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Te llamabas Jueves.
Entre llantos de jueves jacobinos
y bullicio de mercados sabáticos
pienso encontrarte,
aterida a una voz
color a cántaro y a vértigo húmedo.
Vestida, no de alba,
sino de aurora crujiente
como cuando éramos jóvenes
y el bus pasaba
bajo el balcón de tus ojos
con una rara música de domingo,
seguido de viejos adolescentes,
pisándoles los talones
con sus recuerdos bajo el brazo.
Te encontré con aquel vestido redondo,
dando una charla de Beethoven
a un grupito de antisociales.
Estabas yerta
como una risa nocturna,
como una dama a las cuatro en punto
con un abrigo de verano rosa.
No te gustaba Shakespeare,
tampoco Eliot, Wolf o Popper...
lo discutíamos tantas veces
hasta quedarnos exhaustos el uno sobre el otro.
Tú caligrafiabas alas de pájaros y mariposas
en tu diario de color ternura,
colocando corazoncitos de albahaca
detrás de mis ojeras melancólicas;
era jueves lluvioso en las calles
y protegido por tus sombrillas de guanábana
dormía escuchando un bolero
mientras las gotas desnudaban tu cuerpo
y veía morir mis dudas
en el rimel de tus pestañas.
Daniel Montoly©// 2003
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