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¡BANZAI! INVASIÓN JAPÓN II   Lista de mensajes  
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Empecemos por lo básico. La tra­ducción de manga es, literalmente y según el diccionario, "imágenes invo­luntarias", pero, a nivel popular, un manga es cualquier tipo de tebeo japo­nés. En el país nipón, el concepto de cómic es bastante distinto al que se tiene en occidente. En Japón, cualquier persona, de cualquier edad, condición y clase social, lee cómics... porque los hay para todo el mundo. El manga es un tebeo de lectura rápida y de consumo aún más rápido, del cual a España llega tan sólo un tanto por ciento ínfimo de lo que se produce en su país de origen, y generalmente son de tipo juvenil o eróti­co. Resulta difícil encontrar por aquí mangas de oficinistas, jubilados o seño­ras de la limpieza, pero estos mangas, como las meigas, haberlos haylos.
Los manga son fácilmente reconoci­bles. Suelen ser en blanco y negro, raramente hay historietas coloreadas, con unos dibujos a simple vista muy infantiles, sin rasgos orientales, de ojos y cabeza grandes y con unos cuerpos que oscilan entre lo andrógino total o los atributos hiper desarrollados, es de­cir, en caso de las chicas, curvilíneas y neumáticas heroínas y en caso de los chicos, músculos por doquier. Pero para ser sinceros, los héroes mas­culinos de pectorales y abdominales como una tabla de lavar son los menos. Por regla general los dibujos manga son totalmente opuestos a los típicos cómics de superhéroes ameri­canos, véase Spiderman, Pa­trullas X y demás, en los que prima el hiperrealismo y el color, y claro está, los héroes y heroínas con músculos hasta en las cejas. Aunque últimamente, en plena era de Internet, globalización y multiculturali-dad (ah, la tele que ha hecho mucho daño que diría mi abuela!) se ha obser­vado una "mezcla" de estilos. Es fácil reconocer influencias japonesas en los comics americanos de superhéroes, o en los nuevos dibujantes de tebeos españoles. Pero para poder hablar con conocimiento de causa sobre el manga, lo mejor es indagar en la his­toria, descubrir los orígenes de una fiebre amarilla que está sacudiendo el mundo del cómic.
Las primeras "viñetas" que se tienen constancia son del siglo XI, y son unas caricaturas de animales realizando acti­vidades humanas, en actitudes humo­rísticas, que se atribuyen a un sacerdo­te llamado Toba. Las caricaturas, mu­chas veces con motivos eróticos, fue­ron muy frecuentes hasta el siglo XIX y serían denominados Ukiyo-e, en el perí­odo denominado Edo.
Unos de los autores de estos Ukiyo-e, Hokusai Katsushika, fue el que popu­larizó el término "manga", que resulta de la unión de dos "kanjis" (la escritura japonesa] que querían decir: Man -irresponsable y caprichoso y ga - dibujo o garabato. Como dato curioso, decir que los mordaces dibujos de Hokusai tuvieron una gran influencia en pintores como Monet o Toulousse-Lautrec, ya que en el XIX el arte japonés estaba muy de moda en Francia.
Fue precisamente a finales del siglo XIX, cuando en Japón se empiezan a recibir las primeras influencias de la "cultura occidental" y con ellas la expan­sión de la historieta. Rakuten Kitaza-wa, caricaturista satírico de la época, fue el primero en utilizar el formato de tira cómica y creó la primera revista cómica japonesa "Tokio Puck", revista satírica con textos en japonés, chino e inglés. El cómic empezaba a tomar for­ma, aunque en un principio servía como vehículo de crítica al poder.
El siglo XX es la época del nacimien­to del primer superhéroe, puede que a nivel mundial, incluso antes del Super-man americano. Por los años 30, Ichiro Suzuki y Takeo IMagamatsu crean Ogon Bat, una especie de semidiós jus­ticiero que derrotaba a las fuerzas del mal con la ayuda de sus superpoderes. Este personaje sería tan famoso que "reaparecería" después de la segunda guerra mundial, en los sesenta y en los años setenta.
La Segunda Guerra Mundial mar­caría toda una etapa en el manga. Es el principio de la politización de la historie­ta. Proliferan los cómics de samurais cargados de honor, deber, nacionalismo y lealtad... todo un llamamiento milita­rista ante la inminente guerra. Durante el conflicto bélico los tebeos tomaron un giro aún más patriótico, y los cómics narraban las "hazañas bélicas" del e-jército japonés, Las bombas de Hiro­shima y Nagasaki y la capitulación del emperador japonés provocaron un pa-rón en la producción de este tipo de cómics. Se impuso una censura tan brutal en la historieta que se abrió un nuevo período, con nuevos personajes, nuevas historias y planteamientos.
Osamu Tezuka [1926 - 1989) fue el artífice de esta revolución del manga. Si se habla de la historieta, hay un antes y un después de Tezuka. Considerado co­mo "el dios del manga", fue el que dotó a este tipo de cómic del sentido narrati­vo tal y como lo conocemos actualmen­te y de la estética de ojos grandes. Nacido en plena crisis mundial, que más tarde daría lugar a la segunda guerra mundial, la obra de Tezuka está marcada por el horror de la guerra y alber­ga un mensaje de esperanza y humani­tario en todas sus obras. Osamu Tezu-ka supo, desde joven, aunque su familia lo abocó a estudiar medicina, que su pasión era el dibujo.
