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JoseAcosta_Homilias · Homilias y Temas Religiosos
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18 de Junio 2006. Solemnidad del Cuerpo Cristo; Tiempo Ordinario XI B
Ex 24, 3-8; Salmo 116; Hb. 9,11-15; Mc 14, 12-16

1.- La fe en la presencia real de Cristo en la Sagrada Eucaristía
llevó a la devoción a Jesús Sacramentado también fuera de la Misa.
La razón de conservar las Sagradas Especies, en los primeros siglos
de la Iglesia, era poder llevar la comunión a los enfermos y a
quienes, por confesar su fe, se encontraban en las cárceles en
trance de sufrir martirio. Con el paso del tiempo, la fe y el amor
de los fieles enriquecieron la devoción pública y privada a la
Sagrada Eucaristía. Esta fe llevó a tratar con la máxima reverencia
el Cuerpo del Señor y a darle un culto público. De esta veneración
tenemos muchos testimonios en los más antiguos documentos de la
Iglesia, y dio lugar a la fiesta que hoy celebramos.
2.- Esta Solemnidad se remonta al siglo XIII. Primero fue
establecida para la diócesis de Lieja, y el Papa Urbano IV la
instituyó en 1264 para toda la Iglesia. El sentido de esta fiesta es
la consideración y el culto a la presencia real de Cristo en la
Eucaristía. El centro de la fiesta había de ser, según describía ya
el Papa Urbano IV, un culto popular reflejado en himnos y alegría.
Santo Tomás de Aquino, a petición del Papa, compuso para el día de
hoy dos oficios en 1264, que han alimentado la piedad de muchos
cristianos a lo largo de los siglos. La procesión de la Custodia por
las calles engalanadas de muchos lugares testimonia la fe y el amor
del pueblo cristiano hacia Cristo que vuelve a pasar por nuestras
ciudades y pueblos. La procesión nació a la par que la fiesta.
Fuente: Colección "Hablar con Dios" por Francisco Fernández
Carvajal, Ediciones Palabra.
3.- "El primer día de los ázimos..." Mc 14, 12. Los ázimos es el
nombre que recibían los panes preparados sin levadura, para comerlos
durante los días de la Pascua. El pan de días anteriores,
confeccionados con levadura, tenía que haberse consumido ya o ser
destruido, pues se consideraba que la fermentación de la masa
ludiada era una especie de impureza incompatible con la fiesta
pascual.
4.- Hemos de recordar de modo especial hoy, día en que se celebra la
gran fiesta del Cuerpo de Cristo, en la que los cristianos rendimos
adoración al Santísimo Sacramento del altar, le tributamos el culto
supremo a Jesús sacramentado. En esta comunidad, hay algunos que
viernes tras viernes, se comprometen a estar una hora conversando
con El, pero lamentablemente, son pocos todavía. Es una ocasión
propicia para una toma de conciencia renovada del tesoro
incomparable que Cristo ha encomendado a su Iglesia y además un
estímulo para una celebración más viva y sentida, de la que surja
una existencia cristiana transformada por el amor. En una época de
prisas y activismo, también en la pastoral y en la vida de la
Iglesia, es necesario ganar espacios para la contemplación y la
gratuidad, para la adoración larga y dilatada ante este Sacramento
admirable.
5.- El Cuerpo de Cristo en la eucaristía, es el compendio y suma de
nuestra fe. Todos los demás sacramentos, los ministerios eclesiales
y obras de apostolado están ordenados a ella. Brotan de ella como de
su fuente y a ella tienden como a su fin. Vat. II. Es además
presencia real y substancial de Cristo en los dones eucarísticos. En
ella está Cristo entero, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad.
Por ello, es la "fuente y cima de toda la vida cristiana", el
sacramento y el don por excelencia. Los sentidos nos ocultan su
grandeza; pero la fe, como canta santo Tomás de Aquino, está segura
de las palabras del Señor. El es el compañero que camina con
nosotros, que sale a nuestro encuentro para iluminar nuestros ojos y
caldear nuestro corazón con su presencia. De ahí el valor
inestimable del culto eucarístico en la Tradición y vida de la
Iglesia.
