No es mi intención abogar por nadie, porque creo que muchos atacados
suelen tener suficiente agencia como para defenderse por sí mismos.
También creo que he hecho explícito suficientes e insistentes veces
que no soy ni me permitiré ser acólito, cortesano ni adulador de
ningún profesor, y eso me ha ganado la infantil inamistad de cantidad
de profesores de la escuela muy y demasiado acostumbrados a tener un
séquito de jalamecates y "yes-men". He protestado a veces de manera
superior a mis fuerzas.
Esta política de no acatamiento a los caprichos profesorales,
humildemente, la he basado en razones estrictamente político-
teóricas, y jamás en razones ridículamente personales (aunque
cieramente las izquierdosas tienen razón en que lo personal es lo
político). Por lo tanto, creo que mi posición es estar más cerca del
pie del cañón que del calzado o de la entrepierna de alguien
revistido por sí mismo de autoridad.
Cuando recibí este correo, esperaba, ingenuo yo como siempre,
encontrarme con una muy sesuda discusión antropológica por parte del
autor de "Magia y religión en la Venezuela contemporánea". Y me
encuentro con un acto de "patanería".
Creía que un Dr. en Etnopsicología, discípulo de tantos antropólogos
franceses renombrados y solicitados como la última Inca-Cola de
Atacama podría tener una muy sagaz perspectiva respecto a lo
significativo del traslado de la estatua de María Lionza y de su
posible impacto sobre los devotos del culto y sobre
el "antropopaisaje" de Caracas. Resulta que me encuentro con alguien
cognitivamente incapacitado para distinguir la esfera de las necias
rencillas personales nacidas de una conciencia intranquila y
finalmente a-sociable, de la esfera de la discusión y el debate de
ideas y teorías. O al menos se pudo haber hecho el intento de
disfrazar el conflicto personal bajo ropajes de academicismo.
Creí una vez más, aunque con edípicas sospechas, que un ahijado de
mis abuelos paternos podría tener, en razón de que el compadrazco y
el apadrinamiento no se otorgan ni se reciben gratuitamente, algun
aire de familia con el complejo ético-moral que se me inculcó. Me
encuentro profundamente enajenado de lo que conozco y de lo que son
mis expectativas.
Creí aquellas cosas porque quise ofrecer confianza y no dejarme
llevar por las sospechas que levanta el comportamiento del que
deviene político y funcionario en lugar de académico y científico.
Estábamos prevenidos por el claro ejemplo de los despotricamientos en
contra del "post-modernismo" y contra el "cerebro triúno" de otras
antropólogas, que luego eran rematados con la aceptación de la
tutoría de la tesis doctoral y el prólogo a la publicación de quien
era despotricada.
Sospechaba, sabía, que cada vez que se me decía "chapeau" o "muy
bueno tu escrito", recibía y recibiría un trancazo proximamente. Si
nadie aplaude, malo; si el necio aplaude, peor. A comportamiento de
carricito, hagamos botellita de jerez. Y así, que el insulto de quien
ha pisado Berkeley y luego renegado de él, cual escupitajo por parte
de un fariseo a algún nazaraneo, debe ser recibido como *piropo*.
Que la Profesora B se lo tome de este último modo.
--- En antropologia-ucv@..., "gmartin@c..."
<gmartin@c...> escribió:
>