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JoseAcosta_Homilias · Homilias y Temas Religiosos
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Como sacerdotes, ser luz y mirar los signos   Lista de mensajes  
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29 de Octubre de 2006. XXX Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo B

Jer. 31, 7-9; Salmo 125; Heb. 5, 1-6; Mc. 10, 46-52

Como sacerdotes, ser luz y mirar los signos

1.- Nuestro Señor Jesucristo, vino especialmente para los enfermos y pecadores, por eso llama la atención en la lectura de hoy, colocado después del tercer anuncio de la pasión – Resurrección, la necesidad apremiante de abrir los ojos del espíritu y contemplar con mirada de fe cuanto va a acontecer. El texto del evangelio de hoy esta lleno de signos que nos hace recordar lo de Lc. 12,55; "cuando Uds. ven que una nube se va levantando por el poniente, enseguida dicen que va a llover, y en efecto, llueve. Cuando el viento sopla del sur, dicen que hará calor, y así sucede… Si saben interpretar el aspecto que tienen el cielo y la tierra, ¿por qué no interpretan entonces los signos del tiempo presente? ¿Por qué, pues, no juzgan por ustedes mismos lo que les conviene hacer ahora?" El paso de la oscuridad a la luz y el transito de la inactividad al seguimiento activo de Jesús en el milagro de Jericó, es un mensaje de la necesidad de la gracia divina que abra los ojos de nuestro espíritu para poder comprender quien es Jesús y el valor de su misión.

2.- Hermanas y hermanos, la mayoría de nosotros no padecemos de ceguera óptica, pero si hay muchos que lo que padecen, es muchísimo peor, es ceguera de alma. Debido a eso no alcanzan a ver la luz que es Cristo. Los que padecemos esta ceguera, debemos implorar a Dios como lo hizo el ciego del Evangelio, diciendo, "haz que pueda ver". Porque, como el que es ciego físicamente no puede ver más que oscuridad, los que son ciegos de alma tampoco pueden ver porque viven constantemente en las tinieblas.

3.- Por otra parte, la eficacia de Dios resulta no pocas veces desconcertante. Porque nadie duda de que Dios es eficaz, pero los modos y tiempos de la eficacia divina siguen rumbos ajenos a los humanos. Muchas veces los caminos acertados para Dios no son encontrados para los humanos y viceversa. A los judíos no les debió parecer un camino acertado el exilio en Babilonia, pero lo fue para Dios que así manifestó la fuerza de su amor y misericordia haciéndolos retornar a su patria, porque "yo soy para Israel un padre, y Efraín es mi primogénito". Lo mismo la curación del ciego de nacimiento: "ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras (signos) de Dios".

4.- A los primeros cristianos debió parecer algo sorprendente que Jesús, en cuanto sumo sacerdote, no proviniera de la tribu de Leví. Pero así la eficacia divina brilló con nuevo fulgor, constituyendo a Jesucristo no sólo sumo sacerdote del pueblo judío, sino de la humanidad entera.

5.- El maravilloso relato muestra al necesitado que pide compasión, pero no una compasión lastimera, sino pide solidaridad en su sufrimiento y liberación del defecto que sufre. Es una llamada de atención ante la falsa resignación dolorosa, que no permite al que sufre salir de su postración. Bartimeo sí quiere salir de allí y por eso grita más y más. No quiere perder esa oportunidad del famoso sanador. Hace todo lo que puede para sobreponerse a su debilidad. Hasta se atreve a llamar a Jesús con un título mesiánico, "Hijo de de David", porque está seguro de que El es el Mesías, el único que puede salvarle. Sabe que se la juega, porque se le va a hacer difícil acercársele a Jesucristo, pero tiene mucha fe. "Anda, tu fe te ha curado"

