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El Gobierno de Rafael Correa y su caracterización   Lista de mensajes  
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El Gobierno de Rafael Correa y su caracterización.-


Introducción.-


Las elecciones generales realizadas en octubre – noviembre de 2006,
produjeron la instauración de un nuevo gobierno de la democracia
representativa en el Ecuador, presidido por el Economista Rafael
Correa, ex – Ministro del régimen de Alfredo Palacio y designaron a
los cien integrantes del Congreso, a los parlamentarios andinos y a
una parte de los consejeros y concejales.


Las elecciones concentran la lucha de intereses y ponen en
movimiento a las distintas clases de la sociedad: la burguesía
desarrolla a través de sus diversos partidos, movimientos y
candidatos una intensa actividad ideológica, política,
propagandística; invierte grandes cantidades de dinero, utiliza
todos los medios para difundir sus tesis, sus visiones acerca de la
situación del país y del mundo; trata de legitimar sus propuestas y
programas, promover a sus líderes y dirigentes para ganar el voto de
los trabajadores y demás sectores sociales y de este modo continuar
sosteniendo el régimen capitalista que representa.


De hecho, un proceso eleccionario, es un fenómeno de singulares
proporciones, ya que de uno u otro modo coloca también a los
trabajadores y a las masas populares en la discusión y
enfrentamiento de los asuntos públicos, de las cuestiones políticas,
de la conducción del gobierno y del Estado, de su propia situación
económica - social y la del país.


En las lides electorales, la estrategia preferente de la burguesía y
sus partidos, de sus candidatos y sus medios de difusión, es la
trastocamiento y alteración de la realidad, la utilización del
marketing político, la tergiversación de los hechos, para sobre esa
base exhibir y validar sus propuestas para "resolver" o "aliviar" la
crisis, según su opinión. Viene el desborde de la demagogia, la
mentira y el engaño frente a las masas populares y a la opinión
pública. Pululan los ofrecimientos presentados como un baratillo de
ofertas; las soluciones mesiánicas de la crisis por inspiración
divina; la infame utilización del fervor religioso de las masas, a
favor de las posiciones de los candidatos, el perverso ejercicio de
la caridad para repartir regalos, alimentos y dinero para ganar el
voto de los pobres, etc.


Las potencias imperialistas se preocupan de las elecciones en un
país dependiente, de limitado desarrollo capitalista como es el
Ecuador, pues la instauración de un gobierno de tal o cual
naturaleza, tiene importancia en el juego de intereses de los
monopolios y bancos, en la disputa de las áreas de influencia. Para
el imperialismo estadounidense, de manera particular, estas
elecciones eran de su interés ya que se desarrollaban en un país
comprendido en el área donde el imperio del Norte está viviendo una
serie de conflictos, en el "eslabón débil" sudamericano de su cadena
de dominación. Por ello se tornaba necesario meter sus narices y sus
manos, controlar y dirimir el proceso, direccionarlo; o en todo
caso, que no escapara de su control, para evitar sobresaltos.


Para los trabajadores y los pueblos, el proletariado revolucionario
y su partido político, para la izquierda revolucionaria, también
estas elecciones tenían una gran importancia ideológica, política y
organizativa; en medio de ellas, era posible difundir en mejores
condiciones las propuestas de cambio social, de la revolución y el
socialismo, expresadas en un Programa de Gobierno, viable, para
enfrentar la crisis y a la vez, vigente, para abrir una nueva
perspectiva en el desarrollo de la sociedad ecuatoriana; explicar a
los trabajadores y las masas, en medio de la contienda electoral la
consigna "Patria Nueva y Socialismo", en la cual, se plasma el rumbo
que la izquierda propone frente a la crisis y para superar los males
del capitalismo, reemplazándolo por vía revolucionaria por un nuevo
sistema social, el socialismo.


La campaña electoral permite también a la izquierda, la promoción de
hombres y mujeres destacados en la lucha social y política, en la
condición de candidatos, para generar las propuestas, desenmascarar
las tesis de la derecha y la burguesía, disputar las
representaciones. Poner en juego todas sus correas de transmisión,
lograr que las organizaciones obreras y sindicales, gremiales,
populares, instituciones democráticas, personalidades patrióticas y
progresistas, se aglutinen alrededor del Programa y sus candidatos
para cumplir con éxito el objetivo propuesto en las elecciones;
poner en juego la experiencia acumulada en el desenvolvimiento de
esta forma de lucha y hacer del proceso un paso significativo para
el avance de las fuerzas de izquierda y democráticas.


