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les envío información sobre una obra arquitectónica presente
en la
hermana ciudad de Buenos Aires, el cual tiene varios elementos
simbólicos.
Un abrazo fraterno.
César Pocaterra
El Palacio Barolo, un templo ofrendado a Buenos Aires
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Preferido por arquitectos, publicistas y diseñadores, el Palacio
Barolo no sólo es una gran operación inmobiliaria de pisos de
oficina
sobre una de las avenidas más importante de la ciudad de Buenos
Aires; también puede verse como una especie de manifiesto
autocelebratorio de un inmigrante: Luis Barolo, un italiano que hizo
fortuna en la próspera Argentina de fin de siglo y quiso
trascender
en estas tierras construyendo un edificio monumental que encargó a
su
paisano, el arquitecto Mario Palanti. Entre otros datos de
excepción,
la obra obtuvo, por única vez, la dispensa de las reglamentaciones
particulares de la Avenida de Mayo y así superó en altura a los
edificios de la época. Con ambición de rascacielos, como
síntesis
imaginario del progreso.
Carlos Hilger, arquitecto y profesor de la FADU/UBA señala: "Desde
mediados del siglo XIX y gran parte de la primera mitad del siglo XX
el revival del gótico engendró un vasto repertorio de formas y
actitudes medievalistas. El espíritu gótico del arte unificado
influyó en Morris, Taut, Behrens, Gropius y Wright, entre otros.
Estas búsquedas metafísicas llevaron a los artistas a reunirse
en
hermandades espirituales como los prerrafaelistas en Inglaterra, los
Arts and Crafts, la comunidad de Darm Stadt, la comunidad del
desierto de Wright, la cadena de cristal de Taut, los Rosecroix de
Péladan, la Bauhaus y la Fede Santa de Palanti. Pero la ilusión
de
transformar la vida y la sociedad mediante la arquitectura devino en
un gótico inventado por la imaginación tardorromántica, que
no era
una resultante de la historiografía. Creían que los templos
eran el
resultado de la hermandad del hombre materializada por las
fraternidades y sociedades secretas. Oriente, Islam, Gótico, India
representaban lo irracional, lo dionisíaco para la cultura de
principios de siglo.
ese marco, se puso de moda proponer templos laicos que convocaran a
la hermandad del hombre, a la fraternidad y al amor universal.
Palanti, que se había formado en la Universidad de Brera, en
Milán,
bajo los estigmas de esta cultura, llegó a Buenos Aires en 1909.
Trabajó con el arquitecto Prins en le proyecto de la "Facultad de
Derecho", hoy sede de la Facultad de Ingeniería, en Las Heras y
Azcuénaga. La diseñaron en estilo gótico, con forma de
catedral
cristiana, para homenajear la igualdad del hombre a través del
Derecho. Palanti pertenecía a una logia medieval, la "Fede Santa",
igual que Dante. Esta hermandad, que perdura hasta nuestros días,
venera la figura de Dante como su "obispo" y difusor de la
metáfora
moralizante del Infierno, Purgatorio y Paraiso, que mostraba tres
modos de ser de la humanidad: vicio, virtud, perfección. Según
esta
logia, los vicios y virtudes no son más que múltiples
manifestaciones
de amor, de la libido, del eros de Platón, con sus extravíos y
debilidades que jalonan el camino del conocimiento sobre la esencia
de las cosas y el engaño de las apariencias.
Con estas convicciones, Palanti vino a desarrollar un templo bajo la
Cruz del Sur, un templo en el eje ascensional de las almas,
celebrando el VI Centenario de la revelación de Dante. No tenía
medios materiales para consturirlo; pero por alguna razón,
después de
algún tiempo en Buenos Aires, Palanti se encontró con Luis
Barolo, un
italiano que había llegado en 1890 y que instaló unos telares
de
tejido de punto con los que logró excelentes casimires. Ese fue el
hombre que financió la construcción del Pasaje y le dio su
apellido.
