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Borrador de anteproyecto: Las relaciones entre las nociones de cuerp   Lista de mensajes  
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Tema de investigación


Las relaciones entre las nociones de cuerpo, sujeto y persona, desde un enfoque etnológico y crítico, evaluando implicaciones ético-políticas de las tendencias actuales.


Objetivos


ï‚· Revisión y discusión de distintos abordajes teóricos o disciplinares de las nociones de cuerpo, sujeto, persona.

ï‚· Comparación y contrastación etnológica, en sentido intercultural e histórico de nociones o modelos acerca del cuerpo, el sujeto, la persona.

ï‚· A través del aparato crítico derivado de los puntos anteriors, diagnóstico y evaluación de la situación contemporánea de las nociones de cuerpo, sujeto y persona en cara a los desarrollos en biotecnología y tecnologías de la información.


Importancia de la investigación


Antecedentes


En las últimas décadas en distintas disciplinas humanísticas, ciertas aproximaciones en las ciencias biológicas e informáticas, y en las ciencias y estudios sociales en general y en la antropología en particular, han eclosionado estudios y ensayos acerca de subjetividades y corporalidades, quizá siendo muy pertinente el uso del plural, dado que aún no ha surgido un programa de investigación y un marco teórico homogéneo a la hora de construirlas como objeto de estudio.


Esta explosión ha coincidido con el auge y decadencia de la perspectiva postmodernista, sobreviviéndola. Esto muy probablemente no es azaroso, puesto que lo que se supuso como postmodernidad, un capitalismo avanzado y globalizado quizá mejor concebido con una pretensión de una ultra o hipermodernidad, en un diagnóstico impreciso declaró la muerte de distintas nociones, conceptos y proyectos que parecían entrar en una crisis que los demolería o abolería, finalmente emergiendo, sólo sanos y salvos, posiblemente transformados de un modo similar a la que propondría una dialéctica hegeliana a través de negaciones y superaciones, de maneras que se ofrecen a veces todavía como nebulosas y en espera de comprensión.


Problematización


Nociones cuyas muertes podrían haber sido prematuramente anunciadas inclurían la del cuerpo y la del sujeto, en estrecha relación con la noción de persona, para la que a su vez invocaban de diversas formas nociones como la de naturaleza y cultura y/o individuo y sociedad, todas básicas a la "metafísica" de la llamada modernidad (obviando por el momento su epistemología, que giraría alrededor de la ciencia y su oposición a otros saberes), como principios que fundan y legitiman las relaciones sociales y las instituciones que le serían características.


A través del examen de las relaciones sociales (inclúyase o no "de producción"), surgiría prontamente la sospecha de que en un proceso de ya más larga data que el marco temporal antes señalado, son los cambios en esta infrastructura los que han exigido que tales nociones que configuran la superestructura se modifiquen a fin de radicalizar, legitimizar, reproducir y consolidar institucionalmente nuevas relaciones. La conmoción aparente en la visión de mundo (tal vez deberían pluralizarse los sustantivos) no puede concebirse separada de la conmoción evidente en las diversas transformaciones sociales en instituciones básicas donde las nociones de cuerpo, sujeto y persona se ponen en juego: las relaciones de sexo y género, las de parentesco y familia; apareadas a las revoluciones en las tecnologías de la información y de la biología (biomedicina y biotecnologías en el sentido más amplio).


Un momento crucial en el que las nociones de cuerpo, sujeto y persona son puestos en acto es aquel relativo a la reproducción biológica y social del grupo, la producción de nuevos individuos. Se presentan desde los antecedentes de la concepción (qué y/o quiénes aportan al nuevo ser), la formación de su cuerpo, prácticas pre-natales y post-natales, la sexuación o marca o asignación de sexo, el género, la asignación de un nombre, las pautas de crianza, socialización y endoculturación que correspondan, hasta la cuestión de si posee o llegará a poseer el estatuto de persona. Este proceso ontogenético que finalmente sería prosopoyético (formador, productor y creador de personas, concluya o no en lo normativa o culturalmente aceptable como persona) es tanto anterior como posterior a los individuos que resultan de él. En tanto que es la actualización y garantía de la continuidad (filogenética para el biólogo, histórica para el sociólogo) de cada grupo humano, es quizá el proceso social con mayores regulaciones, invocando estructuras de género, de parentesco, sistemas técnicos, económicos y religiosos; es el momento concreto del ejercicio del biopoder.