6.- En el Sinaí se estipula de modo solemne una alianza que ya
existía, pero que no había sido aún formalizada. Ya se había hecho
varias alianzas; a Noé después del diluvio Gen 6,18; 9,9-17 y había
sido concertada con Abraham Gen 15,18; 17,2-21 de modo solemne. La
inmolación de una víctima podía ser de dos formas: el holocausto, es
decir, la víctima era totalmente consumida por el fuego; y el
sacrificio pacífico o de comunión en el que la víctima sacrificada
se dividía en dos, una se ofrecía a Yavé y la otra la consumía el
oferente. En el Sinaí tienen lugar los dos sacrificios.
7.- La fracción del pan -nombre con el que los primeros cristianos
designaban a la Eucaristía- o la "misa", es decir "misión" aludiendo
a las palabras que el sacerdote pronunciaba al final: pueden ir en
paz; figura de la nueva alianza que encuentra en Cristo su
culminación como sacerdote de los bienes futuros, quien ya no ofrece
sacrificios y sangre de animales, sino su propia sangre. En la
última cena Cristo anticipa sacramentalmente su oblación, y
establece, por medio de su cuerpo y de su sangre, la Nueva Alianza,
la definitiva, aquella que nos da la plena revelación del rostro
misericordioso de Dios y la salvación del género humano (EV). En
Jesucristo, se manifiesta el amor del Padre por el mundo Jn 3,16.
8.- Conviene indicar que el rito de la sangre, que nos puede parecer
extraño y causar repulsa, tiene un significado muy positivo; aunque
hoy en día no tiene el mismo significado y equivocadamente algunos
como los testigos de Jehová todavía piensan coo los antiguos. Los
antiguos pensaban que en la sangre estaba la vida. Dar la sangre
equivalía a dar la vida. Así, cuando la víctima es sacrificada -se
ofrece la víctima a Dios-, Dios responde dando la vida. El
sacrificio, implica ciertamente una oblación, una muerte, pero su
contenido más profundo es dar la vida. El rito de la aspersión de la
sangre significa, por tanto, la respuesta de Dios al sacrificio que
se ha ofrecido y al compromiso del pueblo de observar los
mandamientos: Dios responde comunicando la vida.
9.- El Cura de Ars se había propuesto que los hombres de su
parroquia recibieran, al menos, cuatro veces al año la Eucaristía.
Empresa no fácil para esos tiempos. En algún momento el santo llegó
a confesar: "he promovido siempre la confesión cuatro veces al año
de los hombres. Los que me escuchen alcanzarán la vida eterna". Esto
es sorprendente. En verdad, la comunión es el alimento de nuestra
vida espiritual y cristiana. Nos dice el Kempis: "La comunión aparta
del mal y reafirma en el bien; si ahora que comulgo o celebro tus
misterios, con tanta frecuencia soy negligente y desanimado ¿qué
pasaría si no recibiera este tónico y no acudiera a tan gran ayuda?
¡Qué maravillosa es tu piadosa decisión
con respecto a nosotros
que Tú Señor Dios, Creador y Vivificador
de todos los espíritus
condesciendas en venir a estos pobrecitos
y satisfacer nuestra hambre
con toda tu Divinidad y Humanidad!
