19 de Noviembre
de 2006. XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B
Daniel 12, 1-3;
Salmo 16(15); Hebreos 10, 11-14. 18; Marcos 13, 24-32
Una parusía con esperanzas
Homilía 1
1.- Estamos terminando el ciclo litúrgico B para empezar después de la fiesta de Cristo Rey el ciclo C y el adviento. Es útil para meditar en el final de un año litúrgico y en el inicio de otro. El año litúrgico no empieza, como el del calendario que corrientemente conocemos, el 1 de enero, sino este próximo día 30 de noviembre en que celebraremos el Primer Domingo de Adviento. Las lecturas nos señalan motivos de esperanzas. Su sentido es conmovernos a estar atentos, no pretende darnos miedo o angustiarnos. Por una parte, hay profecías cumplidas, pero por otra, viéndolas desde hoy, dibujan hacia una preparación para el momento del juicio final y el paso hacia la eternidad, con mensajes misteriosos lleno de símbolos que llamamos género apocalíptico.
2.- Nuestra curiosidad quisiera saber más
de este mensaje anunciado que son: La persecución, la necesidad de vigilar,
aparecimiento de falsos mesías como el que hemos visto por televisión hace dos
meses de que ya Cristo esta presente, guerras de alto y bajo perfil en el
mundo; terremotos, hambres, oscurecimiento del sol y de la luna, estrellas que
se caen, ángeles. Desde ahora tenemos los nuevos armamentos nucleares, las
defensas anti y desde satélites, las amenazas de los colosos, los
"ingenios bélicos" que desfilan en las grandes paradas, los misiles
de largo alcance... Detrás de todo esto, está el Maligno. Por ello el pueblo
de Dios está sumido en mil ataques diabólicos, de fuera y de dentro.
Tiempos difíciles, de grandes consternaciones ideológicas. Ante tan graves
peligros recurrimos a ti, arcángel San
Miguel, para que nos defiendas en la lucha, para que seas nuestro amparo contra
las asechanzas del demonio.
3.- El evangelio al leerlo de manera fundamentalista, al pie de la letra, sería la más inadecuada. Lo mas fructuoso es encajándose dentro de la comunidad del tiempo del evangelista. Para nosotros, la enseñanza es de vigilancia, preparación porque es incierto para todos la fecha del juicio. No obstante, siempre ha habido personas que ha creído saber lo que los ángeles ignoran. A lo largo del cristianismo se ha anunciado muchas veces el inminente fin del mundo 2Tes 2,2.
4.- Encontramos por primera vez en el profeta Daniel que escribió más ó menos 160 años antes de encarnarse Jesucristo, la resurrección individual. Relacionado a este tema, también en los Macabeos se afirma la resurrección pero de los justos. Este texto se presenta como repuesta a la fe frente al martirio. En fin, esta resurrección es para los justos y pecadores.
5.- En cuanto al asunto del sacerdocio, se dice que ya no hay más necesidad de repetir los sacrificios rituales para asegurarse la salvación. De todas maneras, nosotros los católicos, también lo repetimos aunque de manera incruenta el sacrificio de Cristo en la cruz. ¿Será que se está siguiendo casi inconcientemente los pasos de los judíos? Si es así, es que no creemos del todo en el sacrificio único de Jesucristo por el perdón, por la salvación nuestra.
6.- También nos dice que el mundo no es eterno. Somos pasajeros como de un "autobús" del que tenemos que bajar en cualquier momento. En cuanto misterio, sin embargo, no está al alcance de nuestro humano conocimiento ni es manipulable para satisfacción de nuestra curiosidad o nuestro interés y orgullo.
7.- Como misterio es irrupción espontánea, aparición con signos que señalan para el que esta en gracia y atento, la cercanía; desvelamiento inesperado y deslumbrante. Como misterio se espera de Dios, en actitud vigilante y confiada. Revelan la condición del hombre y de su mundo, una condición limitada, imperfecta, efímera, que remite necesariamente a otra realidad superior donde esa condición recibe perfección y complementariedad. No es fruto de solo nuestro esfuerzo ni de nuestros ardientes deseos, sino gracia y carisma del Espíritu, virtud teologal que tiene por anhelo al mismo Dios y la unión definitiva y perfecta con Él.
8.- "¿Qué debemos hacer para prepararnos, teniendo en cuenta que vivimos en un mundo donde muchas cosas son adverso a nuestra fe?". La respuesta es sencilla: Tener fe en Jesucristo, practicar los mandamientos, ejercitar misericordia, estar a la escucha del Espíritu Santo. Todo esto nos une más estrechamente a Cristo, porque al vivir en el Espíritu, al comer su Cuerpo y beber su Sangre nos fortalecemos.
9.- Que esta Santa Misa que estamos celebrando ahora en comunidad, nos ayude a llegar felizmente a la eternidad. Y que mientras caminamos hacia ella, sepamos ir haciendo el bien, unidos a Dios y defendiendo la justicia.
Homilía 2
1.- Hay que reconocer que el fragmento evangélico que comentamos hoy, está dominado por las realidades últimas, por lo que llamamos la parusía del Hijo del hombre. Pero, el prisma a través del cual se consideran estas realidades es la vida presente. Como si la única manera de gozar del futuro fuera vivir y optar por el presente a todos los efectos. Como si la única manera de ser fieles a lo eterno fuera vivir en plenitud el presente. Habrá que ser, según esto, muy humanos e iluminados para llegar a ser muy espirituales y eternos.
