23 de Julio 2006. Domingo 16º del Tiempo Ordinario B
Jer 23, 1-6; Sal 22; Ef 2, 13-18; Mc 6, 30-34
El pastoreo y el retiro
1.- El ser humano en general se deja llevar por donde quieren o van los demás, forma parte del rebaño desorientado, camina sin pensar ni reflexionar a dónde va. Dice un refrán popular con mucho de filosofía: "¿Dónde va Vicente? Adonde lo lleva la gente". En gran parte sucede, por nuestra inclinación a lo fácil y lo mas cómodo. Y así vemos multitudes que aplauden, admiran a los famosos, buscan lo que otros quieren, sin pararse a pensar, sin discernir, sin plantearse, de modo general, si vale la pena el hacer una cosa u otra.
2.- El contenido de los pastores abarca a los jefes civiles y religiosos y también en menor nivel, a cómo los maestros y padres guían a sus alumnos e hijos respectivamente. Por eso, todo dirigente, entre mayor sea su responsabilidad, mas grave su consecuencia. Puede ser de muerte o de vida. Sus decisiones tienen una repercusión insospechada, unas derivaciones inauditas. Todo dirigente, gobernantes y pastores, pueden conducir a los pueblos a la paz o a la guerra, a la prosperidad o a la pobreza, a la vida de gracia o al pecado, a la tranquilidad o a la desesperación. Según lo que hace, mayor o menor culpa en relación al juicio eterno.
3.- Por ello es necesario tener vacaciones, descanso, silencio, retiros. Para recargar las pilas, para discernir el espíritu. A ver si recobramos con Jesús, el equilibrio humano, la mirada optimista, el buen humor que es la luz y sal de la vida. "Sin mi, nada pueden hacer". Con la familia cercana, con los amigos de siempre, sin el griterío ensordecedor del trajinar egoísta e interesado del trabajar mas para tener mas y competir, la producción a menoscabo o desmedro de la destrucción de la naturaleza y del ser humano; Un sitio tranquilo, sin toda la mercancía y el bagaje de la vida de las preocupaciones de todos los días.
4.- A un lugar apartado donde borrar allí, una y otra vez, los encorsetados (estrechez), escribir, reconocer y corregir lo mal hecho en nuestra vida. Volver a la gracia que nos endereza y quitar los apegos a este mundo, o a las personas; para hacernos vivir en el Espíritu. Para llenar los pulmones del alma con el oxígeno de su amor y seguridad. La paz que es la serenidad que no fatiga, la limpieza interior que produce sosiego y libertad.
5.- Un sagrario, un amigo, una mirada a la naturaleza, un mirar al trasfondo donde poder dar gracias por todas las grandezas y también por los objetos más pequeños que nos incitan a alabar al Dios y Señor que nos ha demostrado que nos quiere
6.- Descansar de tanta pose falsa o aparente, volver a ser nosotros mismos ante el Señor y ante los hermanos. Tenderse sintiendo en el atardecer de la vida, la cercanía del Señor que nunca está lejos, "Yo estoy con Uds. todos los días hasta el fin del mundo" que no lo vemos porque la poca luz del atardecer de las tinieblas, nos lo oscurece, pero sabemos que está allí, al alcance, cuando volviendo a ser nosotros queramos estrechar su mano de amigo, llenando de luz nuestra vida en sombras.
