Querida Gabriella:
Las estadísticas y el día a día están ahí, lamentablemente. Cerrar
los ojos a eso sería acción de ilusos. Corrupción, tendencia
generalizada al trabajo fácil, colonialismo, violencia sistemática,
fraude continuo... todo repitiéndose desde siglos sin que todos,
analfabetos o profesionales, nos animemos a cambiar las cosas. El
discurso de que “ser dominicano es ser positivo” se lo dejo al =
poder,
que se redime en nuestra fe en la “patria” en “lo que som=
os” y que
levanta sobre nuestro conformismo su ficción de gobernabilidad.
Oye, Gabriella, yo soy un hombre pobre, nací pobre, toda mi vida he
sido pobre; para completar, nunca he pensado hacerme de dinero, eso
no es causa de mis desvelos. Ahora, entre mi gente, siempre he oído,
y he visto -y con pruebas señaladas- el exceso de facilismo y
vagancia en el dominicano de la isla. Cuando viví en New York, me
pude dar cuenta, junto a los demás, que aquí en realidad
desaprovechamos el trabajo, sea cual fuere. O sea, que eso que te
dijeron los ricos, también lo piensan muchos pobres.
Eso no significa que los dominicanos no tengamos grandes valores. Sí
los poseemos. Pero eso no quita lo otro. Reconocer nuestras
debilidades, no temerles, es una forma se no engañarnos y saber por
dónde avanzar. Si avanzamos poco, precisamente, es en parte porque
nos vivimos engañando.
Pedro.