Es la concreción material de la "especie" y de la "sociedad", el momento que recapitula, repite y actualiza toda su historia (sea que tome la apariencia de un eterno retorno o de un desarrollo progresivo) y sus mitos de origen, si se quiere, y por lo tanto crítico, también un momento clave para el cambio y la innovación, pues de fallar o divergir lo que debería ser la normalización del nuevo sujeto, se produciría una cesura, un paréntesis con posibles vastas consecuencias para el grupo, que sin embargo posee con seguridad mecanismos para gestionar y colocar bajo control las anomalías, divergencias o desviaciones, como ocurre con la estigmatización, de acuerdo a la cual sujetos especiales emergen en el monstruo (producto del pecado o de un accidente embriológico), el degenerado, el discapacitado, el senil, el anormal, el pervertido, el loco, la histérica, la anoréxica y la bulímica, el criminal, el berdache, el chamán, el místico, el profeta, el artista atormentando, el poeta maldito, la estrella de rock, el mártir, la virgen, el santo, el héroe, el líder, sujetos queer, sujetos subalternos... de lo que originalmente fuera un simple niño o niña, cuyo destino se deja más o menos (in)variablemente a su anatomía, a sus elecciones e intereses egoistas, a las obligaciones contraidas en la parentela o la casta y la jerarquía, al karma o al mercado, al Estado, a Jesús o a Darwin.


En los relatos heroicos acerca de la historia de la ciencia, ésta figura como un desarrollo novedoso, políticamente revolucionario que podía librar al hombre de las cadenas de la ignorancia, del oscurantismo, de la fe, del dogma, el antiguo régimen y sus normas, si bien alguna corriente pretendiese que eso ocurriera como una forma de conocimiento objetivo del mundo no interferido por valores y dictámenes normativos. Su aproximación objetiva (por situarse fuera y en oposición a algo definido como objeto), empírico-racional, causal del mundo permitiría un acceso a la naturaleza, que descubriría sus secretos al investigador y permitiría de esta manera, casi chantajista, su dominio y control sobre ella. Así la ciencia se hizo tecnociencia, actuando sobre el mundo de modo tal que la calidad de vida del hombre se modificase positivamente para él en tanto dominador de las fuerzas naturales y resolver los problemas que enfrentaba: hambre, enfermedad, trabajo... El desarrollo del conocimiento prometía un mundo feliz, donde las técnicas tendrían fin terapéutico al aliviar las penas de la existencia. Devendría en un biopoder, un poder sobre la vida y la muerte. La gestión racional del biopoder sobre los sujetos y personas, resultaría en una anatomopolítica, el ejercicio del poder sobre los cuerpos (individuales), y una biopolítica, el poder sobre las poblaciones (el cuerpo de la especie).


Sin especular acerca de sus orígenes en instituciones tan aparentemente inocuas o tan graves como, digamos, la preferencia por el uso de la mano derecha o la prohibición del incesto, los desarrollos de las ciencias biológicas y sus aplicaciones biomédicas desde el siglo XIX han llevado a las manifestaciones de un biopoder sin precedentes, capaz de ejercer sus efectos no sólo sobre lo más ínfimo de la materialidad de los cuerpos, sino también lo pretende sobre lo más íntimo de la subjetividad de las personas. La colonización de los cuerpos y las personas por la sociedad y sus tecnologías pasarían del mero normar prácticas corporales o introducir lo simbólico, la Ley, a través del lenguaje y otras formas de endoculturación que marcan e inscriben el cuerpo. Existirían intentos ahorrarse mediaciones, tal vez. La psicología, la psiquiatría, el psicoanálisis, la psicofarmacología, la sociobiología, atajan las funciones superiores de los seres humanos a través de su sustantividad biológica. Se "progresa" en los niveles de organización de la vida que pueden ser gobernados: de domesticar las "pulsiones" e "instintos" en la base de la naturaleza humana, se podrían gobernar las bases moleculares de esa naturaleza, ya reducida al nivel más físico, más básico aun que la animalidad de los seres humanos. De regular a las poblaciones por procesos de fusión y fisión grupal, guerras y alianzas, infanticidios o imperativos a crecer y multiplicarse, del aborto a la contracepción química, de las pautas de crianza al diseño genético de la prole por el ingeniero. Lo que se supone o espera que un cuerpo, un sujeto, una persona sea, pueda y deba ser y cómo llegaría a serlo, se altera de acuerdo a diferentes intereses y diferentes ritmos que producen una confusión, quizá deliberada, sobre lo que esos propios cuerpos, sujetos y personas conciben ellos mismos ser, poder ser, tener que ser.