7.- Es verdad la dificultad del silencio, ¿pero no será también que no nos gusta oír el silencio? ¿Aun no sabemos la gran compañía que es el silencio, cuando se sienta junto a uno es el mismo Señor…? Nos cuesta pensar, reflexionar, y mas aún interiorizar y corregirnos según su voluntad "¿Quiénes son mis padres, mis hermanos y mis hermanas? Todo el que hace la voluntad de mi Padre, es mi madre mi hermano y mi hermana". Mientras no nos guste el silencio, con dificultad vamos a sentir a ese Señor "que está en la puerta y llamo, y si alguno me oye entraré" Dios se puede comunicar donde quiere y aunque el silencio puede ser muy elocuente, sin embargo también debemos saber descubrirlo y suscitarlo en el acontecer cotidiano, ser contemplativos en la acción. Esto es un camino difícil, cuanto más nos encontramos apegados a lo mundano. "ellos están en el mundo pero no son del mundo" Jn 17,
8.- Con los malos pastores, me acuerdo de lo que dice el papa León Magno, además del profeta Ezequiel 34: "hay algunos pastores que se portan como perros con bozal, cuando tienen que denunciar no lo hacen y callan, dejando desorientados a sus feligreses..."; los que dividen, los que alejan a las ovejas del buen camino, los que son ocasión de pecado para otros, los que se comen la carne o roban la lana del rebaño, los que se aprovechan de su ministerio. ¡Ay de vosotros, malos pastores!, día llegará en que rindáis cuenta de vuestro egoísmo, de vuestra ambición, de vuestra sensualidad, de vuestra soberbia, de vuestras mentiras.
9.- En cuanto a la unidad, se hace casi incomprensible que haya tantas sectas y religiones que dicen amar o seguir a Jesucristo y en muchos con odios, enfrentamientos y diferencias de creencias, interpretaciones y de racismos. Para el que comprende esto, se hace muy doloroso pensar en la división de todos los hijos de Dios "pues, lo somos" y no necesitamos ser de la raza judía para pertenecer a la familia de Dios, ya que por la fe en Cristo y la practica del amor podemos ser salvos. Opino que en cada uno de los grupos cristianos, tienen puesto más su interés propio que el trabajo por la mayor gloria de Dios; hay mas intereses de malos dirigentes -pastores- con sus propios criterios cerrados y limitados que el buscar el bien común, el bien de los hermanos. Es un anhelo la necesidad de vivir en un trabajo mancomunado, "tengan los mismos sentimientos que tuvo Cristo"
10.- Si quisiéramos hacer la evangelización con el mayor interés de dejar nuestro yo como el rey David cuando dice: "no esta bien que yo viva en un palacio y el arca esté en una simple tienda…", entonces, unos y otros, podemos acercarnos al Padre en un mismo Espíritu. Hay que pensar que nuestra vida es corta, siempre es poco y hay que aprovecharlo lo mejor que podamos. Por eso no se trata de no hacer nada, sino de hacer otra cosa. Ante todo, al tener más tiempo libre, un cristiano ha de pensar un poco más que de ordinario en cultivar su espíritu, en fomentar la vida interior, en acercarse más a Dios, dedicar más tiempo a la familia, a los amigos. ¿Qué nos provoca el pueblo?, ¿impaciencia?, ¿desprecio?, ¿desesperanza?, o ¿ternura y afán de servicio? Jesús no regaña al pueblo, sino que le enseña con calma, dice el Evangelio.
11.- En cierta ocasión un hombre creyente, que amaba profundamente a Dios, se puso a discernir sobre su vida delante de la presencia del Señor diciéndole con gran pesar: "Señor, perdóname por no haber estado a la altura en mi afán evangelizador. Por las veces en que he desparramado inútilmente tu Palabra y el tiempo. Olvida los momentos en que he estropeado tu obra por meter demasiado mi yo. Por la siembra que nunca dio el fruto oportuno... perdóname porque mi paso por los caminos de la vida no ha sido, precisamente, huella de tu presencia ni de tu envío... ¡perdóname Señor!
12.- Tu promesa, Señor, nos llena el alma de esperanza en medio de este ir y venir, de este desconcierto que nos aturde. Tus palabras serenan los vientos y las aguas turbulentas de nuestra vida, nos une en esta humanidad tan dividida, nos rebosa de vida. Queremos oírte, escucharte, seguirte, ser tu amigo. Ser tus ovejas, las que conocen el timbre de tu voz. Por esto queremos ser de la verdad, detestar la mentira, ser sinceros, humildes para reconocer nuestra miseria y refugiarnos en tu infinita bondad.