El ALBA desde la Glocalización
Antr. Benjamín Martínez
Los procesos orgánicos en el buen sentido gramsciano que se dan en el seno de las sociedades, originados por condicionantes sociohistóricos y propiamente culturales, delimitan el campo de acción de los sujetos, en tanto que posibilitan establecer una serie de acciones para el funcionamiento de normas e incluso su redefinición para la derivación de un orden social posible. Tal orden se legitima gracias al poder que tiene la generación e instauración intra e interpsíquicas de las ideologías a través bien de los Aparatos Ideológicos del Estado (Althusser, 1978), en tanto Sistemas Endoculturadores (CSE)[1]: Educación, Religión, Medios de Comunicación Social, por citar algunos ejemplos concretos.
Cuando se intenta abordar una realidad cultural determinada, debe pensarse la intención, si bien la misma responde a un interés transformativo o bien a un reforzamiento de la realidad que se estudia, como por ejemplo cuando se trata de proyectos de intervención comunitaria al servicio de compañías determinadas y no del colectivo. Tales intervenciones establecidas como consecuencias de orientaciones políticas determinadas, bien por parte de los Estados o bien por parte de compañías específicas e incluso centros académicos interesados en la ejecución de diversos planes “corporativistas” y no realmente científicos plurales más concretamente de
Se trata entonces de considerar de una manera objetiva cómo las sociedades, en tanto colectivos creativos y transformadores, legitiman sus procesos de significación sobre el entorno biosocial, desde la configuración de cosmovisiones específicas hasta concreciones ideológicas complejas que determinan su accionar como grupos sociales; y desde este sentido particular crear y consolidar ideologías, visualizar las dinámicas de los sistemas endoculturadores, para ver desde donde se puede transformar desde lo propio, esto es desde donde ejercer control sobre el propio patrimonio cultural (Bonfil Batalla, 1989), para dinamizar los procesos de emancipación del sujeto y posteriormente, de autodeterminación y liberación.
Ahora bien, ¿Cómo se da el proceso de autodeterminación?, existen varias formas de iniciar dicho proceso, de las cuales pueden citarse tres esenciales:
a) Educativa: Demostrando el potencial que tienen los propios sujetos de aprehender la realidad y consiguientemente de originar conciencia sobre ella y por lo tanto de su propia condición como sujetos transformadores (desideologizadores), concienciación en términos de la educación popular de Paulo Freire (2004).
b) Ideológica: Se trata de visualizar el proceso emancipador desde la propia consideración de la cotidianidad construida y elaborada desde los sujetos sociales, con el fin de explorar en esa cotidianidad, ideologías concretas, que desde la cohesión permiten orgánicamente transformar la conciencia sobre la realidad de la masa social, labor que es propia de los intelectuales (Gramsci, 1972), como sujetos conscientes de sus realidades y que por lo tanto, pueden indicar la cartografía posible (Foucault, 1978) de la emancipación.
c) Cultural: Desde el control que los sujetos sociales pueden ejercer sobre los elementos que conforman su patrimonio cultural tangible e intangible, se concreta la legitimación de las cosmovisiones propias y por lo tanto de una ideología que permite la autodeterminación de los sujetos en situaciones de imposición cultural, concretamente de colonización, lo que en términos de Bonfil Batalla (1989) se concibe como Control Cultural.
Es importante destacar que estas perspectivas convergen entre sí, pues no puede existir Control Cultural sin un proceso educativo como tampoco puede existir un proceso concientizador ajeno a la consideración del potencial transformativo que tiene los sujetos sociales y cuyo juicio crítico sobre la realidad de la que forman parte es el elemento de partida para constituirse como Intelectual con una responsabilidad indispensable para el sentido teleológico plural, participativo y protagónico de su cultura, e incluso nación.
Al abordar el potencial que poseen los intelectuales debemos entender que ese potencial se remite a una situación geocultural (Kusch, 1976) e histórica concreta y por lo tanto, a una dinámica política característica. Por tal motivo, cuando se habla de globalización se debe comprender a tal fenómeno como resultado de la expansión de un sistema cultural eurocéntrico que irradió mucho antes de 1492 la manera en cómo se fue explicando progresivamente la humanidad desde un plano científico hasta un plano netamente económico, desde el cual la humanidad e incluso la misma historia se ha llegado a declarar ausente, como lo ha hecho el soporte ideológico permeado desde la posmodernidad, incluso cuando muchos “países periféricos” aun luchan por alcanzar el ideal Moderno.
