9 de abril de 2006 Domingo de Ramos B
Is. 50,4-7; Sal 22; Fil. 2,6; Mc 14,1 - 15,47
Nuestra Redención
1 Con este Domingo de Ramos, comenzamos lo que llamamos la semana santa, durante estos días de ayuno, abstinencia, y oración, celebramos nuestra liberación, y batallamos por vivir la gracia y las enseñanzas de Jesucristo.
2 Las alegrías y las exclamaciones de gente de muchos lugares que venían a las fiestas, cuando nuestro Señor montado en su burrito entra en Jerusalem, es quizás motivada por El Espíritu, era preciso el momento en que se tenía que entregar el Señor como nuevo cordero para nuestra salvación. Pero también la gente recordaba agradecida los prodigios y sanaciones que de Jesucristo habían recibido, era ya famoso.
3 Pues, bien, cuánto deberíamos también exclamar la presencia alegre, alabar y bendecir a nuestro Señor hoy, entre nosotros, por su amor, todas las maravillas, consuelos y esperanzas que sigue haciendo. entrega su vida por la Verdad, y para que tengamos vida y siempre libres de todo género de esclavitud.
Entre tanta miseria, la lectura de la Pasión nos presenta a Cristo moribundo de amor que su fidelidad al Padre y su amor a los hombres tendrían como final la oblación total de sí mismo
4 "Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído para que escuche" Isaías 50,4. Escuchar y hablar atentamente, para poder dar vida y ser fuerte, para soportar insultos y salivazos, para ofrecer la espalda a los golpes, para seguir a Cristo, necesitamos escuchar profundamente e interiormente la voz de Dios. Sólo ella nos dará la fuerza necesaria. Sin ella reaccionaremos al vaivén de nuestros sentimientos y de las corrientes de este mundo.
5 Además, el cristiano se debe preparar en la oración para el combate espiritual. Se trata de la vigilancia interior a la hora de la crisis. En Cristo, ese avanzar por la vida se convierte en un camino de plenitud, de íntima y alegre realización.
6 El salmo junto con Isaías, son los libros que mas refieren la pasión de Jesucristo: "Se burlan de mí, me acorrala una jauría de mastines, me taladran las manos y pies, se pueden contar mis huesos, se reparten mi ropa, se sortean mi túnica. Fuerza mía, ven corriendo a ayudarme " Salmo 21.
7 "Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde". "Se eclipsó el sol", dice Lucas 23,45), y Mateo 27,51: "la tierra tembló", "las rocas se rajaron" "las tumbas se abrieron". Es el luto universal por la muerte de su Creador. Los infieles e incrédulos, duros como la piedra, han de romper su terquedad y soberbia y los muertos por el pecado, los que viven en tinieblas han de ver la luz y vivir una existencia nueva; entre ellas, el centurión pagano.
8 La Ley vieja se acabó: templo, sacerdocio y victimas de animales. Empieza la nueva Ley del amor, el nuevo cordero divino, la presencia de nuestro Dios, pues, el velo del templo ya no impedirá verlo: "ya que por El, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu" Ef.2, 18. Rasgada la humanidad de Jesucristo por su muerte, se puede ver a Dios cara a cara. Pablo hablará más tarde de la comunidad cristiana como templo del Espíritu. 1 Cor. 3,16
9 En este tiempo se lee y escucha la Pasión según San Marcos. Para nosotros, es el evento más importante dentro de la historia; es el día cuando Jesucristo llevó nuestros pecados a la cruz. Para los católicos esto no es solamente un evento pasado e histórico, sino algo que experimentamos cada vez que participamos de la misa. ¿Has notado como el sacerdote siempre consagra el pan y el vino aparte? El pan viene a ser el Cuerpo de Cristo y el vino su Preciosísima Sangre. Cuando la sangre está separada del cuerpo, significa la muerte. Venir a la misa es como estar al pie de la cruz, mientras la Sangre de Cristo está derramada por nosotros.
10 La ingratitud, deslealtad y orgullo del pueblo llega al extremo de vender al buen pastor por apenas treinta monedas (unos veinte dólares), que era el precio que se pagaba por un esclavo. Que lo haya profetizado Zacarías 11,12, es la prueba de que la pasión y muerte de Jesús estaba perfectamente profetizada y diseñada. Nuestro Dios sabe lo que por la mente humana puede pasar, las consecuencias de su intención y acción porque El es siempre presente; ayer, hoy y siempre; y por ello inspira a los profetas lo que tenía que pasar según el Estatus adscrito, asignado o conformación que hace de la sociedad el ser humano.
11 En la carta NOVO MILLENNIO INEUNTE, el Papa dice: "Pasa ante nuestra mirada la intensidad de la escena de la agonía en el huerto de los Olivos. Jesús, abrumado por la previsión de la prueba que le espera, solo ante Dios, lo invoca con su habitual y tierna expresión de confianza: « ¡Abbá, Padre! ». Le pide que aleje de él, si es posible, la copa del sufrimiento. Mc 14,36. Pero el Padre parece que no quiere escuchar la voz del Hijo. Para devolver al hombre el rostro del Padre, Jesús debió no sólo asumir el rostro del hombre, sino cargarse incluso del « rostro » del pecado. « Quien no conoció pecado, se hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él » (2 Cor. 5,21).
Oración: Cristo Jesús, Redentor del mundo, que volviste al Padre, cuando "todo fue cumplido".Tú te sientas a la derecha del Padre en el trono de la gloria, y esperas la hora en la que volverás con poder para juzgar vivos y muertos. Nosotros creemos en Ti. Enséñanos a ofrecer en el abandono, la fe que esta hora espera de nosotros, porque que parece que tu luz ya no luce, y, sin embargo, ella brilla más que nunca en la oscuridad. Tú has redimido todo en el misterio de tu amor, lo has redimido todo en tu obediencia, que es tan grande como el mandato de tu Padre. Haz que tu amor por nosotros no sea vano. Espíritu Santo, enviado a nosotros, que habitas en nosotros, a pesar de que los espacios hacen ecos vacíos, como si Tú estuvieras lejano. En tus manos están todos los tiempos. Tú ejercitas tu poder en el misterio del silencio y Tú llevarás a término todas las cosas. Por ello, nosotros creemos en el mundo futuro, (en la vida eterna) ¡Y lo esperamos!
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