Influido por los dibujos Disney de la primerísima época de los años 30, Tezuka fue el introductor en la historie­ta japonesa de los "ojos grandes" y de las "líneas rápidas" para dar sensación de movimiento. Tezuka también es el responsable de la composición moderna de las viñetas y la estructura narrativa cinematográfica.
No sería hasta los años 50 cuando el gran público se dio cuenta de su talento y lo reconoció como "maestro". Cómics como Tetsuwan Aton (Astroboy), Ri-bbon no Kishi [La princesa caballero) o el médico Black Jack han marcado una manera de hacer cómics donde la acción prima, muchas veces, por encima del detalle técnico del dibujo. Tras unas viñetas que pueden parecer muy infantiles se escon­de toda una carga de profundidad, y si no echad un vistazo a Adolf o Buda, dos obras que se tendrían que, incluso, estudiar en las escuelas.
Consciente de la comercialidad de sus productos, Tezuka creó en 1963 su propia compañía de animación, la "Mushi Productions", que se encargó de hacer las versiones animadas de sus mangas. El "dios del manga" creó más de 150.000 páginas a lo largo de su vida y unas 500 seríes de manga. No hay palabras.
Después de Tezuka, se ha evolucio­nado mucho tanto en estética como en narración, y en la actualidad es casi imposible establecer un censo de los dibujantes de cómics en Japón. Se cal­cula que hay más de 3.500 revistas dedicadas al manga, y si tenemos en cuenta que suelen tener entre 300 y 1000 páginas, os podéis hacer una idea de la cantidad de mangas y di­bujantes que hay.
Pero hay nombres pro­pios en el manga, que quizá por proximidad o por ser de los primeros que llegaron por aquí se nos hacen más familiares. En los años 70 no había niño que en algún mo­mento de su agitada vida in­fantil no hubiera gritado "puños fuera", y el responsable de esto era Go Nagai, autor de la saga Mazinger Z, que daba un nuevo impulso a los "me­chas", los mangas de robots. Pero l\la-gai, haciendo gala de una gran versatili­dad, fue también el creador de heroínas calientes y sexualmente provocativas como Kekko Kamen o Cutie Honey, neumáticas, curvilíneas y vestidas con poquísima ropa, fueron las precursoras de una serie de súper heroínas que ten­drían su esplendor en los 90.
Hasta los años 80, el manga no tuvo consideración de cómic adulto en nues­tro país, o por lo menos con historias que merecían la pena. En occidente alcanzó su mayoría de edad con la obra de Katsuhiro Otomo, "Akira". Dibujan­tes de todo el mundo se rinden ante esta obra calificándola de "obra maes­tra" y su influencia se hizo más que patente en el mundo del cómic. His­torias oscuras, eras postnucleares, ju­ventudes rebeldes, "nofuture"... carac­terísticas que se vieron "dibujadas" has­ta el más ínfimo detalle por Masamune Shirouu, y la no siempre valorada "Ghost in the Shell". Para los más pro­fanos en la materia diremos que sin ella, una película como Matrix jamás hubiera visto la luz. Imaginaos la influencia de este manga en el mundo occidental.
Pero si el cyberpunk entusiasmaba a toda una legión de adolescentes (y no tanto] inmersos en un nuevo concepto de cómics plagados de cyborgs y ro­bots... Muchas chicas se dejaban enga­tusar por las románticas historias de Candy Candy, Ranma 1/2 o Mar-malade Boy o por las aventuras de las "magical girls" como Sailor Moon o Wedding Peach.
El cómic, gracias al manga, se abría a un nuevo público: el femenino. Tradi-cionalmente dejado aparte por los crea­dores de cómics occidentales, que cen­traban más su atención en dibujar su-perhéroes para chicos, las chicas se li­mitaban a ser "consumidoras pasi­vas"... ¡hasta que llegó el manga! Manga directamente pensado para ellas, con historias de amor, adolescentes lle­nas de problemas, aventuras y una pers­pectiva muy, pero que muy femenina.
Otra parte del público que encontró en el manga su "salvación", fue el infan­til. Los más jóvenes se lanza­ron de cabeza hacia Dragón Ball de Akira Toriyama en los años 90, constituyendo un fe­nómeno de masas jamas vis­to hasta el momen­to. Pero la cosa no ha acabado aquí. El gran Haya o Miyaza­ki, creador de algunas de las mejores películas de ani­mación de los últimos años, como Totoro, Porco Rosso o La Princesa Mononoke, lleva ya bastante tiempo po­niéndole la zancadilla a la to­dopoderosa industria de ani­mación norteamericana, pe­ro ha sido un bicho a medio camino entre un limón con orejas y un gato de color amarillo y que responde a nombre de Pikachu el que ha conseguido deshancar a la Disney.
Las pequeñas oleadas de manga que llegaban hasta nosotros a principios de la década de los setenta se han convertido en verdaderos tsuna-mis, maremotos de viñetas en japonés que se han instalado, para quedarse, en Occidente.
 


Vie, 10 de Feb, 2006 5:34 pm

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