Fenómenos que anteceden y determinan el triunfo de Correa


Para desentrañar la naturaleza del gobierno que acaba de
instaurarse, para explicarnos algunas de las principales tendencias
que se han movido en el seno de la sociedad y que han permitido
erigir a Correa como Presidente de la República, es obligatorio
remitirse al análisis de los fenómenos económicos, políticos y
sociales del Ecuador de las últimas décadas y especialmente de lo
que ha significado en ese contexto el período de los gobiernos
llamados democráticos a partir del "retorno constitucional" de 1979,
luego de la dictadura más prolongada del siglo.


Estos 25 y más años han significado para el Ecuador el ahondamiento
de la crisis general que vive el sistema capitalista en el país y
que muestra su cúspide de agravamiento e irreversibilidad a partir
de los 80's.


Todos los gobiernos que se han sucedido en el poder, representando a
su turno a los distintos partidos y corrientes políticas de la
burguesía, desde la extrema derecha, la socialdemocracia, la
democracia cristiana, hasta el populismo en sus distintas variantes,
han sido gobiernos fieles al recetario neoliberal, que a pie
juntillas aplicaron con distintos resultados los dogmas del capital
financiero internacional, entendiéndolos como la panacea para
intentar la búsqueda de una salida a la crisis dentro de los marcos
de la institucionalidad burguesa, o para aprovecharse de ella en
beneficio de los intereses oligárquicos y del imperialismo.


Esos gobiernos intentaron conseguir la ansiada gobernabilidad,
soldar las fisuras del resquebrajamiento institucional de la
república burguesa, logrando todo lo contrario, mientras hablaban de
instaurar la modernización del Estado y la supuesta
descentralización a gusto de los círculos oligárquicos.


En este período de sucesión de los gobiernos burgueses de distinto
signo, el imperialismo norteamericano trabajó sin mucha dificultad
para lograr la obsecuente docilidad de los gobernantes – sin mayores
diferencias entre sí – en la aplicación de los "planes de ajuste
estructural" decididos por el Fondo Monetario y/o el Banco Mundial;
se benefició inmensamente de las políticas que priorizaron un mayor
endeudamiento, la entrega de los recursos naturales, petróleo,
minería, electricidad, comunicaciones, en medio de la eliminación de
la independencia y soberanía nacionales, que llevó a la instalación
de tropas militares estadounidenses en la Base de Manta, los
esfuerzos para involucrar cada vez más al Ecuador en el Plan
Colombia, las presiones y negociaciones para negociar un Tratado de
Comercio bilateral EE.UU. – Ecuador, cínicamente llamado
como "libre", etc.


Durante la etapa de los gobiernos de la democracia representativa
que aplicaron las políticas de entreguismo y contra los intereses de
los trabajadores y los pueblos, al interior del país se ahondaron
las diferencias sociales entre una minoría oligárquica que acaparaba
la riqueza y una mayoría de hasta el 80% que se encuentra bajo el
nivel de pobreza, en donde los niveles de indigencia tienen un
elevado porcentaje (el 2 % más rico de la población, gana 1270 veces
más que el 2% más pobre) haciendo del Ecuador uno de los países más
pobres de América Latina.


En el campo de los derechos políticos, particularmente en el ámbito
laboral, las políticas de "flexibilización" implementadas desde el
gobierno socialdemócrata de Rodrigo Borja, virtualmente eliminaron
los derechos sindicales, hasta el nivel de que la sindicalización de
los trabajadores privados es casi inexistente y la de los públicos
se mantiene con grandes restricciones; los derechos humanos y las
libertades públicas han tenido que ser defendidas arduamente, para
que no sean arrasadas por el autoritarismo neoliberal. Las acciones
represivas y crímenes contra el pueblo, entre los que se cuenta el
de los revolucionarios Jaime Hurtado, Pablo Tapia y Wellinton Borja
han quedado en la más oprobiosa impunidad; del mismo modo que los de
jóvenes estudiantes, sindicalistas, trabajadores, campesinos, etc.