2.- Debemos pensar que esta vida es corta y que el poco tiempo que tenemos no debemos malgastarlo. Es cierto que lo nuestro hoy es sólo "posada". Estamos de camino, somos peregrinos hacia otra casa, una patria y otro hogar. Pero el trayecto, el camino verdadero, es hoy por hoy lo único que tenemos y, en consecuencia, lo más importante. Sabemos hacia donde vamos, sabemos que lo nuestro es aquello, que nos lleva y conduce a la senda de eternidad. Cuando alcancemos la meta olvidaremos lo que en sí mismo es efímero, pero mientras caminamos somos conscientes, los que vivimos en el Espíritu, de la importancia del medio que hasta allí nos conduce.
3.- La vida eterna se conquista con la vida efímera y transitoria. Exige esfuerzo personal, cultivo de la amistad con Dios, generosidad, pero todo ello desde una humilde e incansable esperanza. Se nos ha acusado a los cristianos de menospreciar el mundo en aras de la vida eterna. Y, si no somos sumamente delicados, puede que tengan razón. Mientras vivimos tenemos que ser profundamente humanos, tenemos que amar, cuidar y mimar este mundo por más problemático y difícil que sea, porque es nuestro mundo. Sólo así tomaremos un día posesión de la vida eterna, porque no traicionamos ésta, sino que desde ella y con ella, transformándola, llegamos a construir la definitiva.
4.- Cuando Dios nos conceda vivir la verdad infinita, la belleza infinita y el amor infinito, estaremos viviendo en el cielo. Porque verdad, belleza y amor no son lugares sino Dios mismo. Que él nos conceda ir no a ningún otro cielo, sino a él, convencidos de que el cielo es su Gloria.
5.- El Señor ya está entre nosotros, como la levadura en la masa de harina, que lo fermenta todo, que convertirá en pan candeal, refinado; ese gentío que los ángeles reunirán de todos los lugares. La fuerza de Dios vencerá por dentro sin necesidad de acudir a medios violentos. Jesucristo afirmó de quien cree en Él no morirá eternamente, que quien coma su carne vivirá para siempre. Sin duda que es esta promesa la mejor de cuantas el hombre pueda recibir: Ser librado de la muerte, vivir siempre.
6.- Aquellas convulsiones del Universo no significan que el Señor harto del mundo, lo tome por ambos polos y lo agite con ira justiciera, tratando de conseguir por el miedo y por el castigo lo que no pudo conseguir con el amor. Eso sería contradecir sus propios planes, darse por vencido. El Señor ha venido a ganarnos por amor y vencerá por amor.
7.- Dios no tiene que enfrentarse violentamente con el mal y contra los hombres, porque el mal se destruye a si mismo. ¿Qué ha sido de tantos enemigos de Dios y de su Iglesia? perseguidores y sus ideologías, han sido estrellas que se han desplomado por si mismas. Un día relucieron de odio y egoísmo, y a su paso han dejado una sociedad que fomenta guerras y terrorismo por el lucro de vender armas, una sociedad en la que la mayoría muere de hambre para que unos pocos vivamos mejor. En que la degradación y la muerte de muchos por las enfermedades y droga son fuentes de ingresos para otros. Este es nuestro pasado y presente.
8.- En medio de esta sociedad en que parece imposible la honradez, la limpieza de corazón, la practica del amor, la fe en Dios, los valores espirituales, el Evangelio nos dice que vigilemos con esperanza porque el Señor está cerca. Está en esa sociedad como germen y levadura:
--como
el cuerpo destrozado de Cristo bajado de la cruz estaba la semilla de la
resurrección.
--como
en los dolores de parto está la maravilla del niño que viene al mundo.
--como
en la podrida semilla, esta la esperanza de una nueva planta multiplicadora de
semillas.
--como
la bola de fuego que fue la tierra estaba el prodigio de montes y valles, de
ríos y mares y flores.
--como
el perdonar, que trae consigo la mayor amistad y comprensión.
9.- Mirando el pasado, el presente y el futuro de nuestra historia, vigilemos en esperanza de que estando el Señor entre nosotros, la destrucción y la muerte no son un fin, sino una puerta abierta a un nuevo mundo y a una nueva vida.
10.- Habrá
un juicio inmisericorde para los que no tuvieron misericordia, pero la
misericordia triunfa sobre el juicio
11.- En los salmos encontramos gran consuelo. En él se expresan perfectamente los sentimientos de quien ha puesto en Dios todo el amor de su corazón, de quien no suspira por otra cosa que por agradar al Señor, por servirle en cuerpo y alma, de quien tiene todo su tesoro en el mismo Dios.
12.- Efectivamente, en estos versos se
canta la dicha y el gozo de tener a Dios como heredad, como parte propia de una
maravillosa herencia, como lote o porción personal recibida en el reparto de
unos bienes eternos... "Mi secreto está
en tus manos --dice el texto--. Tengo
siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me
alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena." "Me
enseñarás el camino de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría
perpetua…"
13.- La fe no nos permite evadirnos de la responsabilidad de hacer de esta gran tienda de paso, que es el mundo con todas sus realidades, una etapa agradable y digna, ordenada y justa, alegre y festiva, el lugar donde se gana el cielo mediante las relaciones fraternales, justas, respetuosas y constructivas, sin olvidar que en esta tarea tenemos también la gran responsabilidad de cuidar el orden ecológico que Dios estableció en la creación para bien nuestro y para gloria suya.