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JoseAcosta_Homilias · Homilias y Temas Religiosos
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5 de Noviembre 2006. Domingo 31º del Tiempo Ordinario B

Deut 6, 2-6; Heb 7, 23-28; Mc 12, 28b-34

Mostremos nuestro amor a Dios ayudando a nuestro prójimo

 

 

1.- La distinción entre los mandamientos era motivo de incertidumbre entre los hebreos. A la cuestión, Jesucristo responde citando las primeras palabras de lo que se llama el Shemá (Escucha). La plegaria que los judíos piadosos recitaban dos veces al día. La novedad es el lazo que une a los dos mandamientos, el lazo del amor es el lazo de la perfección, lo hace el mandamiento más grande y primero de todos; y ello no está en el contenido, ya conocido y revelado por Dios. La novedad se funda en la unión indisoluble entre ambos mandamientos, haciendo de ellos uno solo: "No existe otro mandamiento (obsérvese el singular) mayor que éstos" Y desde el amor todos los preceptos se revisten de la hermosura y de la perfección misma del amor. Estos dos amores deben llegar a constituir un único amor inseparable. Este amor cristiano es nuevo, aunque aparezcan por separados en el Deuteronomio 6,6 y en el Levítico 19,18, además porque en él se resumen y estructuran todos los otros preceptos.

2.- También es importante la revalorización de la palabra prójimo, que antes solo lo tomaban para referirse a su raza o al hebreo. Jesús enseña que su significado es referido a toda persona. El "corazón" en la Biblia indica a toda la persona, su conciencia, su capacidad de escoger entre el bien y el mal, orientarse hacia Dios. Observar los mandamientos no se refiere esta expresión solo a los diez de Moisés, sino que se extiende a todo el comportamiento, iluminado por el Espíritu Santo y la Palabra de Dios. En la carta a los hebreos, se luce el contraste del sacerdocio levítico y cultual, al sacerdocio existencial de Cristo que es la perfección de todos los sacerdocios: a la temporalidad, El propone la eternidad; a la debilidad El afronta la santidad total; a la insuficiencia, El se planta la totalidad y unicidad de su sacerdocio (porque esto lo hizo de una vez para siempre y como único y verdadero sacerdote)

3.- Jesucristo no es que quiera jerarquizar o dar un código para dejarnos tranquilos, lo que desea es que se llegue a la raíz y a la esencia de toda experiencia ética y religiosa; un planteamiento radical a través del cual se pueda practicar en todos los quehaceres de la vida.

4.- El texto evangélico termina diciendo: "Y ninguno se atrevía a hacerle preguntas", para indicar que la respuesta ha dado en el meollo, por tanto cualquier otra pregunta sale sobrando. Ese amor "nuevo" lo descubrimos en la cruz de Cristo, donde nuestro sumo sacerdote se ofrece como víctima de amor al Padre por amor a los hombres pecadores (segunda lectura)

5.- "El amor a Dios y el amor al prójimo vale más que todos los holocaustos y sacrificios" Un culto "nuevo" parece insinuarse en estas palabras; un culto, donde los holocaustos y sacrificios no valen por sí, sino sólo en cuanto expresión de amor y en cuanto predisposición para el amor sea a Dios sea al prójimo, o mejor quizá, a Dios en el prójimo y al prójimo en Dios. En este sentido, no se le da importancia o que el templo de Jerusalén desaparezca, sea destruido, porque donde exista el amor verdadero, el amor "nuevo", podrá continuar el culto "nuevo", en el que las víctimas no serán los animales (toros y machos cabríos) sino el ofrecimiento del ser humano en la profundidad interior de su ser y de su persona.

6.- Parafraseando a san Agustín, el templo "nuevo" en espíritu y en verdad, exige un culto "nuevo" también en espíritu y en verdad; el culto "nuevo" reclama un corazón "distinto", que cante con un cántico "nuevo" con los labios, pero sobre todo con la vida. Esto, recordemos, la conversación de Jesucristo con la Samaritana: "Llegará el momento en que me adoraran en Espíritu y en Verdad"

7.- No es pequeña la tentación de separar lo que Jesucristo ha unido para siempre. La tentación de amar tan exclusivamente a Dios que nos olvidemos de los hombres; o la tentación de amar tan exclusivamente a los hombres que nos olvidemos de Dios. Esta tentación, si no es vencida, trae consigo consecuencias bastante dañinas. Por ejemplo, se deja la alabanza, acción de gracias, adorar al Señor, rendirle culto, la oración; porque "la entrega a los demás y las actividades en favor de los demás son ya todo eso. O lo contrario, se cree haber llegado a tal "perfección" en el amor a Dios que se puede con libertad murmurar y hablar mal del prójimo con la conciencia tranquila. Estos extremos, no van con el verdadero sentido de la unidad del Espíritu que todos compartimos. Es necesario trabajar las dos cosas juntas. Algo parecido sucedía cuando el catolicismo, en la edad media, se inclinaba solo aceptar las obras para la salvación y el protestantismo se echaba solo a la fe. Hoy el Catecismo Universal nos habla de fe y obras juntas, como lo dice Santiago.

