Los corsarios del bosque
por José E. Mosquera Monday, Nov. 12, 2007 at 4:12 PM
La otra cara de la revolución verde
Las irregulares explotaciones de las riquezas biológicas por los grandes monopolios biotecnológicos, que a veces violan flagrantemente la soberanía de los países, están propiciando encarnizados debates entre estos y los países poseedores de tales riquezas.
Muchas naciones pobres, cuyas economías están basadas en la producción agrícola y pecuaria, se están viendo seriamente amenazadas por los embates de las innovaciones biotecnológicas en el campo de la agricultura, la ganadería, la medicina y otros renglones claves para el desarrollo económico.
Son numerosas las modificaciones biotecnológicas y genéticas que se obtienen de diversas variedades de plantas y animales, en su mayoría originarias de las selvas tropicales. Sin embargo, son pocos, por no decir nulos, los dividendos que reciben las regiones de donde se extraen los insumos que están revolucionando el panorama científico y económico del planeta.
Innovaciones que cada vez abren más la brecha entre el mundo rico y el mundo pobre y propician cambios que están incidiendo de manera determinante en el desarrollo económico de las naciones desarrolladas, debido a las millonarias ganancias que logran las compañías que lideran la revolución verde.
Diez de las más grandes compañías biotecnológicas controlan más del 80 por ciento de los mercados de semillas modificadas y plaguicidas, e igual número de patentes en el mundo. Además, dominan más del 68 por ciento del mercado de medicamentos, y ocho más acaparan el 72 por ciento de la producción mundial de insumos veterinarios.
Se pronostica que esta industria cambiará en muchos aspectos el curso de la vida humana y las relaciones del hombre con la naturaleza y el medio ambiente. Por eso, los aprovechamientos de la biodiversidad sin compensaciones recíprocas por el mundo desarrollado y, por ende, los avances en los mercados de los transgénicos y los regímenes de propiedad intelectual y patentes sin mayores beneficios económicos para las naciones guardianes de los privilegios de la naturaleza están acelerando las controversias entre los dos mundos.
El gran problema que existe en materia de regulación del acceso a la explotación de la biodiversidad y los asuntos sobre propiedad intelectual, patentes y bioseguridad son las ambigüedades jurídicas que tienen los acuerdos ambientales multilaterales y las leyes de algunos países.
Acuerdos como la Convención sobre la Biodiversidad y el Protocolo de Kioto, entre otros, tienen muchas ambivalencias normativas que los hacen difíciles de aplicar en la práctica; además, contienen aspectos simbólicos que solo sirven para expresar el populismo ambiental, porque, a la hora de hacer cumplir sus postulados, adolecen de incongruencias que los hacen inaplicables y vulnerables a los esguinces jurídicos de los corsarios de la biodiversidad.
Indudablemente, es importante destacar los esfuerzos que hacen los países ricos en biodiversidad en la búsqueda de una legislación más justa y aplicable, tanto en esta clase de acuerdos, como en la OMC y los TLC. Pero se han encontrado con oscuras maniobras de los países desarrollados, que, a través de los TLC, buscan evadir los compromisos ya pactados y acceder con más facilidad a los recursos y resguardar sus intereses hegemónicos.
Por las ambivalencias de las normas, monopolios como Aventis, Bayer, Dupont, Merck, Monsanto, mediante convenios leoninos de prospección con organizaciones no gubernamentales de carácter privado y líderes nativos, están accediendo a los recursos naturales de las selvas tropicales y a los conocimientos milenarios por sumas irrisorias.
Lo más grave del asunto es que, en muchos casos, estas compañías están patentando fraudulentamente los conocimientos ancestrales de los nativos sobre los usos de la flora y la fauna. Son mundialmente conocidos los casos de las patentes de la maca y la quinua, plantas que han sido parte de la dieta alimenticia y de uso medicinal de los nativos en los Andes peruanos y bolivianos, que fueron patentadas con otros nombres en Australia, Europa y los Estados Unidos.
Más allá del debate sobre si los derechos de propiedad, las patentes y los dividendos económicos de las transformaciones quedan bajo el control de los monopolios de los países desarrollados y la socola en las naciones subdesarrolladas, no hay que perder de vista que estas invenciones tienen un valioso significado para el desarrollo de las ciencias y la humanidad y, dentro de esas perspectivas, bienvenidos lo que le revolucione la vida al hombre y lo que lo rodea con los avances de la revolución verde.
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