta manera, casi chantajista, su dominio y control sobre ella. Asà la ciencia se hizo tecnociencia, actuando sobre el mundo de modo tal que la calidad de vida del hombre se modificase positivamente para él en tanto dominador de las fuerzas naturales y resolver los problemas que enfrentaba: hambre, enfermedad, trabajo... El desarrollo del conocimiento prometÃa un mundo feliz, donde las técnicas tendrÃan fin terapéutico al aliviar las penas de la existencia. DevendrÃa en un biopoder, un poder sobre la vida y la muerte. La gestión racional del biopoder sobre los sujetos y personas, resultarÃa en una anatomopolÃtica, el ejercicio del poder sobre los cuerpos (individuales), y una biopolÃtica, el poder sobre las poblaciones (el cuerpo de la especie). Sin especular acerca de sus orÃgenes en instituciones tan aparentemente inocuas o tan graves como, digamos, la preferencia por el uso de la mano derecha o la prohibición del incesto, los desarrollos de las ciencias biológicas y sus aplicaciones biomédicas desde el siglo XIX han llevado a las manifestaciones de un biopoder sin precedentes, capaz de ejercer sus efectos no sólo sobre lo más Ãnfimo de la materialidad de los cuerpos, sino también lo pretende sobre lo más Ãntimo de la subjetividad de las personas. La colonización de los cuerpos y las personas por la sociedad y sus tecnologÃas pasarÃan del mero normar prácticas corporales o introducir lo simbólico, la Ley, a través del lenguaje y otras formas de endoculturación que marcan e inscriben el cuerpo. ExistirÃan intentos ahorrarse mediaciones, tal vez. La psicologÃa, la psiquiatrÃa, el psicoanálisis, la psicofarmacologà a, la sociobiologÃa, atajan las funciones superiores de los seres humanos a través de su sustantividad biológica. Se "progresa" en los niveles de organización de la vida que pueden ser gobernados: de domesticar las "pulsiones" e "instintos" en la base de la naturaleza humana, se podrÃan gobernar las bases moleculares de esa naturaleza, ya reducida al nivel más fÃsico, más básico aun que la animalidad de los seres humanos. De regular a las poblaciones por procesos de fusión y fisión grupal, guerras y alianzas, infanticidios o imperativos a crecer y multiplicarse, del aborto a la contracepción quÃmica, de las pautas de crianza al diseño genético de la prole por el ingeniero. Lo que se supone o espera que un cuerpo, un sujeto, una persona sea, pueda y deba ser y cómo llegarÃa a serlo, se altera de acuerdo a diferentes intereses y diferentes ritmos que producen una confusión, quizá deliberada, sobre lo que esos propios cuerpos, sujetos y personas conciben ellos mismos ser, poder ser, tener que ser. Enfoque teórico-metodólogico A través de una investigación comparativa —que se define como etnológica— de la producción y construcción cultural de las nociones o conceptos de cuerpo, sujeto y persona y su relevancia y relaciones mutuas, se pretende armarse de criterios base para la evaluación de lo que parecen ser las tendencias y las puestas en juego actuales de esos conceptos en relación a desarrollos tecnológicos y el impacto ético-polÃtico que esto podrÃa tener. Con ello, de hecho, se pasarÃa examen a las relaciones recÃprocas entre infrastructura y superestructura de una formación social, en tanto esas tecnologÃas podrÃan forzar deslizamientos particulares de estas nociones que podrÃan probarse centrales o fundamentales al "derecho y a la moral" se tratarÃan en primer lugar de tecnologÃas polÃticas (y no meramente técnicas de colonización, control y dominio de la naturaleza) de impacto profundo sobre las relaciones sociales. A su vez, posibles nuevos valores y marcos normativos relacionados a cómo se comprende la "condición humana" repercutirÃan en la orientación de las prácticas. Tal como éstas se suceden, se hace necesario, siempre con cierto retraso riesgoso, replantearse qué somos; se replantea qué queremos y qué hacer al respecto, qué nos lleva a hacer lo que ya estamos haciendo.En el discurrir de los desarrollos de las nuevas tecnologÃas, se producen nuevos discursos acerca de los tópicos cuerpo, sujeto y persona, pero si tales "nuevos" discursos se producen dentro del mismo marco discursivo que se supone predominante en lo que se ha dado a llamar occidente moderno, los efectos de poder son los mismos y la novedad de estos discursos aparentemente inéditos acerca del cuerpo, el sujeto y la persona no es otra sino la de proveer medios actualizados para una racionalización (en sentido weberiano) más efectiva y eficiente. Sin embargo, no todo es amenazador, dado que