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1 paso. Leer (Lectio). Se lee el evangelio. Darle todo el tiempo necesario, para que se haga con calma, adentrándose en el texto, y deteniéndose en los detalles y las circunstancias. ¿Qué dice el texto? La Lectio divina no es una lectura cualquiera, apresurada, sino lenta y atenta, tratando de evidenciar todos los elementos portantes e importantes del texto. Todo es importante, nada sobra en un texto, por eso se compara la Palabra de Dios con el mismo Cuerpo de Cristo (cfr. DV. 21) y así como se está atento a que ni una sola partícula de la Hostia se pierda, de igual manera hay que buscar que ningún detalle se escape de nuestra atención. 2 paso. Meditación (Meditatio) Nos dejamos interpelar por el texto En este segundo momento la atención se centra en descubrir el mensaje del texto en nuestra situación personal y comunitaria, pero sobre todo comprender que el texto debe interpelarme a una respuesta de vida. Es recomendable, leer nuevamente el texto o cita bíblica en voz alta si nos encontramos en comunidad y luego dar paso a un silencio que se escucha bajo la voz del Espíritu Santo. Recordemos, que la Palabra de Dios debe ser siempre un saber llevar el texto a nuestro hoy, es decir, al hoy de nuestras vidas y nuestra historia. Por eso, la invitación para esta Meditatio o Meditación, es ver como puedes hacer una relectura de tu vida en este texto. Meditemos las palabras en nuestros corazones y preguntémonos ¿qué me dice el texto? Decía S. Jerónimo que por la lectura llegamos a la cáscara de la letra, intentando atravesarla; solo con la meditación podemos llegar al fruto del Espíritu. La meditación nos ayuda a descubrir el sentido que el Espíritu quiere comunicar hoy a su Iglesia a través de los diversos pasajes de la Biblia. La pregunta que aquí nos hacemos es: ¿cuál es el mensaje que este pasaje tiene para mí, para nosotros? La Meditación trata de establecer un diálogo entre lo que Dios nos dice en su Palabra y lo que sucede en nuestra vida. Se medita reflexionando, preguntando por ejemplo: ¿Qué diferencias y qué semejanzas encontramos entre la situación del pasaje que estamos leyendo y la nuestra? ¿Qué cambio de comportamiento me sugiere? ¿Qué quiere hacer crecer en mí, en nosotros?... 3 paso. Oración (Oratio) Alabar, bendecir, glorificar al Señor por la vida en abundancia, porque nos muestra el camino de realización y la felicidad. Oremos para ser inundados por la presencia de Jesucristo, que su amor nos capacite para ver en el texto una fuente de amor. Habla al Dios que te besa a través de su Palabra. Confiado y sin temor, lejos de toda mirada sobre ti mismo. Da gracias, intercede por los hermanos, por las situaciones que el texto te haya traído a la memoria. Da curso libre a tus capacidades creativas de sensibilidad en la oración. 4 paso. Contemplación (Contemplatio) Respondemos a la Palabra escuchada y meditada y nos comprometemos al descubrirla en nuestra vida. En este momento respondemos a la Palabra de Dios, lo podemos hacer a través LOS SIGNOS QUE NOS AYUDAN EN LA LECTIO DIVINA
PARA VIVIR ENCUENTROS COMUNITARIOS DE LECTIO DIVINA |
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1- | Leamos la Palabra de Dios 1.1- Proclamamos la Palabra | Dios como Padre nos habla; nosotros, la familia de los discípulos de Jesús, acogemos de corazón lo que nos quiere decir. |
1.2- Compartamos la vida | Dios habla por la vida. Nos fijamos en los aspectos de nuestra vida que nos ayudan a entender el mensaje de Dios y que, a la vez, necesitan ser iluminados por su Palabra. | |
1.3- Escuchamos a Dios | Dios habla en la Sagrada Escritura. Nos fijamos en el mensaje que el pasaje bíblico consigna. Ese mensaje es Palabra de Dios viva y eficaz que alimenta nuestra condición de discípulos. | |
2- | Meditamos el mensaje y la vida | Dios habla para la vida. El mensaje de Dios nos interpela: dejemos que ilumine nuestra vida y nos muestre el camino a seguir. |
