Besitos,
Ana
Srs. Telcel
Ana Black
Atención
Luis Malvido, Presidente.
Apreciado Sr. Malvido, Presidente:
Verá usted, es que no me queda otra que, por medio de la presente, plantearle algo que todavía no sé si es una duda enorme o son múltiples duditas que, al unirlas en único discurso, pasan a constituir un dudonononónnn; usted dirá y, cuando diga, espero que me ayude.
Mire, estimado Sr. Malvido –y considero responsable advertirle que respire profundo porque lo que sigue es la propia retahíla- resulta que yo, como casi todo el mundo, tengo un celular el cual uso sólo para, debo confesarlo, mantener contacto con mi ya casi no adolescente hija y hacer una que otra llamadita, nada del otro mundo, es decir, no vivo pegada al aparato, como otras; Ajá, también estoy afiliada al servicio “habla pegado” de la empresa que usted preside, o sea, Telcel, en su versión pre pago más económica, léase: 500 minutos libres y doscientos mensajes de texto. O.K., ese teléfono me lo regalaron -tan bello mi gordo- un veintitrés de diciembre del año tal y ese mismo día, claro está, le fue introducido el monto en bolívares que la empresa exigía para que todo funcionara bien. Y así fue, todo marchó cheverito -es decir, yo controlaba a mi menor hija y mi gordo me controlaba a mi- hasta que un buen día, veintitrés de enero, para seguir con las precisiones, cuando quise hacer una llamada ¡a otro Telcel!, me salió una señora, muy amable eso sí, diciendo que se me había vencido el saldo. Estrepitosamente alarmada, o sea ¡¡¡¿Que, quéee?!!! adelante, porque, ya le dije, soy de poco hablar, al menos vía telefónica, indagué y ¿sabe qué descubrí? que todavía me quedaban más de doscientos minutos por consumir. Eso no es todo, mi amable señor, lo peor vino cuando descubrí que ni siquiera podía revisar los mensajes de voz pues, según la ya mencionada amable señora, se me había vencido el saldo. ¿Y… -me pregunté- qué tendrá que ver aquello con las que te conté? Pero … hay más… ¡a los pocos días tampoco recibía llamadas! ¿Usted ha visto? Y, nooo, siéntese, porque lo que viene es mejor todavía: ¿se acuerda de la fecha veintitrés del mes de diciembre? Pues muérase que si yo, digamos que en julio, por esas pelazones abrumadoras en las que solemos caer los que contamos nuestros ingresos en unidades tributarias, no puedo meterle los ochenta mil y pico de bolivaritos necesarios para que todo vuelva a ser dicha y felicidad ese día veintitrés sino que lo puedo hacer, digamos que… el veintinueve del mismo mes, la fecha de vencimiento la cuentan a partir del veintitrés y no del día en que le metí saldo y si esa acción se realiza el tres del mes siguiente, cáigase para atrás y disculpe la repetición pero, la fecha de vencimiento… sí, adivinó, sigue siendo un veintitrés. ¿Qué cosa, no? Y eso que no le he contado que llamar a mi mamá para decirle que ya voy en camino, que “sí mamá, voy a almorzar allá, chaíto”, me cuesta casi dos mil bolívares.
Le voy a hacer el bien de resumir: Yo PRE pago un bojotón de dinero (y me da la impresión de que es más cada vez) por unos supuestos 500 minutos libres (¿de toda culpa?) los cuales, si no llego a consumir, la empresa me los quita y eso que ¡Ay! perdóneme Malvido, ya sé que estoy fastidiosona con esto pero es que ¡los he PRE pagado!. Lo mismo sucede con los mensajes de texto y con todos los servicios que, ya le dije, yo he PRE pagado, es decir, cancelado de antemano, desembolsado antes de hacer uso, en fin… ya me entiende. Y por último, yo vuelvo a PRE pagar mi renta básica en una fecha y la que consideran válida es otra anteriorsíiima.
¿Me explico? Bueno, para ponérselo en lenguaje doméstico -el que mejor entendemos todos- es como si del abasto le vinieran a quitar a usted el medio paquete de café, el cuarto de kilo de arroz y los tres cambures que no ha consumido para el final del mes aunque los haya PRE pagado.
Dígame, apreciado Sr. Malvido: ¿esto es una estafa o yo estoy viendo fantasmas donde no los hay?
Atentamente,
Ana Black