6.- El ciego ha puesto de su parte, no se ha resignado a quedarse allí quieto, "dio un salto y se aproximó a Jesús". Es lo mismo que pide de nosotros, que demos el salto, que salgamos de nuestra apatía y vayamos a su encuentro. Es lo más grande que nos puede pasar. Es un encuentro mutuo: nosotros le buscamos y El se hace el encontradizo. Ante tanto desaliento como hay muchas veces en el ambiente, ante tanta desesperación, ante tanto estar "de vuelta", ante lo imposible, Jesús convierte en realidad nuestros anhelos. Es posible realizar nuestros deseos y proyectos de un mundo más justo y humano si colaboramos con Jesús. No nos cansemos de pedir como Bartimeo que nos ayude a ver, porque sin El no podemos hacer nada. Ese ver, es recuperar el optimismo, la esperanza, las ganas de vivir y de trabajar por el Reino. Es ver las maravillas del Creador.

7.- "¡Qué podamos ver!" es la petición de los que viven en el tercer mundo, si es vivir ir muriendo poco a poco por falta de lo necesario para ser seres humanos. A ellos, esa extrema pobreza les dificulta ver el rostro del Dios bueno que cuida tambien de los pajarillos y de las flores del campo.

8.- Pero hay otros ciegos que viven en las naciones que van a la cabeza de la economía mundial, que también gritan "¡Qué podamos ver!". Porque lo tienen todo, menos lo más importante, esa lucecilla tenue del corazón, ese contacto directo entre Jesús y yo, pero algunos no quieren, otros no saben o no han saboreado su gracia, el que da fuerzas para sobrellevar los problemas de la vida, y para vivir en alegría, al sentirse amados por Dios.

9.- Sin embargo, ante los que no son cristianos, hemos vestido a Jesús con ropas europeas y occidentales, y hemos esparcido su doctrina en también moldes occidentales. ¿Y no es que mantenemos una liturgia europea y occidental que a otros pueblos no les puede decir nada? ¿O es que hay que hacerse extranjero para ser cristiano? ¿No será que somos nosotros los discípulos los que causamos su ceguera al ver que nuestras creencias no concuerdan con nuestra vida? ¿Dónde está ese pueblo de hermanos que Jesús vino a formar y que sería testimonio de la verdad de su doctrina? ¿Cuántos de los forasteros habrán tenido la suerte de encontrar amistades realmente cristianas que les hayan hecho pensar? ¿Cuántos de esos hombres de negocios que sí planifican su inversión, que están metidos en el ambiente de zancadillas, fraudes, sobornos, maledicencias, estarán pensando que, al fin y al cabo no son peores los "paganos", los "infieles" que estos cristianos que los rodean?

10.- No creer es igual a estar ciego. Aceptar a Jesús como Hijo de David, Hijo de Dios para nosotros, equivale a contemplar todas las cosas, bajo otra luz admirable. Recordamos aquellas palabras: "tienen ojos pero no ven; tienen oídos pero no oyen; hacen holocaustos y sacrificios, pero su corazón esta lejos de mi…" Hay mucha ceguera ante la injusticia, del sufrimiento, como si el no sufrir fuese la cumbre de la perfección. A muchos los pies se nos hacen tedioso ante la sola idea de caminar con Cristo hacia la ciudad del dolor y de la muerte. Nuestro Señor nos ha otorgado su gracia a manos llenas. Si no lo vemos así, cabría pensar que estamos ciegos, o que somos desagradecidos que no sabemos valorar lo que se tiene, todo eso que, directa o indirectamente, te ha venido de lo Alto. Sí, mira otra vez más despacio lo que eres y cuanto posees. Seguro que podrás elevar tu corazón hacia Dios, llenar la boca de risas y cantares, para decirle que estás contento y reconoces todos sus beneficios.

11.- Y si en realidad estás pasando por un mal momento, si de verdad estás sufriendo por la razón que sea, si tienes miedo de algo o de alguien, eleva también tu corazón hacia Dios y dile con los versos de este salmo 125, 4: "Que el Señor cambie nuestra suerte como los torrentes del Negueb, que estando secos y áridos se tornan verdes y frescos en cuanto cae la lluvia sobre ellos".