3- | Oramos el mensaje y la vida | Desde la vida iluminada por la Palabra dialogamos con Dios y, como comunidad orante, celebramos nuestra fe alabando, dando gracias, pidiendo… |
4- | Practicamos la Palabra | La vida puesta a la luz de la Palabra cobra nuevo sentido y se descubren los desafíos que nos ayudan a imitar mejor a Jesucristo en su Iglesia. |
29 de Enero 2006, IV Domingo ordinario B. ¿Quién es Jesucristo y quién es el demonio? DEUT 18, 15-20; SAL 94; 1COR 7, 32-35; MC 1, 21-28 1 Platicando del endemoniado que nos menciona el evangelio, y por el hecho de que la ignorancia y el deseo de protagonismo de muchos cristianos hacen imaginarse muchas alegorías y supersticiones sobre este punto, siento necesario aclararlo dentro de lo que pudiera saber y lo que dice los documentos de la Iglesia. "No se excluye, decía el papa Juan Pablo II, que en ciertos casos el espíritu maligno llegue incluso a ejercitar su influjo no sólo sobre las cosas materiales, sino también sobre el cuerpo del hombre, por lo que se habla de "posesiones diabólicas". Los posesos pierden frecuentemente el dominio de sí mismos, sobre sus gestos y palabras; en ocasiones son instrumentos del demonio. En este sentido, los milagros que realiza Jesucristo manifiestan la llegada del reino de Dios y la expulsión del diablo fuera de los dominios del reino: "Ahora el príncipe de este mundo va a ser arrojado fuera" (Jn 12,31). Cuando los setenta y dos discípulos vuelven, llenos de alegría por los resultados de su misión apostólica, le dicen a Jesús: Señor hasta los demonios se nos someten en tu nombre. Y el Maestro les contesta: Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo. Con la presencia de Cristo el demonio se bate en retirada, aunque es mucho su poder y "su presencia se hace más fuerte a medida que el hombre y la sociedad se alejan de Dios" (Juan Pablo II 13-8-86) 2 Mediante el pecado muchas personas quedan sujetas a su esclavitud, se alejan de Dios para penetrar en el reino de las tinieblas, del mal; en un grado u otro, se convierten en instrumentos del mal en el mundo, y quedan sometidos a la peor de las esclavitudes. "En verdad les digo: todo el que comete pecado, esclavo es del pecado" (Jn 8,34). Frecuentemente nos encontramos cautivados por su poder que está fuera de nuestro control. Es común ver que algunos, con grandes habilidades mentales caen como victimas de una compulsión u obligación irrazonable. La mentira, el engaño, el autoengaño, una inesperada distorsión de la realidad, la imprevista justificación de lo injustificable, son los síntomas de que el demonio está cerca. Por otro lado, es obvio que negar la existencia del demonio es como darle más posibilidades. Es como decir que, que no se acepta el cáncer y por lo tanto no es necesario buscar las soluciones para sanar. 3 Y cuando negamos su existencia, le damos una especie de ocultamiento para que actúe con más libertinaje. Es verdad que de las grandes realidades espirituales nos convence la fe. Esa es nuestra limitación y servidumbre como hombres que somos. Pero también es cierto que tenemos muchas veces aproximaciones al hecho espiritual que no son simples casualidades o alucinaciones. 4 Toda persona lucha entre el bien y el mal, entre Dios y Satanás, y él se siente incapaz de someter con eficacia por sí solo los ataques del mal, hasta el punto de sentirse como aherrojado entre cadenas" (Gaudium et Spes 13, Conc. Vat. II). "No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco…" Rom 7,14- 21. Es la influencia del demonio, siempre al acecho, que inclina al pecado. Nos recomienda S. Pedro: "confíenle todas sus preocupaciones, pues, el cuida de ustedes. Sed sobrios y velen. Su adversario el diablo, ronda como león rugiente buscando a quien devorar. Resístanle firmes en la fe…" 1ª Ped. 5,7-9. "Velen y oren para que no caigan en tentación; que el espíritu esta pronto, pero la carne es débil. Mat. 26.41. En esto adquiere gran sentido lo que decimos en el Padrenuestro: "no nos dejes caer en tentación, mas líbranos de todo mal" 5 Ciertamente que en el camino de la vida nos encontraremos con muchas personas que han sido dañadas, tal vez fuertemente, por la maldad y dominadas por el pecado. A nosotros corresponde, por voluntad de Dios, llegar a ellos para ayudarles a encontrar en Cristo su amor misericordioso, su salvación, su camino y un compromiso nuevo para trabajar a favor del Reino 6 Quisiera usar un ejemplo de uno de los mayores genios del tiempo moderno que tomé por allí. El novelista ruso Fiodor Dostoievski. Es conocido como el "maestro del corazón humano" a causa de su visión sicológica penetrante, pero tenía dificultad en dominar sus propias emociones. El "demonio" que le afligió era el de la adición a los juegos. Un día había entrado en un casino y apostó en una ruleta. Ganó y le pareció que había encontrado la solución a sus problemas económicos. Desgraciadamente, no paró cuando estaba ganando; siguió jugando y perdió todo. Saliendo del casino, entregó su anillo y reloj a un prestamista. Ese dinero que le dieron lo perdió también. 7 Después, se sintió miserable, no solamente por las pérdidas, sino porque se había entregado a una actividad febril que le hizo actuar con temeridad. Resolvió no jugar más. A su señora le prometió que terminaría, pero era una promesa que ella escuchó muchas veces. El juego lo sumergió en una deuda creciente; puso en peligro su hogar. Siguió así por varios años. 8 Un día las cosas cambiaron. Dostoievski había juntando una cantidad de dinero equivalente a unos doscientos dólares. Calculó cuidadosamente qué parte arriesgaría y qué parte guardaría. Como siempre, la compulsión u obligación prevaleció y no solamente apostó todo, sino pidió a los otros jugadores prestarle dinero, ofreciendo parte de su ropa como fianza. A las nueve y media de la noche salió del casino, lleno de remordimiento. Decidió buscar un sacerdote para confesarse. A la distancia, atisbó lo que parecía como una iglesia rusa. Pero cuando llegó, resultó que era una sinagoga judía. Más tarde escribió, "Era como que alguien echara agua fría sobre mí. Fui corriendo a mi casa..." Desde aquel día, jamás entró otro casino. 9 No sabemos exactamente que le sucedió a Dostoievski aquella noche, pero de alguna manera su adición fue cortada. Ciertamente tenía algo que ver con el deseo de confesar sus pecados y buscar el perdón de Cristo. Era como desear que el espíritu inmundo fuera echado de él. Después de esto, entró en lo que eran unos de los años más productivos y más felices de su vida. 10 Sabemos que así como le sucedió a este personaje, sigue sucediendo entre nosotros; solamente podemos admirar y reaccionar como la gente de Cafarnaúm: "¿Qué es esto? ¿Que nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar a los espíritus inmundos y lo obedecen." 11 Jesús también puede librarnos a ti y a mí. La fuerza de Jesús, su convencimiento pleno en torno a lo que dice y, sobre todo, la representación física de que una fuerza divina acompaña a sus palabras, no parece fácil de imaginar. Los casos de autoridad humana casi siempre vienen acompañados de unos ciertos escenarios de poder. Y es esa autoridad, que representa su divinidad, es la que solivianta a los demonios. 12 Se le someten los demonios, pero también los vientos y las tormentas. Se le somete, asimismo, la "normalidad" de la naturaleza al, por ejemplo, poder caminar por las aguas. Es ocasión también, proceder de lo mejor para todos nosotros en este domingo a que andemos un paso más en nuestro conocimiento de Jesús, nuestro Maestro y Amigo. El nos enseñaba con su predicación el convencimiento de ello, expresaba su seguridad interior, más que sus conocimientos. La fuerza del Espíritu Santo enaltecía en El. Pocas veces habló de su secreto interior, pocas veces y sólo a sus más íntimos, contó que todo lo que decía provenía del Padre Dios, que con Él era un solo Dios. No lo explicaba a la gente pero la gente se daba cuenta de que hablaba de una manera distinta, con convencimiento, con seguridad, sin pretender tener éxito. 