10.- Y San Juan Crisóstomo decía: "¿Deseas honrar el cuerpo de
Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo encuentres desnudo en los
pobres, ni lo honres aquí en el templo con lienzos de seda, si al
salir lo abandonas en su frío y desnudez. Porque el mismo que
dijo: "esto es mi cuerpo", y con su palabra llevó a realidad lo que
decía, afirmó también: "Tuve hambre y me distéis de comer", y más
adelante: "Siempre que dejasteis de hacerlo a unos de estos
pequeñuelos, a mí en persona lo dejasteis de hacer". ¿De qué
serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo
Cristo muere de hambre? Da primero de comer al hambriento, y luego,
con lo que te sobre, adornarás la mesa de Cristo". El mismo apóstol
Pablo califica de "indigno" recibir el cuerpo de Cristo si hay
división en su seno o indiferencia hacia los pobres. Actualmente, el
vaticano habla de esto con respecto a la indiferencia que tenemos
hacia las calamidades de algunos pueblos de África
11.- Eso de que alguien dé su misma vida por sacarme de una mala
situación, hace que esa oración con Dios-Eucaristía sea siempre más
íntima, más sincera, sin perifollos, sin retóricas, de corazón a
corazón. ¿Este pensamiento no debería llevarnos a un gran silencio
externo e interno en cada Eucaristía? Eucaristía es alimento. Y un
alimento de cada día como es el pan, que así llama Jesús a su carne
dada en comida, pan que no es alimento de las fiestas, el alimento
de sólo los domingos. Es ese alimento que llega todos los días a
nuestras casas.
12.- Y asimilados y unidos todos a Dios, formamos un solo ser, como
los granos de trigo que se recogen esparcidos por las praderas y
colinas donde nacen y molidos acaban formando el mismo pan. Así
todos nosotros, distintos y de muchas partes, unidos en el mismo pan
de la Eucaristía, formamos un solo ser. Como la familia de la
Santísima Trinidad. Nosotros, al terminar esta celebración, ¿salimos
más unidos, más fortalecidos para trabajar por su Reino, más llenos
de amor y fe?
13.- Al comulgar el Cuerpo de Cristo, alimento del pueblo de Dios
peregrinante, nos cristificamos y el Señor nos concede, por la
fuerza de su Espíritu, el dinamismo sobrenatural y la alegría que
nos permite vivir nuestros compromisos cristianos con coherencia y
valentía, con el estilo de los mejores amigos de Cristo que son los
santos de todas las épocas. Seríamos los esforzados en el
cumplimiento de su voluntad, de sus mandamientos, vivir y mantenerse
en su gracia. Exigencia de comunión con los hermanos, con los más
pobres y necesitados, los transeúntes, parados, ancianos y enfermos
y, muy especialmente, con los niños, ancianos, prostitutas y presos,
con los inmigrantes, que tenemos que acoger e integrar en nuestra
sociedad.
14.- Nuestra participación en la Eucaristía exige de nosotros un
compromiso de fraternidad, de perdón, de servicio y de amor
gratuito, y es una llamada apremiante a ser humildes artesanos de la
reconciliación y de la paz.
15.- Favorezcamos un estilo de vida inspirado en la Eucaristía, en
la que está presente Aquél que es el camino, la verdad y la vida de
los hombres, Aquél que nos dice "vengan a mí todos los que están
cansados y agobiados que yo los aliviaré" O también: "Yo estoy con
ustedes todos los días hasta el fin del mundo". Ante una cultura que
pretende saciar su sed de esperanza y felicidad con sucedáneos, con
realidades efímeras y frágiles que no plenifican el corazón del
hombre, proclamemos en todas partes a Aquel que, oculto en las
especies eucarísticas, nos dice: "El que viene a mí nunca tendrá
hambre y el que cree en mí jamás tendrá sed" Ante una existencia que
aparece cada vez más fragmentada, aislada y dividida,
multiplicándose las crisis familiares, la violencia doméstica, el
terrorismo y los conflictos entre las naciones, ante el avance del
laicismo, de costumbres y leyes alejadas de la moral cristiana,
superemos la tentación del encogimiento y la desesperanza.
16.- Nuestro Señor todo lo puede, demostrémoslo ayudando con nuestro
testimonio de vida en el Espíritu









Vie, 16 de Jun, 2006 5:52 pm

jofacosta
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