Enfoque teórico-metodólogico


A través de una investigación comparativa -que se define como etnológica- de la producción y construcción cultural de las nociones o conceptos de cuerpo, sujeto y persona y su relevancia y relaciones mutuas, se pretende armarse de criterios base para la evaluación de lo que parecen ser las tendencias y las puestas en juego actuales de esos conceptos en relación a desarrollos tecnológicos y el impacto ético-político que esto podría tener. Con ello, de hecho, se pasaría examen a las relaciones recíprocas entre infrastructura y superestructura de una formación social, en tanto esas tecnologías podrían forzar deslizamientos particulares de estas nociones que podrían probarse centrales o fundamentales al "derecho y a la moral" se tratarían en primer lugar de tecnologías políticas (y no meramente técnicas de colonización, control y dominio de la naturaleza) de impacto profundo sobre las relaciones sociales. A su vez, posibles nuevos valores y marcos normativos relacionados a cómo se comprende la "condición humana" repercutirían en la orientación de las prácticas. Tal como éstas se suceden, se hace necesario, siempre con cierto retraso riesgoso, replantearse qué somos; se replantea qué queremos y qué hacer al respecto, qué nos lleva a hacer lo que ya estamos haciendo.


En el discurrir de los desarrollos de las nuevas tecnologías, se producen nuevos discursos acerca de los tópicos cuerpo, sujeto y persona, pero si tales "nuevos" discursos se producen dentro del mismo marco discursivo que se supone predominante en lo que se ha dado a llamar occidente moderno, los efectos de poder son los mismos y la novedad de estos discursos aparentemente inéditos acerca del cuerpo, el sujeto y la persona no es otra sino la de proveer medios actualizados para una racionalización (en sentido weberiano) más efectiva y eficiente. Sin embargo, no todo es amenazador, dado que todo replanteamiento implica un cese, una fisura o un quiebre, así sea efímero o pequeño, una alteración en la reproducción de un orden ya pautado, es posible que surja la promesa de su cambio, una oportunidad que para el movimiento social, el crítico, el reformador o el revolucionario podría ser aprovechada con ventaja.


A la revisión que se plantea del registro etnográfico e histórico se le dará un uso etnológico y antropológico al informar la lectura de lo que sucede con las viejas y nuevas biotecnologías, principalmente aquellas ligadas a la reproducción: en un menor grado la ingeniería genética y clonación, y en uno mayor la reproducción asistida en sus diversas formas, la contracepción, el aborto; por otro lado, las nuevas legislaciones o reinvidicaciones de lo que se pretenden derechos civiles e incluso derechos humanos, el derecho a la vida, la eutanasia, los matrimonios homosexuales, la adopción por parte de estos, etc., que sugieren e incluso demandas cambios y modificaciones en las concepciones acerca del cuerpo, el sujeto y la persona, posiblemente ya efectivos en la sociedad, pero cuyas proyecciones aún están por definirse. Si esto se discute, quizá es porque ya sucede y el debate va con retraso, vuela al anochecer como el búho de Minerva. La pregunta sería a dónde se dirige o podría dirigir.