El edificio es una maqueta ilustrada del cosmos, según la
tradición
de las catedrales góticas que fueron concebidas como el opus
supremo
de la albañilería de la Edad Media. El templo era la
traducción en
piedra de los Testamentos; debía ser capaz de enfrentar a los
tiempos
y a las multitudes para preservar el conocimiento. Cada elemento
tenía que hacer alusión a un símbolo; por eso la puerta de
la
Catedral de París es una tabla de iniciación en la alquimia, la
de
Chartres un manual astrológico. Esto no era raro; en esa época
Gaudí
hizo la misma operación en La Sagrada Familia. También Rudolf
Steiner, Vladimir Tatlin, E.L. Boullée construyeron edificios que
representaban el cosmos. Y Terragni proyectó en la década del
30 el
Danteum sobre el Foro Romano, estructurado de la misma forma que el
Palacio Barolo de acuerdo con la forma y métrica de la
cosmovisión de
los reinos del más allá. Palanti dejó dicho que esto es un
templo en
las inscripciones del techo. La frase "Vt porter nonen elvs coran
gentibus" (para que lleve su nombre ante los gentiles) hace
referencia al templo de Salomón edificado en Jerusalén y que es
modelo de toda construcción templaria para el cristianismo, el
islam
y los hebreos. También escribió allí Palanti: Fundata est
supra
firmam petram (está fundado sobre sólida piedra). El templo es
la
envoltura del nombre. Etimológicamente la palabra templo deriva de
tallar. Los antiguos constructores eran talladores. "La piedra bruta
ha de ser tallada". Piedra para los cristianos es Pedro, el
fundamento de la Iglesia. "Sobre esta Piedra fundaré mi Iglesia"
(San
Mateo 1 6, 19).
análisis de Hilger es minucioso: "El Barolo está construido en
planta
y secciones sobre la base de la sección aúrea y el número de
oro,
proporcuibes y medidas de origen sagrado. El Templo de Salomón
había
sido construído de acuerdo con este número dictado por Dios a
David.
Para Palanti el número estaba curado en La Divina Comedia (hay
semejanzas entre el Danteum de Terragni y el Barolo en su
métirca).
La división general del edificio y del poema es ternaria:
Infierno,
Purgatorio y Cielo. El número de jerarquías infernales es el
nueve;
nueve son las bóvedas de acceso al edificio que representan pasos
de
iniciación, cada uno enumerado y descripto con frases en latín
en
casa bóveda. Las frases son del Testamento, de Ovidio, de Horacio,
de
Virgilio, de Palanti. Siete son las divisiones del Purgatorio y
también las de la torre del Barolo, que lo representa. Palanti no
representa los nueve cielos sino a través de la puerta, que es el
faro de 300.000 bujías; sobre él la constelación de la Cruz
del Ssur:
la entrada de los cielos, que se la puede ver sobre el Barolo en los
primeros días del mes de junio a las 19:30 alineadas con su eje.
Cien
son los cantos de La Divina Comedia, cien metros la altura del
Pasaje. La mayoría de los cantos comprende once o veintidós
estrofras; los pisos del edificio están divididos en once
módulos por
frente, veintidós módulos de oficinas por bloque; la altura es
de
veintidós pisos: catorce de basamento, siete de torre, un faro.
Estos
números representan símbolos sagrados. 22/7 es la expresión
aproximativa en números enteros de la relación de la
circunferencia
con su diámetro; el conjunto de estos números representa el
círculo,
la figura más perfecta para Dante como para los pitagóricos. El
número veintidós representa los símbolos de los movimientos
elementales de la física aristotélica. Once representa a la
Fede
Santa y a los templarios. 99+1 es el total de nombres de Dios (cien
cantos, cien metros). Dante murió en Ravena el 13 de setiembre de
1321. Pocos días antes había terminado los últimos versos
del
Paraíso, culminando La Comedia.
Barolo murió cerca de la fecha de inauguración del edificio.
Palanti
retornó a Italia y con el tiempo abandonó la arquitectura.