21 de Mayo de 2006 - Domingo VI B de Pascua
Hch 10,25-26. 34-35. 44-8; Salmo 98; 1 Jn 4, 7-10; Jn 15,9-17
Con el amor, es mas fácil vivir en libertad
1.- Mis hermanos, las lecturas de este día nos habla sobre el amor único, especial, desinteresado, leal, el cual lo revela Jesucristo con su sacrificio de dar la vida; no solamente por un familiar, por amigos ó solo por sus seguidores. También la dio por sus enemigos y por todo el mundo; amor de Dios que no tiene acepción de personas y que hace que la salvación tenga un carácter universal, como muestra el episodio del centurión (comandaba 100 soldados) Un oficial romano pagano que sentía en lo más íntimo de su alma la necesidad de amar, creer y dar culto al verdadero Dios. Cristo lo había predicho: Vendrán de Oriente y de Occidente, para sentarse en la mesa de los hijos de Abrahán, de los hijos de Dios. Aquí hay uno de los períodos primigenio en los que esa profecía maravillosa se cumple. En contra incluso de lo que pensaban los judíos. Pedro conmovido, va descubriendo la esplendidez grandiosa de Dios, su corazón grande, compasivo, tan lleno de amor y de deseos de salvación para todos.
2.- El episodio sobre Pedro y Cornelio, nos debe hacer reflexionar y preguntarnos si nosotros, dejándonos mover por el Espíritu, con la Gracia, tenemos esta misma actitud hacia los emigrantes que llegan a nuestros países, si nos atrevemos a ayudar tal vez, pero que los miramos con suficiencia, como menos que nosotros y con desconfianza. Éste es el descubrimiento que hace Pedro. Él no puede llamar a nadie impuro porque todos son hijos de Dios, todos son imagen de Dios, porque Dios ha creado a cada ser por amor. Así, los criterios de raza, cultura, temperamento y todas las distinciones, quedan atrás para dar lugar a una nueva visión del hombre, del mundo, de la creación. Qué lástima que así no lo puedan entender los musulmanes, con los cuales se pide para ellos una mayor cultura para que razonen sobre la igualdad entre hombres y mujeres y estos con los demás seres de la tierra. Lo mismo los hinduistas y algunas tribus de África.
3.- "Dios es caridad". Frase con la que también tituló el actual papa Benedicto XVI su primera encíclica. Allí nos dice: "Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva". "Y en el # 6: Ahora el amor es ocuparse del otro y preocuparse por el otro. Ya no se busca a sí mismo, sumirse en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca".
4.- Ese amor verdadero, único y especial, se ha tergiversado, se ha hablado mucho de ello de talante aprovechado, carnal o para manipular: en la publicidad, en las novelas cursis y sensuales y hasta en las conversaciones de parejas y diálogos familiares. Sin embargo, aunque este carácter es rebosante; la necesidad del amor, tal como lo habla San Pablo en 1 Cor. 13 o San Juan en sus cartas, es tan necesaria, vital y sondeada en todas las gentes que la piden a gritos en sus gestos, en sus conversaciones, roces, en la ayuda al prójimo, en la búsqueda muchas veces equivocada, en la mirada y hasta en el gusto de lo material.
5.- Lo incongruente es que el mundo ha sido siempre deficitario de amor y ha demostrado tener superávit de odio o, de al menos, de desamor. En cada ser hay necesidad de ser amado y dar amor. También, confiere valor a aquello que se ama.
6.- Si alguien demanda necesidad o ayuda, no hay que dejar pasar la ocasión, aunque tengamos prisa e incluso cansancio, hay que escucharle, atenderle y ayudarle. Tenemos el deber de ser amables, serviciales y desinteresados, con nuestra familia, en el trabajo, en nuestra parroquia, en la calle. Si ayudamos al hermano, debe hacerse con caridad, como si la ayuda nos la dan a nosotros. El prójimo se presenta cuando quiere, en el momento más inoportuno, en la situación más indiscreta, con el talante más exigente. Pero la iniciativa evangélica es ir haciendo justicia, defendiendo y optando por los débiles y socorriendo a los que tenemos más cerca.
7.- La llama infinita del Amor es el Espíritu Santo. Pero el Amor de Dios no ha quedado encerrado en las Tres Divinas Personas porque el Amor, que es difusivo de sí mismo y nunca dice basta, desea participar ese don divino a otras criaturas.
8.- Con el salmo "canten al Señor un cántico nuevo" En nuestras relaciones con Dios, quien no se esfuerza por medio de la oración, sea en la acción, o mental, escrita, hablada o cantada, entonces acaba considerándolo como un extraño en su vida, alguien que viviendo en la oscuridad todo le molesta. Para no decaer, es necesario perseverar, crecer siendo creativos en el conocimiento de la persona amada.
9.- Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor. Nos advierte que si queremos ser sus amigos tendremos que hacer lo mismo que hizo Él. Y nos deja ver algo que muchas personas no ven ó no comprenden. Suelen decir, "Yo rezo. Voy a la Iglesia. Pido cosas a Dios. Pero no obtengo respuesta". Es aconsejable que examinemos nuestra vida. Quizás nos estamos dirigiendo a Dios incorrectamente. Quizás cuesta practicar los mandamientos. Y si no seguimos los mandamientos, entre ellos el amor, no podemos esperar que Dios nos dé su ayuda y una respuesta positiva a las oraciones. Bien claro nos lo dice el Evangelio, que todo lo que pidamos al Padre en su nombre, se nos concederá, si nos conviene, claro. Pero para eso tenemos que amar a Dios y al hermano.