La etnología como hermenéutica crítica


El trabajo sobre las nociones culturales de cuerpo, sujeto y persona a través del rodeo etnológico, histórico y sociológico permite que sean historizadas, mostrando sus direrentes condiciones de posibilidad, desarrollos y devenires locales, regionales y globales, en el tiempo y en el espacio, sin exigir su universalidad ni su relatividad, pero permitiendo su comparación y contrastación. El camino -esto es, el método- de la etnología permite la ampliación de horizontes de sentido y su transvalorización, comprender bajo nueva luz las nociones tal como las entendíamos, y ejercer la crítica: estar provistos de nuevos, más amplios y profundos criterios para la evaluación de la propia situación. Esto implica descentramientos en el sujeto investigador a fines críticos y hermenéuticos que exigen medios acordes. Con la etnología como marco en el que se inscribe una hermenéutica crítica, se puede recurrir como asistentes en la lectura otras aproximaciones que han tenido una afinidad electiva por la discusión de las nociones de cuerpo, sujeto y persona como fundamentales: la fenomenología, el psicoanálisis, los estudios feministas, los estudios de género, etc.


Límites y posibilidades


La investigación, por tratarse de un ejercicio etnológico documental cuya provisión empírica viene de recuentos etnográficos e históricos, tendría como sesgo estar basada en modelos discursivos elaborados por investigadores previos cuando no se trate de recuentos de primera mano que han sido textualizados por sus escribas. La relación de los etnógrafos con la experiencia de campo ha tenido variaciones en el tiempo, y sus instrumentos conceptuales orientan y a la vez reflejan esas variaciones. El análisis cultural ha tenido acercamientos y alejamientos en lo que respecta a la preferencia por el estudio de prácticas sociales concretas o de modelos normativos culturales. Estos últimos son los que más sesgan una investigación documental en un sentido negativo, ya que ésta está sobre el terreno a través de los ojos de otros, sin que pueda interrogárseles directamente acerca del grado de correspondencia entre prácticas y normas. Si bien en las últimas tres décadas la antropología y la teoría social han virado hacia un énfasis en las prácticas, las nociones del instrumento teórico que se ha pretendido caracterizar como antropológico, esto es, las diversas nociones del concepto de cultura, han adolecido de una preferencia o énfasis en modelos normativos que a pesar de las pretensiones relativistas del culturalismo, en realidad esencializan, homogenizan, ahistorizan y hacen estáticas a las culturas y quizá exageran el apriorismo de la sociedad sobre los cuerpos, sujetos y personas en tanto individuos, viéndose cegado el análisis a sus conflictos, contradicciones, divergencias, multivocalidad y heteroglosia.


Excurso


Aun cuando se habla de las infinitas posibilidades de moldeamiento o configuración que ejerce la cultura sobre los individuos, el análisis tiende a singularizar estos mecanismos que son concebidos casi como totipotentes, actuando sin manifestar fragilidades ni retrocediendo ante resistencias, endógenas o exógenas. Por ejemplo, ¿será necesario situarse dentro del lugar común culturalista acerca de la "no naturalidad" del cuerpo humano? Que éste para la antropología no es un hecho, algo dado, por la biología. Así tan categóricos nos anotamos en un culturalismo aún negativo, puesto que no afirma nada, sólo niega algo. Se le podría matizar: el cuerpo humano no sería meramente un dato biológico.


Particularismo culturalista


En principio, o por principio, para el culturalismo, el cuerpo tiene que estar fuera del dominio de lo biológico, aunque se lo mantuviera de referente o de condición material para la elaboración cultural. Sin considerar este matiz, podríamos llevar más lejos el dictum culturalista (¿no es curioso que pueda dictar algo?), pues lo "biológico", ¿qué sería primero que todo? Ello también está sujeto a elaboración, situada en el tiempo, en el espacio y en una u otra comunidad de lenguaje, cada una de ellas con su propia visión de mundo, su acontecer y devenir, sus consensos y malentendidos, sus coordinaciones y divergencias. Siendo o pudiendo ser esto así, no habría necesidad de recurrir en primer término a la historicidad de lo que se concibe como biológico, bastaría historizar la concepción del cuerpo; sería ir lejos para lo que ya de cerca se presenta complejo.


