Conversación informal con Fernando Vallejo
Héctor Miolán
“Mis obras no van a sobrevivirme”
Fernando Vallejo
Por medio de la lectura y comentarios de José De León y Eduardo Lantigua
conocí parte de este gran escritor colombiano radicado en la ciudad de
México, Distrito Federal. En varias conversaciones que sostuvimos en casa de
Eduardo Lantigua comentábamos las obras, El desbarrancadero y La Virgen de
los Sicarios. Acordamos en lo relativo a lo ácido y radical de este
escritor.
Pues bien para sorpresa mía, cuando llegué a Santo Domingo y de inmediato
integrarme a la feria del libro, pregunté por Pedro Antonio Valdez, me dijo
alguien que no estaba porque había ido al aeropuerto a recoger a Fernando
Vallejo. Me sentí un poco conmocionado y me dije a mi mismo, por lo menos lo
veré en la presentación de su libro.
Sucede que cuando iba camino a la dirección de la feria del libro, casi
tropiezo con el escritor, iba muy entusiasmado conversando con un edecán. Me
quede perplejo, le hacia mentalmente un tipo altanero, de contextura física
gruesa, por el contrario una persona todo amable y delgada con apariencia de
no poderse sostener sobre sus pies. En ese trayecto continué conversando con
el escritor dominicano Rubén Sánchez y Pedro Antonio Valdez me saludó de
sorpresa y le comenté brevemente sobre el escritor colombiano, de seguido
me dijo que me lo presentaría, todo eso sucedió el viernes 22 de abril en la
noche joven.
Por medio a Franklin Gutiérrez, se nos invitó a toda la delegación
internacional y a los miembros de la llamada “diáspora” dominicana a
participar en una cena, a celebrarse en las ruinas de San Francisco ubicada
en la ciudad colonial. Como tal así sucedió, cuando llegué allí a las ocho
pasado meridiano, pedí información en relación a donde debía sentarme,
dejándome libre a escoger, así lo hice. Cuando miré alrededor para
percatarme de que alguien de los “diaspóricos” llegara. Me choqué con la
figura de Fernando Vallejo, el cual caminaba en diferentes direcciones
observando todas las ruinas y en dirección al espacio habilitado para las
bebidas de la noche. En ese ínterin vi que alguien lo abordaba.
En ese mismo instante, iba conversando mentalmente con Eduardo Lantigua y
José de León, contándole, quizás una vanidad, pero le contaba que había
visto al escritor colombiano, autor de la Virgen de los Sicarios. Sé que
me creerían, porque no soy dado a la darle rienda suelta a la imaginación,
cuando no sea para producir poesía, porque no soy un mitómano, quizás un
exagerado. Me imaginaba la cara de De León dándome cuerda o Eduardo, coño
poeta, que lo vio, yo simpatizo mucho con ese tiguere, me gusta como
escribe ese tiguere, o también a De León decir, bueno tengo ciertos
problemas con algún término o cierto uso del lenguaje en sus obras, pero el
tipo sabe escribir.
Pedro Antonio Valdez había prometido presentármelo. En cierto momento dejé
de tomar en cuenta a Fernando Vallejo, solo pensaba darle la sorpresa a
Lantigua cuando hablara con él. Bueno me diría José De León y no te tiraste
fotos con él, uhhh… que pasó…..a la verdad, es que no me gusta
fotografiarme, mucho y menos con los famosos. Soy un poco vergonzoso de mi
parte pedir que me tiren fotos con un personajes así, se me hace un poco
cuesta arriba y difícil, por temor al pensamiento mezquino, el cual siempre
está al acecho; pues bien todo pasó y me olvidé por completo de Vallejo,
porque mi soledad comenzó a sentirse acompañada, primero con la llegada de
Karina Rieke, luego de Griselda Batista, Franklin Gutiérrez y señora y el
prof. Tomás Modesto Galán.
Jamás pensé que en ese espacio se iba a dar lo de la presentación personal,
como había dicho Pedro Antonio Valdez. Sucede que vi llegar a Diógenes Abréu
y a Mayobanex Pérez (Mayito) nuestro gran amigo y hermano común. Cuando Salí
a saludarle y tratar de llevármelos para la mesa donde estábamos, me
encontré con Pedro Antonio Valdez .y de inmediato pasó a presentarme a
Vallejo. Lo saludé con cierta reticencia, precavido porque hay ciertos
famosos y dioses que nos reciben fríamente. No, nada fue así, todo fue
calidez y de inmediato comenzó a hablarme de la cumbia y el merengue, los
cual debían unirse. Pedro le dijo que residía en la ciudad de Nueva York;
no esperó Vallejo, diciéndome, yo caminé por todo Broadway desde la 120
hasta la 140 y veía a todos los dominicanos en las esquinas, en todas esas
esquinas en tiempo de frío, lo mismo que los colombianos en Jackson
Heights, Queens. Cuando la conversación iba para largo, nos interrumpieron.