La corrupción más rampante ha sido – sin excepción – la
característica destacada de los más altos representantes de los
regímenes burgueses. Cabe señalar que todos los gobiernos que se han
sucedido en esta etapa de la vida nacional, han escandalizado al
país con negociados vergonzosos, aprovechamiento de los fondos
públicos, enriquecimiento ilícito de los más encumbrados
mandatarios, funcionarios, magistrados, las cúpulas policial y
militar, las jerarquías eclesiásticas. Varios ex – presidentes y
vicepresidentes o sus familiares han tenido que huir fuera del país
para escapar de juicios y acusaciones, cuando éstas se han
planteado; banqueros corruptos y altos funcionarios han eludido la
justicia, refugiándose en el exterior.


Mas, este período también se caracterizó por un marcado enconamiento
de la lucha de los trabajadores y de los pueblos contra las
políticas antinacionales, levantando sus reivindicaciones y
necesidades, exigiendo sus derechos. Este es un período de
acentuamiento y generalización de la lucha social.


Grandes conglomerados humanos han desatado poderosas movilizaciones,
levantamientos, paros provinciales, regionales, huelgas, luchas
locales; el combate de los pueblos incluso ha tumbado gobiernos como
el de Bucaram, Mahuad y Gutiérrez; en los últimos tiempos, echó
atrás la firma del Tratado Comercial con los Estados Unidos; expulsó
a la empresa petrolera gringa Occidental y ha sido un permanente
protagonista de la protesta, de la denuncia y la oposición al
neoliberalismo, al Plan Colombia y ha defendido, en medio de
acciones combativas, el patrimonio nacional, para evitar que fuera
un botín de los monopolios extranjeros y de la voracidad de los
grupos oligárquicos.


Es en medio de estas batallas reivindicativas, democráticas,
antiimperialistas que los distintos sectores sociales y políticos de
izquierda, democráticos y progresistas, han aprendido que el camino
de la lucha es un camino de victorias; que la movilización y el
combate callejero, en las ciudades y campos sí proporciona
resultados en beneficio del país y de sus gentes, contrariando toda
la prédica pacifista o la estigmatización que la burguesía y el
imperialismo, a través de sus voceros, han realizado con intensidad,
pretendiendo deslegitimar, descalificar o inutilizar las luchas y
movilizaciones populares.


En grandes franjas de la población ecuatoriana se ha ido alimentando
la conciencia del cambio, por un lado y por otro, un sentimiento
antiimperialista, que recorre el país y que va comprendiendo mejor
la necesidad de preservar y defender la soberanía y la independencia
nacionales. De hecho, fluye un sentimiento para defender la Patria
frente a los dictados externos de los monopolios.


Eso se ha podido evidenciar con claridad especialmente en las
movilizaciones contra los abusos de la OXY que determinaron la
presión popular y la posterior salida de la petrolera del Ecuador;
en la oposición de grandes sectores a la firma del TLC; el problema
de los refugiados, de las fumigaciones de glifosato y toda la
estrategia del gobierno de Colombia, que actúa directamente al
servicio de los gringos, para involucrar al Ecuador en el plan de
muerte.


Especialmente, en el caso de la juventud estudiantil secundaria y
universitaria, entre los trabajadores, maestros, sectores campesinos
de pequeños y medianos productores, en un considerable espectro de
los sectores medios de la población urbana y rural, profesionales,
artesanos, pequeños comerciantes, se asumen posiciones anti –
yanquis, nacionalistas, progresistas, que configuran una gran
corriente sensible a las posiciones patrióticas y democráticas, de
cambio. Sin duda, en estos sectores ha influido la lucha y las
acciones de la izquierda en general, de los partidos de la
tendencia: del PCMLE, MPD, Pachakutic y Socialistas, integrantes de
otras agrupaciones pequeñas, de izquierdistas "sin partido",
ecologistas, anarquistas, en los que renacen o se mantienen
posiciones de resistencia al imperialismo, actitudes
antioligárquicas, antisistema, que se inscriben también en esta
corriente a favor del cambio, pese a la diversidad de matices y de
posiciones.


Es importante señalar que los vientos que soplan en América Latina,
en los cuales el aspecto más destacado es la presencia y movilidad
de las masas trabajadoras, indígenas, campesinos, maestros,
estudiantes, mujeres, intelectuales; las luchas que han librado
estos sectores, grandes movimientos de los pueblos que aspiran una
vida mejor, son los que sustentan la instauración de gobiernos como
el de Venezuela, Bolivia, Brasil, Uruguay, Nicaragua,
especialmente.