todo replanteamiento implica un cese, una fisura o un quiebre, asà sea efÃmero o pequeño, una alteración en la reproducción de un orden ya pautado, es posible que surja la promesa de su cambio, una oportunidad que para el movimiento social, el crÃtico, el reformador o el revolucionario podrÃa ser aprovechada con ventaja. A la revisión que se plantea del registro etnográfico e histórico se le dará un uso etnológico y antropológico al informar la lectura de lo que sucede con las viejas y nuevas biotecnologÃas, principalmente aquellas ligadas a la reproducción: en un menor grado la ingenierÃa genética y clonación, y en uno mayor la reproducción asistida en sus diversas formas, la contracepción, el aborto; por otro lado, las nuevas legislaciones o reinvidicaciones de lo que se pretenden derechos civiles e incluso derechos humanos, el derecho a la vida, la eutanasia, los matrimonios homosexuales, la adopción por parte de estos, etc., que sugieren e incluso demandas cambios y modificaciones en las concepciones acerca del cuerpo, el sujeto y la persona, posiblemente ya efectivos en la sociedad, pero cuyas proyecciones aún están por definirse. Si esto se discute, quizá es porque ya sucede y el debate va con retraso, vuela al anochecer como el búho de Minerva. La pregunta serÃa a dónde se dirige o podrÃa dirigir.La etnologÃa como hermenéutica crÃticaEl trabajo sobre las nociones culturales de cuerpo, sujeto y persona a través del rodeo etnológico, histórico y sociológico permite que sean historizadas, mostrando sus direrentes condiciones de posibilidad, desarrollos y devenires locales, regionales y globales, en el tiempo y en el espacio, sin exigir su universalidad ni su relatividad, pero permitiendo su comparación y contrastación. El camino —esto es, el método— de la etnologÃa permite la ampliación de horizontes de sentido y su transvalorización, comprender bajo nueva luz las nociones tal como las entendÃamos, y ejercer la crÃtica: estar provistos de nuevos, más amplios y profundos criterios para la evaluación de la propia situación. Esto implica descentramientos en el sujeto investigador a fines crÃticos y hermenéuticos que exigen medios acordes. Con la etnologÃa como marco en el que se inscribe una hermenéutica crÃtica, se puede recurrir como asistentes en la lectura otras aproximaciones que han tenido una afinidad electiva por la discusión de las nociones de cuerpo, sujeto y persona como fundamentales: la fenomenologÃa, el psicoanálisis, los estudios feministas, los estudios de género, etc. LÃmites y posibilidadesLa investigación, por tratarse de un ejercicio etnológico documental cuya provisión empÃrica viene de recuentos etnográficos e históricos, tendrÃa como sesgo estar basada en modelos discursivos elaborados por investigadores previos cuando no se trate de recuentos de primera mano que han sido textualizados por sus escribas. La relación de los etnógrafos con la experiencia de campo ha tenido variaciones en el tiempo, y sus instrumentos conceptuales orientan y a la vez reflejan esas variaciones. El análisis cultural ha tenido acercamientos y alejamientos en lo que respecta a la preferencia por el estudio de prácticas sociales concretas o de modelos normativos culturales. Estos últimos son los que más sesgan una investigación documental en un sentido negativo, ya que ésta está sobre el terreno a través de los ojos de otros, sin que pueda interrogárseles directamente acerca del grado de correspondencia entre prácticas y normas. Si bien en las últimas tres décadas la antropologÃa y la teorÃa social han virado hacia un énfasis en las prácticas, las nociones del instrumento teórico que se ha pretendido caracterizar como antropológico, esto es, las diversas nociones del concepto de cultura, han adolecido de una preferencia o énfasis en modelos normativos que a pesar de las pretensiones relativistas del culturalismo, en realidad esencializan, homogenizan, ahistorizan y hacen estáticas a las culturas y quizá exageran el apriorismo de la sociedad sobre los cuerpos, sujetos y personas en tanto individuos, viéndose cegado el análisis a sus conflictos, contradicciones, divergencias, multivocalidad y heteroglosia.ExcursoAun cuando se habla de las infinitas posibilidades de moldeamiento o configuración que ejerce la cultura sobre los individuos, el análisis tiende a singularizar estos mecanismos que son concebidos casi como totipotentes, actuando sin manifestar fragilidades ni retrocediendo ante resistencias, endógenas o exógenas. Por ejemplo, ¿será necesario situarse dentro del lugar