Entendí que se trataba de este personaje el cual querían abordar y tratar
de conversar y compartir lo más que se pudiera.
Opté entonces, por seguir caminando, me acerqué a Miguel de Mena ,quien
hablaba con alguien a quien no conocía, con la previa disculpa, invité a De
Mena a que compartiera con nosotros en la mesa en la cual ya estaba
Diógenes, aceptó. La persona que hablaba con el me preguntó que quien era,
le contesté dándole mi nombre y su respuesta fue, que conocía lo que
escribía en abecedario. Esa persona resultó ser Reynaldo Dísla. Me pareció
un gran ser humano. Ironía, ironía, ironía de esta vida. Eduardo Lantigua me
había hablado de la manera en la que conoció a Dísla. Diría De León ahí
hay materia para escribir un cuento. Todo, esa noche fue paz relativamente
hablando.
Seguiré hablando de la presentación y larga conversación que sostuve con
Fernando Vallejo; indiscutiblemente y no por vanidad, solo me alegraba
contarle con pelos y señales todo lo que conversé con el escritor en
cuestión. Sobre todo llevarle los libros a De León y a Eduardo Lantigua
dedicados por el autor. Logré eso por medio a Pedro Antonio Valdez.
Voy hablarle, ahora de la presentación del libro del escritor colombiano,
dicho texto se llama “Mi hermano el alcalde”. Cuando llegué al salón de
música de la biblioteca nacional, escuché música de piano y alcancé a ver un
pianista en camisa blanca y una corbata sencilla, al principio creí que era
un pianista contratado para la ocasión, no, no era así, era Vallejo que
deleitaba al público con el teclado, semejante a un Mozart o no sé a
cualquier pianista rebelde. A propósito de la música dijo que es lo más
perfecto en relación a la escritura.
La presentación del escritor estuvo a cargo del también escritor dominicano,
José Enrique García, el cual leyó una pequeña semblanza de la vida y
escritura de dicho autor. Fue José Enrique muy sencillo y considerado con el
tiempo y el público, técnicamente fue una presentación magistral. Previo y
posteriormente a eso quien presentó todo el acto fue Pedro Antonio Valdez,
el que además moderó el evento y lo condujo muy bien.
Al escritor comenzar su disertación, sencilla y nada barroquista, manejó la
audiencia con una retórica plena y modesta, aunque radical. Noté que no le
gusta hablar parado y es al parecer, de los que sienten temor al comienzo
de una conferencia o diálogo. Este pidió llevarse el micrófono a la mesa. Se
le concedió lo mismo. Al comenzar a hablar Vallejo, éste se inicio con la
historia política de Colombia desde los comienzos de Colombia y dando una
lista de presidentes, mencionando el caso de la pérdida de Panamá. Fue
duramente crítico con el coloso del norte (USA). Habló del lenguaje que nos
quitan y toda la realidad de América-latina. Cuando le tocó responder
algunas preguntas del público, es entonces cuando comienza a levantar el
rostro, el cual estaba perdido entre el micrófono y la mesa. Se le cuestionó
sobre la diáspora colombiana que está en el exterior, y dijo que los
colombianos son más de 4 o casi 5 millones fuera y que la realidad de
Colombia no se puede negar como pretenden los diferentes gobiernos de
liberales y conservadores.
Cuando se le preguntaba sobre la forma en que construye sus obras dijo: que
él escribía en primera persona, porque el entiende que ya es una
irresponsabilidad hacerlo en tercera persona, como lo hacían Dostoievski,
Flaubert y otros del siglo XIX y el pasado XX. Además que aprendió a
escribir solo desde joven y creó su propio manual de escritura y para hizo
su libro, Logoi, una gramática del lenguaje. Al parecer se sintió frustrado
en su facultad de filosofía y letra, notó que no aprendía nada o poco con
sus profesores, porque no sabían nada, tampoco escribir. También dijo que
los mejores prosistas ya están muertos, como Mújica Lainez, Azorín, Blasco
Ibáñez, etc, etc. Al terminar las respuestas al público salí a buscar los
libros para que el autor los firmara y así entregárselos firmados a José De
León y a Eduardo Lantigua. Al regresar con los libros no le encontré ni a
él, ni a Pedro. Me sentí un poco frustrado. Me contacté con Pedro Antonio
Valdez y éste me condujo a la dirección de la feria, donde él le estaba
esperando, así lo hicimos.
