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Cazadores-recolectores tempranos en las ocupaciones precerámicas d   Lista de mensajes  
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Universidad Central de Venezuela
Facultad de Ciencias Económicas y Sociales
Escuela de Antropología
Departamento de Arqueología, Etnohistoria y Ecología Cultural
Seminario Proyecto Quíbor
Jueves 15 de abril de 2004
Cazadores-recolectores tempranos en las ocupaciones precerámicas de Quíbor y sus vecinos

 

La hegemonía relativamente incontestada durante las primeras décadas del ejercicio profesional de la arqueología en Venezuela, esquematizó a los restos de grupos humanos de economía predominantemente cazadora-recolectora como precerámicos y en su estadio tecnológicamente “más primitivo”, el de cazadores especializados de industria lítica, los ubicó en la época paleo-india, dependiendo en su concepción de una versión simplificada para las Américas del paleolítico del Viejo Mundo (o al menos de su parte media a terminal, puesto que los americanos no podían permitirse el carácter añejo de los últimos paleoántropos y los primeros neoantrópos, que para los 1950, eran precisamente más europeos que asiáticos o africanos).

 

El esquema caracterizaba a los primeros americanos como veloces pobladores dedicados a la caza especializada de grandes animales pleistocénicos, a los que habrían seguido en sus migraciones estacionales desde el noreste de Asia durante la última gran glaciación, hace 15.000 años. Fue así como los artefactos líticos, preferiblemente como puntas de proyectil asociados a restos de megafauna, se convirtieron en el indicador arqueológico de los paleo-indios. El esquema tipológico era evolucionista mecánico y unilineal en fusión con el difusionismo característico de la escuela normativa dominante en la arqueología profesional de los Estados Unidos, dando primacía temporal y cultural a los paleo-indios norteamericanos, de cuyas puntas tipo Clovis podían derivarse todos los complejos tecnológicos hallados al sur del Río Grande, legitimando una situación de dependencia incluso desde la prehistoria.

 

Sin embargo, serían los continuadores de esta tradición teórica en Latinoamérica, y con notoriedad en Venezuela, quienes ofrecerían los primeros intentos de contestar al paradigma Clovis, con evidencias de poblamiento más temprano y de tradiciones tecnológicas posiblemente independientes. En Venezuela, al establecimiento de tipologías de artefactos líticos, resultante en la serie Joboide, siguió la búsqueda de asociaciones con megafauna que podían ser fechadas absolutamente. La sorpresa vino de la última comida herbal contenida en el estómago de un joven mastodonte en cuya cavidad pélvica se halló un fragmento de punta Joboide: la caza de grandes herbívoros en Taima-Taima arrojó la edad de 14.000 años, bastante anterior a los 11.500 años de Clovis, que admitía las puntas cola de pescado sudamericanas de 9.000 años. Con mucha resistencia del Establishment, era acumulada la evidencia parcial de un poblamiento interglacial, o al menos anterior al pleistoceno tardío del modelo Clovis. Eran dudosos los 16.000 años de Muaco. Pero los yacimientos paleoindios venezolanos, incluyendo Cucuruchú en Falcón y Manzanillo en Zulia, no serían los más antiguos: Pedra Furada, en Brasil, arrojaría unos bastante desconfiados 40.000 años de antigüedad.

 

Cruxent y Rouse propusieron una secuencia evolutiva para la serie Joboide que se iniciaba con un “estadio pre-puntas de proyectil”, al menos de pre-puntas líticas, puesto que suponían la existencia de una suerte de “manufactura osteodontoquerática” para las ausentes puntas del Complejo Camare, cuya piedra presentaba choppers. En Las Lagunas se incluían puntas lanceloadas. En el Complejo El Jobo aparecían las puntas foliáceas y lanceoladas como especialización a la caza de megafauna, y tras su extinción, Las Casitas se armaría de arco y flecha de pequeñas puntas resignadas a la caza menor.

 

Si bien se podía desafiar la cronología académicamente aceptada, persistía la concepción del paleo-americano exclusivamente carnívoro a la cola de los grandes animales. Posteriormente, recibiría embates el modelo de cazadores especializados en megafauna como exponentes de ajustada adaptación al pleistoceno tardío y holoceno temprano, especialmente de la irónicamente adaptacionista Nueva Arqueología (el papel de la analogía etnográfica, a través de la “etnoarqueología”, en la erosión de la vieja concepción no puede ser desdeñado).

 

Un primer enfoque, el tipológico, legitimaba y creaba dependencia del paradigma dominante Clovis, en cuanto las industrias sudamericanas eran concebibles morfológicamente como derivadas de industrias norteamericanas. Un segundo enfoque, cronológico, operando a través de las asociaciones lítica-megafauna, desafíaría el modelo Clovis de poblamiento rápido glacial pleistocénico, alejando las fechas para la lenta colonización del continente y permitiendo no sólo el surgimiento americano y no paleosiberiano de la tecnología cazadora, sino también la independencia tecnológica de América del sur con respecto al norte. Un tercer enfoque, funcional, podría permitir corroborar que no sólo el poblamiento temprano no exigía cazadores ya especializados provenientes de Siberia o Norteamérica, sino que, con su perspectiva sistémica, arrojaba fuertes dudas acerca de semejante concepción estrecha de las actividades de subsistencia de los primeros americanos como adictos a la carne de mastodonte, megaterio y gliptodonte.