¿Existe de hecho, siempre y en todas partes, algún concepto del cuerpo? Entre la pluralidad de conceptos y representaciones que habrían de él según ese principio culturalista, bien fundado, de relativizar cada noción o categoría que se pretendiera establecer, deberíamos entre los valores posibles para la variable la nulidad, el cero, incluso el vacío, al parecer. Si así se considerara, se haría para contrariar alguna noción que vea en el cuerpo un universal, transhistórico y transcultural, siempre presente. Pero en el momento en que aceptáramos las ¿infinitas? posibilidades que por principio nos exige el relativismo culturalista, tendríamos que estar preparados para enfrentar, por haber invocado su disgusto, a quien cientista, mística, totalitaria o neciamente propusiese un planteamiento universalista de la cuestión.


No es la intención invocar este debate -a dejarlo atrás por el momento se dedican estas líneas-, porque él desviaría de nuestra atención, distrayendo nuestras fuerzas y energías, toda nuestra intención investigadora, por dirigirla a responder a alguna polémica que ha tiempo debería considererarse obsoleta o impertinente. Para no mostrar ingenuidad, podríamos apuntar que lo universal no es necesariamente inmutable (al parecer, lo contrario parece más probable: el universo estaría en movimiento, es difuso, fluído, y más bien poco conocido), que con "transhistórico" no queremos decir ahistórico y que lo "transcultural" no es obligatoriamente algo común, compartido por todos. Podrían sostenerse terceras vías, alternas o medias, como por ejemplo, que hay constantes culturales, variaciones estructuralmente finitas de margen más o menos amplio o más o menos estrecho, dependientes, correlativos o concomitantes a la finita variedad de ambientes en la que se desenvuelven los seres humanos (si se nos permite hablar de la existencia de tal colectividad), o a los constreñimentos de las funciones cognitivas emergentes de sus ciertamente finitamente variadas estructuras morfológicas organizadas por la interacción entre esos diferentes ambientes y el patrimonio genético más bien generalizado entre todas las poblaciones.


No es el punto. Llevar la discusión por esos rumbos puede probar ser irrelevante, innecesario, incluso falaz. La investigación propuesta estaría más delimitada. Para situar las coordenadas desde las que surge, se apunta que su intención es etnológica. Las etnografías bien podrían mostrar toda o buena parte de la variación posible del comportamiento y de la comprensión humanos, o todo lo que parecierera común tal como los grupos humanos se han presentado a los etnógrafos. El instrumento para la discusión permanecería el mismo. La etnología, en tanto comparación (en caso de que haya conmensurabilidad intercultural) y contrastación (que no exige medida común entre las culturas), podría tolerar bien soportar las diferencias, las divergencias, los diferendos y las desviaciones. Con la etnología se pretendería, más que llegar a conclusiones definitivas, provocar una transvalorización y una ampliación (o quiebre) de horizontes de sentido, que permitan el cuestionamiento y la crítica en tanto la puesta en acto de criterios en la búsqueda de conocimientos o entendimiento.


El problema del individuo


Una lectura de Durkheim ve en él la comprensión del cuerpo como el de un principio de individuación. El problema de la relación individuo-sociedad no es el punto ni el eje de la discusión, pero podría surgir repetidas veces, ya que la noción de individuo es una manera clásica de articular la relación cuerpo-persona, incluso identificando o confundiendo al individuo con el cuerpo y a la persona con el individuo (luego, cuerpo y persona). Esto es obviamente producto de la concepción occidental moderna del cuerpo, el individuo, el sujeto y la persona, en una relación que se ha llamado "individualismo", fundamental a esa forma de vida. Un punto que habría que mostrar es que por un lado, no se limita al occidente moderno ni que hay un único "individualismo", y por otro, que en el propio occidente moderno, sea lo que eso sea, es simplemente una de sus diferentes concepciones de la persona, no la única, no la primera ni la última (en sentido histórico), no necesariamente la más común (en sentido estadístico), quizá ni siquiera la dominante (en sentido político), pero por alguna razón, más bien ideológica (en sentido de falsa consciencia), definida como característica de lo que se concibe como occidental y moderno.