Efectivamente ahí estaba, sentado en el escritorio del encargado del
comisionado de cultura para los Estados Unidos, Prof. Franklin Gutiérrez.
Vallejo al verme creyó que era éste primero. Se iba a parar y yo le dije que
no era el comisionado, sino un dominicano que quería que le firmara unos
ejemplares de “Mi hermano el alcalde”, según él, obra ésta que es la vida
real de uno de sus veinticinco hermanos. Note que para leer se pegaba
demasiado al texto, le vi leer la revista dominicana Caudal.
No me atrevía a seguirle abordando, porque resulta que tuve que esperar a
Pedro Antonio Valdez ,ya que él tenia los textos en una funda y estaba en
sus ajetreos burocráticos, hasta que finalizado su trabajo me entregó los
libros. Procedió Vallejo a firmar los mismos, confieso ahí término mi
angustia.
No obstante, lo interesante fue lo que sucedió previamente, fue el largo
conversatorio que sostuve con él, con muy pocas interrupciones, agradezco de
antemano la delicadeza y condescendencia que tuvo para conmigo la edecana
que le acompañaba.
Quiero ser lo más fiel posible en transmitir todo lo que me habló Vallejo.
Es buen conversador y nada parco, todo claridad, parte de conceptos sociales
y políticos para sustentar sus tesis literarias. Me contó de lo que pasó en
Nueva York, cuando vivió en el año 1970 del siglo pasado, por los
alrededores de la calle ochenta en casa de un hermano que era
superintendente de un edificio en esa área de Manhattan. Su hermano
estudiaba en Columbia University, pero no pudo terminar y regresó a Colombia
a ejercer la agronomía. Le pregunté que si trabajó allí y me contestó, que
sí, que en factorías y otros lugares, no quiso seguir viviendo allí y se
marchó a México, donde actualmente vive. Dice que la mayoría de su vida la
ha pasado fuera de su país y cree que morirá fuera. Porque tiene grandes
problemas con los gobernantes de su país, con la natalidad y con la iglesia
católica y el papa, el cual promovía una política de natalidad incorrecta.
Le hablé bastante de la literatura dominicana en Nueva York y de mis
compañeros escritores. En la medida que nos íbamos adentrando, las cosas se
ponían más interesantes, pues él me cuestionaba bastante. En ese momento una
de las tantas preguntas que le formulé, fue en relación al cuento,
diciéndome, que no creía en el mismo porque este era muy impreciso y
terminaba muy rápido. Dijo también que ya no hay poesía, que los versos que
se construyen hoy, no tienen poesía. Nadie o pocos saben escribir hoy. La
prosa está muy descuidada. Le pedí que me hablara de su libro logoi.. y como
dije anteriormente, lo escribió para aprender a escribir, y me habló de los
intentos de Aristóteles, hacen dos mil trescientos años y que solo hizo éste
los primeros intentos.
La noche fue larga, aunque fuera más de una media hora, le escuché con
mucha atención para recoger lo más posible de su experiencia como escritor.
Cuando le pregunté porque le había regalado el dinero del premio Rómulo
Gallego, a los perros callejeros, me dijo y con cierto dolor, penas y la
cara compungida. Me contestó, porque ama demasiado los perros callejeros. Me
contó que convocó a una señora más joven que él, la cual tiene una fundación
de defensa de esos perros y en el mismo acto le entregó el cheque a dicha
señora. También su hermano tiene una fundación, creo recordar es de nombre
San Martín de Porres.
En el medio de la conversación todo el que pasaba saludaba al escritor.
Llegó el poeta y editor de isla negra, de nombre Carlos Gómez, el mismo le
habló de un dominicano de nombre Rey Andújar , escritor también , quien
había escrito la novela ¨”El triángulo”, y puesto en la contraportada de
su novela algunas frases suyas. Al entregarle dicha obra, el editor le
explicó, que la obra trataba de la homosexualidad en la guardia dominicana.
Pensé, bueno el muchacho es arrestado y me interesé en leer la obra, no
pude ser indiscreto y preguntar por el título de la obra cosa que opté por
averiguar después. No hice ningún comentario al respecto, en fin de cuenta
no eran conmigo el asunto.
Me despedí ante el escritor, quien iba para Casa de teatro a una cena-fiesta
que les tenían a todos los delegados internacionales, no podía asistir a la
misma por asuntos de tiempo para regresar a donde estaba quedándome.
Santo Domingo, R. D. 04/24/05