En estos procesos es que se han ido forjando diversas posiciones que
hablan de un "socialismo del siglo XXI", del "socialismo
andino", "socialismo bolivariano", "socialismo ciudadano" y otras
matizaciones, en medio de las cuales, puede decirse que cualquier
grado de resistencia a los dictados neoliberales o del imperialismo,
es catalogado como "socialismo", existiendo aún confusiones,
tergiversaciones y hasta falsificaciones de lo que realmente
significa esta elevada creación de los trabajadores y los pueblos
que es el socialismo, como un sistema social diferente, no sólo
opuesto, sino antagónico con la existencia del régimen capitalista.


El Gobierno de Rafael Correa – Lenin Moreno


Todos estos torrentes y caudales – diversos y contradictorios – que
fluyen desde las profundidades de la realidad latinoamericana,
reflejando la misma, con las particularidades propias del Ecuador,
son los que se expresan en esta corriente que conquista la victoria
electoral del binomio de Alianza País. Corriente que tiene un
carácter patriótico, democrático, antiimperialista y
antioligárquico, que electoral y políticamente representa cientos de
miles de voluntades y es la que conquista el triunfo de Rafael
Correa en las pasadas elecciones.


Es una tendencia que no se expresa solamente ahora en el fenómeno
político electoral, ni solamente en ese ámbito de la lucha de
clases. Socialmente hablando, aglutina a vastos sectores de la clase
pequeño burguesa, tanto de la ciudad, como del campo, pequeños y
medianos productores, franjas muy amplias de la juventud
estudiantil, una parte significativa del magisterio, sectores del
movimiento indígena, mujeres del pueblo, pequeños comerciantes,
pobladores de los barrios, profesionales, ecologistas, intelectuales
y artistas progresistas, artesanos, etc. Esta clase que se muestra
mayoritaria, con todas sus características ideológicas, políticas,
espirituales y materiales, le imprime la principal fisonomía a la
corriente, expresa su amplitud y sus anhelos de cambio, sus visiones
de la realidad y sus propios límites.


En esa corriente que conquista el triunfo presidencial, está también
la clase obrera en una significativa proporción, especialmente la
del sector público y en menor medida, de los trabajadores privados,
los asalariados agrícolas, pero debido a que se encuentra como un
componente más de la tendencia y por sus limitaciones en la
conciencia de clase y en su expresión política y orgánica, no puede
insuflarle una posición más determinante en cuanto a la
direccionalidad socialista, de izquierda, que correspondería asumir
desde el ángulo histórico. Están allí también, las demás clases
trabajadoras.


En el plano político, Correa pudo generar el Movimiento de Alianza
País, de una diversa composición, donde se encuentran posiciones que
van desde la socialdemocracia, algunas personas vinculadas en el
pasado a los movimientos y partidos de izquierda. Tiene el apoyo del
Partido Socialista – Frente Amplio que es parte de la alianza
electoral desde la primera vuelta y sectores de Pachacutik que se
desmembraron abiertamente de la posición oficial de ese partido; la
izquierda revolucionaria y sus organizaciones populares, apoyó en la
segunda vuelta la candidatura de Rafael Correa y se encuentra
formando parte del caudal político y social que busca las
transformaciones que anhelan los trabajadores y los pueblos del
Ecuador.


Pero también es conveniente reconocer que un buen sector que votó
por Correa en la segunda vuelta sobre todo, lo hizo como un gesto de
resistencia, de rechazo a la campaña y las propuestas derechistas,
demagógicas, a la burda utilización de los sentimientos religiosos,
al derroche insultante del dinero, que el magnate Álvaro Noboa
desplegó durante su campaña. Es también un rechazo de esos sectores
al apoyo que la partidocracia oligárquica y tradicional le brindó
abiertamente al candidato del PRIAN, descaradamente y en forma
oculta, a la presencia de los dirigentes socialcristianos, del PRE,
de las Cámaras de la Producción, junto al "enviado de dios".