Es así importante señalar que éste no sería un trabajo sobre el individuo ni el individualismo, pero debe considerar estas nociones de manera recurrente, en tanto interfieran o se relacionen con la(s) noción(es) de persona. Bastaría señalar por el momento que la individuación es un proceso que se daría allí y en todas partes, pero los rodeos etnográficos (entre culturas), históricos (entre pasado y presente) y sociológicos (entre sectores diferentes de una sociedad) claramente registran que el proceso y su resultado no son los mismos allí ni en todas partes. Individuos hay en todas partes, pero no en todas partes el individuo es el principio manifiesto de la praxis social, el locus normativo de la agentividad. Y no todo individuo, muestra el registro, es persona en todas partes. El individuo es "persona natural" en el derecho occidental, moderno. Sin necesidad de recurrir al registro etnográfico donde aparecen como personas entidades no humanas (¿qué es ser humano?), incluso no vivientes o intangibles, el derecho occidental moderno permite también relativizar: no toda persona es individuo, dice referiéndose a la "persona jurídica", también llamada "persona moral". Esta "persona moral" sí podría encontrarse aquí, allá y en todas partes, y esto sería básico a las ciencias sociales. La "persona moral" podría ser un individuo o un grupo de ellos, una "corporación", una "sociedad"... Éste último concepto también ha de discutirse: la sociedad no sólo serían individuos, sino también sus relaciones, incluyendo sus instituciones, y éstas pueden estar dotadas de "personalidad moral". Independientemente de que se le conceda prioridad ontológica o metodológica al individuo o a la sociedad, la "persona", pudiéndose corresponder al primero o a la segunda, estaría presente, así sea en el análisis.


El problema del sujeto


Más pertinente a la noción de persona que un proceso de individuación sería un proceso de subjetivación, la formación de sujetos. Si la individuación se limitase a diferenciar o al menos singularizar individuos en tanto cuerpos sustantivos materiales distinguidos en el tiempo y en el espacio, al proceso se lo podría encontrar en especies animales o en diferentes niveles de organización de la vida. En la discusión del proceso de subjetivación se tiene que evitar, entre otras, trampas filosóficas y psicológicas que decanten hacia la biología o la naturalización ideológica de nociones culturalmente particulares, como cuando la filosofía y la psicología esencializan o naturalizan como humanas, universales y ahistóricas peculiaridades euroamericanas. El proceso de subjetivación ante todo debe ser concebido como un proceso de socialización del que emergen sujetos, se dé o no se dé énfasis en su individualidad. Antes bien, si el individuo se identificase en alguna noción como pre-social simplemente por tener un cuerpo singular (se derive o no de ello la personalidad moral), el sujeto siempre sería socializado, aun cuando se concediese que su dotación biológica le proveyera de instintos, de comportamientos preprogramados.


Que la socialización es constituyente de lo humano no lo discutiría ni la sociobiología más hueca, sea que la socialización se enfrente a los "instintos" sin éxito en su contra o con eficacia represora sobre ellos. El cuerpo y la conciencia de los individuos son colonizados por la sociedad, siendo uno de sus modos paradigmáticos la adquisión de la lengua, pero también la inscripción simbólica de los cuerpos, que se iniciaría con la asignación del sexo. En el individuo surgiría una "identidad como yo" y una "identidad como nosotros", y posibles equilibrios y tensiones, desequilibrios y distenciones entre esas identidades, de acuerdo a las pautas y énfasis de la sociedad. Quizá producto de esta subjetivación no todos los sujetos (por ejemplo, niños y mujeres) podrían aspirar a ser considerados personas, quizá los sujetos carezcan de autonomía y trascendencia, quizá algunos otros nieguen la presencia de la sociedad en ellos y que nada hay fuera de su propia existencia, pero el sujeto -consciente o no de sí mismo, de otros, de su individualidad, inconsciente o no de su socialidad- es el locus del habla, del pensamiento, del sentimiento, de la experiencia, y desde allí orienta su acción sobre el mundo, sea cual sea el grado en que deviene sujeto según lo que pudiera ser innato o lo que pudiera ser aprendido. Por ser socializado, sea cual sea la relación que esta socialización establezca con su cuerpo, el sujeto no tiene que ser idéntico a sí mismo, ni unívoco, ni plenamente consciente, dependiendo de lo que haya interiorizado -siempre heterogéneo- y cómo se haya domesticado su cuerpo. En contra del principio del derecho, el sujeto no se corresponde siempre a su enunciado, reservándose el derecho a decir "sí.... pero no...", como evidencia el psicoanálisis.