8.- Puesto que es mucho más difícil mantener uncidos estos dos amores que separarlos, hemos de estar muy atentos sobre nuestras actitudes y nuestros comportamientos para con Dios y para con nuestros hermanos. Si al final de cada día, cada cristiano examinara su conciencia sobre este nuevo mandamiento y se propusiese ir progresando día tras día en él, la vivencia del cristianismo mejoraría en muchos de nosotros.

9.- Lo más significativo de estos amores humano y divino, vertical y horizontal, es que constituyan una cruz y no una cómoda butaca. La experiencia y la vida de Jesucristo nos dicen elocuentemente que el amor cristiano llevado a sus últimas consecuencias, termina en una cruz. Desde esa cruz el amor se abre a los cuatro puntos cardinales, se hace universal.

10.- El amor universal de Jesucristo, no ha pasado a la historia, sino que la supera hora tras hora y día tras día hasta el fin de los tiempos. Hagan esto en memoria Mía. La Eucaristía es el amor redentor de Jesús eternizado; Sangre de la alianza nueva y eterna, más allá de las condiciones históricas de su pasión y muerte. En la Eucaristía se repite, bajo el velo del sacramento, su pasión de amor en el corazón de la historia. A esta luz se comprenden dos urgencias pastorales:

1) Una catequesis generalizada y permanente, desde los niños hasta los adultos, sobre la riqueza de significado y sobre los frutos estupendos de la Eucaristía. Quien logre descubrir la profundidad del amor de Jesucristo en la Eucaristía, se enamorará de ella seguramente.

2) El despertar en los cristianos que la eucaristía de Jesús es inseparable de la eucaristía de los cristianos. Es decir, que el amor de Jesucristo a Dios y a los hombres en la Eucaristía es un imperativo ineludible para que el cristiano se juegue su vida a la única carta del amor a Dios y al prójimo. El hacer la Eucaristía lleva consigo, en fuerza del dinamismo de la gracia, el hacerse Eucaristía. "El que come mi cuerpo y bebe mi sangre, tiene vida eterna…"

11.- Cristo manda que mostremos nuestro amor a Dios ayudando a nuestro prójimo. Hemos observado que muchas personas nuevas, especialmente cuando llegan por primera vez a una parroquia como la nuestra, se acercan a sus paisanos, que les dan la bienvenida como nos pide Cristo, con caridad y amor. Pero, por desgracia, también hemos observado que algunos, que ya llevan tiempo en este país y que han prosperado, no les acogen, incluso hay rechazo. Esto no muestra nuestro amor a Dios y tampoco, desde luego, nuestro amor al prójimo.

12.- No olvidemos que amar a Dios es ser humilde y desprendido, defendiendo la justicia prudentemente y con caridad. La solidaridad y la amistad deben brillar en la vida de cualquier cristiano. Si uno tiene suficiente para vivir y ve al hermano en necesidad y no le ayuda, ¿cómo puede creer que cumple los mandamientos más importantes: amar a Dios y amar al prójimo? Aprendamos a ser sinceros con Dios. A Él no le podemos engañar.

13.- Jesús no quería decir que no debían existir otros mandamientos. Lo que quería decir era que aunque obedecer los mandamientos y las leyes es importante, debemos obedecerlos por el amor que sentimos por Dios y por el prójimo. San Juan nos dice: "El que dice "Yo amo a Dios" y odia a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve si no ama a su hermano, a quien ve?" (1Jn 4:20).

Oración: Ayúdanos Señor Jesús, a amar como amas Tu, que pueda ver en el prójimo de cualquier condición y estado como a mi hermano y pueda amar lo bueno que tiene, su dignidad humana. Ayúdame Dios mío, a perdonar mas, a buscar el amor, la justicia, a ser mas bondadoso, amable y atento, para con esa actitud, darte gloria y alabanzas y alegrarme.



Vie, 3 de Nov, 2006 4:06 pm

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