común culturalista acerca de la "no naturalidad" del cuerpo humano? Que éste para la antropologÃa no es un hecho, algo dado, por la biologÃa. Asà tan categóricos nos anotamos en un culturalismo aún negativo, puesto que no afirma nada, sólo niega algo. Se le podrÃa matizar: el cuerpo humano no serÃa meramente un dato biológico.Particularismo culturalistaEn principio, o por principio, para el culturalismo, el cuerpo tiene que estar fuera del dominio de lo biológico, aunque se lo mantuviera de referente o de condición material para la elaboración cultural. Sin considerar este matiz, podrÃamos llevar más lejos el dictum culturalista (¿no es curioso que pueda dictar algo?), pues lo "biológico", ¿qué serÃa primero que todo? Ello también está sujeto a elaboración, situada en el tiempo, en el espacio y en una u otra comunidad de lenguaje, cada una de ellas con su propia visión de mundo, su acontecer y devenir, sus consensos y malentendidos, sus coordinaciones y divergencias. Siendo o pudiendo ser esto asÃ, no habrÃa necesidad de recurrir en primer término a la historicidad de lo que se concibe como biológico, bastarÃa historizar la concepción del cuerpo; serÃa ir lejos para lo que ya de cerca se presenta complejo.¿Existe de hecho, siempre y en todas partes, algún concepto del cuerpo? Entre la pluralidad de conceptos y representaciones que habrÃan de él según ese principio culturalista, bien fundado, de relativizar cada noción o categorÃa que se pretendiera establecer, deberÃamos entre los valores posibles para la variable la nulidad, el cero, incluso el vacÃo, al parecer. Si asà se considerara, se harÃa para contrariar alguna noción que vea en el cuerpo un universal, transhistórico y transcultural, siempre presente. Pero en el momento en que aceptáramos las ¿infinitas? posibilidades que por principio nos exige el relativismo culturalista, tendrÃamos que estar preparados para enfrentar, por haber invocado su disgusto, a quien cientista, mÃstica, totalitaria o neciamente propusiese un planteamiento universalista de la cuestión.No es la intención invocar este debate —a dejarlo atrás por el momento se dedican estas lÃneas—, porque él desviarÃa de nuestra atención, distrayendo nuestras fuerzas y energÃas, toda nuestra intención investigadora, por dirigirla a responder a alguna polémica que ha tiempo deberÃa considererarse obsoleta o impertinente. Para no mostrar ingenuidad, podrÃamos apuntar que lo universal no es necesariamente inmutable (al parecer, lo contrario parece más probable: el universo estarÃa en movimiento, es difuso, fluÃdo, y más bien poco conocido), que con "transhistórico" no queremos decir ahistórico y que lo "transcultural" no es obligatoriamente algo común, compartido por todos. PodrÃan sostenerse terceras vÃas, alternas o medias, como por ejemplo, que hay constantes culturales, variaciones estructuralmente finitas de margen más o menos amplio o más o menos estrecho, dependientes, correlativos o concomitantes a la finita variedad de ambientes en la que se desenvuelven los seres humanos (si se nos permite hablar de la existencia de tal colectividad), o a los constreñimentos de las funciones cognitivas emergentes de sus ciertamente finitamente variadas estructuras morfológicas organizadas por la interacción entre esos diferentes ambientes y el patrimonio genético más bien generalizado entre todas las poblaciones. No es el punto. Llevar la discusión por esos rumbos puede probar ser irrelevante, innecesario, incluso falaz. La investigación propuesta estarÃa más delimitada. Para situar las coordenadas desde las que surge, se apunta que su intención es etnológica. Las etnografÃas bien podrÃan mostrar toda o buena parte de la variación posible del comportamiento y de la comprensión humanos, o todo lo que parecierera común tal como los grupos humanos se han presentado a los etnógrafos. El instrumento para la discusión permanecerÃa el mismo. La etnologÃa, en tanto comparación (en caso de que haya conmensurabilidad intercultural) y contrastación (que no exige medida común entre las culturas), podrÃa tolerar bien soportar las diferencias, las divergencias, los diferendos y las desviaciones. Con la etnologÃa se pretenderÃa, más que llegar a conclusiones definitivas, provocar una transvalorización y una ampliación (o quiebre) de horizontes de sentido, que permitan el cuestionamiento y la crÃtica en tanto la puesta en acto de criterios en la búsqueda de conocimientos o entendimiento. El problema del individuoUna lectura de Durkheim ve en él la comprensión del cuerpo como el de un