La discusión no se decanta por las críticas a la noción de sujeto, pues éstas versan sobre una noción cultural peculiar de sujeto transcedental, dotado de un yo individual autónomo, locus de la agentividad y la intencionalidad, asocial o metasocial. Antes bien la investigación propuesta supone como premisas estas críticas a una ideología de un sujeto que ni siquiera se produce en los modos de subjetivación peculiares a quienes lo han proclamado: los "occidentales modernos", quienes quieran que sean. Toda una literatura respecto a estas críticas es considerada, pero la investigación no la toma por eje. Tampoco serán eje del discusión los diferentes variaciones de dualismos entre mente y cuerpo, la identidad y la alteridad (aunque tal vez se conceda bastante crédito a las identificaciones y las objetivaciones o relaciones de objeto en el proceso de subjetivación), ni el sexo ni el género, la centralidad de las prácticas, el problema de la agencia; algunos de estos problemas de hecho inspiran la investigación, mientras que por otros hay una afinidad menor sin que esto signifique minimizarlos objetivamente. Repetidamente surgirán en la investigación y mostrarán su pertinencia. No se trata de una disminución o desdén de su importancia en la discusión, sino que se reserva un espacio investigativo posterior, profundo y más amplio, ya que con su consideración solventaría muchos déficits de la investigación que se propone.


Relevancia del enfoque etnológico


El sociologismo y las concepciones normativas de la cultura pondrían como propósito de los procesos de socialización, endoculturación, individuación y subjetivación normalizar cuerpos, sujetos y personas. Sin descartar estas funciones normativas, hay que matizar el modo, manera y producto de ellas en situación de globalización de economías de mercado, que no exigen necesariamente uniformidad, y que no sólo tolera la pluralidad sino que antes bien produce diferenciación social y radicalización de diferenciaciones étnicas, que sirven bien a los propósitos de mayor expansión de los mercados, cuyos vasos comunicantes pueden mantenerse a través de tecnologías de la información y no meramente a través de la división internacional del trabajo a la hora de colonizar a la pluralidad de sujetos. La emergencia de nuevas formas de subjetividad provee al mercado de nuevos nichos que ocupar o conquistar, si bien también ofrece nuevas posiciones desde las cuales puede ser cuestionado, contestado y desafiado.


Por estos motivos es que a pesar del sesgo que pudiera existir en las etnografías al centrar muchas veces el análisis cultural en modelos normativos, la pluralidad sugerida por ellas de visiones de mundo y de diversas prácticas corporales y de subjetivación a las que nos permitan tener acceso, no perjudican del todo al ejercicio etnológico pretendido, sino que garantizan que pueda mostrarse lo suficientemente dotado de criterios para evaluar la heterogenidad y la ambigüedad manifiestas en la aparentemente nebulosas tendencias que se perfilan en la coyuntura actual.



Vie, 12 de Oct, 2007 1:01 pm

dalegrett
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Alguien quiere echarle un vistazo a estas ideas en curso? Tema de investigación Las relaciones entre las nociones de cuerpo, sujeto y persona, desde un...
Daniel Alegrett
dalegrett
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12 de Oct, 2007
1:01 pm

Hola intente leerlo pero los "acentos inconmensurables " no me lo permitieron... tal vez si lo envías como un adjunto .doc.... plse ya que tu tema promete ...
lula peres
lula_peres
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13 de Oct, 2007
3:41 am

Por supuesto. Quienes estén interesados pueden encontrar los textos publicados aquí: ...
Daniel Alberto Alegre...
hispanido
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15 de Oct, 2007
9:31 pm
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