10.- "La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues, no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador" Gaudium et spes 19,1
11.- Y no sólo quiere que podamos cantar como la alondra, o florecer y perfumar como las flores, o crecer como los cedros, los cinamomos y los alelíes, o correr como los caballos y las gacelas, o reír y hablar como las personas, sino que amemos como El "Nos amó y nos envió a su Hijo, para que pagara por nuestros pecados". Para que fuera el "Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" Jn 1,29. En este sentido debemos interpretar las palabras de Jesús: "Les he hablado de esto para que mi alegría esté en Uds. y su alegría sea cumplida"
12.- Como sabemos, sólo de Dios viene el auxilio para andar en esta vida, pues con el Amor que El nos da, ya podemos amar como El. Ya podemos perdonar a los enemigos, sonreír a los que nos caen antipáticos, entablar relaciones con los que no son de nuestra familia o de nuestro grupo, soportar y ser pacientes con los defectos y pecados de los que nos rodean. Con ese amor se acaban las guerras, las pandillas, las desigualdades, se atiende a los enfermos, se socorre el hambre, se piensa en los otros. Con ese amor reina la verdad, la justicia, la paz, la libertad, la felicidad. Con ese amor podemos permanecer en su amor y guardar los mandamientos. "Y eso es amar, guardar los mandamientos" Juan 15,9. El que ama crece, se desarrolla, da fruto, se extiende, se propaga, lo experimenta alegre y vivamente y lo hace propio. El amor se entrega, y toda entrega comporta y soporta sacrificio.
13.- Los cristianos tenemos vocación de cambiar el mundo. No hemos sido llamados a conformarnos con el mundo Rm 12,2, sino a transformar el mundo por el Amor. Para eso hemos de ser cristianos en la familia, en el trabajo, en la política, en el campo económico, en el científico, en el social, y en la comunidad eclesial; sal y luz, instrumentos de amor.
14.- La mayor prueba del amor 1Jn 3,16 es la donación personal llevada hasta el extremo del heroísmo. "Como yo os he amado". "El Mesías murió por nosotros cuando éramos aún pecadores: así demuestra Dios el amor que nos tiene" Rm 5,8 Jesucristo se pone como modelo del amor. De ahí que la solución a todos los problemas del ser humano esté en el amor. Es la forma de realizarnos a nosotros mismos y llegar a la plenitud.
15.- Saber amar a nuestros hermanos en la realidad concreta de la vida. Para amar a nuestros hermanos debemos practicar la pureza de corazón. Y esto no es cosa de poca monta. La pureza de corazón significa estar desprendido de la actitud desordenada de sí mismo. La falta de pureza de corazón es la que me lleva a pensar en mí, olvidándome de las necesidades de mis hermanos; la impureza de corazón hace surgir el egoísmo, los celos, las envidias, los rencores, los afectos desordenados. ¡Cuánto mal se esconde detrás de esta impureza de corazón! Por el contrario, el que es puro de corazón ama con un corazón desprendido. Sabe negarse a sí mismo. No tiene acepción de personas. A todos trata con respeto y dignidad. Es universal en su amor y en su entrega a los demás.
16.- ¡Qué necesidad tan grande tienen los hombres y mujeres de nuestro tiempo de esta virtud! La necesitan los padres de familia para mantener su fidelidad mutua y para educar a los hijos con tino olvidándose de sí mismos. Una madre, un padre, de puro corazón es una persona que irradia confianza, seguridad, es luz en su familia, mantiene encendido el fuego del entusiasmo. Ayuda a crecer a cada uno de sus hijos sin compensaciones personales. Se sabe "servidor de Dios y de su familia, de sus hijos". La pureza de corazón no conoce los afectos desordenados, desconoce la envidia y el egoísmo a ultranza. Los puros de corazón, según la bienaventuranza, "verán a Dios" ¡Qué premio! Ver a Dios ya en esta vida manteniendo el corazón desprendido.
17.- Las situaciones más íntimas y mis estados de ánimo más hondos, sólo los comparto con un amigo, que se que me ama y me comprende, sin pizca de rivalidad. Jesús nos llama amigos a todos y nos revela sus secretos más íntimos de su Vida con el Padre y el Espíritu. Todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. (ver sobre la amistad, el mensaje adjunto)
| Ayúdanos, Señor A no hacer del amor, una carta de poesía A no servir el amor, en pequeñas dosis A no ofrecer el amor, a según quién y cómo Ayúdanos, Señor A ver en los hermanos, tu rostro A volcarnos por amor, aunque recibamos abrojos A ser siervos, antes que dueños A ser vasallos, antes que reyes | Ayúdanos, Señor A pedir la fuerza de lo alto, para vivir en el llano A buscar el cielo, sin perder el vértice de la tierra A vivir en la tierra, sin perder el ancho cielo Ayúdanos, Señor A conocerte, amando sin esperar nada a cambio A revelarte, por el amor que sembramos A anunciarte, con el amor que regalamos |