13 A lo contrario de mucha gente de hoy, ¡tantas cosas dicen para causar sensación y poder presumir! Y muchos se las creen, simplemente porque el que las dice es elocuente, les anima sus encantos y les alegra la vida de momento, les gusta oírlo. Pero pasa el tiempo como también los personajes, y van desapareciendo tantas cosas dichas que parecían que iban a cambiar el mundo… Como las teorías, pasan de moda, muchos líderes y afamados son totalmente olvidados al poco de hacerse famosos. 14 Jesús es el camino, la verdad, no defrauda, lo que enseñó entonces, todavía hoy da buenos resultados. Al meditar el evangelio desde jóvenes, veras que al hacerse mayores todavía lo que aprendieron tiene valor. Jesucristo siempre es actual por que su Espíritu esta presente y hace creativo y renovado todo, "es ayer, hoy y siempre". Heb 13,8. 15 El comportamiento de algunos, incluso sus gestos más inmediatos en materia de maldad: asesinatos, injusticias, crueldad, soberbia irredenta, insolidaridad criminal, etc. nos aproximan a la idea de la posesión y de la existencia de un mal sobrehumano. Y es posible que el choque entre esos comportamientos terribles y la conciencia tienda a producir enfermedad. Lo psicosomático es eso. Pero, sin embargo, hay que reconocer que muchas veces la enfermedad produce un abandono negativo, una degeneración del intelecto, una tendencia a la autodestrucción. Y eso no es ya tan normal, ni natural. Eso es un mal demoníaco 16 Las pretensiones del demonio y su acción hoy en día, creo que se manifiesta de manera muy sutil, inimaginable; mientras mas apego a lo material, a lo sensual, a los vicios y a toda clase de esclavitudes vivimos, mas tendrá la oportunidad el maligno para mantenernos cautivos, sometidos, atormentados. Nosotros los bautizados pertenecemos a Cristo, cuando nos bautizaron nos colocaron un aceite en el pecho y una oración que dice: Dios Todopoderoso y eterno, que enviaste tu Hijo al mundo para que nos librara del dominio de Satanás… Así pues, el demonio no podría hacer nada contra nosotros si no le diéramos la oportunidad de trabajar junto a nosotros. 17 De otra manera, casi nunca el diablo actúa personalmente, entra dentro de nosotros como actitud, en esto es que le damos oportunidad. No es un ser como la imaginación demoníaca lo ha representado: de color rojo, con cachos, rabo y estridente, a él le conviene camuflarse lo mas volátil posible. Cuando Judas Iscariote tiene la intención de entregar a Jesucristo, el demonio entró en él. Lo mismo también, cuando Pedro saca una espada y quiere negarse a que Jesucristo sufra su pasión y muerte. El Señor le responde: "apártate de Mi Satanás". 18 Tengo la experiencia de algunas personas que me han llegado diciendo que no pueden vivir tranquilos, que no viven en paz ni sosiego porque pareciera o es que un demonio le acecha, o todos sus proyectos le salen mal. Son personas que han hecho algún tipo de negocio con el demonio, el juego de la güija, ir a los brujos, o con el invento de la santa muerte, como dicen los mejicanos. "El que no está de mi parte, está contra mí; y el que conmigo no recoge, esparce. Lc. 11,22-24, dice el Señor Jesucristo. 19 En cuanto a las recomendaciones de Pablo de Tarso a favor del celibato pues también hay que entenderlo dentro del contexto en que se produce la redacción de la Primera Carta a los Corintios. San Pablo esperaba entonces la segunda llegada del Señor –la Parusía—y así recomienda el no cambiar, cuanto todo parece más próximo. De todos modos, la doctrina del celibato eclesial y que la Iglesia mantiene, está basado en ese principio de tener mayor atención a los asuntos de Dios. Dentro de ella hay además una apuesta nupcial de los consagrados(a). Jesús es el Esposo y el enamoramiento del Profeta de Nazaret llena y ha llenado muchas vidas. |
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