12.- Porque también nosotros somos muchas veces pobres ciegos sentados a la orilla del camino, pordioseando a unos y otros un poco de luz y de amor para nuestra vida oscura y fría. Sumidos como Bartimeo en las tinieblas de nuestro egoísmo o de nuestra sensualidad. Ojos turbios, enfermos y cansados; vemos enfermedades, lagrimas, pobrezas, riñas, esclavitudes o degradación, ojos que generalmente se fijan en la apariencia. Quizá escuchamos el rumor de quienes acompañan a Jesús, pero no aprovechamos su cercanía y seguimos sentados e indiferentes, tranquilos en nuestra soledad y apagamiento. Es preciso reaccionar, es necesario recurrir a Jesucristo, nuestro Mesías y Salvador. Gritarle una y otra vez que tenga compasión de nosotros. Acaso ¿no hemos sentido el deseo de cerrar los ojos, no oír las calamidades, apagar el televisor?, decir, ¿hasta cuando, Señor?

13.- No es para ser totalmente negativos, también hay que reconocer que hemos visto tantas maravillas, gestos limpios y gratuitos, acciones de amor multiplicado, esfuerzos por un mundo mejor y de paz ante tantas guerras, tantos horizontes hacia los que se camina. Ojos que también se fijan en el interior de las personas y no solo por lo que tiene. Cristianos que dan la vida en los países de misión.

14.- Los grandes científicos, que son pequeños "místicos", ven en los átomos y en el universo, la antesala del misterio divino. Las cosas son signos, como decía al principio; hay que captar el significado. Tampoco conocemos a las personas; es claro que nos fijamos en las apariencias. A veces, cuando nos dejan hablamos de sus valores. Pero ¿quien valora hoy a los pobres, a los niños, a los ancianos, a los deficientes? Se necesita tener los ojos del Espíritu para ver en todos ellos un sacramento de Cristo.

15.- La vida es sacramento, pero nos quedamos en los accidentes: Un poco de pan, pero sin captar la presencia de lo divino; un objeto, un regalo, pero sin captar la presencia del amigo; un objeto, una persona, pero sin captar su dignidad inapreciable; un fracaso, un sufrimiento, pero sin captar su valor liberador; una sonrisa, una alegría, pero sin captar el dinamismo de la gracia.

16.- Lo verdaderamente importante se nos escapa, como se nos escapa la gracia del detalle, el valor de las cosas pequeñas,. Nos fijarnos en las grandezas y no vemos la importancia de las cosas sencillas, esas formas que son el tejido de nuestra vida. Queremos ver a Dios, como Elías, en el fuego, en el terremoto o en el huracán, y no se daba cuenta de que Dios estaba en la brisa. Nos da miedo mirarnos al espejo de nuestra verdad y no sólo cultivamos las apariencias, sino que también vivimos en ellas. Vemos de nosotros la imagen que nos vamos formando, no la realidad; la máscara y el personaje, no la persona. Por eso nos molesta tanto cuando alguien nos hace ver lo que somos.

17.- ¿No nos ha dicho el Señor que también nosotros somos la luz del mundo? Aunque sea una luz pequeñita y participada, todos estamos llamados a curar a los ciegos, a iluminar las tinieblas, a ser luz. Nos lo recordaba también san Pablo: "Ahora sois luz en el Señor". Y, por si acaso no nos enteramos, san Juan nos advierte: "Quien ama a su hermano permanece en la luz". O sea, que el amor y la luz se complementan. Ama y serás luz.