La globalización es potenciada por la propia dinámica económica mundial y no necesariamente como un resultado de las propias dinámicas geoculturales tanto “céntricas” como “periféricas”, y al abordar los diversos mecanismos sociopolíticos que tienen esas particularidades culturales por participar del juego económico que deriva en la política mundial liderizada por los “países céntricos”, debe entenderse como resultado de las luchas por la autodeterminación de los derechos humanos, a la diferencia cultural que se pretende homologar como una cultura única (la del capitalismo) y que como proyecto histórico se deseo por mucho tiempo instaurar en los Estados Nacionales como mestizaje cultural, racial, etc.
En la actualidad, cuando el término raza se ha demostrado que no puede aplicarse para determinar las diferencias culturales y que dentro de esa intención ideológica colonial del mestizaje se comprobó, gracias a las luchas constantes por la autodeterminación y consiguientemente de la descolonización, que no explica las particularidades étnicas legitimadas como tal, en cuanto a la vigencia de sus propias cosmovisiones, de sus propios derechos consuetudinarios y en definitiva de sus propias dinámicas políticas; más que nunca resulta vital la trascendencia de una genuina articulación de estas particularidades étnicas que bien se pueden visualizar en los movimientos ambientalistas, de resistencia, de autodeterminación cultural y concretamente de descolonización.
Tales movimientos, entendidos como estrategias locales plurales, desde
El ALBA, considerado como una estrategia glocal, propia de un proyecto político integrador latinoamericano, y desde una interpretación economicista como una estrategia “periférica”, permitiría la redistribución de las riquezas naturales y manufacturadas en los contextos geoculturales que luchan por su propia autodeterminación, y desde donde el intercambio social, cultural y económico sea realmente desde un interés humano por lo humano, posee dentro de una de sus puntos más importantes: el desarrollo desde las propias dinámicas culturales, esto es, un desarrollo endógeno contrario incluso al desarrollo autogestionado proclamado e instaurado por el Banco Mundial en los países en “vías de desarrollo”, un desarrollo que al ser “a imagen y semejanza de los países céntricos” se torna imposible de alcanzar, pues esos países se valen de los recursos de los “periféricos” para poderse
mantener como potencias mundiales y al verse amenazadas sus economías recurren a la guerra, bastión patriótico, en tanto ideológico, del gobierno norteamericano, principal líder contemporáneo de los conflictos bélicos mundiales.
Esa Alternativa, no sólo es económica, social y cultural, en tanto alianza entre países, sino también militar para contrarrestar, el potencial bélico inimaginable que poseen los países imperialistas como Inglaterra, Francia y Estados Unidos, principalmente, siendo vital la integración latinoamericana como hace más de 100 años lo concibiese e incluso diseñase el Libertador Simón Bolívar, en momentos cuando la globalización estaba aun en sus orígenes y por lo tanto, la glocalización en tanto resistencia a la dominación colonial imperialista en ese momento, al igual que ahora, euro y anglocéntrica, aunque mucho más esto último.
Entender el ALBA desde
Referencias citadas:
· Althusser, 1978. Ideología y Aparatos Ideológicos del Estado. Ediciones Pepe. Medellín, Colombia.
· Bonfil Batalla, Guillermo 1989. La teoría del control cultural en el estudio de procesos étnicos. Arinsana, Nro 10. 1989.
· Foucault, Michel 1978. Microfísica del poder. Trad. De Varela, Julia y Alvarez -Uría, Fernando. Edic. de
· Freire, Paulo 2004. La educación como práctica de la libertad. Edit. Siglo Veintiuno. México D.F., México.
· Kusch, Rodolfo. 1976. Geocultura del hombre americano. S/e. Buenos Aires, Argentina.
· Martínez, Benjamín 2004a. Viejos puentes vs nuevas fronteras:
· ------------------------- 2004b. Cosmovisión, ambiente y desarrollismo periférico: nuevas tendencias glocales en el ambientalismo contemporáneo. Trabajo presentado en el II Simposio Ambiente y Desarrollo. Jornadas de Investigación de
· Thompson, Grahame 1999. Situar la globalización. Revista Internacional de Ciencias Sociales. Nro 160 Junio 1999. Doc. En línea: http://www.unesco.org/issj/rics160/thompsonspa.html
[1] Por Sistemas Endoculturadores, se entenderán los Aparatos Ideológicos de uno o varios Estados dentro de dinámicas interculturales que permiten la incorporación consciente o no de una cosmovisión diferente a la propia y de cuya articulación resulta un proceso de resemantización de los elementos culturales ajenos y propios que intervienen en la consolidación de nuevas prácticas cotidianas.
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