----------- Mensaje Original --------------
De: Natalia Díaz [natadil@...]
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Asunto: homenaje a Cruxent
Fecha: 03/04/2005 18:15:59
Mensaje:
Valencia, 3 de Abril de 2005
Jose María Cruxent, el último expedicionario
Natalia Díaz Peña
Fotos: Sandro OramasA su llegada a Venezuela en 1939 realizó excavaciones arqueológicas en las cercanías del Lago de Valencia y sus hallazgos fueron donados al Museo de Ciencias. Después de un largo recorrido vital, durante el cual recibió reconocimientos internacionales y nacionales, falleció el pasado 24 de febrero en la ciudad de Coro. Por ser uno de los más importantes pioneros de nuestros estudios arqueológicos invocamos el recuerdo de su vida y obra contra el silencio y el olvido.
"Trota patria, trota bosque, trota ríos y trota selva", así definió Alfredo Boulton al multifacético José María Cruxent, seguramente uno de los personajes más importante del siglo XX en Venezuela. Su rol abarcó diversas áreas: educador, arqueólogo, investigador, expedicionario, pintor y quizás una de sus caras menos conocidas: museólogo.
De hecho, el crítico y museógrafo Miguel Arroyo confiesa que su interés hacia el mundo prehispánico, florece del encuentro con Cruxent, cuando ambos coincidían en su papel de directores de museos en la década del cincuenta. En el Museo de Ciencias, durante esta época, se exhibía de forma permanente la arqueología de Venezuela. Miguel Arroyo nos cuenta: "En la sala principal habían dos grandes vitrinas, y fuera de estas salas habían vitrinas angostas, llenas de arte prehispánico, pero no pegadas a los muros. Porque ese era el amor de Cruxent, tenía que mostrarlo de manera que se apreciara en su totalidad. Después fue que empezó a ser el Museo de Ciencias más de ciencia que de arqueología".
La reflexión sobre el problema de la exhibición en los museos y la importancia de la participación de los visitantes con el resultado del trabajo científico, llevó a Cruxent a realizar uno de los primeros ensayos sobre teoría museológica que se han escrito en nuestro país. Y que además fue presentada en el 50 Encuentro Nacional de la Asociación Americana de Museos, realizado en Washington, en 1955. Un planteamiento innovador para la época, si tomamos en cuenta que en Venezuela, durante la década de los ochenta, fue cuando se comenzó a teorizar sobre la asistencia del público al museo. Pero aún más, Cruxent ya reclamaba algunas de las postulaciones que forman parten de la nueva museología. Me refiero a la participación del individuo con la exhibición, la importancia de la documentación y la eliminación de la vitrina de manera que el visitante se sienta parte integrante del ambiente, con el añadido de una dimensión más psicológica. En sus propias palabras: "El objeto arqueológico en sí, que era lo único buscado en los orígenes de las excavaciones, hoy tiene sólo un valor relativo o nulo en veces si no va acompañado de todo su historial, del resultado de los estudios del conjunto de hallazgos y la interpretación de la interrelación existente entre todos los objetos descubiertos. Este es el único medio que nos permite la reconstrucción del pasado y por consiguiente un conocimiento mucho más amplio y profundo del que podría suministrarnos una pieza de coleccionista por valiosa que fuere: se logra además el sentir de ese pasado".
Consciente de la importancia de la totalidad del contexto arqueológico, decidió donar al Museo de Ciencias, la colección que a su vez le había concedido Leopoldo de Bélgica, en agradecimiento por la Expedición que realizaron en µfrica en 1950. Hoy es la única colección de arte etnográfico africano que existe en Venezuela, aunque no se exhibe desde 1967.
En este sentido, una de sus facetas más relevantes fue precisamente la de explorador. Y entre las expediciones más importantes, incluso considerada por él, fue la realizada en 1951, en las fuentes del Orinoco. Un equipo dirigido por el teniente coronel Franz Risques, determinó la exactitud de la frontera entre Venezuela y Brasil, en el punto donde se separan las aguas del río Branco y el río Orinoco. Además de recopilar información para el conocimiento de la cartografía, grupos étnicos, especies vegetales, animales y minerales del país, hizo posible la incorporación de cuatro mil kilómetros cuadrados al Territorio Nacional. Entre muchas otras expediciones, destaca la realizada en 1957 cuando remontó el cerro Colorado de la sierra de Périja en el Zulia pasando el territorio de los "temidos" motilones, con la intención de llegar a las fuentes donde nace el río Guasare.