18.- "Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama" Hb 5, 4. Honor de ser sacerdote de Cristo, grandeza de representar a Dios hecho hombre, que se inmola a sí mismo para redimir a la Humanidad. Actuar en la persona de Cristo de tal forma que hay momentos en que quien habla, a través de la torpe voz humana, es el mismo Dios encarnado. Esto es mi cuerpo, dice el sacerdote; pero en realidad no es el suyo sino el de Cristo. Porque no es él quien habla, sino Dios en él. Yo te absuelvo de tus pecados, dice también. En realidad, es en el nombre de la Santísima Trinidad. Los judíos creían que Dios había concedido al sumo sacerdote, en la fiesta del Yom Kippur, el poder de perdonar los pecados de todo el pueblo. Y los cristianos creemos con absoluta seguridad de que Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote, destruyó en la cruz los pecados del mundo y da ese poder a los sacerdotes cristianos de hoy. "A quienes les perdonen los pecados, les quedarán perdonados…" Juan 20,23.

19.- En vasos de barro llevamos este tesoro, es verdad. Pero lo llevamos. Tesoro de las ternuras del Dios amor, tesoro de la comprensión, del perdón, de la palabra que redime y reanima, de la vida que vence a la muerte... Hemos de tener fe para comprender la grandeza inefable, la maravilla inenarrable e indescriptible del sacerdocio. Ese misterio de poder y de gloria, oculto tras la torpe y a veces sucia vasija de barro. Y agradecer a Dios con toda el alma este don fabuloso del sacerdocio, esta posibilidad de que un hombre, tocado por Dios, transmita el amor salvífico de Cristo, aun cuando seamos un pobre miserable.

20.- "Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec" Hb. 5, 6. Tocado por Dios, quemado por el fuego del Espíritu, marcado por el amor entrañable de Cristo. De tal forma que esa marca, ese carácter, es imborrable. Y ese hombre, escogido de entre el pueblo, una vez consagrado, queda constituido como sacerdote por toda la eternidad. Marcado de tal modo que nada ni nadie le quitará ya su condición sacerdotal.

21.- Muchos de los amigos que nos rodean (y nosotros a veces también) viven/vivimos en una catarata crónica; confundimos la realidad con la fantasía; la alegría con la felicidad momentánea, la paz interior con el puro fuego de artificio que se dispara desde tantos cañones interesados y ruidosos. El viejo adagio "ojos que no ven corazón que no siente" se convierte también en pauta para pasar de largo ante la miseria humana. Hoy incluso, al margen de la iglesia y en contra de ella, muchos pretenden montarse una moral y una ética desprovista de lo esencial y haciendo de su capa un sayo. Es la nueva ética y moral light y subjetivista. Son los nuevos conductores por los que se rige nuestra sociedad. Las consecuencias son las que son: no hay peor mal que un ciego guiando a otro ciego.

22.- Cristiano es aquel que no tiene miedo al sufrimiento. Aquél que dice con igual decisión sí a la salud y al bienestar, sí al sufrimiento y a la tribulación. Porque el sí del cristiano es un sí al misterio de Dios-Amor, y para los que aman a Dios todas las cosas contribuyen a su bien. El seguimiento de Cristo no es el seguimiento de una doctrina, como la de Pitágoras, la de Aristóteles o la de Zenón. Cristiano no es tampoco el que sigue un camino de vida trazado en páginas temporales, Más aún, cristiano es quien presta a Jesucristo su humana naturaleza para El hacerse presente en la historia en el hoy de cada día. En otras palabras, ser cristiano es ser transparencia de Cristo para los demás, dejarse interpretar por El.

Oración: Señor, que yo vea, que pueda contemplar tu grandeza divina en las mil minucias de seres vivos y materiales que nos circundan, que tu luz mantenga encendido nuestro amor y brillante nuestra esperanza. Seguimos Señor con nuestra sabiduría humana viendo a través del telescopio, lo más lejano del universo, o lo más molecular con microscopios electrónicos, pero no vemos el corazón. Necesitamos el colirio de tu Espíritu para verte en los hermanos. Para descifrar los signos que nos das. Sé tú, Señor, la lluvia blanda y menuda que penetre suavemente los secos yermos de nuestras vidas profanadas. Y entonces renacerá otra vez la esperanza, los cantares brotarán de nuevo de nuestra lengua, la risa volverá a resonar alegre y nuestra fe en ti crecerá.



Vie, 27 de Oct, 2006 9:41 pm

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