Treblinka
Prof. Betty Mota
Tendría entre 15 y 16 años cuando leí “Treblinka”. No recuerdo el nombre de su autor; pero sí su contenido. Era Treblinka, junto a otros 5 campos de exterminio Nazi, el destino final de millones de seres humanos que cayeron víctima del fanatismo de unos desquiciados que se creyeron seres superiores, de la cobardía de muchos que no tuvieron el coraje de oponerse a la barbarie, de la indiferencia de otros tantos a los que no les importó que sus vecinos estuvieran siendo aniquilados paulatinamente y de incredibilidad de la mayoría que se negaba a aceptar que existiera la maldad simple y pura.
Tal y como lo expresan los estudiosos del Holocausto, los campos fueron el punto culminante, o lo que se ha dado en llamar la “solución final”, para todo un proceso que, aún antes de la toma del poder, estaba en las mentes enfermas de Hitler y sus lunáticos seguidores, donde destaca el siniestro Heinrich Himmler. Ese “proceso”, esa maquinaria infernal de exterminio comenzó con la “creación” de la raza aria, la cual se sustentó en una constitución y leyes que habrían de hacer “legal” la inmundicia mental que azotaba a líderes y seguidores de eso que se llamó el Tercer Reich. No había marcha atrás. La raza aria, superior a todas, debía exterminar a los que consideraba inferiores: judíos, gitanos, homosexuales, impedidos; pero también a los que se les oponían: Testigos de Jehová, comunistas, socialistas, aunque estos fueran alemanes. No podía ser de otra manera. Fanatismo, locura, poder y resentimiento se habían apoderado de la psiquis alemana, aunado a cobardía, indiferencia e incredibilidad de gente “buena y noble”, que no admitía que “eso” estuviera ocurriendo.
Había olvidado a Treblinka; sin embargo, lo que está pasando en mi país me trajo a la memoria lo que había leído en mi adolescencia. La Estrella de David fue para los judíos lo que las firmas son para nosotros. A partir de allí la pérdida absoluta de la ciudadanía es cuestión de muy poco tiempo. La V República ya puso en marcha el mecanismo macabro del exterminio. Nos han vedados espacios públicos, negado documentos, trabajo, salud, pensiones, justicia y libertad. Además nos han reprimido, maltratado, perseguido, torturado, desaparecido y asesinado.
¿Qué esperamos para reaccionar? Esos dementes están convencidos que pueden reducirnos a algo menos que a unos gusanos, así como lo hicieron Hitler y Fidel. No permitamos que Venezuela se llene de ghettos y de cadáveres insepultos, y muchos menos de campos de exterminio. Recuérdese que los holocaustos ocurren porque hay dementes asesinos corrompidos de maldad; pero también porque hay cobardía, indiferencia y complicidad. Es nuestra responsabilidad oponernos a la barbarie que representan los hijos apátridas que han llenado el suelo amado de muerte, desolación, hambre frustración y corrupción.
Vamos Venezuela, que esta mala hora deberá pasar pronto. Usemos nuestra Estrella de David, no como un signo de exclusión y miedo, sino como la identificación del coraje que significa ser auténticamente libres. Vamos amigos, porque estamos obligados a rescatar la democracia, a impedir que Venezuela se llene de ghettos. Vamos, porque en mi patria no debe haber fronteras, ni seres inferiores. Es una cuestión de supervivencia. O se imponen ellos o lo hacemos nosotros.