 

En la región de nuestro interés, ensayos tipológicos para la economía de cazadores-recolectores conciernen a Falcón y a Las Mesas [Los Tres Cruces] en Lara. Las cronologías basadas en la asociación de materiales líticos con megafauna en Taima-Taima, Muaco, Cucuruchú (desde una perspectiva histórico cultural de Bryan, Cruxent y asociados), Las Mesas [Los Tres Cruces], y El Vano, siendo éste y Los Tres Cruces estudiados desde una perspectiva ecológico-sistémica por Jaimes, que inicia los análisis funcionales de áreas, donde continuará Vierma. El enfoque interpretativo del materialismo histórico de Sanoja y Vargas, modelo explícitamente intencionado como alternativa latinoamericana a las concepciones norteamericanas, propuso la formación económico-social de los cazadores-recolectores, reinterpretando los datos de Cruxent y asociados, y trabajó en el sitio superficial Monte Cano, Paraguaná, por medio de Rodríguez y Morgantti, interesados también en establecer sectores espaciales más allá del análisis y la comparación tipológicos.

 

El materialismo histórico, como crítica de la economía política y uno de los constructos teóricos cimeros de la “Modernidad”, no es nada distante de una concepción productivista y recursivista de un enfoque sistémico o ecológico cultural, concibiendo el paisaje y la naturaleza como recurso a ser transformado (apropiado, producido o reproducido) por el hombre a través de la tecnología.

 

Esta visión recursiva del espacio y la naturaleza caracteriza el estudio funcional(ista) por Jaimes de uso del espacio, es decir, la determinación de áreas de actividad, que mostraría estadísticamente que los sitios especializados, unifuncionales y visitados estacionalmente, dedicados a la cacería, matanza y destazamiento de las bestias pleistocénicas, eran minoría frente a las áreas contemporáneas multifuncionales y ocupadas por períodos más largos o semipermanentes. También se mostraba la diversidad ecológica y microambiental de las regiones ocupadas dentro de las tres grandes provincias bioclimáticas del noroccidente de Venezuela, quizá aún más ricas en el pasado según las evidencias paleoclimáticas más benignas, junto con una variada provisión de materias primas para la tecnología.

 

La concepción de cazadores especializados cedía ante un modelo de cazadores-recolectores generalizados que estacionalmente aprovechaban la presencia de megafauna. Jaimes (1996) planteó para Lara tres conjuntos (“componentes” en 1999) arqueológicos, capaces de sostener una secuencia evolutiva no exactamente tradicional, ya que la economía cazadora recolectora nunca era enfáticamente especializada, sino oportunista, diversa y generalizada

 

El conjunto Los Tres Cruces, homólogo al Complejo Las Lagunas de Falcón, incluía puntas lanceoladas de hasta 30 cm, siendo el sitio (previamente llamado Las Mesas) un área multifuncional de uso continuo, utilizada como cantera-taller. El conjunto Joboide, presenta puntas lanceoladas y folifáceas, correspondientes a lo que se había estimado como prototípicas para el cazador especializado, pero su presencia en Los Planes (de Giosne y de El Guayabo) correspondía a sitios multifuncionales de uso recurrente, y La Hundición y El Vano, pese a presentar evidencias de caza de megafauna, tales como un megaterio con señales de destajamiento con una edad “mínima” de unos 10.710 años, correspondían a sitios solamente semiespecializados. Los Planes de Giosne y La Hundición también evidencia el conjunto Giosne, con puntas de cola de pescado de 3 a 10 cm dedicadas a la caza menor, tras la desaparición de la megafauna.

 

Los sitios de Paraguaná, Siraba y Cayude, donde se presentan puntas cola de pescado, El Jobo y Clovis, por su cercanía al mar y puntos de agua dulce, podían prescindir de estos animales, pues Jaimes plantea que el uso de madera y hueso, la recolección y la caza menor estuvieron presentes en todo momento en el noroccidente venezolano: la dedicación a la caza mayor era estacional y estos cazadores recolectores no fueron dependientes de los grandes herbívoros para obtener proteína, quizá practicando incluso la conservación de alimentos antes de la extinción de estos, que tal vez abarataban costos y fatigas como complemento estacional en lugar de constituir el recurso principal.

 

El bajo número de sitios especializados revela un “patrón de movilidad de logística generalizada”, siendo la especialización meramente sectorial, local o incluso individual. Esto garantizaba la interpendencia entre los miembros de los grupos de cazadores-recolectores diversificados y aun lo que podríamos llamar una “producción de excedentes simbólicos” previa a la producción económica material, que permitía el ejercicio de la solidaridad del grupo desde su superestructura ideológica. Esto eliminaría la necesidad de la fisión grupal cada vez que la caza especializada era ecológicamente insostenible debido a la presión demográfica del aumento de consumidores frente al oligotrofismo. Esto permitiría el aumento de conocimientos socio-ambientales de los grupos de cazadores-recolectores para una óptima adaptación, una mayor circunscripción territorial y la diversidad en la división del trabajo, y eventual y posiblemente, organizaciones sociales más complejas.

Bibliografía

Jaimes Quero, Arturo (1996): Visión crítica sobre la arqueología de cazadores-recolectores en el Occidente de Venezuela: bases para una reinterpretación. Boletín del Museo Arqueológico de Quíbor 5: 37-62.

--------------(1999): Nuevas evidencias de cazadores-recolectores y aproximación al entendimiento del uso del espacio geográfico en el noroccidente de Venezuela: sus implicaciones en el contexto suramericano. Arqueología del Área Intermedia 1: 83-120.

 

 



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