El gran problema generado en torno a los haitianos de parte de los
dominicanos interesados en el asunto de la inmigracion ilegal es, en parte,
ese que de entrada plantea el distinguido abecedarista Fausto Leonardo
Henriquez, acusandome de estar contra el pais de haiti y contra sus
habitantes; de inmediato, el sr Henriquez me pone el tapiz de racista. Esa es
la misma actitud de las casi145 ONGs que dentro del territorio dominicano
arguyen la defensa de la ilegalidad y del acoso a la nacionalidad y el
derecho. Tambien es la causa de algunos historiadores, librada como
estandarte de confraternidad e integracion de las dos culturas, siguiendo con
su accionar a entidades como la ONU y la OEA, asi como la Union Europea, que
propenden a la nocion de biestado, violando las leyes de caracter y
especifidad cultural. Todo esto es en sus dos primeras lineas del primer
parrafo. En tanto en el segundo apartado, el Sr. Henriquez, en un aclarando,
introduce uno de los aspectos o rasgos del mismo gran problema de la nacion d
ominicana, en cuanto a su diferencia cultural de entender la nocion de
nacion; en el caso de Haiti, la nocion en tal sentido esta parte de un
sistema de conciencia basado en la raza, mientras que en el caso de Rep.
Dominicana, la nocion de nacion, de identidad, no se basa en la raza, sino en
la amplitud de la cultura que la integra. Con respecto a este estado de
conciencia nacional dominicana, somos la conjuncion de razas, de culturas, y
en el tamiz se ha producido la idea de nacion tal como lo expresamos los
dominicanos desde el punto de vista de nuestra idea de lengua, de historia,
de religion, de historia militar, de Estado y de territorio.
La respuesta, inconscientemente, de Fausto L. Henriquez, es la misma, del
Comite Dominicano de los Derechos Humanos, y la que mantiene el Movimiento de
mujeres dominico-haitianas, y la misma de la Fundacion Institucionalidad y
Justicia, todas abogantes, arrogantes, defensoras de la violacion a los
derechos de las leyes dominicanas al respecto del mantenimiento de un Estado
propio. No estoy en contra del gobierno tampoco. Apenas mis lineas abogan por
la accion del gobierno dominicano a proteger territorio, cultura, y leyes
dominicanas, ante un gran problema de tantas aristas sociales y culturales
que por más graves que sean no deben atentar contra el formato de nacion y de
derecho dominicanos. Ni el gobierno, ni los haitianos a mi me han hecho nada,
a no ser que el primero, imbuido en sus politiquerias, en sus planes de
gobernar desde la oportunidad que ostenta mediante un mandato del pueblo y de
Balaguer, sumido este bajo el peso de un sistema de ideologia en plena
bancarrota de todo tipo, simplemente viene descuidando el asunto de sus
propias leyes frente a una inmigracion inducida por organismos extranjeros, y
por una miseria espantosa de los propios emigrantes haitianos, quienes
desbarrancan al primer lado huyendo al hambre, al desempleo, a la miseria, al
abandono por parte de los responsables de su propio sistema, que no somos los
dominicanos, sino los politicos haitianos. El problema insoluble de Haitia es
su propio problema ante un siames que no tiene como resolver los suyos
propios. La naturaleza del territorio compartido nos une bajo un mismo
esquema de geografia, pero por encima de ella, ellos son ellos, o deberian
serlo, y nosotros, nosotros. No voy demasiado lejos en la vision del pais
frente a las hordas invasoras, me vasta saber que en pueblos como San
Francisco de Macoris, en pleno centro el Cibao, hay bolsones de haitianos
formando sus propios bloques de barrios y enclaves, con sus costumbres de
defecar a la imtemperie, con sus habitos propios y sus enfermedades
endemicas, como la filaria, la elephantiasis, la tuberculosis y el sida, cuya
morbilidad e indices en cada una de ellas son muchos mas altos que los mismos
parametros dentro de los nacionales dominicanos. Por experimento, en 1981, en
un par de oportunidades me hospede casi a la fuerza en un hotel del pequeño
Haiti, en la capital dominicana, y el unico dominicano que tenia el valor de
dormir alli, en dicho hotel creo que era yo, porque en realidad se trataba de
un ambito irrestaurable de haitianos jovenes, viejos, enfermos y sanos. De
que modo he visto los servicios de los hospitales demandados por haitianos en
contra de las mismas demandas de tantos dominicanos, servicios que no los hay
para los nacionales y muchos menos los habria para los extranjeros ilegales.
