El análisis más superficial podría hacer pensar que la gente ha salido a
marchar desde el 23 de enero hasta el 11 de julio únicamente para sacar a Chávez del poder. Esto es verdad pero hay más que eso.
En una Venezuela donde no hay instituciones y no hay reglas de juego, la gente sale a la calle a recuperar la dignidad perdida, a clamar a gritos y en el asfalto que no existe futuro si no hay justicia, que no hay dignidad si no hay justicia. La calle se vuelve el espacio para reencontrarnos y reconocernos, como venezolanos, para expresar de mil maneras que el país se encuentra en un rumbo equivocado.
Esto se vuelve en una verdad más patente cuando el propio Presidente de la República se convierte en el principal instigador, en el primer responsable, en la causa mayor de la violencia, la impunidad y la anomia.
Después de haber sembrado caos, destrucción y anarquía por más de tres años, el Presidente pretende eximirse de su responsabilidad histórica, política y judicial sobre los sucesos de abril, invocando un diálogo que 'componga' la legitimidad y la gobernabilidad perdida. Es decir, se invoca el diálogo precisamente porque no hay instituciones que garanticen que Venezuela pueda reiniciar su camino aplicando los castigos que corresponden a la responsabilidad del Gobierno en los crímenes de abril y en la destrucción social.
De allí que nosotros consideramos que el llamado a diálogo del Gobierno, de la manera más egoísta imaginable, busca exclusivamente mantener en el poder al presidente Chávez, en lugar de encontrar una solución que beneficie a la nación venezolana en su conjunto.
El Gobierno pide una tregua, pide un voto de confianza, pide una
conversaíta, para ver 'cómo nos las arreglamos'; pero hasta ahora no ha
marcado ningún tema, ninguna ruta, ningún rumbo que nos señale cómo recuperar la dignidad perdida y cómo recomponer las instituciones para que quepan todos los venezolanos sin división.
Por ello cuesta tanto hablar de 'salidas institucionales' cuando no existen instituciones.
Hace una semana, la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia concedió la solicitud que hiciera Primero Justicia para anular la decisión que dejaba en libertad a los pistoleros de puente Llaguno. Un país sin justicia recibe como una fiesta lo que debería ser la rutina de la justicia.
Al final, qué significará esta decisión: los platos rotos que los pagan los
más imbéciles o el despertar de una conciencia sobre la responsabilidad que pesa sobre el TSJ, en la posibilidad de cambiar el rumbo de Venezuela.
Primero Justicia, que criticó con mayor dureza la designación de esta
justicia politizada, exige a la conciencia de los magistrados ayudar al país a escapar de las arenas movedizas de la anomia.
Miembro de Primero Justicia.julioaborges@...