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Entrevista a Lama Sogyal Rimpoché, maestro espiritual budista
Por Víctor M. Amela – 09/05/2005 (Aparecida en el Portal
Espiritual)
Tengo unos 56 años... Nací en Khan, en el Tíbet oriental. Soy
lama tibetano y me dedico a la enseñanza del budismo en
occidente. Soy demócrata, pero ningún sistema garantiza la
felicidad. Tu mente crea el mundo: ¡domestícala!
El budismo ayuda a buscar la felicidad. Dios está en ti, es la
realidad de tu naturaleza última: intenta saborearla
-¿Por qué interesa tanto el budismo en Occidente?
- Porque los occidentales no son tontos, claro.
-¿Y qué vemos en el budismo?
- Ustedes han visto ya cuánto sufrimiento mental padecen, y
están descubriendo que el budismo puede ayudarles
-¿Sufrimiento mental?
- Depresión, neurosis, infelicidad... ¿Por qué? ¿Por qué, si
disponen de tanta riqueza, avances, tecnología, confort...?
- Quizá porque todavía queremos más.
- Vivirás en el mejor penthouse del mejor edificio sobre
Central Park... y te tirarás por la ventana. ¿Por qué?
Porque la felicidad sólo está en la mente. Todo está en
los pensamientos. ¡Es la mente la que crea el mundo!
-¿Mi felicidad depende de mi mente?
-Sí: sufrimiento y felicidad son creaciones mentales.
Por eso la enseñanza principal del budismo es ésta:
¡Domestica tu mente!
-¿Y en qué consiste eso?
- En conquistar la mente: el budismo enseña a entrenarla
para aplacar emociones negativas, angustia, descontento,
infelicidad...
-¿Sufrimiento, en suma?
- Sí. Entrenando la mente, es posible llegar al extremo
de que cualquier suceso deje de parecerte adverso...
para ser una bendición.
-¿Hasta ese punto? ¿Cómo conseguir eso?
-A mí me ayudó esta frase que leí hace 30 años:
El agua, si no la remueves, se vuelve clara. Pues bien,
la mente es como el agua.
-No hay que removerla.
-La enturbian los pensamientos. Una mente calma es un
cielo azul: los pensamientos son las nubes que lo tapan.
¡No te identifiques con esas nubes, y busca ver el cielo!
-Difícil: la vida es complicada y hay que darle tantas
vueltas al coco...
-¿Sí? Todos los problemas del ser humano derivan de
su incapacidad de sentarse solo en una habitación,
escribió Pascal...
-Pero consuela tanto estar distraídos...
-Nos distraemos de nosotros mismos con pensamientos:
son astucias del ego que nos apartan de nuestra
esencia, son falsas visiones a las que nos aferramos,
nos apegamos.
-¿Tanto nos autoengañamos?
- Escuche este cuento que narró Buda... Un mercader
tenía una bella esposa y un hijo pequeño. La esposa
enfermó y falleció, y el mercader cifró toda su
felicidad en ese niño. Mientras estaba en un viaje,
unos bandidos asolaron la aldea y se llevaron al niño.
A su regreso, el mercader vio un cuerpo de niño
calcinado y lo tomó por el de su hijo.
-Pobre hombre, cuánta desgracia...
-Practicó una ceremonia de cremación del hijo, y
conservó las cenizas en una bolsita de seda.
Trabajaba, comía y dormía aferrado a la bolsa y a su
desesperación, llorando...
-Comprensible...
-Un día su hijo escapó de los bandidos y llamó a la
puerta del padre. Era medianoche y el padre sollozaba
junto a las cenizas. ¡Soy yo, papá! gritó el hijo. El
padre pensó que alguien le gastaba una broma cruel,
y no abrió. El hijo llamó cien veces, inútilmente,
hasta que se fue. ¡Nunca volvieron a verse!
-Ya veo: nos apegamos a nuestra verdad...
-... y no sabemos dar la bienvenida a la verdad en
persona cuando llama a la puerta.
-Pues ayúdeme a estar abierto y alegre.
-Cada vez que vea o hable con otra persona, piense que
esa persona es usted.
-Buen ejercicio... Y difícil.
-Entrene su mente en eso. Verá qué bien.
-¿Y si yo me odio? Odiaré a todos, pues.
-Haga este ejercicio: inspire, y a cada inspiración
imagine que recoge usted todo el dolor, desgracia,
angustia y sufrimiento de los otros; y espire, y a
cada espiración difunda hacia los otros bondad,
consuelo, amor.
-¡Se supone que el que estaba mal era yo!
-Precisamente: tus males derivan de preocuparte tanto
de ti mismo, del yo, yo, yo...
-Pero si estoy sufriendo yo...
-Yo, yo...¡Ábrete al sufrimiento de los otros!: eso es
la compasión. Y empieza a meditar: quieto, concéntrate
en tu respiración, obsérvala, eso sosegará tu mente.
La práctica de la meditación conduce a la paz interna.
-La panacea, lo que todos buscamos...
-Lo que te digo no es cuestión de fe: te bastará con
probarlo y saborearlo por ti mismo.
-¿Qué tipo de paz interna es esa?
-La falacia del ego se disuelve, las emociones
negativas pasan... Eso es la sabiduría: como la
compasión, está también dentro de ti.
-¿Basta con ponerse a meditar?
-Poquito a poco... Pero si lo intentas, te llenará de
tanta alegría y fuerza que querrás seguir. Hoy los
estudios médicos ya han probado los múltiples
beneficios psicosomáticos de la meditación (sabiduría)
y del amor (compasión): el ritmo cardiaco se
equilibra, el sistema inmunológico se refuerza...
-Entonces el Dalai Lama estará perfecto...
-El Dalai Lama es un hombre bueno, y verle estimula a
la humanidad a intentarlo.
-La humanidad insiste en la barbarie, occidente en
especial: ¡no somos tan inteligentes!
-Sí, sí lo sois, pero sucede que aún ponéis la
inteligencia al servicio de la ignorancia.
-¿Qué ignoro?
-Que puedes tomar la decisión de ser feliz.
-Pero hay dolor, sufrimientos, heridas...
-Sí, pero no seas ignorante: ¡no te dejes engañar por
todo eso, no te identifiques con eso! Ésa es una
visión errónea, ignorante.
-No es nada fácil.
-Ya: si hace mucho que no te duchas, al hacerlo saldrá
mucha mugre y te asustarás. Si perseveras, el agua
saldrá limpia. Persevera.
-Ustedes no le piden nada a Dios, veo...
-A la sabiduría y a la compasión que palpitan dentro
de ti podrías llamarlas Dios.
-¿La humanidad será divina un día?
-Un día, dentro de muchos eones.
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Jue, 23 de Jun, 2005 6:56 pm
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