De este modo, el perfil del gobierno instaurado en enero de este año
tiene un carácter nacionalista, progresista y democrático, que
representa a esa corriente de la que venimos hablando y que además,
no se expresa sólo ahora; esa corriente patriótica, democrática,
conformada por diversos sectores populares, ganó en las elecciones
pasadas y se impuso frente a las distintas alternativas
oligárquicas, con Lucio Gutiérrez, antes de que éste traicionara ese
movimiento que le permitió llegar al gobierno.


Uno de los principales factores que contribuyó al triunfo electoral
de Rafael Correa es la propuesta de la convocatoria a la Asamblea
Constituyente; con ello se recoge una sentida y vasta aspiración de
los ecuatorianos/as, que miran en esa alternativa una posibilidad
para que las cosas cambien, para que se produzca un cambio profundo
en el sistema político, aunque es imprescindible mostrar que sólo
una Asamblea originaria, que en verdad refunde el país, que cambie
radicalmente los fundamentos del sistema político, que acabe con los
privilegios y prerrogativas de las élites politiqueras de los grupos
y partidos tradicionales, que abra una verdadera participación
democrática de los sectores mayoritarios, podrá constituirse en una
verdadera palanca para lograr cambios significativos.


Ello dependerá en gran medida de la composición social y de clase de
la Constituyente, del Estatuto de su conformación, del sistema que
norme la elección y adjudicación de puestos de los asambleístas; que
la Asamblea no se reúna con "agenda previa" que condicione y limite
los cambios que ha de producir; que la mayoría de legisladores no
provenga de las mismas minorías burguesas y derechistas, que ya
dictaron las anteriores Cartas Magnas, sino que la mayoría de
constituyentes, en verdad, represente vivamente a la mayoría de los
explotados y oprimidos del Ecuador.


Un gran movimiento popular que respalde las tesis del gobierno en
este sentido, podrá cerrar el paso a las tramas, maniobras y
conspiraciones de la derecha para que el país se enrumbe por
senderos democráticos y se pueda, en esas condiciones arrancar hacia
las verdaderas transformaciones que el país necesita.


La Asamblea Constituyente, por sí misma, no es ni mucho menos una
panacea para terminar con la nefasta presencia e influencia de la
partidocracia burguesa tradicional, pero es necesario apostarle y
desplegar la lucha para que la Constitución que de ella nazca
contenga los elementos de cambio necesarios para arrinconar las
posiciones reaccionarias de la derecha, de la oligarquía y del
imperialismo.


A más de la Asamblea Constituyente, el gobierno ha realizado otros
planteamientos de reformas en el ámbito sobre todo político. Ocupa
un lugar prioritario el de la defensa de la soberanía del país y de
su independencia.


Se han realizado pronunciamientos en pos de defender los recursos
naturales como el petróleo, de la voracidad de los monopolios
extranjeros, para atender con esos recursos la educación, la salud,
la vivienda y la obra social, en general; se ha expresado
resistencia frente a las políticas neoliberales, a los dictados del
Fondo Monetario, la oposición al Tratado de Libre Comercio; al Plan
Colombia, en la cuestión de las fumigaciones, la negativa a
calificar como "terroristas" a las fuerzas guerrilleras; la
oposición a la Base de Manta, aguardando la terminación del convenio
que permite su utilización por el ejército norteamericano; la
eliminación de la modalidad de la tercerización en los contratos de
trabajo, para acabar con esa forma de superexplotación de la clase
obrera.


En lo referido a las políticas sociales hasta ahora se ha puesto
énfasis en la marcha del Plan Decenal para la Educación, sobre el
cual hubo un pronunciamiento mayoritario en la Consulta que se
realizó en la segunda vuelta electoral, cuestión que busca resolver
algunos de los más acuciantes problemas que enfrenta la formación y
capacitación de los niños y jóvenes. El nuevo gobierno se ha
manifestado dispuesto al impulso de la educación básica de niños y
niñas, el desarrollo del Plan Nacional de Alfabetización "Manuela
Sáenz" que buscaría acabar con este flagelo que sufren los sectores
más empobrecidos de los pueblos del Ecuador; se ha establecido la
necesidad de lograr un mejoramiento en el sueldo profesional para
los maestros, así como la preocupación para lograr su capacitación,
acorde con la trascendente labor que cumplen.


