"Sólo con los libros no basta para crear buenos lectores"
http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=644211
12-10-04
La opinión sobre el tema de la especialista británica Grace Kempster
Dice que es fundamental una figura que guíe y recomiende
Y que cualquier lectura es válida
Para crear buenos lectores los libros no alcanzan. A menos que se los
acompañe con el placer de hablar de ellos, recomendarlos y criticarlos y con
la libertad de elegirlos. Es decir, con la experiencia de ser lector.
Así piensa Grace Kempster, a partir de su experiencia en el trabajo de
promoción de la lectura entre chicos y adolescentes en los gobiernos de
Londres, Essex y Leeds. Desde allí ideó y condujo trabajos con docentes,
actividades abiertas en bibliotecas públicas y la instalación de centros
comunitarios de apoyo escolar. También se dedicó a la introducción y el uso
de Internet en las bibliotecas públicas y es actual directora de Servicios
de Información del British Council.
Kempster -que visitó Buenos Aires recientemente para participar de una serie
de actividades organizadas por el British Council- opina que en la lectura
por curiosidad, por interés y por placer está la clave de los países
exitosos. "Los ciudadanos creativos e innovadores que demanda la sociedad de
la información son los que adquirieron el placer de aprender y de leer",
afirmó, en diálogo con LA NACION.
-En la Argentina preocupan los bajos niveles de lectura de los chicos.
¿Ocurre también en Gran Bretaña?
-Es un fenómeno mundial. Sabemos que los chicos pasan mucho tiempo en
Internet y que las nenas tienden a leer más que los varones y a mantener el
hábito en el tiempo. Sin embargo, hemos notado, sobre todo a partir de
fenómenos como el de Harry Potter, que los chicos están decidiendo en mayor
medida cuál es su experiencia de lectura, qué quieren leer. Para promover la
lectura no sirve decir que leer es bueno. Lo es, pero hay que decir también
que leer es divertido, que te permite conocer y entender otras vidas,
manejar Internet, te hace capaz de tomar tus propias decisiones, de pensar
de manera independiente, de elegir tus propios puntos de vista. Hay un
placer en la lectura y una libertad de leer. Hay muchos libros que leí por
la mitad, otros que no empecé, otros que me parecieron horribles. Todos
tenemos experiencias de lectura que podemos compartir con otros. Además, por
supuesto, leer ayuda al rendimiento académico y mejora las habilidades de
comunicación.
-¿Puede crearse el hábito de la lectura o sólo promoverse cuando ya existe
un interés natural?
-Creo firmemente que la lectura es una experiencia que puede crearse y
recrearse. Hemos visto chicos que provienen de hogares sin acceso a libros,
o con padres que no son buenos lectores, y que se volcaron a la lectura a
partir de un interés particular, como el fútbol o el funcionamiento de
alguna máquina. Se volcaron a los libros no para leer, sino para averiguar,
para disfrutar. Ese disparador puede aparecer en cualquier momento de la
vida, puede pasar varias veces y puede volver a hallarse si se perdió.
-¿En qué medida influye el ambiente familiar en la creación de lectores?
-Las investigaciones sobre qué es lo que hace a una persona un buen lector
concluyeron que sólo se necesita tener contacto con un adulto interesado en
eso. Puede no ser el padre o la madre, puede ser alguien en una biblioteca,
en una librería, un maestro, un familiar, alguien con quien compartir libros
y lectura, alguien que promueva que el chico lea lo que sea que quiera leer.
Alguien que no le pregunte "¿Qué estás leyendo?", sino "¿Qué vas a leer
después?".
-¿Cuál es el rol de la escuela?
-Es un rol muy importante, pero con algunos aspectos interesantes. En el
Reino Unido creamos un programa de una hora semanal de actividades de
promoción de la lectura en las escuelas. Medimos los resultados y
encontramos que dependían completamente de si los chicos percibían que las
actividades eran divertidas o no. Pero siempre funcionó muy bien cuando
simplemente se les pedía a los chicos que trajeran lo que sea que estuvieran
leyendo para hablar de eso en clase; se les preguntaba cuál era el mejor
libro que habían leído, el peor, el que todo el mundo debería leer, el que
debería ganar un premio, el que nadie debería leer.
-¿Qué papel tiene el docente?
-Creo que si un docente no disfruta de la lectura no podrá nunca transmitir
el placer de leer a sus alumnos. No se puede recomendar a los chicos que se
acerquen a los libros si ellos no ven que uno lo hace. No se puede inspirar
la lectura en otros si uno no está preparado para compartir sus propios
viajes por los libros. Por lectura no me refiero sólo a literatura, sino
también a cualquier clase de lectura: investigaciones científicas, libros
técnicos, libros históricos, poesía, un thriller.
-¿Cree que la distribución de libros, como hace el Ministerio de Educación
en la Argentina, es una buena política?
-Es una política excelente, porque la disponibilidad de libros es un
problema en muchos países del mundo. Pero una de las claves del éxito es la
variedad de iniciativas: la solución no es sólo trabajar en escuelas, no
sólo con los padres, no sólo en las bibliotecas y librerías, sino también en
muchas iniciativas juntas para lograr que un país disfrute la lectura y lo
siga haciendo. Por ejemplo, en el Reino Unido trabajamos en la instalación
de centros de apoyo escolar y de lectura en clubes, como el Manchester
United. En varias bibliotecas, los libros que circulan tienen un espacio
para que los lectores dejen registradas sus impresiones. Y en las
bibliotecas públicas de Essex hay actualmente 250 grupos de lectura; de
jóvenes, de adultos mayores, de padres preocupados por lo que leen sus
hijos.
-¿Internet es una mala influencia?
-Sirve para crear comunidades de lectores. Hay varios sitios que promueven
la lectura. Por ejemplo, uno para adolescentes que, a la manera del programa
de televisión "Gran Hermano", propone un grupo de libros del que cada semana
se elimina uno, según las opiniones de los jóvenes. Lo importante con estos
sitios es que no dan listas de libros para leer, sino que les proponen que
hagan sus sugerencias de lectura.
Por Raquel San Martín
De la Redacción de LA NACION
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