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QUE NO ME TOQUEN... LOS GENES
OJO! CON EL RACISMO DISFRAZADO.
El hombre no está lo suficientemente consciente de la pequeñez y la
fragilidad del mundo del que forma parte, de su propia
insignificancia. De Aristóteles a Einstein, pasando por Ptolomeo,
Copérnico, Galileo y Newton, se ha pasado de una visión geocéntrica
del universo a una visión heliocéntrica, luego al relativismo, a la
gran explosión inicial (bing-bang) y a la expansión del universo
(...)
En la época posteinsteiniana, el hombre occidental, a pesar de sus
conocimientos, posee una visión esencialmente geocéntrica,
antropocéntrica y etnocéntrica: sólo concibe el mundo físico y social
inmediato y, como rara vez mira más allá, saca una seguridad ilusoria
de esta estrecha visión; de allí, tal vez, su delirio de destrucción,
su intolerancia frente a todo lo que difiere de su propio medio, su
odio por la naturaleza.
En todas partes la intolerancia impera bajo diversas formas (incluido
el racismo), agravada por la crisis planetaria en la cual nos
encontramos: escasez de materias primas, escasez de alimentos, daños
tecnológicos,sobrepoblación, hambruna, pérdida de valores y de la
antigua sabiduría.
Se extiende la sombra del totalitarismo, y en todas partes las
libertades individuales son limitadas o suprimidas en nombre del
interés del Estado, del poder establecido.
La burocracia, nuevo leviatán, prolifera omnipresente y omnisciente,
incluso en las democracias. Al suprimir las últimas civilizaciones
distintas a la nuestra, alcanzaremos los extremos de nuestra
expansión, extenderemos nuestros males a las últimas regiones aún
intocadas y nuestra madre, la naturaleza, sufrirá todavía más
agresiones.
La aparición de los primeros homínidos se remonta a tres o cuatro
millones; el Homo sapiens sapiens, única especie que ocupa la tierra
actualmente, apenas tiene cincuenta mil años de existencia, tiempo
ínfimo en la escala del universo. El cerebro humano es el resultado
de una evolución que va desde el reptil hasta el Homo sapiens, y su
estructura escalonada lleva la huella de esta evolución.
¿Dónde se origina nuestra disfrazada intolerancia?
Una historia muy larga prueba que la ciencia jamás es inocente.
Todo lleva a pensar que el complejo cultural es una proyección
externa del cerebro; sin embargo, escribe el profesor Changeux
(1983), se está creando una profunda desarmonía entre el cerebro del
hombre y el mundo que lo rodea.
Médicos, psicólogos, y psiquiatras están en diferentes países al
servicio de los verdugos. El científico trabaja para el Estado que le
paga.
El Premio Novel, prestigiosa consagración científica, ha sido a veces
otorgado a notorios racistas.
El científico también es un hombre, dotado de un cerebro imperfecto
legado por la evolución: tiene prejuicios.
La idea del racismo y el darwinismo social encontraron en el pasado,
y todavía tienen, ardientes defensores entre ilustres científicos. En
nuestros días trata de imponerse una tecnocracia biológica. Muchos
científicos dicen al respecto más de lo que deben, dada la limitación
y la fragmentación de su saber. Algunas teorías supuestamente
científicas están llenas de presupuestos ideológicos y, hasta no hace
mucho, casi toda la antropología física sostenía explícita o
implícitamente la idea de raza.
La ideología del darwinismo que justifica la eliminación de los
grupos humanos más débiles por los más fuertes y de la carencia de
los recursos naturales, están trabados en una fuerte competencia
donde los mejor dotados triunfan y los demás desaparecen. Darwin no
hace más que proyectar al campo biológico la situación sociológica y
política que prevalece en su época, (1874). Es la época del
triunfante colonialismo europeo.
Para terminar, citamos a F. Lorenz, otro Premio Nobel, quien en 1940,
cuando triunfa el nazismo en Alemania, defiende "científicamente" las
ideas racistas. Los herederos contemporáneos de los pensadores del
racismo se reconocen en la sociobiología y en sus émulos de las
ciencias sociales.
Es poca la distancia que separa la imposible objetividad y los
extravíos ideológicos: la elaboración de la ciencia está muy lejos de
tener la pureza que se quiere atribuir, siendo casi natural la
recuperación política desemejantes ideas. La idea de una ciencia
completamente inductiva es un mito peligroso. Los expertos en todos
los terrenos sólo tienen conocimientos muy relativos, muy parcelados,
y además no están de acuerdo entre ellos mismos. Una investigación
efectiva, la elección de un tema, los métodos empleados,la
interpretación de los resultados, todo, a cada nivel, se apoya
siempre en opciones metacientíficas. La magnitud de los recientes
adelantos científicos debería conducirnos a una mayor sensatez y
modestia, y también a una mayor tolerancia. El hombre sospecha de la
inmensidad del universo, se ha vuelto capaz de manipular los genes y
pronto podrá actuar, cada vez más sutilmente, sobre el cerebro.
¿Qué superhombre vamos a tener la tentación de crear?.
¿De qué nuevos medios vana disponer los poderes?.
Ya estamos en capacidad de autodestruirnos. Todo nos demuestra que la
gracia que nos permite existir está ligada a condiciones frágiles y
pasajeras. Sabemos que la supresión de las barreras entre pequeños
grupos elimina la posibilidad de experiencias evolutivas susceptibles
de asegurar a la especie la oportunidad de un nuevo comienzo, de
sobrevivir a un cataclismo de gran envergadura.
¿Acaso debemos desaprovecharla?. Tenemos que proteger la diversidad
biológica y cultural y convencernos de que en nuestro mundo cruel,
cualquier forma y cualquier manifestación de la vida, es decir, todas
las formas culturales, deben poder perpetuarse porque ameritan
respeto y protección. Se trata de nuestro propio interés, no podemos
negar nada de lo que existe.
Jacques Lizot Colegio de Francia
(Extracto de la introducción de la monografía Nº 35)
Fundación La Salle de Ciencias Naturales Instituto Caribe de
Antropología y Sociología Monte Ávila Editores, CA.Caracas,
Venezuela, 1988
Juan Carlos Vázquez Castro (Yanka)
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Jue, 12 de Feb, 2004 7:50 pm
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