Todos somos inmigrantes en America, pero el colombiano es colombiano y el
venezolano es venezolano; todos somos inmigrantes en EE UU, pero los factores
de geografia, de espacio, son tan diferentes; una nacion como EE UU se debe a
los inmigrantes, legales y los ilegales, pero una nacion como Rep.
Dominicana, ni tiene espacio ni tiene tradicion en la recepcion de
inmigrantes ilegales por cientos miles. La nacion, la patria, el derecho, se
nos va en el transvase de haitianos hacia Dominicana, impelido por su hambre
milenaria, y por organizaciones cuyas unicas razones de ser son la formacion
de un estado binacional. Los planes de quienes crearon, en el pasado a Haiti,
no son un juego ante su propio franskentein creado hacia el siglo XVIII y
siguientes. El temor de la ocupacion en cuanto a mi vision no es temor, es
actitud de desocupacion, de destierro, so pretexto de no dejarle a mis hijas,
y a sus hijos, un museo de las ruinas de una nacion que para el entonces de
la realidad irrevocable, sera eso: una realidad, la realidad de un estado
binacional. Ya no es un problema de identidad, sino de responsabilidad para
defender esa identidad de parte de los dominicanos, y en especial de su clase
dirigencial. Vaya con la dignidad humana que este por debajo del sentido del
respeto, el mismo que violan quienes mueven las fichas como para que los
haitianos, agresores de siempre y de la historia a traves de sus militares y
politicos, abordan tierra dominicanas como sino existieran fronteras ni
materiales ni espirituales. Podemos convivir pero no convivenciar en desmedro
de nuestra nacionalidad, de nuestros derechos y de nuestra historia, mucho
menos de los ideales duartianos. Visceralmente antihaitiano podría ser mejor
adjetivo, hoy, frente a la demanda de atencion a este problema, que ser
visceralmente haitianizado mañana, pero sin patria y sin nacion estado, pero
que conste en esta actitud no hay antinada. En cuanto a la piel, su color,
ese nunca ha sido un problema profundamente dominicano, a no ser que en esa
piel y en ese color a que se refiere.... no medie una diferencia de Estado
como concepto politico, y de nacion como actitud cultural. El desnuble de la
mente, con respecto a la haitinianidad nunca ha eclipsado mi conciencia del
respeto y la cultura manifiesta en ese noble pueblo, sin embargo, prima el
sentido de la caracterizacion de una nacion para ellos y otra para nosotros,
manifestandose en medio de todo el embrollo creado, el hecho indeclinable de
una naturaleza geografica cuya historia de asentamientos ha sido un
defenderse de la dominicanidad contra la agresion de todo y de todos:
Francia, España, Inglaterra, Holanda, EE UU y Haiti. En la forjacion de un
valor de lo humano, de un sentido del valor de lo humano, de la vida, he
forjado toda una vida de trabajo. Yo tambien, en mis estadias de residencias,
no de turista, en otros tres o cuatro paises de América, me he dado cuenta de
nuestra pobreza material, como se entiende la carencia de bienes en nuestro
medio, pero tambien me he dado cuenta de nuestra riqueza espiritual, como
para que la perdamos a manos de nuestros propios descuidos, a manos de
nuestro proyecto de una farsa, como lo es la globalizacion, y como lo es un
sentido mal interpretado de nuestra tolerancia. La liberacion de los mercados
es una cosa, y el accionar de mercaderes en las fronteras dominico-hatianos,
vendiendo actas de nacimientos; la accion de ongs protectora de la
ilegalidades y del trafico de indocumentados, para vivir de ellos, es otra
cosa. Ni antiahaitianismo, ni segregacion racial, mucho menos violencia en el
decir, sencillamente se trata de una realidad, la que reitero, no es mia,
sino de una vision totalizadora, amplia, de un intelectual que acaba de
ampliar su texto de 1988 al respecto; me refieron a Manuel Nunez, y su libro
El ocaso de la nacion dominicana. Hector Amarante.