principio de individuación. El problema de la relación individuo-sociedad no es el punto ni el eje de la discusión, pero podrÃa surgir repetidas veces, ya que la noción de individuo es una manera clásica de articular la relación cuerpo-persona, incluso identificando o confundiendo al individuo con el cuerpo y a la persona con el individuo (luego, cuerpo y persona). Esto es obviamente producto de la concepción occidental moderna del cuerpo, el individuo, el sujeto y la persona, en una relación que se ha llamado "individualismo", fundamental a esa forma de vida. Un punto que habrÃa que mostrar es que por un lado, no se limita al occidente moderno ni que hay un único "individualismo" , y por otro, que en el propio occidente moderno, sea lo que eso sea, es simplemente una de sus diferentes concepciones de la persona, no la única, no la primera ni la última (en sentido histórico), no necesariamente la más común (en sentido estadÃstico), quizá ni siquiera la dominante (en sentido polÃtico), pero por alguna razón, más bien ideológica (en sentido de falsa consciencia) , definida como caracterÃstica de lo que se concibe como occidental y moderno. Es asà importante señalar que éste no serÃa un trabajo sobre el individuo ni el individualismo, pero debe considerar estas nociones de manera recurrente, en tanto interfieran o se relacionen con la(s) noción(es) de persona. BastarÃa señalar por el momento que la individuación es un proceso que se darÃa allà y en todas partes, pero los rodeos etnográficos (entre culturas), históricos (entre pasado y presente) y sociológicos (entre sectores diferentes de una sociedad) claramente registran que el proceso y su resultado no son los mismos allà ni en todas partes. Individuos hay en todas partes, pero no en todas partes el individuo es el principio manifiesto de la praxis social, el locus normativo de la agentividad. Y no todo individuo, muestra el registro, es persona en todas partes. El individuo es "persona natural" en el derecho occidental, moderno. Sin necesidad de recurrir al registro etnográfico donde aparecen como personas entidades no humanas (¿qué es ser humano?), incluso no vivientes o intangibles, el derecho occidental moderno permite también relativizar: no toda persona es individuo, dice referiéndose a la "persona jurÃdica", también llamada "persona moral". Esta "persona moral" sà podrÃa encontrarse aquÃ, allá y en todas partes, y esto serÃa básico a las ciencias sociales. La "persona moral" podrÃa ser un individuo o un grupo de ellos, una "corporación", una "sociedad".. . Éste último concepto también ha de discutirse: la sociedad no sólo serÃan individuos, sino también sus relaciones, incluyendo sus instituciones, y éstas pueden estar dotadas de "personalidad moral". Independientemente de que se le conceda prioridad ontológica o metodológica al individuo o a la sociedad, la "persona", pudiéndose corresponder al primero o a la segunda, estarÃa presente, asà sea en el análisis. El problema del sujetoMás pertinente a la noción de persona que un proceso de individuación serÃa un proceso de subjetivación, la formación de sujetos. Si la individuación se limitase a diferenciar o al menos singularizar individuos en tanto cuerpos sustantivos materiales distinguidos en el tiempo y en el espacio, al proceso se lo podrÃa encontrar en especies animales o en diferentes niveles de organización de la vida. En la discusión del proceso de subjetivación se tiene que evitar, entre otras, trampas filosóficas y psicológicas que decanten hacia la biologÃa o la naturalización ideológica de nociones culturalmente particulares, como cuando la filosofÃa y la psicologÃa esencializan o naturalizan como humanas, universales y ahistóricas peculiaridades euroamericanas. El proceso de subjetivación ante todo debe ser concebido como un proceso de socialización del que emergen sujetos, se dé o no se dé énfasis en su individualidad. Antes bien, si el individuo se identificase en alguna noción como pre-social simplemente por tener un cuerpo singular (se derive o no de ello la personalidad moral), el sujeto siempre serÃa socializado, aun cuando se concediese que su dotación biológica le proveyera de instintos, de comportamientos preprogramados. Que la socialización es constituyente de lo humano no lo discutirÃa ni la sociobiologÃa más hueca, sea que la socialización se enfrente a los "instintos" sin éxito en su contra o con eficacia represora sobre ellos. El cuerpo y la conciencia de los individuos son colonizados por la sociedad, siendo uno de sus modos paradigmáticos