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Querid@s colistero@s:
es un placer para mí compartir con ustedes la alegría del Premio Cervantes
2004 recaído en el escritor Rafael Sánchez Ferlosio (Roma, 1927), maestro y
amigo. A parte sus traducciones al italiano (su segundo idioma, siendo hijo
de madre italiana), que estuvieron a mi cuidado, he publicado una amplia
introducción a ³Industrias y andanzas de Alfanhuí. Comentado por Danilo
Manera², Barcelona, Ediciones Destino, 1996. Lo considero un creador
imprescindible y juzgo este reconocimiento con alivio ante la injusticia de
tener arrinconado (¡en medio de tanta pacotilla!) a este pensador necesario
e indómito, marginal y universal, de cálido rigor estilístico y ético.
Les transcribo un recorte de prensa, unos textos del autor y un comentario
de Gonzalo Hidalgo Bayal, colaborador (como un servidor) de la revista
dominicana ³Xinesquema², y crítico mayor de la obra ferlosiana.
Cordialmente,
Danilo Manera.
(Universidad de Milán, Italia)
(De: El Mundo) La concesión del Premio Cervantes a Rafael Sánchez Ferlosio
ha sido acogida con entusiasmo por el mundo literario español. Juan
Goytisolo ha asegurado que éste es "el mejor Cervantes que se ha dado" en
España, mientras que Miguel Delibes ha elogiado el "gran ingenio" del
galardonado. Goytisolo confesó que la decisión del jurado le había causado
"una alegría infinita" y que era "formidable". "Es un novelista excepcional,
un hombre de una integridad moral increíble y de una capacidad intelectual
que no existe en España. No se puede imaginar un Premio Cervantes mejor
dado", añadió.
El novelista y académico Miguel Delibes celebró la concesión del Cervantes a
su amigo Rafael Sánchez Ferlosio, "un nombre obligado en esa lista". "Basta
con lo que está haciendo para que su categoría no decaiga", apostilló a
propósito del escritor galardonado, de quien elogió su "gran ingenio haga lo
que haga, sea novela, ensayo o cualquier cosa que escriba".
PECIOS
Por RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO
EL montón de la chatarra de los hombres cubrirá las montañas y colmará los
mares, y ya no habrá sima para el gran pez de los abismos ni atmósfera para
el cóndor gigante. Los viejos no estaremos para verlo, pero es de temer que
ni los más jóvenes lleguen tampoco a leer las descripciones de Plinio o de
Linneo ni contemplar las láminas de Buffon o de Brehm.
(Grandes remedios) Hoy se proponen muchas soluciones cuya sola posibilidad
de cumplimiento implicaría o exigiría la inexistencia del problema mismo.
Ejemplo insigne es el de los que dicen que lo de la "telebasura" o lo del
"botellón" se arreglaría con el fomento de la educación y la enseñanza; un
remedio al que el propio achaque se anticipa a irle quitando el suelo de
debajo de los pies. 200 años después de Jovellanos ya no puede tratarse de
una ingenua voluntad, sino de un exorcismo verbal para conservar la mera
idea de que "alguna solución tiene que haber".
(A la manera de Von Clausewitz) La diversión es la continuación del
aburrimiento pero con otros medios.
(Anti-Huizinga) ¡La pavorosa seriedad del juego!
(Rencor eterno) El paradigma de los agravios sin cuento que jamás podría
perdonarle al cine bien puede ser aquella inconmensurable vulgaridad y
grosería, mil veces repetida, del maletín atestado de fajos de billetes de
papel moneda.
(Tratamiento sintomático) Yo esa mala pasión del patriotismo, que al cabo es
la emoción estética del alma de guerrero que una cultura inmemorial me hace
imposible erradicar del todo, he logrado domarla para siempre encerrándola
en una cajita de música cuya tapa trae escrito en letras griegas
"Nenikékamen!" - el anuncio de victoria que a las puertas de Atenas proclamó
el corredor de Maratón - y que al abrirla entona, muy bajito para que no se
enteren los vecinos, el peán de Salamina.
(Universalia) Los nominalistas se empeñan en decir que la palabra "perro" no
ladra, cuando el achaque de los universales está precisamente en que la
palabra "perro" no puede, en modo alguno, no "ladrar", por mucho que se haya
sabido de algún perro que, de hecho, no ladraba.
(El astro de la vida) Pero hasta el topo, cuando se va muriendo, sube de su
guarida soterraña, para sentir el sol sobre sus ojos ciegos.
(Para Javier Fernández de Castro) Cuando los ecologistas anunciaron por la
prensa que sólo quedaba ya un último lince vivo todos los cazadores del país
se dispersaron por esos montes escopeta en mano a ver quién se llevaba aquel
trofeo de valor incalculable.
