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Cuyo-Argentina: Los perros de las minas   Lista de mensajes  
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Proteccion Animal-Chile <cambullon17@...>

Los perros y las minas Una obra del escritor Jack
London pintó a la perfección el modo de vida de los mineros de EEUU, a través de
la figura central de un perro. Una relación que aún no encuentra paralelo en la
literatura local. EDGARDO MENDOZA - DIARIO DE CUYO Tiempo de
lectura: 5' 40''--> La minería es un universal en las actividades
humanas. Está presente en todas las culturas. En aquellas regiones o países
donde la actividad minera ha tenido un impacto considerable ha dejado sus
huellas en la literatura. Hay excelente producción literaria referida a la
minería en países como Francia, Gran Bretaña, Perú, Estados Unidos, Chile, etc.
Por lo general son libros cuyos argumentos exceden una problemática local y
encaran temáticas que hacen a las preocupaciones universales de los seres
humanos, tratan de la minería, de los esfuerzos que ésta implica, de las
esperanzas que produce, pero también del amor, de la amistad, de la
relación del hombre con los animales, de la traición. Es una literatura
universal porque sus argumentos son los problemas de los seres humanos en
cualquier lugar y tiempo.

Las grandes epopeyas mineras están relacionadas con grandes libros. Una de ellas
fue la de la fiebre del oro en Alaska que se produjo en la década de los ´80 del
siglo XIX. Con sus 1.713.854 km2, Alaska es el estado más grande de la Unión,
aunque los primeros en ocupar el territorio fueron exploradores y cazadores
rusos. Estaba muy lejos de Moscú y se lo consideraba un espacio con muy poco
valor económico, por lo que decidieron venderlo a los Estados Unidos. En 1867 y
por sólo 7.200.000 dólares el enorme territorio quedó en manos estadounidenses.

Unos años después, cerca de la ciudad de Juneau, se descubrió oro en el
yacimiento que se llamó Gold Creek, que se transformó en el primer productor
mundial de baja pureza. También se halló el rico metal en muchos otros sitios de
Alaska.

Como en California unos años antes, el descubrimiento empujó a muchos (unas 100
mil personas) a lanzarse a la aventura. Había que recorrer miles de kilómetros,
en suelos cubiertos de nieve, soportando temperaturas de hasta 60 grados bajo
cero. Muy pocos lograron hacer fortuna, miles murieron congelados o perdidos en
las inmensas vastedades.

De tanto esfuerzo nos ha quedado un libro escrito por Jack London, uno de los
mejores narradores estadounidenses, quien fue uno de los tantos en ir a buscar
oro. La obra se titula El llamado de la selva. Trata de las aventuras de Buck,
un perro gigantesco destinado a tirar de los trineos que utilizaban los mineros
para desplazarse.

Buck tuvo diversos dueños. Durante un tiempo arrastró las cargas del correo que
había que distribuir en una superficie grande, como veinte veces nuestra
provincia. En tres meses el trineo podía llegar a recorrer 4.600 kilómetros, con
jornadas en las que a veces se cubrían 110 kilómetros de un solo tirón. Bosques
de pinos, ríos helados, noches que pueden durar casi veinticuatro horas y al
final un trozo de pescado por todo alimento.

Buck fue salvado de morir por un minero, quien en otra oportunidad fue rescatado
por el perro. Jack London describe precisamente la amistad entrañable entre
estos dos seres vivos. Un invierno, estando en un bar de la ciudad de Dawson, el
animal y su amo se ven envueltos en una apuesta de esas que pueden transformar
una vida. Un minero enriquecido apostó 1.000 dólares en polvo de oro a que el
perro no era capaz de arrastrar, él sólo, un trineo con 500 kilos de carga. Los
amigos aceptaron el desafío.

“Desengancharon el equipo de diez perros y Buck con su propio arnés fue puesto
en el trineo. Lo había contagiado la excitación y sentía que, de alguna manera,
tenia que hacer algo grande por John Thornton. Se oían murmullos de admiración
ante su magnifica apariencia. Estaba en perfecto estado, sin un gramo de carne
de más; sus setenta kilos de peso eran todos de valor y virilidad”. La tensión
era infinita, todo el pueblo mirando y la vida que se iba en esa apuesta.

“Ahora ¡arre!

La orden de Thornton estalló como un tiro de revolver, Buck se tiró hacia
delante, estirando las correas con una arremetida vigorosa. Su cuerpo entero
estaba fuertemente contraído por el tremendo esfuerzo, los músculos
retorciéndose y anudándose como seres vivos bajo la piel sedosa. Su amplio pecho
estaba casi rozando el suelo, su cabeza baja y hacia delante, mientras las patas
se revolvían como locas con las garras que desgarraban la nieve compacta.
Entonces el trineo se sacudió hacia delante en lo que pareció una rápida
sucesión de tirones…un centímetro…dos centímetros…cinco centímetros.”

El trineo llegó a la meta y los amigos ganaron los dólares de la apuesta, lo que
permitió que compraran nuevos equipos, provisiones y se largaran a otra búsqueda
que resultó de lo más fructífera. Aunque los protagonistas no pudieron gozar de
la riqueza del oro encontrado.

Nuestra literatura local todavía no ha producido los grandes relatos que la
minería ofrece como marco argumental. Sí hay excelentes trabajos sobre los
perros; los de Raúl de la Torre, publicados en este diario, son magníficos. Ahí
están las historias de Rafo, el perro que envejece, la de Manix el animal que
vuelve a encontrar a sus dueños y la de Willy, recogido tras ser abandonado en
el Palomar. Es en esa narración donde De la Torre escribe: “Los animales forman
parte de nuestra vida. Desde su sitial humilde y casi silencioso acompañan
nuestros disfrutes y dolores, comprenden nuestro humor y nuestras soledades, con
ellos recorremos momentos muy importantes en la vida, y con ellos morimos un
poco con su alejamiento”.


Acá nomás. La vida de los perros, en San Juan,
también está siendo atravesada por el impacto de la minería. En pueblos como
Tudcum, en Iglesia, las mineras les pusieron collares refractarios a los
animales para que los choferes de 4x4 puedan verlos mejor de noche, y no
atropellarlos.Agregar a Favoritos--> Copyright 2003 © Diario de Cuyo.
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Dom, 23 de Sep, 2007 4:08 pm

cambullon17
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