la adquisión de la lengua, pero también la inscripción simbólica de los cuerpos, que se iniciarÃa con la asignación del sexo. En el individuo surgirÃa una "identidad como yo" y una "identidad como nosotros", y posibles equilibrios y tensiones, desequilibrios y distenciones entre esas identidades, de acuerdo a las pautas y énfasis de la sociedad. Quizá producto de esta subjetivación no todos los sujetos (por ejemplo, niños y mujeres) podrÃan aspirar a ser considerados personas, quizá los sujetos carezcan de autonomÃa y trascendencia, quizá algunos otros nieguen la presencia de la sociedad en ellos y que nada hay fuera de su propia existencia, pero el sujeto —consciente o no de sà mismo, de otros, de su individualidad, inconsciente o no de su socialidad— es el locus del habla, del pensamiento, del sentimiento, de la experiencia, y desde allà orienta su acción sobre el mundo, sea cual sea el grado en que deviene sujeto según lo que pudiera ser innato o lo que pudiera ser aprendido. Por ser socializado, sea cual sea la relación que esta socialización establezca con su cuerpo, el sujeto no tiene que ser idéntico a sà mismo, ni unÃvoco, ni plenamente consciente, dependiendo de lo que haya interiorizado —siempre heterogéneo— y cómo se haya domesticado su cuerpo. En contra del principio del derecho, el sujeto no se corresponde siempre a su enunciado, reservándose el derecho a decir "sÃ.... pero no...", como evidencia el psicoanálisis.La discusión no se decanta por las crÃticas a la noción de sujeto, pues éstas versan sobre una noción cultural peculiar de sujeto transcedental, dotado de un yo individual autónomo, locus de la agentividad y la intencionalidad, asocial o metasocial. Antes bien la investigación propuesta supone como premisas estas crÃticas a una ideologÃa de un sujeto que ni siquiera se produce en los modos de subjetivación peculiares a quienes lo han proclamado: los "occidentales modernos", quienes quieran que sean. Toda una literatura respecto a estas crÃticas es considerada, pero la investigación no la toma por eje. Tampoco serán eje del discusión los diferentes variaciones de dualismos entre mente y cuerpo, la identidad y la alteridad (aunque tal vez se conceda bastante crédito a las identificaciones y las objetivaciones o relaciones de objeto en el proceso de subjetivación), ni el sexo ni el género, la centralidad de las prácticas, el problema de la agencia; algunos de estos problemas de hecho inspiran la investigación, mientras que por otros hay una afinidad menor sin que esto signifique minimizarlos objetivamente. Repetidamente surgirán en la investigación y mostrarán su pertinencia. No se trata de una disminución o desdén de su importancia en la discusión, sino que se reserva un espacio investigativo posterior, profundo y más amplio, ya que con su consideración solventarÃa muchos déficits de la investigación que se propone. Relevancia del enfoque etnológicoEl sociologismo y las concepciones normativas de la cultura pondrÃan como propósito de los procesos de socialización, endoculturación, individuación y subjetivación normalizar cuerpos, sujetos y personas. Sin descartar estas funciones normativas, hay que matizar el modo, manera y producto de ellas en situación de globalización de economÃas de mercado, que no exigen necesariamente uniformidad, y que no sólo tolera la pluralidad sino que antes bien produce diferenciació n social y radicalizació n de diferenciaciones étnicas, que sirven bien a los propósitos de mayor expansión de los mercados, cuyos vasos comunicantes pueden mantenerse a través de tecnologÃas de la información y no meramente a través de la división internacional del trabajo a la hora de colonizar a la pluralidad de sujetos. La emergencia de nuevas formas de subjetividad provee al mercado de nuevos nichos que ocupar o conquistar, si bien también ofrece nuevas posiciones desde las cuales puede ser cuestionado, contestado y desafiado. Por estos motivos es que a pesar del sesgo que pudiera existir en las etnografÃas al centrar muchas veces el análisis cultural en modelos normativos, la pluralidad sugerida por ellas de visiones de mundo y de diversas prácticas corporales y de subjetivación a las que nos permitan tener acceso, no perjudican del todo al ejercicio etnológico pretendido, sino que garantizan que pueda mostrarse lo suficientemente dotado de criterios para evaluar la heterogenidad y la ambigüedad manifiestas en la aparentemente nebulosas tendencias que se perfilan en la coyuntura actual.
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