En el campo de la salud se está insistiendo en dar una cobertura de
salud al mayor número de ecuatorianos, poner énfasis en la
rehabilitación de los hospitales públicos, dotarles de medicinas y
de implementos para que puedan brindar una atención apropiada, así
como atender los requerimientos de los trabajadores del sector que
viven una precaria situación en cuanto a sus derechos laborales y
sus reivindicaciones salariales.


Se ha expresado que se mantendrán los llamados subsidios que
permiten sostener el precio del gas de uso doméstico, disminuir los
costos de la energía eléctrica para los sectores populares; duplicar
el "bono de desarrollo humano" y el de la vivienda, para favorecer a
los que menos tienen e incentivar la producción agrícola iniciando
por la apertura de créditos blandos para los pequeños y medianos
productores agrícolas, así como para la pequeña y mediana empresa.


En el escenario nacional, el gobierno de Correa, es un gobierno
distinto a los que en el pasado mediato e inmediato, representaron y
defendieron fielmente los intereses del imperialismo y la burguesía,
de los distintos sectores de la derecha oligárquica, de los
causantes y beneficiarios de la crisis en la que se debate el país.


El gobierno de Rafael Correa es verdad que cuenta con el apoyo de un
grupo significativo de empresarios, algunos de los cuales
públicamente financiaron su campaña y como es natural, tratarán de
hacer valer sus intereses de grupo conforme avancen las acciones del
gobierno y que es uno de los escollos a neutralizar o vencer si
realmente se quiere servir y representar los intereses populares.


El actual gobierno, se inscribe en el contexto de los vientos de
cambio que soplan en América Latina. Ha surgido como una respuesta
de las masas populares que se manifiestan frente a la crisis
general, principalmente de orden político, que carcome los cimientos
del sistema y que exige cambios, que se rebelan y aspiran a terminar
con la vetustez y el desprestigio de la democracia representativa,
aunque todavía no se comprenda a cabalidad el tipo de cambio que hay
que emprender y los caminos apropiados para realmente conquistarlo.


Un sector apreciable de la clase obrera y de los pueblos del Ecuador
sigue, esperanzado en la oferta del cambio, de la figura nueva, "no
contaminada", espera que el cambio venga de "las alturas", de las
reformas que se pueden realizar dentro de este mismo sistema, sin
superarlo históricamente. Eso en cierto modo, muestra las
limitaciones que aún tiene en su conciencia, respecto de que en el
mismo pueblo reside esa posibilidad, de que los trabajadores, los
pobres, los pueblos mismos, son los hacedores del cambio y que esa
misión la sientan y la practiquen con su directa participación en el
combate reivindicativo y político.


Este fenómeno a la vez, señala las limitaciones de la izquierda
revolucionaria, que no logra convertirse ante el imaginario de las
masas como una alternativa actual de poder y por ello exige que los
revolucionarios, inmersos en esta gran corriente democrática,
patriótica, progresista y de izquierda, apoyando los cambios que el
gobierno sustenta, continuemos nuestra lucha, junto a los millones
de explotados, para lograr los objetivos emancipadores de los
trabajadores y los pueblos.


Sin duda, el establecimiento del gobierno actual es expresión de la
fuerza de las ideas de cambio de las masas; de que la derecha
política, la reacción oligárquica, están golpeados por el avance
que – con los límites señalados – va conquistando el movimiento de
los pueblos del Ecuador, las posiciones democráticas, patrióticas y
progresistas. Pero es necesario anotar también la debilidad de la
izquierda revolucionaria y el partido del proletariado, para
erigirse como una fuerza capaz de imprimir la dirección en el
movimiento emancipador.


La instauración del gobierno de Correa ha despertado una gran
expectativa: la esperanza de que las cosas cambien, un gran sector
de los trabajadores y los pueblos abriga confianza en el gobierno de
Correa, pero a la vez piensa, que no lo van a dejar gobernar; y un
sector de las masas que votó por la esperanza, tiene al mismo
tiempo la incertidumbre de que va a ocurrir lo de siempre.


Los retos que se demandan para los revolucionarios.-


De allí que los revolucionarios tenemos un gran reto para contribuir
a las transformaciones que plantea este gobierno. Siendo las mismas
de contenido patriótico, democrático, progresistas, que resisten y/o
se oponen a la oligarquía y al imperialismo, a la derecha, tenemos
la obligación de apoyarlas para que se ejecuten, junto a la
movilización de las masas, para que a más de realizarse puedan
también impulsarse adelante, radicalizarse, para enfrentar y vencer
a la derecha y al imperialismo, que van a tratar de que el proyecto
fracase, de que nada cambie, para continuar ejerciendo su
dominación.