(Substratos y subtextos) Al que, ante ciertas fórmulas verbales muy
estereotipadas y recurrentes, comparta conmigo la costumbre de mirarlas como
posibles afloramientos del substrato ideológico en que se asienta y se
protege la cotidianidad no puede dejar de darle en el oido una de las más
habituales en los telediarios: "volver a la normalidad". Es una fórmula que
acentúa especialmente la función protectora de la ideología, por cuanto
presupone que hay siempre una "normalidad" a la que volver, como una especie
de permanente e inexpugnable recinto amurallado. La indefectible "vuelta a
la normalidad" de lo que se refiere a las noticias emitidas es, en lo que
atañe a la relación entre emisor y receptor, como una devolución obligatoria
por parte de la empresa a sus clientes. Pero el afán de las emisoras de
televisión por tenerlos siempre satisfechos, no sea que cambien de canal y
se les pasen a "la competencia", ha convertido la ideología de "la
normalidad" en una deferencia tan servil como compulsiva, que necesita
devolver a los espectadores -"cada uno en su casa y Dios en la de todos"- la
confianza y la seguridad que las noticias hayan podido perturbar por un
momento, cualesquiera que sean la calidad y la magnitud de las desgracias
presentadas. Así es como ese miserable electrodoméstico se ve obligado a
sustentar, pro domo sua, la ilusión de "la normalidad", mientras el mundo se
está cayendo a cachos.
Respecto de la prensa, ha sido Arcadi Espada el que ha acertado a
señalar el ten con ten o ambivalencia entre el tener que servir -también pro
domo sua, ça va sans dire- a la demanda del "sensacionalismo", factor más
que evidente, y la necesidad de cuidar al mismo tiempo la en cambio
difícilmente perceptible función "ansiolítica" del medio (el adjetivo es del
mismo Espada). Y en cuanto a la observancia periodística del precepto de "la
normalidad", nadie habría sabido decirlo mejor que él: "El subtexto de todas
las páginas del periódico informa que la normalidad es general". ("Diarios",
pág. 273)
EL DON DE LA PALABRA
Por GONZALO HIDALGO BAYAL
Los historiadores se empeñarán en subrayar con énfasis la singularidad de
"Alfanhuí" y la importancia de "El Jarama" en el panorama de la literatura
española contemporánea. No les faltará razón. Cada uno llevó hasta límites
definitivos la exploración de un territorio narrativo distinto: la rigurosa
aplicación de las leyes de la fantasía y la minuciosa descripción objetiva
de la realidad. "El Jarama" quedará, además, aunque le pese al propio
Ferlosio, como modelo superior de prosa de su tiempo. Bastarían, pues, estos
títulos para merecer, justificar y aun exigir el amparo de Cervantes.
Pero "Alfanhuí" y "El Jarama" fueron escritos en los años cincuenta y la
biografía literaria de su autor cambió de rumbo. Repudió la figura del
escritor como personaje, "el literato", cayó en la tela de araña de los
altos estudios gramaticales y marcó los límites de sus preocupaciones y de
sus quehaceres intelectuales en torno a "aquello que media entre humanidad y
naturaleza: el don de la palabra". Nada había escrito antes y nada ha
escrito después Ferlosio, sobre política, ética, derecho, antropología,
economía o literatura, que no proceda de ese centro: la única diferencia se
reduce a su expresión explícita, a la conciencia de que es el don de la
palabra lo que hace humano al hombre.
De ahí que, en el ejercicio de la literatura, junto a los dos títulos
canónicos, deba mencionarse también con todo énfasis una novela mayor: "El
testimonio de Yarfoz". Forma parte de la leyenda ferlosiana la existencia de
una monumental y fragmentaria e inconclusa "Historia de las guerras
barcialeas" de la que "El testimonio de Yarfoz" es sólo un leve apéndice.
Pues bien, si en los últimos cuarenta años Ferlosio ha desplegado toda su
sabiduría y toda su lucidez en numerosos artículos y ensayos, sólo en el "El
testimonio de Yarfoz" ha escrito literatura de ficción sobre el don de la
palabra como determinación del hombre y sobre la confianza en la palabra
como único fundamento de las relaciones humanas. Frente a la fantasía de
"Alfanhuí" y la realidad de "El Jarama", la historia del príncipe Nébride
(que, por otra parte, es un Alfanhuí maduro) se inscribe en la utopía, la
narración de un mundo imposible, de unos pueblos gobernados por la lealtad,
por la conciencia civil y por la certidumbre moral. No se trata, sin
embargo, de una obra ingenua, sino de una declaración de principios.
Ferlosio conoce lo imposible. Y una prueba literaria de ello, de la fuerza
de la fatalidad, puede apreciarse en la que para muchos (y tal vez para él
mismo) es su mejor creación, "El reincidente", relato conocido como "el del
lobo", o en "Carta de provincias", que publicó ABC este verano y que es la
última incursión de Ferlosio en la narrativa breve (de la narrativa larga
parece alejado sine die). Pero el conocimiento de la fatalidad no implica su
aceptación: de ahí que Ferlosio siga golpeando a pesar de todo con el
martillo sobre el yunque. Ese es su verdadero testimonio.
[Se eliminaron del mensaje las partes que no eran texto]
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Dom, 5 de Dic, 2004 4:53 pm
"Danilo Manera" <danilo.manera@...>
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