Su inquietud por conocer el pasado lo condujo a recorrer prácticamente toda Venezuela, de cuya investigación arqueológica junto con el norteamericano Irving Rouse, lograron publicar en 1958, el primer compendio cronológico y panorámico de la arqueología prehispánica de Venezuela, hasta ahora no superado. Su interés por el tiempo prehistórico venezolano lo llevó en 1961 a la zona de Falcón, en el pueblo de Tara Tara, donde descubrió uno de los sitios arqueológicos más importantes de Venezuela y del mundo: el yacimiento de Taima Taima, considerada por los especialistas con una antigüedad de 15.000 años antes de Cristo. Lo interesante es que la datación no solamente corresponde con fósiles de megafauna y restos botánicos, como el asociado a contenidos estomacales de unos de los mastodontes encontrados, sino que también se ha hallado en el lugar herramientas realizadas por humanos y que por sus características difieren de la tradición tecnológica de los cazadores norteamericanos. Esto se traduce en un cuestionamiento a la teoría que el hombre americano llegó por el Estrecho de Bering. Los nuevos hallazgos sugieren que los inmigrantes vinieron por tierra y mar desde diversas regiones de Asia, e incluso Europa.
Preocupado por la perdurabilidad de los objetos, la formación de los antropólogos venezolanos y la actualización en los planteamientos e investigaciones, participó activamente en los comienzos de la Escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela. Formó el departamento de antropología del IVIC, con la instalación del primer laboratorio para la datación con el método de Carbono 14 en Latinoamérica, hoy por cierto fuera de funcionamiento, así como el Centro de Investigaciones Arqueológicas, Antropológicas y Paleontológicas de la Universidad Francisco de Miranda (CIAAP), en la ciudad de Coro.
Ampliamente apreciado y respetado por científicos nacionales e internacionales, miembro activo de una veintena de instituciones, en este breve esbozo de su vida, las palabras son insuficientes para subrayas el aporte que brindó a nuestro país en el campo científico y humanístico. Sirva este sentido reconocimiento para recordar a quien fuera el último gran expedicionario de Venezuela.
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"Trota patria, trota
bosque, trota ríos y trota selva", así definió Alfredo Boulton al
multifacético José María Cruxent, seguramente uno de los personajes más
importante del siglo XX en Venezuela. Su rol abarcó diversas áreas:
educador, arqueólogo, investigador, expedicionario, pintor y quizás una de
sus caras menos conocidas: museólogo.
Su inquietud por
conocer el pasado lo condujo a recorrer prácticamente toda Venezuela, de
cuya investigación arqueológica junto con el norteamericano Irving Rouse,
lograron publicar en 1958, el primer compendio cronológico y panorámico de
la arqueología prehispánica de Venezuela, hasta ahora no superado. Su
interés por el tiempo prehistórico venezolano lo llevó en 1961 a la zona de
Falcón, en el pueblo de Tara Tara, donde descubrió uno de los sitios
arqueológicos más importantes de Venezuela y del mundo: el yacimiento de
Taima Taima, considerada por los especialistas con una antigüedad de 15.000
años antes de Cristo. Lo interesante es que la datación no solamente
corresponde con fósiles de megafauna y restos botánicos, como el asociado a
contenidos estomacales de unos de los mastodontes encontrados, sino que
también se ha hallado en el lugar herramientas realizadas por humanos y que
por sus características difieren de la tradición tecnológica de los
cazadores norteamericanos. Esto se traduce en un cuestionamiento a la
teoría que el hombre americano llegó por el Estrecho de Bering. Los nuevos
hallazgos sugieren que los inmigrantes vinieron por tierra y mar desde
diversas regiones de Asia, e incluso Europa.