Tenemos una responsabilidad directa para el afianzamiento de la
corriente democrática, patriótica y de izquierda; por tanto, debemos
desplegar todos nuestros esfuerzos para que los trabajadores y los
pueblos comprendan y jueguen el papel que demandan las
transformaciones planteadas y las tareas emancipadoras que requiere
el país; un primer paso, que no espera más, que está en nuestras
manos, es el robustecimiento y ampliación de las organizaciones
populares, empezando por aquellas en la cuales tenemos influencia
los hombres y mujeres de izquierda para conseguir acrecentar la base
social del cambio y apoyándonos en las pequeñas y grandes conquistas
que se puedan lograr, acelerar el paso.


Esto de entrada significa avanzar en la mayor politización de las
organizaciones de masas. Que cada uno de los ecuatorianos/as que
forma parte de esas organizaciones comprenda de mejor manera el
momento que estamos viviendo en el país y lo que el cambio y la
transformación demandan en cuanto a jugar un papel protagónico en
los mismos, generalizar la conciencia y la lucha por los cambios que
se proponen, para avanzar en cuanto a las conquistas de orden
social, político y económico que requerimos para cambiar el país.
Esto es obra de los dirigentes, en primer lugar, pero a los que hay
que incorporar a las bases, a todo el conjunto del movimiento que
podemos generar y al que podemos llegar e influir.


Se plantea una nueva situación en la que pueda desarrollarse una
gran movilización social porque es necesario vencer el asedio y las
presiones del imperialismo y de los monopolios, de la oligarquía y
de la derecha; para vencer los temores y debilidades, para conducir
apropiadamente la presión de las masas por la satisfacción de sus
necesidades y de las fuerzas progresistas por la soberanía y la
democracia, por el desarrollo, por el cambio y por el socialismo.


Hay que desplegar nuevos y más grandes esfuerzos, iniciativas y
acciones concretas para ir en la construcción de la gran unidad de
los trabajadores y los pueblos del Ecuador. Este sentimiento
unitario debemos desenvolverlo para que dé los frutos ideológicos,
políticos y organizativos, de modo que todas las fuerzas que aspiran
el cambio se junten en un gran torrente que se abra paso frente a
las fuerzas reaccionarias que aspiran a seguir manteniendo los
privilegios de la oligarquía y el imperialismo que son hoy los
blancos de la lucha de los pueblos.


Existe una gran tarea de contenido ideológico y político, que
requiere una gran ofensiva dentro de la corriente y en el país, que
tenemos que llevarla por ciudades y campos, al mismo tiempo que
avanza la lucha por afianzar y empujar adelante los cambios
democráticos. Para esa ofensiva debemos desplegar los más diversos y
avanzados medios, las más creadoras iniciativas. Mostrar al
socialismo en su verdadera expresión de un sistema nuevo, de
negación al capitalismo, para que las masas hagan suya esa
aspiración y la conviertan por vía revolucionaria en su genuina
creación.


Hay que difundir el socialismo como la verdadera obra revolucionaria
de los trabajadores y los pueblos, que ha tenido y tiene vigencia y
actualidad. Que el socialismo no es sólo una expresión, una frase,
sino todo un sistema económico, social, político, cultural que lo
instauran los trabajadores y los pueblos por vía revolucionaria y
que se asienta en sólidos principios basados en la equidad, la
desaparición de la explotación del hombre por el hombre, la
instauración de la verdadera justicia que proviene de la
socialización de la riqueza, donde los frutos de la riqueza, van a
manos de los que la producen, de que el verdadero cambio, no es otro
que el socialismo.


Esa corriente de cambio que ahora se manifiesta creciente y en
avance entre los trabajadores y los pueblos del Ecuador – todavía
difusa en el señalamiento de los objetivos que se propone para con
seguridad alcanzarlo – es un terreno muy fértil para sembrar,
germinar y cosechar estas promisorias perspectivas. El campo está
abonado, vamos a echar la simiente…!


Oswaldo Palacios

Enero de 2007.





Jue, 8 de Feb, 2007 11:38 pm

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